Crítica: Thor Ragnarok

A pesar de la fuerza y grandiosidad que caracteriza al personaje, Thor siempre ha sido uno de los eslabones más débiles del Universo Cinemático Marvel. El personaje interpretado por Chris Hemsworth ha brillado junto a Los Vengadores, pero sus entregas en solitario, Thor (2011) y Thor: El mundo oscuro (2013), no han tenido tan buena acogida por parte de público y crítica como las de otros héroes de este cosmos de ficción. Seguramente por esta razón, Marvel ha decidido que a la tercera va la vencida y le ha dado a la franquicia del Dios del Trueno un significativo lavado de cara con Thor: Ragnarok.

La película número 17 de Marvel es en cierto modo un reboot de Thor (muy metafórico corte de pelo incluido), un volantazo con el que Kevin Feige se aleja del tono serio y grandilocuente implantado por Kenneth Branagh en la primera entrega y emprende un nuevo rumbo, sin por ello sacrificar la épica intrínseca de la historia del hijo de Odín. Como se pudo ver en sus adelantos promocionales y como se confirma al ver el film, el modelo a seguir para realizar este reset ha sido Guardianes de la Galaxia. Adoptando el patrón de la franquicia de James Gunn, la nueva Thor tiene más comedia, más acción estrambótica y sobre todo, más color. La psicodelia, los sintetizadores, los láseres y la paleta cromática más chillona y cegadora se apoderan de los Nueve Reinos para darnos una aventura más ligera y completamente imbuida del espíritu de los 80 (el de Golpe en la pequeña China Flash Gordon), hermanando así a Thor con Starlord y su banda de forajidos intergalácticos.

Tras las cámaras se encuentra Taika Waititi (director de joyas como Lo que hacemos en las sombrasHunt for the Wilderpeople), una elección a priori chocante por parte de Marvel, que sin embargo se revela completamente acertada, además de coherente con la nueva estrategia creativa de Feige. La peculiar personalidad y el humor excéntrico de Waititi se pueden detectar a lo largo de toda la película, pero más allá de dejar su sello inconfundible, el realizador neozelandés ha sabido adaptar el idiosincrásico estilo de su cine al esquema general de Marvel. Es decir, Thor: Ragnarok es clara e inequívocamente un trabajo de Taika Waititi (como atestiguan entre otras cosas los cameos y secundarios interpretados por los habituales de su cine, como Rachel House, Sam Neill o él mismo), pero también es una película de Marvel. Esta vez, director y estudio han hallado el equilibrio y entendimiento adecuados para que la visión de uno no ahogue la del otro, como ha pasado ya en varias ocasiones (Ant-ManVengadores: La era de Ultrón), y que la voz individual del cineasta le dé una nueva capa de barniz a la franquicia sin que esta quede irreconocible (algo que, por otra parte, Feige no permitiría).

Siguiendo asimismo la estela de las más recientes secuelas de Marvel, Thor: Ragnarok es una película repleta de ideas, sorpresas, easter eggs y cameos (incluido el Doctor Strange en una aparición un poco metida con calzador), con numerosas tramas entrelazadas que conectan la historia con el pasado y el futuro del UCM. El film arranca con Thor preso al otro lado del universo, intentando escapar para evitar que la profecía del Ragnarok se cumpla y destruya su planeta natal, suponiendo el fin de la civilización asgardiana. Allí, Loki (Tom Hiddleston) continúa haciendo de las suyas, mientras Heimdall (Idris Elba) está desaparecido y los Tres Guerreros custodian las puertas del reino. Asgard entra en crisis con la aparición de Hela (Cate Blanchett), una poderosa nueva amenaza que busca hacerse con el control del universo. Tras su primer enfrentamiento con ella, Thor va a parar a Sakaar, un recóndito planeta en el que deberá sobrevivir a una competición letal de gladiadores, donde tendrá que luchar contra su “amigo del trabajo”, el Increíble Hulk, con quien protagoniza el reencuentro más esperado por los fans de Marvel. Junto a él y su nueva aliada, Valquiria (Tessa Thompson), Thor intentará huir de las garras del Gran Maestro (Jeff Goldblum) y regresar a Asgard para acabar con Hela.

Ese es el argumento muy a grandes rasgos de Thor: Ragnarok. Si creéis que he desvelado algo importante, no os preocupéis, no lo he hecho. Como decía, la película está llena de giros, y descubrirlos es uno de sus mayores alicientes (siempre que Marvel no los estropee todos antes de tiempo). Aunque también es cierto que su ajetreada y ramificada trama puede llegar a jugar en su contra. A Thor: Ragnarok le ocurre como a otras entregas marvelianas, pasan tantas cosas y hay tantos frentes abiertos que esto provoca por momentos falta de cohesión narrativa y una fragmentación que afecta al ritmo, a lo que contribuye además un metraje quizá excesivamente largo. Si una película de Marvel pedía una aventura de hora y media, como Waititi había bromeado (“90 minutos de película y 40 de créditos”), era esta. Esa habría sido su mayor osadía.

