Daddy Issues: mis diez padres televisivos

Es muy habitual en la ficción televisiva convertir al padre de familia en un personaje de relleno, darle las tramas secundarias menos interesantes y olvidarse de él a favor del protagonismo de los personajes jóvenes. Sin embargo, alguna series cuidan con sumo detalle y cariño esta figura, convirtiéndolos en personajes con múltiples capas. Ser hijo es difícil, pero ser padre conlleva un proceso de aprendizaje aun más complejo. Veamos cómo acometen estos diez padres catódicos el trabajo más complicado de sus vidas:

Eric Taylor (Friday Night Lights)

Abanderado de los valores más tradicionales y perfecto representante del arquetipo de padre autoritario pero con un corazón que no le cabe en el pecho, Coach Taylor es sin embargo un personaje profundamente anclado en la realidad. Sus reacciones ante los obstáculos que la vida -o más bien su hija- le pone, no solo son fieles a su sólida construcción como personaje de ficción, sino que además sirven para dar cuenta de ese acusado realismo del que hace gala Friday Night Lights. Rozando a menudo el paternalismo, pero siempre dispuesto a aprender, Eric Taylor maneja las situaciones más escabrosas siguiendo un claro patrón: impacto y silencio inicial, visceralidad e ira, y finalmente el temple necesario con el que al final soluciona todos sus conflictos, tanto dentro de casa como en su trabajo, donde ejerce como padre de todos los jugadores del equipo al que entrena. Coach no es solo el padre perfecto -gracias en gran medida a sus numerosas imperfecciones- sino que además es padre multiplicado por 12.

William Adama (Battlestar Galactica)

A pesar de que la mayor parte del tiempo prevalezca la relación profesional que los presenta como jefe y subordinado, William y Lee son ante todo padre e hijo. Sus vidas esencialmente públicas y dedicadas a la causa común de salvar la humanidad -ahí es nada- relegarán las muestras de afecto a un segundo plano. Solo en los momentos de mayor peligro o en los instantes más decisivos de sus vidas, nos daremos cuenta del enorme -y dañado, por la pérdida de un hijo y hermano- amor que se profesan estos personajes. El almirante Adama es el patriarca definitivo, ya que ejerce no solo como padre para Apollo y para una de sus alumnas predilectas, Starbuck, sino que además se considera responsable inmediato de las vidas de los únicos seres humanos que quedan vivos tras el ataque de los cylons a su planeta. Como padre, y a pesar de ocasionales escarceos con el absolutismo, triunfa a pequeña y gran escala.

 

Graham Chase (My So-Called Life)

Crecer duele, y si no que se lo digan a Angela Chase. Sin embargo, el egocéntrico y catastrofista dolor del adolescente -que ella representa con sumo realismo- eclipsa otro tipo dolor, igual de intenso, pero con menos derecho a manifestarse: el de los padres que ven cómo sus hijos se alejan. Graham Chase descubre en el piloto de esa maravilla de los noventa que en España se tituló Es mi vida, cómo la niña de sus ojos se ha convertido en un ser irascible que se resiste a mostrar cualquier síntoma de cariño hacia él. Graham debe aceptar los cambios por los que está atravesando su hija y entrar con ella en una nueva etapa, pero Angela no lo pone fácil: “Mi padre era muy guay antes. La triste verdad es que mis pechos nos han distanciado”. En la aceptación de la transformación de Angela y la comprensión ante los dolores del crecimiento que todos experimentamos reside la clave para que Graham vuelva a la vida de su hija, aunque esta ya no sea su niña pequeña.

