Capitana Marvel: El eslabón perdido de Marvel

Ha tardado diez años, pero por fin ha llegado. Marvel presenta su primera película protagonizada por una mujer (después de que la Avispa compartiese cartel con el Hombre Hormiga en Ant-Man y la Avispa). Capitana Marvel es la penúltima entrega de la Fase 3 del Universo Cinematográfico Marvel, un acontecimiento muy esperado que promete sacudir los cimientos de este universo de ficción. Anna Boden y Ryan Fleck dirigen la primera película en solitario del divisivo personaje de Marvel Comics, adoptando su encarnación más reciente, Carol Danvers. La oscarizada Brie Larson se pone en la piel de la heroína de poderes cósmicos en una película que ejerce como presentación oficial del personaje y también como precuela del Universo Marvel y la Iniciativa Vengadores, es decir, un entreacto para rellenar los huecos entre Vengadores: Infinity War Endgame.

Como viene siendo habitual en las películas del estudio, Capitana Marvel toma elementos icónicos de la historia de Marvel Comics y los transforma y adapta a sus necesidades. La película se construye como una historia de orígenes, pero no es exactamente la que nos encontramos en las viñetas, sino que han decidido alterar el orden de los factores para tratar de darle un giro refrescante. La de Carol Danvers es una historia de autodescubrimiento clásica, pero en lugar de utilizar el ABC del decálogo superheroico, cambia el esquema por un BCA, resultando en una origin story ligeramente diferente, si bien algo confusa e irregularmente desarrollada, sobre todo durante su primer acto.

Capitana Marvel transcurre en los 90, y se asemeja a una película de acción y ciencia ficción de invasiones extraterrestres propia de esta década, una aventura intergaláctica que nos presenta el Universo Marvel tal y como era antes de que lo conociéramos. Después de estrellarse en la Tierra durante una misión, en la época en la que todavía se usaban las cabinas telefónicas y existían los videoclubs, la guerrera Kree Vers (Larson) trata de ponerse en contacto con su equipo, liderado por su mentor, Yon-Rogg (Jude Law), mientras investiga la infiltración en nuestro mundo de la raza alienígena de los Skrulls, con la que los Kree libran una guerra a través del espacio. Durante su estancia en la Tierra, Vers empieza a ver flashes de una vida anterior, lo que le lleva a descubrir la impactante verdad sobre su pasado, su identidad y el origen de sus poderes.

Larson está acompañada la mayor parte del tiempo por Samuel L. Jackson, que retoma su papel como Nick Furia cuando aun era un simple agente de S.H.I.E.L.D, gracias a la tecnología digital rejuvenecedora a la que tanto partido le está sacando el estudio (y con éxito, porque el “lifting” de Furia es impecable y no distrae en ningún momento). Ambos llevan el timón, junto a la robaescenas oficial de la película, la gata Goose, de una divertida buddy film dentro del espectáculo sci-fi al que nos tiene acostumbrados Marvel, protagonizando los momentos más cómicos en una película que sabe dosificar el humor para no saturar con demasiados chistes. El reparto es uno de los puntos fuertes del film, con Jackson como una de las atracciones principales, y un grupo de aclamados intérpretes secundando a los protagonistas. Los personajes de Jude Law, Ben Mendelsohn y Annette Bening están correctamente caracterizados e interpretados, nos deparan bastantes sorpresas (Talos la más grata), y los actores parecen estar pasándoselo bien, algo que no siempre ocurre con este tipo de fichajes de renombre en el cine de superhéroes.

Pero por supuesto, Larson es el centro de atención. La actriz, blanco de polémicas externas por su empeño en aumentar la diversidad en la crítica y la cobertura de prensa de la película, se ha tenido que enfrentar a un injusto escrutinio por parte de un sector del público. Afortunadamente, la actriz demuestra con su estupendo trabajo en la película que fue una elección más que acertada para el papel. Su Carol es una superheroína definida, una mujer inteligente, decidida y carismática que Larson construye encontrando el equilibrio adecuado entre el temple y la capacidad analítica de un soldado, la fuerza extraordinaria de un superhéroe y la humanidad de una persona que está tratando de descubrir quién es en realidad.

Capitana Marvel es una oportunidad para visitar otro rincón pasado del Universo Marvel y reencontrarse con viejos conocidos. La presencia de Furia, Ronan (Lee Pace), Korath (Djimon Hounsou) o Phil Coulson (Clark Gregg) establece conexiones con las vertientes terrenales y cósmicas del UCM, ayudando a completar sus historias mientras trazan líneas directas con Los Vengadores (algunas inesperadas) que nos preparan para el enfrentamiento final con Thanos en Endgame. Pero estos nexos están debidamente entrelazados en la historia de Carol de modo que nunca hacen que el foco se distancie demasiado de ella y que, por tanto, la película se mantenga contenida en sí misma.

Aunque no sobresale especialmente por su aspecto visual o su dirección, más bien convencional (sobre todo si lo comparamos con otras entregas de la Fase 3 mucho más estimulantes como Doctor StrangeThor: Ragnarok Black Panther), Capitana Marvel saca provecho de su ambientación noventera con detalles nostálgicos muy simpáticos (de los que, afortunadamente, no abusa) y sobre todo una banda sonora de temazos de los 90 (Garbage, Hole, No Doubt, TLC, Nirvana, REM…) que harán vibrar a cualquiera que creció durante esta década. Las canciones suelen acompañar escenas de acción electrizante y combates excelentemente ejecutados (memorable un explosivo una contra todos al ritmo de ‘Just a Girl’ de No Doubt), en los que Larson destaca por su agilidad y contundencia, haciendo honor a la reputación de su personaje como el más poderoso del Universo Marvel (aunque eso aun está por ver).

Capitana Marvel es la historia de empoderamiento femenino que el eminentemente masculino Universo Marvel necesitaba. Carol Danvers no solo se enfrenta a villanos del espacio exterior, sino también al sexismo de cada día en la Tierra (en una escena le llegan a pedir que sonría, evocando así a la absurda polémica en Internet porque el personaje no aparece sonriendo en el material promocional de la película), respondiendo siempre con entereza y dignidad, dándole a lo trolls la justa atención que merecen y levantándose cada vez que se cae para demostrar su valía en un mundo de hombres que no creen que haya lugar para ella. También hay que señalar que no hay historia de amor en la película, sino una bonita amistad entre Carol y su excompañera de vuelo y mejor amiga Maria Rambeau (la revelación Lashana Lynch), con la que protagoniza las escenas más emotivas. Pero su mensaje feminista viene también acompañado de un (quizá no muy sutil) mensaje anti-bélico y una reflexión en torno a los refugiados alienígenas que sirve como reflejo de nuestra realidad y ayuda a dar un mayor empaque emocional y trascendencia a la historia.

Evidentemente, Marvel sabe exactamente lo que tiene que dar a su público, y eso es justo lo que hace en Capitana MarvelQue es formulaica es más que obvio. Aunque, como ya he dicho, trata de darle una vuelta de tuerca a esa fórmula para contar una historia de orígenes desde otro punto de vista, al final no deja de ser una película de Marvel en todos los aspectos, para bien y para mal. Ofrece las dosis de acción y espectáculo que esperamos de Marvel (con efectos digitales mejorables, desgraciadamente también como siempre), la fusión de drama y comedia, las conexiones con el UCM, la fijación con las relaciones paterno-filiales, la definición de qué hace al héroe y su lucha moral, los giros argumentales que dan la vuelta a lo que creíamos saber, el marveliano juego de la anticipación que da lugar a un tercer acto que eleva la película… Todo está aquí, y todo funciona tan bien como siempre. Porque si algo no está roto, ¿por qué vas a arreglarlo?

Capitana Marvel es un disfrutable estallido galáctico de nostalgia noventera, una bienvenida incorporación al Universo Marvel que cumple su cometido presentando a su heroína y dejándonos con ganas de volver a verla. No es una película perfecta, pero es que sería injusto pedirle que lo fuera. El hecho de que sea la primera película de Marvel centrada en una mujer ha hecho que le exijamos más que a sus predecesoras, cuando lo cierto es que Marvel ha hecho con ella lo que debía: darle el mismo tratamiento que a sus héroes masculinos. Su primera incursión en Marvel es un eslabón imprescindible para todo fan del estudio, una inspiradora historia que sirve para encajar las piezas que faltaban y calentar motores para el gran acontecimiento de Vengadores: Endgame, en el que volveremos a ver a Carol, ya unida a los Héroes Más Poderosos de la Tierra.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Thor Ragnarok

A pesar de la fuerza y grandiosidad que caracteriza al personaje, Thor siempre ha sido uno de los eslabones más débiles del Universo Cinemático Marvel. El personaje interpretado por Chris Hemsworth ha brillado junto a Los Vengadores, pero sus entregas en solitario, Thor (2011) y Thor: El mundo oscuro (2013), no han tenido tan buena acogida por parte de público y crítica como las de otros héroes de este cosmos de ficción. Seguramente por esta razón, Marvel ha decidido que a la tercera va la vencida y le ha dado a la franquicia del Dios del Trueno un significativo lavado de cara con Thor: Ragnarok.

La película número 17 de Marvel es en cierto modo un reboot de Thor (muy metafórico corte de pelo incluido), un volantazo con el que Kevin Feige se aleja del tono serio y grandilocuente implantado por Kenneth Branagh en la primera entrega y emprende un nuevo rumbo, sin por ello sacrificar la épica intrínseca de la historia del hijo de Odín. Como se pudo ver en sus adelantos promocionales y como se confirma al ver el film, el modelo a seguir para realizar este reset ha sido Guardianes de la Galaxia. Adoptando el patrón de la franquicia de James Gunn, la nueva Thor tiene más comedia, más acción estrambótica y sobre todo, más color. La psicodelia, los sintetizadores, los láseres y la paleta cromática más chillona y cegadora se apoderan de los Nueve Reinos para darnos una aventura más ligera y completamente imbuida del espíritu de los 80 (el de Golpe en la pequeña China Flash Gordon), hermanando así a Thor con Starlord y su banda de forajidos intergalácticos.

Tras las cámaras se encuentra Taika Waititi (director de joyas como Lo que hacemos en las sombrasHunt for the Wilderpeople), una elección a priori chocante por parte de Marvel, que sin embargo se revela completamente acertada, además de coherente con la nueva estrategia creativa de Feige. La peculiar personalidad y el humor excéntrico de Waititi se pueden detectar a lo largo de toda la película, pero más allá de dejar su sello inconfundible, el realizador neozelandés ha sabido adaptar el idiosincrásico estilo de su cine al esquema general de Marvel. Es decir, Thor: Ragnarok es clara e inequívocamente un trabajo de Taika Waititi (como atestiguan entre otras cosas los cameos y secundarios interpretados por los habituales de su cine, como Rachel House, Sam Neill o él mismo), pero también es una película de Marvel. Esta vez, director y estudio han hallado el equilibrio y entendimiento adecuados para que la visión de uno no ahogue la del otro, como ha pasado ya en varias ocasiones (Ant-ManVengadores: La era de Ultrón), y que la voz individual del cineasta le dé una nueva capa de barniz a la franquicia sin que esta quede irreconocible (algo que, por otra parte, Feige no permitiría).

