iZombie: Con la vida en los talones

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El mundo es un lugar mejor desde que Buffy Summers y Veronica Mars aparecieron. Las dos (junto a Xena, claro) allanaron el camino para todas las protagonistas femeninas y heroínas televisivas que llegaron después. Sin embargo, últimamente echábamos de menos más personajes como ellas en las series. Y parece que no éramos los únicos. Las cadenas que fueran el hogar de Buffy y Veronica (WB y UPN) se fusionaron para dar lugar a la CW, hermana pequeña de las networks que últimamente parece más bien The DC Channel, y ante la invasión de superhéroes provenientes de las páginas del cómic, se dieron cuenta de que en la plantilla faltaba una rubia peleona de las suyas.

De ahí que CW adquiriese los derechos de iZombie, cómic de Vértigo (filial de DC, claro) creado por Chris Robertson y Michael Allred, con la idea de realizar una serie que llenase ese vacío. iZombie nace para recuperar, o preservar, según se mire, el espíritu de Buffy y Veronica, y quién mejor para ponerse al frente del proyecto que uno de los padres de las dos criaturas, Rob Thomas, creador de Veronica Mars. Junto a Diane Ruggiero-Wright (co-productora de VM), Thomas ha convertido las iconoclastas viñetas diseñadas por el imprescindible Mike Allred (que también ha dibujado la secuencia de créditos de la serie) en un drama procedimental fantástico que adopta el estilo de la cadena, llevando a cabo sustanciales cambios con respecto al cómic.

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iZombie (la serie) está protagonizada por Olivia Moore, más conocida como Liv Moore (“Live More”, ¿lo pilláis?), una estudiante de medicina de Seattle cuya vida da un giro de 180º al convertirse en zombie después de sufrir un ataque durante una desastrosa fiesta a bordo de un barco. Liv corta con su novio, Major (Robert Buckley), y deja el hospital donde está haciendo la residencia para irse a trabajar al depósito de cadáveres (en el cómic Liv se llama Gwen Dylan y trabaja como sepulturera). Allí tendrá acceso al único alimento con el que podrá conservar su aspecto humano y evitar convertirse en un monstruo: cerebros humanos. Y aquí viene el giro (es un decir), al comerse el cerebro de una víctima, Liv recibe sus recuerdos (en forma de visiones al estilo Cordelia Chase) y adopta su personalidad y habilidades, “superpoderes” que utilizará para ayudar al departamento de Homicidios de la policía a resolver casos complicados.

Lo que han hecho Thomas y la CW con esta serie es aprovechar la época dorada de los zombies en televisión para realizar un producto que, aunque técnicamente puede adscribirse al género Z, es en realidad otro tipo de “animal” televisivo. iZombie hace mucho más que recuperar el espíritu de Veronica Mars. En cierto modo, iZombie es Veronica Mars otra vez. Thomas no se ha quebrado mucho la cabeza desarrollando el concepto de su primera temporada, y se ha limitado a repetir el mismo esquema de VM, revistiéndolo de algo nuevo con el tema zombie. Tenemos a la protagonista ingeniosa y perspicaz (Rose McIver, a la que le cuesta un poco coger el tono a su personaje al principio pero acaba dominándolo), una fiesta a la que regresamos continuamente para descubrir nuevos datos sobre un misterio central, y una estructura de caso de la semana que ocasionalmente dará paso a un arco central al que se dedicará el final de la temporada (esto último ya no es cosa solo de VM, sino de cualquier procedimental que se precie). Es todo muy 2005, tramas, humor, referencias a la cultura popular, incluso banda sonora. Está claro que Thomas sigue viviendo en ese año.

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Pero eso no es todo, iZombie es una serie de zombies que en realidad es una serie de vampiros. Ya hemos visto a los muertos vivientes recibir el tratamiento vampiresco “pop” antes (Warm Bodies, In the Flesh), pero en iZombie tenemos a un tipo de zombie incluso menos arraigado en la tradición del género, más cercano a lo que Buffy y Angel hicieron con el mito de los chupasangres. Liv lucha por controlar a la criatura monstruosa que lleva dentro y debe renunciar al amor y el sexo con los vivos (el pobre Major, que las pasa canutas toda la temporada por su culpa), conflicto interno que define al primer (y verdadero) amor de Buffy. Los zombies civilizados que vemos en la serie acuden a carnicerías para abastecerse de cerebros de animales y evitar así la tentación de matar humanos. Incluso estéticamente se parecen más a los vampiros. La tez pálida sustituye a la carne podrida (esta se reserva a los zombies deshumanizados), dando lugar a las típicas situaciones y chistes que encontramos en las ficciones vampíricas. Pero ahí no se detienen las comparaciones, en iZombie también hay villano de rubio oxigenado, Blaine, aunque ya quisiera David Anders tener un cuarto del carisma de Spike.

