How Xena Changed Our Lives

NO ESTA

Me hallo sorprendido, emocionado y agradecido después de leer el libro de Nikki Stafford How Xena Changed Our Lives: True Stories By Fans for Fans (ECW Press, 2002), que encontré en una librería de segunda mano de Portobello Road, en un viaje reciente a Londres.

Sorprendido porque no esperaba encontrarme con tantos testimonios valiosos y serios, de gente que va más allá de la mera obsesión (casi material) por un objeto de la cultura popular y que lo utiliza realmente para mejorar su vida. Esperaba leer a muchas fans locas de atar por Xena, freaks sin más, pero me he encontrado con muchos textos escritos desde la sensatez más absoluta, por gente inteligente, totalmente cuerda (no digo que ser superfan sea estar loco, ya me entendéis), con una visión muy certera y equilibrada del mundo y de cómo su obsesión encaja en él. Admirable.

Emocionado por testimonios de adolescentes que encontraron en Xena y en Gabrielle la confianza en sí mismos que les faltaba, de víctimas de bullying que se enfrentaron a sus acosadores con éxito, de chicas que descubrieron un nuevo mundo en el que la mujer podía valerse por sí sola, de enfermos que salieron adelante con la ayuda de la Princesa Guerrera (llamadas de teléfono de la mismísima Lucy Sin ley incluidas), de escritoras de fan fiction que acabaron escribiendo guiones para la serie, y por supuesto, de muchas mujeres que gracias a Xena aceptaron su orientación sexual.

También por leer muchas anécdotas sobre las actrices protagonistas, de la mano de los fans que acudían a las muchas convenciones que se organizaban de Xena: La princesa guerrera a lo largo y ancho del mundo (la de Pasadena de 2001 sale a colación en casi todas las historias, y se equipara en todas a La Meca del xenite, leyéndolas duele mucho habérsela perdido). Me conmueve absolutamente la entrega de estas dos mujeres, y del equipo que tenía alrededor, para con todos los fans de la serie. Esto ocurría sin duda porque eran conscientes del impacto que causaban en la gente, y de lo importantes que eran para tantas personas, algo que por desgracia muchos otros no valoran.

Sorprendido también por leer en todos estos relatos cómo era esto de ser fan en el cambio de milenio. Parece que fue ayer, pero allá por 2001 (cuando se escribieron los relatos de este libro) casi nadie tenía Internet en sus casas y el DVD aún daba sus primeros pasos. Me ha impactado leer historias en las que los fans descubrían Xena porque alguien les dejaba un VHS con capítulos grabados, o que pedían a sus amigos que les trajeran información impresa sacada de Internet en el trabajo de sus padres, o de fans alemanes e italianos a los que les dejaron de emitir la serie por la tele y al no tener manera de ver las últimas temporadas, leían en los foros y miles de webs de Xena lo que había pasado en ellas. También es curioso lo de los arcaicos mailing lists, y cómo se forjaron las primeras amistades y relaciones amorosas a través de Internet, pre-Facebook y pre-Todo.

También impactado por lo muchísimo que devastó a los fans el final de la serie. No había leído textos con tanta ira en muchísimo tiempo. “Friend in Need” desató la furia de la mayoría de seguidores, según ellos, porque Robert Tapert traicionó todos los valores en los que se sustentaba la serie. Los seguidores se refugiaron en el fan fiction, uno de los más importantes de la historia del medio, para “arreglar” y continuar el final ellos mismos, dando lugar a una infinidad de textos que se sumaron a los ya existentes.

Y finalmente, agradecido porque yo formo parte de este, y de otros fandoms, y porque, por tanto, entiendo hasta qué punto puede cambiarte la vida una obsesión sana como esta, y como tantas otras 🙂

¿Qué serie os cambió a vosotros la vida?

Entrada dedicada a mi adorada Patricia Gm (alias /laesculli)

El friki dominará la Tierra: Diez geeks televisivos

El 25 de mayo de 1977 se estrenó en Estados Unidos La guerra de las galaxias, probablemente la película que más ha contribuido a definir el paradigma, y también el estereotipo del geek. Obsesionado por el objeto cultural en cuestión, ávido coleccionista y siempre dispuesto a disfrazarse. Socialmente introvertido, de mente enciclopédica y empollón por naturaleza. Algo repelente, románticamente impedido e infantil. Así ha sido el friki hasta al menos hace una década. A pesar de que el cine y la televisión de los últimos veinte años han modificado estos lugares comunes, se sigue insistiendo en esta figura lastimera que sin embargo es profundamente feliz gracias a su afición. El frikismo ha derivado en multitud de variantes, ‘normalizando’ así al geek -mirad por ejemplo a Phil Coulson, el respetado agente de S.H.I.E.L.D., coleccionista de tarjetas de súper héroes en Los Vengadores, fanboy de Capitán América y gran apasionado de lo vintage, como hemos comprobado en Agentes de S.H.I.E.L.D. Sin embargo, se ha producido una enorme desvirtuación del calificativo friki –ya de por sí bastante feo-, pasando a ser adjetivo comodín para cualquiera que manifieste un mínimo interés o conocimiento sobre la cultura popular.

