Crítica: Cenicienta

CINDERELLA

Con las adaptaciones en acción real de sus clásicos animados, Disney ha encontrado su nueva gallina de los huevos de oro, y a pesar de que hace un año parecía que el género empezaba a recular, asumámoslo, tenemos cuentos de hadas para rato. Tras los más recientes taquillazos de la casa de Mickey Mouse, el panorama hollywoodiense de los próximos cinco años se presenta gobernado por los superhéroes y las princesas. La originalidad brilla por su ausencia, las películas no solo son adaptaciones de historias hiper-conocidas, sino que se parecen cada vez más entre sí, pero las cifras de taquilla indican que esto es lo que quiere el público, y lo que dice el público va a misa. Al menos hasta que el público se canse (o hasta que el tiempo demuestre que no se trata de modas pasajeras, sino del nuevo estado del cine comercial moderno; lo que ocurra antes).

Después de la decepcionante Maléfica, Disney recurre a uno de sus clásicos más insípidos para insuflarle nueva vida y color, Cenicienta. La principal diferencia de ésta con la película protagonizada por Angelina Jolie es que Cenicienta es una adaptación considerablemente fiel del cuento original, tal y como lo presentó Walt Disney en 1950. Hay cambios, algunos más sustanciales que otros -el más importante es que en esta ocasión el relato se inicia en la infancia de Cenicienta, por lo que el espectador conoce a Ella, es testigo de su tragedia personal, y asiste a su transformación en “Cinder-Ella”- pero más allá de eso, estamos ante la misma historia de siempre (ratones incluidos). Y esto, paradójicamente, supone cierta transgresión. Me explico.

Disney (y el resto de compañías que producen cine “para toda la familia”) se ha dedicado en los últimos años a derribar o reconfigurar estereotipos, entre otras cosas presentando personajes femeninos más fuertes, mujeres capaces de alcanzar la felicidad sin depender de un hombre. Así, en este mundo de princesas Disney contemporáneas se hace especialmente raro que la nueva Cenicienta no sea tan “nueva”, que no se enfunde una armadura como la Alicia de Burton o deje a un lado el amor romántico como Merida o Elsa. Pero que esto no nos engañe, la Ella de Kenneth Branagh (director) y Chris Weitz (guionista) no es una princesa pasiva que solo existe en relación a su príncipe. A base de detalles muy sutiles, Cenicienta es un personaje más resuelto y perseverante, toma decisiones propias, y a pesar de sus circunstancias, logra mantener cierto control sobre su vida y su destino.

CINDERELLA

Todo sin sacrificar su delicadeza, su gracilidad o su idealismo romántico, es más convirtiendo estos atributos en síntomas de entereza y humanidad en lugar de fragilidad. Porque la princesa no empuñe una espada, no quiere decir que estemos ante una película anti-feminista, todo lo contrario. Con esta nueva Cenicienta se nos presenta otro tipo de heroína feminista: la que decide luchar contra las adversidades con optimismo, bondad y perdón, virtudes propias de una persona valiente, tal y como el machacón lema de la película nos recuerda en todo momento. La que se enamora y anhela el “…y vivieron felices y comieron felices” con su príncipe azul (porque no tiene nada de malo querer encontrar el amor), sabiendo que no es lo más importante, ni la única manera de hallar la felicidad. Es decir, una princesa de las de siempre convertida en un personaje moderno sin apenas alterar su esencia.

El otro gran cambio de la cinta de Branagh con respecto al clásico del 50 es que ahora la película tiene personalidad, tal y como demuestran sus personajes. Desde Cenicienta, interpretada con encanto y afinación absoluta por Lily James, hasta el príncipe (Richard Madden aportando humanidad y humor a un personaje tradicionalmente plano), pasando por el Hada Madrina (Helena Bonham Carter, al contrario que Johnny Depp, sigue explotando con gracia su marcianismo) y sobre todo la madrastra, a la que da vida una Cate Blanchett dispuesta a pasárselo bomba con su personaje. La doblemente oscarizada actriz sobreactúa hasta derrapar, y el personaje está algo desaprovechado, pero cuando Blanchett da con la nota adecuada, resulta divertidísima.

