Evaluación a Agents of S.H.I.E.L.D.: Progresa adecuadamente (más o menos)

IAIN DE CAESTECKER, MING-NA WEN, CHLOE BENNET, CLARK GREGG, BRETT DALTON

No es que nos hicieran falta ocho capítulos para saberlo, pero a estas alturas, con Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. a punto de cerrar su decisiva etapa otoñal, ya no nos cabe duda del tipo de serie que estamos viendo. En un panorama televisivo eminentemente adulto (que no maduro), SHIELD propone un ejercicio de regresión whedoniana con una obra mucho más bobalicona e infantil. Esto no es necesariamente malo si lo sabemos antes de adentrarnos en ella (de ahí que la audiencia haya desertado después del piloto) y/o si le damos una oportunidad para que encuentre su lugar. Dicho esto, es perfectamente comprensible que la audiencia se haya cansado de esperar. Al fin y al cabo han pasado más de dos meses y SHIELD sigue recayendo en los mismos errores episodio tras episodio. Una cosa es escudarse (pun intended) en el (muy válido) argumento “esto es Marvel, si queréis ‘tele para mayores’ id a HBO”, y otra tratar a la audiencia como si efectivamente fuéramos lectores de cómics en los 60. O sea, que no es lo mismo llevar a cabo una obra con sensibilidad retro que dirigirse a su público como si fuera retra (perdón). La ingenuidad como arma tiene un límite, y nosotros también.

IAIN DE CAESTECKER, CLARK GREGG, MING-NA WEN

Los tres episodios más recientes de SHIELD han supuesto una evidente mejora con respecto a los primeros, pero ¿cuáles son esos fallos que Zack Whedon y Maurissa Tancharoen siguen ignorando?

1. Misiones escritas con plantilla. Hasta la fecha, todos los capítulos de SHIELD han transcurrido exactamente igual. Una amenaza en forma de artefacto (da igual que sea de metal o tenga forma humana, siempre son artefactos) que los agentes deben interceptar y desactivar después de infiltrarse en una base secreta. Estoy seguro de que los showrunners pretenden que el formato se asiente para empezar con las variaciones, al más puro estilo Buffy o Angel. Pero la espera se hace dura cuando no hay demasiado esfuerzo por su parte para que las misiones tengan algo que las diferencie entre sí.

2. Los dichosos secretos. Todos los personajes tienen pasados, todos esconden algo, y eso los condiciona en mayor o menor medida. Genial. Los traumas y acciones de dudosa moral que pesan sobre los agentes parecen estar disponiendo un nexo temático sobre la redención y la identidad (como de costumbre). Estupendo. Pero hasta que los personajes estallen como si fueran esos artefactos que intentan desactivar, estamos aguantando el estiramiento más descarado y desganado. ¡Basta ya de posponerlo todo! Todos los episodios terminan con Coulson haciendo referencia a Tahití y algún personaje reconociendo lo raro que está desde que fue resucitado, pero en ningún caso se añade información que justifique, o al menos amortigüe la constante repetición. Whedon y Tancharoen retrasan desesperantemente el momento de la revelación (las revelaciones, si sumamos también el pesado, digo pasado, de May) y nos machacan con lo mismo en cada episodio. Nos dan las mismas pistas una y otra vez, y se quedan tan panchos. Una historia en la que los secretos son tan importantes no funciona si estos no son tratados con suspense. Y el suspense en SHIELD brilla por su ausencia.

3. Y en relación al punto anterior: ¿Hacia dónde va todo esto? Los showrunners están abriendo muchos frentes, pero no se centran en ninguno. No se centran en general. Da la sensación de que no saben lo que están haciendo, de que están dando palos de ciego a ver si aciertan en algo. No serían capaces ir directos al grano ni aunque lo intentasen. Es como si tuvieran una buena idea y no supieran cómo rellenar las tramas que convergerán en ella. Afortunadamente, los próximos capítulos parecen retomar algunos de esos frentes, con el regreso de Mike Peterson (J. August Richards) y Centipede. Seguiremos teniendo paciencia, que para eso venimos con experiencia.

