Crítica: Animales Fantásticos – Los crímenes de Grindelwald

Hasta cierto punto, Animales Fantásticos y dónde encontrarlos era una película independiente y cerrada. A pesar de los planes que J.K. Rowling tenía para la nueva franquicia del universo mágico de Harry Potter, si la precuela no hubiera rendido lo suficiente en taquilla y no se hubieran hecho más entregas, habría quedado como una curiosidad autoconclusiva. Pero claro, estamos hablando de una de las sagas más populares de todos los tiempos, la Star Wars de las nuevas generaciones. Por supuesto que iba a continuar, y que ese capítulo inicial iba a dar paso a una nueva serie de películas que, como ocurrió con la saga original, se volverían cada vez más complejas y oscuras.

Tras la introducción al mundo de Newt Scamander (Eddie Redmayne), ambientado en los años 30Animales Fantásticos: Los crímenes de Grindelwald se adentra por completo en la trama que la primera película adelantaba en su desenlace: la amenaza de Gellert Grindelwald, villano interpretado por Johnny Depp que según muchos podría ser más poderoso y malvado que el propio Voldemort. En esta segunda entrega, las criaturas mágicas del título siguen siendo importantes, pero ya no son el foco de la historia, que se ramifica considerablemente con nuevos personajes y nuevas revelaciones sobre los que conocimos hace dos años, y lo que creíamos saber de la saga original.

Al final de la primera parte, Grindelwald era capturado por el MACUSA (Congreso Mágico de los Estados Unidos de América). Los crímenes de Grindelwad arranca con su fuga de la prisión, una secuencia de apertura con la que la película empieza por todo lo alto (literalmente). Una vez en libertad, Grindewald se dedica a reunir seguidores en el mundo de los magos, ocultándoles sus verdaderos planes: crear una legión de hechiceros purasangre con la que gobernar sobre el mundo no mágico. Para detenerlo, un joven Albus Dumbledore (Jude Law) acude a su antiguo alumno, Newt Scamander, que viaja hasta París, donde tratará de encontrar a Credence (Ezra Miler) para intentar impedir el ascenso de Grindelwald con la ayuda de viejos conocidos y nuevos aliados.

En Los crímenes de Grindelwad, Rowling (que vuelve a firmar el guion) y el director David Yates empiezan a construir algo grande con la saga. La relativa sencillez de la primera parte da paso a un relato más ambicioso y retorcido que, sin embargo, por momentos se vuelve en su contra. La autora se ha encargado de llenar la película de guiños y sorpresas para los fans de Harry Potter, que vibrarán especialmente con el regreso a Hogwarts (para conocer cómo fue el pasado) y la reaparición de algún que otro personaje conocido (en su versión joven), pero se ha olvidado de escribir una historia coherente. Con Los crímenes de Grindelwald, Rowling demuestra que, por muy bien que se le dé la literatura, escribir guiones no es lo suyo.

Como no podía ser de otra manera, la película no escatima en imaginación, creatividad y espectáculo, pero falla en el departamento más importante, construyendo una trama confusa y embarullada en la que la autora sale de todos los berenjenales en los que se mete a base de continuidad retroactiva. Por otro lado, y aunque esto pueda sonar absurdo, la película abusa de la magia. Me explico. Rowling muestra una dependencia absoluta de los hechizos como deus ex machina para solucionar sus entuertos narrativos, un truco (nunca mejor dicho) que acaba cansando y demuestra falta de recursos.

Los crímenes de Grindelwald abre multitud de frentes de cara a desarrollarlos en los siguientes capítulos, ampliando así este universo pasado para acercarlo y conectarlo cada vez más al “futuro” de Harry Potter. Uno de ellos es la historia de Credence, que se revela como uno de los personajes más importantes de las precuelas (si no el que más). Otra sería la (polémica) relación entre Dumbledore y Grindelwald, que tal y como desveló Rowling en redes sociales, esconde tintes románticos. Y la palabra clave es “esconde“, porque si bien hay varias escenas que aluden a esta relación, nunca lo hacen directamente, confiando en el que el espectador que posee información al respecto externa a la película, entienda lo que nos están diciendo entre líneas. Es decir, otra oportunidad perdida. A pesar de esto, la elección de Jude Law como Dumbledore es una de las más acertadas de la película, y su trama promete de cara a las próximas películas.

En general, a nivel interpretativo tampoco sale mal parada. Redmayne rebaja los mohínes mientras Newt va saliendo de su cascarón, y tanto el reparto que vuelve como las nuevas adiciones realizan un trabajo correcto (mención especial a la omnipresente Zoë Kravitz, muy emotiva en el papel de Leta). En cuanto a Depp, hay que decir que, polémicas ajenas a la película aparte, da la talla como Grindelwald, huyendo también de los manierismos y la afectación de su papeles más recientes para dar vida a un villano más comedido en el plano físico, pero de presencia amenazante y convincente como alegoría de un dictador. Con él, la saga apunta a una revisión de la Segunda Guerra Mundial con la magia como telón de fondo que, bien desarrollada, puede ser interesante.