Red Forman (That ’70s Show)

El padre de Eric Forman es un personaje de sitcom prototípico. Fiel a su personalidad de principio a fin, Red se muestra inquebrantable ante la ñoñería que le amenaza constantemente. Lo cierto es que lo habitual en este tipo de personajes es que acabe cediendo y nos muestre su lado más amable, pero afortunadamente no es el caso. Red es un padre implacable. Sus valores tradicionales y su percepción sexista de los roles femenino y masculino le obligan a tratar a su hijo con mano firme. Eric es un chaval enclenque, inteligente y definitivamente nerd, características que sirven de amenaza directa a Red, poniendo en entredicho su papel como padre. La técnica de Red es clara: los palos te hacen más fuerte. El único “te quiero” dedicado a su hijo lo pronuncia bajo los efectos del alcohol -para a continuación olvidarlo completamente. Y lo cierto es que su técnica funciona. Eric reconoce que su fortalecimiento como persona se debe en gran medida a la relación con su padre. Supongo que los setenta eran así.

Michael Bluth (Arrested Development)

Michael es viudo y padre soltero de un solo niño (George Michael). Cuando decide hacerse cargo de la compañía de su padre tras ser este encarcelado, se encuentra con que no solo debe tomar las riendas del negocio, sino que además debe ejercer de gran pater familias de un puñado de adultos malcriados, materialistas y egoístas, incluyendo a su propia madre. Su nueva y estresante condición hace que se despreocupe de su único hijo justo cuando este ingresa en la etapa más tumultuosa: la adolescencia. Michael es honesto y sus intenciones siempre son buenas, sin embargo no es consciente de la constante presión a la que somete a George Michael, de las altas expectativas que le obliga a cumplir y de lo mucho que este necesita de una figura paterna que le oriente. A pesar de caer atrapado ocasionalmente en la red de mentiras y manipulaciones de su familia, Michael siempre regresará a sus principios básicos de nobleza y verdad, lo que hará que finalmente logre prestar la atención y ayuda necesaria a su hijo.

Max Gregson (United States of Tara

El marido de Tara Gregson es prácticamente un santo. Paradigma de paciencia y diplomacia, el amor incondicional que siente hacia su mujer y sus hijos es prácticamente inquebrantable. Max es es una combinación perfecta entre tradicionalismo y modernidad, siendo la relación que mantiene con sus hijos casi siempre de igual a igual . Son las circunstancias de la vida las que le obligan a mostrarse más paciente y comprensivo ante las adversidades -¿sería Max un padre tan hip si no tuviera que cargar con el peso de su mujer y todas sus personalidades? Su relación con sus hijos se ve tristemente afianzada ante un enemigo común: la enfermedad de Tara. No hay espacio para dramas entre padre e hijos cuando una familia tiene que enfrentarse a diario con un monstruo que amenaza con devorarlos a todos. Es por ello que Max alcanza en la tercera temporada de la serie la conclusión que lo convierte, desde mi punto de vista, en el padre perfecto: es necesario dejar marchar a los hijos. Si se ha hecho bien, no se debe tener miedo a perderlos para siempre. Y Max lo ha hecho muy bien.

Jack Bristow (Alias)

Cuando uno tiene una hija que se juega su vida a diario en las misiones secretas más arriesgadas, su papel como padre se complica exponencialmente. La distancia, el engaño y la desconfianza es lo que define la relación entre Jack y Sydney Bristow al comienzo de Alias. Si bien Jack demuestra de sobra a su hija que la percepción que tiene de su padre -un ser frío y aparentemente carente de amor hacia ella- es errónea, el trabajo de ambos se empeña en poner en tela de juicio sus sentimientos en numerosas ocasiones. Como no podía ser de otra manera, Sydney comprende que absolutamente todo lo que hace su padre es por su bien, y que estará dispuesto a sacrificar su vida y el amor de su hija hacia él solo por protegerla. El propio Jack reconoce que ella es su principal herramienta para alcanzar la redención, y que es lo único por lo que merece la pena luchar hasta el final. Es la admiración y el respeto mutuo lo que les hace hallar la tan esquiva felicidad como familia.

