X-Men – Fénix Oscura: Mutantes y sin ganas

El cine de superhéroes actual le debe mucho a la Patrulla-X. Se puede decir que junto al Spider-Man de Sam Raimi, X-Men (2000) inauguró la época moderna del género, llevando a los personajes del cómic a la cultura mainstream con blockbusters cada vez más grandes y de mayor éxito. Con el auge del Universo Cinematográfico Marvel a partir de 2008, los mutantes quedaron desplazados a un segundo plano, y aunque lucharon por mantenerse vigentes con propuestas renovadoras e incluso rompedoras (X-Men: Días del futuro pasadoDeadpoolLogan), acabaron desvaneciéndose poco a poco.

La compra de Fox por parte de Disney clavaba el último clavo en el ataúd de los X-Men actuales. Si el pobre recibimiento de X-Men: Apocalipsis ya había hecho mella en la Patrulla-X, saber que los mutantes “volverían a casa” y tendrían un reinicio dentro del MCU (similar a lo que ocurrió con Spider-Man), hacía que la actual iteración de los X-Men perdiera interés para la audiencia. La nueva (y con toda seguridad última) entrega de la franquicia, X-Men: Fénix Oscura (Dark Phoenix), en la que el productor Simon Kinberg salta a la dirección sustituyendo al denostado Bryan Singer, llega precedida de los ya clásicos problemas tras las cámaras: rumores de dificultades creativas, reshoots, retrasos en el estreno…

Y teniendo esto en cuenta, Fénix Oscura no es un desastre (no estamos hablando de la vapuleada X-Men orígenes: Lobezno o la debacle de Cuatro Fantásticos). De hecho, es una película aceptable. Sin embargo, cuesta involucrarse con ella, y no nos da muchos motivos para hacerlo. Para empezar, porque nos cuenta una historia que la misma saga ya nos había contado en X-Men: La decisión final con Famke Janssen: la de Jean Grey yéndose al lado oscuro al ser incapaz de controlar sus enormes poderes. En esta ocasión, es Sophie Turner (nuestra reina del Norte Sansa Stark en Juego de Tronos) la que se vuelve a poner en la piel de Fénix después de debutar en Apocalipsis. Y bueno, a estas alturas, lo de cuestionar la línea temporal de la saga que comenzó hace 19 años ya no tiene sentido.

La película gira en torno a su transformación en Fénix Oscura, pero también lidia con el estado de la Patrulla-X en los 90, durante una época de tregua con los humanos en la que Magneto (Michael Fassbender) se encuentra exiliado y los mutantes de Charles Xavier (James McAvoy) trabajan codo con codo con el gobierno. Pero como suele ocurrir en X-Men, la línea entre héroe y villano es muy delgada, y Xavier debe esforzarse por que sus pupilos controlen sus “dones” y sigan las normas, aunque provoque más de un cisma en sus filas. La llegada de una villana alienígena llamada Vuk (Jessica Chastain), interesada en los poderes de Jean Grey, provocará una guerra entre especies y pondrá a prueba los vínculos entre los mutantes de Xavier.

Fénix Oscura es una película de superhéroes correcta, pero su principal problema es que no aporta nada. Después de casi dos décadas, Kinberg no tiene nada nuevo que decir sobre los mutantes, así que se limita a repetir las mismas reflexiones sobre el miedo a la diferencia, la naturaleza del héroe y el villano o la idea de la Patrulla-X como una familia creada. Los diálogos son más bien genéricos, los efectos y el maquillaje bajan el listón y la trama tarda bastante en arrancar, desperdiciando el potencial de muchos mutantes mientras se centra en los mismos de siempre. Turner, por su parte, es una actriz competente, pero llevar casi todo el peso de la película le viene muy grande y no logra transmitir la gravedad y profundidad de la icónica saga de Marvel.

En cuanto a los demás, James McAvoy y Michael Fassbender siguen empleándose a fondo como intérpretes (más de lo que la franquicia les exige en este punto), mientras que Jennifer Lawrence continúa poniéndose a sí misma por encima de la película, haciendo que el devenir de su personaje quede supeditado a sus deseos como actriz (el arco de Raven/Mística indignará a los fans, y con razón). Por otro lado, Jessica Chastain hace todo lo que puede con su personaje, pero se convierte en otro talentazo de Hollywood malgastado en una villana poco desarrollada.

Finalmente, personajes como Cíclope (Ty Sheridan), Tormenta (Alexandra Shipp), Nightcrawler (Kodi Smit-McPhee) o Quicksilver (Evan Peters) quedan muy en segundo plano y aportan más bien poco a la historia, desaprovechando el potencial cómico de la generación mutante más joven. Por lo general, Fénix Oscura es una película casi totalmente desprovista de humor (de hecho, no parece que ningún actor se lo pasara bien haciéndola). No es que le pidamos que sea una comedia como la mayoría de Marvel Studios, pero le habría venido bien para respirar un poco.

En su tercer acto la película mejora considerablemente (y paradójicamente, porque en teoría es el que dio más quebraderos de cabeza). La trama, llena de momentos sobreexplicativos y conflictos que provocan déjà vu, da paso a una impresionante secuencia en tren que nada tiene que ver con los combates pobremente ejecutados que hemos visto hasta ese momento (Kinberg falla como director de acción, y siendo los X-Men, tiene delito). El intenso clímax unifica una película de ritmo irregular, pero narrativamente más coherente y centrada de lo que se esperaba, haciendo que esta termine en lo alto. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de la saga, que merecía mayor reconocimiento del que le dejan sus dos últimas entregas. Fénix Oscura no fue concebida como un final, sino como un nuevo comienzo, por lo que este desenlace a 19 años de X-Men resulta inevitablemente anticlimático para una franquicia que quería seguir a pesar de no tener nada más que decir.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: Deadpool 2

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La primera aventura de Deadpool en el cine supuso un bienvenido revulsivo que aportó un enfoque diferente al que Marvel Studios ya había implantado como institucional en el género de superhéroes. El antihéroe de Marvel debutaba en solitario en el Universo X-Men de Fox con una propuesta violenta, irreverente y pasada de rosca que conquistaba a la audiencia y demostraba que era posible orientar este tipo de cine a un público exclusivamente adulto y aun así replicar su éxito masivo. Dos años más tarde llega la secuela, y lo hace en el momento perfecto, ni un mes después del estreno de la colosal Vengadores: Infinity War. La ligereza y el descaro de Deadpool 2 nos vienen de perlas para relajarnos un poco después del intenso acontecimiento dirigido por los hermanos Russo. Preparen sus chimichangas y disfruten del espectáculo.

David Leitch (John Wick, Atómica) sustituye a Tim Miller en la dirección, pero el cambio de realizador no resulta en ningún cambio evidente en la pantalla. Al contrario, Deadpool 2 es muy similar, por no decir idéntica, a la primera entrega tanto en estilo como en ritmo y tono… Esto se debe quizá a que, antes que nadie, la franquicia pertenece a una persona: Ryan Reynolds, el actor que encontró en el personaje del Mercenario Bocazas la mejor oportunidad para darle un vuelco a su accidentada carrera comercial y salir resucitado y victorioso como uno de los actores más carismáticos del cine de superhéroes actual. Reynolds es el rey de Deadpool, y en su secuela vuelve a probar que lleva el personaje como si fuera una segunda piel.

Aquí es donde habría que decir que Deadpool 2 sigue las normas de las secuelas multiplicándolo todo por dos. Y por muy cliché que sea, sería totalmente cierto. La película toma todo lo que funcionaba de la primera parte y lo duplica, o incluso triplica: el humor meta, el lenguaje sucio, la metralleta de referencias pop, el gore y la ultraviolencia estilizada, las trepidantes y excelentemente ejecutadas escenas de acción, la cámara lenta, la jocosa banda sonora (el tema de Céline Dion sobre los créditos iniciales es pura magia), las rupturas de la cuarta pared; todo vuelve, en mayor cantidad, y, afortunadamente, con la misma gracia y eficiencia. Y aun así, el guion (coescrito por Reynolds) se las arregla para ser impredecible y retorcer algunas de las convenciones de las segundas partes, al más puro estilo Deadpool. Por ejemplo, en lo que se refiere al nuevo grupo de mutantes, Fuerza-X, que quizá no sea lo que el espectador espera, y sobre todo en la escala de la película, que se mantiene al nivel de la primera, esquivando el agotador y enésimo fin del mundo en su tercer acto, lo cual siempre se agradece.