También hay que elogiar de nuevo el despliegue técnico y visual, así como el estupendo diseño de producción y vestuario, que se vuelve más variado y estimulante con las nuevas localizaciones (incluyendo bastantes influencias asiáticas, para contentar al mercado cinematográfico más potente del mundo). El principal problema de Los crímenes de Grindelwald no es estético, claro, es su ritmo irregular y la poca claridad con la que está contada. Especialmente durante su recta final, Rowling se pierde en las sobrexplicaciones, el bombardeo de información y los giros argumentales que más que aclarar, confunden, espesan la historia y desdibujan a los personajes. Hay una escena en concreto que tiene lugar en un panteón familiar que hará que más de uno se rasque la cabeza intentando seguir el hilo de lo que la autora nos está contando, y un giro sorpresa final que probablemente dividirá a la audiencia entre el asombro y la indignación. Para bien o para mal, Rowling lo ha vuelto a hacer.

Los crímenes de Grindelwald está hecha especialmente para los fans, pero incluso el espectador más indulgente no es inmune a la caprichosa escritura de la autora. Al final, tras un intenso clímax, la película queda como un capítulo mal contado que sirve sobre todo para poner los cimientos del futuro, es decir, otro preámbulo de algo que parece que va a llegar y no llega, lo cual no deja de resultar frustrante a pesar de ser conscientes de que solo es el comienzo de la historia. Como siempre, habrá que tener paciencia y confiar en que los errores sean subsanados en futuras entregas. Pero algo falla cuando, para disfrutar de una saga haya que perdonar tanto.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Reseña DVD: Gemini / No dejes de mirar

Entre los lanzamientos directos a DVD que Sony Pictures Home Entertaiment ha programado este mes se encuentran dos thrillers opuestos, un misterioso asesinato en Los Ángeles y una retorcida cinta de home invasion. Paso a reseñar ambos títulos, que salen a la venta el 10 de octubre.

Gemini (Aaron Katz)

Gemini es el quinto largometraje del realizador indie Aaron Katz. Se trata de un thriller de suspense protagonizado por Zoë Kravitz (Animales Fantásticos) y Lola Kirke (Mozart in the Jungle). La primera interpreta a una joven estrella de cine, mientras que la segunda da vida a su asistente personal y mejor amiga. Su complicada amistad es puesta prueba por un atroz crimen que desata una trama en la que las piezas no parecen encajar. Los esfuerzos para dar con del asesino llevarán a las protagonistas a buscarse también a sí mismas y desenmarañar no solo el misterio, sino también la naturaleza de su amistad y las consecuencias de la fama.

Filmada con elegancia a pesar del evidentemente ajustado presupuesto, Gemini se desarrolla como un whodunit clásico en estructura, con distinguibles ecos al cine de Alfred Hitchcock, y un neo-noir en forma y fondo. La película recuerda a otros títulos afines recientes como Ingrid Goes West o la serie Search Party, respuesta millennial al cine negro. Con una fotografía saturada como si llevara filtros de Instagram, pinceladas de humor y cierta inclinación meta a comentar el propio funcionamiento interno del misterio, Gemini trata de actualizar el género y sus reglas aprovechándose de su ambientación casi onírica e intrínsecamente cinematográfica y el encanto de sus dos actrices protagonistas.

No dejes de mirar (Sean Carter)

Después de diez años trabajando en el cine como cámara y montador, Sean Carter debuta en el largometraje con No dejes de mirar (Keep Watching), fábula de terror sobre una familia atrapada en su propia casa, que se convierte en las presas de un retorcido asesino con un plan macabro.

La estrella adolescente Bella Thorne (The DUFF, The Babysitter) protagoniza esta película rodada en 2013 y estrenada durante una sola noche, en Halloween de 2017 en Estados Unidos. En el reparto también se encuentran caras conocidas como Ioan Gruffud (Los 4 Fantásticos), Leigh Whannell (guionista de la saga Saw y director de Insidious 3) y Chandler Riggs, Carl Grimes en The Walking Dead.

