Crítica: Final Portrait (El arte de la amistad)

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París, 1964. El artista suizo Alberto Giacometti queda con el joven escritor y marchante de arte estadounidense James Lord en el emblemático café Les Deux Magots (punto de encuentro para artistas como Picasso, Hemingway o Simone de Beauvoir), donde le propone hacerle un retrato. Lord, fascinado por la personalidad y la obra de Giacometti, acepta halagado, dando lugar a uno de los cuadros más famosos del artista, Retrato de James Lord, así como un año después al libro Un retrato de Giacometti, escrito por Lord a partir de su experiencia posando para el pintor durante 18 interminables sesiones.

Ese es el punto de partida de Final Portrait, drama biográfico dirigido por el actor Stanley Tucci en el que podemos contemplar el intrigante y caótico proceso artístico de un genio creativamente caprichoso y continuamente asaltado por la duda, mientras se forja una bonita amistad entre el artista y el sujeto de su obra que dota de nueva dimensión a la estática y gris imagen del famoso cuadro en cuestión. Tucci hace gala de gran sensibilidad, mesura y delicadeza a la hora de componer el fresco de esa amistad, revistiendo la historia con un sentido del humor muy fino, dosificando el drama con inteligencia, y dejando que sus excelentes protagonistas hagan el resto.

A pesar de ser originario de la costa oeste y haberse criado en ambientes tropicales, Armie Hammer personifica a la perfección la figura del neoyorquino sofisticado y cultivado. Su James Lord es la viva imagen del “amigo americano”, un hombre atractivo, magnético y fuertemente carismático en su sencillez. Es decir, totalmente idóneo como objeto de admiración y musa (temporal) de un artista tan idiosincrásico como Giacometti, que en el actor de Call Me by Your Name encuentra un homólogo de carne y hueso de sus emblemáticos hombres de extremidades interminables.

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Pero es Geoffrey Rush quien realiza el trabajo más inspirado del film, mediante una brillante interpretación llena de vida y rebosante de matices con la que frustra, confunde y conmueve, humanizando así a un artista complicado (los de verdad), cuya vida bohemia y relaciones siempre han sido un enigma. Rush y Hammer forman una pareja artística muy interesante, pero también están secundados por los no menos fantásticos Sylvie Testud como la sufrida pero comprensiva mujer del artista, el infravalorado Tony Shalhoub como su hermano, y una efervescente Clémence Poésy como su amante prostituta. Un estupendo elenco dirigido con pulso firme por un cineasta que se muestra claro y seguro en lo que quiere sacar de la historia y de sus actores.

Salta a la vista que Final Portrait está hecha con cariño. La cinta desprende amor por el trabajo del artista, adentrándose en la atribulada mente de Giacometti desde el respeto y el interés humanista, sin realizar grandes aspavientos melodramáticos o caer en el sentimentalismo prefabricado y manipulador del biopic. Es decir, una película concisa (dura 90 minutos) y discreta en ambición, pero grande en resultados.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Cars 3

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Desde que cambiara para siempre el cine de animación con Toy Story en 1995, Pixar ha tenido muy pocos baches comerciales (se podría decir que El viaje de Arlo es lo más parecido a un fracaso en taquilla para la compañía, y aun así recaudó 332 millones de dólares en todo el mundo), pero sí podemos distinguir unos cuantos bajones creativos a lo largo de sus 20 años de trayectoria. Casi todos coinciden con la llegada de una secuela de uno de sus grandes éxitos originales, continuaciones que, con la excepción de Toy Story 3, palidecen comparadas con sus predecesoras, y se distancian considerablemente de la originalidad y creatividad de películas como Up, WALL-E o Del revés (títulos todavía si secuela).

La saga Cars es sin lugar a dudas la mayor representante de esta faceta más comodona de Pixar. Aunque para muchos supone romper con la idea romántica que se tiene del estudio, lo cierto es que no podemos culparles de seguir exprimiendo la franquicia de los coches parlantes, ya que es enormemente lucrativa, sobre todo gracias a las ventas de juguetes. Lo que sí podemos reprocharles es haber bajado tanto el listón para su primera secuela. Cars 2 sigue siendo lo más bajo que ha caído Pixar, su peor título con diferencia. Por eso, el anuncio de Cars 3 se encontró con la lógica desconfianza del público adulto (los niños encantados, y estas películas son sobre todo para ellos, así que callaos un poco, y dejadlos disfrutar), y por tanto, la necesidad de hacer algo para que esta vez no se notase tanto que la película es un mero vehículo para seguir vendiendo juguetes. Es decir, esta vez había que encontrar una buena historia que contar, y afortunadamente, lo hicieron.

