“Nada acaba nunca”: Sobre el final de ‘The Good Wife’

The Good Wife End 1

Que The Good Wife es mucho más que una ‘serie de abogados’ es algo que a estas alturas todos saben de sobra. La serie de CBS rompió el molde para convertirse en una de las más inteligentes que hemos visto recientemente, y dejarnos a uno de los personajes femeninos más interesantes, complejos y fascinantes de la televisión, Alicia Florrick (sublime Julianna Margulies). De acuerdo, no ha sido perfecta, pero ¿qué serie lo es? A pesar de sus altibajos, pasos en falso y de dos últimas temporadas que no han estado a la altura de las anteriores, la serie de Michelle y Robert King no ha descuidado nunca su calidad (un episodio menor de The Good Wife sigue siendo mejor que la mayoría de episodios de otras series de network, y con temporadas de 22 capítulos eso es toda una hazaña), y lo más importante, no ha dejado de seguir sus propias reglas, construyendo un universo de ficción tan rico como sorprendente, que nos ha tenido atrapados hasta su episodio final. Un desenlace que es una bofetada literal para su protagonista y una figurada para su audiencia, por si quedaba alguien que pensaba que The Good Wife era una serie normal.

En lugar de un final complaciente, los King han optado por uno consecuente. Una decisión valiente que ha tenido su precio: Sacrificar a Santa Alicia y perder el favor de muchos espectadores que esperaban fanfarrias emocionales y un final feliz. Realizar una conclusión satisfactoria para una serie longeva (7 temporadas, 156 episodios) con una trayectoria tan cambiante como apasionante y compleja, es una tarea muy complicada. Y los King han decidido simplificarla hasta cierto punto, negándose a proporcionar a los fans la clausura a la que otras series nos han (¿mal?) acostumbrado. “End” es un regreso al principio para cerrar ciclo. Hasta ahí, nada que no sea habitual en cualquier series finale, pero este cierre no se aplica a todos sus personajes y es más uno metafórico que real. Porque, como se insiste varias veces a lo largo del episodio, “nada acaba nunca”.

Por eso los King se han centrado en el planteamiento con el que arrancaba la serie: Alicia mateniéndose al lado de su marido mientras este atraviesa el escarnio público por su comportamiento reprobable. Con la trama del juicio de Peter Florrick (patético hasta el final), The Good Wife ha construido una recta final decepcionante para los que esperaban fuegos artificiales, pero lógica y coherente si tenemos en cuenta que esta siempre ha sido la historia de Alicia Florrick. Y es que su evolución, particularmente durante los últimos años, estaba preparando el terreno para esa impresionante y merecida bofetada que la protagonista recibe en la espectacular escena final del episodio (apenas unos segundos que justifican todos los premios para las increíbles Julianna Margulies y Christine Baranski). Víctima ingenua, abogada de éxito, política en ciernes, rebelde arrogante y, en última instancia, relativista moral y cuasi-villana: así se podría resumir (muy a grandes rasgos) su recorrido durante estos siete años. El comportamiento de Alicia en “End”, donde la protagonista traiciona vilmente a la que fue su mentora y amiga, Diane Lockhart, es un reflejo del de Peter Florrick. Y este reflejo proyecta una imagen análoga a la del principio de la serie. En el piloto de The Good Wife, Alicia abofetea a su marido. En el final, es ella quien recibe la bofetada. Lo dicho, ciclo completo, y sí, sensación amarga y desconcertante al ver que nuestra heroína, para la que siempre quisimos lo mejor, a la que hemos visto sobrevivir, ascender y hacerse cada vez más fuerte y poderosa, se queda sin nada (aunque como siempre ha hecho, se recomponga del revés de Diane y siga caminando con la frente en alto). Pero es que The Good Wife nunca ha sido predecible, nunca se ha conformado con ser lo que se esperaba de ella, y no iba a marcharse dejándonos indiferentes. Si aceptamos y celebramos el final de Walter White, como mínimo debemos hacer el esfuerzo de comprender el de Alicia Florrick.

The Good Wife End 2

En lugar de atar todos los cabos (una exigencia injusta pero inevitable que los espectadores hacemos a las series) y darnos lo que deseábamos, “End” arriesga y reduce el ‘fan service’ al mínimo (la aparición de Will Gardner, por muy emocionante que sea, y lo es, porque vaya llorera con el “I will love you forever”, no es tanto para contentarnos a nosotros como para que Alicia tome su decisión y la historia se dirija hacia el desenlace planteado). Esta negativa a proporcionarnos una despedida emocional da lugar a otro sacrificio: los personajes secundarios se quedan en ‘animación suspendida’, sin sus finales correspondientes, y nosotros con la sensación de necesitar más, de que este no puede ser el final para Cary (discreta y tristemente retirado a segundo plano hace bastantes capítulos), Lucca, Eli Gold, la mejor secundaria de las últimas temporadas, Marissa, David Lee o el mismo bufete. Entonces es cuando nos planteamos si habría sido mejor continuar hacia una octava temporada sin sus creadores, entre otras cosas para que una serie que nos ha hablado del empoderamiento femenino y la posibilidad de amistad entre mujeres ambiciosas no termine con un enfrentamiento entre ellas después de otra disyuntiva entre dos hombres. Pero los what if ya no tienen sentido. The Good Wife ha terminado, y tenemos que aceptar su final tal y como los King lo pensaron hace mucho tiempo (¿habría sido distinto si Will siguiera vivo? No lo creo). Y su final no es un final definitivo, porque recordad, “nada acaba nunca”.

Ahora es tarea nuestra imaginar hacia dónde se habrían dirigido los personajes si la serie hubiera continuado, qué será lo siguiente que hagan en ese universo con vida propia, tan idiosincrásico y poblado por una fauna de personalidades tan inolvidable, uno que continuará a todas luces, aunque nosotros no lo veamos (las pistas que nos deja el episodio indican que Alicia podría acabar como gobernadora, y quién sabe qué más, algo que desde el principio muchos imaginamos ver en el último capítulo) [Actualización 13/05: Tendremos spin-off de Diane Lockhart, por lo que no hará falta imaginarse qué será de algunos personajes de la serie o de ese bufete dirigido por mujeres, ¡porque lo veremos!]. Si lo analizamos como un capítulo más, “End” es una hora de televisión sobresaliente que deja constancia por última vez de la suma inteligencia con la que se escriben (escribían) los guiones de esta serie. Pero como final ‘definitivo’ es comprensible que haya decepcionado a gran parte de la audiencia. Se trata de una coda cruel, una conclusión fría, y por tanto se debe analizar fríamente, aunque en el fondo deseáramos perder los papeles y llevarnos las manos a la cabeza con un desenlace épico a la altura de los episodios más grandes de la serie (el inconmensurable “Hitting the Fan” sería el principal referente). The Good Wife no ha querido despedirse de forma convencional, no lo ha envuelto todo perfectamente y con un lazo precioso, ni ha canonizado a nuestra Santa Alicia, sino que ha preferido responder más a las necesidades (¿caprichos?) de la propia historia que a las de la audiencia (como hicieron Los SopranoMad Men), sin por ello subestimarla. Es decir, nos ha dado la bofetada que merecíamos. Y yo elijo disfrutar del dolor que va a dejar en mi cara durante mucho tiempo.

Review Express: The Fun! Issue

Oppo Research

(Léase con la voz de Katey Sagal) Este es el diario de un seriéfilo empedernido que se propuso el reto de llevar al día TODAS sus series durante la temporada 2014-15, from A to Z.