Cenicienta es una película prácticamente irreprochable en todos los sentidos, un espectáculo de magia y color en el que esta vez Branagh evita que su gusto por la pompa y la teatralidad se interpongan en la narración, dando como resultado una ostentosa obra de sensibilidad pictórica y aire a Hollywood dorado que no obstante es algo más que un bonito (y sobrecargado) envoltorio. Teniendo en cuenta la dificultad con la que se parte al contar una historia que el público conoce de principio a fin, Cenicienta se las arregla para divertir y encandilar con los mismos ingredientes de siempre, pero con más brío (atención a las excelentes secuencias de la calabaza/carroza), personajes más definidos, y sin olvidar el extra de almíbar (porque si Cenicienta no fuera así de cursi, no tendría gracia), haciendo que aceptemos, aunque sea por un momento, que los cuentos de hadas están hechos para ser contados una y otra vez.

Valoración: ★★★★

Crítica: Big Hero 6

BIG HERO 6

“Por aquí no miramos hacia atrás durante mucho tiempo. Seguimos moviéndonos hacia delante, abriendo nuevas puertas y probando cosas nuevas. La curiosidad nos conduce siempre hacia nuevos caminos” -Walt Disney

Esta cita se incluye al final de uno de los primeros “Clásicos Disney” de la nueva era Lasseter de la compañía, Descubriendo a los Robinsons. Aquella extravagante aventura a lo Jetsons ponía de manifiesto la intención renovadora del estudio, que tras varios sonados fracasos necesitaba urgentemente dar un salto hacia el futuro. Y así fue, la casa de Mickey Mouse comenzó un proceso de actualización que, sin dejar de mirar atrás (Tiana y el sapo), se proponía adaptar el estudio a las sensibilidades comerciales y la nueva realidad social del siglo XXI. El punto de inflexión decisivo fue el gigantesco éxito de Frozen, un cuento de princesas que suponía la culminación del ejercicio desmontador de estereotipos que Disney llevaba realizando desde hacía unos años. El público masivo volvía a estar interesado en Disney, a Internet le encantaba el mensaje transgresor que llevaba consigo, y tanto las horas bajas de Pixar como la incorporación de Marvel propiciaban la sinergia perfecta para dar el siguiente paso.

De esa sinergia nace Big Hero 6, basada en un cómic estilo manga de la Casa de las Ideas publicado en 1998, sobre un equipo de superhéroes adolescentes liderados por un genio de 13 años, Hiro Hamada. Sus directores, Don Hall y Chris Williams, insisten en que la película no es una adaptación de Marvel, sino una de Disney ambientada en su propio universo. Sin embargo, a lo largo de todo el metraje queda patente la influencia de las películas de Marvel Studios, cuyo increíble éxito ha proporcionado una fórmula infalible que se ha puesto en práctica tanto en la Fase 2 del MCU como en esta película. Big Hero 6 es una origin story en toda regla, el relato de la formación de un súper equipo marveliano, con todas sus fases y todos sus elementos, incluida la escena post-créditos, que en este caso además incluye un genial cameo que corrobora todo lo anterior.

Big Hero 6Y ahí es precisamente donde Big Hero 6 encuentra su talón de Aquiles, en su naturaleza formulaica. Hall y Williams llevan a cabo una obra vibrante y espectacular que sin embargo sabemos exactamente por dónde va a tirar en todo momento, lo que elimina el factor sorpresa. No falta ninguno de los ingredientes cultivados en los Laboratorios Disney a lo largo de esta última década: las dosis de lección educativa con ese toque moderno que esquiva el sermón (“estudia una carrera”, “ponte el cinturón”), la ruptura de estereotipos (el nerd es un coqueta, el negro grandullón es un miedica), la representación (chica butch con curvas, chica nerd hiperfemenina, equipo multirracial), el feminismo (“woman up!”), la tierna amistad imposible, la escena impactantemente dramática en la que perdemos a un personaje (Disney nunca ha ocultado la muerte a sus espectadores, pero desde que Buscando a Nemo demostró la verdadera eficacia del recurso no se ha dejado de explotar), y ese final emotivo made in Pixar que en este caso está protagonizado por Hiro y el robot Baymax. Ojo, nada de esto es intrínsecamente negativo, todo lo contrario. Necesitamos esa ruptura, esa transgresión en el cine “para niños”, pero al igual que ocurre con las de Marvel, llega un momento en el que hace falta algo más que la repetición paso a paso de la fórmula para realizar una obra que no solo sea perfecta, sino algo más.