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Además del debut de Fuerza-X, Deadpool 2 introduce otros nuevos personajes. Del eXtraño nuevo supergrupo, quien adquiere mayor protagonismo en la historia es Domino, interpretada por Zazie Beetz (Atlanta), que aporta frescura y carisma con un personaje lleno de posibilidades. Otro fichaje de la secuela es Julian Dennison (la revelación de Hunt for the Wilderpeople), que da vida a Russell, un niño mutante con el poder del fuego cuya historia enlaza con el tema que vertebra la película: la familia. Cuando el protagonista dice que Deadpool 2 es una película familiar, no miente, y es que la secuela lleva a cabo una más que acertada (aunque convencional) reflexión sobre la sensación de pertenencia y la familia creada. Y por último, pero no por ello menos importante, Josh Brolin encarna al villano Cable, un mutante que viene del futuro con la misión de acabar con la vida de Russell y cambiar así el destino de su familia. Brolin se confirma como un acierto de casting mayúsculo (no literalmente, como le recuerda Deadpool), aunque quizá sea conveniente no esperar demasiado del personaje.

Por lo demás, Deadpool 2 recupera a los personajes de la primera parte. Vuelven Vanessa (Morena Baccarin), Comadreja (T.J. Miller), Ciega Al (Leslie Uggams), y el que es probablemente el mejor secundario de la franquicia, el humano Dopinder (Karan Soni). Mención aparte merecen Coloso (Stefan Kapicic) y Negasonic Teenage Warhead (Brianna Hildebrand). El primero por ser un recurso cómico excelente y la segunda por contribuir a romper barreras en el cine de superhéroes. En la secuela, la mutante adolescente tiene novia (una de verdad, no uno de esos “momentos exclusivamente gays” que si parpadeas te los pierdes y no sirven para nada), Yukio (Shioli Kutsuna), lo que, además de proporcionar uno de los running gags más simpáticos de la película, aporta visibilidad a la comunidad LGBT, un paso muy fácil de dar con el que, sin embargo, otros estudios no se atreven. A falta de ver un novio o rollete para Wade Wilson (que sigue manifestando su pansexualidad solo a través de chistes), gracias a NTW y la fluidez sexual que recorre los diálogosDeadpool 2 se convierte en una de las películas de superhéroes más tolerantes y normalizadoras hasta la fecha.

Pero que la palabra “tolerancia” no os dé la impresión equivocada. Deadpool sigue siendo tan cafre y tan bestia como hace dos años. De hecho, más. La secuela vuelve a testear los límites de la calificación Rated-R para ofrecernos una orgía de sangre, desmembramientos y bromas sexuales no apta para mojigatos. ¿Que el humor es en el fondo infantil y no supone innovación alguna con respecto a la anterior? Por supuesto. ¿Que sigue siendo tan eficaz como la primera vez? Sí rotundo. En Deadpool 2 la novedad ha desaparecido, pero la película sabe exactamente cómo compensarlo: yendo a por todas. No todos los chistes funcionan (es lo que pasa cuando bombardeas con cinco seguidos cada dos segundos), pero los que lo hacen, lo hacen a lo grande. La película está llena de geniales golpes de humor y gags memorables que vuelven a elevar lo que es un argumento más bien escueto.

Deadpool 2 hará las delicias de los que disfrutaron de la primera entrega. Reynolds vuelve a realizar una interpretación cómica brillante (da igual con quién comparta escena, la química es palpable y las chispas saltan), el guion no deja títere con cabeza gracias a los salvajes y gratuitos ataques al cine de superhéroes (Reynolds se ensaña consigo mismo y los suyos casi tanto o más que con la competencia), los fans de X-Men se van a llevar sorpresas muy divertidas en forma de guiños y cameos, y puede que las escenas post-créditos sean las mejores que hemos visto hasta la fecha. Es más, es posible que sean lo mejor de toda la película. Simplemente enormes. Con todo esto, además de una considerable dosis de romance y emoción, Deadpool 2 evita la mala suerte de segundas partes como las de las afines Kick-AssKingsman para dejarnos una hilarante secuela a la altura de la original. Si no mejor.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Las comparaciones son odiosas: Inhumans vs. The Gifted

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En los cómics de superhéroes es muy habitual ver enfrentamientos entre las distintas especies que pueblan sus mundos en grandes eventos crossover que siempre prometen sacudir los cimientos de su universo. Uno de los que ha tenido lugar más recientemente en Marvel Comics opone a los Inhumanos y la Patrulla X, que en años recientes han sido objeto de varias polémicas por el tratamiento que la editorial les ha otorgado a raíz de su complicada situación en el terreno audiovisual. En pantalla, dicho crossover sería sencillamente imposible, ya que aunque en las páginas de los tebeos comparten universo, en cine y televisión, sus derechos pertenecen a estudios distintos. Inhumanos es de Marvel Studios mientras que los X-Men pertenecen a 20th Century Fox. Por eso, ya que un crossover audiovisual queda descartado, solo nos queda trasladar la batalla a la plaza de Internet para determinar cuál de las dos especies sale ganando.

Marvel Studios lleva una década generando éxito tras éxito en la gran pantalla, mientras que 20th Century Fox ha tenido más problemas para sacar el máximo partido a sus propiedades marvelianas, Los 4 Fantásticos, X-Men y sus personajes derivados, aunque recientemente ha encontrado la manera de hacerlo: experimentando con los géneros y arriesgando con las calificaciones por edades. En televisión, la cosa cambia. Marvel no ha conseguido despegar en ABC, con Agents of S.H.I.E.L.D. ahogándose en las audiencias a pesar de haber mejorado con cada temporada, Agent Carter cancelada y las series de Netflix empezando fuerte y perdiendo fuelle hasta llegar al mashup que ha decepcionado a muchos fans, The Defenders. Por otro lado, la rama live-action de Fox no se había aventurado en la ficción televisiva hasta este año, que estrenaba la provocativa y psicodélica Legión, con muy buena recepción por parte de público y crítica.

Para inaugurar el otoño, Marvel y Fox han lanzado sendas series superheroicas y, lógicamente, han despertado inevitables comparaciones. En primer lugar, la Casa de las Ideas ha presentado a la familia real de Attilan con Inhumans, cuyos dos primeros episodios han pasado primero por cines IMAX con resultados muy pobres. Por otro lado, los mutantes se han pasado de FX (donde se emite Legión) a la network en abierto Fox, donde ha dado comienzo otro asunto familiar, The Gifted, drama del universo X-Men esta vez orientado a un público más amplio y, digamos, tradicional que las marcianas aventuras de David Haller. En sus primeras semanas en antena, la audiencia ha proclamado una clara ganadora. Veamos por qué.

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Lo de Inhumans ha sido la lenta y agonizante crónica de una muerte anunciada. En 2014, el mandamás de Marvel Studios Kevin Feige anunciaba su película para la Fase 3 del Universo Cinemático Marvel. Sin embargo, el proyecto sufrió varios contratiempos hasta caerse del calendario y quedar pospuesto de forma indefinida. A finales de 2016 Marvel anunció que Inhumans seguía adelante, pero no como película, sino como serie de ABC. Feige había escurrido el bulto hacia la tele, donde el villano real Ike Perlmutter (CEO de Marvel Entertainment) lleva a cabo sus fechorías al margen de su archienemigo. Los fans pusieron el grito en el cielo. Una propiedad tan exuberante y fantástica como los Inhumanos no encajaba en el estilo más bien low cost de la cadena del alfabeto. Su preestreno en la pasada Comic-Con confirmó los mayores temores de la audiencia. Inhumans era un desastre y la proyección de su piloto había provocado risas entre los asistentes a la convención. Su paso por IMAX sirvió para que los pocos que la vieron se preguntaran cómo era posible que alguien hubiera dado su visto bueno para proyectar en pantalla grande algo tan cutre. Y su estreno a finales de septiembre en televisión, donde ocupaba la franja horaria de la muerte, los viernes, se saldaba con cifras de audiencia muy pobres, como era de esperar.

