‘El asesinato de un gato’: Noir animalista

Murder of a Cat 1

Hacía tiempo que llevaba siguiéndole la pista a un pequeño proyecto cinematográfico titulado Murder of a Cat, por su conexión con el Whedonverso. Concretamente descubrí su existencia en la página de su protagonista, Fran Kranz, uno de los miembros del reparto de Dollhouse La cabaña en el bosque. Su premisa me llamó la atención y la participación de Kranz me pareció suficiente excusa para estar pendiente de su trayectoria comercial. Por eso me alegró mucho saber que Divisa Home Video iba a editarla en España en Blu-ray y DVD. Qué mejor oportunidad que esta para verla por fin y añadirla a mi videoteca.

Dirigida por la desconocida Gillian Greene (que cuenta con un corto y un episodio de la Battlestar Galactica original en su breve curriculum), El asesinato de un gato (gracias por no inventar un título absurdo para vender otra cosa) cuenta la historia de Clinton Moisey (Kranz), un adultescente estancado que cumple todos los requisitos del arquetipo del treintañero fracasado, concretamente de su variación yanqui: todavía vive con su madre (se aloja en el sótano), se dedica a diseñar figuritas de acción artesanales, se pasa el día en bata y zapatillas, y ocupa su tiempo en vender sus pertenencias e intentar lanzar su línea de figuras en un puesto en el jardín, respondiendo a las provocaciones de su vecino, un niño que se pasa a diario por ahí. Por suerte, Clinton cuenta con el apoyo de su mejor amigo, su gato Mouser.

Su mundo se derrumba cuando una mañana Clinton se despierta y descubre a Mouser ensartado por una flecha enfrente de su casa. Ya que la policía local no está muy por la labor de investigar el homicidio animal (de hecho, el sheriff -J.K. Simmons- está más interesado en ligar con su madre), Clinton se embarca en una misión en solitario para averiguar quién mató a su amigo. Esto le lleva a conocer a Greta (Nikki Reed), que resulta ser también dueña del gato, ya que el animal ha estado haciendo doblete en casa de ambos. Juntos investigan lo ocurrido, destapando un complot mucho más complejo de lo que parecía, que involucra la tienda y a su dueño, la celebridad local Al Ford (Greg Kinnear), y descubriendo que puede que todo sea un plan del destino para unirlos.

Murder of a Cat 2

Además de la presencia de Kranz y Reed (que participó en In Your Eyes, escrita y producida por Joss Whedon), y tres fantásticos veteranos, el ganador del Oscar J.K. Simmons, el desaprovechado Greg Kinnear, y la madre de Will Truman (y Gwyneth Paltrow), Blythe DannerEl asesinato de un gato cuenta con otro nombre conocido en su producción, el de Sam Raimi. Lo cierto es que su estilo no está demasiado presente en la cinta, y de hecho se podría haber beneficiado de un mayor peso de la comedia y algo más de riesgo para salirse de lo convencional, como el argumento invita a hacer, pero no nos falta uno de sus sellos de autor: un cameo de su hermanísimo, Ted Raimi, que provocará más de una sonrisa cómplice.

El asesinato de un gato es una cinta indie de bajo presupuesto, modesta y simpática, que propone una resultona fusión de noir, aventura y comedia romántica para contar la historia de tres personajes estancados en sus vidas, con un guion lleno de giros y misterios que se atreve a hacer reverencia a Arthur Miller (no en vano, el personaje de Al compara su vida con Muerte de un viajante). El asesinato de Mouser está tratado con humor, pero también con respeto. Nunca hay bromas a costa de que se trate de un animal o del dolor de su dueño (aunque Kranz esté igual de estridente que siempre), lo que añade puntos a la película, que además cuela una velada crítica a la distribución de armas en Estados Unidos, aunque en este caso no se trate de pistolas, sino de ballestas.

Asesinato de un gatoCaracterísticas de la edición

El asesinato de un gato (Murder of a CatDivisa Home Video)
EE.UU., 2014, 96 min.

SONIDO: Dolby Digital Plus 5.1
IDIOMAS: Español, Inglés
SUBTITULOS: Español
RATIO: 1,78:1
CALIFICACIÓN EDAD: 7

Extras: Tráiler

Sorteo dos ejemplares del libro ‘DE LA ESTACA AL MARTILLO’ (sobre Joss Whedon)

 Este concurso ya ha finalizado. Atentos a fuertecito no ve la tele para futuros concursos.

sorteo whedon

Los que seguís fuertecito no ve la tele estaréis al tanto, pero para los que hayáis estado hibernando estos últimos meses:

¡Sacamos libro sobre Joss Whedon!

Se trata de un recorrido completo por la obra de este autor de culto, que abarca desde sus inicios hasta sus trabajos más recientes, y que lleva por título De la estaca al martillo. Un viaje por los universos de Joss Whedon, de Buffy Los Vengadores.

La fecha de lanzamiento en España es el viernes 27 de febrero, y edita Diábolo Ediciones, casa editorial conocida sobre todo por sus cómics y sus libros sobre cultura popular, que publica en España y Estados Unidos.

De la estaca al martillo contará con 280 páginas a todo color, y estará ilustrado con cientos de fotos. Viene encuadernado en tapa dura (cartoné), y os puedo asegurar que es una edición muy cuidada que hará las delicias de los coleccionistas, los fans de Whedon, y también los aficionados a las series y los libros sobre cine y TV. Además, el precio es más que asequible teniendo en cuenta la extensión y la fantástica presentación: 19,95€ (IVA incluido).

WhedonversoYo (fuertecito) me he encargado de coordinar el libro junto a Irene Raya Bravo, de la Universidad de Sevilla, y el proyecto nace de nuestra admiración por los trabajos de Whedon y el Whedonverso. En el libro encontraréis capítulos sobre todas las obras del autor; sus series (Buffy, Angel, Firefly, etc.), sus películas como director (Serenity, Los Vengadores, Mucho ruido y pocas nueces) y como productor y guionista (La cabaña en el bosque, In Your Eyes), además de sus incursiones en el cómic como guionista de las prolongaciones del Whedonverso y de varias series de Marvel (Fray, Astonishing X-Men, Runaways).

Todos firmados por un fantástico equipo de autores con los que hemos trabajado más de un año para poder ofreceros el mejor resultado posible. En De la estaca al martillo encontraréis información, análisis y reflexión, todo a través de una pluralidad de voces que viene a reflejar lo ecléctico de los mundos que conforman el Whedonverso.

Para más información y novedades sobre el libro, seguid la página oficial de Facebook de De la Estaca al Martillo.

Y bueno, al tema: Para celebrar este gran lanzamiento, Diábolo Ediciones me ha mandado dos ejemplares para sortear entre todos los seguidores de fnvlt. ¿Qué os parece?

 

Para participar, lo único que tenéis que hacer es responder a la siguiente pregunta:

¿CUÁL CONSIDERAS QUE ES EL MEJOR TRABAJO DE JOSS WHEDON?*

Podéis participar de dos maneras:

1. Respondiendo a la pregunta en esta entrada
2. Respondiendo en ESTA FOTO de la página de Facebook de fuertecito no ve la tele

Si participáis en los dos sitios tenéis más oportunidades de ganar.