Me está costando lo mío, y debería empezar a hacer algo de criba, pero de momento resisto y no se me acumulan demasiados episodios. Eso sí, de algunas series tengo aún pendiente el capítulo más reciente, así que si os hablo del de la semana pasada, no me spoileéis. Y no me digáis eso de “Pues ya verás el de esta semana”, que queda muy repelente 😛

He apodado esta nueva entrega de Review Express “The Fun! Issue” porque esta semana voy a hablaros o bien de sitcoms o de dramas cuyos capítulos más recientes han sido eminentemente cómicos. Empezamos.

 

A to Z

A to Z

Como ya os conté, me resistía a empezar con A to Z, a pesar de que la nueva sitcom de NBC era uno de mis estrenos más esperados de la temporada. Las audiencias de la rom-com protagonizada por Ben Feldman y Cristin Milioti no están siendo muy buenas precisamente, así que después de conocer los resultados de los dos primeros capítulos, pensé que llevaba la C escarlata escrita y mejor evitarla. Pero no sé qué me ha dado, que no he podido resistirme y finalmente la he empezando, aun a sabiendas de que es probable que nos quedemos a medias con ella. Quizás lo he hecho porque en el fondo albergo la esperanza de que al menos complete el alfabeto con 27 episodios. Sería ideal, ¿verdad? Tampoco es una serie que por su naturaleza deba estirarse más de la cuenta, y ya desde el opening se nos está advirtiendo que es la historia de una relación que dura 8 meses, no sé cuántos días, etc…

A to Z es una buena comedia. No es perfecta, tiene cosas que pulir, pero para empezar no está nada mal. Me recuerda en tono a series canceladas de ABC que merecieron mejor destino, como Super Fun Night Apartment 23. Aunque aquí las dosis de excentricidad y absurdo están mucho más rebajadas (como en mi querida Ben and Kate, también de NBC), y reservadas casi exclusivamente a los secundarios -para muchos, lo que más falla de la serie, aunque yo creo que Big Bird es uno de los mejores nuevos personajes de la temporada. Aquí lo importante son Andrew y Zelda, pareja que es indudablemente la definición de química y el paradigma de lo mono, y sí, aunque Zooey Deschanel arruinara la palabra, lo adorkableA to Z nace bajo la alargada sombra de Cómo conocí a vuestra madrecon la que guarda muchas similitudes, algunas tan importantes como que Andrew sea una especie de reencarnación (menos patética e irritante) de Ted Mosby, que Zelda es la madre, es decir Cristin Milioti, y que además su personaje se parece bastante al de HIMYM (aunque A to Z es la historia de lo que ocurre después de conocerla). Y por último, que nos hable entre otras cosas de las almas gemelas, el azar y el destino. Pero más allá de las inevitables comparaciones, A to Z es una serie que merece la pena descubrir, una bonita relación en la que es aconsejable adentrarse aunque sepamos que tiene fecha de caducidad. Yo ya estoy pensando en el desenlace después de esos 8 meses de relación, y espero que sea algo así como el final de (500) días juntos, película con la que también es fácil comparar la serie. Tengo mi vena romántica, pero me pirran por los finales agridulces.

 

Brooklyn Nine-Nine

B99 Jimmy Jab Games

Aún no he visto el episodio de Halloween de Brooklyn Nine-Nine que se emitió este domingo, pero sí los tres anteriores, así que más o menos tengo una visión global de hacia dónde se encamina la temporada. Todos sabemos que las workplace comedies como esta tardan un poco en encontrar el rumbo adecuado. Si uno se topa con un capítulo temprano de The Office Parks and Recreation le chocará lo diferente que eran estas series al principio. A Brooklyn Nine-Nine no le ha pasado eso de manera tan evidente. No ha cambiado el tono, ni ha reconfigurado la personalidad de sus personajes (atención a la Kelly Kapoor de la primera temporada, y a lo mucho que cambió Leslie Knope con el tiempo), pero sí ha corregido algunas cosas que chirriaban. Esta temporada, Jake Peralta se ha calmado un poco con las incesantes bromas, que más que hacer reír acababan alienando a la audiencia del personaje (todas sus intervenciones tenían que ser chascarrillos y chistes, como si a Andy Samberg se le hubiera prohibido relajarse), Gina (Chelsea Peretti) se ha calmado también con eso de ser desagradable con todo el mundo (llegó un momento en que su agresividad dejó de ser graciosa y pasó a ser simplemente incómoda), y Terry Crews y Andre Braugher están más aprovechados. Además, lo que llevamos de segunda temporada ha explotado mucho más la TSNR entre Jake y Amy, y la pareja se ha convertido en lo que estaba destinada a ser desde hace tiempo, en el centro de la historia (porque ¿a quién no le va a gustar un buen caso de will they/won’t they). El humor sigue sin ser tan agudo y desternillante como llegó a ser el de The Office Parks, pero también ha mejorado considerablemente. “The Jimmy Jab Games” (2.03) es prueba de ello, un episodio con gymkana que, como suele ocurrir en Community, se utiliza tanto para poner a los personajes en situaciones absurdas y crear humor alocado como para seguir desarrollándolos. En este sentido, Rosa es por ahora el personaje con más potencial para evolucionar y darnos alguna alegría.

 

The Good Wife

The Good Wife 6x04

Todos sabemos que cuando se lo propone (y lo hace muy a menudo) The Good Wife puede hacer reír, y mucho. La serie de CBS siempre ha tenido un componente de comedia muy importante, más acentuado en unos episodios que en otros, pero siempre presente. Desde la primera temporada incluyó personajes paródicos (la mayoría de jueces) y trazó una tejido de referencias y guiños jocosos (¡el vídeo de la cabra!) que suele resultar en gags divertidos y en muchos casos inesperados. El alivio cómico de The Good Wife puede ser finísimo (todo lo que tenga que ver con Diane), meta (la parodia de Low Winter Sun a la que Alicia se ha hecho adicta, y que últimamente vemos en casi todos los capítulos, el tema de Santa Alicia, la protagonista como musa onanística, etc) o directamente ganso e incluso disparatado (Elsbeth Tascione, ese grande que es Eli Gold, la madre y el hermano de Alicia, la lista de personajes divertidísimos es muy larga). Pues bien, después de cinco temporadas, The Good Wife consigue afinar cada vez más su ya de por sí sublime sentido del humor, resultando en cosas tan divertidas como “Oppo Research” (6.04), episodio en el que los trapos sucios de Alicia Florrick (copa de vino en mano), incluso aquellos de los que desconocía su existencia, se amontonan en un ejercicio de comedia sin parangón. Con el hilarante tour de force que es este episodio, Julianna Margulies demuestra una vez más por qué tiene dos Emmys por su personaje y Alan Cumming nos recuerda que no tiene ninguno, y que esto es una injusticia. Mención especial a Stockard Channing y Dallas Roberts por darnos la que es probablemente la escena más graciosa del episodio: la reunión familiar para informar a sus personajes de sendos incidentes vergonzosos.

