Jumanji – Siguiente nivel: Otra partida ganadora

Contra todo pronóstico, Jumanji: Bienvenidos a la jungla se convirtió en una de las grandes sorpresas de la taquilla de 2017-2018. Con una entrega de Star Wars y el sleeper El gran showman como principales competidoras durante la temporada navideña, la secuela tardía del clásico protagonizado por Robin Williams superó todas las expectativas rozando los mil millones de dólares de recaudación mundial y recibiendo una respuesta muy positiva por parte del público. Lógicamente, Sony Pictures no tardó en anunciar una tercera parte que llega tan solo dos años después para intentar repetir la hazaña.

Jumanji: Siguiente nivel recupera a su cuarteto protagonista original, Dwayne Johnson, Karen Gillan, Jack Black y Kevin Hart, a los que se suman Danny DeVito, Danny Glover y Awkwafina, además de Nick Jonas y Rhys Darby, que también repiten. La pandilla original regresa al videojuego para jugar una nueva partida en la que la misión ha cambiado para llevarles desde las dunas del desierto hasta las montañas nevadas, pasando por otros lugares inexplorados del mundo de Jumanji, donde deberán enfrentarse a lo inesperado para salir de allí con vida antes de que sea game over.

Bienvenidos a la jungla funcionó tan bien, que Jake Kasdan apenas ha modificado nada con respecto a ella. Aunque tengamos nuevos personajes y localizaciones, en el fondo es la misma película. Y no podemos reprochárselo teniendo en cuenta que el resultado vuelve a ser un producto familiar bastante digno y entretenido de principio a fin. Más allá de sus energéticas y espectaculares escenas de acción, el éxito de esta nueva secuela (y del reboot en general) descansa en la química de su reparto. Salta a la vista en todo momento que todos se lo están pasando en grande haciendo la película y su diversión resulta tan contagiosa que casi te reta a no pasártelo bien.

Es cierto que el factor sorpresa se ha desvanecido y que a la película le cuesta arrancar, con un inicio que no se esfuerza por justificar que los protagonistas vuelvan a entrar en el juego (aquí es donde más se notan las prisas por hacerla cuanto antes). Pero una vez de vuelta en Jumanji, la película despega y el ritmo apenas decae hasta el final. De nuevo, lo mejor es el contraste entre los avatares y las personalidades de los jugadores, que han cambiado con respecto a la primera partida. Johnson y Hart vuelven a estar desternillantes, en esta ocasión imitando/bordando a DeVito y Glover respectivamente, y la película saca el mejor partido de los cambios de personalidad para dejarnos momentos muy divertidos en los que todos los actores se lucen cómicamente (Awkwafina poseída por DeVito también es genial).

Por lo demás, Jumanji: Siguiente nivel se desarrolla como un videojuego que no te deja soltar el mando hasta que has completado la misión. Sony ha encontrado la fórmula ganadora con esta franquicia y ha sabido reproducirla para realizar otra película de aventuras infalible para todos los públicos, cargada de acción y humor, en la que lo más importante no son los efectos digitales, sino los actores. Si bien repite esquema y no aporta nada a lo que ya habíamos visto, Jumanji: Siguiente nivel consigue escapar de la maldición de las secuelas, preparando el terreno para una tercera parte (cuarta si contamos la original) que promete cambiar las reglas del juego.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Crítica: Proyecto Rampage

rampage-the-rock

No hay quien derribe La Roca. Dwayne Johnson es una de las superestrellas más grandes del mundo, y tanto Hollywood como él están sabiendo cómo sacarle provecho a su enorme tirón. El éxito de Jumanji: Bienvenidos a la jungla (la película más taquillera de la historia de Sony Pictures) fue la enésima prueba de que el público adora a The Rock y que The Rock mueve montañas. Ahora, el simpático y musculoso actor vuelve a coquetear con los animales salvajes en su nueva película, Proyecto Rampage, en la que se reúne con el director de aquella desmesurada locura que fue San AndrésBrad Peyton, para hacer… otra desmesurada locura.