Pero, ¿de verdad la serie es tan mala como para haberse dado semejante batacazo? Realmente no. Es peor. Después de ver los primeros cuatro episodios solo puedo unirme a la voz colectiva que clama “¡¿Por qué?!” Es sencillamente increíble que Marvel dejase que algo tan extremadamente pobre en todos los aspectos viese la luz del día. No sorprende que detrás del proyecto se encuentre Scott Buck, el responsable del otro gran traspiés de Marvel TV, Iron Fist, quien después de estas dos series tendrá problemas (o eso esperamos) para volver a tomar las riendas de algo creativo en la compañía. Si Inhumans ya estaba condenada al fracaso, es Buck quien ha terminado de estrellarla contra la pared. La serie parece haber sido concebida como una especie de Juego de Tronos del Universo Marvel, pero el resultado, lejos de parecerse al éxito de HBO, más bien se acerca a lo que sería Hawaii 5.0 con (unos pocos) superpoderes.

Todo falla en Inhumans: un triste diseño de producción que hace que Attilan parezca una nave industrial escasamente amueblada por IKEA en lugar de un fastuoso reino situado en la Luna, vestuario que más bien parece cosplay (sin ánimo de ofender a los cosplayers), interpretaciones acartonadas y distantes (Serinda Sawn y Anson Mount no están mal teniendo en cuenta las circunstancias, pero ver a Iwan Rheon intentado luchar contra su acento británico y sufrir mientras trata en vano de resultar amenazante en sus escenas es muy incómodo – este no es nuestro Ramsay), diálogos de una ineptitud mayúscula, personajes planos y secundarios de una insulsez absoluta, creatividad y estilo visual de imaginación nula (parece que se esfuerzan en apagar los colores cuando tendría que ser al contrario), soluciones insultantes para abaratar costes de producción (a Medusa, cuya característica distintiva principal es su poderosa larga melena pelirroja, le rapan la cabeza en el primer capítulo)… Vamos, que Inhumans es una chapuza de la cabeza a los pies, una serie aburrida y falta de inspiración en la que nada funciona. Solo la presencia de Lockjaw, el perro teletransportador gigante, puede ayudar a tragar el engrudo, pero una mascota resultona no levanta una serie.

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En Fox, por el contrario, han empezado la temporada con mejor pie. Creada por Matt Nix (Burn Notice) y con piloto dirigido por el mismísimo Bryan Singer, The Gifted da al espectador desde el principio lo que se espera de una serie de superhéroes: acción, suspense, personajes llamativos, despliegue visual y superpoderes. La serie gira en torno a un matrimonio que acaba de descubrir que sus dos hijos adolescentes son mutantes y se ven forzados a escapar del gobierno y refugiarse junto a una red underground de mutantes, considerados terroristas por las autoridades. El piloto de The Gifted va directo al grano, está bien construido, combina drama y acción de manera acertada y presenta una historia con mucho potencial a explorar, mientras que los siguientes capítulos confirman el buen camino que la serie ha escogido.

Sin ser la panacea de los superhéroes, The Gifted hace bien todo lo que Inhumans hace mal. La puesta en escena y los efectos visuales son notables, las interpretaciones muy sólidas (ahí está nuestra Amy Acker, a la que siempre es un placer volver a ver, y la robaescenas nata Emma Dumont), y la historia engancha, con personajes y relaciones mucho más atractivas y cuidadas que las de los habitantes de Attilan. Otro aspecto en el que The Gifted sale ganando es en su forma de reflejar en su historia nuestro mundo, y en concreto la sociedad norteamericana tras la elección de Trump como presidente. Los cómics del universo mutante siempre han establecido paralelismos con la lucha contra la opresión de las minorías, de la comunidad LGBT+ o todo aquel que sea “diferente” a lo normativo. Y The Gifted saca provecho de esta idea para llevar a cabo una serie comprometida en lo que se refiere a la defensa de los derechos de los marginados por la sociedad y las víctimas del odio, uno de los principales hilos conductores de su argumento. Pero por encima de todo, The Gifted es entretenimiento digno y eficaz, una serie bien hecha con la que Fox sigue llevando a los mutantes por el buen camino, uno más convencional después de varias jugadas arriesgadas que le han salido muy bien.

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Así que el veredicto no puede ser otro: The Gifted gana el primer asalto. Y dudamos que Inhumans vaya a llegar al segundo. ABC no se ha pronunciado con respecto al futuro de la serie de Marvel, pero no pinta demasiado alentador (si no continúa, se ampararán en la excusa de que siempre fue concebida como una miniserie, que puede ser cierto, pero también es un claro plan de fuga). The Gifted, por otro lado, tampoco es que esté machacando los índices de audiencia, pero su acogida ha sido mucho más cálida, a la gente le está gustando y sus números por ahora parecen estabilizarse en la zona segura. En la gran batalla televisiva de 2017 Inhumanos vs. Mutantes ha ganado el rival más fuerte. Lo ideal habría sido que fuéramos los espectadores los que saliéramos ganando con dos buenas nuevas series de supehéroes, pero nos conformaremos con que al menos se salve una.

Concurso Marvel: Lote de Logan y X-23 de Panini Cómics

 Este concurso ya ha finalizado. Atentos a fuertecito no ve la tele para futuros concursos.

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Hugh Jackman se despide de Lobezno después de 17 años interpretando al personaje en el cine. La última entrega del mutante de garras de adamantium, Logan, ha cosechado un enorme éxito de crítica y público en el cine, convirtiéndose automáticamente en uno de los estrenos Rated-R más taquilleros y una de las películas de superhéroes mejor valoradas de la era moderna del género. Y no es para menos (podéis leer las razones en nuestra crítica).

Para celebrar el triunfo de Logan y agradeceros vuestro apoyo continuado a fuertecito no ve la tele, organizamos un nuevo concurso Marvel relacionado con el icónico personaje de La Casa de las Ideas, un lote de cómics valorado en cerca de 40€ cortesía de Panini Cómics, con el que podréis conocer mejor la historia de El Viejo Logan, en la que se basa la película de James Mangold, y el origen de X-23, la joven mutante interpretada a las mil maravillas por Dafne Keen, que nos ha volado a todos la cabeza.

 

Atención al material que podéis ganar. Se trata de un lote compuesto por un tomo Marvel Deluxe de El viejo Logan, de Mark Millar y Steve McNiven, y un tomo de 100% Marvel HC: X-23Inocencia perdida, de Craig Kyle, Christopher Yost y Billy Tan. Más de 400 páginas de “acción mutante”. Leed atentamente:

Para participar, solo tenéis que responder a la siguiente pregunta en la sección de comentarios de esta entrada:

¿Qué mutante de Marvel te gustaría que protagonizase una película en solitario de X-Men?

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Información sobre los tomos:

Marvel Deluxe: Lobezno – El viejo Logan

¡El legendario clásico en que se inspira la película! Durante más de cincuenta años, la Unión Soviética tuvo un agentes encubierto… un indetectable asesino conocido como El Soldado de Invierno. Ahora, ha vuelto, trabajando a las órdenes del General Lukin, que ha conseguido hacerse con un Cubo Cósmico arrebatado a Cráneo Rojo. El Capitán América ha jurado acabar con Lukin, pero en el camino se verá enfrentado contra El Soldado de Invierno, cuya verdadera identidad esconde el mayor secreto del Universo Marvel en más de medio siglo…

Contiene: Wolverine v3, 66-72 y Old Man Logan Giant-Size Special.
Autores: Mark Millar y Steve McNiven.
Libro en tapa dura. 240 páginas.

