Crítica: Atómica

Coldest City, The

Los 80, la Guerra Fría, espías, sicarios, mamporros, Charlize Theron y James McAvoy. Combinación ganadora. Con esos ingredientes, es imposible resistirse a los encantos de Atómica (Atomic Blonde), thriller de acción que viene a ser la réplica con protagonista femenina de John Wick. No en vano, la película es la opera prima de David Leitch, uno de los especialistas de escenas de acción más solicitados de Hollywood, y productor y director de algunas escenas de la saga protagonizada por Keanu Reeves (además de realizador de la esperada secuela de Deadpool).

Basada en la novela gráfica La ciudad más fría, de Antony Johnston y Sam Hart, Atómica presenta en sociedad a la nueva gran heroína de acción de la gran pantalla, Lorraine Broughton, agente del servicio de inteligencia británica que es enviada a Berlín para investigar la muerte de uno de sus colegas y recuperar una lista con la identidad de otros agentes secretos que podría acabar con el MI6 de caer en las manos equivocadas. Con los últimos coletazos de la Guerra Fría como telón de fondo, y a un mes de la caída del muro de Berlín, Lorraine llevará a cabo su peligrosa misión en la dividida ciudad alemana con la ayuda de otro agente encubierto, el pintoresco David Percival (McAvoy), embarcándose en una desenfrenada y sangrienta cacería en la que no podrá confiar en nadie.

Parte John Wick, parte James Bond, parte Nikita y 100% Charlize Theron, la letal Lorraine es la principal atracción de Atómica, un personaje con el que la actriz surafricana se consolida en su condición de estrella de acción después de su inolvidable Imperator Furiosa de Mad Max: Furia en la carretera. Theron está simplemente espectacular. Sensual, feroz, carismática, inteligente, absolutamente brutal en las escenas más físicas, una actriz que llena la pantalla y tiene el control de la película en todo momento. Ella es Atómica, y Atómica es ella, una femme fatale por la que volverse loco y un icono instantáneo del cine de acción. Pero Theron está acompañada de un secundario de excepción, James McAvoy, quien vuelve a demostrar que es uno de los mejores actores de su generación con otra interpretación memorable, llena de nervio y sentido del humor.

Eso sí, que quede claro que Atómica no inventa nada, y lo sabe. Lo que hace Leitch es reproducir todos los clichés del cine testosterónico y darles la vuelta poniendo a una mujer al frente, para que veamos lo de siempre, y a la vez algo completamente distinto. Lo mismo que hace con el irresistible estilo (perdón, estilazo) y la atmósfera retro de la película, para lo que utiliza muchos “samples” de otros. La estética y el sonido punk y pop de los 80, con una banda sonora de escándalo, el argumento intrincado y lleno de engaños y giros sorpresa del agente 007 o Misión imposible, el trasfondo político de los thrillers de la Guerra Fría, la violencia extrema de John Wick, y el acabado en neón al que tanto recurren los directores de género últimamente y que da lugar a una fotografía muy atractiva.

El resultado es un espectáculo que entra tan bien por los ojos y los oídos que no importa tanto que en ocasiones se pase de fardona o inverosímil (los malos siempre son más tontos, las balas nunca dan en su blanco, y si son tres contra una, se esperan amablemente a que la heroína acabe con el otro para atacar), como tampoco que la mayor parte del tiempo parezca que estamos viendo un muy sofisticado y larguísimo anuncio de tabaco o que su argumento sea tan tonto y rice tanto el rizo al final que acabe desafiando toda lógica.

Sus defectos no pesan tanto porque sus virtudes nos distraen con eficacia. Atómica es salvaje, elegante, erótica, visceral, una orgía fetichista de puñetazos y patadas que no deja apenas hueco para que pensemos demasiado. Y por encima de todo, una imparable exhibición de acción en la que Leitch saca todo el partido a su dilatada experiencia para ofrecernos las mejores coreografías de lucha (atención a las cosas tan loquísimas que puede hacer Lorraine con una manguera), y alguna que otra de sexo (Theron y Sofia Boutella en la cama, ahí es nada). De hecho, Atómica tiene la que es probablemente la escena de acción más impresionante del año, un prolongadísimo y agotador (falso) plano secuencia en unas escaleras donde todo está planificado, filmado y editado a la perfección, y que por sí solo ya amortiza la entrada. Se sienten tanto los golpes, que cuando termina la escena hay que darse un repaso por si nos ha salido algún moratón.

