La LEGO Película 2: Todo sigue siendo fabuloso

Phil Lord y Christopher Miller, los prolíficos creadores de Lluvia de albóndigas, Infiltrados en clase y más recientemente productores de la revolucionaria Spider-Man: Un nuevo universo sorprendieron al mundo en 2014 con La LEGO Película, genial aventura animada que demostró que se puede hacer buen cine basado en marcas de juguetes. Con el ritmo acelerado y el humor autoconsciente que caracteriza a los trabajos de Lord y Miller, la primera LEGO película conquistó al mundo entero, y su secuela no tardó en anunciarse.

Ha tardado unos años en llegar, pero La LEGO Película 2 ya está aquí. En esta nueva entrega volvemos a vernos las caras con los héroes de LadriburgoEmmet, Lucy, Unikitty, el astronauta Benny y, por supuesto, Batman, la verdadera estrella de la primera película. Han pasado cinco años desde que la pandilla salvó su ciudad del Apocalipsis, y ahora, los ciudadanos de Ladriburgo se enfrentan a una nueva amenaza: invasores LEGO DUPLO provenientes del espacio exterior. Emmet y sus amigos deberán emprender un viaje a través de la galaxia inexplorada para detener la destrucción de su mundo a manos de los extraterrestres, encontrando en su camino nuevos aliados y enemigos que pondrán a prueba su valentía y sus relaciones.

Mike Mitchell (Sky HighTrolls) releva a Miller y Lord como director, mientras ellos permanecen en el control creativo de la secuela, de la que han escrito el guion. Después de la primera película, y los sucesivos spin-offs centrados en Batman y Ninjago, la frescura y la originalidad de la franquicia han disminuido. En La LEGO Película 2 ya no hay factor sorpresa, pero sigue habiendo muchas ganas de divertir y hacer reír, y toda la energía y la creatividad de la saga está intacta. Salta a la vista que la secuela no es un mero trabajo de extensión comercial de franquicia. Miller y Lord se han empleado a fondo para hacer una buena comedia y construir una historia con enjundia, una continuación con sentido (y sensiblidad) para sus personajes.

El ingenio de La LEGO Película 2 no tiene fin. Lo comprobamos en los nuevos escenarios con los que la franquicia se sume en el puro sci-fi distópico: principalmente un divertidísimo erial post-apocalíptico a lo Mad Max y un espacio exterior de desbordante y colorido estilo visual, con el que se introduce la marca LEGO DUPLO (orientada a los más pequeños) de la forma más inteligente. Por lo demás, la segunda parte conserva lo que hizo que la primera conquistase a espectadores de todas las edades: chistes y diálogos brillantes en su surrealismo meta, cameos para gozar, acción trepidante, una animación deslumbrante (es increíble la expresividad que se puede sacar de personajes con un movimiento tan limitado) y un bonito mensaje familiar (en este caso fraternal) que unifica todo con un lazo emocional y nos indica que, efectivamente, la película nos quiere contar algo.

Aunque se excede en el número de canciones (todas ocurrentes, eso sí), que la convierten oficialmente en un musical (muy a pesar de sus protagonistas, que se quejan constantemente de ello), La LEGO Película 2 da en la diana y se erige como una secuela más que digna, evitando el estancamiento y mejorando además algunos aspectos de la original, como el tratamiento de sus personajes femeninos y las escenas en acción real protagonizadas por humanos (Maya Rudolph sustituye a Will Ferrell y, como de costumbre, lo borda). En cuanto a los personajes de la primera entrega, Emmet y Lucy experimentan una evolución que pocas veces se ve en el cine de animación familiar y Batman sigue siendo el mismo robaescenas descacharrante. Mientras que los nuevos ejercen un contrapunto muy interesante con ellos, ayudándolos a ver las cosas de otra manera y crecer.

Como decía, la novedad ha desaparecido, pero Miller y Lord han sabido compensarlo con un guion sólido, lleno de giros, autorreferencias y esa locura optimista e hiperactiva que los diferencia de otros productos animados más convencionales y hace de esta franquicia una fiesta constante. La LEGO Película 2 nos dice con entusiasmo y convicción que la animación es la vía perfecta para dar rienda suelta la creatividad (mensaje muy acorde a la marca que celebra) y demostrar que no hay límites a la imaginación.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Batman La LEGO Película

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Parece mentira, pero La LEGO Película acabó siendo una de las mejores cintas de animación de 2014, y en general una de las más gratas sorpresas cinematográficas de ese año. Mientras esperamos la “LEGO secuela”, el mismo equipo detrás de aquella alocada aventura ambientada en el mundo de las famosas piezas de construcción, nos trae Batman la LEGO Película, spin-off dirigido por Chris McKay y producido por Phil Lord y Christopher Miller, que nos da la bienvenida al universo superheroico de DC Comics en su versión más autoparódica y, paradójicamente, menos cuadriculada. Los superhumanos de DC ya formaron parte de la primera LEGO Película, así que es lógico que Batman, el Joker y los demás icónicos héroes y villanos de la editorial pasen a primer plano para protagonizar su propia historia. Pero como es obvio, los de esta película nada tienen que ver con las encarnaciones en acción real que hemos visto hasta ahora en el serio y oscuro Universo Extendido de DC.

Batman (doblado en su versión original por Will Arnett) fue el gran robaescenas de La LEGO Película. Ahora, esta versión exagerada y cómica del Hombre Murciélago vive su propio viaje personal, en el que profundizamos en la identidad del personaje (“un héroe con nombre y máscara de villano”) más de lo que cabía esperar. Claro que este Batman es muy diferente al que han llevado a la gran pantalla Michael Keaton, Christian Bale y Ben Affleck, una proyección aumentada y extremadamente autoconsciente, un Batman egocéntrico y narcisista hasta el paroxismo, y con inclinación a expresarse rapeando hard rock (no le deis más vueltas, claro que tiene sentido). A pesar de esto, Batman La LEGO Película se las arregla para llevar a cabo una exploración de este icono de los cómics más interesante, con más aristas y más lógica interna que la que nos encontramos en Batman v Superman (algo que no era muy difícil, pero que merece mención), respetando el material de DC y entendiendo mejor al personaje.