En Proyecto Rampage, Johnson interpreta a Davis Okoye, un primatólogo que se sabe relacionar con los animales, pero no con las personas (tópico por antonomasia que da momentos muy simpáticos). Davis mantiene un vínculo especial con George, un inteligente gorila albino a quien ha cuidado desde que nació. Cuando un experimento genético sale mal, el apacible simio se convierte en un enorme y feroz monstruo. Por si eso no fuera suficiente, el mismo experimento ha creado otras mutaciones animales gigantes que se dirigen hacia Chicago, dejando un halo de destrucción y muerte a su paso. Con la ayuda de una ingeniera genética (Naomie Harris) y un agente del gobierno (Jeffrey Dean Morgan), Okoye deberá conseguir el antídoto para detener a los monstruos, frenar una catástrofe y recuperar a su querido amigo peludo.

proyecto-rampage-posterProyecto Rampage, basada en el mítico videojuego de los 80, es quizá una de las películas más claras y honestas acerca de lo que ofrecen al público. Estamos ante una película de monstruos y catástrofes de manual, una orgía estruendosa de acción, destrucción y violencia que apura al máximo la calificación PG-13 y en la que no importa tanto la lógica como la diversión. Y Proyecto Rampage ofrece de esto último a raudales. Tenemos a The Rock exudando carisma, monstruos gigantes, mucho humor y la enésima destrucción de una gran ciudad en el cine, ingredientes infalibles para realizar cine escapista, o de palomitas, como lo queráis llamar. No todas las películas que entran dentro de esta categoría funcionan por defecto, pero Proyecto Rampage sí lo hace. No importa lo tontísima que sea (y lo es, muy, muy, pero que muy tonta, y absurda hasta decir basta), la diversión está asegurada para aquellos que suelan disfrutar de este tipo de cine.

Pero dejémoslo más claro, Proyecto Rampage no es una buena película. De hecho, tiene diálogos para taparse la cara de vergüenza, cae constantemente en lo ridículo, cuenta con una villana lamentable (Malin Akerman, posible futura nominada al Razzie), un humor que por momentos incurre en el machismo y una trama que parece ideada por un niño de 8 años. Pero eso es justo lo que esperamos de ella, porque es justo lo que vende (menos lo del machismo, para eso no hay excusa). Proyecto Rampage es más San Andrés que Jumanji, otro colosal vehículo de lucimiento para The Rock que antepone la diversión y el espectáculo descerebrado a todo lo demás y descansa principalmente en los efectos visuales (brutales, la verdad) y en el encanto sin fin de su imponente protagonista, que no necesita retoques digitales para conquistar a la audiencia.

Pedro J. García

Nota: ★★½

Crítica: Jumanji – Bienvenidos a la jungla

jumanji-bienvenidos-a-la-jungla-1

El caso de Jumanji es curioso. La película dirigida por Joe Johnston fue acribillada por la crítica a su estreno en 1995, pero la gran acogida del público la acabó llevando a ingresar en la cultura popular como una de las cintas para toda la familia más emblemáticas de la época. Su éxito (recaudó 264 millones de dólares en todo el mundo) fue el resultado de una feliz sinergia de elementos: la fuerte demanda de cine de aventuras con animales tras el pelotazo de Parque Jurásico, el boom de los efectos digitales (irrisoriamente primitivos vistos ahora, menos en el caso de los monos, que ya eran lo peor en su día) y Robin Williams en la cima de su popularidad noventera. Jumanji se estrenó en el mejor momento posible, y esto la ayudó a convertirse en uno de los acontecimientos cinematográficos que definieron a la generación que creció en los 90.

Sin embargo, la película no consiguió hacer despegar una franquicia, como por momentos pareció ser la intención. Sí, hubo una serie animada y una más que estimable secuela espiritual, Zathura, pero la cosa se quedó ahí. Hasta 2017. No hace mucho, Sony Pictures vio el filón de la nostalgia y decidió aprovecharlo anunciando un reboot de Jumanji. La noticia no fue recibida con el mismo nivel de virulencia que la nueva Cazafantasmas, pero sí se encontró con el rechazo de un público que tenía a la original en más alta estima de lo que creíamos. La cosa empeoró cuando se desveló la premisa: en lugar de un juego de mesa, Jumanji pasaba a ser un videojuego. ¡Horror, sacrilegio, infancia arruinada! Por todo esto, el temido reboot tenía todas las papeletas para ser un desastre, pero contra todo pronóstico, ha acabado revelándose como una de las sorpresas de la temporada.

Jumanji: Bienvenidos a la jungla, que es como se llama el invento, es muy diferente a la original. No se limita a repetir la jugada, sino que se configura a modo de secuela actualizadora para millennials y niños. Como adelanta el título, la acción se traslada enteramente a la jungla, es decir, al interior de Jumanji. Cuatro estudiantes de personalidades dispares son castigados a pasar el día limpiando el sótano del instituto, donde encuentran una antigua consola y un misterioso cartucho. Cuando inician una partida de la versión en videojuego de Jumanji, son absorbidos y transformados en avatares con identidades y habilidades radicalmente distintas a las de sus vidas reales. Juntos deberán emprender una peligrosa aventura resolviendo puzles, enfrentándose a enemigos mortales y avanzando de nivel hasta llegar al jefe final (Bobby Cannavale), contra el que deberán luchar para ganar la partida y evitar quedarse atrapados en el juego para siempre.