Pepe (Pepa y Pepe)

Calzonazos, fracasado e infantil, Pepe es el padre más entrañable y real de cuantos ha habido en la ficción televisiva en España en los últimos 20 años. Contrapunto extremo de Nacho Martín de Médico de familia -serie con la que Pepa y Pepe coincidió en antena-, Pepe trataba a sus tres hijos con un amor que provenía de lo más hondo -de donde también sacaba la ira-, sin artificios ni remilgos. El personaje interpretado magistralmente por Tito Valverde estaba construido a base de una profunda nostalgia y melancolía que dejaba entrever de vez en cuando y que justificaba la dependencia que tenía de sus niños (Pepa: Ya está bien, parecéis niños. Pepe: ¡Somos niños!). Pepa se quejaba a menudo del rumbo que habían tomado sus vidas (ella en paro y él pintando caras de muñecas por dos duros), pero Pepe se negaba a que el fracaso profesional definiera sus vidas. Las penas se iban al instante al darse cuenta de lo que había hecho junto a Pepa: “tres hijos como tres soles”.

Keith Mars (Veronica Mars)

El padre de la detective adolescente Veronica Mars es quizás un caso parecido al de Max Gregson. Las circunstancias de la vida le han convertido en un padre moderno y en sintonía con los adolescentes. Padre cool donde los haya, Keith trata a su hija como si fuera su mejor amiga, siempre que esta no se encuentre en peligro. Trazando una delgada línea entre la comprensión y la protección, Keith mantiene una relación envidiable -y por qué no decirlo, algo artificiosa- con Veronica, a la que otorga la libertad suficiente como para que esta le respete y regrese siempre a él. La relación entre ambos representa el equilibrio perfecto, solo comparable a la que mantienen Lorelai y Rory en la coetánea Las chicas Gilmore. Nos da igual si Keith y Veronica son demasiado buenos para ser verdad. Nos encantan tal y como son.

 

 

 

Rupert Giles (Buffy cazavampiros)

En el whedonverso no abundan las figuras paternales, al menos las de corte tradicional. A pesar de que las jerarquías de poder y autoridad son uno de los temas predilectos del autor, Joss Whedon opta por invisibilizar a los padres y explorar esas ideas a través de otro tipo de relaciones. Valiéndose de la metáfora, el subtexto y la evolución de personajes -todo eso que nos pone tanto a él y a mí-, Whedon convierte gradualmente a uno de sus protagonistas principales en padre, sin haber procreado en ningún momento. Es en la sexta temporada de Buffy cuando Giles por fin se autodefine como padre de la cazadora, y nos lo explicita justo en el momento en el que el vigilante decide quitarse de en medio -por segunda vez- para que su hija pueda valerse por sí misma. Según Whedon, Giles se da cuenta de que “si lucha las batallas de su niña, esta nunca crecerá”. Y así nos lo canta en “Standing in the Way”, su solo en el episodio musical “Once More, with Feeling”: “I wish I could say / The right words / To lead you through this land / Wish I could play the father / And take you by the hand / Wish I could stay here / But now I understand / I’m standing in the way.” Giles no abandona a la cazadora porque se dé cuenta de que no es su progenitor, sino porque como su verdadero padre, es lo que debe hacer.

United States of Tara, 3ª temporada

“Life is so fucking fragile”

Puede que United States of Tara no sea la serie de televisión más realista, pero probablemente sí sea la más real de las que hay actualmente en emisión. A pesar del ocasional artificio melodramático y el naturalismo forzado que se desprende de muchos diálogos (sobre todo los más ‘casuales’), la serie de Showtime esconde un corazón que bombea a base de experiencia y observación. Es en ese departamento donde debemos loar la labor de Diablo Cody (la creadora de ese aborto cinematográfico que es Juno), que encuentra en el televisivo el medio idóneo para desarrollar su talento. No podemos negar que Cody lleva tres años desempeñando un trabajo de guión que, obviando las concesiones a su personalidad repelente (deja de venderte como embajadora de lo alternativo y lo moderno, ni lo eres, ni lo sabes hacer), destaca por haber desengranado con tino, elegancia y un exquisito sentido del humor la esencia de una familia (“It’s laugh or cry time. I choose to laugh”). Y lo ha hecho sin necesidad de recurrir a soliloquios en off, rozando en ocasiones el virtuosismo a la hora de articular emociones enormemente abstractas en diálogos de andar por casa.