Con suerte, Big Hero 6 tiene alicientes de sobra para que pasemos por alto estos problemas y consigamos disfrutar como renacuajos. Visualmente es para quedarse bizco. Los escenarios fotorrealistas de la ciudad de San Fransokio (es decir, la bahía de San Francisco orientalizada) son alucinantes, con una topografía inabarcablemente detallada y una rica ambientación que fusiona con maestría espacios de ensueño (el vuelo al atardecer) y diferentes estilos (US home-made, cyber-punk, diners, calles de neón). Narrativamente, la historia de Hiro y sus superdotados héroes nos trae a la memoria algunos de los clásicos animados más celebrados del cine reciente: Cómo entrenar a tu dragónLos Increíbles, WALL-Ey sobre todo, El gigante de hierro, obra de culto con la que Big Hero 6 comparte núcleo emocional, la amistad de un niño y su robot (con escena análoga en la que el primero oculta al segundo de su madre, con divertido resultado). Puede que los héroes (y villanos) sean algo más planos de lo que cabía esperar, pero la película lo compensa con memorables secuencias cómicas, acción trepidante, y sobre todo el adorable, entrañable y achuchable Baymax, un personaje redondo (nunca mejor dicho) que garantiza las carcajadas y del que es imposible no enamorarse.

Valoración: ★★★

Respuesta a Mayim Bialik por el asunto Frozen

mayim frozen

Mayim Bialik (Blossom, The Big Bang Theory) y (supuestamente) sus hijos odian Frozen. El reino del hielo. La actriz ha explicado los motivos en su popular blog, y me sorprende encontrarme con los mismos argumentos contra Disney de siempre, aplicados muy endeblemente a una película que se construye precisamente para evitar ataques infundados como el suyo. Frozen tendrá sus problemas, pero parece que Mayim no la ha entendido (o en realidad no la ha visto). Me llama la atención que en su entrada reconoce que la película trata de desmontar los estereotipos de los que ella se queja, pero falla en la ejecución. Me parece una idea interesante, y estaba dispuesto a dejarme convencer por ella, pero la actriz también falla en la ejecución a la hora de explicarla y no consigue realizar un discurso sólido.

Aquí tenéis la entrada del blog de Mayim.

A mí SÍ me gusta Frozen, pero mi entrada no es una respuesta por despecho realizada por un fan ofendido (nada más lejos de la realidad, conozco a mucha gente a la que no le gusta la película, y entiendo perfectamente sus argumentos, incluso algunos los comparto). Esto tampoco es exactamente una defensa de Frozen per se, sino más bien una llamada de atención a todos aquellos que no se relajan ni un solo segundo y se empeñan en ver injusticias, lecciones morales erróneas y mal ejemplo en todos los objetos de la cultura popular (especialmente en Disney). ¡Viva el cinismo, y viva el sobreanálisis en la era de las redes sociales! Ah, y otra cosa. Como muchos sabéis, también soy muy fan de Blossom, así que esto va con amor, Mayim.

Por partes:

“La búsqueda de un hombre/amor/príncipe sigue siendo la idea principal del argumento de la película, como lo suele ser en la mayoría de las películas de animación para niños”.