Que la película tardase cuatro años en estrenarse y lo hiciera de tapadillo durante una noche os puede dar una idea de lo que tenemos aquí. Se trata de una cinta de invasión doméstica al uso, con reminiscencias de La noche de Halloween (incluso el score parece tomar prestadas un par de notas de la de Carpenter) y los elementos que no pueden faltar en el género: trampas y giros inexplicables y unos personajes que toman las decisiones más estúpidas ante cada disyuntiva. Además, Carter incorpora a la historia un mensaje de crítica a la pérdida de sensibilidad y moralidad en el contexto de las nuevas tecnologías, ya que el asesino retransmite la lucha del gato y el ratón por Internet. Pero lo hace sin arriesgar demasiado y con una violencia muy light.

No dejes de mirar es absurda como ella sola, recuerda a muchas otras películas similares (Los extraños, No respires, La noche de las bestias, Tú eres el siguiente…) y la cantidad de agujeros que tiene resulta muy frustrante, pero si no nos la tomamos en serio, puede servir para una noche tonta.

Crítica: Una noche fuera de control

Rough Night

La comedia adulta estadounidense lleva años exprimiendo la premisa del fin de semana de desfase, llegando a convertir las películas sobre escapadas juerguistas o despedidas de soltero/a en un subgénero en sí mismo, y además uno muy prolífico. Desde que Resacón en Las Vegas (The Hangover) impulsara la producción de este tipo de films, y La boda de mi mejor amiga (Bridesmaids) llevara con éxito a los cines la variación femenina de la misma fórmula, son muchas las comedias cortadas por el patrón de estas dos cintas las que han llegado a la cartelera.

Una noche fuera de control (Rough Night) se suma a la corriente actual de comedias Rated-R protagonizadas por mujeres en los papeles habitualmente reservados a los hombres en este tipo de proyectos (Mejor…solteras, Mike y Dave buscan rollo serioMalas madres), una tendencia que afortunadamente no muestra síntomas de aminorar. Scarlett Johansson continúa explorando su vis cómica encabezando el reparto de esta película dirigida por Lucia Aniello (guionista, productora y directora de la serie Broad City), una historia sobre un grupo de amigas de la universidad que se reúnen diez años más tarde para celebrar la despedida de soltera en Miami de una de ellas, Jess (Johansson). La desenfrenada celebración se tuerce cuando una de ellas mata accidentalmente a un stripper, y todas deben buscar la manera de cubrir el desastre.

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Efectivamente, la película “toma prestada” la idea de la comedia negra de 1998 Very Bad Things, pero su falta de originalidad no se detiene ahí. Una noche fuera de control es un pastiche de varios films, una suerte de Frankenstein fílmico hecho con partes de otros: las mencionadas ResacónBridesmaids, el clásico Este muerto está muy vivo y el remake cinematográfico de 21 Jump Street (Infiltrados en el instituto). El resultado de esta combinación matemática es una película formulaica repleta de tópicos y giros “sorpresa” de lo más predecible.

Por suerte, esta falta de personalidad propia se ve compensada por un reparto fabuloso y totalmente entregado. Johansson ya ha demostrado varias veces que la comedia no se le da nada mal (en Don Jon estaba soberbia dando vida a una choni de Jersey), y aquí vuelve a dar la talla como comediante, resultando divertida en las escenas cómicas y aportando el dramatismo adecuado a los momentos más serios (los que tienen que ver con el desarrollo de su amistad con las chicas, tan central como la camaradería masculina en las películas de James Franco, Seth Rogen o Channing Tatum). Johansson está rodeada de un elenco coral de actrices que forman un gran equipo: la robaescenas Kate McKinnon haciendo sus marcianadas de siempre (con el añadido de un acento australiano muy payaso), Jillian Bell practicando la deadpan comedy por la que se caracteriza, Ilana Glazer continuando el espíritu de su personaje en Broad City y Zoë Kravitz, que hasta ahora se había centrado sobre todo en drama o fantasía, ejerciendo un sorprendente dominio sobre la comedia (su trío con Demi Moore -sí, habéis leído bien- y Ty Burrell es una de las escenas más hilarantes del film). Si no fuera por la química de las actrices, y lo mucho que se comprometen a hacer el loco y pasarlo bien, la película se hundiría.

Pero Una noche fuera de control tiene otras virtudes que contrarrestan la sensación de déjà vu. Por ejemplo, la forma en la que invierte los estereotipos de género. De hecho, uno de sus mayores hallazgos cómicos es el contraste entre la juerga de las chicas y la despedida de soltero del prometido de Jess (Paul W. Downs -sí, hay mucha gente de Broad City aquí metida), una velada tranquila en una cata de vino, donde los amigos del novio muestran una gran sensibilidad y su subtrama reproduce los lugares comunes del cine romántico tradicionalmente asociados a los personajes femeninos. Un cambio de roles que no solo genera buenos gags, sino que también pone de manifiesto la naturaleza progresista de la película. Por otra parte, y en relación a esto, el hecho de que una mujer esté tras las cámaras ayuda a eliminar la mirada masculina, algo que salta a la vista en la forma tan refrescante y natural de tratar la homosexualidad femenina (ni rastro de objetificación o fantasía lésbica para el público masculino).