Siguiendo asimismo la estela de las más recientes secuelas de Marvel, Thor: Ragnarok es una película repleta de ideas, sorpresas, easter eggs y cameos (incluido el Doctor Strange en una aparición un poco metida con calzador), con numerosas tramas entrelazadas que conectan la historia con el pasado y el futuro del UCM. El film arranca con Thor preso al otro lado del universo, intentando escapar para evitar que la profecía del Ragnarok se cumpla y destruya su planeta natal, suponiendo el fin de la civilización asgardiana. Allí, Loki (Tom Hiddleston) continúa haciendo de las suyas, mientras Heimdall (Idris Elba) está desaparecido y los Tres Guerreros custodian las puertas del reino. Asgard entra en crisis con la aparición de Hela (Cate Blanchett), una poderosa nueva amenaza que busca hacerse con el control del universo. Tras su primer enfrentamiento con ella, Thor va a parar a Sakaar, un recóndito planeta en el que deberá sobrevivir a una competición letal de gladiadores, donde tendrá que luchar contra su “amigo del trabajo”, el Increíble Hulk, con quien protagoniza el reencuentro más esperado por los fans de Marvel. Junto a él y su nueva aliada, Valquiria (Tessa Thompson), Thor intentará huir de las garras del Gran Maestro (Jeff Goldblum) y regresar a Asgard para acabar con Hela.

Ese es el argumento muy a grandes rasgos de Thor: Ragnarok. Si creéis que he desvelado algo importante, no os preocupéis, no lo he hecho. Como decía, la película está llena de giros, y descubrirlos es uno de sus mayores alicientes (siempre que Marvel no los estropee todos antes de tiempo). Aunque también es cierto que su ajetreada y ramificada trama puede llegar a jugar en su contra. A Thor: Ragnarok le ocurre como a otras entregas marvelianas, pasan tantas cosas y hay tantos frentes abiertos que esto provoca por momentos falta de cohesión narrativa y una fragmentación que afecta al ritmo, a lo que contribuye además un metraje quizá excesivamente largo. Si una película de Marvel pedía una aventura de hora y media, como Waititi había bromeado (“90 minutos de película y 40 de créditos”), era esta. Esa habría sido su mayor osadía.

Y ese es el mayor problema de una película que, no obstante, funciona con la eficacia probada de casi todas las entregas de Marvel. Thor: Ragnarok da lo que se espera de la Casa de las Ideas, pero también es su película más alocada y marciana hasta la fecha. Desde las impresionantes batallas y escenas de acción (hay planos épicos para enmarcar, además de mucha comedia física), al hilarante humor (80% improvisado, según Waititi, y lleno de golpes geniales), pasando por la electrizante banda sonora de Mark Mothersbaugh (el primer score realmente memorable de Marvel, aunque no sea nada que no hayamos escuchado en Stranger Things Turbo Kid) y su estrafalario diseño de producción, maquillaje y peluquería, la película se zambulle en lo retro de forma más desenfadada si cabe que Guardianes de la Galaxia y, a su manera, también más arriesgada.

Otro de los puntos fuertes de Thor: Ragnarok es su fabuloso reparto. Hemsworth lleva a cabo su interpretación más afinada como Thor, gracias sobre todo al impulso de Waititi para que dé rienda suelta a su fantástica vis cómica y haga el ganso con Ruffalo y Hiddleston, que también se prestan a pasarlo en grande. Así, Thor, Hulk y Loki nos dan dos divertidas buddy films por el precio de una, con la novedad de que en esta ocasión el Gigante Esmeralda habla, lo que Waititi utiliza para hacer reír mientras explora la dualidad del personaje.

Por otro lado, las nuevas incorporaciones son inmejorables. De hecho, aquí no hay un robaescenas como suele ser habitual, sino un reparto formado por robaescenas. Tessa Thompson es una de las grandes revelaciones de la película, dejándonos una Valquiria inesperada pero muy carismática. Jeff Goldblum brilla interpretando a un chiflado divertidísimo que hará las delicias de sus admiradores, ya que se limita a ser él mismo (y no hay nadie más guay que Goldblum). El propio Waititi da vida a un secundario hecho para conquistar al público (sobre todo a su publico), Korg, un adorable (sí, adorable) guerrero extraterrestre que bien podría ser un personaje de una hipotética versión alenígena de Lo que hacemos en las sombras. Y por último, Cate Blanchett, ante la que es imposible cerrar la boca cada vez que aparece en pantalla. Después de su madrastra de Cenicienta, la actriz australiana vuelve a explotar su registro más exagerado con una malvada de presencia, sensualidad y elegancia arrebatadoras y una vertiente burlesca muy desarrollada. Sin embargo, la película no escapa de la maldición de los villanos desaprovechados, dejándonos con la sensación de que podía haber hecho mucho más con ella.

Thor: Ragnarok tiene sus problemas, como todas las de Marvel (el citado exceso de tramas, un abarrotado tercer acto, un CGI algo inconsistente en las cortas distancias) y esta heterodoxa e hipercómica reinvención del Dios el Trueno no casará con muchos fans (por no hablar de los detractores de Marvel), pero hay que felicitar al estudio por atreverse a salirse del molde y dejar que el director lleve realmente las riendas del proyecto. Visualmente, el film es una absoluta gozada (la espectacular fotografía corre a cargo de nuestro Javier Aguirresarobe, por cierto) y nos da el infalible cóctel de acción, humor y emoción que ha encumbrado a Marvel a lo más alto, pero gracias a ese enfoque tan personal de Waititi y a que no se toma tan en serio como sus predecesoras, Ragnarok deja mucho margen para la sorpresa, convirtiéndose así no solo en la mejor y más divertida entrega de Thor, sino también en la película más extraña y diferente de Marvel.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Doctor Strange (Doctor Extraño)

El Universo Cinemático Marvel se ha ido expandiendo progresivamente a lo largo de los años, especialmente a partir de su Fase 2. Guardianes de la Galaxia nos catapultó directamente al espacio para darnos a conocer la enorme diversidad de mundos que existen más allá de las estrellas, mientras que en Ant-Man se nos dejaba ver, aunque fuera durante un instante muy breve, que existen otras realidades además de la nuestra, dimensiones que no se pueden ver a simple vista y a las que solo unos pocos tienen acceso. Hasta ahora, el término “magia” no se había usado de forma muy frecuente en las películas (o las series) de Marvel, ya que esta faceta del UCM no había sido presentada oficialmente. La tarea recae, por supuesto, en Doctor Strange (Doctor Extraño), con la que nos zambullimos por fin en la Marvel mística, una vasta e inabarcable parcela de (ir)realidad donde todo es posible y en la que antes de adentrarse es necesario “olvidarte de todo lo que crees que sabes”.

Doctor Strange lleva al cine a uno de los personajes más emblemáticos de La Casa de las Ideas, el doctor Stephen Strange (Benedict Cumberbatch), mundialmente conocido neurocirujano cuya vida da un giro completo tras un horrible accidente de tráfico que le priva del uso de sus manos. Desesperado ante la idea de no poder volver a ejercer la profesión que le ha dado la gloria, y ante el fracaso de la medicina tradicional para devolverle su don, Stephen se ve obligado a buscar una cura alternativa. Esto le lleva a un misterioso enclave en Nepal, conocido como Kamar-Taj, donde aprenderá las artes místicas guiado por La Anciana (Tilda Swinton), la Hechicera Suprema y líder en la primera línea de batalla contra las fuerzas oscuras que amenazan con colarse en nuestra realidad y destruirla. Con paciencia, tiempo y mucha práctica, Strange aprenderá a usar la magia y los artefactos místicos, convirtiéndose en un poderoso hechicero, y viéndose obligado a elegir entre regresar a su antigua vida o renunciar a ella para proteger al mundo de la amenaza oscura.

Como es lógico, Doctor Strange está concebida como una clásica historia de orígenes, lo cual nos da un respiro de la cada vez más acusada continuidad de Marvel después de la concurrida Capitán América: Civil War. En ella somos testigos del apasionante proceso de transformación de Stephen Strange hasta convertirse en el mago más poderoso del mundo, así como de su (indivisible) viaje de crecimiento, de hombre arrogante y egoísta a héroe dispuesto a sacrificar todo por un bien mayor. Este recorrido personal sigue los dictados del cine de superhéroes, concretamente los que han convertido a Marvel Studios en una de las máquinas mejor engrasadas de Hollywood, pero la película nos lo presenta con un envoltorio decididamente novedoso. Una de las críticas más fáciles que se le pueden hacer a Doctor Strange es que Marvel vuelve a jugar sobre seguro (¿por qué no hacerlo si les funciona siempre tan bien?), sin embargo, la película extiende las fronteras de su universo de ficción de forma tan irresistible y visualmente estimulante que su carácter formulaico no supone apenas un problema.

Bajo la batuta de Scott Derrickson (Sinister), Doctor Strange se construye como un viaje alucinante y psicodélico en el que la realidad se retuerce como si un cuadro de M.C. Escher cobrase vida y estallase en color. Esto da lugar a las imágenes más creativas de Marvel hasta la fecha, un despliegue visual electrizante (literalmente, las chispas saltan de la pantalla) que, quizá por primera vez en la historia del estudio, justifica completamente el recargo de la entrada para verla en 3D. Nueva York, Londres y Hong Kong (que no falten las escenas para apelar al todopoderoso mercado chino) se convierten en escenarios donde tienen lugar las secuencias de acción más imaginativas, ágiles set pieces con un acabado impecable que, a base de acrobacias imposibles, enfrentamientos mágicos y golpes hechizantes de muñeca, generan puzles ópticos que nos vuelan la cabeza mientras introducen el esperado Multiverso de Marvel.

Pero más allá de ser un triunfo visual, Doctor Strange es otra infalible entrega marveliana que fusiona, con la precisión de un reloj suizo, buenos personajes, emoción y humor. Benedict Cumberbatch es la enésima prueba del ojo clínico que tiene el estudio para elegir a sus estrellas. El actor británico no podría encajar mejor en la piel del Maestro de las Artes Místicas. Si ya antes nos parecía una elección de casting acertada, su interpretación en la película no hace más que confirmarlo. Cumberbatch está simplemente perfecto, equilibrado, emocional, divertido, profundamente carismático (tanto es así que es fácil perdonarles que, sobre todo durante el primer acto, Strange esté cortado por el mismo patrón que el Tony Stark de Robert Downey Jr.). Y no está solo, sino que se encuentra rodeado de un gran reparto de intérpretes comprometidos.

Tenemos a Tilda Swinton haciendo lo que mejor sabe, construir personajes alejados de la órbita terrestre con una fina capa de ironía que los acercan a la audiencia -su Ancient One es solemne y excelsa, pero también deliciosamente irónica. Chiwetel Ejiofor y Benedict Wong flanquean al protagonista aportando seriedad, pero también momentos ligeros y cómicos cuando es necesario. Y Mads Mikkelsen da vida a Kaecilius con tal intensidad dramática que compensa el hecho de que en realidad no sea más que otro villano poco memorable (Marvel, y el cine de superhéroes en general, sigue sin superar uno de sus mayores talones de Aquiles). Solo Rachel McAdams queda algo infrautilizada, aunque protagoniza un par de escenas tan divertidas como importantes para el devenir de la historia. Una historia, además, contada con la mayor eficacia posible, a pesar de los retos que plantea. Es cierto que, sobre todo durante el primer acto, los acontecimientos se suceden algo precipitadamente, pero aun así el ritmo nunca falla y la estructura del film está muy bien pensada, desarrollándose con fluidez e introduciendo oportunamente los elementos icónicos asociados al personaje (su capa mágica, el Ojo de Agamotto, el Sanctum Sanctorum…).

