[Crítica] Liga de la Justicia: Make DC Great Again

liga-de-la-justicia-1

Que DC se ha encontrado con todos los problemas habidos y por haber para hacer despegar su universo cinematográfico es algo sabido por todos. El caos detrás de las cámaras ha servido como combustible inagotable para titulares alarmistas y sensacionalistas (la mayoría por desgracia ciertos, como hemos ido comprobando), pero no se ha quedado ahí, sino que también, y esto es lo peor, se ha visto reflejado en las películas, pruebas fehacientes de todo lo que ha ido mal durante la producción.

El tibio recibimiento a El hombre de acero la acabó convirtiendo en un falso comienzo. Batman v Superman fue aniquilada por la crítica y dividió a la audiencia, exactamente igual que Escuadrón Suicida, que fue montada y remontada según Warner oía llover. El rayo de esperanza que DC necesitaba llegó con Wonder Woman, la primera película de la etapa moderna del estudio que recibía aplausos casi unánimes. La princesa amazona marcaba el ejemplo a seguir para las siguientes entregas del DCEU: más luz, más humor, y más corazón. Y así llegamos a Liga de la Justicia (Justice League), la esperadísima primera reunión en el cine de acción real de los icónicos héroes de DC, un sueño para tantos fans de los cómics y una película que, aun con sus muchas trabas, sitúa a la saga en el camino correcto.

El problema de DC siempre fue querer empezar la casa por el tejado. Eso, sumado a una falta de visión a largo plazo, actores que no se comprometen del todo con sus personajes, su apuesta por la perspectiva de autor para luego anularla según vire el mercado o la opinión en Internet, y un caprichoso calendario de proyectos que no hace más que cambiar, ha provocado que Liga de la Justicia nazca en las peores condiciones posibles. Por no hablar del ajetreo en la silla del director. Debido a una tragedia personal, Zack Snyder tuvo que abandonar el proyecto hacia el final, siendo sustituido por Joss Whedon, que acudía a DC después de su periplo en Marvel para terminar el trabajo de Snyder y añadir nuevas escenas (a la vez que desechaba muchas otras) con el objetivo de reestructurar la película y modificar el tono. Por todo esto, vaticinábamos un desastre de proporciones mayúsculas, pero lo cierto es que podría haber sido mucho, pero que mucho peor.

liga-de-la-justicia-2

De hecho, Liga de la Justicia es todo lo que cabe esperar de una película de superhéroes clásica, ni más ni menos: épica, ensordecedora, repleta de acción, y sobre todo, muy divertida. Pero lo más sorprendente es que además es narrativamente coherente, un auténtico logro teniendo en cuenta las circunstancias. Unir los dispares universos de Superman, Batman y Wonder Woman a la vez que se introducen (ahora sí de verdad) a los miembros restantes de la Liga, Flash, Aquaman y Cyborg (los tres todavía sin su propia película en solitario) era una tarea complicada, y Snyder, con la ayuda de Whedon, ha salido airoso en la medida de lo posible.

Para hacer converger todos los frentes de la historia se recurre al villano Steppenwolf, del que ya tuvimos un adelanto en Batman v Superman, otra criatura digital sin personalidad que no es más que un catalizador para desarrollar la acción (busca reunir las Cajas Madre para hacerse con su poder infinito) y una excusa para juntar a nuestros héroes. El esquema es muy similar al de Los Vengadores, con Bruce Wayne (Ben Affleck) haciendo las veces de Nick Fury al reclutar uno a uno, con la ayuda de Diana Prince (Gal Gadot), a los componentes de este variopinto equipo de metahumanos.

El primer acto intercala las distintas historias individuales esforzándose al máximo por no atropellarse en exceso con tanta trama, y aunque le cuesta, lo consigue, manteniéndose centrada la mayor parte del tiempo en el objetivo de unir a la Liga para impedir que una nueva invasión extraterrestre acabe con el planeta. Un planeta, por cierto, sumido en la desesperanza, la discriminación y el odio que necesita urgentemente nuevos héroes tras la muerte de Superman (un evidente símil con la Norteamérica de Trump que, tristemente, se queda en nada). En el segundo acto, que arranca con un impresionante primer enfrentamiento con el villano, el supergrupo empieza a tomar forma mientras sus miembros se van conociendo, con el obligatorio choque de egos, pero también mucho sentido del humor y chascarrillos para aligerar de peso la película. Finalmente, el clímax, más precipitado, nos depara otra ruidosa y aturdidora vorágine de destrucción digital como en las anteriores entregas de DC. No obstante, en esta ocasión (sorpresa) no se alarga hasta la desesperación y no desvirtúa lo que se ha visto hasta ese momento.