100% Marvel HC: X-23 – Inocencia Perdida

El Proyecto Arma X la creó para que fuera la máquina de matar definitiva. Provista de un factor curativo acelerado y afiladas garras, X-23 es la mayor asesina que haya conocido el mundo. Su mente ha sido moldeada para matar en respuesta a una sencilla orden. Representa un extraordinario éxito para los científicos de Arma X… pero su genética oculta un oscuro secreto. En las hebras de su ADN, se esconde un vínculo con Lobezno. ¿Será suficiente para que llegue a volverse contra sus amos?
Nacida en una teleserie animada, transformada luego en personaje de cómic y ahora adaptada al cine como la gran sorpresa de Logan, la película que cierra el ciclo de filmes protagonizados por Lobezno, X-23 es una de las más sugestivas creaciones mutantes del siglo XXI.
En este volumen se narra el origen y toda la verdad sobre la niña con garras de adamantium, a través de una desgarradora y violenta saga que han escrito Craig Kyle y Christopher Yost, creadores de X-23 y sus mayores impulsores dentro del Universo Marvel, con espectacular dibujo de Billy Tan (Los Nuevos Vengadores, Imposibles X-Force).

Contiene: X-23 1-6 USA.
Autores:Craig Kyle, Christopher Yost y Billy Tan.
Libro en tapa dura. 176 páginas.

 

Bases:

– De entre todos los participantes elegiremos un ganador al azar que se llevará totalmente gratis 1 lote compuesto de (x1) Marvel Deluxe: El Viejo Logan + (x1) 100% Marvel HC: X-23 – Inocencia Perdida. El ganador lo recibirán en la dirección que indique sin ningún gasto por su parte.

– El participante debe incluir su correo electrónico en el formulario de respuesta del blog (no aparecerá público) y se recomienda firmar con nombre y apellido (los pseudónimos son válidos) para facilitar la realización del sorteo y el contacto.

– Sólo contará una participación por dirección IP, las respuestas desde la misma IP con distinto nombre serán marcadas como spam.

– El plazo para participar en el concurso finaliza el domingo 2 de abril de 2017 a las 23:59 (hora peninsular española). El ganador será anunciado a partir del día siguiente en la página de Facebook de fuertecito no ve la tele.

– Concurso válido sólo para España (península e islas).

fuertecito no ve la tele se reserva el derecho de modificar o anular el concurso si fuera necesario.

¡Mucha suerte!

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Crítica: Logan

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Diecisiete años. Nueve películas. Se dice pronto, pero Hugh Jackman se ha pasado la mayor parte de su carrera siendo Lobezno. El actor australiano ha dado vida a otros personajes en el cine (con su Jean Valjean de Los miserables logró su primera nominación al Oscar), pero siempre será asociado al mutante de Marvel, el personaje más popular de los X-Men de 20th Century Fox, al menos hasta el boom de Deadpool. Sin embargo, ha llegado la hora de decir adiós. Después de dos entregas en solitario que no lograron el beneplácito unánime de público y crítica (por decirlo suavemente), nos llega el canto del cisne de Lobezno, titulada escueta y oportunamente Logan, la película con la que el mutante de garras de adamantium cierra su propia trilogía y Fox dinamita lo que hoy en día se entiende por cine de superhéroes.

La tercera película de Lobezno se aleja por completo de las dos anteriores, más formalmente supeditadas a lo que en teoría debe ser y tener una cinta de superhéroes. Esta aventura final se titula Logan porque, más que sobre el héroe o el mutante, trata sobre el humano. Inspirándose en la medida de lo posible en Old Man Logan, el influyente cómic de Mark Millar y Steve McNiven, el director James Mangold lleva la historia de Logan hacia un sombrío futuro distópico, en el que los mutantes se han extinguido casi por completo y este reniega de su especie. Escondido en una vieja casa en la frontera con México junto a un nonagenario profesor Charles Xavier (Patrick Stewart, también en su despedida de la saga) y un mutante llamado Caliban (Stephen Merchant), Logan trata de sobrevivir pasando desapercibido, trabajando como conductor de limusinas y dedicando sus días a cuidar de su viejo amigo enfermo, mientras él mismo se deteriora y va perdiendo sus poderes. No obstante, la irrupción en su vida de Laura (Dafne Keen), una niña que posee un gran poder, obligará al mutante a abandonar su retiro para enfrentarse al pasado del que huye, luchar contra las fuerzas oscuras que persiguen a la pequeña y salir en busca de Edén, el (supuesto) último refugio seguro para los mutantes.

Logan continúa el camino marcado por Deadpool, pero desde el drama, con una épica y violenta aventura Rated-R que lleva la propiedad mutante hacia nuevos terrenos, en los que podemos detectar a un estudio dispuesto a salirse del molde y arriesgar más. Para empezar, Logan carece del elenco multitudinario y exceso de tramas interconectadas del cine de superhéroes actual. Al contrario, se trata de una historia sencilla, directa, con un número reducido de personajes, incluso un villano carismático bien utilizado (estupendo Boyd Holbrook), que Mangold consigue mantener cohesionada en todo momento, gracias a una visión muy clara, una personalidad y estilo fuertemente marcados y un sentido del propósito y la dirección que va más allá de la necesidad de derrocar al mal (así se escribe un guion). Por mucha acción de primera y asombroso despliegue de poderes que incluya la película, el viaje de Logan tiene lugar por dentro, bajo la piel otrora indestructible, ahora ajada de Lobezno, y tras una larga vida de lucha, pérdida y persecución. Un viaje que nos habla de la redención, el legado, la lealtad, y sobre todo la familia, hallando en ella el rescoldo de esperanza al que aferrarse para alcanzar la felicidad cuando se había dado por perdida.

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Parece mentira que el mismo director de la irregular Lobezno inmortal haya realizado una película de tal firmeza y arrojo. Pero es cierto. Logan es increíblemente consistente en todos los aspectos. Se trata de una historia clara y concisa, desnuda de accesorios y ornamentos innecesarios, un film equilibrado, con certeras pinceladas de humor, de estructura robusta y acción excelentemente dosificada, en el que no sobra ni una sola escena y todo cuanto ocurre es importante. Y a su vez una aventura independiente que se adapta al universo X-Men sin ser fagocitada por la necesidad de interconectarlo todo, sin encadenarse a la “visión general” (es decir, no está plagada de guiños y cameos para agradar al fan, sino que justifica narrativamente todas sus decisiones en este sentido). Por otro lado, el acabado técnico y visual es impecableLogan presenta un aspecto sobrio y elegante, una fotografía árida y crepuscular que hace juego con un tono decididamente distinto al de las películas anteriores de la franquicia, y que, sumado a su acción salvaje escenario casi post-apocalíptico, puede remitir a Mad Max: Furia en la carretera (no en vano, también hay planes para una versión en blanco y negro de Logan). Además, esta hace un uso inteligente del CGI, recurriendo a él solo cuando es oportuno y manteniendo así la sensación de crudeza y los pies en la tierra, literalmente.

Y luego, por supuesto, el reparto. Porque Logan incluye las que son probablemente las mejores interpretaciones de la saga X-Men, y de las mejores del cine de superhéroes moderno. Uno de los mayores aciertos de la película es situar el conflicto emocional de sus personajes siempre en el centro, no solo el recorrido del protagonista, sino también la relación de Logan con Xavier, Caliban y Laura (o lo que es lo mismo, X-23), estableciendo así un puente entre generaciones sobre el que se construye un potente drama familiar. Como decíamos, Logan posee una cualidad profundamente humana, y esto, más allá del guion, es gracias al soberbio trabajo de Jackman y Stewart, dos actores (y amigos) que protagonizan escenas entrañables y divertidas, pero también momentos desgarradores que dejan con un nudo en el estómago y nos muestran la fuerte conexión que existe entre ellos y sus personajes. Y por supuesto, también hay que destacar a la joven incorporación mutante, una niña de 11 años de alucinante fuerza escénica a la que da gusto ver aniquilar a sus enemigos sin piedad, y que forma un dúo genial con Jackman (aunque esté mejor cuando no habla, como Stitch). En resumen, la película esculpe al viejo Logan a través de sus vínculos con Xavier (respeto, amistad y protección paterno-filial), Caliban (un hermano pequeño que le incordia pero al que quiere) y Laura (el símbolo de la nueva generación y una última oportunidad para sentir lo más parecido a una vida normal), completando la historia de este lobo solitario en relación a su amor por los demás, y por extensión hacia su especie, de una manera sorprendentemente hermosa y con un plano final absolutamente perfecto.