Claro que por muy transgresor que sea todo esto, al final lo más importante es si la película hace reír o no. Y en este departamento, Una noche fuera de control cumple por los pelos. Que su humor sea ramplón es de esperar (no lo querría de otra manera, de hecho), pero también es tremendamente irregular: hay situaciones descacharrantes aisladas, chorradas muy graciosas (me quedo con “The Human Friendtipede”) y escenas con las que es difícil no soltar una carcajada, pero también momentos de tierra trágame y muchos chistes sin chispa (Bell sobre todo es un gusto adquirido, si comulgas con su estilo de comedia, bien, si no, mal vamos). Esta inconsistencia hace que, a pesar de divertir gran parte del tiempo, nunca desarrolle su verdadero potencial, dejándonos a medias, y obligándonos a fijarnos más de la cuenta en sus agujeros de guion.

Una noche fuera de control no es Bridesmaids, ni siquiera Malas madrespero podría haber sido mucho peor, y desde luego, para un momento tonto puede venir muy bien (que, para ser justos, es a lo que aspira). Se trata de un producto ligero, de consumo rápido, una película irreverente y desenfadada, con un entusiasmado reparto (incluidos los estupendos secundarios) que quiere que te unas a su fiesta. Una fiesta salvaje y pasada de rosca que hará que rememores otras noches locas, y cuyo recuerdo se fundirá con las demás en tu memoria. Si es que no desaparece por completo.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: Animales fantásticos y cómo encontrarlos

FANTASTIC BEASTS AND WHERE TO FIND THEM

Ocho largometrajes, una secuela en forma de obra de teatro, parques temáticos, una web que mantiene al día sobre los asuntos de Hogwarts… El universo de Harry Potter más allá de los libros sigue tan vivo como nunca, incluso más. Sin embargo, desde el final en 2011 de la saga protagonizada por Daniel Radcliffe, nos ha faltado algo, concretamente esa emoción de esperar una nueva película perteneciente a este universo. J.K. Rowling ha decidido devolver la magia a los cines con Animales fantásticos y cómo encontrarlos (Fantastic Beasts and Where to Find Them), nueva saga nacida a partir del manual homónimo publicado en 2001, un breve libro no narrativo que cataloga las diferentes especies de criaturas del mundo mágico. Pero no temáis, esto no es El hobbitEsto es algo infinitamente mejor.

Con guion escrito por la propia Rowling en solitario, Animales fantásticos nos lleva de Inglaterra a Nueva York para expandir el Potterverso presentándonos los entresijos del mundo mágico en Estados Unidos durante los años 20 del siglo pasado. Allí conocemos a Newt Scamander (Eddie Redmayne), mago británico y empleado del Ministerio de Magia que viaja a la Gran Manzana por un motivo desconocido, junto a su “inseparable” maletín mágico, una suerte de bolso de Mary Poppins llevado hasta sus últimas consecuencias, donde oculta y protege a diferentes especies de “bestias” fantásticas. En Nueva York, Newt se topa con un muggle (allí conocidos como “nomaj“), Jacob (Dan Fogler), una trabajadora del MACUSA (Mágico Congreso de USA), Tina Goldstein (Katherine Waterson), y su seductora hermana, Queenie (Alison Sudol), que tiene el poder de leer la mente. Mientras Newt trata de recuperar con la ayuda de sus nuevos amigos a los animales que ha perdido en la ciudad, este se meterá en problemas con la ley, ya que las reglas de la comunidad mágica en Nueva York son distintas a las del Reino Unido. En última instancia, sus encontronazos con el MACUSA y uno de sus mandamases, Percival Graves (Colin Farrell), le llevarán a destapar un misterio mayor que pondrá en peligro a la ciudad y el secreto de la comunidad mágica.

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Con Animales fantásticos y cómo encontrarnos, Rowling da una lección sobre cómo hacer una precuela, una primera entrega de una saga (en este caso de cinco partes) y una buena película de aventuras. Poniendo los cimientos de una nueva parcela del Potterverso y estableciendo férreamente su mitología -relacionada directamente con Harry Potter, pero con sus propias reglas y fundamentos-, Animales fantásticos desvela una razón de ser más allá del interés lucrativo. Claramente, Rowling ama su creación y se ha encargado de hacerle justicia con una historia completamente nueva en la que evita moverse por inercia. La película está dirigida por David Yates, lo que aporta consistencia tonal y estética con respecto a la saga Harry Potter, cuyas cuatro últimas partes fueron realizadas por él. Y es que desde que aparece el logo de Warner Bros., con una sintonía muy conocida de fondo, nos sentimos de nuevo en casa. Pero como decía, Animales fantásticos no opta por repetir la jugada, sino que se preocupa por construir algo nuevo, algo distinto, algo verdaderamente emocionante.