liga-de-la-justicia-3-ezra

Ante todo, lo mejor de Liga de la Justicia son sus héroes, como debe ser, encarnaciones esta vez más atinadas de los populares personajes del cómic. El reparto funciona a las mil maravillas, en especial gracias a las incorporaciones del imponente Jason Momoa y ese nervio puro que es Ezra Miller, dos de los mayores aciertos de DC hasta la fecha. Ellos proporcionan algunos de los momentos más simpáticos del filme (sobre todo Barry Allen, que tiene las mejores frases, aunque también los momentos más vergonzosos, todo hay que decirlo), pero quien funciona como ancla del grupo es Gadot, robando escenas y aportando a la película y al grupo todo lo que hizo de Wonder Woman un triunfo (emoción, motivación, baliza moral), hasta el punto de hacer despertar a Affleck, que no solo ofrece una interpretación sólida, sino que además por momentos hasta parece estar pasándoselo bien. El Batman de Liga de la Justicia supone una mejora enorme con respecto al de Batman v Superman, es más humano, un personaje más definido y congruente, por lo que sería una pena que ahora que se está haciendo con él, Affleck abandonase su compromiso con el Hombre Murciélago. Por último, Cyborg es quizá el eslabón más débil del equipo, pero no por el guion o por la interpretación de Ray Fisher (más que correcta), sino porque es el menos conocido, y por ahora el menos interesante.

Mención aparte merece Superman. Lo de El Hombre Acero podríamos llamarlo “el secreto peor guardado de DC” si en algún momento hubiéramos creído que el estudio deseaba mantenerlo oculto. Clark Kent regresa de entre los muertos cuando más se le necesita. Y no podría ser de otra manera. Superman tenía que formar parte de la primera gran aventura de La Liga de la Justicia como fuera. No desvelaré nada sobre su regreso, porque al menos eso sí se lo han guardado, solo diré que, aunque Henry Cavill siga siendo un Superman ideal y esta vez se haya captado mucho mejor la esencia del personaje, el bigotegate está a punto de estropearlo todo. Como sabéis, el actor británico estaba en pleno rodaje de Misión imposible 6 cuando Warner lo llamó para grabar escenas adicionales de Liga de la Justicia bajo la batuta de Whedon. Este acudió al rescate, pero Paramount (el estudio detrás de MI:6) le prohibió por contrato afeitarse el mostacho que lucía para su película. ¿Cuál fue la solución? Borrarlo digitalmente en las nuevas secuencias de Liga de la Justicia. ¿Y el resultado? Una auténtica debacle. El efecto para eliminar el vello facial es tan chapucero, llama tanto la atención, queda tan mal que no solo sirve para identificar las escenas rodadas a posteriori, rompiendo bastante el fluir de la película, sino que distrae sobremanera de la historia. Para reír por no llorar.

liga-de-la-justicia-5

Además de los seis héroes principales, la película cuenta con secundarios de cada una de sus franquicias individuales (Amy Adams, Jeremy Irons, Connie Nielsen y un largo etcétera), más nuevas incorporaciones, como Amber Heard en el papel de Mera o J.K. Simmons como el comisario Gordon, buenos aperitivos de las próximas entregas en solitario de la franquicia. El reparto es tan numeroso que es inevitable que muchos personajes se queden como “meras” anotaciones a pie de página, pero no importa demasiado, ya que el guion establece claramente desde el principio quiénes son los protagonistas, y Snyder (y Whedon) se encarga de darles a cada uno muchos momentos individuales y en grupo para brillar. Así, Liga de la Justicia logra un equilibrio que parecía imposible, y que, aunque corre el riesgo de romperse en cualquier momento, se mantiene hasta el final.

Pero por supuesto, la cinta también tiene sus problemas, como hemos adelantado. Y no son precisamente insignificantes. Ya hemos mencionado a Steppenwolf (que a pesar de no llegar al nivel de despropósito de los malos de Escuadrón SuicidaWonder Woman, no está a la altura de la ocasión), y al verdadero villano de la película, el no-bigote de Henry Cavill. Pero también hay que criticar la objetificación sexual a la que se somete a Wonder Woman de nuevo bajo la mirada masculina (los planos recreándose en sus nalgas y escote son frecuentes), especialmente indignante después de lo que Patty Jenkins hizo con el personaje -aunque no lo suficientemente grave como para estropear todo lo que la convierte en uno de los puntos más fuertes de la película. Y por encima de todo, está la inconsistencia formal que tanto ha mermado las anteriores producciones de DC, y que aquí se ve magnificada por la presencia de dos directores cuyo trabajo no se ha podido unir sin costuras. La paleta cromática, el CGI, el aspecto de los actores y la iluminación difieren tanto entre escenas que hacen que el acabado visual sea mucho menos atractivo de lo deseable.

liga-de-la-justicia-4

Aun con todo, Liga de la Justicia es mucho mejor de lo que debería. El reparto está fantástico y la química salta a la vista, la acción es brutal (agotadora, sí, pero mucho menos embarullada y confusa que de costumbre), no se cae en el exceso de solemnidad ni se abusa demasiado de la cámara lenta (es decir, el snyderismo se ha rebajado, afortunadamente), los diálogos son acertados tanto a nivel cómico como dramático la mayor parte del tiempo, y con dos horas justas de duración, el metraje no se alarga innecesariamente, dejando poco espacio para el aburrimiento.