Si el epílogo de la película es indicio de algo, y si la taquilla acompaña, volveremos a ver a Lorraine Broughton en acción. La secuela de Atómica es inevitable, y la historia de Lorraine tiene mimbres para saga. A ver quién se atreve a decirle que no a la furia de Charlize Theron.

Pedro J. García

Nota: ★★★

En defensa de ‘Wayward Pines’

Wayward Pines 1

Por regla general (los que podemos) utilizamos el verano para descansar y desconectar. El cine lo sabe, y desde siempre nos ha reservado los títulos menos exigentes para la temporada estival, dando por sentado que a las salas también vamos (además de por el aire acondicionado) a poner el cerebro en piloto automático (aunque no sea siempre así y con esta excusa nos cuelen cualquier bazofia). Hasta hace poco, en televisión ha pasado algo parecido. El plato fuerte de las televisiones se ofrece durante el “curso escolar”, reservando el verano para ficciones de relleno, series más ligeras o pasatiempos desenfadados a los que no le exigimos lo mismo que a las de otoño (True Blood sería el paradigma de este tipo de productos). Es decir, el verano es el gran viernes televisivo del año. Pero de un tiempo a esta parte esto está cambiando. Muchas cadenas están aprovechando la temporada baja para introducir en su parrilla dramas de calidad que destacan especialmente en este ambiente poco competitivo. Ese fue el caso el año pasado de las sorpresas UnREALMr. Robot, y, en un principio, Wayward Pines.

La serie de misterio y terror de Fox venía avalada por el nombre de M. Night Shyamalan en la producción. Teniendo en cuenta que la marca Shyamalan hace tiempo que no convence (a mí me chifló La visita, pero sé que no es el sentimiento generalizado), su presencia en la serie no era garantía de nada, pero eso no impidió a la cadena venderla en 2015 como la próxima gran serie estival, la parada obligatoria para todo seriéfilo en vacaciones. Descrita como un cruce entre Twin PeaksEl bosqueWayward Pines inició su andadura el verano pasado con índices de audiencia aceptables y un misterio que, sin ofrecer nada realmente nuevo u original, enganchaba: Después de un accidente durante una misión para encontrar a dos compañeros desaparecidos, un agente del Servicio Secreto estadounidense, Ethan Burke (Matt Dillon), se despierta en un pequeño pueblo entre las montañas llamado Wayward Pines, una especie de Stars Hollow versión siniestra. Ethan intenta ponerse en contacto con su familia y marcharse del pueblo, pero sus extraños habitantes y una valla electrificada se lo impiden. Algo extraño ocurre dentro y fuera de Waywayd Pines, y Ethan se propone averiguar de qué se trata, aunque la verdad sea difícil de digerir.

Wayward Pines 2

Hasta ahí todo bien. La audiencia estaba intrigada y la historia transcurría satisfactoriamente. Pero entonces hacia la mitad de la temporada empezó a destaparse la verdad y llegó lo que sería el “Shyamalan ending” en formato televisivo. Es decir, el giro sorpresa con el que la historia viraba 180º, pero en este caso no terminaba. (A partir de aquí, no sigáis leyendo si no habéis visto la primera temporada). No había que ser muy listo para imaginarse a grandes rasgos lo que estaba pasando. Aunque sí había que ser retorcido para adivinar todos los detalles: en realidad, Wayward Pines es el proyecto de un científico loco que predijo una catástrofe mundial y creó su propia Arca de Noé en forma de típico pueblecito americano, criogenizó a un montón de personas (él incluido) y los despertó 2.000 años después. Es decir, Wayward Pines transcurre en el año 4.028, y los habitantes de WP son los únicos humanos que quedan en la faz de la Tierra, a excepción de unas “aberraciones” sanguinarias llamadas Abbies que amenazan en el exterior. WHAT? Eso. Wayward Pines llevó el Shyamalan ending hasta las últimas consecuencias, con un giro que podría catalogarse entre los más impactantes y WTF de la televisión. Pero gran parte del público no comulgó con este descubrimiento, y la serie perdió adeptos.

