Crítica: El corredor del laberinto – Las pruebas

THE SCORCH TRIALS

[Esta entrada contiene algún detalle de la trama que puede ser considerado spoiler]

En el mundo de las adaptaciones cinematográficas de novelas juveniles, o te mueves rápido, o caducas. Si no, fijaos en el caso de El corredor del laberinto. El año pasado se estrenó la primera entrega de la saga basada en la trilogía literaria The Maze Runner (ahora tetralogía con la incorporación de una precuela), escrita por James Dashner. La película cosechó el éxito suficiente en taquilla, por lo que el estudio a cargo de ella (20th Century Fox) no perdió el tiempo en anunciar la secuela y ponerse manos a la obra con su producción. En tiempo récord, el mismo director que se ocupó de la primera parte, Wes Ball, ha sacado adelante Las pruebas (The Scorch Trials), que se estrena exactamente un año después que la primera. El impacto de las producciones teen es efímero e imprevisible por naturaleza, además, el público más joven tiende a pasar muy rápidamente de una cosa a otra (el segundo capítulo de Divergente se capuzó en taquilla porque tardó relativamente demasiado en llegar, algo que sin embargo no ha ocurrido con Los juegos del hambre), por eso se entiende que el proceso de conversión en franquicia se haya acelerado en este caso.

Sin embargo, Las pruebas no parece un producto hecho con prisa, sino más bien todo lo contrario. Lo más sorprendente de la película es lo trabajada que está desde el punto de vista técnico, teniendo en cuenta lo poco que han tardado en hacerla. Fox ha tirado la casa por la ventana y se nota, pero de nada serviría un aumento de presupuesto si detrás no hubiera gente capaz de transformarlo en una película estimulante, y aquí hay un equipo muy eficiente que tiene claro lo que hay que hacer para que esto ocurra (otra cosa es que la historia esté a la altura, pero vayamos por pasos). El acabado visual de Las pruebas es excelente, con una fotografía, diseño de producción y efectos digitales de primera. Hay en ella planos verdaderamente hermosos, siluetas recorriendo áridos paisajes postapocalípticos y enormes estructuras de metal que captan a la perfección el espíritu más épico de la continuación. Y no solo eso, el trabajo de cámara de Ball sigue resultando solvente fuera del Laberinto, sabiendo cómo filmar escenas de acción tensas y trepidantes sin sacrificar coherencia.

Efectivamente, la secuela de El corredor del laberinto aumenta considerablemente las dosis de acción y violencia (leve), encadenando set pieces por lo general muy bien ejecutados (destaca la huida de CRUEL que tiene lugar en la primera sección del film o la destrucción de la guarida de Jorge, interpretado por Giancarlo Esposito). De la misma forma, y como mandan los cánones del cine young adultLas pruebas es más oscura e intenta ser más adulta que su predecesora, llegando a asemejarse por momentos a una película de zombies (aquí llamados “Raros”) o pandemias al estilo de Guerra Mundial Z. Pero la saga no solo busca la mayoría de edad en sus escenas de acción y terror (estas últimas no aptas para los más pequeños), sino que también incorpora motivos de sexo y drogas, especialmente durante una secuencia alucinógena en un burdel donde el protagonista, Thomas (nuestro querido Muppet de carne y hueso Dylan O’Brien), se convierte en la Sarah de Dentro del Laberinto mientras intenta escapar del sueño lisérgico en el que está atrapado (pasaje en el que nos encontramos a un bizarrísimo Alan Tudyk por cierto). Aun así, nada que deba preocupar a los padres que dejan solos a sus niños en el cine.

THE SCORCH TRIALS

Por lo demás, Las pruebas sigue al pie de la letra los patrones impuestos por Los juegos del hambreDivergente. El año pasado, El corredor del laberinto se distanciaba ligeramente de dichas sagas gracias a que jugaba con otros elementos, siendo ideada más bien como un ejercicio de misterio, un puzle que nos recordaba a cosas como Cube o la serie Perdidos. No obstante, la salida de Thomas y sus Niños Perdidos del Laberinto hacia el mundo exterior, la Quemadura, ha conllevado la homogeneización de la saga, que con su segunda parte ya apenas muestra diferencias con las franquicias mencionadas. Eliminado el Laberinto de la ecuación la cosa pierde gracia, y lo que nos queda es la enésima aventura distópica en la que un “elegido” y su grupo de jóvenes aliados oponen resistencia a un totalitario ente gobernante y luchan por sobrevivir -superando fases como en un videojuego– mientras se gesta una revolución. La idea es la misma de siempre, la juventud como única esperanza de futuro (aquí se convierten literalmente en la cura de la humanidad), pero aunque siga siendo pertinente, Las pruebas no consigue hacerla interesante; sobre todo porque opta por el camino fácil y apenas se molesta en desarrollar a sus más bien planos personajes tal y como la historia requiere (algo que pasa factura cuando los giros importantes no parecen lo suficientemente justificados).