*Podéis elegir cualquiera de sus series, películas, guiones, trabajos de dirección en series que no sean suyas, cómics, incluso bandas sonoras, canciones, o un capítulo en concreto de alguna de sus series.

 

Bases:

– De De la estaca al martilloentre todos los participantes elegiremos DOS ganadores que se llevarán totalmente gratis 1 ejemplar de De la Estaca al Martillo cada uno. Los ganadores recibirán el premio en su casa sin ningún gasto por su parte.

– El participante debe incluir su correo electrónico en el formulario de respuesta del blog (no aparecerá público) y se recomienda firmar con nombre y apellido (los pseudónimos son válidos). En Facebook no es necesario.

– Sólo contará una participación por dirección IP, las respuestas desde la misma IP con distinto nombre serán marcadas como spam. En Facebook solo se podrá participar una vez por cuenta personal.

– El plazo para participar en el concurso finaliza el viernes 27 de febrero de 2015 (fecha de lanzamiento de De la Estaca al Martillo) a las 23:59 (hora peninsular española). Los ganadores serán anunciados a partir del día siguiente en la página de Facebook de fuertecito no ve la tele.

– Concurso válido sólo para España (península e islas).

fuertecito no ve la tele se reserva el derecho de modificar o anular el concurso si fuera necesario.

¡Mucha suerte!

 

De la estaca al martillo. Un viaje por los universos de Joss Whedon, de Buffy a Los Vengadores

En toda generación hay un elegido.

Buffy Summers, Angel, el capitán Mal Reynolds o Dr. Horrible son sólo algunas de las aportaciones de Joss Whedon a la cultura popular, personajes que se unen a los grandes superhéroes de Marvel y los mitos del cine y la literatura para conformar una influyente obra de ya casi dos décadas.

Este libro, el primero en español sobre el autor, realiza un recorrido completo por los universos de ficción de Whedon, desde su primera gran creación, Buffy, cazavampiros, a sus últimas incursiones en el cine, incluyendo la película que le ayudó a pasar de autor de culto a director reconocido por el gran público: Los Vengadores.

Preparaos para un viaje a través de galaxias y dimensiones donde descubriremos por qué el de Joss Whedon es uno de los nombres más importantes de la industria del entretenimiento.

“Bienvenidos a vuestro mundo”

Autores: Pedro J. Garcia, Irene Raya
Editorial: Diábolo Ediciones
Formato: Cartoné, 280 páginas, 17×24
Fecha edición: 27.02.2015

Dollhouse: Cinco años en el futuro

Dollhouse cast

Esta semana se cumple el quinto aniversario del final de Dollhouse, la efímera serie de Joss Whedon que sobrevivió en los viernes de Fox durante dos temporadas, demostrando el poder del fan y marcando sin proponérselo un antes y un después en la televisión, a pesar de la escasa repercusión que tuvo durante su emisión. Con Dollhouse, la tele empezó a prestar más atención a lo que pasaba en Internet, poniendo además de manifiesto la importancia de dar al espectador una historia completa. La serie de Whedon empezó con mal pie, pero cuando fue libre para convertirse en la serie que quería ser (aunque al principio no supiera qué serie era esa), devino en un relato altamente satisfactorio y cerrado que a día de hoy merece mucho más reconocimiento del que tiene.

Para celebrar estos 5 años sin con Dollhouse, os he preparado esta entrada sobre la serie, en la que además de nuevas reflexiones un lustro después de su final, recupero el texto original que escribí tras la emisión de “Epitaph Two: Return“, el 29 de enero de 2010, con las modificaciones pertinentes para actualizarlo. Dollhouse fue para mí algo más que una serie, supuso la consolidación de una comunidad, el principio de mi actividad “en serio” como blogger y una experiencia seriéfila muy personal, que a día de hoy recuerdo como una de las etapas más bonitas de mi vida. Pero es que además de llevarla muy dentro, creo fervientemente que Dollhouse es una buena serie, mucho mejor de lo que aparenta, y de lo que se dijo en su día. Esperemos que, como suele ocurrir con las historias de ciencia ficción más divisivas, el tiempo la ponga en su sitio. Por lo pronto, cinco años después de su final, sigue encontrando adeptos (como lo hiciera Firefly en su día) y los que la seguimos en su día continuamos reivindicándola como se merece.

¿De qué iba Dollhouse?

Dollhouse es una organización secreta situada bajo tierra en la que habitan los “muñecos” (dolls), un grupo de personas que han entregado su vida (en teoría voluntariamente) a la Casa de Muñecas y cuyas personalidades han sido borradas para convertirse en carcasas vacías donde instalar diferentes identidades, recuerdos, o destrezas específicas -recibiendo así el nombre de “activos“. La Dollhouse, capitaneada por la gélida Adelle DeWitt (Olivia Williams), ofrece sus servicios ilegales a clientes adinerados, que buscan seres humanos para satisfacer sus fantasías, deseos (compañía, sexo, amor) o desempeñar tareas y misiones específicas, en ocasiones de carácter criminal. Echo (Eliza Dushku) es una doll que comienza a tomar consciencia de sí misma y de lo que está ocurriendo en la Dollhouse, convirtiéndose junto a otros muñecos, Sierra (Dichen Lachman) y Victor (Enver Gjokaj), y el agente del FBI Paul Ballard (Tahmoh Penickett) en la resistencia, la semilla de una revolución que pondrá en jaque a la organización y se enfrentará a un futuro desolador en el que la tecnología de la Dollhouse se ha propagado viralmente por el mundo.

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Dollhouse: antes y después

Dollhouse tuvo que atravesar un auténtico campo de minas para llegar hasta su final. Antes del estreno, presiones de la cadena, una franja horaria asesina (viernes noche) y dudas del propio autor con respecto al concepto y el tono de la serie. Después, malas críticas de los primeros episodios, la consiguiente falta de interés de la audiencia y la imposibilidad, debido a la naturaleza de la serie, de atraer a más fieles a mitad de su primera temporada. Para el episodio “Man on the Street” (1.06) Whedon tomaba el control, y su mente se despejaba, llevando a la serie por buen camino, pero era demasiado tarde. Desde luego, es fácil achacar el accidentado devenir de Dollhouse a factores externos, pero lo cierto es que el propio Whedon admitió en los primeros meses de la producción de Dollhouse que la serie se le fue de las manos. Ni él mismo tenía claro cómo quería que fuera. Y esto se reflejó en una primera temporada que de no existir la renovación, habría quedado condenada al ostracismo televisivo.

Al margen del frío recibimiento crítico y la indiferencia generalizada del público no-whedoniteDollhouse consiguió mantenerse en el candelero de la actualidad televisiva, generando noticias y artículos, y dando la campanada con una renovación sorpresa, lo que suponía una discreta revolución en la manera de hacer y ver televisiónDollhouse se marchó con la satisfacción de haber sido la primera serie renovada para una segunda temporada gracias a los fieles en la web, que hacían que semana tras semana la audiencia del episodio se doblase gracias al fiel seguimiento de la serie en plataformas como Hulu o iTunes y dispositivos digitales de grabación doméstica. Esta hazaña no puede pasarse por alto, y no es descabellado achacarla al nombre de Whedon. Si bien la audiencia no llegó nunca a remontar el vuelo, gracias a los fans, al estatus de autor respetado de Joss, y a la confianza que a pesar de todo depositó FOX (que le canceló Firefly 6 años atrás) en la serie, Dollhouse tuvo la oportunidad de evolucionar y tener una conclusión. Y en mi opinion, una muy satisfactoria, teniendo en cuenta las circunstancias.