I wish we were the sort of people who could just get upset about one thing. When something happens, everything else should go away. One terrible, horrible thing a day. […] I always say I’m gonna get out of here tomorrow, and I even get on a plane every day. And I’m still here (Kate Gregson).

United States of Tara dejó hace mucho tiempo de ser ‘la serie sobre una mujer con trastorno de identidad disociativo’ para revelar su verdadera naturaleza como serie sobre una familia, y en última instancia, sobre la familia. De esta manera, la tercera temporada se construye haciendo hincapié en los dos puntos de vista de la historia: el de la enferma y el de la familia que ¿debe? cuidar de ella. Incluso se nos sugiere que “esta no es la historia de una mujer enferma, sino de la persona que está enamorada de de ella”. Esta preciosa idea se viene explorando desde el principio, pero no es del todo cierta. A pesar de que se profundiza en el progresivo deterioro (y paralelamente, la inquebrantable fortaleza) de Max Gregson, así como en el papel de los hijos y la hermana de Tara en la debacle familiar, es la enferma la que sigue copando toda la atención narrativa. Aunque no es ella la que esconde todo el significado de la serie.

En la tercera temporada de la serie, Tara regresa a la universidad. Esto la transforma en un personaje más optimista y enérgico. La arregla temporalmente, a pesar de convertirla en un personaje que roza lo insoportable (la Tara feliz es la que pone en evidencia las carencias interpretativas de la excesiva Toni Collette). La temporada comienza con un pacto entre la protagonista y sus personalidades alternativas, que si bien supone un cambio importante en la mecánica de la serie, se ve empañado por la innecesaria presencia de un personaje-catalizador, el doctor Hattaras. Tara se convierte en investigadora y objeto de estudio a la vez, lo que provoca el surgimiento de un nuevo alter, Bryce Craine, el hermanastro de Tara y Charmaine que violó a la primera cuando era pequeña. El monstruo policéfalo de Tara amenaza con destruir por completo a la familia, esta vez para siempre (“Building barricades. I did not see this one coming”), mientras en su interior Bryce lleva a cabo una matanza de alters. Hattaras se marcha (¡menos mal!) con el rabo entre las piernas después de un ataque del alter homicida y comienza la excelente recta final de una temporada irregular hasta ese momento. Es entonces cuando Cody brilla especialmente, al llevar a cabo un precioso y descorazonador retrato familiar a base de brutal sinceridad.

“I wanna make my own problems, that’s my right as a fucking human being” (Kate Gregson).

No es necesario haber crecido en una familia disfuncional con una figura paterna que padece trastornos psicológicos para sentirse identificado con las palabras de la hija mayor de Tara. Aunque ayuda. Formar parte de una familia es en ocasiones estar atrapado en un bucle espacio-temporal del que es imposible salir (“You can’t keep doing the same thing, hoping for a different result”). El complejo proceso de maduración de los hijos conlleva un no menos difícil esfuerzo por parte de los padres. ¿En qué momento dejan de ser los problemas de los progenitores también responsabilidad de los hijos? La tercera temporada de Tara concluye explorando esta dolorosa idea que al fin y al cabo engloba el significado de la familia, lo que la define, y a la larga, la consolida o la destruye.