Sin embargo, lo peor de iZombie son los casos, demasiado convencionales, aburridos y sobre todo predecibles. Narrativamente, la serie es muy mecánica y repetitiva, y todos los capítulos están escritos con la misma plantilla (usada en mil y una series antes que ella). Los guiones son excesivamente cándidos y nos vemos venir los giros a kilómetros de distancia. Por ejemplo, en casi todos los episodios es muy fácil identificar al asesino, porque siempre será un personaje aparentemente insignificante que aparece al principio de la forma más sospechosamente casual y desaparece hasta el final, cuando se requiere de nuevo su presencia para dar la “sorpresa”. Después, ese asesino o asesina confesará su crimen (sin abogado) explicando sus actos y motivaciones con todo lujo de detalles (como en Detective Conan). Es el modelo BonesCastle, investigación criminal de usar y tirar con aire de comedia ligera, pero con el toque juvenil de CW y un trasfondo sobrenatural.

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Y ahí está la clave para llegar a disfrutar iZombie. No es una serie a la que se le pueda pedir demasiado. Al menos no por ahora. Recordemos que Veronica Mars también necesitó su tiempo para pasar de esa etapa de casos de la semana y convertirse en algo más. Si asumimos su naturaleza de serie de planchariZombie es perfecta para cubrir ese hueco de ficciones de fácil digestión que muchos necesitamos (por ejemplo, yo la veo durante la comida). Pero es que además, potencial para trascender esa etiqueta no le falta (otra cosa es que lo haga), como hemos visto en la season finale, “Blaine’s World“, (relativamente) sorprendente episodio con un par de escenas impactantes (pero de verdad, como la que protagoniza Major en la carnicería) y cambios interesantes que plantean una segunda temporada con más mitología.

Por suerte, iZombie ha ido progresando adecuadamente a lo largo de sus 13 primeros capítulos y ha remontado en su recta final. McIver (a la que ya vimos en Play It Again, Dick) está cada vez mejor, y la serie cuenta con personajes secundarios muy acertados, como el británico Ravi (Rahul Kohli), sin duda el más divertido del reparto, o el ya mencionado Major, que ha pasado de ser pura carnaza (si Robert Buckley está ahí para algo es para descamisarse todas las semanas) a convertirse en un personaje mucho más definido y con una de las tramas más destacadas de la serie. La química entre todos ellos es estupenda y los demás personajes tienen buena base (espero que aprovechen mejor al hermano y la compañera de piso de Liv el año que viene), pero la serie no termina de cuajar. Después de los acontecimientos de la finale, la segunda temporada promete subir la apuesta y aumentar el drama, y aunque quizás yo esté ya muy mayor para una serie como esta, me quedaré para ver cómo evoluciona. Solo espero que cuando no estén con el arco principal se esfuercen un poco más con los casos de la semana para que no me arrepienta. Thomas, espero que aceptes el reto. Te lo pide un marshmallow.

Adiós a Nikita

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Es muy probable que no os hayáis enterado. Es más probable todavía que os importe bien poco. Pero el pasado viernes se emitió el final de Nikita, el remake para CW de la mítica serie de los 90. Nikita 2013 nunca llegó a ser un éxito de audiencia, ni siquiera para los irrisorios estándares de la cadena en la que ha sobrevivido milagrosamente durante cuatro temporadas. Sin embargo, sus cifras la mantuvieron en antena durante los dos primeros años, y el resto es cosa de política de las cadenas y rentabilidad a largo plazo gracias a la sindicación. Sea como fuere, Nikita ha aguantado mucho más de lo que se esperaba, y afortunadamente para sus (dos o tres) fans, Mark Pedowitz (jefazo de CW) le otorgó el año pasado una mini-temporada de seis episodios para cerrar la historia. Sus índices de audiencia son desastrosos, pero la CW sabe tratar a su público, cosa que no puede decirse de todas las cadenas.