Y ese es el mayor problema de una película que, no obstante, funciona con la eficacia probada de casi todas las entregas de Marvel. Thor: Ragnarok da lo que se espera de la Casa de las Ideas, pero también es su película más alocada y marciana hasta la fecha. Desde las impresionantes batallas y escenas de acción (hay planos épicos para enmarcar, además de mucha comedia física), al hilarante humor (80% improvisado, según Waititi, y lleno de golpes geniales), pasando por la electrizante banda sonora de Mark Mothersbaugh (el primer score realmente memorable de Marvel, aunque no sea nada que no hayamos escuchado en Stranger Things Turbo Kid) y su estrafalario diseño de producción, maquillaje y peluquería, la película se zambulle en lo retro de forma más desenfadada si cabe que Guardianes de la Galaxia y, a su manera, también más arriesgada.

Otro de los puntos fuertes de Thor: Ragnarok es su fabuloso reparto. Hemsworth lleva a cabo su interpretación más afinada como Thor, gracias sobre todo al impulso de Waititi para que dé rienda suelta a su fantástica vis cómica y haga el ganso con Ruffalo y Hiddleston, que también se prestan a pasarlo en grande. Así, Thor, Hulk y Loki nos dan dos divertidas buddy films por el precio de una, con la novedad de que en esta ocasión el Gigante Esmeralda habla, lo que Waititi utiliza para hacer reír mientras explora la dualidad del personaje.

Por otro lado, las nuevas incorporaciones son inmejorables. De hecho, aquí no hay un robaescenas como suele ser habitual, sino un reparto formado por robaescenas. Tessa Thompson es una de las grandes revelaciones de la película, dejándonos una Valquiria inesperada pero muy carismática. Jeff Goldblum brilla interpretando a un chiflado divertidísimo que hará las delicias de sus admiradores, ya que se limita a ser él mismo (y no hay nadie más guay que Goldblum). El propio Waititi da vida a un secundario hecho para conquistar al público (sobre todo a su publico), Korg, un adorable (sí, adorable) guerrero extraterrestre que bien podría ser un personaje de una hipotética versión alenígena de Lo que hacemos en las sombras. Y por último, Cate Blanchett, ante la que es imposible cerrar la boca cada vez que aparece en pantalla. Después de su madrastra de Cenicienta, la actriz australiana vuelve a explotar su registro más exagerado con una malvada de presencia, sensualidad y elegancia arrebatadoras y una vertiente burlesca muy desarrollada. Sin embargo, la película no escapa de la maldición de los villanos desaprovechados, dejándonos con la sensación de que podía haber hecho mucho más con ella.

Thor: Ragnarok tiene sus problemas, como todas las de Marvel (el citado exceso de tramas, un abarrotado tercer acto, un CGI algo inconsistente en las cortas distancias) y esta heterodoxa e hipercómica reinvención del Dios el Trueno no casará con muchos fans (por no hablar de los detractores de Marvel), pero hay que felicitar al estudio por atreverse a salirse del molde y dejar que el director lleve realmente las riendas del proyecto. Visualmente, el film es una absoluta gozada (la espectacular fotografía corre a cargo de nuestro Javier Aguirresarobe, por cierto) y nos da el infalible cóctel de acción, humor y emoción que ha encumbrado a Marvel a lo más alto, pero gracias a ese enfoque tan personal de Waititi y a que no se toma tan en serio como sus predecesoras, Ragnarok deja mucho margen para la sorpresa, convirtiéndose así no solo en la mejor y más divertida entrega de Thor, sino también en la película más extraña y diferente de Marvel.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Thor – El mundo oscuro

Thor el mundo oscuro

Thor representa el aspecto más carnavalesco y camp del Universo Cinematográfico de Marvel. Mientras sus otras facciones se sumergen de lleno en lo fantástico, pero transcurren íntegramente en la Tierra (o sea, Midgard), las películas de Thor nos trasladan a través de portales interdimensionales al lucasiano Asgard, y al resto de los Nueve Reinos de Yggdrasil, para dar rienda suelta a la orgía de cromas, criaturas monstruosas, impresionantes escenarios y súper-vikingos que esperamos de una épica de estas características. Huelga decir que aquellos que se aburrieron en su primera visita a Asgard encontrarán cuesta arriba algunos pasajes de este nuevo viaje -particularmente aquellos al comienzo del itinerario. Sin embargo, Thor: El mundo oscuro se ha contagiado del espíritu de Los Vengadores, afinando considerablemente su artillería cómica para hallar el equilibrio perfecto entre pompa, humor y romance.