Animales fantásticos continúa el espíritu de Harry Potter, pero a la vez halla el suyo propio. El pequeño detalle de las edades de los personajes es en realidad enorme. Newt, Tina, Queenie y Jacob son adultos, lo que en esencia presenta una perspectiva completamente nueva en oposición al entorno infantil y posteriormente adolescente de Harry Potter. Pero no solo eso, el nuevo emplazamiento (una Nueva York de los años 20 recreada con suma belleza y elegancia) proporciona un escenario lleno de posibilidades que Rowling aprovecha para empezar a contar una historia diferente. Animales fantásticos tiene su corazón propio, lo que hace que pueda ser disfrutada por cualquiera, sea Potterhead o no, pero los fans de Harry Potter se sentirán especialmente arropados gracias a sus conexiones con el mundo mágico de Hogwarts (hechizos conocidos, referencias), detalles bien dosificados y guiños que emocionan sin distraer del propósito actual, y que apuntan a una mayor conexión en el futuro con la saga anterior.

FANTASTIC BEASTS AND WHERE TO FIND THEM

FANTASTIC BEASTS AND WHERE TO FIND THEM

Como decía al principio, Animales fantásticos no es El hobbit. Estamos ante una película que funciona perfectamente como pieza individual y a la vez como primer capítulo de una historia mayor. Rowling se estrena como guionista cinematográfica con un libreto consistente y equilibrado, lo que da como resultado una película de aventuras ejemplar, un blockbuster eficaz y con almaAnimales fantásticos conserva todas las características de la escritura de Rowling, su ingenio y sentido del humor, el cariño en el tratamiento de los personajes, la creatividad e imaginación desbordante a la hora de inventar criaturas y diseñar una mitología extensísima, ese gusto por el misterio, los secretos que impulsan la historia y los giros sorpresa y revelaciones que la ponen patas arriba. Después de Animales fantásticos nos quedamos con ganas de más, pero no porque sintamos que la película se haya quedado incompleta o la percibamos negativamente como el fragmento de un todo (hay final, y además es precioso), sino porque nos ha dado suficientes alicientes para que queramos seguir explorando su universo más allá de este primer episodio. Asuntos pendientes que en ningún momento lastran la historia, sino que la enriquecen y nos dejan ver el enorme potencial de esta nueva franquicia.

Pero no todo va a ser positivo. El eslabón más débil de Animales fantásticos, y no es uno pequeño, es su protagonista, Eddie Redmayne. El oscarizado actor británico ha demostrado con creces su talento, pero también que es propenso a que sus personajes se le vayan de las manos. En este caso, su Newt Scamander puede llegar a resultar bastante irritante por culpa de los mohínes de Redmayne, su pose constantemente encorvada, su voz exageradamente temblorosa… Su interpretación se corresponde con el carácter del personaje, dañado, frágil y retraído, pero Redmayne sobreactúa esa timidez e introspección hasta el punto de distraer demasiado. Con suerte, el actor se hará con el personaje a medida que este evolucione y salga de su cascarón en las siguientes cuatro películas. Le daremos por tanto el beneficio de la duda.

FANTASTIC BEASTS AND WHERE TO FIND THEM

Por lo demás, Animales fantásticos es un espectáculo cinematográfico de primera, una película que, lejos de seguir el camino de la sobre-explotación fácil de algo que se vende solo, se esfuerza por crear algo con sustancia y estilo propio. Los nuevos personajes son una delicia (qué detalle que el muggle más destacado del film y claro representante del fandom de Harry Potter, el entrañable Jacob, tenga tanto protagonismo y cumpla nuestro sueño de vivir una aventura en el mundo mágico), las criaturas son muy ocurrentes y adorables, los efectos digitales hacen que las imágenes salten de la pantalla aunque no estemos viendo la película en 3D, el ritmo no decae y hay un equilibrio perfecto entre acción y desarrollo narrativo, la música de James Newton Howard es simplemente grandiosa… En definitiva, Animales fantásticos es una auténtica gozada, divertida, ingeniosa, con encanto a raudales y el asombro propio del mejor cine de fantasía. Gracias, J.K., por renovar nuestro sueño de ser magos en este mundo gris.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Dope

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Rick Famuyiwa, responsable de películas orientadas especialmente al público negro, da el salto al cine independiente con Dope, una historia que busca un público más variado para hablarle precisamente sobre lo que significa ser negro, concretamente en un barrio de California. La película sigue las aventuras y desventuras de Malcolm (Shameik Moore), un peculiar adolescente obsesionado con el hip-hop de los 90 que toca en una banda de punk-rock y sueña con ir a Harvard.