NO, Mayim, precisamente esa idea, que sí se puede aplicar a los clásicos Disney de los 50 y a algunos del renacimiento de los 90 (donde muchos os habéis quedado), NO es el argumento principal, y sólo aparece tal y como tú la has entendido en la primera parte, y además de forma paródica (porque para desmontar algo primero hay que montarlo). Anna se enamora del príncipe a primera vista, y hay un número musical en el que se llama la atención, a base de humor, sobre lo almibarado y absurdo de la idea. El estereotipo de la princesa que se define por su necesidad de estar con un hombre (Hans) se desmonta, y el enamoramiento (de Kristoff) sucede más bien en segundo plano. El conflicto central tiene que ver con las dos hermanas, y así se mantiene hasta el final, cuando es Elsa la que “salva” a Anna, en lugar del “beso de amor verdadero” del príncipe. Además, siguiendo la estela feminista de Merida de Brave, Elsa es una reina soltera, y no tiene pretendiente, por tanto no es definida en ningún momento por su relación con un hombre. Paradójicamente, Anna termina con un hombre al que acaba de conocer, pero la relación de Anna y Kristoff se desarrolla de manera orgánica, natural, y el enamoramiento no es impulsivo, pasional, o ciego. Hasta los más pequeños pueden darse cuenta de eso. La prueba está en que la película no termina con su boda, como sería de esperar, sino con un simple beso. Y no un beso de “vivieron felices y comieron perdices”, o uno de dominación masculina, sino un beso de inicio de relación.

“El deseo de la hermana es casarse con ese chico al que acaba de conocer, y la otra hermana se enfada con ella… y nosotros seguimos teniendo un argumento sobre el concepto de identidad femenina basado en el deseo de conocer a un hombre”.

De nuevo, me da la sensación de que, o no has visto la película entera, o has visto clips sueltos, o simplemente has oído hablar de ella y dejaste a tus hijos viéndola para ir corriendo a escribir tu post polémico del día. Volvemos a lo mismo de antes. Anna desea casarse con el chico que acaba de conocer, sí. Esto ocurre en la primera parte de la película, y forma parte de la exposición de lugares comunes que más tarde serán dinamitados. Cuando Anna conoce a Kristoff, este le dice “¿En serio te vas a casar con un tipo que acabas de conocer?” Y al final, cuando se descubre que Hans es en realidad el villano de la función, este le espeta “Estabas tan desesperada por amar que estabas dispuesta a casarte conmigo a la primera de cambio”. ¿Por qué te quedas sólo con lo que te interesa para construir tu discurso y fuerzas lo demás, Mayim?

Por otro lado, no entiendo por qué utilizas el enfado de Elsa con Anna por la boda con Hans para apoyar tu argumento sobre la identidad femenina. Elsa no se enfada con su hermana porque Hans sea un hombre, o porque Anna se vaya a casar y ella no. Elsa se enfada porque DESCONFÍA de esa persona que, como bien dices tú, acaba de conocer (“No te puedes casar con un hombre que acabas de conocer. Me da igual que hayáis compartido un número musical”, le dice Elsa a su hermana). Es una cuestión de confianza, de miedo (que viene desde la infancia, y está relacionado con haber hecho daño a su hermana, no con ningún hombre). ¿O acaso creíste que había celos? Me preocupa que esa sea tu visión del asunto. A ver si eres tú la que observa a la mujer en el cine y la televisión única y necesariamente vinculada al “concepto de la identidad femenina basada en el deseo de conocer a un hombre”… Elsa no será el personaje más coherente y redondo del mundo, pero si algo hace bien es precisamente construir su propia identidad completamente al margen de los hombres.

“El príncipe/héroe resulta ser el villano. Fingió amarla y luego le tendió una trampa, de lo que ella saca la lección de que no se debe confiar en esos hombres asquerosos, manipuladores y confabuladores. Porque claro, ¿no se puede confiar en los hombres? Meh”.