Wayward Pines ha vuelto este verano con energías renovadas. Pero lejos de corregir su curso para contentar a aquellos que buscaban un producto más serio, o menos delirante, ha abrazado su naturaleza disparatada y su argumento loco, loco, loco para seguir contando la historia con otro tono, más cercano a la comedia negra. Y por eso defiendo Wayward Pines, porque, además de funcionar estupendamente como pasatiempo, se ha ido transformando de drama o “appointment television” en potencia a serie puramente veraniega. No llega al nivel casposo de cosas como Zoo o a los límites de autoconsciencia de True Blood, pero desde luego ha empezado a tomarse mucho menos en serio, y eso le ha sentado de maravilla. Para la segunda temporada (ambientada varios años después de la acción de la primera, en 4.032), Jason Patric (el robacorazones de Jóvenes ocultos) sustituye a Matt Dillon como leading man ex-promesa de los 80-90 que quedó en nada (para la tercera espero ver a Bill Paxton). Su Dr. Theo Yedlin sería el personaje que mantiene a raya la poca seriedad que se puede permitir ya la historia, pero a su alrededor, todo se vuelve cada vez más caricaturesco (el personaje de Hope Davis, más exagerada y lunática con cada episodio que pasa, el líder de secta chiflado que es David Pilcher, la pareja creepy interpretada por Tom Stevens y Kacey Rohl, que espero que pronto se descubra que son hermanos), más satírico (la trama sobre las adolescentes obligadas a tener hijos, la hilarante “Procreation Room”, ) y más bobo (la divertidísima Siobhan Fallon Hogan flirteando con Patrick y dejándonos las frases que nos indican que podemos relajarnos como espectadores: “Lo que pasa en Wayward Pines se queda en Wayward Pines. No hay más remedio, no queda nadie más”).

Wayward Pines 3

Wayward Pines no es el fenómeno televisivo que quería ser, pero, aun con sus muchos despropósitos y sinsentidos (o precisamente por ellos), es una serie entretenida a la que es mejor no exigirle rigor o coherencia, porque no es su principal objetivo, que es recomendable ver como la chaladura que es. Con Shyamalan menos involucrado en esta segunda temporada (está preparando el reboot de Cuentos de la Cripta, que yo no me perderé), la serie se adentra un poco más en el terreno de la comedia de ciencia ficción y sigue desarrollando una mitología en la que todo vale. A ratos da la sensación de que no contaban con ser renovados y están improvisando (y seguramente ese sea el caso), pero esto ha provocado un efecto que a la larga la ha beneficiado: a Wayward Pines se va a abandonar los problemas fuera de la verja y a dejarse llevar por su divertida estupidez.

Estrenos 11/12/15: El cuento de los cuentos, Dope y Un paseo por el bosque

El cuento de los cuentos Salma Hayek

El cuento de los cuentos (Il racconto dei raconti, Matteo Garrone)

El cuento de los cuentos llega a la cartelera española después de cosechar excelentes críticas a su paso por el Festival de Cannes. Dirigida por Matteo Garrone (Gomorra), esta exuberante película fantástica está inspirada en los famosos relatos cortos del siglo XVII escritos por Giambattista Basile y contiene tres cuentos de hadas que comparten el mismo universo medieval de reyes, brujas y criaturas monstruosas.

cuento de cuentosEl primer relato, titulado “La reina“, nos narra la historia de la Reina de Longtrellis (Salma Hayek), cuyos deseos de maternidad llevan a su marido a enfrentarse a un monstruo marino que, a su muerte, otorgará la fertilidad a su mujer. En el segundo, “La pulga“, el monarca de Highhills (Toby Jones) vive obsesionado con una pulga gigante que utilizará para engañar a los pretendientes de su hija con la intención de no desposarla y perderla, un plan que saldrá terriblemente mal. Y finalmente, “Las dos ancianas” nos cuenta cómo el Rey de Strongcliff (Vincent Cassel) se enamora de una mujer solo por su voz, sin saber que es su apariencia se corresponde en realidad con la de una anciana decrépita.

En lugar de organizar el metraje por capítulos, Garrone entrelaza las tres historias de El cuento de los cuentos, lo que hace que el ritmo de la película se resienta considerablemente. No todos los fragmentos funcionan por igual, y llega un momento en que las historias pierden el rumbo, poniendo a prueba la paciencia y culminando en un desenlace (o desenlaces) que parece no querer llegar nunca, y que, cuando lo hace, nos deja con la sensación de que todo queda inacabado. Por el lado bueno, Garrone realiza un espléndido trabajo en el apartado estético, homenajeando con acierto el cine italiano de los 70 (la película evoca constantemente a Fellini y Pasolini), caracterizado por la carnalidad desbordante y la opulencia decadente (solo los efectos digitales rompen la ilusión setentera). El director ha orquestado un espectáculo barroco que mezcla con tino lo fabuloso y lo grotesco, recuperando así un arte perdido: los cuentos de hadas para adultos, con bien de carga erótica, sordidez y humor negro.