Malcolm es un adolescente superdotado e inadaptado, paria social y víctima de bullying (como Donald Glover, es un “Oreo“, negro por fuera, blanco por dentro) que encuentra refugio en sus dos mejores amigos, Diggy (Kiersey Clemons) y Jib (Tony Revolori), y desea ligarse a su vecina, Nakia (Zoë Kravitz). Para intentarlo, los tres amigos acuden a una fiesta organizada por un camello del barrio, que acaba arrestado tras una redada, no sin antes esconder una remesa de Molly en la mochila de Malcolm.68x98 Cartel Cine Dope.inddEsto le llevará a vivir una peligrosa odisea en las calles de Los Ángeles cargada de humor, sexo y violencia, de la que obtendrá valiosas lecciones sobre la vida, los negocios y él mismo.

Dope fue todo un éxito de crítica en el Festival de Sundance de 2015, donde también se alzó como una de las favoritas del público. Es fácil imaginar por qué. La película de Famuyiwa sigue la fórmula del cine adolescente americano y narra ese rito de paso que tantas veces hemos visto en la pantalla desde una perspectiva fresca y única (el film ha sido descrito como una mezcla de Pulp FictionGo). La primera mitad de Dope es todo un alarde de energía, color, música y buen humor (los diálogos entre Malcolm, Diggy y Job son geniales), sin embargo, a medida que la trama de la droga se va desarrollando, la película va sumiéndose poco a poco en lo convencional, para acabar descarrilando en su tramo final, donde abusa de topicazos del cine de mafiosos y narcotraficantes, y echa mano de la moralina más barata.

El mensaje protesta con el que termina Dope acaba delatando a una película más confusa en sus intenciones de lo que parece. Por suerte, lo que se mantiene consistente de principio a fin es la revelación Shameik Moore. Él es la película y él la saca a flote con su magnífica interpretación.

Nota: ★★★

Crítica: La Serie Divergente – Leal

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Casi todo lo que se puede decir de Leal (Allegiant), la tercera entrega de la “Serie Divergente“, ya lo dijimos el año pasado, cuando se estrenó el capítulo anterior, Insurgente. Leal es la primera mitad del final de la saga basada en la trilogía de novelas de Veronica Roth, un desenlace que, al igual que ocurrió con CrepúsculoHarry PotterLos Juegos del Hambre, ha sido dividido en dos partes (aunque nadie lo pidió y el tibio recibimiento de la anterior película seguro que hizo cuestionarse a más de uno la decisión). Supuestamente, este pre-clímax hace que la historia avance, pero en realidad las cosas no cambian demasiado, por no decir nada. Leal sustituye un regimen totalitario (el de Janine – Kate Winslet) por otro exactamente igual (el de David – Jeff Daniels), y por encima de todo, sigue sin tener muy claro qué nos está contando. Por eso, al final, entre la confusión y el tedio, volvemos a tener la sensación de estar viendo la misma película por enésima vez.

Explicar el argumento de Leal no solo sería trabajoso, sino que no serviría para nada. Dejémoslo en que esta tercera parte lleva a Tris (Shailene Woodley) y su grupo de rebeldes más allá del muro que aísla Chicago del resto del mundo, donde las cosas no son mucho mejores que en la ciudad (a la que amenaza una guerra entre facciones), es decir, una trama completamente idéntica a la de otra saga distópica adolescente, El corredor del laberinto. Claro que no podemos acusar a ninguna de estas películas de copiar a la otra, porque en realidad todas están haciendo lo mismo: amasar referentes y tópicos del cine y la literatura de ciencia ficción para levantar universos post-apocalípticos cortados exactamente por el mismo patrón, sagas pensadas como si fueran series de televisión (no en vano, esta no es la “Saga”, sino la “Serie Divergente”). Cuando termina Leal, uno tiene la sensación de haber visto el capítulo inmediatamente anterior a un final de temporada, con la diferencia de que para ver el último no hay que esperar una semana, sino un año. En el caso de otras sagas puede servir para aumentar la expectación, en el de Divergente sirve para que perdamos cada vez más interés.

Robert Schwentke (que tiene en su distinguido currículo cosas como Plan de vuelo: desaparecidaR.I.P.D.) repite como director, después de incorporarse el año pasado para elevar las cotas de acción de la saga, perdón, serie. Leal sigue el camino marcado por Insurgente, redefiniéndose como película de acción con ínfulas de gran relato sci-fi. Y ese es el principal problema de la película (y la serie), que sus aspiraciones están muy por encima de sus posibilidades. Como InsurgenteLeal se toma tan, tan en serio a sí misma (menos en un par de momentos en los que intenta, en vano, hacer algún chiste), que no nos queda más remedio que compadecernos de ella. Y es que la película no funciona a ningún nivel, ni siquiera como entretenimiento vacío para evadirse. Porque seamos sinceros, hay pocas sagas adolescentes más aburridas que esta.