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Cars 3, dirigida por Brian Fee, supone un regreso al estilo y el espíritu de la primera entrega, y por tanto un distanciamiento del concepto con el que se reinventó la saga en su segunda parte. Olvidaos de las tramas de espías y la acción bondiana a escala internacional. Volvemos a Radiador Springs (aunque sea para dejarla pronto atrás), volvemos a las carreras de siempre, volvemos al pasado para preguntarnos qué nos depara el futuro. Esa es la idea que vertebra la muy nostálgica Cars 3, un viaje divertido, pero también melancólico, en el que Rayo McQueen se enfrenta a su peor enemigo: la obsolescencia. El famoso bólido de carreras sigue triunfando en los mejores circuitos, pero un día se ve sorprendido por una nueva generación de corredores, más jóvenes y mucho más rápidos que él. Cuando un aparatoso accidente en la pista (la escena más impactante del film) lo obliga a retirarse temporalmente, el número 95 trazará un plan para volver a las carreras a tiempo para probar su valía en la Copa Pistón y superar en velocidad a los nuevos coches. Para ello requerirá los servicios de Cruz Ramírez (Cristela Alonzo), una joven mecánica de carreras que se dedica a entrenar a los competidores empleando las técnicas más modernas, después de haber abandonado su sueño de convertirse en corredora.

No era difícil superar a la segunda parte, pero Cars 3 no solo lo hace, sino que consigue que la carrocería de la saga vuelva a brillar como en la película original, una de las cintas más infravaloradas del estudio. Lo mejor de Cars 3 es que podemos encontrar en ella un sentido del propósito, un rumbo fijado, uno que nos lleva de vuelta hasta el principio para cerrar ciclo. Como Toy Story 3Cars 3 nos habla del paso del tiempo, de la necesidad de hacer hueco a las nuevas generaciones mientras celebramos nuestros triunfos, nuestro legado. Esta es la idea que recorre toda la película, un homenaje a la historia original, en el que volvemos a ver a Doc Hudson -y a escuchar a Paul Newman en la versión original (por arte y magia digital)-, mentor y modelo a seguir de Rayo McQueen, así como su inspiración para convertirse en una leyenda como él.

Cars 3 no deja de ser Pixar en horas bajas y con el piloto automático (lo siento, era necesario), pero hay que reconocer que, a pesar del agotamiento, esta vez han puesto empeño y corazón en la historia, que es justo lo que faltaba en la anterior película, y lo que en esta ayuda a amortiguar la secuelitis. Además (y esto es quizá lo más importante), en esta ocasión han relegado a Mate a un papel muy secundario, así que los que no soportan al Jar Jar Binks de Cars (como yo) están de enhorabuena. Los nuevos vehículos que ocupan su lugar aportan frescura a la saga, como el villanesco Jackson Storm (Armie Hammer), la salvaje Miss Fritter (Lea DeLaria) y especialmente Cruz, la nueva estrella y verdadera protagonista de la película, con permiso de McQueen. Ya era hora de que un personaje femenino desempeñara un rol destacado en esta franquicia tan eminentemente masculina.

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Para ser una película infantil, Cars 3 lleva a cabo reflexiones bastante adultas (básicamente trata sobre hacerse viejo), pero no abandona nunca su estupendo sentido del espectáculo, ni su deber para con los más pequeños de la casa. La película se ve beneficiada por el lavado de cara (o sea, un considerable upgrade técnico) que apuesta por el hiperrealismo de los entornos, hace que los personajes luzcan aun más radiantes y le da una apariencia más estilizada y sofisticada. Por la misma razón, las escenas de acción, las carreras (sobre todo la que tiene lugar en el barro), los muy diversos escenarios naturales y el humor físico resultan más contundentes en el apartado visual, el mayor punto fuerte del film.