El corredor del laberinto nos presentaba un enigmático universo construido y contenido por unas reglas que se destruían al final. Las pruebas construye una mitología mucho más amplia y abierta a partir de las piezas que quedaron de esa primera parte, abandonando a sus protagonistas a su suerte en un escenario más grande, hostil e impredecible, donde se topan con mil y un nuevos personajes en cada parada de la odisea en la que se han embarcado (como ocurre en toda fantasía itinerante clásica). Esto resulta ocasionalmente emocionante (sobre todo durante su primera mitad y cuando entra en escena Brenda –Rosa Salazar), pero la narración episódica se acaba resintiendo por culpa del excesivo metraje (131 minutos), y la recta final de la película pone de manifiesto la falta de originalidad y profundidad del nuevo enfoque (más de lo mismo elevado al cubo). Claro que lo que no se puede negar (y no lo hemos hecho) es que Ball ha realizado una notable cinta de aventuras y acción, un pasatiempo más bien superficial, que aun con todo, sigue siendo de lo más destacado dentro de su género. Ojalá para la tercera y última entrega no se conformaran solo con eso, porque material hay de sobra (y no me refiero a las novelas) para hacer algo que se salga de la norma de una vez por todas. No deja de resultar paradójico que estas películas que nos hablan constantemente de romper el molde y oponerse al sistema acaben haciendo siempre justo lo contrario.

Valoración: ★★★

Crítica: El corredor del laberinto

The Maze Runner

El corredor del laberinto (The Maze Runner) es una de esas películas que podemos describir fielmente enumerando sus muchos referentes, haciendo que quien no la ha visto aún se imagine perfectamente lo que le espera si decide adentrarse en ella. La película del debutante Wes Ball, basada en la trilogía literaria escrita por James Dashner, es una fusión perfecta, casi científica, de los libros El señor de las moscas de William Golding y El juego de Ender de Orson Scott Card, la película de Vincenzo Natalli, Cubela serie Perdidosy por supuesto, la saga adolescente Los juegos del hambreTodo aderezado con cierto aroma al cine de M. Night Shyamalan, concretamente a la incomprendida El bosque.

Aunque salta a la vista enseguida que estamos ante otra saga Y.A. (por mucho que pese a los fans que se empeñan en rechazar sistemáticamente toda comparación con Los juegos del hambreDivergente), El corredor del laberinto posee los suficientes alicientes como para destacar por encima de sus competidoras, y potencialmente ampliar su público de la misma manera que ocurrió con Harry Potter o la franquicia de Katniss Everdeen. La acción y el misterio priman a la hora de contar la historia de Thomas y la comunidad de niños perdidos a la que se incorpora, yendo rápidamente al grano, sin perder el tiempo con eternos prólogos o contextualizaciones innecesarias. En lugar de esto, el espectador es introducido en el universo del laberinto in media reslo que hace que este se implique más para tratar de comprender los enigmas que se plantean.

En un ejercicio claro de identificación en primera persona, el espectador acompaña al protagonista, interpretado por un (adecuadamente) histérico e híper-físico Dylan O’Brien (Teen Wolf), después de que este sea transportado en un montacargas hacia lo que parece ser un bosque natural cercado por una enorme muralla que da paso a un laberinto que nadie ha conseguido atravesar. Ni él ni nosotros sabemos absolutamente nada de lo que está pasando. Thomas se une así a un grupo de jóvenes que llevan tanto tiempo encerrados en ese páramo aislado del mundo que han formado una sociedad ordenada por reglas y dividida en pseudo-castas. Una de estas castas es la de los “corredores“, que se encargan de recorrer el laberinto cartografiando sus giros y trazando itinerarios con la idea de resolver el “puzle” algún día. Por la noche, las puertas del laberinto se cierran, y unos monstruos biomecánicos lo custodian hasta el amanecer.

El Corredor del Laberinto_PosterComo todo protagonista de distopía adolescente que se precie, Thomas manifiesta cualidades que lo convierten en un joven “especial”, casi un elegido. Él se encargará de poner en duda la estructura social en la que ha sido depositado y cuestionar la autoridad, con el objetivo de atravesar el laberinto y descubrir quién los ha convertido en cobayas. En este sentido, El corredor del laberinto se desarrolla a base de clichés y personajes arquetipo, y sin grandes alardes de creatividad o espectáculo -quizás debido a un presupuesto más bien ajustado. Aun con todo, Ball consigue mantener la tensión durante casi toda la película, firma unas cuantas escenas de acción más que dignas (a pesar de la oscuridad y la confusión que las caracteriza), y sobre todo, acierta adaptando con detallismo el microcosmos social (formado por varias decenas de chicos y una sola chica) propuesto por Dashner, que no es sino una metáfora de la adolescencia en sí misma.

El corredor del laberinto es en definitiva una cinta de aventuras y ciencia ficción correcta, un pasatiempo más inteligente de lo que el género nos tiene acostumbrados. A pesar de no resultar brillante en ningún momento, y de desaprovechar en cierto modo las posibilidades que brinda el laberinto, la película destaca por presentarnos una historia que hemos visto en incontables ocasiones desde una perspectiva algo más fresca e interesante, con una factura y ambientación más que estimables, y además desprovista (por ahora) de componente romántico y otros elementos puramente Y.A. Pero la mayor virtud de El corredor del laberinto es su capacidad para despertar la curiosidad y mantener el interés desde la primera escena. Al menos hasta su predecible, sobre-explicativo y retorcidamente absurdo desenlace, que a pesar de prometernos un universo mucho más amplio y suponer el punto de partida para erigir una sociedad distópica de manera semejante a Los juegos del hambre, desvirtúa en cierto modo lo visto hasta ese momento.

Valoración: ★★★