Si bien no arriesga demasiado (no deja de ser una origin story, lo cual da poco margen para ello), Doctor Strange es una de las películas de Marvel con una personalidad propia más marcada y diferenciada (no en vano, ahí está la música de Michael Giacchino, por primera vez un score marveliano con identidad). Con sus acertados golpes de humor (algunos cortesía de la capa de Extraño, heredera directa de la alfombra de Aladdin), Doctor Strange es mucho más cómica y divertida de lo que cabía esperar, pero también sabe perfectamente cómo y cuándo ponerse seria y emotiva. La clave, como siempre, está en definir bien a los personajes, y en encontrar el equilibrio adecuado entre tonos, diálogos y acción, cosa que sin duda consigue. Doctor Strange nos abre (o desorbita) los ojos a una nueva dimensión de Marvel, y lo hace mostrándonos algo tan novedoso como familiar, con una pieza que brilla de forma individual a la vez que encaja por arte de magia en el gran esquema de Marvel.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Jessica Jones: Otra clase de heroína

Jessica Jones Krysten Ritter

¿Qué hace al superhéroe? Si nos fijamos en la superficie, lo primero que viene a la mente es su traje, su máscara o el arma o armas que usa para luchar. Pero, ¿qué pasa si el superhumano en cuestión no lleva uniforme o no oculta su cara cuando está salvando la ciudad? Esta es una de las cuestiones que definen a la nueva superheroína del Universo Cinemático de MarvelJessica Jones. ¿Qué diferencia a Jessica del resto de los humanos? ¿Qué es un superhéroe y cómo se debe comportar? Las series del UCM, especialmente Daredevil, nos han presentado un tipo de superhéroe más humanizado e imperfecto, menos anclado en la tradición comiquera del superhéroe pop, personajes con más capas (de las otras) que conviven a diario con otra clase de héroe más mundano (la enfermera, el policía, un amigo fiel). Liderando una serie transgresora y diferente en muchos aspectos, Jessica Jones se une a las filas de Marvel para seguir poblando y enriqueciendo esa parcela más sombría de La Casa de las Ideas que inauguró en Netflix El hombre sin miedo.

Después del rotundo éxito de la serie sobre Matt Murdock, todas las miradas estaban puestas sobre Jessica Jones. El espectador necesitaba regresar a los callejones y bares de mala muerte de Hell’s Kitchen, el peligroso barrio de Nueva York que ni Capitán América ni Thor se plantean pisar, para seguir conociendo a los personajes que conformarán el supergrupo llamado Los Defensores en la popular plataforma de vídeo. Pero, ¿quién es Jessica Jones? La serie de Netflix, creada por Melissa Rosenberg (guionista de Dexter o la saga Crepúsculo), está basada en Aliasel célebre y rupturista cómic de Brian Michael Bendis y Michael Gaydos publicado en 2001, sobre una ex-superheroína que se gana la vida como investigadora secreta en su propia agencia, “Alias Investigations“, donde recibe casos de todo tipo, desde infidelidades a personas desaparecidas (la serie adapta muchas tramas y situaciones, y reproduce numerosos diálogos de las páginas, pero pronto emprende su propio camino al margen). Este imprescindible tebeo marca un antes y un después en Marvel Comics por su contenido para adultos y sin censura (Alias es el primer cómic de Marvel donde se pronuncia la palabra “fuck“), y de la misma manera, Jessica Jones (titulada así debido a la existencia de la serie de J.J. Abrams) supone un recrudecimiento del UCM, que encuentra en esta serie su vertiente más adulta y menos coartada por las normas de la empresa.

Jessica Jones Luke Cage

Al igual que DaredevilJessica Jones trata temas más maduros y a menudo escabrosos que sus primas cinematográficas. Si Daredevil elevaba las cotas de violencia y nos presentaba escenas de acción de una intensidad inusitada en Marvel, Jessica Jones continúa esta tendencia, algo menos centrada en la acción y más en la violencia psicológica, pero añadiendo además un factor completamente nuevo en el UCM: el sexo. Hasta ahora solo habíamos presenciado castos besos entre los héroes de Marvel y sus partenaires, y las referencias a su vida sexual no eran más que chascarrillos inocentes o bromas infantiles que quedaban en nada. Todo eso cambia en Jessica Jones. La tórrida relación de la protagonista con Luke Cage (el tercer superhéroe que tendrá su propia serie en Netflix) nos proporciona varias escenas de cama que hacen temblar los cimientos no solo del edificio donde vive la investigadora, sino también del Universo Marvel. Si a eso añadimos cuestiones comprometidas como la violación, el trastorno de estrés postraumático o las drogasJessica Jones se confirma como la serie más osada y sin concesiones de Marvel. Pero lo más importante es que estos elementos no se utilizan a la ligera (aquí el sexo no es un reclamo publicitario y la heroína titular no está hiper-sexualizada, es más, destaca por su “mal sentido de la moda” y su percha desgarbada), sino que forman parte integral del desarrollo de la historia y la caracterización de la protagonista.

A lo largo de los 13 episodios de la primera temporada de Jessica JonesKrysten Ritter ha demostrado ser una estupenda elección de casting para dar vida al personaje. La peculiar actriz ha destacado como secundaria en varias series (Breaking Bad, Veronica Mars), pero todavía tenía que probar que podía llevar el peso de una serie dramática sobre sus hombros (que podía llevar una comedia ya lo sabíamos, pero Apartment 23 no la vio nadie). Y con Jessica Jones ha superado el reto con nota. Aunque su interpretación sea eminentemente dramática, Ritter ha rescatado con acierto la dimensión más cómica y corrosiva del personaje tal y como lo escribió Bendis y dibujó Gaydos (la actriz capta la expresión de la Jessica de las viñetas perfectamente), para luego llevarlo un paso más allá. Jessica Jones está hasta el coño de la humanidad y así nos lo hace ver en todo momento. Se trata de una persona brutalmente honesta, huraña, alguien que no se considera un héroe y vive llena de sentimiento de culpa y desprecio por sí misma, sentimientos que ahoga en el alcohol. Esto da lugar a una heroína alternativa en el sentido más completo de la palabra, un personaje cuyas aristas sirven tanto para crear drama de peso como para generar estupendos momentos de comedia. Y Ritter ha sabido cómo equilibrar esta dualidad de su personaje para conmover en sus encuentros con Kilgrave o divertir en su día a día lidiando con el resto del mundo (lo que daría por recibir un corte de Jessica Jones). En este sentido hay que destacar lo bien que la actriz encaja con el resto de personajes en los diferentes ámbitos de la serie, ya sea mostrando un lado más tierno y relajado junto a su mejor amiga, Trish (Rachael Taylor), uno más agresivo ante la inmoral abogada Jeri Hogarth (Carrie-Anne Moss), una faceta más sensual a la par que autodestructiva con Luke Cage o la mayor de las vulnerabilidades (y también las fortalezas) enfrentándose al villano excelentemente interpretado por David Tennant.

Jessica Jones Kilgrave

Jessica Jones atrapa enseguida, aunque hay que decir que su relato es irregular y sus escenas de acción carecen de la fuerza y el impacto necesario (ya hemos dicho que la serie está menos centrada en las peleas que Daredevil, pero eso no es razón para descuidar las que hay). Narrativamente, la primera mitad de la temporada no puede evitar caer en el estiramiento y el relleno, dando la sensación de que no hay suficiente material para llenar una hora entera de cada capítulo (nos preguntamos si es necesario conocer tantos detalles de los secundarios que, en un principio, no aportan nada y no resultan interesantes). Sin embargo, los episodios 7 y 8 (“AKA Top Shelf Perverts” y “AKA WWJD?” respectivamente) marcan un claro punto de inflexión en la serie. Es entonces cuando las tramas que nos parecían descolgadas de la historia empiezan a converger y los personajes cuyo papel estaba difuminado comienzan a jugar un rol más activo y crucial en la serie. Pero sin duda, es el paso a primer plano del fascinante psicópata Kilgrave y por tanto la mayor presencia de Tennant en pantalla lo que contribuye a que Jessica Jones gane ritmo y empaque, y se marque una segunda mitad de temporada de órdago (está demostrado que el formato serial es el más idóneo para desarrollar satisfactoriamente a los villanos de Marvel). Es entonces cuando la serie decide no perder ni un minuto más y exprime al máximo la truculenta historia de Jessica y Kilgrave para profundizar en los temas que trata: los traumas familiares (en JJ, la familia biológica sale mal parada, mientras se celebra la fuerza de la familia creada), la necesidad de aprobación por parte de los demás, la dependencia emocional, la culpabilidad y otras emociones propias de las víctimas de agresión sexual, o la manipulación, quizá el mayor núcleo temático de la serie (aquí todos los personajes controlan o son controlados a algún nivel).

Lo que empieza como un noir marveliano (música, voz en off, tono, puesta en escena, todo sigue los dictámenes del género) con una protagonista que es una suerte de Veronica Mars con los poderes de Buffy Summers, se va transformando poco a poco en un absorbente thriller psicológico que no tiene miedo a adentrarse en los rincones más oscuros y sórdidos de las vidas de sus personajes. Jessica Jones sigue los pasos de Daredevil, pero puede llegar a ser más triste y nocturna, y apuesta por una heroína diferente, una más desastrada e irreverente, que no se entrena para luchar y evita usar la violencia en la medida de lo posible (ahí podría estar una explicación de por qué la serie carece de la contundencia física de Daredevil). Con Jessica Jones, Marvel empieza a compensar de verdad su déficit de mujeres protagonistas (Peggy Carter dio el primer paso, aunque todavía esperábamos a una superhumana con “cabecera” propia) a la vez que introduce el siguiente capítulo de su macrohistoria (la fructífera participación de Mike Colter nos hace esperar Luke Cage con más ganas si cabe) y solidifica su fracción televisiva, donde los héroes no son conscientes de que lo son y no lidian con invasiones extraterrestres o amenazas gobales, sino que deben hallar lo que los convierte en superhéroes defendiendo a los ciudadanos uno por uno y, sobre todo, enfrentándose a sus demonios (púrpuras) personales.

Crítica: Ant-Man

Ant-Man hormiga

El Universo Cinemático de Marvel va en aumento en (casi) todos los sentidos. Las películas de la Fase 2 han exhibido una imparable tendencia hacia el más grande, más ruidoso, más multitudinario, y más serial todavía, provocando con la desigual Vengadores: La era de Ultrón lo que se conoce en inglés como “superhero fatigue“, es decir, el cansancio del público. En consecuencia, la “fórmula Marvel” empieza a quedar demasiado al descubierto, con lo que se hace urgentemente necesario un respiro para el espectador. Y ese es precisamente el papel de Ant-Man, la película que cierra con broche de oro la Fase 2 del UCM. Dirigida por el semi-desconocido Peyton Reed (como ya sabéis, en sustitución de Edgar Wright, que se marchó tras una disputa muy pública con Marvel), Ant-Man supone un soplo de aire fresco en el Universo Marvel, cuya narrativa cada vez más intrincada y ramificada corre últimamente el riesgo de irse de las manos. La película del Hombre Hormiga es una propuesta más modesta, (evidentemente) más pequeña, una película que, sin dejar de funcionar como pieza del engranaje del UCM, posee una naturaleza más autónoma y una cualidad menos exigente que nos recuerda a la Fase 1. Justo lo que Marvel, y nosotros, necesitábamos ahora mismo.