Desde 2006 se viene celebrando en España el Día del Orgullo Friki, coincidiendo con la fecha del estreno de la película de George Lucas (y digo yo, ¿por qué no se escogió el día del estreno en España? ¿Porque en noviembre es más complicado que ellas se pongan el bikini de Leia?) El evento, creado por Germán Martínez, goza de gran repercusión en Internet, aunque también se organizan actividades en las calles (la Plaza de Callao en Madrid es el centro neurálgico friki) y las tiendas de cómics. El Día del Orgullo Friki ha trascendido al resto del mundo, y en concreto a Estados Unidos, donde también se celebra el Geek Pride Day (ah, pues visto así, bien pensado lo de la fecha).

A partir de la década de los 90, el geek se obsesionaba cada vez más por la ficción televisiva. Pero la televisión ya llevaba muchos años generando productos que hoy en día son fetiche para el friki más ducho. Los 60 suponen una revolución de la ciencia ficción en la televisión norteamericana, con antologías fantásticas y de terror cosechando gran éxito entre la audiencia: Dimensión desconocida, Rumbo a lo desconocido, Alfred Hitchcock presenta. Star Trek pone los cimientos de la serie de aventuras y sci-fi en los que se basará toda la ficción de género posterior. Sin embargo, todas estas obras no estaban dirigidas al adulto que hoy conocemos como friki, sino más bien a la audiencia infantil -he ahí la clave. Con el auge de Internet a mediados de los 90, las nuevas series televisivas de género volvían a causar impacto en los espectadores geek, que encontraban en la red un lugar para socializar y discutir hasta el más mínimo detalle las series de mayor repercusión en este nicho de audiencia. Expediente X o Xena son dos de las series que mejor aprovecharon las posibilidades que brindaba Internet a la comunidad. Como resultado de la evolución de Internet y la eclosión de la ficción televisiva moderna, a día de hoy, el geek televisivo no solo venera productos adscritos a la ciencia ficción -aunque es y será el género que más pasiones frikis despierta.

La figura del geek ha gozado de una gran representación en la ficción seriada más reciente. Si hace unos años, una serie no podía prescindir de un personaje gay, ahora es raro que no haya al menos un geek en el reparto. Ya sea ridiculizándolos, o convirtiéndolos en vehículos de identificación para el espectador, los frikis de las series no pueden faltar. Este es un repaso -personal y sin orden más allá del cronológico- a los frikis catódicos de los últimos veinte años. Podéis usar la sección de comentarios para ampliar la lista a vuestro antojo.


Minya (Xena, la princesa guerrera)

Después del impacto en la audiencia mundial de la primera temporada de Xena, la princesa guerrera, la serie se convirtió en una oda continua a los fans. En el episodio “A Day in the Life” (2.15) aparecía Minya, una admiradora de Xena, tanto por sus dotes para la lucha como por su innegable magnetismo sexual. Así, Minya representaba de manera general a todo el fandom de Xena, pero hilando más fino, reconocíamos en ella a la fan lesbiana que en gran medida condicionó la evolución de la serie. Allá por la sexta temporada (la última), Xena multiplicaba considerablemente sus referencias a la audiencia, suponiendo la carta de amor definitiva a los fans, a los que llega a incluir directamente en sus tramas. En “Send in the Clones” (6.16), por ejemplo, un trío de geeks de la era moderna clonan a su heroína televisiva favorita a partir del ADN de la verdadera Xena.

Eric Forman (That ’70s Show)
El protagonista de Aquellos maravillosos 70 responde perfectamente al estereotipo de friki que he descrito en el primer párrafo de esta entrada. Es el geek por antonomasia, pero con un giro: en este caso, el friki se lleva a la chica más guapa. Eric es enclenque, se comporta de manera extraña en situaciones sociales -las que ocurren fuera de su sótano- y está obsesionado con Star Wars. A menudo aplica las filosofías de la película a todos los aspectos de su vida. Colecciona G.I. Joes y figuras de La guerra de las galaxias, además de construir maquetas de las naves de la película. Entre muchas otras, esta suele ser la razón por la que acaba siendo el hazmerreír de sus amigos, que identifican sus actividades como infantiles. No obstante, Eric Forman demuestra que es posible obsesionarse con el sexo y los muñecos a partes iguales.

Sam Weir, Bill Haverchuck y Neal Schweiber (Freaks and Geeks)
Parece haber un patrón en esto del universo friki televisivo. Los geeks van de tres en tres. Sam, Bill y Neal son tres impedidos sociales a principios de los 80. Como ocurre con Eric Forman, la influencia de Star Wars -y en un importante segundo plano, Star Trek– define sus vidas a grandes rasgos. El instituto para ellos es un campo de concentración, y aunque traten de imitar ocasionalmente a sus héroes, siempre serán víctimas de bullying. Sin embargo, en casa disfrutan de una felicidad que les aísla de sus problemas en McKinley High. Ya sea jugando a Dragones y Mazmorras, con la nueva Atari, o discutiendo sobre sus personajes favoritos, Sam, Bill y Neal crean una capa protectora a su alrededor que les ayudará a salir vivos de la experiencia en secundaria.