El éxito de Wonder Woman ha ayudado a establecer un tono más equilibrado, más ligero, lo que debería animar a ser menos exigente con ella, y los aportes de Whedon (si los hemos identificado bien) ayudan a humanizar a los personajes y estrechar sus vínculos cuando más hace falta, redibujando el itinerario de la franquicia hacia un futuro más optimista. Liga de la Justicia es un espectáculo muy imperfecto, pero también tremendamente divertido y explosivo, puro cine de superhéroes y puro cómic. No es la película de DC definitiva, pero sí una señal de que quizá no todo esté perdido y algún día podamos tenerla.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Wonder Woman: La superheroína que necesitábamos

wonder-woman-1

Los problemas creativos de Warner Bros. para hacer despegar su Universo Extendido de DC han sido, y son, de los temas más escrutados por parte de los medios especializados y los espectadores en los últimos años. Con el estreno de El hombre de acero en 2013 daba comienzo la saga superheróica con la que Warner/DC pretendía hacer frente a su rival directa, Marvel Studios, pero el tibio recibimiento por parte de crítica y público auguraron un camino más dificultoso de lo que se preveía.

La llegada en 2016 de Batman v SupermanEl amanecer de la justicia confirmaba las peores sospechas: DC no tenía muy claro qué quería hacer con sus propiedades, además de romper récords de recaudación. Escuadrón Suicida terminaba de cimentar la mala reputación de esta nueva etapa cinematográfica de la editorial, con un desastre de proporciones épicas que solo los fans más acérrimos se atrevieron a defender. Sí, estas películas recaudaron cantidades ingentes de dinero en taquilla (especialmente las dos últimas), pero no lograron conectar con el público a un nivel más profundo.

El Universo DC necesitaba alguien que lo salvase urgentemente. Alguien con la capacidad de volver a emocionar a la audiencia, de ofrecer un cambio de aires, de quitar ceños fruncidos. Alguien como Wonder Woman. No un superhéroe, sino una superheroína. La Mujer Maravilla irrumpe como un rayo de luz multicolor rasgando la capa de oscuridad y solemnidad que cubre al DCEU, aportando optimismo, sentido del humor y corazón a la sombría e hiperestilizada visión de Zack Snyder. Patty Jenkins (Monster) se encarga de dirigir la primera película en acción real para el cine protagonizada por Diana Prince desde que el personaje fuera creado en 1941, una hazaña que ha costado mucho más de lo que debería, pero que ya podemos celebrar como un antes y un después en el cine de superhéroes moderno.

wonder-woman-2

A pesar de efectuar variaciones en su historia, Wonder Woman se mantiene fiel en esencia a los orígenes del personaje, vinculados a la mitología y el contexto bélico, solo que en este caso, la acción transcurre durante la Primera Guerra Mundial en lugar de la Segunda, donde se encuentran sus raíces en el cómic. El film nos lleva al pasado para conocer su vida en la recóndita isla paradisíaca de Temiscira, tierra de amazonas que vive en paz muchos años después de librar la más cruenta de las guerras con los hombres. Diana crece bajo la protección de su madre, Hippolyta (Connie Nielsen), quien se opone a que la niña sea entrenada para la guerra como el resto de habitantes de la isla. Sin embargo, la inquietud de la pequeña llevará a que la mejor de las guerreras amazonas, Antíope (bravísima Robin Wright), la prepare en secreto para luchar. Cuando años después un piloto estadounidense llamado Steve Trevor (Chris Pine) se estrelle en la costa de Temiscira, Diana (Gal Gadot), ya convertida en una poderosa guerrera adulta, descubrirá que en el mundo exterior se está librando un conflicto masivo que amenaza con arrasar la humanidad. La joven abandonará la isla convencida de que Ares, el Dios de la Guerra, está detrás de todo, y luchará incansablemente con la ayuda de Steve y sus hombres para poner fin a la guerra, descubriendo tanto el alcance real de sus poderes como su verdadero destino.

Hay mucho que elogiar de la visión de Wonder Woman que ofrece Patty Jenkins, pero todo se puede resumir en una palabra: feminismo. El film rompe radicalmente con lo que hemos visto hasta ahora en la mayoría de películas de superhéroes (y con lo que nos tiene acostumbrados el cine de Hollywood) aportando cambios revolucionarios a la plantilla del género: un gran número de mujeres fuertes, guerreras leales y de considerable diversidad (las dos más prominentes tienen más de 50 años), representación positiva del sexo, eliminación (o suavización) de la mirada masculina y la objetificación femenina, un protagonista masculino que no hace sombra a la mujer, y por encima de todo, una mujer protagonista que no es comparsa del hombre, y que nunca se plantea que no es capaz de ser algo solo por el mero hecho de pertenecer a su género. Así es como Wonder Woman lanza su mensaje de empoderamiento a niñas y mujeres de todo el mundo, uno que nos hacía mucha falta.

wonder-woman-3

Pero además de romper el techo de cristal superheróico, Wonder Woman es un producto de entretenimiento muy eficaz, una película que, la mayor parte del tiempo, evita los errores más graves de sus predecesoras, que confundían seriedad con profundidad y padecían de esquizofrenia narrativa. En esta ocasión, Jenkins tiene más claro qué quiere contar y quién es el personaje que está manejando, así como cuáles son sus motivaciones, sus preocupaciones y sus virtudes. Un icono al que Gal Gadot insufla vida y dota de humanidad con una vigorosa interpretación. Aparte de bordarlo en el apartado físico, la actriz israelí da con las notas perfectas de optimismo, ilusión, perseverancia, energía, compasión, y en definitiva todas las cualidades que siempre han hecho de Diana Prince un modelo a seguir, una mujer “maravilla” más allá de sus superpoderes.