El despropósito que resultó ser el episodio anterior, “The Hollow Men”, que cerraba el arco narrativo que tenía lugar en el presente (recordemos que la serie dio un salto hacia el futuro con su primer “Epitafio”), se ve compensado por una emotiva coda en “Epitaph Two: Return”. Todos los personajes y todas las relaciones reciben su cierre. Y todos y cada uno de ellos son en mayor o menor medida, redondos. Dejando a un lado los aspectos negativos que ensombrecieron la serie y supusieron un handicap en su recta final (la precipitación de las tramas, lo poco que conocíamos a los “dolls”, seres vacíos de personalidad y voluntad), creo que Jed Whedon, Maurissa Trancharoen (que tomaron las riendas de Joss) y Andrew Bliss lograron sacar el mayor partido a los personajes, y con el poco tiempo y la dificultad que tenían para desarrollarlos, les dieron (y nos regalaron) el mejor final posible a cada uno. Que en una serie cancelada antes de tiempo todos los personajes tengan un final ya es admirable, pero la sensación de completitud que nos proporcionó “Epitaph Two” fue increíble para los seguidores de la serie.

 Adelle Topher 2x13

Sobre “Epitaph Two: Return” (2×13)

(Spoilers del final de Dollhouse a continuación. Artículo publicado originalmente en Whedonverso.com)

Los diez años que pasan entre “The Hollow Men” y “Epitaph Two: Return” han cambiado a algunos personajes, y han reforzado las personalidades de otros, manteniéndose fieles a lo que conocimos durante la serie. En ambos casos, todos han recorrido un camino lógico y coherente de acuerdo a lo que sabemos de ellos. Anthony y Alpha han cambiado. Sus evoluciones resultan impactantes, pero no desprovistas de lógica. Y es que no conocíamos realmente a ninguno de los dos. En este ultimo episodio presenciamos la conversión de la relación de cuento de hadas de Anthony y Priya en una real, con distanciamiento, rencor y dolor. Su emotiva reconciliación es uno de los puntos álgidos del episodio. Por otro lado, Alpha regresa a Dollhouse, y lo hace después de haber recorrido (en diez años como mucho) el mismo camino que Echo, un camino hacia la auto consciencia que, en el caso del personaje de Alan Tudyk, le lleva a la redención.

Me atrevo a decir que Adelle y Topher son lo mejor del episodio, incluso de la serie. El amor maternal que Adelle profesa a Topher es conmovedor, y es uno de los principales motores de Dollhouse. Topher Brink, el personaje que menos me gustaba durante la primera temporada acabó siendo uno de mis favoritos. Y la reina de Dollhouse, Adelle DeWitt, se marcha definitivamente como el personaje más fascinante de la serie.

La principal historia de amor romántico de la serie, la de Echo y Paul, llega a su conclusión en la última escena de la serie. La muerte de Paul completa a Echo, y tras una violenta epifanía (la Dushku se despide por todo lo alto) se rinde a lo que siente por él. El amor, o la consciencia del mismo, la completa. No somos nadie si no amamos a alguien. La amistad más pura, el amor maternal o romántico son lo que en última instancia nos definen, lo que da a la serie, en mi opinión, un final redondo. Echo se acuesta en su lecho de muerte a pasar el resto de la eternidad soñando junto a su amado (que no la despertará con un beso, porque ya no hace falta), tras cumplir su última fantasía. Un precioso pero devastador final que es imposible catalogar como final feliz, como no podía ser de otra manera, y que nos remite a A.I.: Inteligencia Artificial de Steven Spielberg. En ambas historias, el final feliz del protagonista no existiría sin una muerte, sin el dolor de la pérdida, y este final no es más que una fantasía alejada del mundo “real”.

Dollhouse dejó claro desde el principio que no sería una serie de acción al uso (aunque Fox así lo quisiera), sino que se esforzaría por crear un discurso complejo, y a menudo oscuro y pesimista, sobre el ser humano. Whedon se perdió en este discurso durante la primera temporada, a pesar de tener muy claros los conceptos que pretendía explorar. Por eso, durante la segunda temporada primó la acción y el entretenimiento. Y a pesar de esto, Dollhouse fue capaz de hallar finalmente el esquivo equilibrio entre acción e introspección que definió las anteriores obras de Whedon. Pese a todos sus problemas, Dollhouse acabó siendo un triunfo, una más que digna parcela del Whedonverso a la que hay que volver de vez en cuando.

Did I fall asleep?

Joss Whedon cubierta FINAL copiaComo ya sabéis, el próximo mes de marzo sale a la venta en España el libro De la Estaca al Martillo. Un viaje por los universos de Joss Whedon de BuffyLos Vengadores (Diábolo Ediciones), coordinado por un servidor e Irene Raya Bravo.

En él encontraréis por supuesto un capítulo sobre Dollhouse, firmado por mí, en el que os cuento la historia completa de la producción y analizo la serie en profundidad. Esta entrada es solo un pequeñísimo adelanto de lo que podréis encontrar en ese capítulo, y en el libro. Estoy deseando que lo leáis.

Agents of S.H.I.E.L.D. – “Shadows” (2.01)

LUCY LAWLESS, NICK BLOOD, WILMER CALDERON, HENRY SIMMONS, CHLOE BENNET, PATTON OSWALT

Fuga de agentes

La recta final de la primera temporada de Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. ponía patas arriba el universo de los agentes de la organización (no tan) secreta de Marvel, después de que los acontecimientos de Capitán América: El soldado de invierno afectasen directamente al devenir de la temporada. La toma de S.H.I.E.L.D. por parte de Hydra, y su consecuente disolución sucedía además convirtiendo a nuestros protagonistas, Phil Coulson y cía., en fugitivos de la ley. El arranque de la segunda temporada, “Shadows” (2×01), escrito por los showrunners Jed WhedonMaurissa Tancharoen, nos devuelve a los personajes convertidos en eso mismo, en sombras, en fantasmas que operan desde la clandestinidad, asumiendo misiones por iniciativa propia, y con la supervivencia y la destrucción de Hydra como objetivo final. Así, Agentes de S.H.I.E.L.D. lleva un paso más allá la premisa con la que comenzaba la serie el año pasado: ser la “Zepo” (Buffy) del Universo Marvel. Es decir, los agentes de S.H.I.E.L.D. actúan sin que nadie los vea, ahora ni siquiera aquellos que antes se encargaban de supervisarlos, salvando el mundo todas las semanas mientras los grandes superhéroes se llevan toda la gloria.