 

The Mindy Project

The Mindy Project I Slipped

Con la serie de Mindy Kaling ya podemos dejar de recurrir al tópico de que por fin se ha centrado. Le costó un poco, sí, pero desde la segunda temporada está en horas altas, y con los capítulos que llevamos de la tercera, sigue su trayectoria ascendente. Mindy es cada vez más graciosa (qué gusto le ha cogido al slapstick), y Chris Messina se sigue reafirmando como uno de los mejores actores de comedia actualmente en televisión (y también uno de los más infravalorados, más que nada porque casi nadie ve TMP). La tercera temporada es por ahora de Mindy y Danny, y casi de nadie más. Sí, los secundarios están mejor, y empiezan a funcionar muy bien por separado. Todavía se podría trabajar algo más a las féminas secundarias, Tamra y Beverly, totalmente reducidas a dos características definitorias, y sin profundidad alguna, pero al menos Jeremy, Morgan y Peter se han convertido en personajes de mayor entidad, y la química entre los tres ha mejorado considerablemente. Pero lo que decía, los últimos capítulos de la serie se han dedicado casi exclusivamente a desarrollar la relación de Mindy y Danny, echando mano de todos los tópicos de la comedia romántica. Y añadiendo uno no tan común: el sexo anal. Al parecer “I Slipped” (3.04) es el primer episodio de televisión que dedica su trama central a este tema (aunque no lo llame por su nombre en ningún momento). El capítulo causó bastante polémica, sobre todo porque Mindy toma roofies (la droga de los violadores) para relajarse y así poder entregar su otra flor a Danny. Aunque es cierto que ahí se le fue un poco de las manos a Kaling, y que nunca debió incluir en la trama las drogas para frivolizar sobre el asunto, nos tenemos que quedar con lo importante: el episodio en cuestión no es sino un alegato a favor del consentimiento, la comunicación absoluta y el entendimiento mutuo en una pareja: si quieres algo, pídelo, y si no te lo quiero dar, acéptalo. Go Mindy Go!

 

Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D.

MING-NA WEN, CLARK GREGG

Y finalmente, el capítulo más reciente de Agents of S.H.I.E.L.D. ha sido uno de los más divertidos de la serie hasta la fecha (me atrevería a decir que el más divertido de lo que llevamos de serie). La temporada había empezado de forma intensa y oscura, agentes muertos, Ward en plan Hannibal, Fitz con daños cerebrales irreparables, Simmons en Hydra, “lo de Coulson” cada vez peor, vaticinando una muerte que evidentemente no llegará (de nuevo, ¿para qué insistir tanto en crear tensión basada en el peligro de muerte cuando sabemos que nadie s va a atrever a matar de verdad al protagonista?). En fin, ya hacía falta algo de alivio cómico. Y lo cierto es que aunque S.H.I.E.L.D. siempre ha tenido sus chistes, estos han sido más bien light. La comedia no es el punto fuerte de la serie. O no lo era hasta “Face My Enemy” -por cierto, capítulo dirigido por Kevin Tancharoen, hermano de Showrunner Maurissa; o sea, S.H.I.E.L.D. es un poco Planeta Nepotismo… A lo que iba, con este capítulo, S.H.I.E.L.D. se propone hacer reír entre mamporros e insulsas conversaciones estratégicas, ¡y lo consigue! Gracias a Coulson y (sobre todo) May, que pasan al frente de la línea de combate juntos, como en los viejos tiempos, mientras el resto del equipo se mantiene oculto en las sombras (con su propio conflicto a resolver, ¡o no! ¡va a explotar el avión con todos dentro! En serio, un poquito más de creatividad en las situaciones de peligro no vendría mal). Clark Gregg y Ming-Na Wen se lo pasan genial (y se nota), ya sea bailando, pateando culos o simplemente sonriendo (la actriz que da vida a May dice que lo que más le cuesta es estar siempre seria, porque es una persona risueña por naturaleza). Y además el episodio contiene unas cuantas escenas de acción muy buenas (a pesar del pelucón de la doble de May), con peleas acrobáticas muy emocionantes y vistosas, y con Ming-Na demostrando una vez más que es LA AMA. Quiero que en un episodio se dediquen a investigar un artefacto que otorgue la eterna juventud y que May lo mire y diga “pfff, artefactos a mí…”

Review Express (Semana 22-28/09/14) – Premiere Week!

Poneos cómodos en el agujero del sofá con la forma de vuestro culo. Ya ha llegado ese momento del año otra vez. El verano se acaba, los días se hacen más cortos y las series más largas. El panorama estival televisivo, otrora desolador y hoy en día algo más interesante, da paso al estreno de un centenar de series nuevas y al regreso de aquellas que sobrevivieron a la temporada anterior. La Premiere Week finaliza hoy (aunque quedan muchas series por empezar/volver), y ha sido intensa, como siempre. Sin embargo, este año he decidido no hacer especial de pilotos. En primer lugar, porque me consume muchísimo tiempo que prefiero dedicar a otras series y películas, y en segundo lugar, porque este año he adoptado otra filosofía: no ver (y por tanto no hablar de) todas las series cuyo destino está en la cuerda floja, y podrían durar 3 semanas. Creo que lo mejor es dar un poco de tiempo a la temporada para que la parrilla vaya tomando forma y sepamos cuáles son las series en las que merecerá la pena invertir nuestro tiempo. Claro que me he atrevido ya con unas cuantas (Gotham, Red Band Society, The Mysteries of Laura…), pero no les dedicaré entradas hasta que lleven al menos cuatro capítulos (al menos a Gotham, porque Red Band Society probablemente caiga antes y esa tortura que es The Mysteries of Laura la va a aguantar su madre, y Daniel Écija).

Lo que sí he hecho esta semana es disfrutar del regreso de todas las series de otoño que sigo, y de esas he venido a hablar hoy aquí. Aunque me consta que existen bestias seriéfilas que lo ven todo, todo y todo, yo no sigo todas las series de network, así que lo que os dejo a continuación es una tanda de mini-reviews de “mis” series. Por eso, os animo a que vosotros completéis este primer “Review Express” de la temporada 2014-2015 con vuestras propias mini-reseñas sobre las series que yo no cubra. Sin más dilación, os dejo con mi opinión sobre los regresos de mis series de otoño (cuidado, spoilers):

 

Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. (2×01)

SHIELD Shadows

Está claro que con “Shadows”, Agents of S.H.I.E.L.D. parece estar (in)augurando una temporada más oscura y compleja. Lo dice Coulson explícitamente durante el episodio: “go dark” (declaración de intenciones donde las haya). A pesar de que la serie vuelve a incurrir en los errores de siempre y sigue sin cuidar esos agujeros de guión que le restan consistencia (la facilidad con la que tropecientos agentes se infiltran en una base de operaciones que oculta artefactos secretos muy peligrosos; el hecho de que el Hombre Absorbente sea encerrado en una jaula de cristal y nadie pensase en que se haría transparente para escapar), Agents of S.H.I.E.L.D. vuelve más segura de sí misma, más dispuesta a arriesgar y, con suerte, a convertirse en adulta sin renunciar a ese aire “infantil” de comic book clásico. Que no hacía falta cargarse a Lucy Lawless tan pronto (¡han matado a Xena! ¡hijos de p—!), vale, pero al menos sabemos que se han dado cuenta de que no hay tiempo que perder. [Esto es un fragmento de la review completa del 2×01 de S.H.I.E.L.D., que podéis leer aquí].

