Muertos para mí (Dead to Me): Viudas desesperadas

Esta reseña va a ser breve. De hecho, se os va a pasar tan rápida como la primera temporada de la nueva serie original de Netflix Muertos para mí (Dead to Me). Y la razón es que, cuanto menos sepáis sobre ella, mejor. Así que vayamos al grano.

Dead to Me está creada por Liz Feldman (2 Broke Girls) y producida por ella junto al actor Will Ferrell, el oscarizado Adam McKay (La gran apuestaEl vicio del poder) y Jessica Elbaum (Despedida de solteraNunca entre amigos). Se trata de una comedia negra con tintes de thriller que gira en torno a la fuerte amistad que surge entre dos mujeres que se conocen en un grupo de apoyo para personas que han perdido a un ser querido.

Christina Applegate da vida a Jen, una viuda con dos hijos a la que le cuesta abrirse a los demás tras la muerte de su marido. Linda Cardellini es Judy, una mujer amable y necesitada de cariño que trata de superar su propia tragedia familiar. Aunque chocan al principio, Jen y Judy no tardan en convertirse en un apoyo imprescindible la una para la otra. Sin embargo, Judy oculta un oscuro secreto que amenaza con destruir su nueva amistad.

Y no necesitáis conocer más detalles. Los giros argumentales empiezan en el primer episodio y se suceden a lo largo de toda la temporada, construyendo una historia absorbente en la que la información se va desvelando de forma inteligente y sorprendente, transformando y manipulando el relato para que el espectador se vea obligado a cambiar sus conclusiones de un capítulo a otro. A medida que conocemos nuevos datos y asistimos al tenso (y divertido) desarrollo de los acontecimientos, nos vemos más inmersos en una historia que da mucho más de sí de lo que cabe esperar por su premisa limitada y la rapidez con la que avanza.

Muertos para mí fusiona con acierto el drama, la tragicomedia y el thriller en una historia sobre la pérdida, la amistad, la familia, el matrimonio y las apariencias en los suburbios. Por su trama y enfoque recuerda inevitablemente a la película de 2018 Un pequeño favor y series como Mujeres desesperadas o Big Little Lies, pero tiene personalidad propia, gracias sobre todo a sus dos excelentes protagonistas. Acompañadas de un estupendo reparto, del que destaca James Marsden (uno de los actores más infravalorados y desaprovechados de Hollywood), Applegate y Cardellini ofrecen las mejores interpretaciones de sus respectivas carreras. Su trabajo en la serie huele a nominaciones en la próxima temporada de premios.

Los diez capítulos de Dead to Me piden ser vistos de una o dos sentadas. No es una serie muy original, como tampoco revolucionaria, pero lo que hace, lo hace muy bien. Su retorcida trama engancha de principio a fin y deja con muchas ganas de una segunda temporada. Es imposible no involucrarse emocionalmente con la amistad de Jen y Judy, dos personajes femeninos complejos y fascinantes a los que queremos ver triunfar y cuya relación deseamos que sobreviva a pesar de todo. Servíos un vino blanco (o vuestro veneno de preferencia), acomodaos en el sofá, y cuando hayáis terminado la temporada, venid a contármelo todo. A la hora que sea, estoy despierto toda la noche.

Crítica: Zoolander 2

ZOOLANDER 2

Cuando Zoolander se estrenó en Norteamérica en 2001, no tuvo una acogida especialmente cálida. La película llegaba a los cines poco más de dos semanas después de los atentados del 11-S, y Estados Unidos aun no se había recuperado, todavía no tenía ganas de reírse. Zoolander no hizo mucha gracia en su momento, pero tuvo una segunda vida muy fructífera en DVD y televisión, convirtiéndose en una comedia de culto. Su sátira de la moda y sus personajes rematadamente estúpidos y ensimismados tardaron un poco en conectar con el público, pero cuando lo hicieron, se convirtieron en iconos, y la película una mina de chorradas, chistes absurdos y momentos quotable para la posteridad. Y entonces llegó la secuela… 15 años después.