Aunque “Shadows” nos presenta una plantilla de agentes renovada y al core-6 desmantelado, lo que insufla cierto aire de novedad, Agentes de S.H.I.E.L.D. da el pistoletazo de salida a su segunda temporada echando mano de los mismos elementos que caracterizaron a casi todos los episodios del año pasado. De entre ellos destaca la presencia de un artefacto 0-8-4 que el equipo de Coulson debe extraer de unas instalaciones militares para evitar que caiga en las manos equivocadas y destruya el mundo (lo de siempre, vamos). En esta ocasión se trata del primer 0-8-4 de la historia, que se remonta a la Segunda Guerra Mundial. “Shadows” comienza con un prólogo en el que vemos a la agente Peggy Carter y a Dum Dum Dugan en un flashback a 1945, para a continuación regresar al futuro para dar la bienvenida a los nuevos agentes aliados de Coulson, capitaneados por Isabelle Hartley (Lucy Lawless) y, sorpresa, con personalidades considerablemente definidas y distintivas. A partir de ahí, el episodio adolece de saturación por la sobreexposición continua de los acontecimientos y la introducción de mil y un personajes nuevos. Pero también tenemos la sensación de que, como al final de la primera temporada, hay mucho más en juego, y la elevada dosis de acción e intriga es reflejo de ello.

“Shadows” es un episodio ajetreado y sobre todo, abarrotado. Además de Peggy Carter y Xena, y el regreso del coronel Glenn Talbot (Adrian Pasdar), tenemos la visita de un actor conocido del Whedonverso, Reed Diamond (Dollhouse, Mucho ruido y pocas nueces), que da vida al villano Daniel Whitehall, presentado en el flashback y que promete dar guerra durante la temporada al descubrirse al final del episodio que sigue vivo y no ha envejecido (buen cliffhanger). Asimismo, se incorpora una nueva amenaza con poderes sobrenaturales, Carl Creel aka El Hombre Absorbente (Brian Patrick Wade de Teen Wolf), y los mencionados aliados, los mercenarios Izzy, Idaho (Wilmer Calderon) y el británico Lance Hunter (Nick Blood). De entrada son personajes que resultan simpáticos y podrían dar mucho de sí, pero quienes nos importan a nosotros son los agentes del equipo de Coulson, los seis personajes que conocimos durante la primera temporada. Y lo cierto es que, por suerte, este aspecto es precisamente el más interesante del episodio.

agents_of_shield_ver9No tardamos mucho en conocer el paradero de Grant Ward, cuando Koenig (Patton Oswalt) le dice a Skye que debe hablar con él para sacarle información sobre Hydra en relación a Creel. Descubrimos así que el agente traidor se encuentra cautivo en las instalaciones underground de Koenig, y que la razón para conservarlo como rehén es aprovecharse de la información que este puede proporcionarles. Claro que en cuanto Skye (que es la única con la que accede a hablar) pisa ese sótano con celda transparente a lo El silencio de los corderos empieza el juego de la ambigüedad, y a nosotros nos asalta la duda: ¿Es Ward sincero y de verdad pretende ayudar a los agentes para obtener perdón y redención o, como su aviesa y contaminada mirada nos parece indicar, es un sociópata que sigue mintiendo para llevar a cabo el plan oculto de Hydra? Esta dualidad parece ser uno de los hilos principales de la temporada (como indica el flamante póster promocional), y lo cierto es que tiene mucho potencial, sobre todo teniendo en cuenta que Ward posee la información que podría desvelar por fin la identidad del padre de Skye, y por tanto, su misteriosa naturaleza.

El otro cambio más importante en el equipo es el que tiene que ver con Fitz-Simmons. Después de los acontecimientos de la season finale, Leo lidia con las secuelas de su autosacrificio para salvar a Jemma, daños cerebrales que se manifiestan en trastornos en el habla (pobrecito mío) y, atención, alucinaciones. Al final de “Shadows”, como si se tratase de una de Shyamalan o de El club de la lucha, descubrimos que Simmons, que ha estado todo el episodio al lado de Fitz, tendiéndole su mano y guiándole fuera de las sombras, no es más que un fragmento de su imaginación (ouch), ya que Jemma ha abandonado el equipo alegando que su presencia impediría que el joven científico mejorase (*sob*). Es sin duda un giro arriesgado, pero las consecuencias no pueden ser muy grandes ni prolongadas. Fitz se recuperará y Simmons regresará, es cuestión de tiempo. Esperemos.

Está claro que con “Shadows”, Agents of S.H.I.E.L.D. parece estar (in)augurando una temporada más oscura y compleja. Lo dice Coulson explícitamente durante el episodio: “go dark” (declaración de intenciones donde las haya). A pesar de que la serie vuelve a incurrir en los errores de siempre y sigue sin cuidar esos agujeros de guión que le restan consistencia (la facilidad con la que tropecientos agentes se infiltran en una base de operaciones que oculta artefactos secretos muy peligrosos; el hecho de que el Hombre Absorbente sea encerrado en una jaula de cristal y nadie pensase en que se haría transparente para escapar), Agents of S.H.I.E.L.D. vuelve más segura de sí misma, más dispuesta a arriesgar y, con suerte, a convertirse en adulta sin renunciar a ese aire “infantil” de comic book clásico. Que no hacía falta cargarse a Lucy Lawless tan pronto (¡han matado a Xena! ¡hijos de p—!), vale, pero al menos sabemos que se han dado cuenta de que no hay tiempo que perder.

Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. El fin del comienzo

Agente Coulson

Que sí, que solo había que esperar, confiar en lo que nos decían Jed Whedon y Maurissa Tancharoen al comienzo de esta temporada televisiva que toca a su fin. “Vosotros quedaos, aunque os aburráis, aunque sintáis que estáis viendo mil capítulos de relleno todos iguales, aunque os canse que os demos tanto la tabarra con los secretos que parece que nunca vamos a desvelar, porque si no se nos acaban los trucos, aunque tengáis que oír los mismos chistes una y otra vez. Quedaos, que cuando llegue la recta final de la temporada, todo tendrá sentido, veréis que #TodoEstáConectado, y la serie empezará de verdad”. Tenían razón, todo ha cobrado sentido, y Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. ha mejorado considerablemente. Pero, ¿y todo el tiempo que han malgastado para llegar ahí? S.H.I.E.L.D. ha dado por concluida su primera temporada, compuesta de 22 episodios de los que salvamos menos de la mitad, y que nos confirma que la era de las temporadas largas está llegando a su fin. Sin embargo, bien está lo que bien acaba. Intentaremos mirar hacia delante y dejar el pasado atrás.

El caso de S.H.I.E.L.D. recuerda indudablemente al de otra serie creada por Joss Whedon, la malograda (e infravalorada) DollhouseLa idea de Dollhouse (y la de todas las obras televisivas de Whedon) era construir una ficción altamente episódica que, mediante aventuras semanales auto-conclusivas, nos fuera dando a conocer a los personajes y proporcionándonos datos de una trama mayor, para ir pasando a lo puramente serial con el tiempo. Los primeros episodios de Dollhouse fueron realizados atendiendo a esta idea, pero no funcionó, y si hubiera sido por Whedon, no habrían existido nunca. Algo parecido le ha pasado a Agents of S.H.I.E.L.D., aunque esta vez no nos lo reconocerán. Hasta la mitad de la temporada, S.H.I.E.L.D. se limitó a retrasar el momento, a distraer y rellenar el tiempo, esperando a que el estreno en cines de Capitán América: El soldado de invierno le diera el impulso necesario y también permiso para desplegar todo su arsenal. Al final, como en Teen Wolf, es verdad que todo estaba conectado, pero no tiene el mismo efecto cuando todo eso que estaba conectado nos ha importado bien poco a lo largo de la temporada.