Aquí es donde me pierdes por completo, Mayim. Qué manera de tergiversar el asunto. ¿Por qué no eres capaz de desvincular el género del personaje con sus actos en la película? Haces justo lo que criticas. ¿Qué pasaría si el villano fuera una mujer (como tantas veces en el Disney clásico: Maléfica, Madame Mim, la madrastra de Blancanieves, Úrsula)? Entonces hablarías de sexismo y de la identidad de la mujer madura en relación a sus celos de la joven y las normas de la sociedad que dictan que…. MEH. La conclusión que saca Anna es que no se puede confiar ciegamente de una PERSONA que acaba de conocer, que ha de molestarse en conocerla un poco antes. No tiene nada que ver con la guerra de géneros. ¿No te sirve que en la película haya dos personajes masculinos opuestos para desmontar esa idea? Kristoff es un hombre bondadoso, honesto, leal, no manipula a Anna, no le dice lo que tiene que hacer. El arquetipo que representa Hans es desechado en favor del que representa Kristoff, por tanto, ¿a qué viene eso de que no se puede confiar en los hombres? Me recuerda a la gente que critica la escena en la que Úrsula convence a Ariel para que le entregue su voz a cambio de piernas, argumentando que los hombres no quieren que las mujeres hablen. ¿De verdad es tan complicado no entender estas escenas de manera literal y asumir que se trata de la caracterización del villano y, por tanto, de la exposición de la idea que la película denuncia? Una vez más, te quedas con la fase inicial del concepto, y desechas la conclusión de la película, para construir la tuya propia, la que te viene bien.

“Mi problema es que esta es una película dirigida a niños pequeños que no creo que necesito estar basada en ideas como esta, especialmente cuando no está basada en un clásico cuento de hadas. Y además, todos los personajes son jóvenes y obviamente no tienen edad para, en mi conservadora opinión, andar buscando pareja”.

Te equivocas de nuevo. Frozen sí está basada en un cuento de hadas. Concretamente en La reina de las nieves de Hans Christian Andersen. De acuerdo, está muy libremente adaptada, puesto que lo cambia tanto que al final no queda casi nada del material original. Pero aún así, técnicamente estamos ante un cuento de hadas, y por tanto es normal (o quizás sea más adecuado decir “tradicional”) que las princesas protagonistas sean muy jóvenes (¿no serás tú también de los que critican Mad Men “porque es machista!! buuu buuu”?). Pero bueno, ese no es el problema, seguimos con la misma idea que vertebra tu discurso, y que de raíz no tiene fundamento. Frozen no es una película sobre chicas demasiado jóvenes buscando pareja, por todos los dioses. Si esa es la idea que sacaron tus hijos después de verla, es que han pasado demasiado tiempo en brazos de su madre.

“Los personajes masculinos parecen personajes de dibujos animados, pero siguen respetando las proporciones del cuerpo humano. No ocurre los mismo con las chicas. Tienen ojos enormes, ridículamente grandes, naricitas pequeñas y delicadas. Y proporciones de muñeca Barbie: cinturas diminutas, pechos grandes y cabezas enormes. ¡Parecen muñecas!”

¿Ves? Aquí te tengo que dar la razón. Si tu denuncia a la película se hubiera basado en esto principalmente, no tendría mucho que decir en tu contra. Los diseños de Anna y Elsa están realizados, efectivamente, pensando en los millones de muñecas que se iban a vender, y por tanto sufren de proporciones barbianas, ojos de anime y narices microscópicas sin puente, y situadas donde debería estar la boca. Esto fue lo que menos me gustó de Frozen, y creo que unas proporciones más naturales habrían apoyado mejor todas las ideas progresistas de la película que hemos destacado. Pero esto no deja de ser una película de animación, y tengo la sensación de que los niños y las niñas saben distinguir un dibujo animado de una persona real.

 