Por segundo año consecutivo, el estudio sorprende con una película basada en personajes de los cómics menos conocidos por el gran público. El Hombre Hormiga fue uno de los miembros fundadores de Los Vengadores en su primer tebeo de 1963, pero hoy en día no disfruta de la popularidad y el valor icónico de Capitán América, Thor o Iron Man. Esto no fue un impedimento el año pasado para que Guardianes de la Galaxia se convirtiera en uno de los mayores éxitos de Marvel. Sin embargo, Ant-Man no lo tiene tan fácil para conectar con el público general. Guardianes era una space-opera a lo Star Wars que seguía el patrón de Vengadores, y Ant-Man es una película sobre un superhéroe mundano que puede encoger su tamaño y se comunica con las hormigas. Es decir, Ant-Man cuenta con la desventaja de una premisa más rocambolesca que, a estas alturas, se puede tomar como señal de que las cosas se le están yendo de las manos al género. Y es una pena que se perciba así, porque estamos no solo ante la mejor película de Marvel de 2015, sino también ante una de las mejores aventuras que nos ha dado el estudio hasta la fecha.

Scott Lang

Como era de esperar, Ant-Man sigue las normas de Marvel y cumple con todos los requisitos indispensables del estudio, pero a la vez se permite desviarse lo justo de la fórmula establecida (podemos decir que incluso la mejora) para evitar la sensación de estar viendo la misma película con otros superhéroes. Reed (y antes que él Wright, que figura como guionista y productor en los créditos) ha llevado a cabo una “sencilla” comedia de acción y ciencia ficción que toma la forma de una película de robos (heist movie) clásica. Ya solo por eso, Ant-Man se distancia considerablemente del resto de capítulos de la Fase 2, y además siendo muy consciente de lo que está haciendo, mostrándose totalmente sincera consigo misma y el espectador. En un momento de la película podemos oír la frase “Los Vengadores están ocupados dejando caer cosas enormes del cielo”, chiste muy agudo que funciona además como transparente declaración de intenciones: “Esto es lo que NO es Ant-Man“. Y es perfecto, porque la historia de Scott Lang (Paul Rudd) (con sus partículas Pym, sus sonotones para comunicarse con las hormigas y su alocado argumento en general) no podía contarse tirando de épica y grandilocuencia, sino que pedía ser adaptada como una comedia.

Ant-Man hace gala de un humor revoltoso e inteligente (en mi opinión más pulido que el de Guardianes) que se refleja en diálogos afilados y situaciones muy divertidas (“Baskin-Robbins siempre se entera”). La mano de Wright se nota, aunque Marvel haya destilado su visión para hacerla más accesible, y la comedia más ocurrente no se reserva únicamente a los instantes de calma centrados en los personajes, sino que se traslada también a las escenas de acción. Los set pieces de Ant-Man son espectaculares, pero no por la misma razón que los de Vengadores, más bien por el ingenio con el que están realizados, llevando la destrucción a una escala microscópica, donde el Marvelverso se mira desde otro punto de vista. Parte del primer enfrentamiento entre el Hombre Hormiga y el villano de la película, Yellowjacket (Corey Stoll), tiene lugar dentro de una maleta que cae al vacío desde un helicóptero, montaje a ritmo de The Cure que ejemplifica la inventiva con la que están diseñadas estas secuencias. Ant-Man saca máximo provecho de las posibilidades visuales que brinda la reducción de tamaño y nos deja gags y escenas de gran creatividad, para culminar en un excelente tercer acto que, por fin, ofrece algo distinto a lo que hemos visto en el resto de películas de la Fase 2. En lugar de recurrir de nuevo al catastrofismo mundial, el combate final entre Ant-Man y Yellowjacket (otro villano desdibujado, todo hay que decirlo) se lleva al cuarto de la hija de Scott, Cassie (maravillosa Abby Ryder Fortson, con su conejo de peluche demoníaco), donde la película se vuelve más Cariño, he encogido a los niños y nos regala un clímax original y sorprendente que nos deja una sonrisa de oreja a oreja.

Reparto AntMan

Pero lo más inesperado de Ant-Man es su fantástico reparto. De entrada, el casting de esta película era lo menos llamativo del proyecto, pero ha acabado siendo uno de los más acertados de Marvel. Aquí no tenemos grandes egos ni despliegue de superpoderes de todo tipo, sino un grupo de personas más “de andar por casa” que se compenetran de maravilla. La química entre los miembros del cast es indudable, tanto en lo que se refiere al drama familiar que vertebra la película (la lucha análoga de Scott Lang y Hank Pym por demostrar a sus hijas que son buenos padres) como en las escenas corales de comedia (el montaje de entrenamiento o el plan a lo Ocean’s Eleven para infiltrarse en las instalaciones de los Vengadores). A pesar de no salirse demasiado de su zona de confort, Rudd es el Scott Lang perfecto, un granuja carismático en la línea de Peter Quill que aúna socarronería y humanidad en la piel de un héroe cercano e imperfecto. Por otro lado, Michael Douglas (impecable) y Evangeline Lilly (más fiera de lo que nos tiene acostumbrados) son un buen contrapunto al pícaro de Lang; sobre todo Hope van Dyne, que protagoniza junto a Scott el que quizás es el mejor beso del UCM hasta la fecha, y de la que por supuesto estamos deseando ver más en la siguiente fase. Pero el robaescenas oficial de Ant-Man (con permiso de Antony) es Michael Peña, que interpreta con toda la gracia del mundo al adorable Luis, uno de los miembros de la cachonda pandilla de “ladrones de guante blanco” capitaneada por Scott.

A veces menos es más. Y esto es justo lo que viene a demostrar Ant-Man. Su aire despreocupado y autoconsciencia dan lugar a un producto fresco y encantador, que se regocija en los placeres pequeños de Marvel y juega la carta de “entrega menor” para convencer de que se trata de una película mayor. Aunque el film sirva como enlace dentro del universo narrativo marveliano (atención a las dos escenas post-créditos, jugosos adelantos de la Fase 3 que no se van por la tangente), los abundantes easter-eggs, cameos y conexiones no convierten la historia en esclava de la serialidad del UCM. Es más, estamos ante un film decididamente más independiente que se puede disfrutar por sí solo gracias entre otras cosas a su fusión de comedia, drama y acción con estilo propioAnt-Man cumple con lo que se espera de la Casa de las Ideas, pero a la vez es el Marvel más insolente y avispado (pun intended), una película que piensa en pequeño para obtener grandes resultados.

Valoración: ★★★★½

Daredevil: En los callejones oscuros de Marvel

Daredevil Matt Karen

A estas alturas, pocos quedaréis por ver la primera serie de Marvel Studios para NetflixDaredevil. Su primera temporada se estrenó íntegra el pasado 2 de abril, 13 episodios que muchos devoraron ese mismo fin de semana y otros hemos dosificado a nuestro antojo (o según nos permitían nuestros horarios). Lo mejor de todo es que Daredevil es una serie idónea para ambas cosas. Se presta al binge-watching con una trama única y arcos de personajes para toda la temporada, pero también es una ficción pausada, un relato que se cuece a fuego lento e invita a ser saboreado con sus tiempos de reposo entre episodios. Lo que está claro es que, no importa cómo la hayamos visto, la impresión generalizada es positiva y el clamor popular dice que ya era hora de que tuviéramos una serie de superhéroes para adultos.

Porque Daredevil llega al panorama televisivo con la intención de desmarcarse de sus compañeras y rivales catódicas de Marvel y DC, para acercarse más a la ficción televisiva de calidad y sin censura (ojo, no son sinónimos) que podemos encontrar en las cadenas de pago. Prácticamente todas las series basadas en cómics actualmente en antena poseen un aire juvenil, y se encuentran en canales cuya programación está encorsetada dentro de unas normas inquebrantables, o bien orientada al público adolescente, como es el caso de CW. Agents of S.H.I.E.L.D., Arrow o The Flash funcionan bien, pero no dejan de ser pasatiempos ligeros (nada de malo en ello, que conste). Incluso Gotham, que en teoría es la más oscura de todas, es también con diferencia la más infantil.

Daredevil se adentra en las sombras del Universo Cinemático de Marvel para explorar, pero de verdad, los grises morales de sus personajes y el entorno en el que se desenvuelven, sin miedo a encontrarse con el mismísimo rostro del diablo en los callejones de Hell’s Kitchen, y aunque tiene bastante humor, es la seriecómic más nolanizada del momento (al fin y al cabo Daredevil es el Batman de Marvel). El MCU se caracteriza por ser luminoso y colorista, y también por no empujar sus historias hasta las últimas consecuencias. Las muertes no son definitivas, la violencia está muy estilizada y digitalizada, y los villanos suelen ser más operísticos que reales. Esto no ocurre en Daredevil, principalmente porque cuenta con 13 horas para edificar una parcela de ficción con muchos menos elementos que conjugar y construir unos personajes más complejos (hasta tiene tiempo para desarrollar toda una mitología alrededor del traje, cosa que en el cine suele quedar obligatoriamente como algo más anecdótico). Y también porque transcurre muy al margen de la continuidad del UCM, a pesar de que la Batalla de Nueva York es utilizada para explicar la decadencia del micro-universo de Hell’s Kitchen.

Wilson Fisk

Los 13 episodios que conforman la primera temporada de Daredevil están organizados como un primer capítulo dentro de la trayectoria del héroe enmascarado -y con el transcurso del relato, también de su archienemigo. Es decir, estamos ante una origin story, un Año Cero del superhéroe de Marvel, su nacimiento. Hasta el último capítulo de la temporada no lo vemos enfundado en su traje, como tampoco oímos su alias superheroico definitivo. Daredevil es la historia de Matt Murdock (Charlie Cox), de cómo un abogado ciego con infancia traumática (los flashbacks están muy bien dosificados) y una relación complicada con la fe se convirtió en el Hombre de Negro (temerario ninja en spandex) o el Demonio de Hell’s Kitchen, azote enmascarado de la mafia (qué mal parados salen los rusos y los chinos). Paralelamente, la serie va otorgando cada vez más protagonismo a Wilson Fisk (Vincent D’Onofrio), hasta llegar a un punto en el que Daredevil es la serie de Murdock y Fisk, la historia de cómo dos hombres atrapados por su pasado escogen caminos opuestos. Claro que lo más interesante de Daredevil es que, aunque Murdock esté configurado como el héroe y Wilson como el villano, la senda del bien y del mal se cruza continuamente en la serie, haciéndonos ver a estos personajes como seres humanos reales, decididamente ambivalentes, en la tradición de la quality television.

Daredevil es una serie de hombres (que no “para hombres”). Aunque hay personajes femeninos importantes y mujeres fuertes (Madame Gao, Vanessa), estas se mantienen más bien en segundo plano, mientras Matt Murdock y Wilson Fisk comparten el centro del escenario. Las dos mujeres de Matt son pilares esenciales de su vida, pero su peso narrativo es mucho menor del que me hubiera gustado: Karen Page (fantástica Deborah Ann Woll) protagoniza un arco secundario importante para la trama pero algo descolgado de la serie y Claire Temple está bastante desaprovechada. Claro que todo apunta a que Karen estará más involucrada en el mundo de Daredevil en la próxima temporada, y esperamos ver más a Rosario Dawson, porque si bien la historia va encaminada al emparejamiento de Matt y Karen, es con Claire con quien el protagonista tiene esa química animal que nos gusta ver en pantalla.