En Batman La LEGO Películael millonario Bruce Wayne disfruta de una vida de lujo y exceso, aderezada por la gloria que le supone ser en secreto el superhéroe más famoso de Gotham. Sin embargo, cuando la hija del comisario Gordon releva a su padre como jefe de la policía, esta desvelará una gran verdad que sacudirá sus cimientos: Batman nunca acaba con sus enemigos definitivamente, todos vuelven, y por tanto, el nivel de criminalidad de la ciudad nunca baja. Este jocoso detalle autorreferencial es el punto de partida para una aventura en la que Batman tendrá que enfrentarse al Joker y su retorcido plan para liberar a los villanos más peligrosos que se encuentran encerrados la Zona Fantasma, personajes malvados de otras sagas (la mayoría propiedad de Warner Bros.) que dejan a los de Gotham en evidencia y hacen que la película alcance niveles de crossover capaces de hacer cortocircuitar a fanboys y fangirls de cualquier edad ([Posible spoiler] Harry Potter, Godzilla, Matrix, Doctor Who, King Kong, El Mago de Oz, Gremlins y DC, todos mezclados en la misma historia = NERDGASM [Fin del posible spoiler]).

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Batman La LEGO Película hace gala del mismo ritmo espídico y tono hiperactivo y tontorrón de su predecesora. Los chistes y gags visuales se suceden con tal velocidad que 1) es muy fácil perderse muchos la primera vez, y 2) puede llegar a saturar y hacer que el humor acabe resultando repetitivo. Dejando esto a un lado, Batman LEGO es un gran triunfo a todos los niveles: es una comedia divertidísima, una cinta de acción espectacular, una parodia muy inteligente, una película de superhéroes ejemplar, y la mejor entrega de Batman y DC desde El Caballero Oscuro (que de nuevo, no es decir mucho, pero hay que decirlo).

Pero sobre todo, y como adelantaba antes, se trata de una exploración del mito de DC mucho más completa de lo que cabía esperar de una película hecha a base de ladrillos de juguete. El conflicto central de Batman LEGO es la superación de la propia personalidad solitaria e independiente del Hombre Murciélago, que le ha llevado a convertirse en un individuo frío y recogido en sí mismo, un hombre egoísta que no necesita a nadie más para llevar a cabo su cometido. Ni siquiera a su archinémesis, el Joker, que herido en el corazón por la indiferencia de su enemigo hacia sus fechorías decide poner en marcha su maquinación para conquistar Gotham (y reconquistar a su enemigo). Este es uno de los aspectos más hilarantes de la película, la dinámica Batman distante-Joker despechado, abordada cómicamente (pero nunca de manera ofensiva) como si se tratara de una relación romántica. Pero serán los viejos amigos (Alfred) y los nuevos aliados (Barbara Gordon y Robin) los que le ayuden a darse cuenta de lo importante que es aprender a trabajar con los demás, idea con la que la película enarbola un emotivo mensaje de celebración de la familia elegida (es decir, los amigos), especialmente importante para Batman y Robin, que tienen en común haber crecido sin la biológica.

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Por supuesto, todo está envuelto en un aire de guasa que invita a no tomarnos demasiado en serio la película, pero que esto no nos haga obviar algo importante: un guion y una construcción de personajes que ya quisieran para ellos Zack Snyder o David Ayer. Y es que además de hacer reír y asombrar/marear como el mejor de los blockbusters y el cine familiar más infalible, Batman LEGO realiza una muy oportuna e irreverente metarreflexión sobre el género con la que se ríe de forma cómplice de las convenciones del cine de superhéroes y en concreto de la historia audiovisual de Batman (algo parecido a lo que hizo recientemente Deadpool, con “audiocomentario” desgranando el proceso de creación de una película, pero en su versión para todos los públicos) mientras divierte con una ametralladora de referencias, guiños (alguno disparado a la competencia) y cameos que harán las delicias de los fans de DC, y del cine y los cómics en general.

Aunque no llega (por poco) al nivel de La LEGO Películaesta nueva entrega de Batman ha resultado ser mucho más que un subproducto. Tan cuidada en el aspecto visual como la primera (esas increíblemente realistas texturas de plástico, esa gloriosa animación que simula la técnica del stop-motion sin fisuras, ese diseño de producción que nos deja una Gotham y una Batcueva para babear), y con el mismo tipo de humor desenfadado, absurdos momentos musicales y una tendencia más progresista reflejo de la evolución del cine mainstream (Batman celebra ante la audiencia que su relación con Batgirl es solo amistosa), Batman La LEGO Película supone un irresistible delirio pop que nos deja con ganas de otras aventuras LEGO/DC. En especial una centrada en ese cretino de Superman, doblado en su versión original por Channing Tatum (se da por sentada), y sobre todo otra para seguir disfrutando del mejor personaje de la película: Robin.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Ninja Turtles – Fuera de las sombras

TEENAGE MUTANT NINJA TURTLES: OUT OF THE SHADOWS

La primera Ninja Turtles, estrenada con éxito de taquilla en 2014, era todo lo que cabe esperar de una superproducción made in Michael Bay: acción exagerada, efectos digitales a porrillo, humor pueril, agresivo product placement y objetificación de la mujer. Pero cumplía una regla de oro de los blockbusters estivales: proporcionar pura evasión y entretenimiento. Que sí, que se podría haber hecho un producto más cuidado, responsable o ingenioso, pero la película tampoco engañaba a nadie, se ofrecía como pasatiempo para apagar el cerebro y dejarse llevar. En este sentido, Ninja Turtles lograba su propósito, y su secuela, Ninja Turtles: Fuera de las sombras sigue en la misma línea, solo que esta vez, como mandan las reglas del blockbuster, la acción es más grande, el reparto más numeroso y la amenaza a la que se enfrentan los héroes más apocalíptica.