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El triunfo que supone Logan se debe sobre todo a la libertad con la que parece estar hecha, sin limitarse a un género, sin estar obligada a cumplir un checklist o intentar complacer a todo el mundo. En parte road movie, en parte western, en parte drama familiar, la película nace sobre todo de la necesidad de contar (o mejor dicho, clausurar) una buena historia, y ahí es donde se marca la diferencia. Mangold coordina un espectáculo de gran empaque en todos los aspectos (atención al fantástico score de Marco Beltrami, con tanta personalidad como la propia película), manejando la tensión con maestría en magníficas escenas de acción e intensísimas persecuciones, dirigiendo combates auténticamente hardcore en los que notamos las pulsaciones y sentimos cada golpe, cada corte, cada cráneo atravesado (la cinta no escatima en sangre y violencia gráfica, como requería la historia), y sacudiéndonos con esa misma contundencia visceral durante sus pasajes más íntimos, emotivos y trascendentales, de los que el film está lleno (el tramo que tiene lugar en casa de una familia de desconocidos es monumental). Brutal y conmovedora a partes iguales, Logan supone la madurez definitiva de la saga X-Men, un trabajo apasionado y apasionante con el que Jackman se despide de Lobezno por todo lo alto y el género trasciende sus fronteras para acomodar no solo al público que disfrute del cine de superhéroes, sino también al que ame el buen cine en general.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

Legion: Lo nunca visto

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Is this real life? ¿O estamos en Matrix? ¿Podéis estar completamente seguros de que lo que ven vuestros ojos es la realidad? ¿Cómo sabéis que no estamos viviendo en el sueño de una babosa gigante que flota sobre el espacio? ¿O en el delirio psicótico de Buffy Summers? ¿Por qué el amarillo es amarillo? ¿Es posible tener series de superhéroes que puedan sumarse al drama de calidad propio de la Peak Television? No, no estáis viviendo un sueño (que sepamos). Después de las series de Netflix que conforman el mundo de Los Defensores, nos llega Legion, la primera serie de Marvel y Fox perteneciente al universo mutante de X-Men, una ficción que se suma a la corriente más ambiciosa y adulta de la televisión superheroica, y cuyo piloto nos ha volado completamente la cabeza.

Legion está basada en el cómic de Chris Claremont y Bill Sienkiewicz, y viene de la mano de Noah Hawley, el creador de la aclamada Fargo, con producción ejecutiva de Bryan Singer y sus sospechosos habituales de Fox/Marvel. Ver el nombre de Hawley asociado a una adaptación de Marvel ya era motivo de entusiasmo suficiente, gracias a su excelente labor en FargoPero al ver el resultado, podemos decir con satisfacción que se han dinamitado las expectativas: Legion es completamente diferente a todo lo que hemos visto hasta ahora en su género, un producto elegante que ya desde el principio manifiesta una personalidad muy definida y una seguridad en sí mimo que solo se da cuando las personas que están al cargo saben lo que están haciendo.

Entrar en Legion es entregarse a la incertidumbre y la posibilidad. La serie nos cuenta la desquiciada historia de David Haller (Dan Stevens), un hombre con extraños poderes psíquicos al que se le diagnosticó en la adolescencia esquizofrenia paranoide. Internado en un hospital psiquiátrico, David vive sus días encerrado en la rutina de la vida hospitalaria, viendo el tiempo pasar junto a su amiga Lenny, una chiflada drogadicta (grande Aubrey Plaza). Sin embargo, todo cambia con la llegada de Sydney (Rachel Keller), una nueva paciente con aversión a ser tocada, por la que David se sentirá inevitablemente atraído, y que como él, también podría ser algo más que humana. Ambos entablarán una amistad dentro del hospital que desatará una complicada trama cuyas ramificaciones se desarrollarán entre la realidad y la fantasía, sin saber dónde está la frontera entre ambas.

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Y ese es uno de los mayores atractivos de la serie, el juego que plantea al espectador, que como su protagonista, se cuestiona constantemente si lo que está viendo está teniendo lugar en la realidad o en la cabeza de David mientras este vegeta en una silla del hospital. Esto convierte a la serie en una pizarra en blanco en la que es posible dibujar cualquier cosa, una que Hawley utiliza para explorar el alcance de la imaginación y llevar a cabo uno de los productos televisivos más visualmente estimulantes que podemos ver en la actualidadLegion derrocha inventiva y energía por los cuatro costados y su acabado estético a lo ’60s es impecable. Los efectos digitales, la fantástica iluminación y paleta de colores, el simbolismo y la simetría, los planos aberrantes, incluso los cambios de frame, todo indica una inquietud máxima por convertir la serie en un espectáculo visual acorde a la atormentada y bulliciosa mente de David.

Por no hablar de la música. Un intenso score electrónico por pare de Jeff Russo (Fargo, The Night of) que recuerda a la obra de Cliff Martinez (The Knick), salpicado de temas rock perfectamente puestos al servicio de la imagen y el espíritu psicodélico de la serie. De hecho, Hawley ha reconocido que una de sus principales inspiraciones para Legion es el disco de Pink Floyd Dark Side of the Moon, continuando así la visión de Claremont y Sienkiewicz (no en vano, el nombre de Sydney es un homenaje al fundador de esta mítica banda, que se dice que padeció esquizofrenia). Y salta a la vista. El “Chapter 1” de Legion está plagado de momentos excéntricos (genial número de baile incluido), inquietantes, incluso terroríficos, en los que se utilizan las herramientas fantásticas para contar una historia humana y reflexionar sobre qué es “lo normal”, y hasta qué punto ser diferente conlleva estar loco o ser un freak (“¿Y si los problemas no están en tu cabeza? ¿Y si no son problemas?”). Discurso que, como en las películas de X-Men, llevará a la formación de un grupo de mutantes opuestos al sistema que los persigue por ser distintos, en este caso reunido bajo la supervisión de la misteriosa figura de Melanie Bird (Jean Smart).

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El primer episodio de Legion es la mejor carta de presentación posible, un aperitivo abundante (70 minutos de delicioso desvarío) donde ya podemos ver lo mucho que podría dar de sí la serie si juega bien sus cartas (y sinceramente, yo ya creo en Hawley a pies juntillas). Con solo un capítulo, la de Dan Stevens ya es una de las mejores interpretaciones del Universo Marvel/mutante (esperemos que vaya a más, y no al contrario) y la serie no es solo un regalo para los sentidos, sino que su historia es sólida y da alicientes de sobra para atraparnos: un camino de autoconocimiento, una trama conspiranoide, un precioso chico-conoce-chica-mutante (el beso en el reflejo del cristal es uno de los planos más bonitos que he visto en mucho tiempo), y la acción más imaginativa (esa literalmente explosiva y mágica fuga del hospital, magníficamente filmada). Lo que hemos visto hasta ahora no podría ser más prometedor. Pero queremos más, mucho más. Este solo el principio del viaje alucinante de David Haller. Nosotros también le estrechamos la mano, y que nos lleve adonde quiera.

Crítica: X-Men – Apocalipsis

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Bienvenidos de nuevo al Instituto Xavier para Jóvenes Talentos. Recorred sus pasillos y estancias para comprobar que está más vivo y abarrotado que nunca. La juventud se puede oler en el ambiente (seguro que sabéis exactamente cómo huele la adolescencia), hay más luz, más color, más energía y ganas de juerga. Y es que la Mansión-X no solo está atestada de mutantes adolescentes, es que además estos mutantes son adolescentes de los 80. Después de llevarnos a los 70 (y luego hacernos saltar por el tiempo) en X-Men: Días del futuro pasado, la saga mutante avanza hacia la feliz década del “Take on Me”, el “Girl Just Wanna Have Fun” y las chapas en las solapas vaqueras, donde transcurre la acción de X-Men: Apocalipsis (X-Men: Apocalypse), la nueva entrega de la Patrulla-X dirigida por Bryan Singer.