Ahora bien, Wonder Woman está lejos de ser una película perfecta. De hecho están a punto de hacerle sombra varios problemas que esperamos sean pulidos de cara a la inminente secuela. Aunque suponga una evidente y mayúscula mejora con respecto a El hombre de acero Batman v SupermanWonder Woman arrastra varios de los defectos más preocupantes de estos films, como cierto caos expositivo, que se manifiesta sobre todo durante el embarullado arranque y en la predecible recta final, en la que se insiste en la fórmula del ya fatigado enfrentamiento híperviolento y destructivo. Aunque este guion está mejor organizado, da la sensación de que se ha omitido información, sobre todo con respecto al origen de Diana y sus poderes (tema que quizá se esté reservando para la segunda parte), algo que potencia un montaje abrupto que hace que parezca que faltan trozos (paradójico, teniendo en cuenta que Jenkins aseguró que no hay escenas eliminadas, sino que todo el metraje entró en la versión final).

wonder-woman-4

Por último, Wonder Woman abusa enormemente de los efectos digitales, haciendo que las potentes escenas de acción y los combates se apoyen demasiado (a veces únicamente) en el CGI, a pesar de la evidente destreza de las actrices. Los cromas durante la sección en Temiscira chirrían sobremanera, los humanos digitales son muy artificiales (videojueguitis aguda) y lo peor, se explota en exceso el recurso de la cámara lenta, en lo que es claramente un residuo del estilo snyderiano que no aporta nada, que se agota enseguida y no hace más que aumentar la sensación de falsedad al hacernos distinguir clara y constantemente a la doble digital de Gadot. El uso de los efectos digitales puede parecer secundario, pero es muy importante en una película de estas características, y en este caso puede distraer mucho, además de deslucir el acabado visual y estético del film.

Habiéndome sacado estas quejas de mi sistema, solo me queda seguir elogiando Wonder Woman como el incontestable triunfo que es. En el fondo se trata de una película de superhéroes tradicional, ya que repite los lugares comunes del género (incluido los villanos decepcionantes y los secundarios intercambiables), y además esta vez lo hace tomando ejemplo de Marvel (esta parece por momentos una fusión entre ThorCapitán América) y de Disney (atención al primer encuentro de Diana y Steve, sacado directamente de La Sirenita), con más humor, emoción y conexión real entre los personajes. En este sentido, Gadot y Pine no podían estar más sensacionales en sus papeles. Ella vibrante, adorable, un torbellino de energía; él carismático y divertido; ambos una pareja divertida, sexy y entrañable que mantiene una relación basada en el respeto y apoyo mutuo, y en cuya química reside gran parte del éxito de la película.

wonder-woman-5

Wonder Woman es un espectáculo de acción radiante, tiene una sección central antológica, diálogos especialmente inspirados (“Los hombres son esenciales para la procreación, pero innecesarios para el placer”), nos regala imágenes para la posteridad (ver a Diana avanzando en el campo de batalla mientras recibe el fuego enemigo pone los vellos de punta), nos cuenta una historia motivadora y apasionante (de la que queremos saber más), y además nos trae el mensaje de igualdad, esperanza y fe en la humanidad que necesitábamos en estos momentos, insistiendo en que debemos combatir el odio con amor, en lugar de con más odio. Pero esto no es un final feliz, no es la erradicación del problema, es solo el principio. Necesitábamos a Wonder Woman, y no nos ha fallado. Ahora necesitamos a más como ella.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Batman v Superman – El amanecer de la justicia

Batman v Superman

Hace tres años, Warner Bros. lanzaba oficialmente su nuevo Universo Cinematográfico DC con el estreno de El hombre de acero (Man of Steel). Sin embargo, la película de Zack Snyder no recibió el beneplácito unánime de la audiencia (ni de la crítica, aunque eso sobre decirlo), por lo que quedó más bien como un prólogo a la macro-historia que iba a empezar a contar, ahora de verdad, con Batman v Superman: El amanecer de la justicia (Batman v Superman: Dawn of Justice). Con excepción de la trilogía del Caballero Oscuro dirigida por Christopher Nolan -que no pertenece a esta nueva etapa de DC pero ha marcado su personalidad- Warner no ha sido capaz de afianzarse en su estilo, como sí ha hecho la competencia, Marvel StudiosEl hombre de acero ponía de manifiesto los problemas de su aproximación (la de Snyder y David S. Goyer) al cine de superhéroes, y hacía necesario que estos fueran erradicados de cara a la inminente expansión de su universo de ficción. Por eso, Batman v Superman es un amanecer en más de un sentido. Es un nuevo comienzo, una oportunidad para enmendar errores y situarse en el camino correcto. ¿Ha aprendido Snyder de la experiencia? ¿Arregla Batman v Superman lo que supuestamente rompió o no supo construir El hombre de acero? Sí… Pero no.