Ninja Turtles: Fuera de las sombras vuelve a estar orientada a los más pequeños de la casa. Es más, en esta ocasión la franquicia abraza con más fuerza todavía su naturaleza de cartoon noventero (u ochentero)Fuera de las sombras es, a casi todos los efectos, un largometraje de animación que reproduce el espíritu de los dibujos -la acción tontorrona, el humor estúpido, las tramas arquetípicas-, pero con el habitual ritmo espídico y el tono épico del blockbuster actual. Y es que, además de rendir ese tributo modernizado a los dibujos de nuestra infancia, Fuera de las sombras se construye a imagen y semejanza de las películas de superhéroes que dominan el panorama estos días. La primera película ya presentaba a las Tortugas bajo el prisma superheroico, pero esta insiste aun más en el conflicto del justiciero que salva el mundo ocultando su verdadera naturaleza, e incluso reproduce el esquema marveliano, con tres actos que recuerdan inevitablemente a Los Vengadores y un clímax sacado directamente de la película de Joss Whedon. Y lo cierto es que, aunque carezca de cualquier atisbo de originalidad, no se maneja mal del todo con el género.

El argumento de Ninja Turtles: Fuera de las sombras es lo de menos. Lo importante es saber que la secuela introduce a viejos conocidos del universo TMNT que se quedaron fuera de la primera entrega: los descerebrados Bebop y Rocksteady (los peores secundarios de un blockbuster junto a Jar Jar Binks y los coches “gemelos” de Transformers, Skids y Mudflap) y el icónico villano Krang, que toma el relevo de Shredder (también presente) como la mayor amenaza a derrotar por las Tortugas. En el apartado humano también hay nuevas incorporaciones, Casey Jones, el justiciero patinador que interpreta (con cierta gracia) Stephen Amell (Arrow) y la jefa de la policía Rebecca Vincent, mala-que-en-realidad-no-es-mala interpretada por la actriz comodín que estaba libre en ese momento, Laura Linney. Retoman sus papeles originales Will Arnett como Vernon Fennwick, convertido en un chiste recurrente con patas, y Megan Fox como April O’Neil, que esta vez parece pasárselo un poco mejor haciendo la película, seduciendo, dando saltos (pero no le pidas que luche, que es una señorita y para eso están los hombres) y ofreciéndose como carnaza para pre-adolescentes salidorros. Sin embargo, los protagonistas siguen siendo las Tortugas (de nuevo, creaciones CGI fluidas y excelentemente integradas en los escenarios), cuyos diferentes caracteres y relaciones se desarrollan un poco más en esta secuela, a partir del obligatorio cisma que se produce entre ellos (como dictan los cánones comiqueros).

TEENAGE MUTANT NINJA TURTLES: OUT OF THE SHADOWS

El desconocido Dave Green toma el relevo de Jonathan Liebesman como director intercambiable de la franquicia (que podría tener los días contados después de su batacazo en la taquilla estadounidense) y lleva a cabo un espectáculo digital de acción colorista, frenética y mareante, evidentemente confeccionada para su “lucimiento” en 3D. Si uno aguanta los artificiales movimientos de cámara que hacen que parezca que estamos jugando al Sonic en vez de viendo una película, tiene muchas posibilidades de disfrutar Ninja Turtles 2, un producto hecho para el consumo rápido, que no viene mal de vez en cuando. Porque aunque se le podrían reprochar muchas cosas más, al final esta película no es más que una chorrada inofensiva totalmente consciente de su naturaleza casposa (es como la nueva Howard, un nuevo héroe. En serio). Ninja Turtles: Fuera de las sombras no solo sabe lo tonta que es, sino que se regodea en ello, encadenando sin complejos chistes dolorosamente malos entre sinsentidos narrativos y agujeros gigantescos. Se esfuerza (demasiado) en ser cool, y provoca el efecto contrario (cuidado con el lamentable doblaje español, debuti incluido, que hará que la vergüenza ajena aumente), pero es que le da exactamente igual, no le importa quedar como el tonto de la clase, siempre y cuando sus bufonadas nos diviertan, y por tanto a vosotros tampoco debería preocuparos, sobre todo si estáis repitiendo después de haber visto la primera y sabéis a lo que vais.

Entre sonrojantes juegos de palabras, efectos vistosos y divertidos y ruidosos set piecesNinja Turtles: Fuera de las sombras desempeña con soltura su misión principal: darnos una aventura desenfadada y nostálgica que hace las veces de dibujos para merendar. Y nada más. Se recomienda su visionado comiendo un bocadillo de Nocilla para completar la experiencia.

Pedro J. García

Nota: ★★★

‘The Ranch’ y ‘Flaked’: La universalización de Netflix

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Cuando Netflix empezó a desarrollar producción propia hace unos años se postuló como la nueva rival de HBO. Sus primeras ficciones revolucionaban el panorama catódico por la forma en la que se ofrecían (temporadas completas de una vez, algo que ya nos resulta completamente natural, y en Internet), pero no solo eso, sino que eran productos de calidad, como House of Cards, que bien podría haber aterrizado en la Home Box Office y Orange Is the New Black, que encajaría perfectamente en su prima pequeña, Showtime. También desde el principio hubo series peores, pero incluso Hemlock Grove parecía nacer como respuesta a otra serie de HBO, True Blood.

Con el tiempo, la plataforma ha ampliado considerablemente su oferta de ficción propia (casi todos los viernes tenemos algún estreno ya), y con cada serie que estrena va dejando más claras sus intenciones: Netflix no quiere ser la nueva HBO o la nueva Showtime. Netflix quiere ser todas las televisiones en una (y también todos los cines en uno). Pero antes de empezar a ofrecer series y películas que lo demostrasen, nos tenía que enganchar generando dramas aclamados y multipremiados. Una vez establecida, lo que ha hecho ha sido reproducir en sus series propias lo mismo que ya llevaba haciendo desde el principio con su fondo de catálogo: dirigirse a todos los tipos de público. Así, en el último año y medio hemos visto a Netlix convertirse en NBC (Unbreakable Kimmy Schmidt), casarse con Marvel (DaredevilJessica Jones), replicar a Comedy Central y la Fox animada (BoJack HorsemanF Is for Family), buscar su propio Louie (Master of None), y pronto la veremos resucitando a la WB (Gilmore Girls).