Y se nota, vaya si se nota. X-Men: Apocalipsis es una aventura espléndidamente ochentera (o noventera, que al caso es prácticamente lo mismo) y decididamente nostálgica. Si bien Singer podía haber arriesgado aun más en su puesta en escena y hacerla incluso más fiel a la época, la película rebosa espíritu 80s por los cuatro costados, y no solo en lo que respecta a la estética hortera y sin complejos (los cardados, la cresta de Tormenta, el estilo jock de Cíclope, ¡las hombreras de Jean Grey! Todo aderezado por una lluvia de cassettes, juegos Arcade y cuero, cortesía de Quicksilver), sino también a la historia, más simple y desenfadada, prácticamente ajena a la evolución que el género de superhéroes está experimentando en los últimos años.

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Lejos de innovar, el argumento de X-Men: Apocalipsis presenta la clásica trama con villano megalómano que amenaza con destruir el mundo, una que pasa por todos los clichés narrativos del género como si no se hubiera hecho tantas veces últimamente, y vuelve a caer en el error de la destrucción masiva sin miramientos ni consecuencias (imperdonable a estas alturas). Si se hubiera estrenado unos años antes, quizá su falta de originalidad o novedad no habría llamado tanto la atención, pero la proximidad con Capitán América: Civil War, el listón cada vez más alto y la amenaza de la “superhero fatigue” juegan en detrimento del film. Claro que lo que propone Singer es precisamente un acto de fe, un regreso a la sencillez del género, a las páginas del cómic, que entendamos que lo que Apocalipsis pretende es recuperar esa candidez narrativa de los 80 y los 90, y no le importa nada que su película tenga tantos tópicos, mecanismos narrativos anticuados o elementos camp. Porque esa es la intención, realizar una cinta de mutantes nostálgica de una época dorada del tebeo, una fantasía épica construida casi al margen del Zeitgeist superheroico, es más, con un punto de ironía. Es decir, Apocalipsis no viene a cambiar el género, pero sí ofrece lo que se espera (o al menos todo lo que yo quiero) de una película de la Patrulla-X: espectacular despliegue de acción y superpoderes, personajes imposiblemente molones y lo más importante, diversión.

Y sin embargo, la saga mutante tiene algo que no tienen las películas de Marvel Studios, y que compensa su falta de originalidad: una mayor osadía. Mientras que la calificación PG-13 sirve para coartar a otros blockbustersX-Men: Apocalipsis la aprovecha para desmarcarse del UCM con sorprendentes dosis de violencia gráfica (incluso gore) y lenguaje malsonante. Puede parecer una tontería, pero esto aporta frescura a un género demasiado puritano que promete cambiar después del éxito de Deadpool. Esta actitud más punk no resulta en una película necesariamente más adulta, por supuesto, pero sí menos preocupada por escandalizar o salirse de los parámetros establecidos. El resultado es un híbrido extraño y curioso, una película en cierto modo más infantil que se preocupa menos por los niños pequeños y busca satisfacer más a los niños grandes.

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En cuanto a la historia, no hace falta complicarse demasiado para explicarla, ya que lo que tenemos aquí es cinecómic clásico. El eslabón más débil de Apocalipsis es su villano titular, interpretado por Oscar Isaac. El talentoso actor hace lo que puede para sacar adelante a un personaje más bien plano y desdibujado, intentando transmitir con la mirada y la boca, pero su interpretación queda sepultada por los kilos de maquillaje y látex de una caracterización demasiado cutre incluso si tenemos en cuenta el factor camp del que hablaba antes. Afortunadamente, Apocalipsis no tiene tanto En Sabah Nur como cabía esperar. Su amenaza está presente durante toda la película, pero esta se centra más en Magneto, Xavier y los mutantes ‘modernos’, por un lado con la formación de los Jinetes del Apocalipsis (con el villano manejando los hilos desde la sombra) y por otro con los jóvenes mutantes en la Mansión X, estudiantes aprendiendo a controlar sus superpoderes. En este sentido, Singer vuelve a acometer una empresa imposible (y ya normativa en el género): barajar multitud de tramas y personajes que, por muy bien que se haga, acabarán resultando en saturación. Sin embargo, X-Men: Apocalipsis está contada de manera más fluida y consistente de lo que cabía esperar, reduciendo la fragmentación con transiciones coherentes que aportan mayor unidad narrativa y muy buen ritmo. Por el lado malo, el exceso de frentes abiertos obliga de nuevo a que algunos personajes queden relegados a un segundo o tercer plano (Júbilo no es más que una extra), a que otros estén infra-caracterizados (la Mariposa Mental de Olivia Munn es muy contundente, pero también muy plana) o a eliminar escenas que habrían ayudado a que la historia se airease y conociéramos mejor a los novatos, como la del centro comercial, de la que incluso habíamos visto alguna foto oficial, y cuya ausencia del montaje final nos priva de más momentos de descanso y el más-o-menos-cameo de Dazzler. Muy mal, Fox.

Dejando a un lado estos problemas, X-Men: Apocalipsis sigue en la línea de las dos anteriores entregas del reboot mutante. El humor continúa siendo muy importante y no se considera un signo de debilidad, y la película vuelve a tener una gran carga emocional, de la que se saca el mayor partido gracias a su magnífico reparto de talentos interpretativos, que como ya dijimos con respecto a DoFP, no se ‘relajan’ porque sea una de superhéroes. Michael Fassbender, James McAvoy y Jennifer Lawrence vuelven a conseguir que lo exagerado y rocambolesco de la historia funcione, levantando escenas que en manos de otros habrían caído en el ridículo. El Quicksilver de Evan Peters tiene otra secuencia épica (quizá demasiado parecida a la de DoFP pero igualmente impresionante) y además esta vez está más implicado en el argumento, protagonizando algunos de los mejores momentos cómicos de la película. Moira, interpretada por la fantástica Rose Byrne, tiene mucho peso en la historia y lo mejor es que, a pesar de no ser mutante, no sobra nada de ella. Y por último, las nuevas incorporaciones de Apocalipsis no podrían ser más acertadas: Alexandra Shipp destaca especialmente como Tormenta (el Jinete más definido como personaje), Tye Sheridan clava al Cíclope versión teenage angst, Kodi Smit-McPhee es toda una revelación presentándonos contra todo pronóstico a un entrañable y gracioso Rondador Nocturno y Sophie Turner (y sus hombreras) encandila como Jean Grey, dejándonos uno de los momentos sin duda más satisfactorios y catárticos para los fans, que augura un futuro muy interesante para la saga. Todos ellos se reúnen y prosperan como grupo bajo el amparo de Charles Xavier, cuyo sueño para ese futuro (una Mansión-X en la que convivan mutantes y humanos) recupera un tema en el que, tristemente, en esta ocasión no se profundiza demasiado.

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X-Men: Apocalipsis no es la película de superhéroes perfecta, pero sí es una entrega de X-Men muy sólida, cargada de grandes emociones, imágenes diseñadas para humedecer al geek (¡culpable!), regalos al espectador en forma de cameos (el de Lobezno es breve pero brutal, y sirve para abrir boca de cara a su tercera película, Rated-R) o guiños meta (afortunadamente nada excesivo o fuera de lugar) que harán las delicias de los fans (atención al ataque a X-Men: La decisión final) e interacciones entre personajes que demuestran que, a pesar de todo, Singer sabe que lo más importante es no descuidar sus relaciones y motivaciones (ojalá pudiera decirse lo mismo del villano). Quiero creer que Apocalipsis habría gustado más en general si no hubiera llegado tan cerca de Civil War y Batman v Superman, y si no estuviéramos tan preocupados comparando y tratando de encontrar la fórmula perfecta del cine de superhéroes, en lugar de dejarnos llevar por lo que esta película en concreto propone: diversión exagerada, comiquera e iconoclasta. La siguiente película de la Patrulla-X transcurrirá en los 90. Espero que para entonces, Singer vuelva a darle más importancia a los temas centrales de las anteriores entregas de la saga (identificación mutantes-personas LGTB/minorías y los problemas de identidad de los héroes) para seguir avanzando el discurso, hacer evolucionar la franquicia y darnos una X-Men que no solo sea un gran estallido pop como esta, sino también una cinta de superhéroes más trascendental.

Nota: ★★★★

¡Concurso! Consigue el juego Marvel Dice Masters – Avengers vs. X-Men (Set de inicio)

 Este concurso ya ha finalizado. Atentos a fuertecito no ve la tele para futuros concursos.