 

Awkward. (4×12)

La comedia teen de MTV dejó su cuarta temporada a medias para descansar este verano, y regresa (supuestamente) con las pilas cargadas, y (aparentemente) buscando una nueva dirección para este Senior Year que se inaugura. El primer episodio de la temporada, “Finals” retoma las cosas donde las dejó aquel ajetreado viaje escolar a la nieve de “Snow Job” (el único realmente bueno de la 4A), es decir, con Eva embarazada y Matty en las fauces de su mantis religiosa. Hasta el final del episodio, las cosas no han cambiado demasiado en Awkward.: los (cada vez más insoportables) monólogos de Jenna y su vaivén entre un rompecorazones y otro, las (cada vez más irritantes) intervenciones de Tamara (lo siento, te has pasado de moda), la (siempre infalible) mala hostia de Sadie, el patetismo de Jake… Por suerte, lo que sí cambia al final de “Finals” es la (simplemente implausible) ceguera de Matty con respecto a Eva. Al fin el jock adorable, que estaba perdiendo todo su encanto y convirtiéndose en un capullo redomado, se da cuenta de que está durmiendo con el enemigo, y echa a la psicópata rubia de su lado (“You’re a fucking horrible person, Amber” *aplausos*), y (que sea cierto, por favor) de la serie. Es todo muy precipitado y no entendemos por qué no ha pasado antes (supongo que porque algún cliffhanger había que poner), pero es lo que le hacía falta a la serie. Con Eva fuera de la ecuación, espero que este último año en el instituto de Awkward. se centre en lo que importa (el futuro de los personajes), y se deje de tramas de telenovela venezolana. Desafortunadamente, Ming sigue desaparecida en combate.

 

The Good Wife (6×01)

The Good Wife The Line

Ya sabéis que me he pasado todo el verano viendo The Good Wife, poniéndome al día para seguir la sexta temporada con vosotros. ¡Lo conseguí! La quinta fue tan intensa, cambiaron tantas cosas, y arriesgaron tanto, que uno se preguntaba cómo empezaría esta nueva temporada para seguir subiendo el ya de por sí altísimo listón. Pues lejos de optar por la calma tras la tempestad, “The Line” inaugura temporada con un gran Bang!: Cary arrestado enfrentándose a una posible condena de 12 años en prisión por tráfico de drogas. La temporada ha arrancado de forma inmejorable, todas las tramas siguen desarrollándose y entrelazándose sin síntomas de agotamiento. Es más, todo lo contrario. Diane incorporándose a Florrick/Agos, la (todavía lejana) posibilidad de que Alicia se presente a Fiscal General del Estado, los demonios David Lee y Louis Canning en pie de guerra. Todas estas tramas parecen augurar una primera recta de temporada cargadita de acontecimientos, como siempre. Me alegra comprobar que, tras cinco temporadas, The Good Wife sigue con su trayectoria ascendente y tiene cuerda de sobra para otro excelente año, pero lo que más me ha gustado de este “The Line” son dos cosas en concreto: primero, que Cary esté por una vez en el ojo del huracán -siempre me ha parecido el personaje más desdibujado y desaprovechado, y ha sido una muy buena idea centrar el episodio en él; y segundo, por fin los negocios de Bishop traen consecuencias para los abogados -hay pocos personajes secundarios de esta serie que me aburran, y Bishop es uno de ellos. Llevamos cinco temporadas viendo cómo Lockhart/Gardner arriesga representando al mayor capo de la droga de Chicago, y ya era hora de que (recordando el mejor capítulo de la serie hasta ahora) la mierda golpease el ventilador. Ya estáis acostumbrados de sobra, pero agarraos, que vienen curvas.

Una última cosa: ¿Cómo lleváis vosotros la era post-Will? Finn Polmar is no Will, pero es un buen personaje, y The Good Wife tiene armas de sobra para superar la pérdida, pero el vacío sigue siendo brutal.

 

Grey’s Anatomy (11×01)

Grey's 11x01

Once años no es nada. Urgencias tuvo 15. El primer gran éxito de Shonda RhimesGrey’s Anatomy, vuelve con su ¡¡undécima temporada!!, y lo hace con un reto bastante complicado: sobrevivir a la marcha de su mejor personaje, Cristina Yang. Y mal vamos cuando el espectador tiene la sensación de que le están intentando meter a la fuerza por la garganta una sustituta. La Dra. Pierce no es Cristina Yang, y sobra, directamente sobra. Y no solo porque haga que el vacío que deja Yang sea más grande, sino porque además supone la repetición del conflicto “Meredith de repente tiene una hermana de la que no sabía nada” que ya vivimos con Lexie. Hablar de síntomas de agotamiento a estas alturas de la serie es innecesario (¿recordáis cuando Grey’s era un fenómeno cultural?), pero Pierce es el indicio definitivo de que Grey’s debe morir. Ahora sí. No piensa así Rhimes, claro, sobre todo después de arrasar en los índices de audiencia este jueves con las tres series de su productora Shondaland. Ella siempre ha creído que Grey’s tiene cuerda para muchos años más, pero sus exhaustos personajes no nos dicen lo mismo. Es cierto que sigue habiendo muchos, que se las arreglan para que la relación MerDer (con la que empezó la serie) siga dando juego, y que Alex también es la “persona” de Meredith (como nos recuerdan en el capítulo “the only ones left”), pero casi todos estamos en esto por inercia, por terquedad, por acabar lo que hemos empezado. Y deberíamos hacer un pacto, Shonda, sus actores y su audiencia, para decidir que se ha acabado. “I Must Have Lost It in the Wind” no es un mal inicio de temporada, es más, es un episodio bastante sólido (menos esos vergonzosos cromas a lo OUAT en el helipuerto del Grey/Sloan), pero pensar en que nos esperan como mínimo 21 episodios más… Bueno, mejor no pensarlo y confiar en que Shonda tenga, como siempre, unos cuantos ases en la manga.

 

The Mindy Project (3×01-02)

The Mindy Project 3x01

La comedia de Mindy Kaling se adelantó una semana a sus competidoras, y por tanto este martes hemos visto el segundo capítulo de la temporada. Y lo hemos visto yo, un amigo, Mindy, y quizás su madre. Porque todo apunta a que este año se le va a acabar el chollo a la actriz, ya que Fox no levanta cabeza, y tanto esta como New Girl se han hundido en las audiencias, incluso más que el año pasado (que ya estaban rondando el “bajo 1.0”). En fin, disfrutemos de The Mindy Project mientras dure. De momento, la tercera temporada ha arrancado con dos buenos episodios. Como ya vimos el año pasado, Kaling por fin le cogió el tranquillo al tono de la serie y su personaje, haciendo que Mindy Lahiri fuera más likeable y apoyándose más en el componente romántico (os lo conté en este artículo, “Cuando Mindy encontró a Danny“). Así, los dos primeros episodios de la temporada se centran en su relación con Danny. Felizmente monógamos, Mindy y Danny ya han atravesado la primera etapa del emparejamiento, la del “ahora sí, ahora no”, y son definitivamente un item. Así que ahora toca la fase de conocerse a fondo en el entorno doméstico, de lidiar con sus respectivas familias, y descubrir los secretos más oscuros de cada uno. Y eso es justamente lo que vemos en “We’re a Couple Now, Haters” y “Annette Castellano Is My Nemesis“. Los dos episodios han estado repletos de buenos momentos, pero si algo nos han demostrado es que Danny Castellano es probablemente uno de los mejores personajes de la televisión actual, y probablemente el paradigma del hombre perfecto. Él es la verdadera estrella de The Mindy Projecty Chris Messina merece todo el reconocimiento del mundo por interpretar con tanta humanidad y cariño a este hombre tan imperfectamente perfecto. Y bueno, para terminar, dos palabras: Diamond Dan.