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Aunque somos conscientes de que no debemos ser demasiado exigentes con estas películas (al fin y al cabo, sabemos de sobra que no somos su público objetivo), Leal lo vuelve a poner difícil hasta para el más indulgente (sugerencia de título para la última parte o el pack de la serie completa). Se trata de una película sin vida, con una puesta en escena muy pobre (hay algún croma por ahí que resulta bastante sonrojante) y una historia completamente desestructurada y mal contada que se las arregla para ser absurda y aleatoria, a la vez que rutinaria y predecible. La coherencia brilla por su ausencia, como en las anteriores entregas, pero aquí es peor aun, gracias a un argumento que amontona ideas y conceptos cogidos con pinzas (pretendidamente unidos en una celebración de la diferencia, con moraleja sobre los peligros de la manipulación genética) y se (nos) confunde con toda clase de situaciones azarosas (decisiones cuestionables, agujeros por todas partes, y personajes inverosímilmente ingenuos que se mueven en contra del sentido común). Todo para acabar en un “desenlace” de lo más chapucero y simplón, más propio de una serie fantástica de los 90 que de una superproducción de Hollywood.

Por si eso fuera poco, los actores se pasean estáticos por la película (sobre todo la impasible Woodley, que no podría tener menos ganas de estar ahí), se mueven y se relacionan gélidamente, con el mismo ímpetu con el que uno se levanta del sofá un domingo para coger el mando a distancia que está en la otra punta del salón. Claro que esa falta de entusiasmo y entrega no es solo culpa suya (el reparto está lleno de gente con talento, jóvenes y veteranos), sino sobre todo del material tan estéril y falto de emoción con el que trabajan. Esta serie no da más de sí, porque de entrada no tenía mucho que dar (como los libros en los que se basa, según dicen), y su difuso planteamiento ha alcanzado un punto muerto en esta película. Mala señal cuando sabemos que todavía queda otra.

Valoración: ★½

Estrenos 11/12/15: El cuento de los cuentos, Dope y Un paseo por el bosque

El cuento de los cuentos Salma Hayek

El cuento de los cuentos (Il racconto dei raconti, Matteo Garrone)

El cuento de los cuentos llega a la cartelera española después de cosechar excelentes críticas a su paso por el Festival de Cannes. Dirigida por Matteo Garrone (Gomorra), esta exuberante película fantástica está inspirada en los famosos relatos cortos del siglo XVII escritos por Giambattista Basile y contiene tres cuentos de hadas que comparten el mismo universo medieval de reyes, brujas y criaturas monstruosas.

cuento de cuentosEl primer relato, titulado “La reina“, nos narra la historia de la Reina de Longtrellis (Salma Hayek), cuyos deseos de maternidad llevan a su marido a enfrentarse a un monstruo marino que, a su muerte, otorgará la fertilidad a su mujer. En el segundo, “La pulga“, el monarca de Highhills (Toby Jones) vive obsesionado con una pulga gigante que utilizará para engañar a los pretendientes de su hija con la intención de no desposarla y perderla, un plan que saldrá terriblemente mal. Y finalmente, “Las dos ancianas” nos cuenta cómo el Rey de Strongcliff (Vincent Cassel) se enamora de una mujer solo por su voz, sin saber que es su apariencia se corresponde en realidad con la de una anciana decrépita.

En lugar de organizar el metraje por capítulos, Garrone entrelaza las tres historias de El cuento de los cuentos, lo que hace que el ritmo de la película se resienta considerablemente. No todos los fragmentos funcionan por igual, y llega un momento en que las historias pierden el rumbo, poniendo a prueba la paciencia y culminando en un desenlace (o desenlaces) que parece no querer llegar nunca, y que, cuando lo hace, nos deja con la sensación de que todo queda inacabado. Por el lado bueno, Garrone realiza un espléndido trabajo en el apartado estético, homenajeando con acierto el cine italiano de los 70 (la película evoca constantemente a Fellini y Pasolini), caracterizado por la carnalidad desbordante y la opulencia decadente (solo los efectos digitales rompen la ilusión setentera). El director ha orquestado un espectáculo barroco que mezcla con tino lo fabuloso y lo grotesco, recuperando así un arte perdido: los cuentos de hadas para adultos, con bien de carga erótica, sordidez y humor negro.