Xander Harris y el Trío (Buffy, cazavampiros)
Aficionado a los cómics de súper héroes y alivio cómico oficial de Buffy, cazavampiros, Xander Harris es el personaje que más referencias directas a la cultura popular realiza en las primeras temporadas de la serie de Joss Whedon. Xander supone además un caso de representación que se repetirá en casi todos los trabajos del autor. Harris es Whedon. Ocurrirá con otros personajes de otras series, que servirán al creador para aportar tintes autobiográficos a la obra -los frikis se hacen con la industria. Xander es principalmente un friki de los cómics. A través de él, Whedon realiza reflexiones en segundo plano sobre la naturaleza de los súper héroes. La población geek de Buffy se completa con el Trío, Warren, Jonathan y Andrew, personajes secundarios que forman una alianza maquiavélica con el propósito de destruir a la cazavampiros en la sexta temporada de la serie. Las referencias a la cultura pop por minuto se multiplican exponencialmente y la serie acumula más guiños que nunca.

Seth Cohen (The O.C.)
El jefe geek de Orange County es una fusión del friki clásico con el hipster actual. Es el eslabón perdido del frikismo moderno. Obsesionado con los cómics y el cine japonés, y románticamente torpe, Cohen es además un aficionado de la música indie (su grupo favorito es Death Cab for Cutie) y viste según los dictados de este movimiento. El carácter altamente autorreflexivo de O.C. se refleja principalmente en este personaje, que además incorpora completamente el elemento meta. Seth nos habla constantemente de lo que ocurre dentro y fuera de la serie, representando al apasionado -al menos durante su primera temporada- espectador de O.C. Y aunque no sea más que un producto de márketing, una fabricación no del todo realista, Seth Cohen somos todos.

Roy y Moss (The IT Crowd)
Con su carácter altamente paródico y esperpéntico, The IT Crowd lleva a sus protagonistas geek, Roy y Moss, a las últimas consecuencias. Ambos trabajan como informáticos en una empresa y responden al estereotipo de computer nerd. Su oficina está decorada como si fuera la habitación de un adolescente -como la suya, vamos-, repleta de pósters y figuras. Se puede jugar a identificar todos los objetos -si lo hacéis, descubriréis desde figuras basadas en personajes de Daniel Clowes hasta un póster de Dr. Horrible. De los dos, Moss es el personaje más extremo. Mientras Roy aspira a alcanzar cierta “normalidad”, Moss habita en un universo extraño que le hace parecer un alienígena intentando aprender a vivir en la tierra.

Chuck Bartowski (Chuck)
Chuck es quizás una prolongación natural de Seth Cohen -no en vano, ambos son creaciones del productor Josh Schwartz. Se trata de un treintañero que trabaja en la sección de asistencia técnica de la cadena Buy More (parodia de la norteamericana Best Buy), tras haber sido expulsado de la universidad por culpa de su mejor amigo. Schwartz idealiza de nuevo la figura del geek, llevándolo a las últimas consecuencias: Chuck Bartowski es un héroe nerd, literalmente. Así, la vida de Chuck pasa de devorar películas hasta la madrugada a llevar a cabo misiones de vida o muerte para el gobierno. Como Eric Forman o Seth Cohen, Chuck se lleva a la más guapa, alimentando así otro lugar común en este tipo de personajes. Un canto a la esperanza para todos los frikis del mundo.

Sheldon Cooper, Leonard Hofstadter, Howard Wolowitz, Raj Koothrappali (The Big Bang Theory)
El cuarteto protagonista de The Big Bang Theory es quizás el grupo de frikis más famoso de la televisión actual. Prodigios científicos e informáticos, los compañeros de piso Sheldon y Leonard, y sus dos amigos Howard y Raj, se abren camino en un mundo irracional e impulsivo, haciendo uso de la lógica y las matemáticas. Un desastre. Las astronómicas audiencias de la comedia de CBS demuestran que el friki es un personaje popular para el público mainstream. Estos personajes son el Steve Urkel del siglo XXI. ¿Se están riendo de nosotros?

Abed Nadir (Community)
Hace poco lo proclamé en este mismo blog como “el personaje más meta de la historia de la televisión”. Abed Nadir contiene en gran medida la esencia de la serie de Dan Harmon: ese profundo amor por la cultura popular -inabarcable y nada discriminatorio-, el uso de la televisión para comprender la vida real, y el compromiso absoluto con la obra que se adora -o que se crea. Abed, junto a Troy -personaje que comenzó como jock y ha evolucionado hacia el frikismo total influenciado por su mejor amigo-, es el enlace entre el espectador y la obra, el que todo lo ve y todo lo sabe. Una referencia con patas. Abed es el geek posmoderno, un robot de vastísima memoria interna que supone la evolución más avanzada del friki hasta la fecha.