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Pero bueno, con tanta queja, ¿por qué afirmo en el título de este artículo que SHIELD progresa adecuadamente? Porque es así. A pesar de estos fallos, la serie empieza a mostrar síntomas de evolución favorable, y saltan a la vista los resultados. Por eso muchos seguimos adelante, porque confiamos ciegamente en no estar perdiendo el tiempo (espero que no estemos realmente ciegos). Agents of SHIELD es una de las pocas series que espero con ansia semana tras semana (hacía tiempo que no me pasaba), y eso será por algo (sí, porque es una cláusula del contrato whedonite, pero por algo más). Veamos qué ha hecho bien SHIELD en los últimos tres episodios:

1. La unión hace la fuerza. Cómo no. Desde que este proyecto comenzó a gestarse ya teníamos claro que SHIELD sería una serie coral, y que en ella jugaría un papel esencial la química grupal. Y de momento funciona muy bien. De hecho mejora en cada capítulo. En “The Hub” (1.07), después de que los agentes completen con éxito una misión suicida a la que son enviados sin plan de escape, Victoria Hand (Saffron Burrows) dice: “Es el equipo de Coulson, no necesitaban extracción”. Es uno de los momentos más elocuentes y acertados de lo que llevamos de serie, y nos demuestra que, efectivamente, los agentes de Coulson empiezan a formar un gran equipo, y se están convirtiendo en una gran familia.

2. Éxito en la química por parejas. Y si los personajes florecen en grupo, emparejados demuestran que los lazos que empiezan a unirlos son mucho más fuertes de lo que parecía. Desde “FZZT” (1.06) hasta “The Well” (1.08), parece que SHIELD ha puesto en marcha una serie de experimentos para probar la química de los personajes en diferentes combinaciones de dos. Y los resultados son inmejorables. Fitz y Simmons nos proporcionan los momentos más emotivos de lo que llevamos de serie en “FZZT” (probablemente el mejor episodio por ahora, aparte del piloto). Los hermanos (no de sangre) científicos se separan en “The Hub” para trabajar con sus otros compañeros. Por un lado Simmons y Skye, y por otro Fitz y Ward, demuestran ser dos parejas cómicas excelentes en escenas muy divertidas (obviemos cuando Ward tira el sándwich que Simmons le ha hecho a Fitz, uno de los más terroríficos de la historia de la televisión). También se solidifica la relación entre Coulson y May (papá y mamá), y entre Coulson y Skye, dos de los núcleos más importantes de la serie. Así sí.

SHIELD-FZZT-Simmons-Fitz

3. Personajes con más entidad. La cada vez más natural interacción entre los agentes está dando como resultado unos personajes mucho más definidos, que se empiezan a alejar de los arquetipos que comenzaron siendo. Aún queda mucho trabajo por hacer, pero salta a la vista que los actores empiezan a estar realmente cómodos en la piel de sus personajes. Brett Dalton destapa más registros (dramáticos y cómicos) revelando que es algo más que un palo, Iain de Caestecker (nuestro monito Fitz) se ha fusionado por completo con su personaje, y Elisabeth Henstridge está demostrando que es la mejor intérprete de la serie (Simmons lleva un par de episodios en estado de gracia). Esto contribuye a que nuestro vínculo con ellos se estreche, y empecemos a temer por sus vidas. Quizás se esté jugando demasiado pronto con la idea de perderlos (Simmons está a punto de morir en “FZZT” y Ward y Fitz en “The Hub”), pero poco a poco nos vamos dando cuenta de que cada vez nos importan más. El eslabón más débil es precisamente el agente Coulson. Ya sea por la repetición de la que hablaba en el primer punto 2, por la asombrosa inexpresividad de Clark Gregg, o por el hype que conlleva haberlo elevado de categoría en el Universo Marvel, Coulson es de momento una de las mayores decepciones de la serie.