Si lo que querías era ir a contracorriente, Bialik, te podrías haber apoyado en otros argumentos. Por ejemplo, las canciones (en la entrada dice que odia los musicales) o los agujeros de guión (que hay doscientos), pero has preferido aplicar unos cuantos conceptos que tienes grabados a fuego (con toda la razón del mundo) sin tener en cuenta más variables, sin analizar verdaderamente lo que ocurre en la película. Y oye, yo soy el primero que mira estos temas con lupa en el cine y la tele, y también en las opiniones de la gente en Internet, y es normal hacerlo con algo tan influyente como Frozen, pero también tenemos la opción, de vez en cuando, de llamar la atención sobre lo que una película hace bien. Y los aciertos de Frozen en este caso, y en mi opinión, refutan lo que según tú hace mal. Sin renunciar a su identidad de cuento de princesas, o de clásico Disney, (y sin necesidad nosotros de entrar en el debate sobre su calidad) Frozen es una película ciertamente transgresora en su representación de la mujer en los cuentos de hadas cinematográficos , y un ejemplo de cómo el estudio se ha adaptado a los tiempos, apostando por las protagonistas fuertes, independientes, esencialmente buenas (que no haya villana no es digno de mención, ¿verdad?) y sí, guapas, porque la belleza no debe estar reñida con la transmisión de valores positivos. No te voy a aconsejar verla otra vez (cuidado, pierde en sucesivos visionados :P), pero sí a pensar un poco en lo que has visto. Y tampoco seré yo quien te diga cómo educar a tus hijos, pero quizás sea aconsejable que los dejes pensar por sí mismos.

Fuente

El Pato Donald cumple hoy 80 años

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El pato más famoso del mundo celebra hoy su 80º cumpleaños. El Pato Donald se dio a conocer por primera vez en el corto de las Silly Symphonies The Wise Little Hen el 9 de junio de 1934. Desde entonces, su espíritu bufón y su fuerte temperamento, le han convertido en un personaje muy querido por público de todas las edades (confieso que es mi personaje Disney clásico favorito de toda la vida).

Hoy, Donald Duck sigue siendo tremendamente popular. Además de inspirar productos y diseños para ropa, papelería o menaje del hogar, forma parte de La Casa De Mickey Mouse y tiene un papel importante en los nuevos cortos de Mickey, con un diseño muy diferente al que estamos acostumbrados, más moderno y minimalista (foto de encabezado).

Donald Wise Little Hen

Algunos datos curiosos sobre el Pato Donald:

· Desde su debut en 1934, Donald ha aparecido en 200 largometrajes de animación, más que ningún otro personaje Disney
· Tras los primeros años y a medida que su popularidad crecía, a mediados de los años 30 empezó a aparecer el primer merchandising inspirado en el Pato Donald, como peluches, sábanas y lámparas
· En 1938, el ilustrador Disney Al Taliaferro comenzó a dibujar una tira diaria de comic de Donald para el periódico, que llegó a publicarse en 322 cabeceras
· Cuatro años después de su primera aparición conoció al amor de su vida, Donna Duck, a la que más tarde conocimos como Daisy
· Además Donald tiene tres sobrinos, Juanito, Jorgito y Jaimito y su tío Gilito, que llegó a igualar en popularidad a su sobrino
· En 1995, un asteroide recibió el nombre del Pato Donald (Asteroide 12410) y en 2004 se le homenajeó con su propia estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood en Los Ángeles
· En 2013 se vendieron 80 millones de copias de las revistas del Pato Donald, con ediciones locales en 16 países de Europa, Oriente Medio y África, que confirman una creciente demanda de este entrañable personaje en el mundo editorial. En Italia, Donald sigue protagonizando uno de los cómics más populares.

Os dejo con una cronología sobre Donald:

Donald Timeline NEW2

Via Walt Disney Studios Motion Pictures Spain

Crítica: Al encuentro de Mr. Banks (Saving Mr. Banks)

SAVING MR. BANKS

Mary Poppins es “prácticamente perfecta en todo”. Esto es sin duda lo que pensaba la creadora de este personaje literario infantil convertido en icono cinematográfico, Pamela Lyndon Travers (Emma Thompson). Durante dos décadas, Travers se negó a dejarla en manos de Walt Disney para que alterase esa perfección y la convirtiese en otra de sus atracciones de parque temático, o peor aún, ¡en un dibujo animado! Al encuentro de Mr. Banks (Saving Mr. Banks) es la crónica del arduo proceso de preproducción del Clásico Honorífico Mary Poppins; una reconstrucción (muy descafeinada y edulcorada) de la tormentosa relación que se entabló entre Disney (Tom Hanks) y la escritora británica de origen australiano después de que este le pidiese prestada a su niñera voladora para cumplir una promesa que le había hecho a sus hijos cuando eran niños. Dirigida por John Lee Hancock (El Álamo), Al encuentro de Mr. Banks insiste en la tendencia autorreferencial del Disney de estos últimos años con otro ejercicio de balance y reafirmación en el que el estudio vuelve a dominar el arte de la nostalgia para conectar emocionalmente con un público ávido de “tiempos mejores”.