Felicia Day
Y no puedo acabar esta entrada sin hacer mención a la princesa geek. Felicia Day se dio a conocer como una de las cazavampiros de la séptima temporada de Buffy, y desde entonces ha desarrollado una personalidad pública basada en el frikismo que le ha llevado a convertirse en una súper-celebridad en Internet. Oponiéndose a la pasividad del geek sedentario, Felicia se ha propuesto construir un emporio dirigido a los que son como ella. Su objeto de culto es principalmente el videojuego. Los personajes de su popular webserie The Guild participan en un MMOG (juego multijugador masivo en línea) y recientemente ha desarrollado un spin-off de Dragon Age para Internet y plataformas de videojuegos. En televisión la hemos visto explotando su imagen geek con personajes en series como Eureka -en la que hace de científica nerd– o Supernatural -interpretando a una hacker informática. Felicia lo tiene claro: el mundo se ha vuelto friki.

Menciones especiales: Marshall Flinkman (Alias) Topher Brink (Dollhouse), Seymour Birkhoff (Nikita), tres personajes cortados por el mismo patrón. Prodigios técnicos, científicos e informáticos, nerds al servicio de grandes organizaciones gubernamentales, que ayudan a salvar el mundo sentados frente a sus ordenadores. Estos tres personajes encuentran su origen en los Lone Gunmen de Expediente X, y cuentan con una nueva encarnación en Leo Fitz de Agents of S.H.I.E.L.D. Otros frikis de la tele: Dwight Schrute (The Office), fan a muerte de Battlestar Galactica; Ben Wyatt de Parks and Recreation, que al principio ocultaba su naturaleza geek, pero acabó dando rienda suelta al friki que todo el mundo sabía que llevaba dentro; Hiro Nakamura, fan del universo de los tebeos, muy importante en su serie, Héroes; Paul y Mac de The Fades, fans de los cómics, el terror y la literatura fantástica, sobre todo la de Neil Gaiman; Tina Belcher de Bob’s Burgers, fan de los caballos y la serie The Equestranauts (Parodia de My Little Pony: Friendship Is Magic), y escritora de fan fiction (mitad erótico, mitad de zombies, y siempre protagonizado por ella);  El Rey Hielo de Hora de aventuras, también autor de fan fiction y coleccionista de princesas; Ted Mosby y Barney Stinson de How I Met Your Mother, apasionados de Star Wars, hasta el punto de juzgar a sus conquistas basándose en si han visto la saga o no; Y por supuesto, el Comic Book Guy de Los Simpson, quizás el mayor epítome del frikismo en televisión.

Clásicos recuperados: Xena, la princesa guerrera

No soy mujer, y por lo tanto, tampoco soy lesbiana. Pero os puedo asegurar que yo viví Xena, la princesa guerrera como si lo fuera. Confieso que soy una de esas personas que cambiaban el canal en cuanto se encontraban con el festival de efectos especiales casposos y diseño de producción de función de primaria que es a primera vista Xena (sobre todo en sus primeras temporadas). La serie ya llevaba varios años finalizada cuando me decidí a echarle un vistazo de verdad. Con tan solo tres episodios sabía que me quedaba hasta el final y me apresuré a pedir los sets estadounidenses de todas las temporadas en DVD (ediciones mastodónticas con generosísimos contenidos adicionales en packs de hasta 10 y 11 discos que os recomiendo por encima de las escuálidas ediciones más recientes). A lo largo de estos tres primeros episodios, firmé un contrato con la serie cuyas cláusulas más destacadas eran las que siguen:

PRIMERA: el espectador se compromete a hacer la vista gorda ante los primitivos efectos digitales y el cartón piedra entendiendo que es televisión noventera; es más, acabará recibiendo con entusiasmo todas las escenas que le recuerden a El rescate del talismán; los efectos especiales cutres pueden ser un arte;
SEGUNDA: el espectador profesará amor incondicional a Lucy Lawless y tratará por todos los medios de imitar a la perfección el grito de guerra de Xena, por mucho que le cueste;
TERCERA: el espectador jura no volver a subestimar un producto basándose en su factura, especialmente si el producto en cuestión resulta ser un fenómeno cultural y social;
CUARTA: el espectador no se alarmará si a mitad de camino empieza a replantearse la naturaleza de sus mejores amistades, como tampoco lo hará si comienza a identificarse como una mujer homosexual, a pesar de ser hombre; de la misma manera, asumirá que todas las conversaciones que escuche tendrán siempre un doble sentido sexual;
QUINTA: el espectador jura no aburrirse ni un solo segundo de los 134 episodios de cuarenta minutos que componen la serie;
SEXTA: la serie asume su responsabilidad en el cumplimiento de todas las cláusulas por parte del espectador y por tanto promete facilitar la tarea de llevarlas a cabo.