La emancipación esconde un acto intrínseco de egoísmo por parte del hijo que se revela necesario en la adolescencia (Marshall decide marcharse), pero que se puede acabar asimilando en la personalidad como una pulsión controlada a medida que se madura (Kate quiere marcharse, pero decide quedarse a cuidar de su familia y el propio Marshall regresa en cuanto estalla otra crisis familiar). No podemos escapar de nuestra familia, no sin hacer pedazos los vínculos que la mantienen viva y ahogarnos en un océano de culpabilidad (ahí está la madre de Max recordándonoslo; eso, y que todos estamos locos o acabaremos estándolo algún día). Sin embargo existe la posibilidad de un trueque que en realidad es un acto de fe: Max y Tara dejan marchar a sus hijos, porque es su responsabilidad como padres (para ello claudican ante el egoísmo que también los caracteriza a ellos), manteniendo sin embargo la esperanza de que regresen por decisión propia. Ojalá todos los días fueran Navidad… Ojalá la Navidad no existiese.

Marshall: Do you think you’ll come home for holidays? I mean, if you marry Evan and all? […]
When you really, really leave, will you ever come home?
Kate: Will you?

En el devastador silencio por parte de los dos hermanos tras esta pregunta se esconde el verdadero sentido de la tercera temporada de la serie. Es cuando uno se da cuenta. United States of Tara duele. Como la vida misma.

Showtime y las mujeres II: United States of Tara

Cuando me enteré de que Diablo Cody preparaba una serie de televisión para Showtime cargué las escopetas al instante. No me equivocaba en mis prejuicios hacia esta señorita después de ver unos cuantos episodios de United States of Tara: artificiosidad, referencias culturales metidas con calzador y un discurso altamente autoindulgente. Me costó poco reconocer a la guionista de Juno en los diálogos de US of Tara, y por tanto, suponer que la serie no tenía mucho que ofrecerme. Pocas veces me he alegrado de estar equivocado. Si bien la primera temporada continuó ofreciendo lo peor de la autocomplaciente Cody, fue fácil obviarlo en favor de una química excelente entre los personajes y una historia cada vez más emotiva y absorbente. La segunda temporada, a pesar de no empezar con buen pie, ha consolidado la serie como una de las mejores comedias de la televisión actual.

El secreto de US of Tara radica en su completo dominio de las emociones y en haber encontrado un equilibrio perfecto entre las situaciones más excéntricas y los momentos de cotidianeidad más mundanos y costumbristas -un punto en común con Nurse Jackie. Eso, y el hecho de que cada episodio garantice alguna que otra carcajada, hacen de US of Tara una comedia exquisita que no solo asegura media hora de ‘sana’ diversión a la semana, sino que además ofrece un precioso discurso sobre la familia y las relaciones. Se trata de la nueva comedia televisiva, que viene gestándose desde hace unos años. La era de las risas enlatadas dio paso a un tipo de comedias que además de ganar en calidad técnica, bebían de los dramas televisivos, hibridando géneros y encontrando la mayor complicidad con el espectador, haciéndonos reír de las desgracias y llorar con momentos en apariencia cómicos. US of Tara podría considerarse epítome de este tipo de dramedia, invitando a la reflexión sobre la naturaleza humana, haciendo que nos riamos de la vida, y de nosotros mismos.

La segunda temporada de US of Tara ha afianzado a los miembros de la familia Gregson como algunos de los mejores personajes de la temporada televisiva. Empezando por Tara, se agradece que en esta temporada sus otras personalidades no hayan tenido tanta presencia escénica -a mí Toni Colette me satura, la verdad. La vida de la familia sigue girando en torno a la enfermedad de Tara, pero es interesante comprobar cómo es posible explorarla sin necesidad de decicar capítulos completos a un alter. Si la primera temporada sirvió para dar a conocer a todos sus estados unidos, esta se ha centrado en explorar en mayor medida la identidad de Tara. Hemos visto aflorar con más fuerza una personalidad que en la temporada pasada quedaba eclipsada e inexplorada por la presencia de los alters. Lo más curioso es que la búsqueda de Tara para encontrar un origen a su problema ha resultado en la aparición de otras dos personalidades -Shoshanna y Chicken-, y aún así, la superpoblación de alters no ha afectado negativamente a la historia. Al contrario.