Más allá de la polémica por la caracterización de Kal-El, para muchos una traición al personaje de los cómics, dos de las quejas principales con respecto a la primera película sobre el hombre de Krypton (y a la ouvre comiquera de Snyder en general) se referían a su tono excesivamente serio y grandilocuente (oscuridad no equivale a profundidad), y a su tendencia a la acción desmedida, lo que jugaba en detrimento de la historia. Afortunadamente, Snyder ha escuchado las quejas y ha intentado ponerles remedio. O al menos eso parece. En primer lugar, Batman v Superman sigue siendo muy solemne (al fin y al cabo, es DC), pero se permite bastantes momentos de humor que hacen que la historia respire y el espectador obtenga el alivio cómico tan necesario en este tipo de películas (se rumoreaba que el estudio iba a prohibir los chistes en sus producciones, y nos alegramos de que sea incierto o haya cambiado de parecer). Y en segundo lugar, la película sirve al principio para compensar los fallos del apoteósico clímax de El hombre de acero, hasta el punto de redimirla e invitar a los que se sintieron contrariados por ella a mirarla con otros ojos.

En gran medida, Batman v Superman lidia con las consecuencias de lo ocurrido en la anterior película, para la que funciona como secuela directa, especialmente durante la primera hora y media. Después de un prólogo en el que volvemos a ver morir a los padres de Bruce Wayne (sí, otra vez, aunque afortunadamente se quite esto de en medio enseguida), el film entronca con el clímax de El hombre de acero, mostrándonoslo desde la perspectiva del Hombre Murciélago. A partir de ahí, Snyder nos ofrece reflexiones sobre la responsabilidad del héroe que sirven para completar de forma retroactiva lo visto en El hombre de acero y dan forma a uno de los temas principales de Batman v Superman, que también es uno de los lugares comunes más socorridos del género y en especial de la creación de Jerry SiegelJoe Shuster: la idea del superhéroe como amenaza para la humanidad. Un “falso Dios” que debe aprender a usar su poder en un mundo que por un lado lo venera ciegamente mientras que por otro aquellos en el poder pretenden politizarlo.

Henry Cavill Batman v Superman

Batman v Superman es uno de los blockbusters más ambiciosos jamás realizados, y no solo en lo que se refiere al factor espectacular, sino también en lo que respecta al discurso filosófico/teológico/existencial que ofrece y a su potente propuesta cosmética (en el caso de Snyder ambas cosas fuertemente ligadas). No obstante, la película peca de querer abarcar demasiados temas y Snyder, como de costumbre, acaba tratándolos de forma simplista y aturullada, anteponiendo la metáfora, la iconografía y la solemnidad lapidaria al desarrollo de personajes, a los que no se molesta en dar motivaciones claras. Claro que esto no impide que BvS esté repleta de escenas y diálogos que pondrán los vellos de punta a los fans de los personajes del cómic, a los que se recompensa (o engatusa) con multitud de easter eggs y guiños, como viene siendo ya obligado en este tipo de cine expansivo y transmedia. Y es que lo que más salta a la vista viendo Batman v Superman es cómo está hecha para servir al futuro (ya presente) Universo DC, cómo está constantemente dando “forma” al universo compartido que inaugura, haciendo referencia a lo que veremos en próximas películas, especialmente al crossover en el que todo convergerá siguiendo el patrón de Los Vengadores (y antes que ella, de todos los cómics de superhéroes), La Liga de la Juticia. Así, Batman v Superman introduce, a menudo con calzador y una acuciante falta de ideas (mejor no hablar de esos sueños…), la información y los cameos necesarios para poner los cimientos de las próximas películas, para seguir las líneas del plan maestro y asegurarse la fidelización del público que ya no consume (consumimos) superproducciones, sino superseries cinematográficas.

Pero todo esto debería estar ya asumido. Es la nueva forma de hacer cine comercial, y si funciona, será por algo. Y en este sentido, Batman v Superman funciona, es el espectáculo formulaico que cabía esperar, una superproducción épica, explosiva, y por lo general, satisfactoria (incluso a ratos emocionante) a pesar de su falta de estructura y dirección. Al menos hasta que llega su tercer acto (o cuarto, en realidad es fácil perder la cuenta con dos horas y media de metraje). Hasta entonces, la película ha logrado que el exceso de frentes abiertos y la necesidad de presentar a tantos personajes de peso no juegue demasiado en su contra (aunque haya tramos descentrados y aburridos por esta razón), y se preocupa por mantener una coherencia dentro del disparate intrínseco al género. Sin embargo, después del primer clímax, la impresionante (y breve) batalla de Batman contra Superman en Gotham (una secuencia de gran intensidad y contundencia que podría, y quizá debería haber sido el desenlace), Snyder nos tiene preparado un alargadísimo tramo final que echará tierra sobre todo lo que ha levantado hasta ese momento, y en cierto modo revocará la redención conseguida con respecto a El hombre de acero. Estos cuarenta últimos minutos caen otra vez en el error de la destrucción excesiva (aunque esta vez eviten las bajas civiles) y los deus ex machina, con lo que la película se vuelve repetitiva, confusa y agotadoraBatman v Superman también acaba insensibilizando con su descerebrada violencia cartoon (sin sangre) y sus caóticas imágenes digitales (qué feo el acabado del CGI) en las que es muy difícil, a veces casi imposible, distinguir lo que está pasando. Para cuando la destrucción ha terminado, la exaltación ha dado paso al entumecimiento, y Snyder aprovecha para colar una serie de falsos finales muy torpemente hilados en los que vuelca toda la información necesaria (la que no ha habido manera de encajar antes) para adelantar los siguientes capítulos de la historia. Así, Batman v Superman va de más a menos, trabajando correctamente los elementos individuales para luego no otorgar unidad al conjunto y ahogarse en las incongruencias, prometiendo una cosa para darnos otra vez lo mismo. Va a ser que Snyder no ha aprendido tanto como creíamos.