4. Constante reconocimiento del Universo Marvel y ampliación del Universo SHIELD. Si es que era una tontería eso de mantener a la serie al margen de las películas de Marvel. Es más, era imposible. Está bien que se busque la identidad propia de la serie, pero no se puede invisibilizar algo tan grande como una invasión de Elfos Oscuros en la Tierra (o sea, Midgard). Sin embargo, el anunciado crossover con Thor: El mundo oscuro que tuvo lugar la semana pasada en “The Well” fue más bien una treta publicitaria (como era de esperar). Sí, vemos a los agentes limpiar (literalmente) el estropicio ocasionado en la película, pero poco más. “The Well” es otro episodio que sigue el patrón “Artefacto de la semana”. Y a pesar de ser más bien decepcionante, supone todo un triunfo dentro de la serie por varios motivos.

The Hub

En primer lugar reconoce más abiertamente la existencia de la MAGIA en la realidad de los agentes. A pesar de que Jemma presenta claros síntomas de Scully-itis, los personajes se mueven en el mismo plano que Jane Foster y Darcy Lewis, y SHIELD deja de ser, aunque sea por un momento, una serie de espías. En segundo lugar, no tenemos a Thor (qué curioso que estos súper héroes se enfrenten a un Apocalipsis y después se vayan de vacaciones hasta que les apetezca volver) pero los acontecimientos de la película influyen de verdad en la serie. La introducción de una especie de secta o grupo de resistencia que cree que los Dioses vuelven a la Tierra para reconquistarla tras la invasión de Londres es una buena idea. Entronca a la perfección con el Universo Cinematográfico Marvel y a su vez permite a la serie manejarse con amenazas más terrenales, más abarcables. Y por último, en “The Hub” conocemos a más miembros de la cadena de mando de SHIELD (la mencionada Victoria Hand) y visitamos otras instalaciones de la organización, lo que da mayor credibilidad a la trama central y ayuda a trazar ese camino que parecía costarle tanto encontrar a la serie.

5. Esa referencia a Dollhouse en “The Well”. No, es broma. Pero va en serio. Did I fall asleep?

Crítica: Thor – El mundo oscuro

Thor el mundo oscuro

Thor representa el aspecto más carnavalesco y camp del Universo Cinematográfico de Marvel. Mientras sus otras facciones se sumergen de lleno en lo fantástico, pero transcurren íntegramente en la Tierra (o sea, Midgard), las películas de Thor nos trasladan a través de portales interdimensionales al lucasiano Asgard, y al resto de los Nueve Reinos de Yggdrasil, para dar rienda suelta a la orgía de cromas, criaturas monstruosas, impresionantes escenarios y súper-vikingos que esperamos de una épica de estas características. Huelga decir que aquellos que se aburrieron en su primera visita a Asgard encontrarán cuesta arriba algunos pasajes de este nuevo viaje -particularmente aquellos al comienzo del itinerario. Sin embargo, Thor: El mundo oscuro se ha contagiado del espíritu de Los Vengadores, afinando considerablemente su artillería cómica para hallar el equilibrio perfecto entre pompa, humor y romance.

Esta segunda Thor tiene poco de oscura. A pesar de las incursiones en el reino que da título a la película, Svartálfheim (el mundo de los elfos oscuros), la luz y el color son la tónica general. La grandilocuencia tolkiana de las escenas en Asgard se ve contrarrestrada por el humor estilo pez fuera del agua/choque de culturas y la (mejorada) química entre la pareja protagonista (una simpatiquísima declaración de amor es la clave). A las escenas de Thor desenvolviéndose en la extraña Midgard (lo mejor de la primera película), se suman en esta parte las aventuras de Jane Foster en Asgard. Natalie Portman parece no pasárselo del todo mal dando saltos delante de la pantalla verde (eso ya es un logro), pero sigue siendo la testosterónica, musculosa y talentosa presencia de Chris Hemsworth la que nos proporciona los gags más inspirados del filme: Thor cogiendo el metro de Londres está a la altura de los mejores chistes de Los Vengadores.