 

Modern Family (6×01)

Modern Family The Long Honeymoon

Después de llevarse por quinta vez el Emmy a Mejor Comedia, Modern Family vuelve con un reto (que yo le pongo): demostrar, aunque sea de forma retroactiva, que merece el desproporcionado reconocimiento de la Academia. Por eso, esta sexta temporada se tiene que poner las pilas, porque la anterior fue bastante irregular, y mostró muchos síntomas de agotamiento (todos sabemos que la quinta temporada es cuando una serie formulaica como esta empieza a cansar de verdad). Bueno, con “The Long Honeymoon” empezamos bastante bien, la verdad. El nivel de los gags es notable (todo lo que tiene que ver con la extraña e incómoda trama de los Happy Dunphys), el humor físico genial (el recortable de Cam y Mitch, las imágenes de la webcam de Haley), el ritmo impecable, la puesta en escena y “coreografía” brillante, y los personajes conservan su chispa intacta (cada día más enamorado de Sarah Hyland). Y además, Modern Family regresa con un sutil pero importante cambio: ¡la cámara casi no se mueve! Quizás solo sea cosa del estreno, pero parece que han abandonado ligeramente el formato mockumentary (tampoco hay apenas zooms, y los que hay son muy leves). No me preguntéis por qué, pero es algo que siempre he visto innecesario. Una fachada de modernez para lo que todos sabemos que es una sitcom clásica y tradicional. Así que por mí que siga así toda la temporada. Por último, y en relación a lo que acabo de decir, hay una trama en “The Long Honeymoon” que huele, como de costumbre, a ultra-conservadurismo: Gloria reconociendo que se viste explosiva para Jay, y dando a entender que esto es poco más que un “deber”, y Jay recriminándole que en realidad lo hace para ella. Es cierto que Gloria le pide lo mismo a Jay, que se vista elegante para satisfacerla, lo cual imprime una (cuestionable) sensación de igualdad. Pero al final, no es más que una manera de defender la idea de que una mujer como Gloria debe vestir así para su marido, no para ella, y desde luego no para otras personas. No sé cómo lo veréis vosotros, pero a mí estas cosas siempre me hacen que vea Modern Family con otros ojos, aunque sea momentáneamente.

También han vuelto Scandal, New Girl, Nashville, Revenge, The Big Bang Theory, Sleepy Hollow… Contadnos qué os han parecido los inicios de temporada de vuestras series.

Mi verano de maratones seriéfilos

La vuelta al cole siempre conlleva una primera tarea en clase: la redacción sobre qué hemos hecho durante el verano. Cuando estaba en el colegio, nunca tenía nada interesante que contar y me veía obligado a tirar de mi imaginación (amigos inexistentes, anécdotas exageradas…). La cosa no ha cambiado demasiado desde entonces. Mi verano no ha sido especialmente memorable. Un viaje corto a Londres y mucho trabajo, más que ningún otro verano (al menos se me ha pasado rápido por esa razón). Pero entre una cosa y otra, siempre he encontrado hueco para colar episodios de alguna serie. Un episodio por la mañana antes de ponerme a escribir, uno en la comida, dos por la noche (series como medicina), y en días “libres” o fines de semana, 10 episodios seguidos o más. Feliz sobredosis. Porque para eso está el verano. Binge-watching FTW! A continuación os hablo brevemente de las series que he maratoneado durante las vacaciones estivales. Espero que vosotros/as hagáis lo mismo y me contéis qué habéis visto entre baños playeros y siestas delante del ventilador.

Curb Your Entusiasm

CURB YOUR ENTHUSIASM

La comedia de Larry David ha sido mi gran maratón de comedia de este verano. Ocho temporadas en dos meses. Oigo la peculiar voz del cómico de Nueva York en todas partes. Cierro los ojos y veo su cráneo calvo y puntiagudo. Y estoy empezando a obsesionarme (más de lo habitual en mí) con cómo me tratan y cómo trato a la gente durante mis interacciones sociales y en lugares públicos. Y es que de eso se trata precisamente. Curb Your Enthusiasm es la historia de un hombre que es “víctima de sus circunstancias“, una persona tremendamente peculiar, a menudo intransigente, con sus propias normas y presunciones sobre la sociedad (algunas lógicas, otras caprichosas, otras sencillamente demenciales), que choca constantemente con el resto del mundo y sus absurdas reglas de comportamiento. Larry David ha dicho en más de una ocasión que el protagonista de Curb es la versión de sí mismo que le gustaría ser. De ahí que en la serie vierta toda su bilis y se desahogue a base de bien con las personas a las que no decimos “que te jodan” a la cara, por educación y por evitar conflictos, y que deje claro cuantísimo le obsesiona el racismo (sin corrección política que valga). Es un concepto muy interesante, reforzado por la genial improvisación en los diálogos (no hay guión propiamente dicho, solo directrices), pero pierde fuerza con el tiempo. Ver 80 episodios de esta serie tan seguidos no es del todo recomendable, sobre todo para aquellos poco acostumbrados a los maratones seriéfilos. Y no es por lo que dijo Mitch Hurwitz (creador de Arrested Development), sobre que una comedia va perdiendo gracia progresivamente a medida que vemos más capítulos seguidos. Sino porque de esta manera saltan más a la vista sus defectos. Lo peor de Curb es lo tremendamente repetitiva que es, desde el segundo episodio hasta el final. Larry David procede de una sitcom clásica como es Seinfeld, y aunque Curb sea una comedia single-cam de media hora, sin censura, e incluya un gran arco argumental por temporada, es inevitable detectar en ella la repetición de fórmulas, las catch phrases, y en definitiva, todo lo que caracteriza a la comedia de situación de network. Ojo, no digo que esto sea malo, solo que yo no he terminado de conectar con ella.

The Good Wife

THE GOOD WIFE

Y este ha sido mi gran maratón de drama. Ya había visto la primera temporada de The Good Wife hace un tiempo (en esta entrada os conté mis primeras impresiones), pero por una cosa o por otra, y aunque me encantó, fui posponiendo la segunda, hasta que este verano, tras leer vuestros enfervorizados comentarios y tweets sobre la quinta temporada (y después de tragarme los spoilers más importantes), he decidido darle el empujón que le debía. Y vaya viaje ha sido. No voy a detenerme a explicar lo que he visto, porque lo sabéis perfectamente, sino cómo me ha afectado. Después de este maratón, The Good Wife se ha catapultado directamente al segundo puesto de mis mejores dramas televisivos actualmente en emisión (ya sabéis cuál sigue siendo el primero). Creo que hoy en día no hay una serie más apasionante que esta. Me parece increíble, irreal, cómo un drama de network, una serie de abogados (perdonad que la defina de manera tan simplista) con altas dosis de investigación, e incluso de procedimental, es capaz de mantener ese (altísimo) nivel de calidad durante 22 episodios. Por esta razón, en la era de los dramas de cable, las series-evento y las temporadas cada vez más cortas, el valor de The Good Wife es aún mayor. Después de una quinta temporada monumental (pero ya desde antes), la serie de CBS es actualmente, junto a Mad Men, el drama más seguro de sí mismo, más inteligente (es más, superdotado), más en control de su propio universo, más detallista, perfeccionista y mejor escrito de la televisión. Viva Santa Alicia.

How to Make It in America

HOW TO MAKE IT IN AMERICA

En la era de HBO inmediatamente anterior a GIRLS y Looking, la cadena intentó acercarse al público más joven y moderno con una dramedia de media hora producida por Mark Wahlberg y un montón más de gente, que se titulaba How to Make It in America (Buscarse la vida en América era el título en España). La serie, una especie de Entourage de la Costa Este, fue cancelada después de dos temporadas. Y con razón. HTMIIA era una propuesta endeble, desdibujada y gravemente falta de chispa y carisma. Esta serie es todo un ensayo y error, un paso en falso de HBO antes de encontrar con la comedia de Lena Dunham el tono adecuado para dar voz a los problemas del joven neoyorquino y el veinte-treintañero moderno y urbanita en general. En HTMIIA se nos habla, evidentemente, del gran sueño americano, y se hace a través de dos chavales que intentan triunfar en el mundo de la moda (concretamente el diseño de pantalones vaqueros), y los satélites que giran a su alrededor (un puñado de personajes sin interés alguno), con la cultura skater de fondo (un poco por la cara). La cosa no era desagradable,  para nada, solo prescindible. Todo resulta desapasionado, aburrido, y su aproximación al mundo hipster, desprovista de la sátira que hoy en día vemos en otras series, hace que la serie haya perdido vigencia terriblemente en tan solo cuatro años. Bryan Greenberg y Lake Bell salvan un poco la función. Pero ni su encanto natural ni sus esculturales anatomías salvan la función.