Dejando atrás el tablero, Jumanji: Bienvenidos a la jungla se presenta como un homenaje paródico a los 16-bits en el que el lenguaje de los videojuegos (las vidas, los tutoriales, los menús de selección, los power-ups, las secuencias cinemáticas…) proporciona una forma muy creativa de construir la aventura (aunque sea haciendo trampa, esta es una película de videojuegos que sí funciona) y la nostalgia se maneja con sorprendente acierto y mesura. Aunque técnicamente estamos ante una secuela, la nueva Jumanji evita caer en el error de la réplica y encuentra su propia voz, demostrando que tiene muy clara tanto su (nueva) personalidad como la época en la que le ha tocado vivir. Y esa época pertenece a una de las mayores estrellas del cine comercial y posible futuro presidente de los Estados Unidos, Dwayne Johnson. Si su anterior reboot, Baywatch, fallaba por completo en todo lo que se proponía, Jumanji da en la diana, y es en gran medida gracias a él. Verlo interpretar a un nerd enclenque y asustadizo atrapado en la montaña de músculos que es The Rock es una de las mayores atracciones de la película.

jumanji-bienvenidos-a-la-jungla-2

Johnson está más gracioso que nunca (carcajada segura cada vez que redescubre asombrado sus bíceps), pero no está solo. Lo acompañan dos pesos pesados de la comedia generalista, Kevin Hart y Jack Black, que cumplen a pesar de que su histriónico humor pueda sobrecargar a muchos (quien esto escribe incluido), y la escocesa Karen Gillan, actriz todoterreno que demuestra sus excelentes dotes para la comedia y la acción protagonizando algunos de los mejores combates de la película y sacando el máximo partido de un personaje poco agradecido (construido para criticar estereotipos en los que en un momento u otro acaba cayendo). La dinámica que crea el cuarteto protagonista (quinteto contando a un más que decente Nick Jonas, que se incorpora al grupo a mitad de la aventura) es el principal motor cómico y emocional del film. Hay tanta química entre todos ellos que da igual que el argumento no sea nada del otro mundo o que algunas subtramas no terminen de cuajar. Al final (y al principio), lo importante es pasárselo bien, y todos se aseguran de que así sea.

Jumanji: Bienvenidos a la jungla no es ninguna maravilla (la original tampoco lo era, aunque nos encantase, a mí el primero), de hecho es más bien una tontería, pero es más que digna como cine familiar y entretenimiento ligero para las vacaciones. Divertida, simpática, con abundantes gags eficientes (sobran un par de chistes sobre lo que mola tener pene, eso sí) y diálogos más ingeniosos de lo que parece, secuencias de acción resultonas (atención al set piece del helicóptero, brutal) y encima, corazón. Porque afortunadamente, la película no deja nunca de apoyarse en los personajes para crear los conflictos, resolverlos ensalzando el trabajo en equipo y, durante su emotivo final, dejarnos con un apropiado mensaje sobre la amistad y la importancia de abandonar nuestros miedos y prejuicios para atrevernos a ser quienes realmente queremos ser.

Es decir, lo que prometía enfadar a la audiencia ha acabado haciendo todo lo contrario, ser un crowdpleaser de manual. Al no tomarse demasiado en serio y carecer de mayores pretensiones que hacer pasar un buen rato, Jumanji: Bienvenidos a la jungla invita a relajarse y disfrutar de la partida.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Crítica: Fast & Furious 7

F&F7 Paul

Catorce años, siete películas, miles de millones recaudados en todo el mundo, y la saga Fast & Furious parece que acaba de empezar la carrera. Lejos de mostrar síntomas de agotamiento, Fast & Furious 7 ha pulverizado récords de taquilla (de la propia saga y del mes de abril), como era de esperar. El fallecimiento de Paul Walker el pasado año ha condicionado enormemente la producción y el lanzamiento de la película, pero no seamos malpensados, aquí morbo el justo. El destino de F&F7 estaba ya sellado desde antes del fatídico accidente automovilístico (maldita ironía) del actor. Desde el reboot que supuso la cuarta película, la franquicia no ha hecho más que crecer en todos los sentidos, reparto, ambición y box office, y el taquillazo de F&F7 era un hecho. Vamos, que Universal no cuenta con los derechos de ningún súper grupo de Marvel o DC, pero tiene su propia saga de superhéroes, y esta no tiene nada que envidiar en cuanto a éxito a las demás.