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Lo que no se puede dudar es que S.H.I.E.L.D. ha mejorado considerablemente en la recta final de la temporada. Los guiones han subido de nivel (aunque siguen en el lado de lo convencional), los personajes han evolucionado (no todos), la acción y los efectos han sido de primera (televisivamente hablando) y los episodios parecen más compactos, más aprovechados, como si efectivamente ya no hiciera falta rellenar minutos con artilugios misteriosos, aburridos personajes episódicos y tramas clónicas. La historia por fin avanza, y se nota, y los actores se han hecho definitivamente con sus personajes. La caída de la organización S.H.I.E.L.D. y el gran descubrimiento de la afiliación de Grant Ward a Hydra (una de las pocas sorpresas verdaderas que nos han conseguido colar los showrunners) ha hecho que la serie adquiera el tono adecuado y que S.H.I.E.L.D. se empiece a parecer a eso que llaman appointment television. Pero ha llegado demasiado tarde, cuando la mitad de la audiencia ha abandonado el “bus” por falta de paciencia. Los que nos hemos quedado hemos obtenido nuestra recompensa, y confiamos en que el nivel demostrado en el final de la temporada se reproduzca de alguna manera el año que viene.

La season finale, “Beginnig of the End” (1.22) ha sido sin duda uno de los mejores episodios de la serie hasta la fecha. Puede que el mejor desde el piloto. Y es que en este final se vuelve a respirar el estilo Joss Whedon de la misma manera que el piloto era inconfundiblemente obra del autor de BuffyFirefly. Quizás incluso demasiado -véase ese final con Garrett resucitando y poniéndose una armadura para ser pulverizado en una décima de segundo por Coulson, mientras pronuncia su grandilocuentemente discurso de villano, un golpe de efecto cómico que nos recuerda al final de Loki a manos de Hulk en Los Vengadores, y a tantos otros momentos marca Whedon. ¿Cuántas veces se puede hacer lo mismo sin que parezca auto-plagio o simplemente una copia? En fin, dejando a un lado esto, que tampoco es para tanto, “Beginning of the End” es un final emocionante, bien estructurado, lleno de humor (May es la estrella) en el que todos los personajes están aprovechados debidamente y las tramas alcanzan una resolución satisfactoria.

May Skye BotE

Como suele ser habitual, el final nos remite directamente al principio, al momento y el lugar donde todo comenzó, con Mike Peterson y su hijo Ace, una trama que, a pesar de su importancia, afortunadamente no ha copado muchos más episodios de la temporada, y que espero no regrese pronto. Porque ni Deathlock ni su drama personal y familiar es interesante -como tampoco lo es ninguno de los villanos, desde el caricaturesco Garrett hasta la soporífera mujer del vestido de flores. Lo mejor al final ha sido ver cómo han evolucionado las relaciones entre los agentes, algo que nos temíamos que se quedaría en la superficie, y afortunadamente no ha sido así. Me quedo con el intenso tira y afloja de Ward y Skye -fantástica Chloe Bennet transmitiendo el asco y la decepción que siente su personaje-, con la preciosa escena bajo el mar (Angel, ¿hola?) en la que Fitz le declara su amor a Simmons y se sacrifica por ella -tenemos nuevo mejor beso de la temporada, bravo también a Elisabeth Henstridge por su interpretación, y por ese precioso momento Amélie antes de morir-, con Melinda May y su ira reservada para descargar en Ward -les faltó decir “We Have a May”, aunque se entendía que la idea era esa-, y por último, con la conmovedora esperanza que Fitz sigue depositando en su amigo Ward -a pesar de lo del sándwich. Con quien sigo sin quedarme es con el agente Coulson. No hay manera de que Clark Gregg transmita algo de emoción en su rostro, y tampoco ayuda que sea un pésimo actor de acción -¿habéis visto qué raro corre y qué mal coge las armas? Él es el eslabón más débil de la cadena, aunque Nick Furia no piense lo mismo. Y no negaremos que casi nos convence con este bonito diálogo:

-Furia: Era una situación tipo “Rompa el cristal en caso de emergencia”
-Coulson: Sí, pero se suponía que esa emergencia sería la caída de un Vengador.
-Furia: Exacto.

Beginning of the End group

La presencia de Samuel L. Jackson en “Beginning of the End” es otra de las grandes armas que se estaban guardando los showrunners -ya está demostrado que incluir más Marvel en la serie no aliena a la audiencia, aunque tampoco hace que suba. Que sí, que ya ha aparecido anteriormente en la serie, pero no habíamos visto a Furia desde su “muerte” en El soldado de invierno. La participación de Jackson en la finale es mucho más que un cameo. Nick llega para ayudar restaurar el orden, y para cederle las llaves de S.H.I.E.L.D. al Vengador Phil Coulson y su equipo -menos Ward, que ya veremos si hay redención posible para él, Fitz porque está entre la vida y la muerte, y más ese agente que nos han metido en el equipo casi sin que nos demos cuenta y cuyo nombre no recuerdo. Esta es la premisa para la próxima temporada, reconstruir la agencia desde cero, y lo cierto es que es buena idea. Una oportunidad para redefinir la serie a partir de su destrucción -que siempre sienta bien a estas series que tanto miedo tienen a cambiar. Así que lo mejor que ha podido ocurrirle ha sido la caída de S.H.I.E.L.D. a manos de Hydra. Agentes de S.H.I.E.L.D. empieza a tener personalidad y ha conseguido captar nuestra atención y mantenerla durante varios capítulos. Confiemos en que la segunda temporada no dé ningún paso atrás y esto sea de verdad el comienzo de la S.H.I.E.L.D. que queremos ver.

‘Husbands’: Dinamitando normalidades

Husbands

Muchos de los que me leéis estáis de sobra familiarizados con Jane Espenson, ya sea por su vinculación al Whedonverso, o por su trabajo en muchísimas series de televisión, como Las chicas Gilmore, Battlestar Galactica o Once Upon a Time por nombrar algunas de las más célebres. Esta aventajada alumna de Joss Whedon es una guionista todoterreno, y si la seguís en redes sociales, probablemente os preguntaréis de dónde saca tiempo para comer o dormir. Y no solo es una de las escritoras televisivas más prolíficas de los últimos años, sino que paralelamente a su trabajo en la tele, ha desarrollado una carrera como estudiosa y gurú, dedicando parte de su tiempo a hablar sobre ‘el arte de escribir’ en conferencias, clases universitarias, publicaciones editoriales, etc.

Espenson es un culo inquieto, y como tantos otros creadores televisivos, después de sus muchos trabajos en el medio, se ha lanzado a Internet para desarrollar proyectos independientes. Junto al desconocido Brad Bell presentó al mundo en 2011 una modesta webserie titulada Husbands. Con una primera temporada que consta de 11 episodios de apenas dos minutos de duración, Husbands llevaba el formato serial a su mínima expresión, suponiendo reto y experimento para la escritura de Espenson y Bell, que debían contrarrestar la evidente escasez de medios con el trabajo de su pluma (pun intended). Si juntamos todos los capítulos de la primera temporada, obtenemos algo así como un piloto de sitcom.