Contra todo pronóstico, y aun estando por debajo de la media de Pixar, Cars 3 no solo no es una mala continuación, sino que es la entrega más madura de la saga, una película entrañable, acogedora y divertida que compensa el horroroso traspiés de su predecesora y supone un cierre muy apropiado a la historia de Rayo McQueen, una digna última vuelta (no se descarta que sigan estirando la propiedad, claro, pero a nivel narrativo, se ha completado el circuito). En resumen, para ser la secuela que nadie pidió de la saga peor considerada de Pixar, Cars 3 llega victoriosa a la meta.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Especial Pilotos 2013-14 – Parte V

Betrayal ABC

Betrayal

Emisión: Los domingos en ABC

Opinión sobre el piloto: El caso de Betrayal es raro. Es un culebrón made in ABC que de alguna extraña manera escapa del tono habitual de la cadena. En lugar de una soap exagerada y artificial, Betrayal empieza de manera contenida, pausada, incluso elegante y sensual. El núcleo de la serie es una infidelidad, y lo cierto es que el tema está tratado con bastante clase, evitando los clásicos recursos baratos de la cadena para enganchar al espectador. Quizás por eso Betrayal no termina de cuajar, porque no es lo suficientemente buena como para ser considerada un drama de calidad, ni lo suficientemente mala como para disfrutarla como un culebrón al estilo Revenge.

Por estar en esa tierra de nadie, Betrayal se ha ganado la indiferencia de la audiencia norteamericana, y nace abocada a la cancelación, en la misma franja horaria que fracasó hace un años 666 Park Avenue (con la que guarda más de una similitud, dejando a un lado que aquella era un drama sobrenatural). El piloto de Betrayal puede provocar bostezos, pero al menos no nos da dentera como otras series de este corte. Ayuda que los actores hagan un buen trabajo a pesar de la poca pasión que desprende el proyecto. Destaca una creíble y natural Hannah Ware, capaz de transmitir muy elocuentemente los complejos sentimientos de una mujer abocada a la infidelidad. Aunque también tenemos a James Cromwell, Stuart Townsend y Henry Thomas (Elliott de E.T.). Es una pena que el talento de un reparto tan competente sea malgastado con una historia tan insulsa.

Puntuación: 5,5/10

Razones para quedarse: Hannah Ware.

Razones para abandonar: No merece la pena invertir tiempo en algo en lo que evidentemente no se ha invertido esfuerzo. Sobre todo porque será cancelada y nos quedaremos a medias.

 

We Are Men

We Are Men

Emisión: Los lunes en CBS

Opinión sobre el piloto: ¿Sexo en Nueva York protagonizado por cuatro hombres? ¿Entourage fuera de Hollywood? Suenan a descripciones más o menos acertadas de lo que es We Are Men, pero también más generosas de lo que se merece. Esta nueva sitcom single-cam de CBS eleva ligeramente de categoría la oferta cómica de la cadena (basada esencialmente en comedias enlatadas), pero solo en apariencia. El reparto es interesante (ahí están Tony Shalhoub, Kal Penn y el más divertido de todos, Jerry O’Connell) y la factura muy cuidada, sin embargo, en el fondo no es más que otra comedia de baja estofa bombeada por el sexismo más embrutecido (pobres mujeres asiáticas, qué mal paradas están saliendo este año en la tele) que además parece tener la mecha muy corta.

Desde el mismo título hasta el último de sus chistes, We Are Men se pavonea orgullosa de ser una comedia de tíos, deudora de Resacón en Las Vegas, pero para todos los públicos (qué peligro). Después de ser abandonado por su novia en el altar, Carter (Christopher Nicholas Smith) conoce a tres hombres que viven una segunda juventud después de una serie de fracasos amorosos. Los tres se convierten en mentores de Carter, formando un equipo para el que la principal prioridad es mojar el pajarito. Como premisa puede funcionar a cierto nivel (uno en el que nos pillen bajos de defensas), pero no da para mucho más. We Are Men tiene un par de momentos simpáticos (el final del piloto arregla bastante lo que hemos visto hasta ese momento) pero se agotará pronto y se convertirá en un déjà vu continuo, como si lo estuviera viendo ya.