La sexta entrega fue un “más difícil todavía” y con ella, Fast & Furious se alejaba definitivamente de sus orígenes en las carreras callejeras (ya aparecen solo de forma anecdótica) para convertirse en hermana de Los Mercenarios (mejor hecha y más divertida, se entiende). La premisa de las primeras películas se dejaba atrás para convertir F&F en una saga de acción protagonizada por un variopinto grupo de especialistas que cumplen misiones y se enfrentan a enemigos letales. Liderado por Dominic Toretto (Vin Diesel, posiblemente el peor actor del mundo), el equipo ha ido aumentando con las secuelas, y F&F7 se encarga de reunirlos a todos para la misión más explosiva hasta la fecha. No falta prácticamente nadie, Michelle Rodriguez (el nombre completo de su amnésico personaje es Letizia Ortiz, atención al insólito momento en el que lo descubrimos), Dwayne Johnson, Tyrese Gibson, Ludacris, Jordana Brewster, Elsa Pataky (mujer de armas tomar que vuelve únicamente para hacer de canguro), a los que se unen los nuevos fichajes, Nathalie Emmanuel y el mismísimo Kurt Russell; hasta han invitado a Lucas Black, protagonista del spin-off Tokyo Drift, la película peor valorada de la franquicia. Y es que como nos recuerda insistentemente el leitmotiv de la película, lo más importante de todo es la familia, y que esta permanezca unida hasta el final.

Se puede criticar a F&F por muchas razones, pero una cosa que no se le puede reprochar es su consistencia a lo largo de los años. Ha creado un universo coherente (machismo incluido de serie) en el que sus personajes han permanecido fieles a sí mismos a lo largo de las películas. Los vínculos que se han establecido durante más de una década entre estos personajes -probablemente el reparto más diverso del cine actual- han calado en la audiencia, que ya no regresa solo por las espectaculares escenas de acción, las carreras, los cochazos y las tías en bikini, sino por volver a encontrarse con sus viejos amigos. Lo he dicho en muchas ocasiones, llevamos años viendo series de televisión en el cine, y Fast & Furious es el mejor ejemplo de ello. Es difícil que uno se pierda en el argumento de esta nueva entrega, pero es recomendable haber visto la “serie” entera para apreciarlo en su totalidad.

F&F7Además de ser una parte dentro de una macro-historia, Fast & Furious 7 es una película de capítulos. El hilo conductor es el juego del gato y el ratón que protagonizan el equipo de Dom y el villano de la película, Deckard Shaw (Jason Statham), pero dentro de esta trama hay varias subtramas en forma de misiones (o partes de una misión) que funcionan como mini-historias independientes. De esta manera, Fast & Furious nos lleva en un viaje acelerado a lo largo y ancho del mundo con paradas en las que esperan aventuras a cada cual más arriesgada y pasada de rosca que la anterior. Destaca sobre todo el impresionante set piece en Dubai, con el que James Wan tira la casa los coches por la ventana. Literalmente. Si en F&F6 volaban los humanos, esta vez son los propios coches los que desafían a la gravedad (“¿Decías que los coches no volaban?”). Y lo hacen en más de una ocasión, saltando entre rascacielos en el emirato árabe y haciendo skydive (o conduciendo por el aire, según se mire) sobre Colorado. Una chifladura detrás de otra, porque Fast & Furious ha convertido la estupidez en un arte.

Y lo mejor es que todos los involucrados en esta saga lo saben, y lo explotan. F&F7 es un desfase continuo, una película bomba, exagerada, extremadamente ridícula, pero no deja de recordarnos en ningún momento que es consciente de ello, y que si estamos en sintonía con ella, lo podemos pasar teta. Lo más curioso es que no es difícil conectar con esta saga, porque invierte esfuerzo tanto en la pirotecnia como en los personajes y el humor, que sí, es más bien todo tirando a simple (por ser generoso), pero rebosa simpatía -sobre todo esa mole adorable que es The Rock, el mejor fichaje de la franquicia- y sabe cómo montar un buen show. El sentido homenaje final a Paul Walker (cuya ausencia durante algunos tramos de la película se solventa perfectamente) es la prueba definitiva de que Fast & Furious es algo más que una saga de acción. El compromiso y los lazos que unen a su reparto la convierten ya en una institución. Respect.