Valoración: ★★★

Dope still

Dope (Rick Famuyiwa)

Rick Famuyiwa, responsable de películas orientadas al público negro, da el salto al cine independiente “mayoritario” con Dope, una historia que busca un público más variado para hablarle precisamente sobre lo que significa ser negro, concretamente en un barrio de California. La película sigue las aventuras y desventuras de Malcolm (Shameik 68x98 Cartel Cine Dope.inddMoore), un peculiar adolescente obsesionado con el hip-hop de los 90 que toca en una banda de punk-rock y sueña con ir a Harvard. Malcolm es un adolescente superdotado e inadaptado, paria social y víctima de bullying (como Donald Glover, es un “Oreo“, negro por fuera, blanco por dentro) que encuentra refugio en sus dos mejores amigos, Diggy (Kiersey Clemons) y Jib (Tony Revolori), y desea ligarse a su vecina, Nakia (Zoë Kravitz). Para intentarlo, los tres amigos acuden a una fiesta organizada por un camello del barrio, que acaba arrestado tras una redada, no sin antes esconder una remesa de Molly en la mochila de Malcolm. Esto le llevará a vivir una peligrosa odisea en las calles de Los Ángeles cargada de humor, sexo y violencia, de la que obtendrá valiosas lecciones sobre la vida, los negocios y él mismo.

Dope fue todo un éxito de crítica en el Festival de Sundance de 2015, donde también se alzó como una de las favoritas del público. Es fácil imaginar por qué. La película de Famuyiwa sigue la fórmula del cine adolescente americano y narra ese rito de paso que tantas veces hemos visto en la pantalla desde una perspectiva fresca y única (el film ha sido descrito como una mezcla de Pulp FictionGo). La primera mitad de Dope es todo un alarde de energía, color, música y buen humor (los diálogos entre Malcolm, Diggy y Job son geniales), sin embargo, a medida que la trama de la droga se va desarrollando, la película va sumiéndose poco a poco en lo convencional, para acabar descarrilando en su tramo final, donde abusa de topicazos del cine de mafiosos y narcotraficantes, y echa mano de la moralina más barata. El mensaje protesta con el que termina Dope acaba delatando a una película más confusa en sus intenciones de lo que parece. Por suerte, lo que se mantiene consistente de principio a fin es la revelación Shameik Moore. Él es la película y él la saca a flote con su magnífica interpretación.

Valoración: ★★★

Un paseo por el bosque Robert Redford

Un paseo por el bosque (A Walk in the Woods, Ken Kwapis)

Bill Bryson (Robert Redford) es un conocido autor de libros de viaje que, tras vivir dos décadas en Inglaterra, regresa a su New Hampshire natal. Antes de retirarse definitivamente, Bryson decide emprender la (¿última?) gran aventura de su vida, recorrer el sendero de los Apalaches, con sus más de 3.500 kilómetros de longitud. A pesar de las reservas Un paseo por el bosquede su mujer Catherine (Emma Thompson), Bryson se cuelga la mochila a la espalda e inicia su viaje junto a un viejo amigo, Stephen Katz (Nick Nolte), un pillastre en baja forma que lleva toda la vida escabulléndose de sus deudas y es el único de sus conocidos que no considera la idea una locura y accede a acompañarle. Bill y Stephen tienen sus desavenencias en el camino, ya que ambos tienen una manera muy distinta de afrontarlo, pero acabarán confraternizando y estrechando sus lazos ante las adversidades, algún que otro affair y más de un encuentro (humano y animal) indeseado.

Un paseo por el bosque está basada en las memorias del mismo nombre escritas por el verdadero Bill Bryson. Su director, Ken Kwapis, posee una dilatada experiencia como director de comedias televisivas (de ahí quizá que por la peli desfilen actores como Kristen Schaal, Nick Offerman o Mary Steenburgen), algo que salta a la vista durante todo el metraje. Aunque Un paseo por el bosque aborda temas interesantes y trata de realizar alguna reflexión sobre la vida (y de soslayo el amor) en la “tercera edad”, en realidad no es más que una rutinaria y descafeinada sitcom sobre dos amigos de avanzada edad cuyos caracteres opuestos (uno serio y disciplinado, el otro caótico y desastrado) chocan para generar situaciones cómicas más bien mediocres. La película de Kwapis es una comedieta de tres al cuarto que no sabe sacar provecho del material que trata (sin ser nada del otro mundo, Alma salvaje exprimía más jugo desde el drama a una situación parecida), y se desinfla progresivamente hasta provocar la mayor de las indiferencias. No ayuda que Robert Redford y Nick Nolte no se esfuercen demasiado y apenas tengan química en pantalla. Un paseo por el bosque puede ser simpática y bienintencionada, pero por encima de todo es una de las películas más olvidables de este año.

Valoración: ★★