Zoolander 2 es la continuación tardía de las surrealistas aventuras de los supermodelos Derek Zoolander (Ben Stiller) y Hansel (Owen Wilson), una película que toma todo lo que hizo especial a la primera, y lo reproduce sin su frescura y sin la puntería con la que satirizaba el mundo de la moda de alta costura en los 90. En esta década y media, los tiempos han cambiado y Ben Stiller (junto a sus tres co-guionistas, Justin Theroux, Nicholas Stoller y John Hamburg) insisten en desmitificar y ridiculizar (¿o no?) esa realidad alternativa de la high-fashion, que se ha bastado sola en la última década para convertirse en una autoparodia, haciendo innecesaria y redundante cualquier tipo de crítica hacia ella (por eso decía que, a ratos, no parece una sátira, sino simplemente una oportunidad para hacer publicidad y autobombo).

ZOOLANDER NO. 2

La premisa de Zoolander 2 es la siguiente: las superestrellas del mundo están siendo asesinadas una a una. Justo antes de morir, publican un selfie en Instagram reproduciendo la “mirada de acero azul” de Derek Zoolander. Esto lleva a la Interpol a sacar a Derek y a Hansel de sus respectivos retiros espirituales, para que acepten la misión de ayudar a la agente Valentina (Penélope Cruz) a resolver el caso en Roma. Cuando los dos ex-supermodelos regresan a la civilización, comprueban que el mundo ya no es el mismo que los vio subirse a la cresta de la ola. Su sensibilidad 90s choca con las tendencias actuales (los móviles tipo concha ahora se consideran minúsculos, por ejemplo), la alta costura ha sido invadida por influencers y hipsters, el género fluido ha dado el salto definitivo a la pasarela (Benedict Cumberbatch como el/la modelo superestrella All) y las redes sociales dictaminan las reglas de la fama. Stiller emplea estas ideas para realizar una crítica al narcisismo y la tontería del siglo XXI, pero fracasa por dos razones principales: no es del todo sincera, y ya se ha hecho hasta la saciedad.

Por otro lado, el elemento de acción y espionaje era uno de los aspectos más débiles de la película original, y aquí se eleva al cubo, cuando sigue sin funcionar. El problema de realizar una parodia de James Bond o similares es que, si no se hace con un mínimo de ocurrencia e inteligencia, puede acabar resultando en una película mecánica y hastiada. Y eso es exactamente lo que le pasa a Zoolander 2, que pretende divertir con su trama de misterio y conspiración, pero lo único que consigue es que su desarrollo resulte predecible y la espera hasta el siguiente paso de la historia se haga muy pesada. Es decir, el mayor crimen de Zoolander 2 es que, por momentos, llega a ser muy aburrida.

Y no, ni los cameos la salvan. Porque es cierto que una de las cosas que hacen que Zoolander 2 sea más llevadera es la expectación por ver quién será el siguiente famoso que aparecerá por la pantalla diciendo o haciendo alguna sandez. Pero ni los cameos ni los continuos guiños a la película original (que no van mucho más allá de la mera reproducción de frases famosas) constituyen comedia por sí solos. Es decir, que no basta con arrojar al espectador un montón de apariciones estelares (y no tan estelares) y referencias nostálgicas, sino que también hay que currarse un mínimo el guion. Mientras algunos invitados dan la talla (no los mencionaré para guardar el elemento de sorpresa), otros son muy desaprovechados o dan lugar a gags bastante poco inspirados (lo de Justin Bieber, que protagoniza el prólogo, es lo más fácil que se podía hacer, y de hecho ya se había hecho en una serie, C.S.I.). En definitiva, poca originalidad y mucha desgana.

ZOOLANDER No. 2

Zoolander 2 tiene sus momentos (la relación de Hansel con su orgía es un punto, Kristen Wiig divierte, aunque sea un chiste reiterativo andante, Will Ferrell no decepciona, y el clímax afortunadamente sube el listón), pero en general se trata de una película fallida a la que le cuesta encontrar su ritmo y deja caer sus (flojísimos) chistes a destiempo. Vamos a pasar por alto sus incursiones en el humor ofensivo y machista, porque lo identificamos como una provocación muy intencionada, incluso inocua (el problema no es que sea ofensiva, es que no sabe ser ofensiva con gracia). Pero no podemos ignorar el hecho de que Stiller y compañía han realizado una secuela muy desatinada, un refrito sin gracia que llega tarde a la broma y no es capaz de ponerse al día con los tiempos (lo que pasó hace poco con Dos tontos todavía más tontos). No le pedíamos demasiado, porque sabemos el tipo de comedia que nos propone (y nos gusta), pero no habría estado mal un poco más de ingenio y esfuerzo para evitar caer en las redes de la desidia. Nos lo han puesto a huevo: Zoolander 2 es una película pasada de moda.