Valoración: ★★★

Crítica: Hércules (Brett Ratner, 2014)

Hercules 2014

Que el currículo de Brett Ratner no es precisamente garantía de calidad lo sabemos todos. Este productor y director tan prolífico como vilipendiado por los cinéfilos de pro se ha labrado un nombre haciendo secuelas de segunda y de tercera, así como destrozando franquicias (X-Men fue la mayor damnificada). Por eso cuando uno se acerca a Hércules, su nueva película como realizador y enésima versión de la historia del héroe de la mitología griega, no puede evitar adentrarse con cautela. Por si fuera poco, la película llega rodeada de polémica. Por un lado la campaña de Alan Moore para boicotear el estreno después del tratamiento que recibió por parte de Radical Comics y Paramount Pictures el fallecido Steve Moore, responsable del cómic en el que se basa la cinta, Hércules: The Thracian War (no me detendré en explicar los detalles, podéis leer las declaraciones de Alan aquí). Y por otro, la desaparición de Hilas, amado de Hércules que sí aparece en el cómic, probablemente porque Dwayne ‘The Rock’ Johnson no estaba dispuesto a retozar con otro hombre en el cine (ni el estudio a consentirlo).

Todo esto podría hacer pensar que Hércules es un desastre de proporciones épicas, y sorprendentemente, nada más lejos de la realidad. Quizá las circunstancias alrededor de la película sean algo escabrosas, pero lo cierto es que, si logramos (y queremos, claro) abstraernos de cualquier “ruido” externo, Hércules resulta ser una cinta de aventuras y acción más que digna. Ratner dirige un espectáculo contundente, repleto de acción de primera y directo al grano cuya falta de pretensiones y tono a caballo entre la épica y la comedia lo convierte en un producto de consumo fácil sin que por ello el espectador sienta que está siendo subestimado. Sin ir más lejos, el filme de Ratner está a años luz en todos los aspectos de Hércules: El origen de la leyenda, la reciente versión protagonizada por Kellan Lutz (de acuerdo, hacía falta poco para superar aquella atrocidad), tiene más vida, y su espíritu guasón y camp la acerca más bien a cosas como Hércules: Sus viajes legendariosXena: La princesa guerrera. O a lo que estas series serían hoy en día, con mayor presupuesto y libertad para dar rienda suelta a la vena violenta de la historia.

Hercules_The_Thracian_Wars_posterY es que toda la rabia y la violencia gráfica que la saga Los mercenarios ha perdido con su paso a la calificación PG-13 se puede encontrar en Hércules (atención, también calificada PG-13), en la que las batallas y los combates cuerpo a cuerpo alcanzan un nivel enorme de fisicalidad y vehemencia. El excelente trabajo de sonido nos hace partícipes directos de cada mamporro, y por supuesto, la (algo ajada y muy “madura”) presencia de La Roca potencia esa sensación de que solo mirando la pantalla vamos a salir con algún hueso roto de la experiencia. Visualmente, Hércules también es mejor de lo que cabía esperar, y desde luego no es el festival de caspa que puede parecer a primera vista. Los efectos digitales, a excepción de algún plano general, son notables (a destacar los animales realizados por CGI, y concretamente el león de Nemea durante “Los doce trabajos” de Hércules) y el resto de elementos de la producción nos transportan al péplum clásico, con un toque de rudeza y salvajismo a lo Conan, el bárbaro. Por otro lado, teniendo en cuenta que estamos ante una adaptación de cómic, se agradece que no haya sobresaturación digital, slow-motion o trabajo de cámara tramposo en el que no distinguimos apenas nada de lo que está ocurriendo en el campo de batalla. En las fantásticas (e insisto, muy cafres) escenas de enfrentamientos bélicos, Hércules saca al Rey Leónidas que lleva dentro pero, afortunadamente, Ratner no emula al Zack Snyder de 300.

Y la misma sencillez y concisión con la que Ratner se aproxima a las secuencias de acción se aplica también al tratamiento de la historia y los personajesYa desde el prólogo se nos insiste en que no estamos ante la historia de siempre, sino una relectura de la leyenda que trata los elementos sobrenaturales como eso mismo, leyenda (y aún así, a los puristas les agradará saber que es más fiel a la mitología que la mayoría de películas sobre el tema). Hércules nos narra las aventuras de un hombre de fuerza sobrehumana que lidera un variopinto grupo de mercenarios y cuyos actos heroicos dan lugar a los relatos sobre su procedencia semi-divina. En la película, el mito queda relegado a segundo plano en favor del aspecto humano del héroe, lo que permite elaborar un discurso sobre la lealtad, la amistad y la familia que aplicado a la banda de Hércules (secundarios plenamente caracterizados y carismáticos, lo cual es de agradecer) nos proporciona algunos de los momentos más destacables de la película. Sin embargo, lo que hace que Hércules se mantenga a flote durante todo su (relativamente escaso pero bien aprovechado) metraje y nos haga olvidar que estamos viendo la misma película otra vez (así como amortiguar el daño que provoca la interpretación de Ralph Fiennes como Euristeo) es su elevado contenido en humor y autorreflexividad. Hércules se distancia de sus predecesoras por su desenfado y descaro (golpe a la película de Kellan Lutz incluido), y atención, por ser una película altamente meta, elementos que se han obviado en su desacertada campaña de márketingLos chistes continuos, da igual que sean buenos o malos, son la mayor baza de la película, y desvelan una falta de ambición (más allá de ofrecer un producto sencillamente divertido) que resulta sumamente refrescante dentro del género.