El siguiente paso era adoptar la identidad de CBS, concretamente la de las sitcoms enlatadas que aun siguen triunfando en esa cadena. Y 2016 ha sido el año en el que Netflix ha decidido apelar también al público que va buscando este tipo de ficciones de usar y tirar. Movida por la nostalgia y el ansia del reboot, nos trajo Madres forzosas, con la que nos trasladamos directamente a los 90, como si el tiempo no hubiera pasado (ya la puse a caer de un burro aquí). Y unos meses después aterriza en su plataforma otra comedia de situación noventera, The Ranch, que nos devuelve a dos viejos amigos, Ashton Kutcher y Danny Masterson (juntos durante siete años en That ’70s Show, que hace poco también se incorporó al catálogo de Netflix España). The Ranch es la prueba definitiva de que no podemos acercarnos a la oferta de Netflix como hacemos con HBO. Que sea una serie de Netflix no quiere decir que sea de visión obligada para el seriéfilo que ve todo lo que sale de la cadena de Los Soprano, sino que hay que fijarse más en el tipo de producto que es y el tipo de público al que va dirigido.

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Por lo tanto, Netflix está universalizando sus contenidos, pero esto viene a costa de sacrificar (voluntariamente) la calidad en muchos casos. La plataforma no solo quiere producir quality television, no quiere ser televisión de nicho, porque no nació para eso, sino que también quiere un trozo del pastel en el negocio de las series baratas para un público más general. Y The Ranch es una serie muy barata (al menos en apariencia), y muy genérica, un descarte de network adaptado para Netflix. Es decir, una comedia grabada en estudio que incorpora risas enlatadas (de las más falsas que vais a oír) y decorados de cartón piedra pobremente iluminados que limitan considerablemente la acción: los actores no se pueden mover mucho, porque se vería el set de al lado, y en muchas ocasiones la acción tiene que transcurrir fuera de campo, lo cual da una sensación de falseamiento más grande de lo normal.

The Ranch cuenta la historia de un ex jugador de fútbol americano fracasado (Kucher) que regresa al rancho de su padre 15 años después de “abandonarlo” para trabajar en él y ayudarlo a mantenerlo a flote en tiempos de crisis. Producida por Don Reo (Blossom, Dos hombres y medio), y sus dos actores protagonistas, The Ranch es una serie rancia y apagada, huele a naftalina, y resulta deprimente, pero no en el buen sentido. La particularidad que la separa del resto de sitcom enlatadas es que aquí no hay censura. Eso en un principio podría resultar atractivo, incluso revolucionario, pero una vez te acostumbras, no quiere decir nada: The Ranch es como Dos hombres y medio, con la diferencia de que escuchamos unos cuantos “fuck” en cada episodio y le podemos ver el culo a Ashton Kutcher. Y seamos sinceros, la comedia de CBS colaba cosas mucho más escandalosas, con censura y todo. Al final, esa novedad importa poco, y lo que queda es una comedia noventera de las de siempre, con una diferencia que sí afecta al conjunto: siguiendo la tendencia de Netflix a estirar la duración “institucional” de las series, sus episodios alcanzan la media hora, lo cual resulta excesivo para una ficción de esta naturaleza.

Otra de las características que la separan de CBS y la acercan a (lo que entendemos como) la “marca Netflix” es que tiene un poso dramático mayor de lo habitual. Los padres de los protagonistas, interpretados por Sam Elliott y Debra Winger, se encargan de ocupar este frente, con una relación que nos deja las escenas más serias (aunque nunca llegan a ser todo lo emotivas que pretenden). Por lo demás, The Ranch no es más que una nueva plataforma para que Ashton Kutcher siga en activo, un producto que más que una serie es una excusa para que él y (sobre todo) su amigo puedan seguir pagando las facturas. Es decir, un revival disfrazado (y fallido) de That ’70s Show, en el que Kutcher y Masterson interpretan a Kelso y Hyde otra vez, pero con la mitad de gracia (no creo que sepan hacer otra cosa) y Sam Elliott hace las veces de Red. Además, por si todo esto fuera poco, The Ranch es una de esas series que no sabes si simplemente está retratando personajes machistas, republicanos recalcitrantes, pro-armas, pro-caza, y homófobos, o en realidad está siendo todas esas cosas de verdad (voy a pensar que es lo primero, que no merece la pena ofenderse con una serie así). En definitiva, The Ranch no es para mí, y no tiene por qué ser para ti, aunque sea de Netflix. Claro que si lo es, adelante, disfrutadla, para eso la han hecho.

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Por otro lado, la “cadena” también ha estrenado recientemente Flaked, dramedia de media hora producida por Mitch Hurwitz y protagonizada por Will Arnett. Pero cuidado, que la serie no tiene absolutamente nada que ver con Arrested Development, a pesar de compartir actor y creador. Flaked se adscribiría más bien al tipo de serie generacional que lleva haciendo HBO, Showtime o FX desde hace unos años, sobre personas que se niegan a madurar y boicotean su felicidad y la de las personas que los quieren (un género en sí mismo). Su argumento, tono y estilo recuerdan inevitablemente a Californication, pero Will Arnett no es David Duchovny (aunque él seguro que piensa que sí, porque hay que ver cómo se quiere el muchacho), y la serie no tiene ni un ápice del carisma que tenía la de Showtime (que tampoco era la repera, así que haceos una idea).

Flaked no cuenta nada nuevo, y lo que es peor, nada realmente interesante. La serie narra la vida de Chip (Arnett), un hombre de 45 años que vive en Venice, California (la localización es tan importante o más que los personajes), alcohólico reformado que causó la muerte de un chico en un accidente diez años atrás, y con una imagen muy cuidada al que todos acuden para socializar y pedir consejo. Pero Chip no tiene su vida en orden y vive en una mentira, está estancado (como su amigo, solo se fija en las de veintitantos), su negocio se hunde (fabrica taburetes, pero lleva siglos sin vender uno), se ha enamorado del objeto de deseo de su mejor amigo, y la botella de whisky que guarda en la nevera empieza a tentarle. En realidad, hasta el cuarto episodio (de ocho), Flaked no va de nada, solo de un hombre que se pasea en bici por la ciudad (atención al opening, el más horrible que vais a ver en mucho tiempo), pero conforme avanza, las tramas van mejorando y los personajes se van definiendo, hasta que un giro de argumento hace que la cosa se ponga más interesante.