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¡Atención juegones, fans de Marvel, y demás interesados/as! Devir acaba de sacar a la venta el exitoso juego de dados Marvel Dice Masters – Avengers vs. X-Men en español y para celebrar el lanzamiento nos mandan un set de inicio para 2 jugadores (ya agotado en tiendas) para sortear entre todos los lectores de fuertecito no ve la tele.

 

Para participar, lo único que tenéis que hacer es responder a una sencilla pregunta:

¿POR QUÉ QUIERES LLEVARTE EL JUEGO?

Podéis participar de dos maneras:

1. Respondiendo a la pregunta en esta entrada
2. Respondiendo en ESTA FOTO de la página de Facebook de fuertecito no ve la tele

Si participáis en los dos sitios tenéis más oportunidades de ganar.

Bases:

xmen avengers dice– De entre todos los participantes elegiremos a un ganador (via Sortea2) que se llevará totalmente gratis 1 set de inicio para 2 jugadores de Marvel Dice Masters – Avengers vs. X-Men (foto). El ganador lo recibirá en su casa sin ningún gasto por su parte.

– El participante debe incluir su correo electrónico en el formulario de respuesta del blog (no aparecerá público) y se recomienda firmar con nombre y apellido (los pseudónimos son válidos). En Facebook no es necesario.

– Sólo contará una participación por dirección IP, las respuestas desde la misma IP con distinto nombre serán marcadas como spam. En Facebook solo se podrá participar una vez por cuenta personal.

– El plazo para participar en el concurso finaliza el viernes 6 de febrero de 2015 a las 23:59 (hora peninsular española). El ganador será anunciado a partir del día siguiente en la página de Facebook de fuertecito no ve la tele.

– Concurso válido sólo para España (península e islas).

– fuertecito no ve la tele se reserva el derecho de modificar o anular el concurso si fuera necesario.

¡Mucha suerte!

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  • ¡¡El revolucionario juego de Dados que triunfa en todo el mundo!!
  • Creado por Mike Elliott y Eric M. Lang
  • Sistema de construcción de mazo con dados
  • Reinterpretación del sistema de juego del legendario Quarriors
  • Todos los héroes de Marvel con sus ilustraciones más conocidas
  • Todo lo necesario para que 2 jugadores empiecen a jugar

Descripción del juego:

En Dice Masters, cada jugador se convertirá en un lider para dirigir las acciones de un equipo de individuos con superpoderes, como Spiderman, el Capitán América o Lobezno, entre muchos otros. En cada turno, se tiran los dados para comprar más dados, determinar los recursos, desplegar a los miembros del equipo y finalmente atacar al líder enemigo. Además, cada héroe tiene sus cartas de referencia, que le otorgan habilidades especiales. ¡Si reduces los puntos de vida de tu rival a cero, habrás ganado! Contiene 44 dados especiales: 12 de acción, 16 de personaje y 16 de comparsas, más 38 cartas, bolsa para dados y manual de instrucciones, todo en Español. 2 jugadores, 15 minutos por partida. Ampliable mediante sobres con cientos de nuevos dados para nuevas experiencias de juego, !!no hay dos partidas iguales!!

Componentes del set de inicio:

– 44 dados especiales (12 de acción básica, 16 de personajes, 16 de comparsas)
– 38 cartas (24 cartas de personajes, 10 cartas de acción básica y 4 tarjetas de recordatorio de color)
– 2 bolsas para dados

Más saber más y comprar Marvel Dice Masters – Avengers vs. X-Men visitad la página oficial de Devir.

Crítica: X-Men – Días del futuro pasado

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Se dice pronto, pero hace ya 14 años que arrancó la saga cinematográfica de X-Men. Allá por el lejano año 2000 (técnica, estética y espiritualmente todavía en la década de los 90), Bryan Singer realizaba una de las películas clave para entender el actual fenómeno imparable del cine de superhéroes. Le sucedía una secuela, X-Men 2 (2003) -también dirigida por él-, que a día de hoy conserva su reputación como una de las mejores películas basadas en un cómic. La licencia de 20th Century Fox perdió tracción con la generalmente vapuleada X-Men: La decisión final (2006), de Brett Ratner, y cedió el protagonismo a Lobezno en un infame spin-off, X-Men orígenes: Lobezno (2009) y una no tan mala pero igualmente olvidable secuela, Lobezno Inmortal (2013). Pero antes de reencontrarnos en Japón con el personaje de Hugh Jackman -que ha servido indudablemente como el pegamento de X-Men-, la franquicia ya se encontraba en proceso de transformación y relanzamiento.

En 2011, Matthew Vaughn (Kick-Ass) se hacía con las riendas para dirigir la notable X-Men: Primera generación, una suerte de reboot en forma de precuela que introducía nuevos personajes y nos presentaba a las versiones jóvenes de los mutantes que ya conocíamos. Reclutando a lo más granado del Hollywood actual, la película de Vaughn insuflaba nueva vida a la saga, sin por ello coartar en ningún momento las posibilidades de continuación de la anterior trilogía. En el tiempo transcurrido desde las primeras aventuras de los mutantes de Marvel en el cine, hemos visto tres encarnaciones de Hulk, un reboot de Spider-Man, y nos preparamos para conocer a los nuevos 4 Fantásticos. Sin embargo, la saga X ha mantenido prácticamente intacta su continuidad y ha conservado a su numeroso reparto, esquivando el reset que sí han tenido que practicar otros. Con la ambiciosa y abarrotada X-Men: Días del futuro pasado, basada en el arco homónimo publicado durante 1981 en Uncanny X-Men, la X vuelve a manos de Singer, que subsana los errores de las anteriores entregas. Este une pasado, presente y futuro en un impresionante ejercicio de funambulismo, una película vibrante, divertida y colosal que no es sino el mayor acontecimiento de la cultura popular de este año.

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Durante la larga (y taladrante, por qué no decirlo) campaña promocional de la película, una de nuestras preocupaciones más frecuentes era si Singer, y su guionista, Simon Kinberg, iban a ser capaces de contar una historia con tantas ramificaciones, con tantos frentes abiertos, entre dos tiempos (con sus paradojas incluidas), y sobre todo, con una cantidad tan peligrosa de personajes. Durante la tremenda secuencia inicial de Días del futuro pasado, una masacre mutante que pone el listón bien alto para el resto de la película, nos damos cuenta de que Singer y Kinberg lo han conseguido. Lo que viene a continuación es una imparable sucesión de escenas excelentemente calibradas, tanto en lo que respecta a la acción (set pieces para aplaudir), como al desarrollo de los personajes, la carga dramática y sobre todo el humor, el más inspirado que hemos visto en la saga. Si bien todos los personajes principales tienen su momento de gloria, Días del futuro pasado no es exactamente una película coral. Los que mueven la trama hacia delante (y hacia atrás) son Lobezno, Mística, y los jóvenes Magneto y Xavier, obligando a dejar a algunos personajes de lado. Aún así, teniendo en cuenta que esto era de esperar, es un alivio comprobar que Singer y Kinberg han sabido construir la historia de manera que esta fluya orgánicamente, como si no hubiera supuesto dificultad alguna.

Después de ver Días del futuro pasado, y aunque no hacía falta para saberlo, confirmamos que Hugh Jackman es el corazón (y el culo) de las películas de X-Men. Él, con su (supuesta) eterna juventud, y su carisma infinito, es quien ejerce de enlace entre los mutantes de la trilogía original y los de la primera generación, y él es quien sirve de conductor de esta historia en concreto, viajando desde el futuro a la década de los 70, donde transcurre la mayor parte del relato. Jackman sigue habitando en la venosa piel de Lobezno, y continúa demostrando que no hay otro Logan posible. Pero esto no quiere decir que estemos ante otra película de Wolverine, nada más lejos de la realidad. Él no es el único actor que ha asimilado por completo a su personaje, y Singer sabe exactamente cómo emplear debidamente a cada uno de los excelentes actores que tiene a su disposición. Por eso, la niña mimada de Internet Jennifer Lawrence obtiene más tiempo en pantalla y más peso en la trama que en Primera generación, y por eso la relación entre los Magneto y Xavier jóvenes echa más chispas que nunca. Es especialmente emocionante ver cómo hoy en día ya no se subestima la importancia del talento dramático en el cine de superhéroes. Más que los efectos digitales (algo más descuidados que en otros blockbusters), o la acción (siempre de primera), la verdadera pirotecnia de Días del futuro pasado es su inigualable reparto de estrellas.