Daredevil Matt Claire

Como hemos dicho, el humor también forma parte de Daredevil. El alivio cómico oficial de la serie es Foggy Nelson (Elden Henson), el compañero de Matt en la universidad con el que funda el bufete de abogados Nelson & Murdock (“Avocados at Law”), punto de partida de la historia. Foggy y Karen llevan el peso del bufete, y por tanto de la trama secundaria que sustenta Daredevil, mientras Murdock está fuera defendiendo la ciudad de malhechores y montándoselo con la enfermera (la serie explora con acierto la vertiente donjuanesca de Murdock, así como también potencia el escultural físico de Cox, en la tradición objetivadora masculina más reciente de Marvel). La amistad entre el nerd y la chica de sus sueños aporta la luz a un relato eminentemente sombrío, contribuyendo a evitar que la serie caiga en las redes de la autoindulgencia y la pomposidad afectada de otros productos similares.

A pesar de suponer una desviación dentro del UCM y de las series de superhéroes en general, Daredevil recorre todos los lugares comunes del género y visita los temas clásicos del mito del “vigilante nocturno”, incluyendo la chica que se enamora del héroe sin saber que trabaja con él o el punto de inflexión en el que los medios reconfiguran al justiciero como el enemigo, como una amenaza para la ciudad. Pero afortunadamente, la serie sabe manejar estos elementos desde una perspectiva más madura. Por ejemplo, su uso de los medios de comunicación se acerca más al entramado que podemos ver en House of Cards que a la caricatura de Spider-Man. Como decíamos antes, en Daredevil se siente más el peligro, y esto ocurre, entre otras razones, porque no evita mostrar las verdaderas consecuencias del “juego” de poder que tiene lugar en la ciudad.

Y es que si por algo llama la atención sobre todo Daredevil es por su representación de la violencia, sin duda la más gráfica y explícita que hemos visto en un producto audiovisual de Marvel. La influencia de los cómics de Frank Miller se hace palpable en todo momento. Daredevil no tiene problemas en mostrar desmembramientos y decapitaciones, o sangre brotando a borbotones. Hay dos escenas en concreto que han pasado a la posteridad catódica por su brutalidad. En primer lugar el salvaje asesinato de uno de los matones rusos (Anatoly) a manos de su jefe, Wilson Fisk, que golpea repetidamente su cabeza con la puerta del coche hasta aplastarla y separarla de su cuerpo, como arrebatado por un terrorífico trance psicótico; sin duda la escena con la que el espectador conoce hasta dónde está dispuesto a llegar el villano, y también la serie. Y en segundo lugar, el icónico combate en el pasillo del segundo episodio, un impresionante plano secuencia prolongado que ha despertado lógicas comparaciones con Oldboy The Raid. No cabe duda de que Daredevil está fuertemente influenciada por el cine oriental, desde la figura del sensei (también ciego) y el entrenamiento de corte espiritual al que se somete el héroe, a las vertiginosas coreografías con grandes dosis de artes marciales. Sin duda, la sofisticación de la violencia y el virtuosismo con el que se llevan a cabo los combates cuerpo a cuerpo en esta serie hacen que la ficción televisiva alcance un nuevo nivel en cuanto a las escenas de acción.

Daredevil traje

Detrás de Daredevil nos encontramos un nombre conocido, Drew Goddard, segundo de abordo de Joss Whedon (que ha enchufado a todos sus amigos y familiares en Marvel) y director de La cabaña en el bosque. Goddard fue uno de los guionistas de Angel, el spin-off de Buffy, cazavampiros, y no es de extrañar que en Daredevil nos encontremos con motivos parecidos, coincidencias argumentales entre ambas series y sobre todo formas similares de plasmarlo en pantalla. Por ejemplo, el equipo formado por Matt, Foggy y Karen y su dinámica interna nos recuerda a la formación original del Angel Investigations, y los dilemas existenciales de Murdock son análogos a los de Angel: la delgada línea entre el bien y el mal que define su “trabajo”, la necesidad de mantenerse alejado de una tentación para no volverse malo (Murdock evita matar para no caer definitivamente al lado oscuro). Los fans de la serie de Joss Whedon encontrarán un aliciente extra en Daredevil, aunque no será porque haga falta.

Daredevil es un producto televisivo muy cuidado en todos los aspectos, una serie clásica en sus planteamientos, pero muy novedosa y excitante en el contexto actual de Marvel. Un noir bien hecho, con un protagonista muy convincente (Charlie Cox es el Matt Murdock perfecto) y un antagonista que ha supuesto una auténtica revelación (he de confesar que Fisk me aburría soberanamente al principio y no soportaba sus escenas y diálogos a “cámara lenta”, pero me fue agarrando con el tiempo). Conforme la serie avanza, y sobre todo durante su emocionante recta final, nos atrapa en el centro de una fascinante batalla de poder que apenas acaba de empezar, y nos invita a perdernos en los vericuetos más oscuros y escabrosos del Universo Marvel, algo que en estos momentos solo podía ocurrir en televisión.

Crítica: Vengadores – La era de Ultrón

Capitán América AoU

Con Los Vengadores (2012), Joss Whedon asumía un reto de proporciones épicas: escribir y dirigir la primera “reunión” de los Héroes Más Poderosos de la Tierra, una película en la que las previas entregas individuales de Marvel habían de converger, donde todos los superhéroes debían encajar en la historia y esta tenía que servir como puente a la siguiente fase sin dejar de funcionar como una película autónoma. Juego de niños, vamos. A tenor del resultado (tercera película más taquillera de la historia y críticas generalmente positivas), no cabe duda de que Whedon superó la prueba con nota. Tanto es así, que la Segunda Fase del Universo Cinematográfico de Marvel no sería como es de no ser por el punto de inflexión creativo que supuso la película.

Gracias al éxito que tuvo el humor en el film, el estudio introdujo una dosis mayor de comedia en el UCM y Los Vengadores implantó el esquema definitivo a seguir por los siguientes “episodios”, en los que el director cumplió un rol de asesor que lo devolvía en cierto modo a sus años como showrunner televisivo. Las películas post-Avengers experimentaron un incremento de calidad (todas exceptuando quizás Iron Man 3), y Marvel se afianzaba como el estudio que no podía dar un paso en falso, al estilo del Pixar de antaño. Concretamente Capitán América: El soldado de invierno Guardianes de la Galaxia pusieron el listón tan alto que el reto que suponía la secuela de Vengadores para el autor era aún más complicado. Con Marvel en su apogeo y las expectativas disparadas más allá del Bifrost, ¿ha sido Whedon capaz de repetir la hazaña con La era de Ultrón? Sin duda. ¿Es suficiente a estas alturas? Eso ya no está tan claro. Si uno ve la película como el blockbuster veraniego que es, no tendrá problemas con ella, pero si se compara demasiado con la primera o se le exige más de la cuenta (y no nos engañemos, no se nos ha preparado para otra cosa), podría desmoronarse. En cualquier caso, no cabe duda de que estamos ante otro gran acontecimiento Marvel, una colosal y comunitaria experiencia cinematográfica que, a pesar de no superar a su predecesora, demuestra una vez más el enorme poder de la Casa de las Ideas.

ultron group

En Vengadores: La era de Ultrón recuperamos a los seis miembros originales del equipo gozando de una compenetración absoluta en el campo de batalla. La vertiginosa secuencia de apertura nos muestra a los superhéroes llevando a cabo una misión en la que cada uno de ellos cumple una función imprescindible. Además de advertirnos implícitamente de que no deberíamos parpadear demasiado si no queremos perdernos toda la información por segundo que nos ofrecen los abarrotados planos de la película, esta escena establece uno de los temas centrales del film: el trabajo en equipo es lo que hace que los Vengadores sean imparables. Es importante dejar clara desde el principio esta idea, puesto que el resto de la película se dedicará a la delicada misión de intentar desintegrar al grupo, provocando fisuras internas y una fricción entre los miembros que culminará sin duda en Civil War. Por eso, La era de Ultrón parece más bien una película de transición, una en la que un Whedon más instrumental se ha preocupado menos de dejar su sello personal y más de cumplir con los designios de Marvel (y Disney). En ella se respira continuamente el futuro de la saga; por ejemplo, la importancia de las Gemas y varios vistazos al Guantelete del Infinito nos recuerdan (una vez más) que lo más gordo está por llegar, y los mil y un cameos parecen encajados a la fuerza para aumentar la sensación de continuidad del UCM (#ItsAllConnected). Es más, la trama se enfoca en todo momento hacia la creación de una nueva formación de Vengadores, lo que hace que La era de Ultrón funcione más como enlace o antesala, y menos como película autónoma que la primera parte.

Wanda y Pietro Maximoff

Además de Capitán América, Iron Man, Hulk, Thor, la Viuda Negra y Ojo de HalcónLa era de Ultrón cuenta con los “mejorados” Wanda y Pietro Maximoff, hermanos gemelos de impresionantes poderes (prohibido decir “mutantes”) que no solo ponen en jaque a los Vengadores, sino también a Whedon, que tiene aún más personajes con los que hacer malabares narrativos. No obstante, en lugar de amenazar la coralidad de la película, se suman a ella sin apenas problemas. Los futuros MercurioBruja Escarlata son incorporados a la historia casi in media res, y a pesar del poco tiempo que tienen en pantalla, su arco argumental (el paso del lado oscuro al luminoso) se desarrolla satisfactoriamente (sobre todo en lo que respecta a Wanda), siempre supeditado a la historia principal, y como decíamos, con un ojo puesto en el futuro del UCM (¡esas visiones! ¡ese epílogo!). Solo dos quejas acerca de los hermanos. Primero, Elizabeth Olsen eclipsa a un apocado Aaron Taylor-Johnson, cuyo Mercurio recibe menos énfasis en la caracterización -quizá porque sabían que intentar hacer sombra al Quicksilver de X-Men podía salir mal. Y segundo, esos acentos de pega. Para la próxima, o pasan más tiempo con el coach de dicción o que se deshagan de ellos por completo.

Ultron

Wanda y Pietro no son las únicas caras nuevas del multitudinario elenco de La era de Ultrón. A la lista interminable de conocidos del UCM que desfilan por ella (Peggy Carter, Heimdall, los miembros principales de SHIELD menos Coulson, Erik Selvig, War Machine, Falcon…) se suman nuevos secundarios: la Dra. Helen Cho, Ulysses Klaw (primera semilla de Black Panther), el barón Wolfgang von Strucker, sin olvidar al Hulkbuster, que protagoniza uno de los numerosos set pieces de la secuela. Pero sin duda, los dos fichajes estrella de La era de Ultrón son el villano que da subtítulo a la película y uno de los personajes más populares de Marvel Comics, Visión. La cadena de acontecimientos que da lugar al “nacimiento” de ambos seres de inteligencia artificial resulta algo aturullada, saltando a la vista que han eliminado muchas escenas por exceso de metraje (se podría haber sacrificado alguna batalla que no aporta nada en favor de los personajes y la historia). Sin embargo, el momento en el que Ultrón adquiere su primer cuerpo y se libera de los “hilos” de su Gepetto (Tony Stark, contradiciendo a los cómics, en los que su creador es Hank Pym) dejamos de cuestionarnos cómo ha llegado a existir, porque estamos demasiado ocupados cayendo rendidos ante su magnético carisma y su amenazante presencia (excelente trabajo de James Spader como voz del villano, fundiendo megalomanía y humanidad, como ya se hizo con Loki). Y si Ultrón es un personaje interesante, aun con su precipitada caracterización y motivaciones a base de clichés, cuando la Visión entra en escena, la película alcanza un nuevo nivel (en parte estamos ante una historia clásica de robots). El sintezoide, interpretado a la perfección por Paul Bettany, ocupa poco tiempo en pantalla, pero es suficiente para despertar la fascinación y aumentar la expectación por verlo en las siguientes entregas del UCM.