Además de no haber calado en la audiencia, Nikita nunca ha sido una gran serie. Pero comparada con sus compañeras de CW, no cabe duda de que ha sido una de las ficciones más sólidas de la cadena, y una de las series más consistentemente entretenidas de los últimos años. Con Nikita hemos visto muchos episodios de relleno, misiones autoconclusivas que no pueden faltar en una serie de espías para network, e incursiones en el ridículo y la inverosimilitud que en el fondo nunca nos han molestado, porque van incluidas en el trato. Además, la sombra de Alias es muy alargada y hemos podido percibirla hasta el final de la serie (de hecho, el epílogo de “Cancelled” tiene lugar en la playa con la pareja protagonista, exactamente igual que en la serie de J.J. Abrams). A pesar de todo esto, Nikita inició su andadura con las cosas muy claras, con voz propia y con un sentido de propósito que ya quisieran muchas series. Y así se ha logrado mantener hasta su final.

Nikita cancelled

Cierto es que no siempre se ha sabido qué hacer con todos los personajes (Alex fue la más perjudicada en este sentido tras una primera temporada centrada en ella), y que habría funcionado mucho mejor con temporadas de 13 episodios. Pero para haber jugado con desventaja (poca promoción, poco gancho para la audiencia target de CW, día de emisión maldito), la serie de Craig Silverstein se las ha arreglado para mantenerse fiel a sí misma y no descarrilar. Y mira que el argumento se prestaba a ello. En sus dos últimas temporadas, Nikita ha jugado a ser la hermana (desaventajada) de Homeland, y salvando mucho las distancias, no ha salido mal parada. Sobre todo gracias a que siempre ha tenido muy clara su identidad sci-fi, pero nunca se ha perdido en ella (como sí le pasó a Alias). La serie ha ido a más con las temporadas, y su macro-estructura ha sido ordenada, muy centrada, con arcos bien trazados, y lo más importante, motivada y bombeada siempre por los personajes. A pesar de toda la pirotecnia (la acción siempre fue de primera), los giros de guión y las locas locas conspiraciones, Nikita y sus nikitettes nunca han dejado de estar en el corazón del relato.

La tercera temporada de la serie, ya cuando absolutamente nadie la veía (índices de 0.3 en demográficas 18-49 y menos de un millón de espectadores), experimentó una subida de calidad considerable. La mejora tuvo que ver, como ya he adelantado, con el tratamiento de los personajes y los fuertes lazos que se establecieron entre ellos. Así, la recta final (6 episodios ejemplares) ha hecho mucho hincapié en la dinámica de grupo, y ha servido como perfecto colofón a la trayectoria de una serie que empezó centrándose en un par de antiheroínas solitarias y ha acabado hablándonos de una familia bien avenida, la que acabamos eligiendo (como todas las series hacen al final). Gracias a esto, Maggie Q (que se va siendo mucho, pero mucho mejor actriz que cuando entró) ha construido poco a poco un personaje muy completo y gratificante, que ha sabido beneficiarse de todos los que han estado a su lado.

Como toda series finale debe ser, “Cancelled” (4.06) es un homenaje a sus personajes -finales felicescierre y nuevos comienzos para todos ellos-, un resumen de los grandes temas que la han articulado y un agradecimiento a los seguidores por su fidelidad. Nikita no pasará a la historia de la televisión, desde luego, pero bien está lo que bien acaba. Que ya es mucho.

La película de Veronica Mars ya es una realidad

Marshmallows del mundo, por fin tendremos nuestra ansiada película de Veronica Mars. Y no, esta vez no se trata de especulaciones, noticias que se olvidan al día siguiente, falsas esperanzas o planes de futuro indefinidos que al final se quedan en nada. Estamos hablando de un hecho, una realidad. Veronica Mars: The Movie existirá, y si todo sale según lo previsto, podremos verla en 2014.

La culpa de que este -casi siempre desesperanzador- viaje de siete años vaya a llegar a buen puerto es en primer lugar de un productor y unos actores que nunca han abandonado el sueño de llevar la historia de esta detective adolescente a la gran pantalla -y así darle la conclusión de la que se nos privó en su momento-, pero sobre todo de nosotros, de los fans de la serie de UPN/CW, los marshmallows. La campaña de Kickstarter que Rob Thomas ha puesto en marcha para conseguir financiamiento para la película ha supuesto en menos de un día uno de los mayores éxitos de la historia del crowd-funding. En 11 horas se llegaba al objetivo de 2 millones de dólares, garantizando la realización del largometraje, y el apoyo de Warner Bros., que había prometido dar luz verde al proyecto si Thomas demostraba que este tenía el respaldo de la audiencia. [Actualización 14/03/13 – 23:32: Warner no aportará fondos al presupuesto de la producción, pero sí se compromete a financiar la campaña de marketing y la distribución de la película].