Valoración: ★★

Crítica: La LEGO® película

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En 2009 Phil Lord y Christopher Miller sorprendieron a muchos con Lluvia de albóndigas (Cloudy with a Chance of Meatballs), original cinta de animación cuyo espíritu alocado y ritmo sobrecafeinado volvemos a encontrar en La Lego película (The Lego Movie), el nuevo proyecto de este interesante tándem creativo. La primera incursión cinematográfica (después de muchos y muy buenos videojuegos) de estos populares juguetes de construcción es todo un alarde de energía, creatividad e imaginación, un homenaje a aquellos que se atreven a salirse de la norma y tirar las instrucciones a la basura para crear y construir sus propios mundos de plástico. Este es sin duda el espíritu que promueve la compañía de juguetes, que con el tiempo ha sido redefinida por su estrecha relación con la cultura popular y el entusiasmo de los fans adultos, a los que va especialmente dirigida la película.

Con La Lego película, Lord y Miller proponen un ejercicio altamente paródico, incluso de deconstrucción (nunca mejor dicho) del blockbuster veraniego. Se lo pasan en grande riéndose de los tópicos más habituales del cine de acción y aventuras, y concretamente del de súper héroes, haciendo alusión constante y jocosa a motivos narrativos ineludibles como son los de “el elegido” y “la profecía“. Al igual que James Bobin hizo con el Walter de Los Muppets en 2011 (un teleñeco normal y corriente sin características distintivas ni talento especial), Lord y Miller colocan en el centro del relato a una figura básica de Lego. El optimista Emmet Brickowoski (voz original de Chris Pratt) es una abeja obrera dentro de un mundo cuadriculado de normas, un don nadie que por azar se convierte en héroe y se embarca en una aventura para salvar el Universo Lego y demostrarnos que cualquiera puede ser especial si cree que puede serlo -“Sé que eso parece sacado de un póster de gatos, pero es cierto”, dice elocuentemente Vitruvio, interpretado por Morgan Freeman en la versión original.

La Lego Película Póster EspañolEs verdad que, a pesar de los constantes guiños al adulto y la autoconsciencia que se respira de principio a fin (léase: la genial cita del párrafo anterior), el desarrollo de La Lego película es al fin y al cabo tan convencional y previsible como el de cualquiera de las películas que homenajea, y como el del 99% del cine de animación comercial que se hace hoy en día. Claro que esto no llega a ser un problema muy grave, puesto que el bombardeo constante de chistes (brillantemente absurdos, inteligentemente bobalicones) y el desenfreno de la aventura no nos da un solo segundo de tregua. Además de ser una desternillante comedia de acción, La Lego película supone una experiencia visual anfetamínica para pequeños y mayores. Es imposible apartar la mirada, y es poco recomendable parpadear demasiado, puesto que se perdería de vista la increíble labor de detallismo que convierte cada fotograma en una verdadera obra de ingeniería. La animación por ordenador, que parece imitar la técnica stop-motion, reproduce con tal nivel de perfección la textura y las leyes físicas de las piezas de Lego que nos vemos obligados a creer que este universo existe, y que estos juguetes cobran vida cuando no se les mira, al más puro estilo Toy Story.

La Lego película es solo una “pequeña” muestra de las infinitas posibilidades que brinda el crisol de referentes pop del Universo Lego (esperad muchas secuelas). Esta demencial aventura incorpora iconos de varias franquicias, que se unen al grupo de personajes creados específicamente para la película. Así, entre otros cameos que no desvelaré para preservar el factor sorpresa (aviso: no esperéis nada de Marvel, obviamente), destaca la importante presencia del mismísimo caballero oscuro. Este Batman de Lego, una visión descacharrante e irreverente del solemnísimo héroe de DC, es uno de los mayores aciertos de la película, y el indicio más claro de que estamos ante una sátira muy bien diseñada (El hombre de acero no se queda lejos tampoco). En lugar de verse limitados por la restricción en el movimiento y el carácter prediseñado de los juguetes Lego, Lord y Miller aprovechan al máximo las posibilidades cómicas que estos ofrecen. Y siguiendo su propio consejo, descartan las instrucciones y levantan un espectacular mundo de fantasía a base de ingenio desbocado y pasión, tal y como lo haría un niño.

Valoración: ★★★★