Valoración: ★★★½

Estrenos destacados (07-06-13): El mensajero, Populaire

El mensajero (Snitch, Ric Roman Waugh, 2013)

John Matthews es un hombre divorciado que ha rehecho su vida con una nueva familia y lleva un próspero negocio de transporte de mercancías. Cuando el hijo adolescente de su anterior matrimonio es víctima de una encerrona y acusado por error de tráfico de drogas, Matthews intentará rebajar la pena de diez años de prisión a la que se enfrenta, colaborando con el Gobierno de los Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico. John arriesgará así su vida y la de su nueva familia infiltrándose en un cártel de droga para llevar a cabo una misión suicida a cambio de la libertad de su hijo.

Ya no cabe duda de que Dwayne Johnson, antes conocido simplemente como The Rock -quizás cuando no le preocupaba tanto ser tomado en serio- es un valor seguro del cine de acción. No importa quién dirija o escriba, una película de Dwayne Johnson siempre será “una película de Dwayne Johnson”, y siempre cumplirá con las expectativas y las cláusulas de ‘su’ cine. El mensajero es un thriller melodramático basado en hechos reales y hecho a la medida de Mr. Johnson. La Roca continúa incorporando a sus personajes ese componente humano y sensible que hace que a veces nos olvidemos de que es un monstruo musculoso de 130 kg. Aquí Johnson no es un súper héroe, sino un everyman, un individuo real forzado por las circunstancias a convertirse en un súper hombre -uno que en un momento de gran tensión pide a su mujer que pare el coche para hablar por teléfono.

El cast que acompaña a Johnson en El mensajero es cuanto menos curioso. Susan Sarandon vuelve a demostrar su versatilidad dando vida a la Fiscal Federal sin escrúpulos que supervisa -y manipula- a John para dar caza a uno de los capos de la droga en México. Y como curiosidad para el seriéfilo, también están en el reparto Michael Kenneth Williams, el Omar Little de The Wire repitiendo aquel mítico papel (a grandes rastos, se entiende), Nadine Velazquez -Catalina en Me llamo Earl– como consorte de La Roca (no, en esta película no salta… ni actúa), y John Bernthal, el Shane Walsh de The Walking Dead como co-protagonista. El personaje de Bernthal representa otra cara del mismo problema del sistema judicial norteamericano. Daniel es un ex convicto que trabaja para John, y se ve involucrado en la temeraria misión de su jefe. La historia de superación de Daniel refuerza la denuncia que El mensajero emite contra las injustas e incoherentes leyes contra el narcotráfico en Estados Unidos.

Populaire (Régis Roinsard, 2012)

Francia, finales de los 50, la joven Rose Pamphyle (Déborah François) trabaja en la tienda de su padre, está comprometida en contra de su voluntad y espera un futuro convencional y sumiso. Pero Rose sueña con otra vida, concretamente con el ideal de la mujer moderna: Rose quiere ser secretaria. Para conseguirlo acude a la entrevista (o más bien casting) de un asesor en Lisieaux, Normandía. Louis Echard (Romain Duris) la contrata a pesar de que no se desenvuelve muy bien en la oficina, porque comprueba que Rose tiene un don especial, escribir a máquina -solo con los dedos índices- a una velocidad increíble. Louis entrenará a la muchacha para que esta compita en concursos de mecanografía a nivel nacional, con la aspiración de convertirse en estrella y llegar a la gran competición de Nueva York.

El argumento de Populaire, el debut en el largometraje de Régis Roinsard suena a tontería. Y lo cierto es que lo es. Pero qué tontería tan bonita. Populaire es una película simpatiquísima, fresca, divertida. Y por encima de todo es una absoluta gozada visual. Diseño de producción, vestuario, maquillaje, fotografía, todos los elementos se conjugan a la perfección en una auténtica explosión de colores pastel que bebe tanto de Jacques Demy como de Mad Men.