El origen de Xena, la princesa guerrera es por todos conocido. A partir de un arco de tres episodios en HérculesXena se estrenaba el 4 de septiembre de 1995 como spin-off de la serie protagonizada por Kevin Sorbo. La premisa era sencilla: tras un pasado como villana, la princesa guerrera inicia un viaje para expiar sus crímenes y asegurarse un lugar en el paraíso. El spin-off pronto superó en popularidad a la serie de la que se originó, midiendo el éxito no tanto en base a las audiencias sino en el impacto que tendría en la cultura popular y su perdurabilidad a lo largo del tiempo. Sin duda, Xena se convirtió en un icono, un símbolo de fortaleza e independencia femenina, una causa. Todo el mundo conoce a Xena, referente indispensable sin el que no se entendería la siguiente corriente de ficción catódica y la posición actual de la mujer en televisión. Ya sabéis, What Would Xena Do?

Un gran amigo me preguntó una vez extrañado “¿por qué te gusta Xena?” Después de un titubeo inicial (comprensible teniendo en cuenta que las preguntas más difíciles de contestar para mí empiezan con ¿por qué te gusta…?), dije algo así como “tienes que verla para saberlo”. Es algo similar (salvando las distancias) a lo que ocurre con otra de las series de culto por excelencia, Buffy, cazavampiros. No basta con pararse cinco minutos al toparse con ella haciendo zapping, o ver un episodio al azar. No es su impacto inicial lo que la define, sino su cualidad para convertir progresivamente al espectador en una de las piezas más importantes del engranaje de la serie. La autorreflexividad de la que hace gala Xena es una de las características que hacen que la serie trascienda la etiqueta de placer culpable (el episodio 2.15, “A Day in the Life”, deconstruye la serie en un ejercicio metanarrativo magistral). La riqueza de sus matices, el carácter recurrente de los personajes secundarios más populares (el adorable Joxer, el canalla Atolycus o la loca loquísima Callisto) y el omnipresente subtexto lésbico hacen que Xena se convierta, a medida que avanzan las temporadas, en la serie más autoconsciente jamás creada, hasta el punto de diseñar toda su sexta temporada como una carta de agradecimiento y homenaje a los fans de la serie, que acaban desempeñando un papel esencial dentro de la narración. Y los que me conocéis sabréis que esto, para mí, es un factor decisivo. Xena me quiere, por lo tanto, yo quiero a Xena.

Otra de las virtudes de la serie es proyectar en su audiencia un espíritu de lucha que va más allá del manual de autoayuda (testimonios como los recogidos en How Xena Changed Our Lives dan fe). Se trata de un mensaje sencillo pero tremendamente poderoso si se maneja con respeto: sé fiel a quien eres. No sería ni la mitad de efectivo si no fuera por el compromiso total de las dos actrices protagonistas, Lucy Lawless y Renee O’Connor. A pesar de haber tenido una carrera prolífica en televisión (vinculada a la ciencia ficción y la fantasía), Lawless siempre será Xena, y aunque a lo largo de la serie se mostrase ocasionalmente reacia (es lógico cuando la popularidad de un personaje es tan alta), actualmente la actriz se enorgullece de haber sido la princesa guerrera. Lawless ha consolidado su estatus como reina geek, sin olvidar en ningún momento el personaje que la puso en el mapa. O’Connor, prácticamente desaparecida, mostró un compromiso aún mayor por el personaje al que interpretaba (Gabrielle) y por su serie. En este sentido, llegó a adoptar el papel de aprendiz de realizadora, que le otorgó un mayor control sobre una historia que era mucho más que un trabajo para ella. La pasión de ambas actrices se complementaba con la absoluta dedicación de un equipo que, aunque no siempre obtuviera los mejores resultados, amaba lo que hacía. Era muy fácil sentir, e incluso ver ese amor, y una década después de su final, sigue latiendo con fuerza.

Xena comenzó como una historia de redención que prometía además la diversión más camp, el exceso más picante, y la acción más cartoonesca (inolvidables e imprescindibles efectos de sonido), a la vez que dejaba claro desde el principio su intención de explorar la naturaleza del bien y del mal desde una perspectiva más ‘seria’. Sin embargo, lo que acabó definiendo la serie producida por Sam Raimi fue la profunda amistad entre sus dos protagonistas. Inquebrantable y eterna, la relación entre Xena y Gabrielle dio mucho que hablar. Los dobles sentidos y la ambigüedad inicial que sugería que estaban enamoradas dieron paso a un tratamiento mucho más explícito del asunto (con besos dignos de debate nacional incluidos), que culminó en uno de los episodios más excéntricos de la serie, “You Are There” (6.13). En él, un reportero del presente aparecía en Escandinavia y seguía a Xena y Gabrielle micro en mano y acompañado de un cámara. En una de las entrevistas a Gabrielle, el reportero preguntaba sin rodeos si ella y Xena eran amantes. La extravagante propuesta venía a confirmar el profundo impacto que la serie había ejercido sobre las audiencias de todo el mundo. Sin embargo, descubrir la naturaleza de la relación de Xena y Gabrielle no era el motor de la serie (sobre todo porque todos conocíamos la respuesta). La audiencia regresaba porque no había existido en televisión un amor tan profundo como el de estos dos personajes.