Dream On

DREAM ON

Curb Your Enthusiasm no es la única comedia clásica de HBO que he devorado este verano. De hecho, me he remontado mucho más atrás, a comienzos de los 90, con la comedia de John Landis y los creadores de Friends, Marta Kauffman y Kevin BrightDream On (en España conocida como Sigue soñando). Yo solía ver esta serie en televisión (la emitía Canal + en abierto en sus primeros años de existencia), y lo hacía un poco a escondidas, porque ya sabéis: TETAS. HBO se encontraba aún definiendo su imagen de marca, y lo que más claro tenía era que sus ficciones debían ser atrevidas, picantes, y que debían ofrecer lo que no podían otras cadenas: desnudos, sexo y palabras malsonantes. Aún así, las primeras temporadas de la serie son más bien inocentes. Sí, hay despelote (principalmente femenino, pero también del protagonista, el estupendo Brian Benben), pero era esto (y la factura de comedia single-cam) lo único que la diferenciaban de las sitcoms de cadenas generalistas. Los conflictos y las tramas eran muy simplistas, la continuidad un desastre, y la coherencia brillaba por su ausencia (véase el horroroso capítulo doble con David Bowie), lo que, visto con ojos actuales, puede resultar demasiado primitivo y chocante. Pero Dream On fue encontrando su voz poco a poco, incluso se permitió reírse de las exigencias de la cadena (¡¡más rubias en tetas, más sexo, más saxo, más fucks!!). Lo mejor (además del gran trabajo de Benben aunando carisma y patetismo) sigue siendo el uso de clips de películas clásicas para expresar los pensamientos del protagonista y añadir “notas al pie” en las escenas (gran labor de documentación y un recurso humorístico muy bien aprovechado). Sin embargo, la serie ha perdido mucho con el tiempo, y aunque es una de las pioneras de la neotelevisión (de hecho, Sexo en Nueva York es como una costilla de esta serie, aunque mucha gente no lo sepa), ha caducado casi por completo.

The Walking Dead

THE WALKING DEAD

Esta es una de esas series que, aunque me arriesgue a muchas críticas por decirlo, veo por obligación. Porque es la serie de mayor audiencia en su país de origen, porque es una de las imprescindibles de los seriéfilos, y porque debo estar al día con la actualidad televisiva. La primera temporada de The Walking Dead se me hizo eterna, y eso que es cortísima. Este verano he maratoneado la segunda y la tercera (a ver si consigo ponerme al día), y la cosa ha mejorado ligeramente. La segunda temporada tiene capítulos que son una auténtica tortura, pero otros bastante notables. Además, si algo hace muy bien esta serie es aprovechar el formato serial para contar la historia, y crear los cliffhangers más impactantes y los finales más memorables (nada superará a la escena de la pequeña Sophia saliendo del granero, eso sí). Por eso, lo quiera o no, se puede decir que estoy ligeramente enganchado, así que, a pesar de no soportar a los personajes (me consta que hasta los fans más acérrimos de la serie reconocen que donde más falla es en este aspecto) y del ocasional episodio repleto de diálogos vacíos y soporíferos, he aprendido a disfrutar la serie por lo que es (un poco lo mismo que me ha pasado con The Leftovers). Sobre todo gracias a una tercera temporada bastante más trepidante que las anteriores, empiezo a ver The Walking Dead en parte por obligación y en parte por placer. Es un progreso. Cuando termine mi maratón (que dentro de dos días se convierte oficialmente en otoñal), os cuento si mi percepción sobre la serie ha cambiado.

The Good Wife: impresiones de un neófito

Normalmente espero a terminar una serie por completo o a ponerme al día con su emisión original para escribir sobre ella en el blog. Me gusta tener una visión lo más global posible antes de aventurarme a analizar, realizar teorías sobre los personajes o intentar adivinar hacia dónde van las tramas. He decidido aprovechar estas vacaciones de Navidad para empezar algunas series que llevo ya varios años admirando sin haberlas visto. Me explico. Cosas como Raising Hope, que va ya por su tercera temporada, y de la que había visto (con mucho gusto) un par de episodios sueltos. O Los Tudor, una de esas series que siempre quise ver y fui dejando aparcadas por culpa del abrumador superávit de series al año. Sabía que ambas me gustarían, pero prefería ‘quitarme de en medio’ otras antes de iniciar nuevas aventuras seriéfilas. The Good Wife es sin duda una de las series que más he seguido sin haber visto un solo episodio. Siempre al tanto de sus audiencias, de su recepción crítica y del fervor de su público, tenía pensado comenzar a verla hace dos años. Por una cosa o por otra, no ha sido hasta hace una semana cuando he visto por fin el piloto. Y en apenas 5 días he devorado los 23 episodios de la primera temporada. Buena señal, teniendo en cuenta que ni las series de abogados ni los procedimentales son mi plato televisivo favorito. Y por eso he decidido no esperar hasta haber llegado a su actual cuarta temporada para contaros mis impresiones sobre la serie de CBS. Inauguro de esta manera una sección que he bautizado ‘A mi ritmo’, y en la que os hablaré de las series desde el punto de vista del iniciado, para que vosotros, desde el futuro, me podáis decir cosas como “pues ya verás cuando vayas por la tercera” o “si no te gusta ahora más te vale dejarla ya”.

A primera vista, The Good Wife no es más que un drama legal al uso. A pesar de los excelentemente caracterizados personajes y sus interesantes relaciones -interpersonales y con el mundo-, se autodefine desde el piloto como serie de abogados y de casos por semana. Sin embargo, viendo making ofs y documentales sobre estos primeros episodios, tanto equipo como reparto insisten en que si la serie se titula The Good Wife, y no The Good Lawyer, es porque no se trata de la historia de una abogada, sino del viaje personal de una mujer. Esto es cierto a medias. Episodio a episodio, caso a caso, puedo reconocer esa odisea personal de la apasionante Alicia Florrick, pero The Good Wife es, eminentemente, una serie sobre un bufet de abogados, al menos en su primera temporada (ya sabéis, si me vais a hablar de las siguientes, no spoilers!). Por supuesto, se ve claramente esa intención de adentrarse mucho más en las psiques de los personajes y en las relaciones entre abogados. Ya sea a través de la trama central que involucra el escándalo con el marido de Alicia, o su cada vez mayor implicación con sus jefes y compañeros de trabajo, The Good Wife va dedicando progresivamente más tiempo a las historias de los personajes. Y así es como este tipo de series pasan de “serie para madres” (con mi respeto a todas las madres) a serie adscrita por derecho propio a la quality television. De hecho, esto no es más que el resultado de la evolución natural de cualquier serie de corte profesional. No obstante, es difícil que un producto como este, en los tiempos que corren para la ficción catódica en abierto, sea equiparado en cuanto a aceptación crítica y favor del público más exigente, con las ofertas privadas. Y The Good Wife lo consigue de sobra.