AoU grupo

Ahora bien, con Wanda, Pietro, Ultrón y Visión, ¿queda tiempo para los Vengadores originales? Por supuesto. Es más, Whedon logra de nuevo lo que parecía imposible: darles un hueco a todos en la historia, hacer evolucionar sus amistades y alianzas (antes de que empiecen a romperse), y reservarles a cada uno de ellos varias escenas (aunque sean pequeñitas) para brillar por encima de los demás. En ocasiones esto se vuelve en su contra, ya que, como hemos dicho, son demasiados elementos los que el director debe manejar y no tiene más remedio que quedarse en la superficie o correr más de la cuenta; claro que por el lado bueno, hace que La era de Ultrón no nos dé tregua y tenga de todo para todos. Thor se ha convertido en el personaje más gracioso del grupo, y nos regala los momentos más simpáticos y tronchantes de la película (sobre todo gracias al running gag sobre quién será “digno” de levantar el Mjolnir), aunque es el Vengador original con menos tiempo en pantalla; Tony y Bruce comparten varias escenas en las que Whedon saca partido a los adorables “Science Bros” (todo un regalo para los shippers de esta pareja); Steve Rogers, al igual que Stark, sigue ocupando un puesto protagonista, pero es más bien simbólico, ya que parece estar reservándose para Civil War. Y así llegamos a las verdaderas estrellas de La era de Ultrón: Natasha Romanoff y, sobre todo, Clint Barton, los Vengadores supuestamente más débiles o prescindibles, convertidos aquí en miembros centrales del equipo por obra y gracia de Whedon.

Ya que no cuentan con sus propias películas en solitario, la Viuda Negra y Ojo de Halcón tienen que aprovechar al máximo su tiempo en las distintas entregas del UCM para justificar su presencia en el mismo. Y en La era de Ultrón sobran las razones para considerar a Romanoff y Barton Vengadores esenciales. Por un lado, el arquero protagoniza una de las tramas más sorprendentes de la película y pronuncia las frases más inspiradas del guión, a menudo cargadas de autoconsciencia y metahumor. Clint se convierte así en el comentarista oficial de Los Vengadores, llamando la atención sobre lo demencial de algunas situaciones o cuestionándose sarcásticamente su propio papel en el grupo. Pero lo más importante ocurre en el “intermedio” de la película (uno de los pocos momentos en los que descansamos de su ritmo acelerado), donde conocemos una vertiente del personaje que aporta más significado a su afiliación a los Vengadores y desvela vínculos más fuertes de lo que pensábamos entre ellos, especialmente entre los dos agentes de S.H.I.E.L.D.

ojo de halcón

Por otro lado, a Natasha ya la disfrutamos en todo su esplendor pateaculos en El soldado de invierno, y en La era de Ultrón vuelve a desempeñar un papel fundamental en el grupo, como guerrera, y principalmente como ancla del “grandullón” verde. Y he aquí uno de los problemas de la película, que hasta cierto punto deshace lo que Whedon y los hermanos Russo han hecho hasta ahora con el personaje (una de las pocas mujeres importantes en un universo eminentemente masculino, y recordemos, lo más parecido a mejor amiga y wingwoman de Steve Rogers en la secuela de Capitán América). El guión de Whedon no solo reduce en un momento dado la amistad de Natasha y Steve a un posible rollo de cara a sus compañeros (no era necesario), sino que explora un romance entre Romanoff y Banner (también precipitado) adentrándose en los farragosos terrenos de la comedia romántica. Y no es que “Nat” deba ser un personaje asexual o no merezca tener su historia de amor, faltaría más (los demás Vengadores la tienen), pero no hacía falta ponerla a ronronear durante toda la película, solo para forzar una relación que todavía no tenía cabida en la historia. La Viuda sigue siendo uno de los personajes femeninos más interesantes y prominentes del cine de superhéroes (quizás el que más), y afortunadamente, en La era de Ultrón se continúa explorando con mucha atención el lado más humano de la letal espía (cada vez más divertida, por cierto). Por eso preocupa que Whedon, defensor a ultranza de la causa feminista dentro del patriarcal Hollywood y creador de una de las heroínas más importantes de la historia, la haya convertido en la chica para todos (aunque solo sea para hacer un gag), la mujer del héroe, e incluso damisela en peligro que necesita ser rescatada por su príncipe verde (por no hablar de su analogía entre esterilidad y monstruosidad, muy desafortunada aunque tenga sentido en la historia). No sabemos en qué grado el autor es responsable de todo esto, ya que por todos es sabido que las decisiones creativas finales corresponden siempre al estudio y no es cosa suya que la Viuda sea la única mujer del grupo, pero decepciona encontrarse un material tan poco propio de él vinculado a su nombre. Es más, nunca le perdonaré la escena en la que Bruce cae sobre Natasha y aterriza con la cara entre sus pechos. No solo es ofensivo y supone un retroceso para el personaje, es un chiste pobre y anticuado.

Natasha Bruce

Y hablando de chistes, La era de Ultrón está plagada de ellos. A pesar de que los adelantos promocionales vaticinaban un cambio de tono con respecto a la primera Vengadores, así como un giro hacia el terror y la ciencia ficción reconocido por el propio director, el humor sigue teniendo una presencia capital. De hecho, en ocasiones resulta algo intrusivo, lo que nos obliga a hablar de “alivio dramático“, que tiene lugar entre constantes chascarrillos y repetitiva comedia física (“golpes” que funcionan como reflejo o segunda parte de los de la primera película). Aquí todos son bromistas natos (incluidos Ultrón y Visión) y cualquier momento es bueno para demostrarlo, no importa lo dramático que sea. Huelga decir que hay abundantes diálogos y one-liners para la posteridad y que las risas están garantizadas, pero la media de chistes buenos es inferior a la de la primera película (no me hagáis hablar de la infantil broma recurrente sobre la fobia de Rogers a las palabrotas) y la historia, decididamente más oscura, tal vez pedía menos comedia.

Convenientemente, el tercer acto de La era de Ultrón rebaja el humor y da paso a una recta final espectacular y explosiva en la que Whedon eleva (nunca mejor dicho) el factor épico del UCM, con la Tierra enfrentándose a su peor amenaza hasta la fecha. La acción se vuelve (aún más) monumental, imparable -y algo mareante y confusa, por qué no decirlo. Pero si bien la destrucción del clímax roza el nivel de caos visual de Man of Steel, la película se preocupa constantemente de mantener la lógica interna, y no pierde de vista nunca el propósito de todo esto: salvar a la humanidad, y además hacerlo juntos. Y ahí está la clave de Los Vengadores. Cuando vemos al equipo en formación de combate todo encaja. Estos personajes están ahí, hombro con hombro, luchando contra un enemigo común, y todos tienen una razón para hacerlo, todos tienen una historia, una motivación que les lleva a formar parte de ese grupo. Esa preocupación por los personajes ha calado en el funcionamiento interno del UCM, así como en la audiencia, y eso es lo que hace que Joss Whedon se despida de la franquicia por todo lo alto, habiendo contribuido en gran medida a darle la forma que tiene hoy en día. Como hemos visto, La era de Ultrón tiene sus más y sus menos, pero en última instancia, solo hace falta un plano, el que nos muestra a todos los Vengadores “reunidos” segundos antes de librar la batalla final, para que entendamos por qué estamos ahí nosotros también.

Vengadores 2

 

RESUMEN BIPOLAR

Lo peor:

– Demasiados chistes. Por estadística, algunos tienen que resultar fallidos, y eso es justo lo que ocurre. El humor puede llegar a ser excesivamente inocentón (incluso para Whedon), y no, no todo momento es bueno para introducir una broma.
– A ratos parece una película de transición, creada para conectar pasado y futuro del UCM. No vendría mal rebajar la serialidad, Marvel, que se os va de las manos.
– Algún diálogo sobre-explicativo con el que los héroes excusan las ausencias de la película (no hacía falta que Thor y Tony nos contaran que sus respectivas parejas están muy ocupadas con sus carreras como para aparecer aquí).
– Demasiados elementos y personajes que conjungar. Como resultado: tramas aceleradas, ideas a medio formar y caos narrativo.
– Las motivaciones de Ultrón podrían haberse trabajado más.
– Se nota que ha habido mucha tijera.
– Que, aunque tengamos cameos de sobra, nos hayan privado de ver a Loki o no hayan aprovechado para presentar a algún héroe de futuras entregas del UCM como Black Panther, Spider-Man o Captain Marvel (que eran los que se rumoreaban). Aunque con la superpoblación de héroes y villanos que hay, es lógico y en el fondo lo mejor.
– Lo mareante y confuso de las batallas. La acción puede llegar a saturar. Se nos da apenas una fracción de segundo para ver “splash pages” en los que nos solemos recrear mucho más tiempo en las páginas de un cómic, y por tanto se pierden los detalles.
– El acento de Pietro y Wanda.
– El agresivo product placement.
– El romance de Natasha y Bruce, simplemente no encajaba en esta película.
– El tratamiento de la Viuda Negra no está a la altura del personaje (ni de la persona que la está escribiendo), y deshace lo que se ha hecho con ella desde Vengadores. Da la sensación de que Marvel no sabe muy bien qué hacer con ella. ¿La solución? Más personajes femeninos importantes (a poder ser, no dependientes de uno masculino).
– Otra muerte que perderá su impacto (que tampoco es muy fuerte) cuando resuciten al personaje.
– Se puede palpar el tira y afloja de Whedon con Marvel/Disney. No es de extrañar que el director no se quede para la próxima y que en las entrevistas promocionales suene desencantado, desafiante, e incluso triste.
– Algún desliz en la post-producción digital que nos deja ver la cara de los dobles de riesgo.
– El chiste de Steve Rogers y las palabras malsonantes. No funciona ninguna de las 800 veces que se hace.
– La repetición del esquema narrativo de siempre con la destrucción de una ciudad al final. Va siendo hora de que Marvel empiece a variar la fórmula si no quiere que el público se canse.