Junto a Expediente X, Xena fue una de las primeras series que se benefició de las posibilidades que el ciberespacio brindaba a las producciones de naturaleza serial. La enorme base de fans de Xena se relacionaba a través de los numerosos foros de Internet y páginas webs dedicadas a la serie (la inabarcable Woosh se enorgullece de ser referencia indispensable para los Estudios Televisivos). Los debates sobre la exactitud histórica de la serie quedaron rápidamente obsoletos (los guionistas se tomaban todas las licencias que podían, sin ningún reparo), y el peso de todas las discusiones recaía en la relación entre Xena y Gabrielle. Esto generó un importante debate sobre los derechos de los homosexuales, además de originar una de las corrientes de fan fiction más importantes de la red.

Y si Xena contribuyó a consolidar Internet como espacio idóneo para la socialización de geeks de todo el mundo a mediados de los 90, además de convertir los foros de discusión en una de las herramientas indispensables para los guionistas televisivos, es justo que ahora Internet le devuelva el favor a la serie. Lucy Lawless anunció hace un año su deseo de llevar a Xena a la gran pantalla. A partir de entonces, son numerosas las campañas que han surgido a favor de una película de Xena, de las que destaca esta petición a través de Facebook. Con un reboot de Buffy en marcha y una tercera película de Expediente X planeada para el año que viene, solo nos hace falta la confirmación de que “Lucy Sin Ley” volverá a hacer la payasa enfundada en su traje de cuero y metal. Somos conscientes de que (como los otros dos proyectos mencionados) ver a Xena en el cine es algo poco probable, pero nos basta con pensar en que haya una remota posibilidad de oír su grito de guerra en 7.1, y con suerte, vivir un verdadero beso de película entre Xena y Gabrielle.

Xena y el ejército de las tinieblas

Lo que nos echen

Cómics basados en series de televisión los ha habido siempre (la franquicia Star Trek lleva generando material gráfico desde los 60 sin apenas descanso), y por consiguiente, la influencia recíproca entre ambos medios lleva ocurriendo desde hace ya mucho tiempo. Sin embargo, no ha sido hasta hace unos pocos años que han convergido hasta el punto de mover en masa a la audiencia exclusivamente televisiva hacia las páginas de los tebeos. Me estoy refiriendo, por supuesto, a la gran repercusión de los cómics que continúan de manera oficial la historia de Buffy, cazavampiros.

Los cómics de televisión, con alguna que otra excepción, siempre han sido considerados subproductos dirigidos al fan completista, y por tanto, poco esfuerzo se ha invertido en ellos. ¿Para qué molestarse en buscar la calidad, algo que requiere tiempo y esfuerzo creativo, si el comprador potencial va a hacer la vista gorda si no la hay? Recordemos las historias de Mulder y Scully (de Expediente X) editadas para Topps y más tarde DC. El propio Chris Carter expresó su descontento ante lo que venía a ser un sucedáneo de las historias paranormales de los agentes del FBI, y los fans estaban con él. Otras exitosas series de principio del siglo XXI han sido trasladadas a las páginas del cómic, siempre con resultados que dejan bastante que desear. Si alguna vez os topáis con un cómic de Alias, salid corriendo.

Los chicos de Dark Horse ya habían explorado el buffyverso en numerosísimas ocasiones, a través de historias paralelas que recorrían los arcos argumentales de cada una de las siete temporadas de la serie, y “completaban” las historias de la cazadora. Lo cierto es que pocos números se acercaban remotamente a la calidad de la serie, y solo un especial titulado “Tales of the Vampires” (que seguía la estela de “Tales of the Slayers”, publicado poco antes) destacaba por su calidad. Escrito por Joss Whedon y algunos de sus colaboradores más habituales (Jane Espenson y Drew Godard por ejemplo), este especial, curiosamente, no revisaba la mitología de la serie como lo hacían los otros cómics del buffyverso. En lugar de eso, “Tales of the Vampires” aprovechaba algunas ideas y algunos personajes de Buffy, y brindaba a un plantel de interesantes guionitas y dibujantes la oportunidad de aportar su eclécticos y en algunos casos “alternativos” puntos de vista al universo de los vampiros según las reglas whedonianas. El resultado fue excelente, aunque seguíamos sin tener cómics ambientados en nuestras series de televisión que se acercasen a la calidad de las mismas.