Esta segunda Thor tiene poco de oscura. A pesar de las incursiones en el reino que da título a la película, Svartálfheim (el mundo de los elfos oscuros), la luz y el color son la tónica general. La grandilocuencia tolkiana de las escenas en Asgard se ve contrarrestrada por el humor estilo pez fuera del agua/choque de culturas y la (mejorada) química entre la pareja protagonista (una simpatiquísima declaración de amor es la clave). A las escenas de Thor desenvolviéndose en la extraña Midgard (lo mejor de la primera película), se suman en esta parte las aventuras de Jane Foster en Asgard. Natalie Portman parece no pasárselo del todo mal dando saltos delante de la pantalla verde (eso ya es un logro), pero sigue siendo la testosterónica, musculosa y talentosa presencia de Chris Hemsworth la que nos proporciona los gags más inspirados del filme: Thor cogiendo el metro de Londres está a la altura de los mejores chistes de Los Vengadores.

Malekith Thor el mundo oscuro

Sin embargo, Thor: El mundo oscuro sale principalmente beneficiada por la presencia amplificada de dos robaescenas natos. En primer lugar, Kat Dennings está en estado de gracia (estoy empezando a pensar que vive en estado de gracia) como Darcy Lewis, desempeñando un papel más activo y gozando incluso de su propia microtrama, que nos da algunos de los momentos más divertidos de la película (necesitamos un one-shot o una película de Darcy y su becario ya). Las escenas con Dennings y los demás terrícolas nos dan un necesario respiro de lo que ocurre al otro lado del Bifrost. Pero si Thor: El mundo oscuro tiene una clara súper estrella esa es Loki, la más fascinante diva marveliana, el villano más magnético e irresistible. El personaje de Tom Hiddleston es quizás el más popular entre los seguidores del Universo Cinematográfico de Marvel (Tony Stark se desmarca, pero los fanboys se pirran por Loki), y por eso el estudio se ha asegurado de que tenga más presencia, llegando a añadir por demanda popular más dosis de Loki a última hora. Nosotros salimos ganando, pero el otro villano de la función, Malekith el Maldito sale escaldado. Desdibujado, endeble, olvidable olvidado, el personaje interpretado por Christopher Eccleston no tiene nada que hacer ante Loki, y tampoco parece que hayan intentado darle entidad suficiente como para que la pelea de gatas sea justa.

El poco peso de Malekith en la historia, o la práctica ausencia de Sif -que por la campaña publicitaria pensábamos que aparecería más-, son claros síntomas de planificación sobre la marcha según intereses comerciales. Este es, en un principio, el aspecto más problemático de Thor: El mundo oscuro. A pesar de que Kenneth Brannagh no logró conectar con todo el mundo con la primera Thor, sí que fue capaz de aportar cierta integridad e identidad que se ha desvanecido con la secuela. El mundo oscuro viene firmada por Alan Taylor, que tiene experiencia orquestando inabarcables mundos fantástico-medievales en Juego de Tronos, pero quizás sería más fiel a la realidad que en los créditos apareciese “Marvel Studios” como director.

Loki Thor el mundo oscuro

Por muy divertida que sea, Thor: El mundo oscuro carece de una estructura narrativa definida y salta de un lado a otro según sople el viento, dejando la sensación de que faltan fragmentos o de que se olvidan tramas y personajes. Esa es la línea que sigue el estudio, basada en la inmediatez y la demanda, poniendo un pie en la cultura colaborativa (escuchemos al fan y añadamos lo que nos piden), y buscando en todo momento la satisfacción del comprador. Antes que una película, El mundo oscuro es un producto, una pieza de un vastísimo engranaje comercial que se debe ajustar a un plan maestro. Y ojo, esto no es necesariamente negativo. Es más, Marvel está demostrando que seguir llenando las arcas y hacer feliz al fan no está reñido, sino todo lo contrario. De hecho, está haciendo todo un arte de ello.

Únicamente por el alto contenido autorreflexivo, los guiños a las otras franquicias marvelianas, los cameos (impagable el que facilita el propio Loki en una de las secuencias más brillantes del filme) y las escenas post-créditos (no una, sino dos, quedaos hasta el final final), la película supone una experiencia plenamente satisfactoria para el fan del Universo Cinematográfico de Marvel, una que deja con ganas de más, y cuanto antes mejor. El éxito de la estrategia queda así demostrado. Con excepción de un par de plomizas escenas de batalla, Thor: El mundo oscuro supone una muy divertida y oportuna incursión en el Marvel más festivo, el de los puentes de arco iris y los trajes barrocos, sin descuidar la acción más espectacular: un sorprendente pre-clímax en Svartálfheim y un trepidante clímax en Midgard componen la imparable recta final. Y además de seguir garantizando nuestra fidelidad para los siguientes capítulos (o precisamente para ello), la película nos da todo el Loki que deseábamos y más. Loki leyendo, Loki llorando, Loki piropeando a su hermano, Loki riéndose de todos (de nosotros los primeros), Loki siendo un cabrón, Loki melena al viento. Al igual que Robert Downey Jr. con su Tony Stark, Tom Hiddleston se ha fusionado completamente con su personaje, y nos tiene a todos encandilados. ¿Para cuándo una trilogía spin-off de Loki?

Valoración: ★★★★