Las grandes dosis de encantadora ingenuidad y buenas intenciones compensan la inverosimilitud y el absurdo en el que Populaire cae a menudo. Pero es sin duda la química entre sus dos protagonistas, y en especial la arrolladora energía y abrumadora belleza de Déborah François, lo que acaba levantando la película. Eso y las competiciones de mecanografía, que Roinsard y sus montadoras, Laure Gardette y Sophie Reine, logran convertir en eventos de alta tensión.

Crítica: Fast & Furious 6

Fast & Furious 6 (Justin Lin, 2013)

Corría el año 2001 (que se dice pronto, pero ha pasado más de una década) cuando The Fast and the Furious, A todo gas en España, irrumpió con fuerza en la cartelera mundial, con una propuesta que combinaba coches tuneados, chicas en shorts y mucha acción desenfrenada. El éxito de la película original (un clásico del género lo queramos o no) desató una auténtica fiebre por el tuning y propició un gran número de secuelas. Resulta impresionante que una franquicia hollywoodiense como esta no solo no haya perdido fuelle en la box office con los años, sino que con cada entrega haya logrado alcanzar nuevos récords. Y así vamos ya por la sexta película, después de una quinta parte que logró convertirse en uno de los mejores estrenos de la historia del cine.

Los personajes que conocimos en la primera F&F interpretados por Vin Diesel y Paul Walker -Dominic Toretto y Brian O’Conner respectivamente- son ahora fugitivos de la ley. Llevan varios años saltando de un lado a otro del planeta, huyendo, escondiéndose, y ya de paso, desarmando carteles de droga o bandas traficantes de armas. Sin dejar nunca de aprovechar la más mínima oportunidad para competir en carreras callejeras ilegales. En Fast & Furious 6, los personajes han alcanzado un punto de inflexión en sus vidas -Brian y la hermana de Dom, Mia, son padres- y comienzan a sentir morriña por el hogar. El agente Hobbs -interpretado por Dwayne Johnson, La Roca-, que les puso las cosas difíciles en la anterior película, regresa con un trato: si la banda de Dom y Brian acaba con una organización terrorista de pilotos mercenarios que se extiende por el globo, todos recibirán el indulto y podrán volver a Los Ángeles.

Desde que Justin Lin tomara las riendas de la saga en Tokyo Drift (inexplicablemente Tokyo Race en España), y sobre todo desde el reboot que supuso Fast & Furious (2009),  F&F ha experimentado una gran transformación a lo largo de los años. Lo que comenzó como una película de acción de espíritu noventero sin demasiadas complicaciones ha derivado en una de las más ambiciosas franquicias del género testosterónico. Fast & Furious 6 refleja los cambios que ha sufrido la serie (usaremos el término en su sentido más televisivo) para esta segunda trilogía. La incorporación de The Rock en Fast & Furious 5 y las cada vez más espectaculares, nitroglicerínicas y desmadradas escenas de acción la alejan de sus inicios para acercarla a terreno Los Mercenarios.

Pero Lin no solo ha convertido F&F en una franquicia de acción absolutamente contemporánea, sino que ha entendido la importancia del vínculo entre el espectador y los personajes de una saga longeva, y ha sabido estrecharlo debidamente. Como si del último capítulo de una serie de televisión se tratase, Fast & Furious 6 reúne a todo el elenco (incluidos los muertos) y proporciona cierre -provisional- para todos los personajes, no sin antes rendirles homenaje a base de guiños y meta-referencias, y sacando en todo momento el mayor provecho de los elementos más familiares para el espectador que lleva ya 12 años con ellos. Al final, en F&F, lo más importante ya no son los coches, sino la familia.

Claro que la película no escatima en bólidos, velocidad y detonaciones. Lin completa un ciclo con Fast & Furious 6, sin duda la mejor de la saga, entregándose por completo a la acción más demencial, absurda y explosiva, convirtiendo a sus personajes en superhumanos -en esta película, vuelan, literalmente- y con la promesa de una tercera trilogía -sí, habéis leído bien, habrá Fast & Furious F 7, 8 y 9-, que sin lugar a dudas continuará por la misma senda, como indica la incorporación de Jason Statham como nuevo (y temible) enemigo de Dom, Brian & co. Que alguien vaya llamando a Bruce Willis para decirle que ya estamos listos para su cameo.

Estrenos de cine 27-03-13


G.I. Joe: La venganza
 (G.I. Joe: Retaliation, Jon M. Chu, 2013)

Más que una secuela de la primera G.I. Joe -una de las películas más casposas de los últimos años-, G.I. Joe: La venganza es un reboot de la franquicia que sigue indudablemente la estela de Transformers (otra propiedad de Hasbro, como la que nos ocupa) y que reformula completamente los elementos de la saga. Más trama militar, mejores escenas de acción (algunas como la de las montañas quitan el hipo), efectos digitales mucho más dignos y un sentido del humor más acorde con el tipo de público al que se dirige.