Husbands es la historia de un famoso deportista, Brady (Sean Hemeon) que una mañana se despierta en Las Vegas Husbands postery descubre que la noche anterior se ha casado en estado de embriaguez con Cheeks (Brad Bell), un extravagante y ultra-afeminado chico de la farándula. En lugar de anular el enlace, deciden seguir adelante, asumiendo la responsabilidad de abanderar la causa del matrimonio gay. Husbands está concebida como una comedia romántica de toda la vida sobre recién casados, pero con el “giro” (o desvío :P) que supone que la pareja protagonista sea del mismo sexo. No hay más que ver el póster que acompaña este texto, que utiliza el molde del 90% de los carteles rom-com, para darse cuenta de las (honorables) intenciones de la serie.

Después de la primera temporada, Bell y Espenson recurrieron a Kickstarter para financiar la segunda entrega. El éxito de la campaña resultó en su estreno en verano de 2012 en el famoso Centro Paley, logrando el hito de ser la primera serie online que se presentaba allí. Para la segunda temporada, los creadores decidieron reducir el número de episodios, pero aumentar su duración. El resultado fue una historia en tres actos al más puro estilo Dr. Horrible’s Sing-Along Blog, en la que Bell y Espenson pusieron toda la carne en el asador y se tomaron más en serio el papel de la serie como agente visibilizadora y concienciadora de los derechos homosexuales.

El éxito de la segunda temporada llevó a que la cadena CW produjese una tercera para emitirla por su canal online CW Seed, sin restricciones geográficas. Los nuevos capítulos, lanzados en verano de 2013, consistían en dos arcos argumentales divididos en bloques de tres segmentos cada uno (lo que formaba en total casi una hora de programa). En ellos asistíamos a la segunda boda de Brady y Cheeks (el mejor arco de la serie), y a un agradable y sereno pasaje sobre la cotidianidad de la pareja en su nuevo hogar. La tercera temporada deja con buen sabor de boca y Husbands pide a gritos convertirse en serie de televisión al uso. Con la repercusión de Looking, quién sabe, quizás las cadenas estén interesadas en rellenar una nueva cota de “series gay”, y, con suerte, este sería un nuevo paso hacia la existencia de la “serie normal protagonizada por gays”.

getglue-husbands

La clave del éxito de Husbands es su acertado equilibrio entre comedia, provocación y responsabilidad social. A ratos, Espenson y Bell se ponen demasiado sermoneadores, y su escritura quizás no es tan aguda como ellos creen (qué manía con ser meta porque sí), pero las ideas que manejan son muy importantes, y los mensajes son tan valiosos que la serie debería mostrarse en los colegios. El valor educacional de Husbands es lo que la convierte en una serie a tener en cuenta, más que su capacidad para hacer reír (un poco nula) o el trabajo de sus actores (entre lo histriónico y lo mediocre). Sobre todo hay que aplaudir la lanza que rompe a favor de la diversidad dentro de la propia homosexualidad, y el rechazo a la heteronormatividad impuesta por la sociedad. Husbands busca normalizar la homosexualidad renunciando precisamente a la noción absoluta de ‘normalidad’. Y lo hace a través de una historia de amor que podría protagonizar (y que de hecho ha protagonizado en infinidad de ocasiones) una pareja heterosexual, pero sin barrer debajo de la alfombra los estereotipos que según muchos perjudican al “colectivo”. En su lugar, la serie los reivindica y los celebra, promoviendo el ejercicio de la comprensión y la aceptación del otro tal y como es.

Además de su eficiente y admirable mensaje, Husbands posee un atractivo especial para los whedonites. Los cameos se cuentan a razón de 5 por minuto (puede que esté exagerando, pero en algunos capítulos es totalmente cierto). Los hay del Whedonverso: Nathan Fillion, Amy Acker, Amber Benson, Dichen Lachman, Felicia Day, Seth Green, Beth Grant y el mismísimo Joss, que tiene un papel bastante simpático en la segunda temporada; Y del Espenverso (al que también pertenecen todos los anteriores, claro), sobre todo de su trabajo en Battlestar Galactica y Caprica: Tricia Helfer, Sasha Roiz, Michael Hogan, Magda Apanowicz, y Alessandra Torresani, que interpreta a Haley, la mejor amiga de Cheeks, mariliendres insoportable y más estereotipada que cualquier gay en TV, y que afortunadamente no aparece en los últimos capítulos (Torresani intentando ser graciosa es lo más irritante que he visto en mucho tiempo, que nadie le dé una sitcom, por favor). Aunque solo sea por ver desfilar a todos estos miembros de la gran familia Whedon-Espenson, que son como de la nuestra, Husbands merece la pena. Es más, se podría decir que esta webserie pertenece oficialmente al Whedonverso, así que si queréis completarlo, es vuestro deber verla.

A continuación os dejo la serie íntegra en YouTube. Los episodios se reproducen ininterrumpidamente a partir del primer vídeo.

Temporada 1

Temporada 2

Temporada 3

Crítica: Lust for Love

Lust for Love

Los que me seguís en Facebook me habéis leído muchas veces hablar de Lust for Love a lo largo de este último mes. En ese caso ya sabréis que se trata de un proyecto cinematográfico fundado por la plataforma de crowdfunding Kickstarter allá por 2011, es decir, mucho antes de que la película de Veronica Mars disparase la popularidad de la página. El pasado 7 de febrero, el debut del australiano Anton King en el largomentraje fue lanzado de forma limitada a través de plataformas de vídeo por Internet en Estados Unidos. Tan solo unos pocos espectadores internacionales tuvimos acceso a Lust for Love (por vías legales, se entiende). Tres años después de apoquinar, he podido ver por fin mi primera película como Productor Asociado.

¿Y cuál es el veredicto? Pues desde mi punto de vista como miembro de la producción (xD), pero sobre todo según mi experiencia como espectador (liberado de todo condicionamiento), un desastre (casi) absoluto. No es que me sorprenda demasiado, pero no puedo ocultar la decepción, sobre todo después de haber esperado tanto tiempo. Lust for Love es una comedia romántica ya no clásica y predecible, sino amateur a niveles estratosféricos, como escrita por un chaval de 16 años, limitado en su experiencia y visión del mundo e incapaz de practicar autoevaluación. Cumple el clásico esquema rom-com en el que un hombre (Fran Kranz), perdidamente enamorado de una mujer que no le corresponde (Beau Garrett), busca consejo en una amiga (Dichen Lachman) sin darse cuenta de que tenía al amor verdadero delante de sus narices todo el tiempo.

Lust for Love consigue ser agradable a ratos, sobre todo porque, a pesar de carecer de talento para contar historias, King tiene un sentido muy desarrollado de la estética. El australiano saca el máximo partido de los medios a su disposición, así como de las posibilidades que brinda una ciudad generalmente poco romántica o idealizada como Los Ángeles, para realizar un film que entra muy bien por los ojos (no tanto por el oído, qué horror de música y sonido). Pero poco más. El resto es un despropósito continuo, una historia atropellada repleta de diálogos acartonados y artificiales que en ningún momento son interpretados, sino recitados de memoria (estos simplemente no dan lugar a la naturalidad), situaciones incoherentes e inconexas, un desarrollo a trompicones, un sentido muy atrofiado del timing cómico y personajes muy mal escritos, y por consiguiente muy mal interpretados. En definitiva, Lust for Love no es más que una película de estudiantes (poco aventajados).