Lex Luthor

La inconsistencia de la película también se ve reflejada en el reparto. Dice mucho que el intérprete más destacado de Batman v Superman sea Henry Cavill (que no es mal actor, pero tampoco suele destacar por su enorme talento interpretativo), de nuevo perfecto como Clark Kent/Superman. En cuanto a las nuevas incorporaciones, Ben Affleck da el perfil para el Batman de Frank Miller (los fans de su iteración del Hombre Murciélago babearán con su caracterización) y propone una versión madura del personaje que aporta novedad a su hiper-familiar mito, pero la inexpresividad absoluta del actor hace que el personaje (que ya sabemos que no es la alegría de la huerta) roce el tedio (atención a la nula química que tiene con Diana Prince). A Gal Gadot es muy pronto para juzgarla como Wonder Woman, ya que su participación es más bien un aperitivo de lo que podremos ver en su película en solitario, pero de momento da buenas vibraciones. Pero sobre Jesse Eisenberg como el megalómano Lex Luthor sí podemos pronunciar ya un veredicto: fallido. Su personaje sufre por la tendencia del actor a la caricatura y el abuso de los tics, en una interpretación desmesurada y sobreactuada que roza el ridículo en varias escenas. Por otro lado, Jeremy Irons no es un mal Alfred Pennyworth, ejerciendo (junto a otro secundario, Laurence Fishburne) como responsable de la mayor parte de chistes de la película, pero no está a la altura de Michael Caine (que disimulaba mucho mejor lo poco que le importaba estar ahí). Y por último, hay que destacar a una muy digna Diane Lane, y a Holly Hunter en un papel breve pero muy contundente, que nos deja una de las secuencias más impactantes y memorables de la película, la que transcurre en el Capitolio de Washington.

Aun con todo, la película contiene suficientes aciertos como para no tirar la toalla con el Universo DC (yo destaco además de los ya mencionados la banda sonora de Hans ZimmerJunkie XL). La mayor parte del tiempo, Snyder controla sus pulsiones extremistas y machistas (aunque algo se le escapa), y en momentos de lucidez pone su fuerte sentido de la estética al servicio de la historia (algo que no suele ocurrir). Como resultado, tanto los acontecimientos y sorpresas de su copioso argumento, como el jugoso simbolismo de la historia darán a los espectadores bastantes momentos para disfrutar y debatir durante mucho tiempo (aunque las conclusiones que ofrece Snyder no estén a la altura). Batman v Superman responde a su naturaleza de cine evento y sin duda satisfará (incluso enloquecerá) a muchos fans del cómic y el cine de superhéroes, aunque a la vez dará más argumentos para que sus detractores o escépticos sigan hablando de ‘superhero fatigue‘ (aunque no esté tan claro que exista tal cosa) y menospreciando el género. Si algo nos enseña esta película es que, al igual que le ocurre a Superman, no se puede contentar a todo el mundo.

Valoración: ★★★

Crítica: 300 – El origen de un imperio

R3_V10F_72613_CO3_PULLS_01rl_0026

Sumándose a la larga lista de segundas partes que nadie pidió llega 300: El origen de un imperio (300: Rise of an Empire), tras una serie de problemas de producción que han resultado en un retraso tras otro y en la consiguiente falta de interés y desconfianza en el producto. El origen de un imperio no es ni secuela ni precuela, sino ambas cosas a la vez, lo que se denomina una “side-prequel“. Es decir, los acontecimientos de esta nueva película abarcan desde antes de los que se narran en 300 (Zack Snyder, 2006) y se extienden más allá de ella, sincronizándose con las desventuras del Rey Leónidas y su ejército a mitad del metraje.

El origen de un imperio está basada en la aún inédita novela gráfica Xerxes, también de Frank Miller (que ha trabajado en ella simultáneamente a la producción de la película). En ella se profundiza (es un decir) en la figura del rey dios Jerjes (Rodrigo Santoro) con su origin story, y se nos presenta a Artemisia, comandante de la armada persa interpretada por Eva Green. La acción se traslada esta vez al mar, donde tiene lugar la cruenta batalla entre el ejército griego, liderado por el general Temístocles, que lucha por la unificación de Grecia, y el persa, capitaneado por Artemisia, griega aliada con los persas por un juramento de venganza contra su pueblo.