G.I. Joe: La venganza hace borrón y cuenta nueva y se olvida del enfoque camp y tontorrón de la primera entrega, convirtiéndose en una superproducción que sigue al pie de la letra las exigencias de un blockbuster veraniego (aunque se estrene en primavera). Además, cuenta con la presencia de dos héroes del cine de acción, un Bruce Willis algo desubicado pero dejando patente su estatus de eminencia testosterónica, y Dwayne ‘The Rock’ Johnson, que se confirma como uno de los actores-montaña-de-músculos más carismáticos. Ambos intérpretes evidencian la determinación de G.I. Joe por dejar atrás el fallido primer intento de poner en marcha la saga, replanteándola como una cinta al más puro estilo Michael Bay que además se permite incluir escenas cómicas por encima de la media en este tipo de películas: atención a la satírica secuencia de la reunión de los presidentes mundiales. Con todas sus fantasmadas y ridículos agujeros de guion -o precisamente por todo ello-, G.I. Joe acaba siendo más que recomendable para los aficionados al género, y compensará ligeramente la decepción que recientemente ha supuesto La jungla: un buen día para morir. A los que no les vaya mucho la acción explosiva y patriótica (yanqui, se entiende), que ni se molesten, claro.

 


Grandes esperanzas
(Great Expectations, Mike Newell, 2012)

No hay nada verdaderamente reprochable en esta película además del hecho de que nadie la pidió. Esta nueva adaptación de una de las bildungsromans por excelencia no aporta nada con respecto a sus predecesoras, y a pesar de tener un acabado más que aceptable, resulta básicamente innecesaria. Mike Newell (Cuatro bodas y un funeral, Harry Potter y el cáliz del fuego) se aproxima a la obra de Charles Dickens desde el más absoluto respeto. Y en el tiento y la preocupación por ser fiel al referente, Newell orquesta una película que lleva la sensación de déjà vu fílmico a otro nivel. El realizador británico hace un buen trabajo a la hora de identificar y disponer los puntos nodales de la historia, y el guionista David Nicholls controla a la perfección el relato original, sabiéndolo adaptar al lenguaje cinematográfico sin necesidad de hacer una película de tres horas. Sin embargo, la propuesta peca de ingenuidad al confiar en el apoyo del público -sobre todo un año después de la reciente miniserie para la televisión británica. En el apartado interpretativo ocurre lo mismo. Helena Bonham Carter nació para dar vida a la señorita Havisham -como nació para interpretar a cualquier personaje excéntrico y esperpéntico-, aunque no consigue deshacerse de la sombra de la gran Miss Dinsmoor de Anne Bancroft en la mucho más interesante adaptación de Alfonso Cuarón de 1998. Y el inexperto y cauteloso Jeremy Irvine (War Horse) es una acertada elección para un personaje como el de Pip. En definitiva, la película es tan correcta en todos los aspectos que resulta prácticamente olvidable. Eso sí, los aficionados a las adaptaciones de clásicos de la literatura, y al cine de época, encontrarán el mayor atractivo en una ambientación muy lograda y el suntuoso diseño de vestuario de Beatrix Aruna Pasztor.

 

La soledad de los números primos (La solitudine dei numeri primi, Saverino Costanzo, 2010)

Con nada más y nada menos que tres años de retraso nos llega a España la italiana La soledad de los números primos -ni que fuera de Ghibli. Pero en el caso de esta película, y a pesar de sus irregularidades, podemos decir bien alto lo de “más vale tarde que nunca”. El filme de Saverino Costanzo, basado en la exitosa novela homónima de Paolo Giordano, bien podría haberse titulado Los invonvenientes de ser un marginado, al menos hasta que nos adentramos en su último acto. La primera hora y media de la película transcurre a base de saltos en el tiempo (si no se ha leído la novela, es más que probable que la historia resulte confusa al principio y los personajes no se distingan con claridad) y frecuentes cambios de tono y ritmo. El relato nos muestra de manera alternada una cara más amable y otra mucho más cruda, optando por el camino más deprimente y pesadillesco en su última media hora. La soledad de los números primos es hasta ese momento un certero ejercicio de reflexión sobre la importancia de las experiencias vitales durante la infancia y la adolescencia y las decisiones de los padres en la formación y forja de identidad de una persona. Sin embargo, las valiosas conclusiones a las que llega se van al traste en un desenlace que, como si de un giallo se tratase -esto no es una apreciación gratuita, me entenderéis cuando veáis la película- se deshace de todo lo que se ha construido durante la película en busca del impacto y la controversia.