The Good Wife es una serie de miradas -un género en sí mismo. Esto es para mí lo más destacable de su primera temporada. Una tanda de episodios que no solo constituye una gran mayoría de casos absorbentes e historias episódicas magníficamente ejecutadas -como en la época dorada de House-, sino que va poniendo con tiento, delicadeza y muy buen gusto los cimientos de esas relaciones entre personajes. The Good Wife puede alardear de contar con algunas de las miradas más elocuentes de la televisión. Es difícil encontrar una serie de estas características que no se empeñe en articular todo en palabras. La verborrea se deja para el juzgado, y para explorar a los personajes más en profundidad se opta por la sutilidad de un silencio increíblemente ubicuo, una boca que se entreabre pero se retracta a tiempo y nos deja a nosotros la tarea de adivinar qué se está pensando, o la mirada furtiva que nos da a conocer en una milésima de segundo todo el discurso completo que se pasa por la mente del personaje. Si tuviera que elegir mis citas favoritas de la serie, me sería imposible reproducirlas. Todas serían miradas.

Julianna Margulies tiene en gran parte la culpa de que The Good Wife sea considerada algo más que una serie de abogados. Su Alicia Florrick es por supuesto el alma de la serie, un personaje extremadamente rico y complejo, a ratos impredecible, un cruce entre cordero y león, profesional y novata a la misma vez. Margulies realiza un impecable trabajo construyendo a un personaje tan cautivador y enigmático, y lo hace principalmente a través de la mirada del otro. Durante la primera temporada, Alicia observa y aprende, pero sobre todo aguanta, es víctima del juicio popular y las habladurías, pasa a segundo plano cuando su marido entra en escena, ya sea físicamente o en una conversación con un extraño que cree conocerla perfectamente. Y apenas reacciona. De esta manera, el espectador no puede evitar ponerse en su piel y es casi en primera persona como llegamos a conocerla en profundidad. Ella es The Good Wife, The Good Lawyer y The Good Woman. Pero claro, como no puede ser de otra manera en una serie de estas características, el elenco que acompaña a la protagonista está repleto de personalidades particulares y llamativas, conformando un universo en el que si no te diferencias de los demás, no eres nadie. En definitiva, un paisaje puramente televisivo. De entre todos ellos, estoy deseando conocer mejor a los socios del bufet, Diane (excelente Christine Baranski) y Will (Josh Charles), que además aporta el tan socorrido componente romántico y la tensión sexual. Y no, no soy fan de Kalinda. Pero no me cierro a ello. Nunca tuve debilidad por los personajes tipo badass hermético e indescifrable. Me resultan precisamente los más precedibles y aburridos. Yo soy más duro de pelar que ella, y por ahora no ha atravesado mi coraza.

Desde el mismo piloto se nos introduce en una dinámica a la que hay que estar dispuesto a entrar si se quiere ser recompensado. No debería ser así. No deberíamos tener que pagar horas de procedimentalismo (en caso de no ser fan del género, como me ocurre a mí), por unos cuantos minutos de lo esencial a cambio. Pero es televisión en abierto. Y al menos, con la primera temporada de The Good Wife he tenido la suerte de que ‘el caso de la semana’ ha sido por lo general bastante jugoso, y el desarrollo de cada investigación muy adictivo. Tengo mis reservas, pero por ahora yo me quedo. Todo sea por una mirada de Alicia.

El arte de poner títulos

Dime el título del episodio y te diré qué tipo de serie ves. Hay muchas maneras de hallar creatividad en una ficción televisiva. Una de ellas es sin duda la fórmula que las series usan para dar título a sus episodios. Como comprobaremos, hay casi tantas maneras de titular un capítulo como series. La repetición es una de las técnicas más recurrentes, pero las variaciones son infinitas. En algunos casos, establecer una regla para poner títulos puede resultar un auténtico desafío a largo plazo, sobre todo si la serie en cuestión se mantiene muchas temporadas en antena: las ideas se acaban no solo para escribir los argumentos, sino también para poner los títulos. En otros casos, los títulos serán tan descriptivos que no indicarán ningún grado de creatividad, por lo que no podemos asumir que estos son reflejo de lo que nos vamos a encontrar en la serie. En resumen, el esfuerzo a la hora de dar título a los episodios no tiene por qué ser reflejo de la originalidad de una serie, sino que más bien es un curioso aspecto de la maquina publicitaria de la televisión, y en muchos casos, un buen pasatiempo para los guionistas y productores de las series. Incluso para nosotros. No lo voy a negar, a mí me encanta poner títulos a todo. Además, analizar el título de un episodio antes de verlo puede dar mucho juego entre los espectadores. Repasemos algunas de las fórmulas más conocidas y destacables:

Episodios sin título

No sabemos si es por pereza o con la intención de potenciar la cualidad altamente serial de algunas ficciones, pero muchas series no tienen título oficial para sus episodios, por lo que para identificarlos hay que recurrir a su número de producción o emisión. Esto hace que sea más difícil ubicar los episodios. Sin embargo, cuando uno destaca por encima de los demás no importa que no haya título, lo recordaremos sin problemas por su número. Es lo que ocurre con Queer as Folk. Probablemente nadie podrá decirme, sin mirar una guía, de qué va el episodio 3×05, pero todos sabrán de qué estoy hablando si digo “1×22”, y sobre todo, “5×10”. Más recientemente, Episodes, la serie de Matt LeBlanc ha decidido numerar, pero no titular sus capítulos.

Una palabra (como mucho dos)

Smallville es una de las series que vienen a la mente cuando pensamos en títulos de una sola palabra. La ficción sobre el joven Superman nos ayuda a identificar los episodios o bien con palabras sencillas (“Cool”, “Hug”, “Crush”, “Unsafe”, “Bound”), con palabras un poco más rebuscadas, que suenan ciertamente exóticas para los anglosajones (sufijos, prefijos y palabras de origen griego y latino como “Veritas”, “Hydro”, “Metallo”) o nombres propios (“Ryan”, “Zod”, “Lara”). Solo el episodio especial “Absolute Justice” tiene dos palabras en su título. House no sigue una fórmula férrea, pero la mayoría de sus títulos suelen estar formados por una palabra, o muy al estilo Tarantino, con dos (“Sex Kills”, “Skin Deep”, “Lucky Thirteen”, “Simple Explanation”, “House Divided”). En la primera temporada de The Good Wife también se usaba una sola palabra para los títulos de sus episodios (“Stripped”, “Unorthodox”). Nada raro hasta ahí. Si embargo, los capítulos de la segunda están formados por dos palabras (“Double Jeopardy”, “Silly Season”). Y los de la tercera, actualmente en emisión, por tres (“The Death Zone”, “Feeding the Rat”). Miedo nos da que la serie llegue a durar tanto como Urgencias.

Títulos crípticos

La reina de los títulos bizarros y en ocasiones indescifrables es el clásico Expediente X ( “Kitsunegari”, “Herrenvolk”, “Gethsemane”). Además, la serie de Chris Carter es quizás la que más rechaza por sistema la traducción de sus títulos, sobre todo porque el porcentaje de idiomas distintos al inglés utilizado es muy alto: “Sein und Zeit”, “Agua Mala”, “Je Souhaite”, “El Mundo Gira”, “Folie à Deux”. Sin embargo, aunque no lo parezca a primera vista, todos los títulos de Expediente X hacen referencia directa a la historia que cuenta el episodio en cuestión.