Aunque no lo suficiente. Flaked no deja de resultar anodina en ningún momento. Es una serie que tiene poco que ofrecer, que es mejor cuando busca la coralidad y retrata la vida en Venice que cuando profundiza en la existencia de su protagonista (cuanto menos tengamos que aguantar la presuntuosa interpretación de Arnett, mejor), pero que, aunque acaba tomando forma, sigue sin darnos razones de peso para existir. Más allá probablemente de que Netflix haya pensado que sea para un segmento de su público al que aun no había atendido, como los fans de Will Arnett (¿pero eso existe?) o los que quieren aun más series sobre hombres imperfectamente atractivos y treinta-cuarentañeros fracasados. Como Netflix sabe, tiene que haber de todo para todos.

BoJack Horseman: Caballo a meta

BoJack Horseman

“Life is a series of closing doors, isn’t it?”

A Netflix la conocemos básicamente por cambiar por completo el panorama televisivo norteamericano, por ser la cadena plataforma de VOD que nos ha devuelto a la familia Bluth y por generar éxitos de producción propia como Orange Is the New BlackHouse of Cards. Pero en su breve trayectoria como competidora de las ficciones de cable ya ha tenido tiempo de incluir en su catálogo alguna joya oculta que pide a gritos ser descubierta y reivindicada. Es el caso de BoJack Horseman, comedia de animación creada por el prácticamente desconocido Raphael Bob-Waksbergt y protagonizada por un elenco de voces de primera, en su mayoría habituales de la comedia televisiva de culto, como Will Arnett, Alison BrieAmy Sedaris, o el culo inquieto Aaron Paul, que en su búsqueda de nuevos retos artísticos tras Breaking Bad participa también en la producción ejecutiva junto a Arnett.

A primera vista, BoJack Horseman es fácilmente catalogable como una más de esas series animadas feístas para adultos sin nada verdaderamente nuevo que ofrecer. Y si nos detuviéramos tras ver sólo el primer episodio, esa aseveración sería más que justa y merecida. Dejadme que lo diga sin rodeos (pero sin ordinarieces): el piloto de BoJack Horseman es puro desecho fecal de caballo. Es como Padre de familia en horas bajas, que ya es decir. Media hora de chistes descartados de Seth MacFarlane y un nefasto sentido del ritmo de la comedia. Claro que estamos hablando de Netflix, la cadena que estrena las temporadas de sus series íntegras, así que tenemos la garantía de que alguien hará maratón, se la fundirá en un fin de semana, y nos dirá: no tiréis la toalla, después del primer episodio mejora, y mucho. Yo mismo puedo atestiguarlo después de mi finde de binge-watchingBoJack Horseman empieza mal, pero mejora con cada capítulo, y aunque todavía le queda mucho por pulir, definitivamente merece la pena darle una oportunidad.

“Family is a sinkhole, you were right to get out when you had the chance”

Ambientada en una realidad en la que conviven en armonía humanos y animales antropomorfos, “dibujada” al estilo descuidado de los cuentos para niños y con animación de “recortes de papel” (la estética corre a cargo de Lisa Hanawalt), BoJack Horseman cuenta la historia de un actor de televisión que vive de las rentas, un caballo famoso que protagonizó una sitcom familiar de éxito en los 90, Horsin’ Around, y se propone escribir una autobiografía para salir del hoyo de ociosidad y vacío existencial en el que se encuentra. Para redactar las memorias, Horseman (Arnett) contrata, asesorado por su agente y ex amante, la gata Princess Carolyn (Sedaris), a una escritora fantasma, Diane (Brie). Los doce episodios que componen la primera temporada son un recorrido por la vida de BoJack, en el que sus miserias y trapos sucios son aireados a la vez que afloran los traumas de una infancia desdichada, lo que contribuye a estrechar la relación entre el caballo y su ghost writer. BoJack Horseman es sobre todo una sátira psicotrópica de Hollywood, la celebrity culture (parodia de Lindsay Lohan incluida) y la industria televisiva en Estados Unidos, una serie que sigue la tradición de la comedia animada posmoderna y se entrega por completo a lo meta. Sin embargo, bajo su fachada de cínico humor autorreflexivo, suspicaz comentario social (“Si repites algo muchas veces acaban interiorizándolo, el sistema funciona”) y su aire hipster (no hay más que ver la psicodélica cabecera de The Black Keys o la canción final de Grouplove) encontramos un profundo relato sobre la depresión, la crisis de madurez y el vacío de la vida moderna.

Bojack Diane

El mayor hallazgo de BoJack Horseman es haber conservado las particularidades del comportamiento de los animales, que en contraste con las idiosincrasias del ser humano provocan auténticos momentos de humor inteligente y absurdo a partes iguales, así como gags visuales de primera: Princess Carolyn se desplaza a saltos, se bufa y cae siempre sobre las cuatro patas, hay una rana ayudante de producción a la que se queda todo pegado en las manos, una señora armadillo que se hace bola a punto de ser atropellada, o el divertido secundario, Mr. Peanutbutter, un perrito faldero enemistado con su cartero, como es natural. Por otro lado, en este contraste también reside el aspecto más provocativo y transgresor de la serie, lo que la acerca más a South Park: la zoofilia representada como acto natural según las normas de su universo, y que nos permite ver a una chica humana en la cama con un caballo.