Pero en 2008 todo cambió. Con la publicación de la octava temporada de Buffy en formato cómic, Joss Whedon se propuso fusionar ambos medios y sacar provecho de las posibilidades que le brindaban. Con Buffy y Angel terminadas, y cada vez más inmerso en la escritura de guión para cómics (Astonishing X-Men, Runaways), Whedon realizó un “cómic televisivo” de calidad, a años luz de los anteriormente editados por Dark Horse. Pero no es de la octava temporada de Buffy de lo que os quiero hablar en esta entrada (sí, me he esperado al cuarto párrafo para decíroslo). Eso ya lo hice en este articulito en el Whedonverso, donde además podéis leer otro artículo sobre Runaways, escrito por mi amigo Mariano Pardo. Lo que me ha llevado a escribir esto es la lectura reciente del crossover de Xena, la princesa guerra y El ejército de las tinieblas, de la mano de Dynamite Comics.

Sí, como leéis. No hay idea más disparatada que a la vez sea tan increíblemente lógica y coherente. Este crossover nace a la sombra de los cómics de la octava temporada de Buffy (y ¿por qué no? de los de la sexta de Angel, que no son nada desdeñables), y ha resultado ser, contra todo pronóstico, un cómic televisivo a tener en cuenta. Xena y Evil Dead, dos franquicias creadas por Sam Raimi, tienen muchos elementos en común (el humor absurdo, el histrionismo de sus personajes, el slapstick o el regusto a serie B, por nombrar unos pocos), por lo que una fusión de ambos universos en las páginas del cómic era una idea muy atractiva que no se podía dejar pasar. Y qué mejor momento para hacerlo que ahora.

Los cómics de Buffy han puesto el listón alto, así que los fans de Xena (muchos de ellos también fans de Buffy) no se iban a conformar con los subproductos pre-Buffy-Season-8. Es por ello que este crossover en dos volúmenes sigue la estela de Buffy (salvando bastante las distancias, tampoco nos pasemos), y consigue homenajear con ingenio y puntería los universos de Xena y Ash Williams. La familiaridad de estos personajes para el fan y el detallismo que desprenden los diálogos nos remiten indudablemente a la pantalla de televisión, donde vimos una y otra vez las aventuras de los dos héroes raimianos. Como ocurría con Buffy, leyendo los crossovers de Army of Darkness/Xena, “Why Not?” y “What… Again?!” podemos oír a Xena, Gabrielle, Atolycus o Ash a viva voz en nuestras cabezas, porque son ellos, y no burdas imitaciones desprovistas de los rasgos del original, como solía ocurrir en los cómics televisivos que ya hemos mencionado. Se produce aquí un caso ideal de intertextualidad que es difícil de alcanzar. Incluso en los crossovers dentro del mismo medio, a menudo nos encontramos con personajes que creíamos conocer y que se comportan de manera extraña. Esto no ocurre con Army of Darkness/Xena, quizás debido a que la complejidad no es el plato fuerte de sus personajes, con lo cual es más fácil que otros guionistas se ocupen de ellos y no encuentren demasiadas dificultades para “hacerles justicia”.

“Why Not?” es el primero de los encuentros entre Xena y Ash. No es más que otro viaje en el tiempo, esta vez hasta la era de la Princesa Guerrera (si es que algo así existe). Ash se une a Xena, Gabrielle y Atolycus (¡sí! nunca hay suficiente Bruce Campbell) para luchar contra un ejército de demonios voladores entrenados por uno de los mini-Ash del principio de El ejército de las tinieblas (un “aspecto oscuro” del protagonista). Este mini-Ash les enseña a construir motosierras, que usan para aterrorizar a las aldeas de la zona. De acuerdo, no suena precisamente a historia que pueda tomarse en serio, pero ¿desde cuándo algo made in Raimi lo ha sido? (no respondáis). La contraportada del cómic reza “¡Fans! Bruce Campbell y Lucy Lawless, ¡¿qué más necesitáis?! ¡El crossover que nadie pidió y nadie esperaba ya está aquí!” Y es verdad. Los fans leemos estos cómics buscando reconocer a nuestros personajes favoritos, y disfrutamos con su mera presencia. Por suerte, “Why Not?” no es solo eso. Es un cómic divertido, con una historia bien contada, que saca el máximo provecho de ambas franquicias y en el que aparece un tiranosaurio. Es lo que en inglés llaman un win-win.

El segundo volumen, “What… Again?!” es incluso más bizarro y retorcido que el anterior. Hay más viajes en tiempo, más acción, más sangre, más situaciones disparatadas. O sea, que es una secuela en toda regla. De vuelta al presente, Ash se encuentra con las consecuencias de haber inaugurado un hipermercado S-Mart en el mundo de Xena (!!!). Una legión de zombis infesta la ciudad, y Xena, Gabby y Atolycus van al rescate de Ash. El grupo huye de los zombis y se refugia en una biblioteca, para a continuación, Necronomicón mediante, visitar los mundos de varios clásicos de la literatura (entre ellos, el del El mago de Oz, como veis en la portada del cómic), y acabar encontrándose con el hijo de Gabrielle en un futuro apocalíptico en el que S-Mart es la fuente de todo mal. ¿Cómo os quedáis?. Evidentemente, el tono jocoso de los creadores del cómic sigue presente (“La secuela del crossover que nadie esperaba ya está aquí”) y la autoconsciencia inherente a los productos “para fans” como este sobresale de cada viñeta.