Por otro lado, Perdidos, a pesar de no jugar al título más raro como Expediente X, es conocida por esconder mensajes y autorreferencias, para lo que recurre en muchas ocasiones a frases o palabras repetidas a lo largo de la serie, haciendo así hincapié en la importancia capital de la continuidad: “Live Together, Die Alone”, “Man of Science, Man of Faith”, “Whatever Happened, Happened”, “What Kate Does”. Perdidos también es experta en inventarse títulos que no adquieren significado hasta que ha terminado el episodio (“Lockdown”, “The Man from Tallahassee”).

Conjunciones, artículos, preposiciones y demás

Una de las fórmulas más recurrentes es la de enlazar el título de la serie con el del episodio, de manera que cada capítulo incluya directa o indirectamente el título de la serie. En otras ocasiones, el título del episodio comenzará con una preposición, un artículo, una conjunción, o bien combinaciones gramaticales variadas. Veamos los ejemplos más conocidos.

Friends es indudablemente una de las series que más hondo han calado en nuestra cultura, y no solo por sus personajes y argumentos, sino también por la forma de titular sus episodios, siempre empezando con la expresión ‘The One’. Los capítulos de Friends son fácilmente reconocibles con tan solo echar un vistazo a sus altamente descriptivos títulos (“The One With the Sonogram”, “The One Where No One’s Ready”, “The One Where Everybody Finds Out”).

Todos los episodios de Scrubs comienzan con el posesivo ‘my’ (“My Bad”, “My Karma”, “My Super Ego”), permitiendo diferenciar los episodios especiales en los que la focalización varía, con el uso de otros pronombres (“His Story”, “Their Story”). Las misiones de Chuck se catalogan con el nombre del protagonista junto a la preposición’versus’ (“Chuck Versus the Intersect”, “Chuck Versus the Marlin”, “Chuck Versus the Suburbs”). Muchas otras series recurren sencillamente al artículo ‘the’ para todos sus episodios, por ejemplo The O.C. (“The Model Home”, “The Girlfriend”, “The End’s Not near, It’s Here”). Más recientemente, 2 Broke Girls usa la conjunción ‘and’ para complementar cada semana el título de la serie, sin el que los títulos aislados no tendrían sentido (“And the Rich People Problems”, “And the 90s Horse Party”). Por supuesto, ya lo habíamos visto antes. Por ejemplo en la comedia de Lea Thompson Los líos de Caroline, en la que, como ocurre con Chuck, sí se incluía en nombre de la protagonista en todos los capítulos (“Caroline and the Condom”, “Caroline and El Niño”).

Títulos musicales

La ABC tiene dos series en antena que comenzaron el mismo año (2004), y cuyos episodios se titulan como canciones o versos de canciones. En el caso de Mujeres desesperadas, todos los capítulos hacen referencia a algún musical. Más concretamente, casi todos provienen de alguna pieza compuesta por Stephen Sondheim (“Ah, But Underneath”, “The Ladies Who Lunch”, “Running to Stand Still”). Por otra parte, Anatomía de Grey utiliza canciones de género pop/rock, la mayoría muy conocidas (“Kung Fu Fighting”, “Sympathy for the Devil”, “I Will Survive”).

Nombres propios

Los episodios centrados en un solo personaje de un amplio cast de protagonistas son muy habituales desde que Perdidos lo convirtió en tendencia en la ficción televisiva de principios de siglo. Cada capítulo de la británica Skins se titula como el personaje en el que se centra (“Tony”, “Jal”, “Alo”, “Franky”), utilizando “Everyone” para las season finales en las que todas las historias convergen. Por otro lado, In Treatment nos permite asistir a las sesiones semanales de psicoterapia de un número de pacientes. Estos dan nombre a cada episodio, que además nos indica en qué semana de la terapia nos encontramos (“Sophie – Week Eight”, “Walter – Week Three”, “Frances – Week Six”).

Títulos POP

Hay series que ponen tanto esfuerzo en sus argumentos como en las obligadas referencias a la cultura popular que caracterizan a algunos géneros. La cadena CW parece haberse especializado en este tipo de ficción, apuntando con sus series adolescentes al target que más agradece los juegos de palabras en los que descubrir títulos de películas o frases hechas y expresiones de rabiosa actualidad (en muchas ocasiones vinculadas a fenómenos efímeros de origen en Internet). Los títulos de Gossip Girl juguetean con clásicos del cine cada semana: “Seventeen Candles”, “Desperately Seeking Serena”, “Southern Gentlemen Prefer Blondes”, “Petty in Pink”). Sin embargo, las que son posiblemente las mejores series estrenadas en esa cadena (cuando era UPN), Las chicas GilmoreVeronica Mars, abrieron la veda: “The Deer Hunters”, “Foregiveness and Stuff” o “Emily In Wonderland” son algunos títulos de la primera. “Ruskie Business”, “Mars vs. Mars”, “Leave It to Beaver”, “Cheatty Cheatty Bang Bang” lo son de la segunda. Aunque la tendencia actual sea hacer referencia a clásicos (o no tan clásicos) del cine y la música, los juegos de palabras (pop o no) en los títulos de las series siempre fueron muy habituales. Sexo en Nueva York, por ejemplo, tomaba refranes, frases populares o expresiones hechas y les daba el toque picante que definía a la serie (“No Ifs, Ands, or Butts”, “What’s Sex Got to Do With It?”, “Great Sexpectations”).

Los diálogos aportan el título

Una de mis técnicas favoritas es la que consiste en extraer una frase de algún diálogo para formar el título del episodio. Me proporciona una curiosa satisfacción llegar a ese momento en el que descubres quién es el personaje que pronuncia esa frase, en qué contexto ocurre y a quién se dirige. Damages utiliza esta fórmula, y gracias a la constante tensión que desprenden los diálogos de la serie, sus títulos son especialmente potentes (“And My Paralyzing Fear of Death”, “Do You Regret What We Did?”, “They Had to Tweeze That Out of My Kidney”). Uno de los nuevos estrenos de la temporada, Ringer, también sigue este patrón (“If You Ever Want a French Lesson”, “It’s Gonna Kill Me, But I’ll Do It”, “A Whole New Kind of Bitch”). No solo es divertido escuchar la frase durante el episodio, sino que aumenta considerablemente la expectación antes de verlo.

Otras tendencias

Como decíamos al comienzo de la entrada, el número de posibilidades a la hora de dar título a los episodios es infinito. La originalidad de la propuesta es en muchas ocasiones directamente proporcional a la singularidad de los títulos. Por ejemplo, la revolucionaria 24, narrada a tiempo real en temporadas de 24 episodios que cubren un día completo, organiza sus temporadas haciendo corresponder cada hora completa con un episodio. Sin embargo, no todas las temporadas comienzan a la misma hora, por lo que todo puede resultar muy confuso (por ejemplo, el episodio titulado “Day 2: 10:00 P.M. – 11:00 P.M.” sería el 2×15, pero “Day 4: 10:00 P.M. – 11:00 P.M.” sería el 4×16). La protagonista de Wonderfalls trabaja en una tienda de souvenirs de las cataratas del Niágara. Su vida cambia cuando los objetos inanimados se empiezan a comunicar con ella. Cada episodio se centra en uno de esos objetos, dándole además título (“Pink Flamingos”, “Lying Pig”, “Totem Mole”). En The Big Bang Theory, todos los capítulos tienen por nombre una teoría, un experimento o un principio científico con el que se relaciona la trama (“The Dumpling Paradox”, “The Friendship Algorithm”, “The Bozeman Reaction”). Por último, los 70 episodios de la serie de Showtime The L Word comienzan con la letra ‘L’ (“L’Ennui”, “Limb from Limb”, “Lobsters”), sin excepción.