Pero lo que hace que BoJack Horseman se distinga realmente de sus referentes y contemporáneas es la acusada serialidad con la que se desarrolla la primera temporada. En este sentido, se aproxima más a lo que están haciendo series como Hora de aventurasRick and MortyBoJack Horseman presenta arcos de temporada aglutinantes, los acontecimientos de un episodio afectan directamente al siguiente, personajes secundarios reaparecen para continuar tramas que parecían episódicas (Margo Martindale, el proyecto de Eva Braun con Cate Blanchett), las flamantes voces invitadas repiten a lo largo de la temporada (Stanley Tucci, Kristin Chenoweth, Olivia Wilde, Yvette Nicole Brown, Naomi Watts); en ocasiones, los capítulos retoman la acción justo donde la dejó el final del anterior, y la evolución de los personajes es constante -destaca Todd (Paul), que apenas tiene peso en los episodios, pero su personaje se desarrolla muy hábilmente al fondo, desvelando sus talentos, miedos y preocupaciones a medida que avanza la temporada. Y por supuesto, no faltan los abundantes running gags (Secretariat). Todo ello compone un relato televisivo muy edificante, una serie que va añadiendo capas, perfeccionando su humor sobre la marcha, y recompensando capítulo tras capítulo, mientras la tristeza se apodera del espectador casi sin que éste se dé cuenta.

Crítica: Ninja Turtles

TEENAGE MUTANT NINJA TURTLES

La cultura popular, hoy lo vemos más que nunca, es claramente cíclica y basada en la retroalimentación. Este año en especial hemos celebrado infinidad de aniversarios televisivos, el vinilo ha registrado en 2014 su mayor número de ventas desde los 90, incluso el cassette vuelve a estar de moda. ¿Por qué, si es feo, impráctico y no da calidad de sonido? Pues porque Peter Quill ha logrado que vuelva a ser guay (aunque para ser justos, muchas bandas de música llevan varios años practicando el nuevo culto al formato). Y atención, porque se acerca el inminente 30º aniversario de Regreso al futuro. Pero antes, este año también celebramos el 30º aniversario de las Tortugas Ninja, que nacieron en las páginas de un cómic en blanco y negro en 1984, creado por Kevin Eastman y Peter Laird. Las Teenage Mutant Ninja Turtles regresan al cine para festejarlo con Ninja Turtles (título oficial en España), un espectáculo pirotécnico que lleva el sello Michael Bay, pero que, sorpresa, es mucho mejor que las últimas tres Transformers juntas (sí, lo sé, tampoco era muy difícil).

Empecemos por el principio. Aunque Eastman y Laird crearon a las TMNT inspirándose de alguna manera en lo que estaba haciendo Frank Miller en los 80, lo rocambolesco de su historia (cuatro tortugas adolescentes y antropomorfas genéticamente alteradas que son criadas por una rata y se dedican a defender la ciudad enmascarados como justicieros superheroicos) contribuyó a que la franquicia se orientase pronto hacia los más pequeños. Primero en forma de serie animada y más tarde, ya a comienzos de los 90, con varias películas de acción real en las que las Tortugas cobraban vida gracias a la magia de la Jim Henson Company. Siempre (felizmente) asociadas a lo camp y con altas dosis de humor bobalicón y desenfadado (Cowabunga!), las Tortugas Ninja se instalaron en el imaginario de millones de niños, y a ellos precisamente es a los que va dirigida esta nueva película.

Producido por NickelodeonNinja Turtles es un film para todos los públicos, pensado especialmente para los más pequeños de la casa, y quizás sus hermanos preadolescentes. Por supuesto, la película es toda una orgía pop culture, y como tal, los adultos encontrarán el aliciente de reconocer referencias y marcadores cronológicos de los 80 y los 90 (también alguno de los 2000, porque la niñez de las tortugas se ha llevado a esa época para actualizar el relato) y volver a ver a sus héroes de la infancia en pantalla grande. Pero no nos engañemos, a grandes rasgos, Ninja Turtles es simple y llanamente una película infantil. Y lo más sorprendente es que, a pesar de ello, se han molestado en hacer algo más elaborado que la clásica combinación de slapstick tontorrón y humor caca-culo-pedo-pis. Ninja Turtles es claramente cine de usar y tirar, pero no por ello subestima en exceso a su público objetivo, esos niños que saldrán del cine pidiendo a sus padres que le compren a su tortuga favorita, Donatello, Rafael, Michelangelo o LeonardoNinja Turtles es en el fondo una película de animación, pero no una excesivamente infantiloide, sino una que recoge todas las tendencias del cine actual de acción y superhéroes, en un intento de dotar a esta historia de mayor vigencia y, en la medida de lo posible, sentido (y aún así, todavía hay adultos que se ríen de lo implausible que es todo y lo ridículo que les parece ver a cuatro tortugas gigantes haciendo artes marciales, ¡qué poco realista, mon dieu!).

TEENAGE MUTANT NINJA TURTLES

Por supuesto, el guión de Ninja Turtles es formulaico y predecible hasta decir basta (ese villano que hasta el más pequeño desenmascará nada más verlo y cuyas motivaciones son menos creíbles que la propia existencia de las Tortugas), pero evita en todo momento las largas secuencias de exposición y las soporíferas escenas de estrategia militar y protocolo gubernamental que suelen lastrar el cine de Bay -quizás debamos darle las gracias al director, Jonathan Liebesman, por des-bay-izar la película. En su lugar, lo que obtenemos es una colorista aventura de acción que, sin renunciar al tono épico (sobre todo en su tramo final) habitual en el cinecómic actual, se propone divertir sin mayores pretensiones, y sobre todo sin perder el tiempo -cuánto se agradecen esos 101 minutos de metraje. Las constantes meta-referencias a lo absurdo que es todo (casi todas procedentes de Will Arnett) amortiguan esa implausibilidad que hoy en día es un factor muy a tener en cuenta por los guionistas (como decía, el espectador adulto está de vueltas de todo, y hay que cuidarlo para que no salga espantado), las copiosas referencias a los superhéroes se suceden para distraer al adulto mientras el niño disfruta, y la historia de las Tortugas Ninja, aunque parezca mentira, es contada con claridad y un delicioso aroma a cachondeo, transformando con puntería lo ridículo en liviana pero efectiva comedia autorreflexiva.