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Y aunque Michael Fassbender, Peter DinklageEllen Page o los veteranos Ian McKellen y Patrick Stewart demuestran que un blockbuster como este es tan buena oportunidad como otra para demostrar lo que valen, es James McAvoy quien se lleva el gato al agua con su encendida interpretación como Charles Xavier. McAvoy es uno de los mejores actores de su generación, y que lo esté demostrando en una saga “de palomitas” como esta dice mucho del camino que ha recorrido el género, y hacia dónde se dirige. Los demás protagonistas están a la altura de las circunstancias, y la química y sensación de familiaridad que se respira entre ellos contribuye a la cohesión de este amplio universo y su mitología en constante transformación y expansión. Aunque es cierto que el protagonismo de los mutantes jóvenes relega a los de la trilogía original a un segundo plano. Estos permanecen aguantando el fuerte futuro mientras los demás tratan de cambiar el curso del destino, evitando que el Dr. Bolivar Trask se haga con el ADN de Raven para evolucionar a los Centinelas que llevarán a la especie mutante a la extinción. Pero sería un error considerar desaprovechados a Tormenta, Magneto, el Profesor X, Kitty Pryde o Coloso. Su función en la película es esencial, y sus escenas de acción, tanto al principio como en el adrenalínico y sorprendentemente emotivo clímax, bien justifican su presencia –¿Se puede llorar en una de superhéroes? Sí, se puede. Lo más importante de Días del futuro pasado es que comprendamos el vínculo que une a todos estos personajes contra la intolerancia y el miedo a su raza, la unión ante la amenaza del fin, y la esperanza por la salvación de su especie. En este sentido, y a pesar de que algunos mutantes no dicen apenas ni una palabra, no hay un solo personaje que nos sobre, o que no queramos que esté ahí.

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No, ni siquiera Quicksilver. Es más, contra todo pronóstico, el personaje de Evan Peters (perfecto en el papel de adolescente canalla) es una de las grandes sorpresas de la película. En un film que destaca por su afinado sentido del humor, Mercurio es el personaje que nos regala la escena más descacharrante, la de la liberación de Magneto de la prisión del Pentágono. Una secuencia que además supone uno de los pasajes más satisfactorios visualmente en una película que, salvo algún que otro chirriante croma, hace honor al estilo de Marvel con una desbordante fantasía pop que se opone a la tendencia habitual de sobresaturar digitalmente y oscurecer todos los planos. Ya sea porque transcurre en los 70, o porque los poderes de los mutantes ofrecen un gran abanico de posibilidades que se aprovechan al máximo, Días del futuro pasado es un trabajo tremendamente luminoso y colorista, todo un sueño húmedo para fanboys (de Marvel, de las películas de súper héroes, de las anatomías de Jackman y Law, de McBender…). Pero también es una obra cinematográfica sobresaliente, y faltaría más, épica, un producto de masas cuidado con el cariño y la atención (y el buen ojo para los negocios) que ya esperamos siempre de la Casa de las Ideas. Por todo ello, y por ahora, X-Men: Días del futuro pasado puede compartir título con Los Vengadores como la película de superhéroes definitiva.

Valoración: ★★★★½

Crítica: Lobezno Inmortal (The Wolverine)

El entuerto lo provocó la tercera entrega de X-Men, La decisión final (2006), pero el spin-off X-Men orígenes: Lobezno (2009) se encargó de rematar la faena. Las dos primeras partes de la saga mutante de Marvel en Fox, capitaneadas por Bryan Singer, obtuvieron grandes laureles por parte de la crítica y el entusiasmo del público, contribuyendo así a la dignificación del cine comiquero de súper héroes que hoy en día disfrutamos. Pero Singer se bajó del carro, y los X-Men perdieron el rumbo (paradójico teniendo en cuenta lo que el realizador hizo después). La primera entrega en solitario del peludo y musculoso mutante de Marvel no fue bien recibida, y con razón. Cartón piedra, efectos digitales propios de mediados de los 90 y lo más grave: una historia terriblemente descentrada, con un gran número de personajes muy mal manejados. Camp por un tubo. El tiempo ha perjudicado considerablemente a X-Men orígenes: Lobezno (4 años es mucho en el cine actual de Hollywood), y el mal recuerdo se ha magnificado.

Pero entonces llegó X-Men: Primera generación (2011), acertado y exitoso reboot de Matthew Vaughn que situaba la franquicia en la senda del bien. Tras el macroproyecto Avengers, Fox abraza el nuevo modelo Marvel y nos trae una nueva película de Lobezno que sirve como borrón y cuenta nueva, como capítulo independiente, secuela de La decisión final, y también como antesala o prólogo al gran evento de 2014: X-Men: Días del futuro pasado. Todo a la vez. La intertextualidad es lo que sostiene hoy en día este tipo de cine, y lo vamos a comprobar una vez más cuando Lobezno, los X-Men originales de Singer y los de la nueva clase converjan en el que será uno de los eventos cinematográficos más importantes del próximo año.

Pero para renacer hace falta primero purificarse, o más bien purgarse. Y eso es exactamente lo que hace Lobezno Inmortal (The Wolverine). Siendo más fiel al referente (un arco de Chris Claremont y Frank Miller) y con una trama mucho más centrada y fluida, Lobezno Inmortal plantea una nueva historia de (re)génesis para uno de los personajes más carismáticos de la Casa de las Ideas. Así, se presenta a Logan como lobo solitario, o más bien ronin, samurai sin maestro. Un hombre que arrastra el enorme peso de su pasado, la culpabilidad por la pérdida de la mujer amada –Jean Grey, que vuelve como Pepito Grillo de Logan- y la maldición de la inmortalidad. El cast se reduce así considerablemente, y la atención se concentra en el personaje, en su lucha interna por alcanzar el Zen y el autoconocimiento, dificultada por la rabia incontenible -y la explosiva testosterona- que hay en él. Lógicamente, la historia transcurre íntegramente en Japón, y en lugar de una película de súper héroes, obtenemos una cinta de acción ligeramente noventera que es a su vez película de artes marciales y en gran parte, cine de yakuzas. Una propuesta que habría desarrollado plenamente su potencial con una calificación por edades más valiente.

En esta película, Logan evoca al Bruce Wayne de Batman Begins (tiene todo el sentido del mundo con Frank Miller en común), un personaje reconfigurado a base de misticismo y disciplina ritual. Y he ahí el mayor error de Lobezno Inmortal. Se confunde lo serio y atormentado por lo profundo, y la historia rasca la superficie del personaje, pero no logra adentrarse en él tanto como pretende o como quiere hacer ver. Tampoco ayudan los tremendamente insulsos y olvidables secundarios, así como la villana fuera de lugar. No basta con reducir el número de personajes, también hay que sacar el mayor provecho de los que se tiene, y este no es el caso. Claro que esto tiene su reverso luminoso: Hugh Jackman, el hombre que puede con cualquier papel pero que nació para ser Lobezno, brilla como nunca. Él es Lobezno, él es la película, y eso es suficiente.

Cuando el peso de la película recae en la acción, Lobezno Inmortal sobresale. Los set pieces son fantásticos (concretamente la escena del tren o la secuencia Lobezno vs. los ninjas) y los efectos no tienen nada que ver con aquellas vergonzosas garras digitales de Orígenes. Pero más allá de esto, resulta que esta no es la obra de redefinición que el personaje necesitaba, y que Fox planeaba, sino otra película que no está a la altura del carisma del mutante. La única diferencia con la infame Orígenes es que esta vez han estudiado más, y se la han tomado más en serio. Tanto es así que hace algo peor que chirriar o dar vergüenza: provocar bostezos. Esperemos que el regreso de Lobezno al universo coral de X-Men con Días del futuro pasado nos devuelva al personaje en su mayor esplendor, es decir, interactuando con sus compañeros, o mejor aun, peleándose con ellos.