Las donaciones han ido desde 1 dólar a 10.000, y en el momento de escribir este artículo, la campaña suma 2.679.000 dólares, y todo esto con 29 días aun por delante. Hasta el próximo 13 de abril tenemos la oportunidad de convertirnos en backers del proyecto con nuestras donaciones -todas conllevan una recompensa, a mayor precio se pague, más jugosa- o aumentando la que ya hemos realizado. No sabemos qué techo de ingresos alcanzará, pero si seguimos a este ritmo, acabaremos viendo dinosaurios en Neptune.

Los actores de la serie, capitaneados por Kristen Bell, han estado dispuestos a retomar sus papeles desde que esta fuese cancelada en 2007. Algunos de ellos, como Jason DohringRyan Hansen y Enrico Colantoni, lo demuestran en el vídeo que han grabado para Kickstarter (más arriba). Por su parte, Bell ha mostrado en todo momento su apoyo público a Thomas y el gran compromiso que siente hacia su popular personaje, estando preparada en todo momento para darnos el cierre que la historia de Veronica Mars merece. No contaré lo que ocurre en el último episodio de la serie, porque estoy seguro de que muchos y muchas se animarán a descubrirla después de conocer el fenómeno que ha supuesto este crowd-funding, pero sí diré que la historia quedó tristemente inacabada, y las tramas de los personajes en suspenso. Con la series finale de Veronica Mars no ocurre como con la de My So-Called Life y otras series de culto: no podemos conformarnos con ella y extraer una conclusión por nuestra cuenta. “The Bitch Is Back” no es como “In Dreams Begin Responsibilities”. Nunca sería un final, por mucho que nos esforzáramos en que lo fuera.

Por eso, la materialización de la película de Veronica Mars es todo un sueño hecho realidad -aun difícil de creer- para los admiradores de esta serie, que durante tres años luchó contra los bajos índices de audiencia, pero aguantó gracias a la lealtad de un fandom muy comprometido. Estamos hablando de la serie que en su primer año fue proclamada “la nueva Buffy, cazavampiros -en VM no hay elemento sobrenatural, pero su rubia protagonista debe mucho, o todo, a la Buffy Summers de Sarah Michelle Gellar. El propio Joss Whedon se declaró fan de Veronica Mars (“Es la mejor serie actualmente en antena”, dijo en 2008), e incluso su fangirlismo le llevó a realizar un cameo en un episodio de la segunda temporada. Veronica Mars fue la serie teen de culto definitiva, la última quizás. Y su esperadísimo regreso es motivo de celebración para toda la comunidad geek y seriéfila. Definitivamente, the bitch is back!

Tras alcanzar el objetivo, Thomas no ha tardado en pronunciarse con respecto a la abrumadora respuesta del público: “Me ha estallado la cabeza. Llevaba mucho tiempo fantaseando con esto y siempre me tenía que decir a mí mismo ‘Déjalo, Rob, no seas tonto. Te estás exponiendo a una gran decepción’. Pero lo de hoy ha superado mi sueños más imposibles. Madre mía. Más nos vale hacer una buena película. Nuestros maravillosos fans nos han puesto las pilas. Tenemos que cumplir“.

Kristen Bell, que escribió una adorable carta dirigiéndose directamente a sus marshmallows para pedir su colaboración, se ha referido también a ellos con unas palabras de agradecimiento: “Yo ya sabía que los fans de Veronica Mars eran geniales, pero no tenía ni idea de que tenían este gran poder de congregación. Son imparables -como la propia Veronica. A partir de ahora voy a estar eternamente ruborizada, me siento muy afortunada de formar parte de todo esto”. Además de estas declaraciones la actriz ha bromeado en su Twitter: “Querido Papa: Siento que los fans de Veronica Mars te hayan quitado el protagonismo en tu primer día. Bueno, no lo siento tanto, pero he pensado que sería educado por mi parte decirlo. Besos”.

Solo hay una pega que empaña este jubiloso momento: que los fans de fuera de Estados Unidos no tenemos la oportunidad de recibir las recompensas que cada aportación económica conlleva (póster de la película, DVD, camisetas…) A través de su cuenta de Twitter, Thomas ha asegurado que están haciendo lo posible por incorporar opciones de envío al extranjero. Daos prisa, los fans en España, Europa y parte de Neptuno sentimos la necesidad de sumarnos a esos casi 50.000 marshmallows que ya pueden presumir de haber contribuido a este proyecto. Algunos románticos y generosos fans no-yanquis han participado sin esperar nada a cambio, pero no todos podemos, claro. Vamos, tomad nuestro dinero -que no nos sobra precisamente- y hacednos la mejor película posible, como sabemos que sois capaces.