Lust for Love Fran Kranz

El único destello de talento que encontramos en ella es el que aporta Fran Kranz, sin duda el actor más competente del reparto (lo tenía fácil para destacar), que ya demostró poseer más aptitudes dramáticas de las que pensábamos en la versión de Joss Whedon de Mucho ruido y pocas nueces. Kranz sale más que airoso teniendo en cuenta las circunstancias, y consigue lo que ningún otro actor de la película, añadir dimensiones a su personaje a partir de un material escuálido y sin pulir. Sin llegar a ser verdaderamente memorable, su Astor al menos es un protagonista encantador que ayuda a sobrellevar el tedio de la película. Afortunadamente, Lust for Love no se alarga demasiado (apenas 80 minutos).

El resto del elenco está formado en gran parte por actores de la serie Dollhouse. Se pasean por Lust for Love Miracle LaurieFelicia Day o Maurissa Tancharoen en papeles muy breves, y destacan Enver Gjokaj y sobre todo Dichen Lachman (también productora de la película). Sin embargo no lo hacen para bien. A Dichen la quiero como si fuera mi prima, pero la pobre tiene el talento interpretativo de una patata (esto no es una referencia a Channing Tatum, Tatum es mejor actor). Y Enver estaba magnífico en Dollhouse, pero aquí parece un colega no actor haciendo un favor a un amigo director, lo que pone de manifiesto la importancia de trabajar sobre un material en condiciones para desarrollar el potencial de estos habitantes del Whedonverso. Es cierto que los fans de Dollhouse encontrarán el aliciente de ver a medio reparto de la serie trabajando juntos de nuevo (yo desde luego sentí puro éxtasis whedonite al verlos a todos), pero cuando la euforia se pasa, lo que queda es un antológico quiero y no puedo. ¡¡Que quiten mi nombre de los créditos!! No, estoy bromeando. Pero ya me entendéis.

Valoración: ★★

Por qué ‘Los Vengadores’ pertenece legítimamente al Whedonverso

Que quede claro desde el principio. Sería absurdo atribuir a Joss Whedon la autoría absoluta de este macro-proyecto que es, y ha sido durante los últimos años, Los Vengadores. Para cuando el director y guionista se subió a bordo del buque marveliano -por tercera vez ya, recordemos que guionizó RunawaysAstonishing X-Men-, todo el trabajo previo a este esperadísimo mash-up superheroico estaba hecho. Por no decir que las líneas maestras de la historia llevaban escritas desde que en septiembre de 1963 Stan Lee y Jack Kirby publicasen el primer número de The Avengers. Dicho esto, puedo afirmar con rotundidad, convicción, y sobre todo incontinencia emotiva, que Los Vengadores es una obra incontestablemente whedoniana. Y es mi intención defender esta idea a continuación, estableciendo los numerosos paralelismos entre el filme y los anteriores trabajos del autor. Sin embargo, y a pesar de que Whedon se lleve la película a su terreno -en cierto modo, Marvel siempre fue su terreno-, el ex productor televisivo ha logrado crear un grandioso -que no grandilocuente, eso se lo dejamos a Nolan- espectáculo que busca la satisfacción del público no iniciado, mimando casi enfermizamente al fanboy obsesionado con Marvel y sin descuidar al whedonite más entregado -bueno, ¿no lo somos todos? La respuesta abrumadoramente positiva por parte de los tres frentes confirman lo que ya sabíamos: Whedon nació para este proyecto.

A pesar del extenso terreno allanado por las seis películas previas -sí, yo cuento la primera Hulk-, Los Vengadores es una historia iniciática, y es así cómo Whedon nos la presenta. Sin tratar de convertir la saga en lo que no es -lo que intentó sin éxito Ang Lee-, Whedon cuenta el origen del súpergrupo teniendo en cuenta todos los elementos ya dispuestos, para fabricar una historia que sirva como punto de convergencia de los relatos individuales de los personajes, pero que también funcione como génesis o Capítulo Cero. No es la primera vez que el autor se enfrenta a un reto creativo de estas características. El precedente es Serenity (2005), la película con la que trató de inaugurar una franquicia cinematográfica basada en su malograda serie Firefly (2002), y para la que Whedon relanzó las historias de los nueve tripulantes de la nave protagonista. Por aquel entonces, Whedon no contaba con las facilidades que da disponer de un puñado de súper héroes que llevan cinco décadas en las posiciones más privilegiadas de la cultura popular. Al final, Serenity solo interesó a los whedonites y browncoats -así se denominaron los fans de la serie. Con Los Vengadores, este desenlace no era una posibilidad.

En este caso, la experiencia previa de Whedon sirve al autor para salir de embrollos narrativos, y le permite brillar en lo que siempre ha destacado. En Los Vengadores se opta por la coralidad del reparto, otorgando momentos de protagonismo a todos y cada uno de los personajes, armónicamente repartidos a lo largo del metraje. No hay protagonistas, ni se ignora a ningún personaje a favor de los demás -otra cosa es que los egos de unos tengan más presencia escénica que los de otros. Se trataba de hacer que un grupo de súper héroes, que juntos son una “bomba de relojería”, estallasen de la mejor manera posible. Y vaya si lo hacen. Superados los conflictos internos -épicas batallas de egos en lapidarios diálogos marca de la casa-, se explota de nuevo la idea de grupo que deja a un lado sus diferencias para enfrentarse a un mal mayor. Y se hace buscando en todo momento la complicidad de un espectador que puede, y quiere entregarse emocionalmente. Es Whedon en estado puro. Hasta encontramos el característico plano de los personajes caminando en grupo hacia la batalla que no falta en ninguna de las obras whedonianas. Desde ese momento, el público está en el bolsillo.

Los Vengadores ofrece a Whedon la oportunidad de seguir insistiendo en algunos de los temas que conforman la tesis de su obra televisiva, principalmente el poder y la naturaleza de la corrupción, así como también la redención. A través del villano de la función, Loki -también el primer archi-enemigo al que se enfrentan los Avengers en cómic-, se explora la idea del mal como consecuencia -y también origen- de la ambición y la búsqueda de gloria. Así, Whedon, convierte a Loki en una “diva” que prepara su gran espectáculo en Las Vegas -bueno, estamos en Stuttgart, pero la analogía no sería igual de efectiva. La primera toma de contacto con su público recuerda inevitablemente a aquella Jasmine (Gina Torres) de la cuarta temporada de Angel (1999-2004), figura mesiánica que llega a la Tierra con la intención de convertirla a su culto -y después comérsela. Loki (un excelente Tom Hiddleston) se convierte de esta manera en un villano más caricaturesco -ese atuendo de gira crepuscular de madame del pop lo pedía a gritos-, dejando atrás los motivos que lo situaron en la senda del mal, y descargando al personaje de afectación y pathos. La escena que supone la derrota de Loki confirma una vez más que estamos ante una obra whedoniana. Hulk agarra por sorpresa y zarandea de la manera más cartoonesca al villano -que está pronunciando el discurso amenazante de turno-, sustituyendo con este momento cómico al convencionalismo -y sopor- de la escena de confrontación final que no falta en ninguna de las películas anteriores. Lo épico se busca por otros medios. Whedon echa mano en este y otros momentos de Los Vengadores de uno de sus recursos más utilizados en Buffy, cazavampiros (1997-2003): dar fin a los conflictos con un golpe de efecto cómico en lugar de alargar los enfrentamientos desesperantemente. En este caso, Hulk es el mini-demonio Gachnar, que es vencido de un pisotón en el episodio “Fear, Itself” (4.04). El excelente humor físico del que hace gala Los Vengadores se fusiona con los célebres diálogos saturados de one-liners que han caracterizado al autor a lo largo de los años, para dar como resultado un filme que no solo puede considerarse una gran película de acción, sino también una sobresaliente comedia.