Al igual que en Nurse Jackie, la importancia de un buen plantel de secundarios en US of Tara es capital. Si en la serie de la enfermera encontramos secundarios antológicos como Zoey, O’Hara o Akalitus, US of Tara no presenta déficit de personajes geniales para acompañar a la protagonista. Destacan Kate y Charmaine. La primera se ha ganado el beneplácito de muchos espectadores que la ignoraron en la anterior temporada. La hija mayor de Tara y Max ha protagonizado este año las tramas más marcianas, pero gracias a ellas, hemos asistido a un -original- proceso de maduración que nos ha hecho reflexionar sobre el importante -y a veces exclusivo- papel de los demás en la formación de nuestra identidad. En una escena del episodio 2.11, Tara aconseja a su hija que no se olvide de ser ella misma, a lo que Kate contesta “ja, ja, y ja”. Es difícil ser uno mismo cuando aún no se es realmente nadie, y cuando la figura de referencia más cercana es una mujer con trastorno de personalidad múltiple. La poderosa unión de esta familia se pone de manifiesto en las relaciones domésticas. US of Tara logra retratar a la perfección esos momentos en los que el amor al prójimo se hace evidente a pesar de no manifestarse explícitamente. Lo hace cada vez que Marshall se sienta en la cama de su hermana, cada vez que Kate llama Moosh Moosh o cualquier otro apodo a su hermano, o con una sonrisa de una madre enferma a sus hijos en la cocina, tras un día sin saber nada de ellos. Y también cada vez que la increíble Charmaine entra en escena -lluvia de premios para Rosemarie DeWitt, por favor. Su descorazonador deseo de normalidad se ve truncado por la gran influencia -y dependencia- de la familia de su hermana en su vida. Charmaine representa sin embargo la absoluta naturalidad y la resignación en una situación tan complicada como la de los Gregson, una familia que no viene sino a representar de manera hiperbólica las disfuncionalidades de todas las familias.

Partiendo de la supuesta recuperación de Tara al principio de la temporada, hemos asistido a una progresiva degeneración, excelentemente expuesta, del personaje. Se ha explorado en mayor medida la figura del marido perfecto, Max, que se ha convertido en algo más que un consorte/enfermero de Tara. Ya comprobamos en la primera temporada cómo la enfermedad de Tara afecta a su marido, pero ha sido en esta cuando hemos asistido verdaderamente a las consecuencias de una vida como la suya. Max ha conocido el límite de su resistencia, ha dudado de la identidad de su mujer -me pareció genial que Max no estuviera seguro de si Tara era Tara o un nuevo alter– y ha cometido un gran error. Después de presenciar y arbitrar los momentos más difíciles de su mujer -recordemos el increíble episodio “Torando”, en el que Tara se convierte en un medley de sus personalidades o la presencia de Chicken en la boda de Charmaine-, Max llega a una conmovedora conclusión:

“I wish it’d been us getting married today. I’d stand up in front of all these people and I’d say “I love this woman!” Then I’d look in your eyes and I’d say, “if you’re Tara, I’ll be Max. But if you’re Gimme, I’ll be gotcha. And if you’re Buck, I’ll be your bike. If you’re Alice, I’ll be your astronaut. And I’d carry Chicken to the car, even though I knew she was pretending to be asleep”

US of Tara nos invita a pasar de la carcajada al puchero, y lo hace como si no le costase nada. Encontrar el equilibrio perfecto entre comedia y drama parece ser algo fácil si tenemos en cuenta la cada vez más habitual tendencia a hibridar ambas en la televisión norteamericana, pero pocas series consiguen una armonía tan perfecta como US of Tara, sin duda, la mejor serie de Showtime hasta la fecha.