Malekith Thor el mundo oscuro

Sin embargo, Thor: El mundo oscuro sale principalmente beneficiada por la presencia amplificada de dos robaescenas natos. En primer lugar, Kat Dennings está en estado de gracia (estoy empezando a pensar que vive en estado de gracia) como Darcy Lewis, desempeñando un papel más activo y gozando incluso de su propia microtrama, que nos da algunos de los momentos más divertidos de la película (necesitamos un one-shot o una película de Darcy y su becario ya). Las escenas con Dennings y los demás terrícolas nos dan un necesario respiro de lo que ocurre al otro lado del Bifrost. Pero si Thor: El mundo oscuro tiene una clara súper estrella esa es Loki, la más fascinante diva marveliana, el villano más magnético e irresistible. El personaje de Tom Hiddleston es quizás el más popular entre los seguidores del Universo Cinematográfico de Marvel (Tony Stark se desmarca, pero los fanboys se pirran por Loki), y por eso el estudio se ha asegurado de que tenga más presencia, llegando a añadir por demanda popular más dosis de Loki a última hora. Nosotros salimos ganando, pero el otro villano de la función, Malekith el Maldito sale escaldado. Desdibujado, endeble, olvidable olvidado, el personaje interpretado por Christopher Eccleston no tiene nada que hacer ante Loki, y tampoco parece que hayan intentado darle entidad suficiente como para que la pelea de gatas sea justa.

El poco peso de Malekith en la historia, o la práctica ausencia de Sif -que por la campaña publicitaria pensábamos que aparecería más-, son claros síntomas de planificación sobre la marcha según intereses comerciales. Este es, en un principio, el aspecto más problemático de Thor: El mundo oscuro. A pesar de que Kenneth Brannagh no logró conectar con todo el mundo con la primera Thor, sí que fue capaz de aportar cierta integridad e identidad que se ha desvanecido con la secuela. El mundo oscuro viene firmada por Alan Taylor, que tiene experiencia orquestando inabarcables mundos fantástico-medievales en Juego de Tronos, pero quizás sería más fiel a la realidad que en los créditos apareciese “Marvel Studios” como director.

Loki Thor el mundo oscuro

Por muy divertida que sea, Thor: El mundo oscuro carece de una estructura narrativa definida y salta de un lado a otro según sople el viento, dejando la sensación de que faltan fragmentos o de que se olvidan tramas y personajes. Esa es la línea que sigue el estudio, basada en la inmediatez y la demanda, poniendo un pie en la cultura colaborativa (escuchemos al fan y añadamos lo que nos piden), y buscando en todo momento la satisfacción del comprador. Antes que una película, El mundo oscuro es un producto, una pieza de un vastísimo engranaje comercial que se debe ajustar a un plan maestro. Y ojo, esto no es necesariamente negativo. Es más, Marvel está demostrando que seguir llenando las arcas y hacer feliz al fan no está reñido, sino todo lo contrario. De hecho, está haciendo todo un arte de ello.

Únicamente por el alto contenido autorreflexivo, los guiños a las otras franquicias marvelianas, los cameos (impagable el que facilita el propio Loki en una de las secuencias más brillantes del filme) y las escenas post-créditos (no una, sino dos, quedaos hasta el final final), la película supone una experiencia plenamente satisfactoria para el fan del Universo Cinematográfico de Marvel, una que deja con ganas de más, y cuanto antes mejor. El éxito de la estrategia queda así demostrado. Con excepción de un par de plomizas escenas de batalla, Thor: El mundo oscuro supone una muy divertida y oportuna incursión en el Marvel más festivo, el de los puentes de arco iris y los trajes barrocos, sin descuidar la acción más espectacular: un sorprendente pre-clímax en Svartálfheim y un trepidante clímax en Midgard componen la imparable recta final. Y además de seguir garantizando nuestra fidelidad para los siguientes capítulos (o precisamente para ello), la película nos da todo el Loki que deseábamos y más. Loki leyendo, Loki llorando, Loki piropeando a su hermano, Loki riéndose de todos (de nosotros los primeros), Loki siendo un cabrón, Loki melena al viento. Al igual que Robert Downey Jr. con su Tony Stark, Tom Hiddleston se ha fusionado completamente con su personaje, y nos tiene a todos encandilados. ¿Para cuándo una trilogía spin-off de Loki?

Valoración: ★★★★