Claro que Ninja Turtles adolece de otros síntomas del cine de aventuras actual: un abuso flagrante del lens flare, un insultante product placement (no falta cierta marca de pizza) equiparable al de la última Transformers (simplemente inaudito), un desarrollo clónico con respecto a otras cintas similares, y unas escenas de acción tan oscuras y confusas que será difícil distinguir lo que está ocurriendo en el plano. Sin embargo, este panteón a los 80/90 (literalmente, hay un panteón en la guarida de las Tortugas con VHS, boombox y demás artilugios prehistóricos) conjuga con acierto acción y comedia (la escena del ascensor, ¿el salto del burro?) y sobre todo, impresiona por su calidad técnica, especialmente en la creación de las Tortugas y Splinter, de las criaturas digitales más realistas (tanto que más de uno no aguantará la visión de la rata gigante), de textura más impresionante y mejor integradas del cine reciente. Tanto que Megan Fox, que da vida a la reportera April O’Neil, se ve obligada a actuar para no ser eclipsada por sus verdes compañeras. Nada que no solucione una buena dosis de objetivación sexual voluntaria, pero de la modalidad light (salto en trampolín y culo en pompa con jeans), que esto es para niños.

Valoración: ★★★

Crítica: La LEGO® película

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En 2009 Phil Lord y Christopher Miller sorprendieron a muchos con Lluvia de albóndigas (Cloudy with a Chance of Meatballs), original cinta de animación cuyo espíritu alocado y ritmo sobrecafeinado volvemos a encontrar en La Lego película (The Lego Movie), el nuevo proyecto de este interesante tándem creativo. La primera incursión cinematográfica (después de muchos y muy buenos videojuegos) de estos populares juguetes de construcción es todo un alarde de energía, creatividad e imaginación, un homenaje a aquellos que se atreven a salirse de la norma y tirar las instrucciones a la basura para crear y construir sus propios mundos de plástico. Este es sin duda el espíritu que promueve la compañía de juguetes, que con el tiempo ha sido redefinida por su estrecha relación con la cultura popular y el entusiasmo de los fans adultos, a los que va especialmente dirigida la película.

Con La Lego película, Lord y Miller proponen un ejercicio altamente paródico, incluso de deconstrucción (nunca mejor dicho) del blockbuster veraniego. Se lo pasan en grande riéndose de los tópicos más habituales del cine de acción y aventuras, y concretamente del de súper héroes, haciendo alusión constante y jocosa a motivos narrativos ineludibles como son los de “el elegido” y “la profecía“. Al igual que James Bobin hizo con el Walter de Los Muppets en 2011 (un teleñeco normal y corriente sin características distintivas ni talento especial), Lord y Miller colocan en el centro del relato a una figura básica de Lego. El optimista Emmet Brickowoski (voz original de Chris Pratt) es una abeja obrera dentro de un mundo cuadriculado de normas, un don nadie que por azar se convierte en héroe y se embarca en una aventura para salvar el Universo Lego y demostrarnos que cualquiera puede ser especial si cree que puede serlo -“Sé que eso parece sacado de un póster de gatos, pero es cierto”, dice elocuentemente Vitruvio, interpretado por Morgan Freeman en la versión original.

La Lego Película Póster EspañolEs verdad que, a pesar de los constantes guiños al adulto y la autoconsciencia que se respira de principio a fin (léase: la genial cita del párrafo anterior), el desarrollo de La Lego película es al fin y al cabo tan convencional y previsible como el de cualquiera de las películas que homenajea, y como el del 99% del cine de animación comercial que se hace hoy en día. Claro que esto no llega a ser un problema muy grave, puesto que el bombardeo constante de chistes (brillantemente absurdos, inteligentemente bobalicones) y el desenfreno de la aventura no nos da un solo segundo de tregua. Además de ser una desternillante comedia de acción, La Lego película supone una experiencia visual anfetamínica para pequeños y mayores. Es imposible apartar la mirada, y es poco recomendable parpadear demasiado, puesto que se perdería de vista la increíble labor de detallismo que convierte cada fotograma en una verdadera obra de ingeniería. La animación por ordenador, que parece imitar la técnica stop-motion, reproduce con tal nivel de perfección la textura y las leyes físicas de las piezas de Lego que nos vemos obligados a creer que este universo existe, y que estos juguetes cobran vida cuando no se les mira, al más puro estilo Toy Story.

La Lego película es solo una “pequeña” muestra de las infinitas posibilidades que brinda el crisol de referentes pop del Universo Lego (esperad muchas secuelas). Esta demencial aventura incorpora iconos de varias franquicias, que se unen al grupo de personajes creados específicamente para la película. Así, entre otros cameos que no desvelaré para preservar el factor sorpresa (aviso: no esperéis nada de Marvel, obviamente), destaca la importante presencia del mismísimo caballero oscuro. Este Batman de Lego, una visión descacharrante e irreverente del solemnísimo héroe de DC, es uno de los mayores aciertos de la película, y el indicio más claro de que estamos ante una sátira muy bien diseñada (El hombre de acero no se queda lejos tampoco). En lugar de verse limitados por la restricción en el movimiento y el carácter prediseñado de los juguetes Lego, Lord y Miller aprovechan al máximo las posibilidades cómicas que estos ofrecen. Y siguiendo su propio consejo, descartan las instrucciones y levantan un espectacular mundo de fantasía a base de ingenio desbocado y pasión, tal y como lo haría un niño.

Valoración: ★★★★

Especial Pilotos 2013-14 – Parte VI

Pilot

The Millers

Emisión: Los jueves CBS

Opinión sobre el piloto: ¿En serio Rodrigo García ha abandonado sus labores como showrunner en Raising Hope para hacer ESTO? Es lógico que un productor no quiera estar años y años encadenado a una serie, y que si tiene la oportunidad de trabajar en CBS (el hogar de las comedias más vistas de la tele) no va a rechazarlo, pero cuando uno ve el piloto de The Millers no puede evitar pensar “¡eres un vendido, Rodrigo!” Esta nueva sitcom se emite justo después del monstruo de audiencias que es The Big Bang Theory, así que ya era un éxito antes de estrenarse. Ya veremos si en las próximas semanas a la gente le merece la pena quedarse en el sofá media hora más por esta aburrida familia, epítome de la anti-química.