A pesar de no tomárnoslo demasiado en serio, Army of Darkness/Xena es un experimento curioso y reseñable si nos paramos a pensar en las posibilidades de fusión y complementariedad de la televisión y el cómic. Los tebeos de súper héroes llevan mucho tiempo influyendo a la televisión, temática, estética y formalmente (Smallville, Héroes, Misfits) y los volúmenes que recogen 4 ó 5 números de un cómic pueden plantearse como episodios de 40 minutos, con sus signos de puntuación, pausas para publicidad y sus cliffhangers. Ahora que las editoriales de cómics apuestan más fuerte por las franquicias televisivas (Dynamite también publica cómics de Battlestar Galactica, Stargate y de Xena en solitario), parece que la calidad de este tipo de productos está aumentando. Todo es posible en el mundo de los cómics, y si insistimos demasiado, quizás algún día asistamos a la visita oficial de Xena a Sunnydale, y si cruzamos los dedos, hasta puede que haya otro tiranosaurio involucrado.

Spartacus: Blood and Sand

Xena: Tetas y culos

Lucy Lawless, diva mayor de la ciencia ficción tras protagonizar Xena, la princesa guerrera y participar en Battlestar Galactica con un personaje recurrente, declaró antes del estreno de Spartacus: Blood and Sand que todos los miembros del equipo se tomaron muy en serio el contenido sexual de la serie: “No queremos que en la serie haya una sola cosa que sea gratuita. No es algo que nos interese. Aunque haya sexo en una escena, siempre se está llevando a cabo alguna transacción de negocios. La escena no gira en torno al sexo, si no, estaría en el canal Playboy. Esto no es porno blando”.

Pues bien, con todo el dolor de mi alma, tengo que dedicarle un gran “VENGA YA” a mi Xena querida. La preocupación sobre la gratuidad de la serie gira en torno al sexo gráfico, como no podía ser de otra manera, cuando la violencia explícita es un exponente tanto o más significativo. Spartacus: Blood and Sand es pura pornografía estética y narrativa, una serie donde las “creativas” transiciones entre escenas equivalen a planos detalle de una penetración y las texturas digitales no son más que una continua eyaculación sanguinolenta. No hay más. Por mucho que Lawless se empeñe en hacernos ver que nos están contando una historia, lo que están haciendo es producir material onanístico en masa.

Lo único que hay en Spartacus: Blood and Sand es violencia y sexo en sus formas más depuradas y embellecidas. La suciedad es bella porque la fotografía digital envuelve la atmósfera y la transforma en un espacio impoluto, inodoro, un gran videojuego (pero no uno de aventuras, sino uno de lucha, de los de un contrincante frente al otro), que además bebe de las páginas del cómic (de Frank Miller, por supuesto). Spartacus: Blood and Sand es puro kitsch en el sentido más primitivo de la expresión, puesto que responde a la (supuesta) necesidad de nuevos productos de consumo que no son más que sucedáneos, subproductos culturales. El auge imparable de las series de los canales de pago multiplica la demanda, y por consiguiente, la calidad disminuye ¿Es Starz la nueva Showtime ahora que la cadena de pago está consiguiendo aumentar la calidad de su ficción? Desde luego, por su publicidad, parece que sí (“Spartacus: Blood and Sand. A BOLD new Starz original series”, más claro, agua).

Para generar estos subproductos, no hay vía más fácil que el pastiche. Los referentes de Spartacus: Blood and Sand ahogan por completo la posibilidad de una identidad más allá de ellos. Tanto en forma (obviamente 300, de Zack Snyder, casi un subproducto en sí misma, o Gladiator de Ridley Scott) como en fondo (Roma de HBO y en general todas las series de pago), Spartacus: Blood and Sand no ofrece nada reseñable a partir de los textos en los que se inspira. Nada. Es una copia sin complejos ni reparos. Si al menos el pastiche fuera un vehículo hacia la parodia, la serie podría optar a un ápice de dignidad. Pero ni por esas.

Algunas de las mentes que trabajaron para series de culto como Xena, Buffy o Angel reducen su potencial a un gran encefalograma plano creativo, y se convierten en programadores de videojuegos de lucha (con mi respeto a los mismos, pero esto es televisión) y directores de porno de gran presupuesto. Es una pena, porque el prospecto de la serie cuando empezó a publicitarse hace unos meses era más que atractivo. Como Antonio de la Mano escribió en su crítica sobre el piloto, solo hay un motivo para seguir viendo la serie, y este no es más que uno “instrumental”, para el cual podemos intercambiarla por un videojuego o una película porno (duro, ya que nos ponemos). Yo añado una variable decisiva: el “factor Lawless” (intercambiable por el de “fan fatal”). Mientras Xena esté en la serie, yo seguiré viéndola, por mucho que suponga una tortura china.