Lo mejor:

– Que todos los personajes tengan su momento.
– El carisma tan grande que tienen todos los protagonistas y lo cómodos que están los actores en su piel.
– Ojo de Halcón lo peta.
– Que Whedon trate a Natasha y Clint como Vengadores esenciales en la historia.
– “Nathaniel”, “Traidor”.
– Las escenas de calma entre la acción son las mejores.
– Whedon ha realizado una oda al cómic, una película repleta de planos sacados directamente de las páginas de Marvel, lo que hará las delicias de los lectores de la Casa de las Ideas.
– Ultrón y sobre todo, Visión. Personajes que demuestran que bajo la capa de metal (y tejidos sintéticos) de la película hay un componente muy humano.
– Elizabeth Olsen, aunque no tenga mucho tiempo para lucirse.
– Scarlett Johansson se eleva por encima del guión. Ellos maltratan a su personaje, pero ella está mejor que nunca. Película en solitario YA.
– Que aunque es una película menos whedoniana que la primera, seguimos encontrando paralelismos con sus series y whedonismos a cascoporro.
– El profético primer contacto de Wanda y la Visión.
– Que como en todo lo que hace Whedon, la película te toca la fibra cuando menos te lo esperas y entre toda la destrucción sigue sobresaliendo la emoción.
– Los one-liners están a la altura de los mejores del UCM (“He’s fast, she’s weird”).
– Thor y el running gag del Mjolnir. Hacen bien en aprovechar la gran vis cómica de Chris Hemsworth.
– Los mil y un cameos y guiños al pasado y el futuro del UCM (aunque afecte a la estructura del film, son todo un regalo para fanboys).
– La espectacularidad de las escenas de acción y los efectos, sobre todo en el clímax.
– Los Science Bros.
– Cuando los chistes y los gags son buenos, son MUY buenos.
– La secuencia de créditos finales con la impresionante estatua de mármol de los Vengadores luchando, además de una imagen hermosa y potente, un excelente guiño a uno de los diálogos de la película.
– Que a pesar del mayor énfasis en la acción de esta entrega, lo más importante siguen siendo los personajes (gracias, Joss) y sus luchas internas, uno de los núcleos del film.
– Es una película ante todo divertida y las más de dos horas y media que dura se pasan en un suspiro.
– Ver al equipo reunido de nuevo y en acción sigue siendo lo más emocionante. Por encima de todo.

Valoración: ★★★½

Crítica: Guardianes de la Galaxia

Guardians of the Galaxy Star Wars

No es un secreto que Marvel llevaba ya mucho tiempo apuntando hacia las estrellas. Con las dos partes de Thor, el Universo Cinematográfico de Marvel se trasladaba a los reinos de la mitología nórdica, y con Los Vengadores echábamos un vistazo interdimensional a los confines del espacio con la amenaza Chitauri y Thanos (aunque en ambos casos pasábamos más tiempo en la Tierra). Pero este año, la Casa de las Ideas se expande oficialmente hacia el cosmos, y lo hace con una aventura absoluta y extraordinariamente marciana, una entrega del UCM que, más que una de superhéroes, es una auténtica epopeya espacialGuardianes de la Galaxia (Guardians of the Galaxy. Con la película dirigida muy eficazmente por el cachondo James Gunn (Slither, Super), las posibilidades de esta macro-historia que comenzó en 2008 (y que no tiene final a la vista) se amplían de manera exponencial. Si una película con un mapache parlante y un extraterrestre-planta, basada además en un cómic desconocido por el gran público, se ha convertido en otro mastodóntico éxito de Marvel (hasta ahí llega la fidelidad de la audiencia), a partir de ahora todo es posible.

Aunque el cómic en el que se basa se remonta a finales de los 60, no cabe duda de que Guardianes de la Galaxia hunde sus raíces en la saga Star Wars, referente indiscutible tanto en lo que se refiere a su argumento como en su vibrante apartado visual. Pero también es fácil detectar en ella elementos de series sci-fi como Farscape o Firefly. De la primera sobre todo esa variopinta y colorida fauna extraterrestre, de las dos el hecho de que los protagonistas sean un ecléctico grupo de forajidos espaciales con pasados oscuros que unen sus fuerzas con un objetivo común. Pero si se trata de encontrar influencias, la más evidente no es otra que Los Vengadores, el éxito que proporcionó el patrón a seguir por el estudio, y que se repite una vez más con Guardianes. No falta nada: historia en tres actos, épica batalla final (con nave gigante desplomándose sobre la ciudad), énfasis en la coralidad del reparto y dosis elevadas de comedia. De hecho, Guardianes es la primera película de Marvel Studios que se puede catalogar abiertamente como “comedia de acción”.

Chris Pratt GotG

La primera parte del filme -tras el nostálgico y melodramático prólogo que nos transporta a los 80 de E.T.– resulta un tanto problemática y atropellada. La culpa la tiene un elevado número de personajes y localizaciones, entre los que la historia va saltando sin (aparente) orden ni concierto, solo cumpliendo la función de aportar los datos necesarios para cimentar la trama. Hay que decir que Gunn lo tenía más difícil que Joss Whedon. Las historias individuales de los Vengadores ya eran conocidas por todos. Las de los Guardianes no. Por eso, Gunn -y antes que él Nicole Perlman, que escribió el primer boceto del guión- tenía la complicada tarea de presentar a un puñado de personajes desde cero, desarrollarlos, enfrentarlos y finalmente convertirlos en un equipo cohesionado, sin la ventaja de contar con medio trabajo ya hecho. Teniendo esto en cuenta, y a pesar de la fragmentación que lastra el primer acto, Gunn ha salido más que airoso. Algo que sin duda se confirma al ver a los cinco héroes juntos en acción durante la segunda mitad del metraje, cuando el filme por fin coge el ritmo y no lo suelta.

Guardianes grupo

Una vez establecido el quién es quién de la galaxia y definido el macguffin de la historia (otra Gema del Infinito que no debe caer en las manos equivocadas), el relato empieza a tomar forma, y los Guardianes se apoderan de él. Lo más destacable de Guardianes de la Galaxia es que, a pesar de contar con un claro protagonista, el encantador sinvergüenza Peter Quill, no se descuida nunca al resto de personajes. Es más, en un momento u otro todos se las arreglan para eclipsar al achuchable Chris Pratt, que sí, es un Star-Lord ideal (porque básicamente es Andy Dwyer en el espacio, y eso nunca podría ser malo), pero no puede evitar que en ocasiones la superproducción le venga un poco grande. Nada que no se solvente con un buen plantel de personajes con el que complementarse:

Gamora -perfecta Zoe Saldana-, letal y robótica extraterrestre de piel verde (una Elphaba alienígena, vaya) que nos proporciona algunos de los instantes más emocionantes y entrañables de la película cuando se entrega a sus impulsos humanos (ella, Peter y Footloose); Drax, un gigante “destructor” que se ríe, literalmente (como todo lo que hace), en la cara del peligro -el luchador Dave Bautista es la verdadera revelación interpretativa de la película, con una precisión cómica sorprendentemente; Groot, adorable criatura árbol que se comunica exclusiva y muy elocuentemente usando únicamente la frase “Yo soy Groot”; y Rocket -doblado excelentemente por Bradley Cooper-, un mapache alterado genéticamente, cascarrabias y aficionado a gastar bromas pesadas, que, lejos de ser reducido a alivio cómico (que no haría falta además), está plenamente definido y tiene tanta o más entidad que sus colegas no realizados íntegramente por ordenador.

Rocket

En el apartado de villanos, Guardianes de la Galaxia no sale tan bien parada, a pesar de la divertida presencia de Michael Rooker como Yondu (que técnicamente no es un villano, solo un paleto amoral). El verdadero malo de la función es Ronan el AcusadorLee Pace le ha cogido el gusto al transformismo-, con Nebula en destacado segundo plano –Karen Gillan sobreactuada en un proyecto en el que no debería chirriar estar sobreactuado. Pero la película cuenta con más enemigos, tantos que es inevitable que estos parezcan desdibujados o desaprovechados, algo que también ocurre con la organización Nova Corps (Glenn Close, John C. Reilly). Esto, más que un problema interno, es un efecto de la acusada serialidad que caracteriza a las películas de Marvel. Estas funcionan cada vez más como una serie de televisión, y es habitual que no se nos presente a personajes “completos” y que se incluyan únicamente pequeñas píldoras de una historia que se desarrollará en posteriores capítulos. De ahí que Thanos aparezca apenas un minuto, o El Coleccionista (Benicio del Toro) protagonice una escena de transición y desaparezca sin más. Y de la misma manera, con Kevin Feige y Marvel actuando como showrunners del UCM, salta a la vista que el director, por mucha voz que haya tenido, ha debido ajustarse a una fórmula testada. Y esto es lo que más chirría de la película, que transcurre sobre seguro, repitiendo lo que ya les ha funcionado anteriormente y dejando poco espacio narrativo para la sorpresa. Aún con todo, Guardianes de la Galaxia es todo lo cerrada, uniforme e independiente que puede ser, sobre todo gracias a su fuerte personalidad y el increíblemente detallado universo que nos presenta.

Gamora y Star-Lord

Guardianes de la Galaxia es un continuo estallido lumínico y multicromático, una fantasía irresistible tanto para los fans de los cómics como para los espectadores más casuales. Conjuga con acierto el fan service propio del estudio (Howard el Pato, Cosmo, el cameo oculto de Nathan Fillion y otros tantos easter eggs) con la pleitesía al gran público, para dar como resultado una película de Marvel que es exactamente como las anteriores, y a la vez es totalmente distinta. Rebosante de descaro gamberro, carisma y socarronería, aderezada con temazos míticos de los 70 y 80 interpretados por Jackson 5, David Bowie, The Runaways…, y un altísimo contenido en one-liners y chistes bobos (algunos graciosos, otros simplemente graciosetes), Guardianes de la Galaxia se presenta como una obra exultantemente viva, musical, y sobre todo iconoclasta.

Para enmarcar planos como el de Peter y Gamora con el walkman y la galaxia como paisaje de fondo, Rocket acribillando a los malos con una metralleta a lomos de Groot, el paseo bailongo de Peter durante los créditos iniciales (y cada vez que alardea de “magia pélvica”), o una de las escenas finales, en la que la película se adentra en terreno sentimental y nos remite a una secuencia clave de Toy Story 3, con resultados igualmente efectivos (Marvel, más Disney que nunca, me vuelve a hacer derramar lágrimas de emoción). Además de todo esto, con el elogio de lo analógico y lo vintage que lleva a cabo (que no os extrañe que el cassette se ponga de moda),  Guardianes de la Galaxia nos devuelve en cierto modo a la infancia y nos recuerda lo que es ver una película de Spielberg por primera vez -no en vano, la primera secuencia en el espacio es un claro homenaje a Indiana Jones y el arca perdida. No estoy seguro de si las nuevas generaciones adoptarán Guardianes de la Galaxia como su Star Wars  (tal y como se ha empeñado la prensa en que ocurra), pero si así fuera, no seré yo quien se oponga.

Valoración: ★★★★½

Por qué ‘Los Vengadores’ pertenece legítimamente al Whedonverso

Que quede claro desde el principio. Sería absurdo atribuir a Joss Whedon la autoría absoluta de este macro-proyecto que es, y ha sido durante los últimos años, Los Vengadores. Para cuando el director y guionista se subió a bordo del buque marveliano -por tercera vez ya, recordemos que guionizó RunawaysAstonishing X-Men-, todo el trabajo previo a este esperadísimo mash-up superheroico estaba hecho. Por no decir que las líneas maestras de la historia llevaban escritas desde que en septiembre de 1963 Stan Lee y Jack Kirby publicasen el primer número de The Avengers. Dicho esto, puedo afirmar con rotundidad, convicción, y sobre todo incontinencia emotiva, que Los Vengadores es una obra incontestablemente whedoniana. Y es mi intención defender esta idea a continuación, estableciendo los numerosos paralelismos entre el filme y los anteriores trabajos del autor. Sin embargo, y a pesar de que Whedon se lleve la película a su terreno -en cierto modo, Marvel siempre fue su terreno-, el ex productor televisivo ha logrado crear un grandioso -que no grandilocuente, eso se lo dejamos a Nolan- espectáculo que busca la satisfacción del público no iniciado, mimando casi enfermizamente al fanboy obsesionado con Marvel y sin descuidar al whedonite más entregado -bueno, ¿no lo somos todos? La respuesta abrumadoramente positiva por parte de los tres frentes confirman lo que ya sabíamos: Whedon nació para este proyecto.