Comedia y melodrama a partes iguales, Al encuentro de Mr. Banks discurre saltando entre dos tiempos, la primera visita de Travers a Los Ángeles para reunirse con Disney en persona y su infancia en Australia, donde somos testigos de la devoción que sentía hacia su padre, un banquero alcohólico interpretado por Colin Farrell, es decir, el Sr. Banks original. La fragmentación del relato afecta gravemente al ritmo de la película, y los constantes saltos hacia el pasado constituyen a menudo molestas interrupciones de lo que de verdad queremos ver: el making of de Mary Poppins, y a Emma Thompson y Tom Hanks en pie de guerra. Los continuos flashbacks para contarnos el origen de Mary en los traumas infantiles de Travers (daddy issues!), por muy necesarios que sean para la (excelente) caracterización del personaje, podrían -y deberían- haber sido condensados en menos secuencias para evitar el tedio de algunos pasajes y la confusión tonal. De esta manera podríamos haber disfrutado aún más de la fascinante interacción de la cascarrabias autora con su detestado Disney, con los hermanos Robert y Richard Sherman (B.J. Novak y Jason Schwartzman), autores de las canciones de la película, o con su chófer Ralph (¡Paul Giamatti haciendo de sidekick Disney!). No hay nada como la historia de un corazón de hielo derretido a base de humor, buenas intenciones y canciones maravillosas. Y eso es exactamente lo que nos da Al encuentro de Mr. Banks, evitando en todo momento las sombras de la biografía de Disney (no es que esperásemos otra cosa), para proporcionarnos una cinta tan disneyana en su moraleja como cualquiera de sus clásicos animados.

SAVING MR. BANKS

Claro que no podemos reprochar demasiado que no haya interés en mostrar un lado más turbio del tito Walt, más allá de su terquedad patológica, puesto que Al encuentro de Mr. Banks no es la historia de Walt Disney, es la de P.L. Travers, y la del origen de esa extraña y feminista película que es Mary Poppins. En este sentido, Tom Hanks realiza un gran trabajo interpretando simplemente al padre de Mickey Mouse, es decir, a la figura pública que todos conocemos a través de sus vídeos. Nada más. El peso del relato recae sobre una espléndida, monumental e inconmensurable Emma Thompson, que nos regala una de las mejores interpretaciones de su carrera. Inspirada, divertida, efervescente, Thompson se funde con el personaje, dominando en todo momento el rango de emociones que lo definen, del remilgo British a la mirada puramente infantil, culminando en una sublime escena final en la premiere de Mary Poppins que conmoverá al más duro. A pesar de la testarudez y rechazo de Travers a todo lo que Disney simbolizaba (y simboliza aún para muchos), Al encuentro de Mr. Banks nos convence, a base no de “un poco de azúcar” sino de carretas de melaza, de que ella personifica el espíritu Disney mejor que nadie. No estamos muy seguros de si la autora daría su visto bueno a esta visión de su persona (no sé por qué, me cuesta creer que en algún momento durmiese abrazada a un Mickey de peluche gigante), pero al menos se regocijaría sabiendo que su legado sigue vivo gracias a la maestría de Disney a la hora de crear recuerdos que duran para siempre.

Valoración: ★★★½

Crítica: Oz, un mundo de fantasía

A mediados de los 80, Disney ya se sumergió en los mundos de L. Frank Baum con una demencial secuela del clásico El mago de Oz (The Wizard of Oz, Victor Fleming, 1939) titulada Oz, un mundo fantástico (Return to Oz, Walter Burch, 1985). Ahora se atreve con la historia de cómo Oscar Diggs llegó a la Ciudad Esmeralda para convertirse en el magnánimo y todopoderoso regente de Oz. Titulada casi idénticamente a la secuela protagonizada por Fairuza Falk -por cierto, Willy Wonka and the Chocolate Factory también se llamó Un mundo de fantasía en Latinoamérica y España-, Oz, un mundo de fantasía es la colorista y ultradigital visión de Oz que nos proponen Sam Raimi (Evil Dead) y Joe Roth (productor de la Alicia de Burton).