300 El origen de un imperioAunque estaba previsto que Zack Snyder se encargase de la realización, su compromiso con El hombre de acero le obligó a delegar. El elegido para ocupar su lugar en la silla del director fue el desconocido e inexperto Noam Murro, mientras que Snyder permaneció en el proyecto como productor ejecutivo. No cabe duda de que Murro fue contratado para desempeñar una función meramente instrumental en la producción, puesto que el resultado conserva el inconfundible (y paradójicamente impersonal) estilo visual del director de Sucker Punch. El origen de un imperio es efectivamente una película de Snyder hecha por otro. No falta ninguno de los elementos de los que el director se ha adueñado: esa confusa hiper-saturación digital (llega un momento en que uno no sabe qué está viendo), la ultra-violencia pornográfica que ya nos deja indiferentes, los voluptuosos físicos que son tan de mentira como los cromas sobre los que se mueven, los discursos y diálogos de grandilocuencia infinita, la dichosa cámara lenta -el film duraba en realidad 25 minutos, pero al añadir el slow motion subió a 102- que tanto ha influido en el péplum actual (Spartacus, Hércules). Y en definitiva, su ineptitud para contar una historia que vaya más allá de la superficie.

En lo que sí se distancia El origen de un imperio de su predecesora es en su héroe protagonista. El carismático Leónidas (Gerard Butler) hace hueco a Temístocles, personaje plano donde los haya interpretado por el insípido australiano Sullivan Stapleton. Por suerte, esto se ve compensado por la fuerte presencia escénica de Eva Green como su archinémesis Artemisia, una de las pocas razones que justifican la existencia de esta película -la otra sería ver a Lena Headey poniendo cara de Lena Headey todo el rato. Green, exagerada e intensa, la única que parece esforzarse un poco en dar credibilidad al proyecto, aporta algo de girl power (tal y como lo entiende Snyder, claro), en contrapunto a la abundancia de testosterona de la franquicia, y proporciona un par de escenas memorables (ese beso), blandiendo la espada y otras cosas (lo dicho, lo que Snyder entiende por “mujeres al poder”). El origen del imperio no escatima en espectacularidad, sobre todo en sus impresionantes secuencias de batalla en el mar, pero es decididamente más camp que la primera 300, lo cual aumenta ligeramente la posibilidad de disfrutar de su monocromática ridiculez, sus fuentes de sangre digital y su muertes a lo Viernes 13 si uno se la toma como la desbarrada tomadura de pelo que es.

Valoración: ★★

¡SORTEO! Consigue un combo Blu-ray+DVD de EL HOMBRE DE ACERO

Este sorteo ya ha finalizado. Atentos a fuertecito no ve la tele para futuros sorteos.

Warner Bros se complace en anunciar el lanzamiento en España de EL HOMBRE DE ACERO (Man of Steel), disponible en Blu-ray y DVD a partir del 22 de noviembre en España.  Para celebrar el lanzamiento de la película al mercado doméstico, fuertecito no ve la tele y Warner Bros os dan la oportunidad de conseguir totalmente gratis un combo Blu-ray+DVD+copia digital de EL HOMBRE DE ACERO.

MOS-ES-600

A continuación tenéis la Aplicación Blog Super Massive Movies, con nuevos contenidos exclusivos:

• El TEST DE SUPERFAN: ¿Cuánto sabes sobre El hombre de acero? Haz el test y averigua si eres un superfan.
• CONTROLA LOS GIFs: En esta parte de la aplicación podéis controlar imágenes GIF y manejar la acción de la película con el movimiento del ratón

¿CÓMO CONSEGUIR GRATIS UN COMBO BLU-RAY+DVD+COPIA DIGITAL DE EL HOMBRE DE ACERO? MUY FÁCIL.

LEED ATENTAMENTE:

Solo tenéis que contestar a la siguiente pregunta: ¿A QUÉ PERSONAJE DEL UNIVERSO DC COMICS TE GUSTARÍA QUE SUPERMAN Y BATMAN SE ENCONTRASEN EN LA SECUELA DE ‘EL HOMBRE DE ACERO’?

Podéis responder en esta entrada y/o en ESTA FOTO DE FACEBOOK (primero haceos fans de fuertecito no ve la tele).

No olvidéis incluir vuestra dirección de correo electrónico (solo si participáis en el blog, en Facebook no hace falta) para ponernos en contacto con el ganador. No os preocupéis, no será público.

El sorteo comienza el jueves 14 de noviembre de 2013 finalizará el próximo viernes 22 de noviembre de 2013, día del lanzamiento de El hombre de acero, a las 23:59. El ganador será anunciado a lo largo del fin de semana posterior en nuestra página de Facebook (aseguraos de que sois seguidores para estar al tanto de todo).

Importante: sorteo exclusivo para residentes en territorio español.

¡Mucha suerte!

El hombre de acero sorteo blu

No os perdáis la crítica fuertecita de El hombre de aceroY recordad, a partir del 22 de noviembre tenéis la película disponible en Blu-ray y DVD.

Producida por Christopher Nolan y dirigida por Zack Snyder, El hombre de Acero es una asombrosa adaptación cinematográfica de la historia original de Superman. La película está protagonizada por Henry Cavill como nuestro superhéroe junto a Amy Adams como Lois Lane. En un cartel repleto de estrellas, la película también cuenta con Michael Shannon, Diane Lane, Kevin Costner, así como Laurence Fishburne (Morfeo en la triología Matrix) como Perry White y Russel Crowe como Jor-El.

Disfruta de esta magnífica adaptación de la historia original de uno de nuestros superhéroes favoritos de DC Comics de la mano de Warner Bros.