Puntuación: 4,5/10

Razones para quedarse: Jerry O’Connell, el único personaje que me ha hecho reír (un poco) durante todo el piloto.

Razones para abandonar: Todo lo demás.

 

LIZA LAPIRA, REBEL WILSON, LAUREN ASH

Super Fun Night

Emisión: Los miércoles en ABC

Opinión sobre el pilotoSuper Fun Night es diametralmente opuesta a We Are Men. Es una comedia con un gran corazón bombeado por mujeres. Pero también es el vehículo de lucimiento más evidente de este año. A Rebel Wilson llevamos un par de años viéndola en el cine (destacó en Bridesmaids), pero su gran breakthrough llegó con la película de culto Pitch Perfect (en España Dando la nota). Desde entonces, Rebel se ha hecho un gran nombre a base de apariciones en late nights. Era cuestión de tiempo que alguien le encargase una serie. Super Fun Night está creada y producida por la propia Rebel, al más puro estilo Fey-Kaling-Dunham, y en ella interpreta al personaje público en el que se ha convertido, con los mismos mohínes, la misma presencia marciana e infantil, esa Aubrey Plaza versión amable que ha conquistado a muchos.

Aunque el piloto no desate carcajadas precisamente no es un mal arranque para la serie. Rebel es la estrella, pero se ha rodeado de actores que la complementan estupendamente, formando un elenco bastante coral que desprende química y amistad. La de Kimmie Boubier (o boob-ier) es la clásica historia de superación protagonizada por una víctima de bullying a la que deseamos ver dominar sus miedos y triunfar en la vida. Este acertado enfoque despierta la simpatía de la audiencia, buscando la complicidad con Rebel y sus compañeras de piso, las no menos marcianas Liza Lapira y Lauren Ash, con las que forma un simpático trío de misfits. Por ahora, más que Super Fun Night, la comedia de ABC es Semi Fun Night, pero con algo de tiempo podría ganarse el “Super” con creces.

Puntuación: 6,5/10

Razones para quedarse: Super Fun Night es lo más parecido a Don’t Trust the B—- in Apartment 23, así que no nos viene mal a los que aun lloramos la pérdida de la serie de Krysten Ritter. También puede gustar a los fans de Bridesmaids (referente más que evidente para la serie).

Razones para abandonar: Que Rebel Wilson no sea santa de tu devoción (aunque he de decir que a mí nunca me ha resultado especialmente graciosa y aun así Kimmie me ha caído muy simpática).

 

ironside

Ironside

Emisión: Los miércoles en NBC

Opinión sobre el piloto: Ironside es el remake de la serie policíaca del mismo título emitida durante ocho temporadas entre las décadas de los 60 y 70 en NBC. La cadena del pavo, que parece más falta de ideas que nunca este año, recurre a su propia historia para reciclar un antiguo éxito que, según el panorama actual, no tiene absolutamente nada que ofrecer. Ironside, la historia de un agente de policía de Nueva York que sigue ejerciendo su profesión a pesar de quedar postrado en silla de ruedas, no es más que un procedimental aburrido cuya falta de originalidad no recae en el hecho de que sea un remake, sino en que es exactamente igual que las doscientas series policíacas que hemos visto (o que hemos evitado) en los últimos años.

Blair Underwood (el Idris Elba falso) interpreta al protagonista, Robert Ironside, y no es que lo haga mal, es que no sabe cómo hacerlo. La confusión es la tónica general del piloto, y él la personifica a la perfección. Ironside podría ser un personaje interesantemente complicado, pero se queda en insípido y tedioso. Como suele ocurrir con este tipo de series, el piloto sirve de ejemplo de cómo serán todos los episodios, con su desarrollo predecible que parece haber sido escrito por un programa generador de argumentos de procedimental. Así que viéndolo ya hemos visto toda la serie.

Puntuación: 3,5/10

Razones para quedarse:  Que estéis faltos de una serie para planchar. Pero lo dudo, porque hay demasiadas.

Razones para abandonar: Todas. Yo de hecho me he saltado 10 minutos del episodio, cosa que no suelo hacer nunca, para ir directo al final y no volver a verla nunca más.