The Millers representa esa tendencia a las comedias de risas enlatadas (esta se lleva el premio a las más falsas) que parecen programas de sketches baratos o parodias de sitcom que aparecen en series de mayor calidad. Es decir, The Millers parece mentira y de mentira, y ni siquiera se molesta en disimularlo (“Y ahora entra el mejor amigo negro del protagonista que en realidad es como su mascota”). A grandes rasgos es lo mismo que Dads, pero en lugar de dos amigos aguantando a sus respectivos padres en casa, son dos hermanos (Jayma Mays ausente y Will Arnett adormecido, como en todos sus papeles que no son Gob Bluth) aguantando a sus padres recién divorciados. En los actores veteranos Beau Bridges y Margo Martindale puede esconderse el secreto de The Millers. Ellos están bastante bien (sobre todo Martindale) y si la serie sigue funcionando será por su culpa. Pero esto no es suficiente para aguantar la sarta de chistes malos, escatología y sexualidad geriátrica que componen la serie. The Millers es la confirmación de que las comedias de CBS son los viejos verdes de la tele.

Puntuación: 4/10

Razones para quedarse: Margo Martindale representa todo lo malo de la serie, y aun así resulta graciosa. Tiene su mérito.

Razones para abandonar: Si no somos fans del humor CBS (caca, culo, pedo, pis, PENE) no se nos ha perdido nada aquí.

 

Welcome to the Family

Welcome to the Family

Emisión: Los jueves en NBC

Opinión sobre el piloto: Se me agotan los calificativos para describir estas comedias de nueva hornada porque todas son iguales. Afortunadamente, Welcome to the Family está ligeramente por encima de la media. Es la típica comedia coral sobre una familia numerosa (todas quieren ser Modern Family) que habla de los lazos que nos unen, de las relaciones entre padres e hijos y entre familias políticas. Welcome to the Family es amable y bienintencionada, con un punto de locura bastante equilibrado, pero le falta bastante carisma (su elenco está formado por olvidables secundarios de otras series) para que resulte realmente destacable.

Welcome to the Family parece una comedia de ABC. Hace aproximadamente un año, NBC anunció un cambio de estrategia en su oferta de comedia. Este es el resultado, series más accesibles que copian temáticas y formatos de las cadenas de mayor audiencia, y que bajan dramáticamente el listón de calidad en la era post-30 Rock de la cadena. NBC opta por el encefalograma plano cómico con la esperanza de que le dé tan buenos resultados como a la competencia. El frío recibimiento de Welcome to the Family confirma que la cadena sigue completamente perdida.

Puntuación: 5,5/10

Razones para quedarse: Que es una comedia inofensiva y no es la peor manera de perder 20 minutos a la semana.

Razones para abandonar: ¡Basta ya de intentar vendernos la misma serie una y otra vez! Y esta encima parte de la premisa de “adolescente embarazada que se queda con el niño y demuestra que aunque se renuncie a la vida que se tenía planeada se puede ser feliz”. Si tenéis hermanas o hijas adolescentes no les dejéis ver Welcome to the Family o pensarán “Oye, pues quedarse embarazada no parece tan malo, igual mi vida se convierte en una comedia llena de amor y situaciones hilarantes”.

 

Sean Saves the World

Sean Saves the World

Emisión: Los jueves en NBC

Opinión sobre el piloto: Y si Welcome to the Family es ABC, Sean Saves the World es CBS. ¿Adónde ha ido a parar la creatividad de NBC? En fin. Sean Hayes vuelve a la que fue su casa durante ocho años: el mítico jueves de comedia de NBC. Y quizás los ejecutivos de la cadena pensaron que esto era suficiente para garantizarse un éxito. Sean Saves the World bien podría haberse llamado The Sean Hayes Show, porque él es la atracción principal, el único cebo, pero la cadena ya tenía una serie con ese tipo de título (la de Michael J. Fox). Es más, podría haberse titulado The Jack McFarland Show y a nadie le habría extrañado. Hayes retoma su personaje de Will & Grace tal cual lo dejó (si es que lo dejó en algún momento), sin ningún tipo de reparos. La serie incluso cuenta con el director de comedia TV más prolífico, James Burrows, que dirige el piloto (y también el de The Millers, por cierto). No puede ser más evidente la intención de la cadena. Pero los tiempos de Friends y Will & Grace quedan ya muy lejos y ya nadie se traga este cartón piedra tan descarado.

Sean Saves the World es la enésima comedia protagonizada con un padre soltero que tiene que compaginar su vida profesional con la educación de su hija y que además debe lidiar con su castrante madre, metomentodo que le recuerda todos sus errores y fracasos (hay dos escenas idénticas en esta y en The Millers, la de la madre hablando de su sexualidad y el hijo diciendo “¡No necesito oírlo!”) Parece que es imposible arrancar una comedia de otra manera (todas deberían llamarse Getting Back on Their Feet). Qué sequía de ideas más grande.

El “giro” en Sean Saves the World es que el protagonista es gay. Lo que podría distinguirla de otras series es en realidad una excusa más para que Hayes alargue la estela de su Just Jack. Sin embargo, al actor se le ha pasado bastante el arroz (cómicamente hablando, aunque físicamente se empieza a parecer a una diva crepuscular con toneladas de maquillaje). Aquí está crecido, consciente en todo momento de que él es la estrella, creyéndose más gracioso de lo que es. Pero la realidad es que su humor físico está en baja forma, su timing cómico está desincronizado y en general se ha quedado anticuado (anticuado tipo “gags slapstick de sitcom de los 70”) Todo a juego con la terrible factura de la serie (da la sensación de que en cualquier momento se les va a caer encima uno de los paneles de cartón que hacen pasar por paredes). Pero Sean Saves the World no solo fracasa a la hora de hacer reír, sino que cuando se pone seria resulta igualmente fallida. Hayes es aun peor haciendo drama que comedia, y la moralina con la que se remata el piloto es tan impostada y artificial como todo lo demás. La NBC ha caído muy bajo este año.

Puntuación: 2,5/10

Razones para quedarse: Absolutamente ninguna (no, ni siquiera Megan Hilty). Si echáis de menos a Jack McFarland, revisionad Will & Grace, que aguanta bien el tipo.

Razones para abandonar: ¿Hace falta decir algo más?