Crítica: El hombre de acero (Man of Steel)

Las calzonas rojas llevan tiempo siendo el mayor sambenito del superhéroe por antonomasia. Superman es quizás el mito más importante de la historia de los tebeos y la cultura popular. Sin embargo, su imagen fuera de los cómics ha estado subyugada por el peso de lo camp. La película que Richard Donner realizó a finales de los 70 es sin lugar a dudas un clásico del cine de aventuras, pero el tiempo no perdona, y todo ha quedado terriblemente desfasado, siendo únicamente salvable por la todopoderosa nostalgia de la generación que controla la cultura en estos momentos. La revisión llevada a cabo por Bryan Singer hace apenas 7 años no contribuyó precisamente a que Superman alcanzase el estatus del que sí ha gozado en el universo gráfico. Es por ello que se hacía necesario borrar cuanto antes el recuerdo de aquel filme con un reboot más acorde con el siglo XXI. En El hombre de acero (Man of Steel), la nueva aproximación al mito de DC, las calzonas rojas por encima de las mallas azules han desaparecido. Una arriesgada, criticada, pero sobre todo necesaria y acertada decisión que es a su vez toda una declaración de intenciones.

El Superman de Zack Snyder es una puesta a punto según los cánones del cine de acción actual. El responsable de otras adaptaciones comiqueras como 300 y Watchmen era a priori una elección lógica para ponerse al timón de un proyecto de esta envergadura. El mito debía ser reconfigurado por alguien que no lo entendiese únicamente como “el tebeo que leía con una linterna debajo de la sábana cuando era pequeño” -la nostalgia es tan reconfortante como peligrosa. El punto de vista de Snyder, y el guionista David S. Goyer (Blade), es inequívocamente adulto, pero solo en apariencia. No nos engañemos, el cine de Snyder no destaca precisamente por ser un prodigio de la narración. Lo suyo es más bien pornografía digital y sobre-estilización de la violencia. Poco más. Esto lo sabían los de Warner Bros., claro está, y por eso se aseguraron de que Christopher Nolan, que ha contribuido enormemente a dignificar el cine de superhéroes con su trilogía El caballero oscuro, supervisase al loco de Snyder. El resultado es una cinta que fluctúa entre la seriedad -o total ausencia de sentido del humor, según se mire- de Nolan y el espectáculo vigoréxico propio de Snyder.

El hombre de acero hace hincapié en el carácter mesiánico del mito, y por lo tanto se construye como una historia de génesis en la línea de Batman Begins pero sin el exceso de autoimportancia de aquella. En esta película, Kal-El tiene 33 años, y llegó del cielo con la misión de llevar la paz y el entendimiento al mundo, aunque esto suponga su sacrificio. Y Henry Cavill, británico que resulta totalmente creíble diciendo “soy de Kansas, no puede haber nada más americano”, siempre ha llevado en la piel el símbolo kryptoniano de la esperanzaSu mentón, sus profundos y amables ojos azules, sus exuberantes pectorales y esos hombros capaces de aguantar el peso de este y otros mundos, nacieron para interpretar a este personajeClark Kent es un granjero cachas y peludo de gran corazón, es casi una ilustración de Tom of Finland, y sobre todo un héroe mucho antes de enfundarse el traje y la capa. Superman -o más bien Kal-El- es una extensión de este hombre, no tanto un alter ego. Kent se afeita (¿cómo si no vamos a ver el característico hoyuelo de Superman?) se repeina (no hay caracol, por suerte) y se convierte en el héroe que todos conocemos, o en una versión algo más digna de él. Kal-El cumple el sueño de su padre biológico, Jor-El (Russell Crowe), convertirse en “lo mejor de ambos mundos” (como Hannah Montana), y el de su padre adoptivo (Kevin Costner), ser libre de elegir su destino. Es el superhombre paradigma de lo supermoral. Sin embargo, Snyder es incapaz de extrapolar el carácter humano del personaje a su película, y la desmesurada acción acaba sepultando cualquier atisbo de reflexión o introspección.

El hombre de acero es el impresionante, épico y ensordecedor espectáculo que todos esperábamos, para contar una vez más la historia que todos conocemos -reordenada sensatamente para resultar más verosímil, aunque duela a los más puristas. A pesar de la gran labor de casting, las correctas caracterizaciones, y la gran presencia de Russell Crowe y Michael Shannon, las relaciones y conflictos entre personajes se quedan en la superficie, y el talento de estos actores no se aprovecha como debería -esperemos que para la secuela Amy Adams se despierte. Llega un momento de El hombre de acero en el que los personajes se diluyen por completo en una montaña rusa de acción mareante, efectos digitales (a la altura de la gran ocasión), violencia extrema sin apenas una gota de sangre derramada, y sobredosis de explosiones y destrucción masiva. El prolongadísimo y frenético tramo final genera hasta tres clímax diferenciados tan espectacularmente ejecutados como agotadores, y para entonces ya nos hemos olvidado de lo que Snyder y Goyer nos quieren contar, si es que de verdad nos quieren contar algo. El hombre de acero no es ni de lejos fallida, solo excesiva y descontrolada. Un sci-fi grandioso y titánico. Pero sobre todo un blockbuster de acero que logra exactamente lo que pretendía: convertir a Superman en un héroe de nuestro tiempo.