En entrevistas realizadas durante los últimos meses, Whedon advertía que no era su intención llenar la película de guiños a sus fans. En todo caso, si había que hacer guiños era a los geeks marvelites. No os preocupéis, los hay, a montones -muchos más de los que yo jamás podré identificar. El autor se ha encargado de volcar en la película todos sus conocimientos sobre la casa de Stan Lee. Sin embargo, después de aquellas declaraciones, sorprende comprobar que el viejo Whedon está presente en cada uno de los 142 minutos -¿tantos? parecieron cinco- de Los Vengadores. Es más, se las arregla para incluir a dos de sus actores fetiche, Enver Gjokaj y Alexis Denisof, en una película que no le daba demasiado margen para el enchufismo -una pena no haber visto finalmente a Nathan Fillion como Hombre Hormiga. A las coincidencias señaladas en los párrafos anteriores se añaden una infinidad de paralelismos que van de lo más fortuito a lo más explícito. Por ejemplo, el fanboy que hay en mí os dirá que Bruce Banner se quita las gafas haciendo el mismo ademán que caracterizó a Rupert Giles a lo largo de las siete temporadas de Buffy, cazavampiros. O que Capitán América irrumpe en una escena saltando sobre una furgoneta, lo que recuerda demasiado a la entrada de Capitán Hammer en Dr. Horrible’s Sing-Along Blog (2008). Pero es que abandonando esta perspectiva conspiranóica, sigue resultando tremendamente fácil separar los rasgos puramente whedonianos del relato.

A través de los pasados de algunos de los personajes, Whedon cuela en el ramificado discurso de Los Vengadores breves reflexiones que nos transportan directamente a sus series. A pesar de haber sido creado por otro, la Viuda Negra, al igual que Kitty Pryde de los X-Men, es un personaje whedoniano por definición propia. En Los Vengadores se nos habla del peso que suponen para la agente de S.H.I.E.L.D. sus acciones en el pasado, y conocemos sus deseos expiatorios –Buffy y Angel están superpobladas de personajes que buscan la redención. El personaje de Scarlett Johansson es además un claro exponente del mensaje de emancipación femenina que ha articulado en gran medida la obra de Whedon. La primera escena de la Viuda Negra en Los Vengadores nos reintroduce al personaje en el clásico papel de damisela en apuros, para acabar revirtiendo este rol en una escena que podría pertenecer a la serie de la cazavampiros: la clásica paliza a los malos con los imprescindibles chascarrillos entre patada y puñetazo -algunos nos imaginamos por un instante que utilizaría como estaca una pata de la silla en la que estaba atada. Natasha Romanoff y Buffy Summers se convierten por un momento en la misma persona. A su vez, Ojo de Halcón -Jeremy Renner apareció en un episodio de la primera temporada de Angel– y la Viuda Negra -cuyo estilo peleando es reminiscente del de River Tam- comparten sus tormentos existenciales en una escena que alude directamente al discurso central de Dollhouse (2009): la búsqueda de identidad de unas personas cuyos pasados han sido borrados para trabajar al servicio de una organización secreta -por cierto, una oportunidad redentora para el propio autor, que jamás fue capaz de dominar las tramas militares de sus historias. Y si no, recordad la infame Iniciativa (Buffy).

Whedon exprime adecuadamente estas coincidencias temáticas, que vienen dadas por la historia de los personajes. Sin embargo, podemos ir más allá y encontrar numerosas escenas, diálogos e incluso planos que resultarán tremendamente familiares a los whedonites más hardcore: la nave de S.H.I.E.L.D. hace las veces de Serenity, permitiendo a Whedon volver a tratar con una ‘tripulación’ de héroes de naturalezas muy opuestas; también hay en la película un par de discursos motivacionales que no pueden faltar en la recta final de toda historia que venga firmada por Whedon; a un nivel más visual, el hundimiento de las instalaciones de S.H.I.E.L.D. al comienzo de la película es una revisitación del final de “Chosen”, el último episodio de Buffy, cazavampiros, en el que la Boca del Infierno se traga Sunnydale al completo; por otro lado, el sacrificio de Iron Man nos transporta hasta “The Gift” (Buffy, 5.22), en el que la heroína se zambulle en el portal interdimensional que amenaza con destruir la Tierra; y por último, tanto los deseos de los Vengadores de tomarse un día libre tras ganar la batalla, como la insistencia de Tony Stark en que vayan a comer a un sitio nuevo de shawarma, son reproducciones casi literales del divertido diálogo que mantienen los protagonistas de Buffy antes de adentrarse en la batalla final.

Pero la esencia más puramente whedoniana de Los Vengadores no se encuentra en estos instantes anecdóticos, sino en el cuidado tratamiento de la historia, y sobre todo, de los personajes. Como de costumbre, el director crea ese poderoso vínculo entre el espectador y los héroes, que le permitirá adoptar su clásica posición de demiurgo absoluto sobre la acción. Whedon humaniza a unos personajes que se nos antojaban algo vacuos en sus entregas individuales -con la excepción quizás de Tony Stark-, sacando el mayor provecho de sus intérpretes -el Bruce Banner/Hulk de Mark Ruffalo es uno de los personajes más memorables de la cinta-, y logrando que temamos por la vida de todos y cada uno de ellos en el vertiginoso clímax de la película, 40 sublimes minutos que ponen en evidencia todo lo que ha hecho Michael Bay. Eso sí, como antesala del desenlace, y para magnificar esa sensación de mortalidad de los personajes -a pesar de que sabemos de sobra que ninguno puede morir-, Whedon ya se ha encargado de recordarnos, por si a alguno se le había olvidado, quién maneja los hilos: tras convertir al agente Coulson en un geek al que empezamos a adorar peligrosamente, nos lo arrebata en una escena que nos desarma emocionalmente, nos enfurece, y en definitiva, nos introduce sin marcha atrás en el relato, desencadenadenando el frenético acto final. Aunque nos pese, al más puro estilo Whedon.

A través de la identificación, el autor construye una historia que implica al espectador a un nivel al que no nos tiene acostumbrado el género de súper héroes. Se trata de la enésima -y esta vez definitiva- relectura del cine de palomitas, a manos de la persona que comprende el verdadero alcance del término: el Dios geek, uno de nosotros. La película de Joss Whedon se siente cómoda con cualquier etiqueta, pero por mi parte, pienso colocar Los Vengadores junto a Buffy, Angel, Firefly, Dr. Horrible y Dollhouse en mi videoteca. Sin reparos.