Valoración: ★★★

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Dope (Rick Famuyiwa)

Rick Famuyiwa, responsable de películas orientadas al público negro, da el salto al cine independiente “mayoritario” con Dope, una historia que busca un público más variado para hablarle precisamente sobre lo que significa ser negro, concretamente en un barrio de California. La película sigue las aventuras y desventuras de Malcolm (Shameik 68x98 Cartel Cine Dope.inddMoore), un peculiar adolescente obsesionado con el hip-hop de los 90 que toca en una banda de punk-rock y sueña con ir a Harvard. Malcolm es un adolescente superdotado e inadaptado, paria social y víctima de bullying (como Donald Glover, es un “Oreo“, negro por fuera, blanco por dentro) que encuentra refugio en sus dos mejores amigos, Diggy (Kiersey Clemons) y Jib (Tony Revolori), y desea ligarse a su vecina, Nakia (Zoë Kravitz). Para intentarlo, los tres amigos acuden a una fiesta organizada por un camello del barrio, que acaba arrestado tras una redada, no sin antes esconder una remesa de Molly en la mochila de Malcolm. Esto le llevará a vivir una peligrosa odisea en las calles de Los Ángeles cargada de humor, sexo y violencia, de la que obtendrá valiosas lecciones sobre la vida, los negocios y él mismo.

Dope fue todo un éxito de crítica en el Festival de Sundance de 2015, donde también se alzó como una de las favoritas del público. Es fácil imaginar por qué. La película de Famuyiwa sigue la fórmula del cine adolescente americano y narra ese rito de paso que tantas veces hemos visto en la pantalla desde una perspectiva fresca y única (el film ha sido descrito como una mezcla de Pulp FictionGo). La primera mitad de Dope es todo un alarde de energía, color, música y buen humor (los diálogos entre Malcolm, Diggy y Job son geniales), sin embargo, a medida que la trama de la droga se va desarrollando, la película va sumiéndose poco a poco en lo convencional, para acabar descarrilando en su tramo final, donde abusa de topicazos del cine de mafiosos y narcotraficantes, y echa mano de la moralina más barata. El mensaje protesta con el que termina Dope acaba delatando a una película más confusa en sus intenciones de lo que parece. Por suerte, lo que se mantiene consistente de principio a fin es la revelación Shameik Moore. Él es la película y él la saca a flote con su magnífica interpretación.

Valoración: ★★★

Un paseo por el bosque Robert Redford

Un paseo por el bosque (A Walk in the Woods, Ken Kwapis)

Bill Bryson (Robert Redford) es un conocido autor de libros de viaje que, tras vivir dos décadas en Inglaterra, regresa a su New Hampshire natal. Antes de retirarse definitivamente, Bryson decide emprender la (¿última?) gran aventura de su vida, recorrer el sendero de los Apalaches, con sus más de 3.500 kilómetros de longitud. A pesar de las reservas Un paseo por el bosquede su mujer Catherine (Emma Thompson), Bryson se cuelga la mochila a la espalda e inicia su viaje junto a un viejo amigo, Stephen Katz (Nick Nolte), un pillastre en baja forma que lleva toda la vida escabulléndose de sus deudas y es el único de sus conocidos que no considera la idea una locura y accede a acompañarle. Bill y Stephen tienen sus desavenencias en el camino, ya que ambos tienen una manera muy distinta de afrontarlo, pero acabarán confraternizando y estrechando sus lazos ante las adversidades, algún que otro affair y más de un encuentro (humano y animal) indeseado.

Un paseo por el bosque está basada en las memorias del mismo nombre escritas por el verdadero Bill Bryson. Su director, Ken Kwapis, posee una dilatada experiencia como director de comedias televisivas (de ahí quizá que por la peli desfilen actores como Kristen Schaal, Nick Offerman o Mary Steenburgen), algo que salta a la vista durante todo el metraje. Aunque Un paseo por el bosque aborda temas interesantes y trata de realizar alguna reflexión sobre la vida (y de soslayo el amor) en la “tercera edad”, en realidad no es más que una rutinaria y descafeinada sitcom sobre dos amigos de avanzada edad cuyos caracteres opuestos (uno serio y disciplinado, el otro caótico y desastrado) chocan para generar situaciones cómicas más bien mediocres. La película de Kwapis es una comedieta de tres al cuarto que no sabe sacar provecho del material que trata (sin ser nada del otro mundo, Alma salvaje exprimía más jugo desde el drama a una situación parecida), y se desinfla progresivamente hasta provocar la mayor de las indiferencias. No ayuda que Robert Redford y Nick Nolte no se esfuercen demasiado y apenas tengan química en pantalla. Un paseo por el bosque puede ser simpática y bienintencionada, pero por encima de todo es una de las películas más olvidables de este año.

Valoración: ★★