A pesar del extenso terreno allanado por las seis películas previas -sí, yo cuento la primera Hulk-, Los Vengadores es una historia iniciática, y es así cómo Whedon nos la presenta. Sin tratar de convertir la saga en lo que no es -lo que intentó sin éxito Ang Lee-, Whedon cuenta el origen del súpergrupo teniendo en cuenta todos los elementos ya dispuestos, para fabricar una historia que sirva como punto de convergencia de los relatos individuales de los personajes, pero que también funcione como génesis o Capítulo Cero. No es la primera vez que el autor se enfrenta a un reto creativo de estas características. El precedente es Serenity (2005), la película con la que trató de inaugurar una franquicia cinematográfica basada en su malograda serie Firefly (2002), y para la que Whedon relanzó las historias de los nueve tripulantes de la nave protagonista. Por aquel entonces, Whedon no contaba con las facilidades que da disponer de un puñado de súper héroes que llevan cinco décadas en las posiciones más privilegiadas de la cultura popular. Al final, Serenity solo interesó a los whedonites y browncoats -así se denominaron los fans de la serie. Con Los Vengadores, este desenlace no era una posibilidad.

En este caso, la experiencia previa de Whedon sirve al autor para salir de embrollos narrativos, y le permite brillar en lo que siempre ha destacado. En Los Vengadores se opta por la coralidad del reparto, otorgando momentos de protagonismo a todos y cada uno de los personajes, armónicamente repartidos a lo largo del metraje. No hay protagonistas, ni se ignora a ningún personaje a favor de los demás -otra cosa es que los egos de unos tengan más presencia escénica que los de otros. Se trataba de hacer que un grupo de súper héroes, que juntos son una “bomba de relojería”, estallasen de la mejor manera posible. Y vaya si lo hacen. Superados los conflictos internos -épicas batallas de egos en lapidarios diálogos marca de la casa-, se explota de nuevo la idea de grupo que deja a un lado sus diferencias para enfrentarse a un mal mayor. Y se hace buscando en todo momento la complicidad de un espectador que puede, y quiere entregarse emocionalmente. Es Whedon en estado puro. Hasta encontramos el característico plano de los personajes caminando en grupo hacia la batalla que no falta en ninguna de las obras whedonianas. Desde ese momento, el público está en el bolsillo.

Los Vengadores ofrece a Whedon la oportunidad de seguir insistiendo en algunos de los temas que conforman la tesis de su obra televisiva, principalmente el poder y la naturaleza de la corrupción, así como también la redención. A través del villano de la función, Loki -también el primer archi-enemigo al que se enfrentan los Avengers en cómic-, se explora la idea del mal como consecuencia -y también origen- de la ambición y la búsqueda de gloria. Así, Whedon, convierte a Loki en una “diva” que prepara su gran espectáculo en Las Vegas -bueno, estamos en Stuttgart, pero la analogía no sería igual de efectiva. La primera toma de contacto con su público recuerda inevitablemente a aquella Jasmine (Gina Torres) de la cuarta temporada de Angel (1999-2004), figura mesiánica que llega a la Tierra con la intención de convertirla a su culto -y después comérsela. Loki (un excelente Tom Hiddleston) se convierte de esta manera en un villano más caricaturesco -ese atuendo de gira crepuscular de madame del pop lo pedía a gritos-, dejando atrás los motivos que lo situaron en la senda del mal, y descargando al personaje de afectación y pathos. La escena que supone la derrota de Loki confirma una vez más que estamos ante una obra whedoniana. Hulk agarra por sorpresa y zarandea de la manera más cartoonesca al villano -que está pronunciando el discurso amenazante de turno-, sustituyendo con este momento cómico al convencionalismo -y sopor- de la escena de confrontación final que no falta en ninguna de las películas anteriores. Lo épico se busca por otros medios. Whedon echa mano en este y otros momentos de Los Vengadores de uno de sus recursos más utilizados en Buffy, cazavampiros (1997-2003): dar fin a los conflictos con un golpe de efecto cómico en lugar de alargar los enfrentamientos desesperantemente. En este caso, Hulk es el mini-demonio Gachnar, que es vencido de un pisotón en el episodio “Fear, Itself” (4.04). El excelente humor físico del que hace gala Los Vengadores se fusiona con los célebres diálogos saturados de one-liners que han caracterizado al autor a lo largo de los años, para dar como resultado un filme que no solo puede considerarse una gran película de acción, sino también una sobresaliente comedia.

En entrevistas realizadas durante los últimos meses, Whedon advertía que no era su intención llenar la película de guiños a sus fans. En todo caso, si había que hacer guiños era a los geeks marvelites. No os preocupéis, los hay, a montones -muchos más de los que yo jamás podré identificar. El autor se ha encargado de volcar en la película todos sus conocimientos sobre la casa de Stan Lee. Sin embargo, después de aquellas declaraciones, sorprende comprobar que el viejo Whedon está presente en cada uno de los 142 minutos -¿tantos? parecieron cinco- de Los Vengadores. Es más, se las arregla para incluir a dos de sus actores fetiche, Enver Gjokaj y Alexis Denisof, en una película que no le daba demasiado margen para el enchufismo -una pena no haber visto finalmente a Nathan Fillion como Hombre Hormiga. A las coincidencias señaladas en los párrafos anteriores se añaden una infinidad de paralelismos que van de lo más fortuito a lo más explícito. Por ejemplo, el fanboy que hay en mí os dirá que Bruce Banner se quita las gafas haciendo el mismo ademán que caracterizó a Rupert Giles a lo largo de las siete temporadas de Buffy, cazavampiros. O que Capitán América irrumpe en una escena saltando sobre una furgoneta, lo que recuerda demasiado a la entrada de Capitán Hammer en Dr. Horrible’s Sing-Along Blog (2008). Pero es que abandonando esta perspectiva conspiranóica, sigue resultando tremendamente fácil separar los rasgos puramente whedonianos del relato.

A través de los pasados de algunos de los personajes, Whedon cuela en el ramificado discurso de Los Vengadores breves reflexiones que nos transportan directamente a sus series. A pesar de haber sido creado por otro, la Viuda Negra, al igual que Kitty Pryde de los X-Men, es un personaje whedoniano por definición propia. En Los Vengadores se nos habla del peso que suponen para la agente de S.H.I.E.L.D. sus acciones en el pasado, y conocemos sus deseos expiatorios –Buffy y Angel están superpobladas de personajes que buscan la redención. El personaje de Scarlett Johansson es además un claro exponente del mensaje de emancipación femenina que ha articulado en gran medida la obra de Whedon. La primera escena de la Viuda Negra en Los Vengadores nos reintroduce al personaje en el clásico papel de damisela en apuros, para acabar revirtiendo este rol en una escena que podría pertenecer a la serie de la cazavampiros: la clásica paliza a los malos con los imprescindibles chascarrillos entre patada y puñetazo -algunos nos imaginamos por un instante que utilizaría como estaca una pata de la silla en la que estaba atada. Natasha Romanoff y Buffy Summers se convierten por un momento en la misma persona. A su vez, Ojo de Halcón -Jeremy Renner apareció en un episodio de la primera temporada de Angel– y la Viuda Negra -cuyo estilo peleando es reminiscente del de River Tam- comparten sus tormentos existenciales en una escena que alude directamente al discurso central de Dollhouse (2009): la búsqueda de identidad de unas personas cuyos pasados han sido borrados para trabajar al servicio de una organización secreta -por cierto, una oportunidad redentora para el propio autor, que jamás fue capaz de dominar las tramas militares de sus historias. Y si no, recordad la infame Iniciativa (Buffy).

Whedon exprime adecuadamente estas coincidencias temáticas, que vienen dadas por la historia de los personajes. Sin embargo, podemos ir más allá y encontrar numerosas escenas, diálogos e incluso planos que resultarán tremendamente familiares a los whedonites más hardcore: la nave de S.H.I.E.L.D. hace las veces de Serenity, permitiendo a Whedon volver a tratar con una ‘tripulación’ de héroes de naturalezas muy opuestas; también hay en la película un par de discursos motivacionales que no pueden faltar en la recta final de toda historia que venga firmada por Whedon; a un nivel más visual, el hundimiento de las instalaciones de S.H.I.E.L.D. al comienzo de la película es una revisitación del final de “Chosen”, el último episodio de Buffy, cazavampiros, en el que la Boca del Infierno se traga Sunnydale al completo; por otro lado, el sacrificio de Iron Man nos transporta hasta “The Gift” (Buffy, 5.22), en el que la heroína se zambulle en el portal interdimensional que amenaza con destruir la Tierra; y por último, tanto los deseos de los Vengadores de tomarse un día libre tras ganar la batalla, como la insistencia de Tony Stark en que vayan a comer a un sitio nuevo de shawarma, son reproducciones casi literales del divertido diálogo que mantienen los protagonistas de Buffy antes de adentrarse en la batalla final.

Pero la esencia más puramente whedoniana de Los Vengadores no se encuentra en estos instantes anecdóticos, sino en el cuidado tratamiento de la historia, y sobre todo, de los personajes. Como de costumbre, el director crea ese poderoso vínculo entre el espectador y los héroes, que le permitirá adoptar su clásica posición de demiurgo absoluto sobre la acción. Whedon humaniza a unos personajes que se nos antojaban algo vacuos en sus entregas individuales -con la excepción quizás de Tony Stark-, sacando el mayor provecho de sus intérpretes -el Bruce Banner/Hulk de Mark Ruffalo es uno de los personajes más memorables de la cinta-, y logrando que temamos por la vida de todos y cada uno de ellos en el vertiginoso clímax de la película, 40 sublimes minutos que ponen en evidencia todo lo que ha hecho Michael Bay. Eso sí, como antesala del desenlace, y para magnificar esa sensación de mortalidad de los personajes -a pesar de que sabemos de sobra que ninguno puede morir-, Whedon ya se ha encargado de recordarnos, por si a alguno se le había olvidado, quién maneja los hilos: tras convertir al agente Coulson en un geek al que empezamos a adorar peligrosamente, nos lo arrebata en una escena que nos desarma emocionalmente, nos enfurece, y en definitiva, nos introduce sin marcha atrás en el relato, desencadenadenando el frenético acto final. Aunque nos pese, al más puro estilo Whedon.

A través de la identificación, el autor construye una historia que implica al espectador a un nivel al que no nos tiene acostumbrado el género de súper héroes. Se trata de la enésima -y esta vez definitiva- relectura del cine de palomitas, a manos de la persona que comprende el verdadero alcance del término: el Dios geek, uno de nosotros. La película de Joss Whedon se siente cómoda con cualquier etiqueta, pero por mi parte, pienso colocar Los Vengadores junto a Buffy, Angel, Firefly, Dr. Horrible y Dollhouse en mi videoteca. Sin reparos.