A los aficionados al cine de Raimi les alegrará comprobar que el realizador consigue que su sello personal se haga un pequeño hueco en la película. En Oz, un mundo de fantasía hay alguna que otra concesión al estilo que Raimi ha cultivado en sus películas de terror: la tensión expresada a base de zooms y ángulos propios de la serie B, la presencia (muy breve y camuflada) de su muso Bruce Campbell, y una clara voluntad por potenciar el aspecto terrorífico y grotesco de la historia, particularmente en su recta final. Pero no nos engañemos, el auteurismo que nos empeñamos en encontrar en Oz no es lo más destacable de la película, y por supuesto, no redime el fracaso artístico que acaba siendo. La identidad de Raimi se disuelve por completo en esta orgía de cromas y secuencias manufacturadas exclusivamente para el 3D que debería estar en Disneyland, y no en una sala de cine. Claro que lo peor de esta Oz no es su cualidad de atracción de parque temático, sino la absoluta desgana con la que se ha acometido la historia, y el triste desaprovechamiento de unos personajes que podrían haber dado mucho de sí.

La culpa también es de un reparto del que solo se salva -afortunadamente- el protagonista. James Franco es un verdadero acierto de casting. Su amplia sonrisa de bribón y sus ademanes chulescos pero infantiles lo convierten en el Oscar Diggs perfecto. Franco resulta creíble como el paso evolutivo inmediatamente anterior al Oz que todos conocemos. Pero su encanto no es suficiente para aguantar todo el peso de una película tan desbordantemente inconsistente. El relato también nos muestra los orígenes de tres de las brujas de Oz. Pero Mila Kunis, Rachel Weisz y Michelle Williams parecen competir encarnizadamente por el título de ‘peor interpretación de la película’. Sinceramente, me resulta imposible decantarme por una. ¿Una Kunis irritante dejando en evidencia sus desoladoras carencias como intérprete de drama, una Williams que se desplaza torpe y desganada frente la pantalla verde y que no se deshace de la misma mueca en toda la película o una Weisz que parece estar imitando a la Charlize Theron de Blancanieves y el cazador? Se mire por donde se mire, un auténtico desastre.

Oz, un mundo de fantasía es básicamente la misma película que Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton, con todo lo que ello conlleva. Ambas parecen pertenecer al mismo universo de trágicos cromas y desprenden ese acomodadizo sentido del espectáculo basado en la seguridad que proporciona el digital. Se salvan los personajes secundarios, impresionantemente animados, del mono volador y la niña de porcelana con daddy issues -el único gran personaje de la película, malgastado como todos. Sin embargo, la historia hace aguas en todo lo demás. El guion parece un primer borrador, con unos diálogos que transmiten la sensación de haberse conformado con lo primero que ha venido a la mente -porque lo importante es el despliegue visual y el plus por las gafas 3D- y una ineptitud alarmante a la hora de sorprender o transmitir cualquier tipo de emoción. No son suficiente reclamo los incesantes paralelismos con la película de 1939, es necesario construir un relato con entidad propia, y Oz, un mundo de fantasía no lo hace. Escudándose constantemente en dos leit motifs -“con fe todo es posible” y “más vale ingenio que magia”– la película de Raimi elabora un mensaje que pone en duda continuamente los meros cimientos de su discurso. Oz, un mundo de fantasía celebra en última instancia el trampantojo, la ilusión, el encanto de la artesanía manual y la técnica, pero lo hace después de habernos llevado en un agotador y mareante viaje a través de un mundo en el que nada es verdad. Puede que la película nos esté pidiendo -o exigiendo- que asumamos que esta es la nueva magia del cine de Hollywood, e incluso sugiriendo que si Meliés existiera en nuestro presente, sería un mago de lo digital. Pero a mí me cuesta enormemente tener fe en este futuro del cine.