Y mientras Veronica Mars: The Movie ingresa en su inminente fase de preproducción –se habla de este verano para el inicio del rodaje– ¿qué tal si empezamos a plantear crowd-fundings para otras películas basadas en series que llevamos siglos necesitando? ¿Una de Xena, la princesa guerrera? ¿Una tercera película de Expediente X que cierre de una vez por todas la historia de Mulder, Scully y la conspiración extraterrestre -aunque 2012 ya haya pasado? O, ejem, Joss, ejem. Por favor, tú mejor que nadie conoces el poder del fandom, que hizo volar a la Serenity de nuevo en 2005, y lleva pidiendo un nuevo despegue desde entonces. No me digas que lo de Veronica Mars y Kickstarter no te ha animado a retomar la historia. Tú y yo, y todos los whedonites, sabemos que es posible. Porque no se puede detener la señal. Ya hemos demostrado que nunca se puede.

The Carrie Diaries: el nacimiento de una pasión

The Carrie Diaries, la precuela oficial del clásico de HBO Sexo en Nueva York (Sex and the City, 1998-2004), estaba condenada al ostracismo desde mucho antes de su estreno. El paso del tiempo ha devaluado considerablemente la revolucionaria comedia protagonizada por Sarah Jessica Parker y sus secuelas cinematográficas no han ayudado precisamente a que esta conserve su lugar en el panteón catódico. Una precuela en clave teen que narrase los comienzos de uno de los personajes más odiados de la historia de la televisión, y encima emitida por CW, no sonaba bien a nadie. Para empezar, la audiencia target de la serie quedaba completamente desdibujada. Ni los fans de SatC están especialmente interesados en ver su serie convertida en un producto adolescente made in CW, ni el espectador medio de la cadena bebe los vientos por los dramas ambientados en los 80: si el spin-off de Gossip Girl, Valley Girlsambientado en la década prodigiosa, no salió adelante, ¿qué hacía pensar a los ejecutivos de la cadena que The Carrie Diaries tendría alguna posibilidad? Las audiencias confirman el patinazo. Lo cual, señoras y señores, es una tragedia, porque la versión adolescente de Sexo en Nueva York no solo es buena, sino que es el mejor estreno de la cadena en muchos años, el producto que estaba llamado a devolver el lustre a la franquicia de Candace Bushnell y así remendar el desastre provocado por las incursiones cinematográficas de Carrie Bradshaw.

Los dos nombres más destacados detrás del proyecto vienen a aclarar las aspiraciones artísticas de The Carrie Diaries, pero también la confusión en la que está condenada a (intentar) sobrevivir. A Miguel Arteta, productor ejecutivo de la serie, lo conocemos por sus trabajos como realizador en series como A dos metros bajo tierra, The Big C o Enlightened, además de varias películas adscritas a ese extraño movimiento denominado indie: la laureada The Good Girl o la fallida Youth in Revolt. Arteta aporta a The Carrie Diaries su experiencia en dramas de qualité y una visión de la adolescencia algo más verosímil que lo que acostumbramos a ver en TV. Pero CW no está especialmente interesada en hacer su propia Freaks and Geeks (serie de la que Arteta también dirigió algún episodio, por cierto). Aunque a ratos lo parezca. Para equilibrar la balanza tenemos a Josh Schwartz, responsable de dos fenómenos tan importantes como efímeros: The O.C. y Gossip GirlLa combinación de sensibilidades artísticas da como resultado una serie a medio camino entre La chica de rosa y Awkward.

Efectivamente, como toda serie adolescente hoy en día, The Carrie Diaries se apoya fundamentalmente en la comedia dramática de los 80. Pero va más allá, porque tiene la oportunidad de trascender el mero homenaje y convertirse directamente en una. Y lo hace, al menos en su piloto. The Carrie Diaries explora con habilidad esa paradójica mezcla de ingenuidad y ausencia de conservadurismo que definía la experiencia adolescente de los 80. El miedo y la curiosidad sexual no provenían de la sobreprotección de la sociedad, sino exclusivamente de dentro de uno mismo. Carrie y sus amigas del instituto no responden al prototipo adolescente de la CW, no son jóvenes de vueltas de la vida, no hablan como ni siquiera hablan los adultos. Son personas que, al contrario que Chuck Bass o Serena Van Der Woodsen, parecen haber sido niños en algún momento, y de hecho, siguen siéndolo en muchos aspectos. Sin embargo, sus existencias continúan girando en torno al sexo, y este define sus comportamientos y contribuye en gran medida a la forja de sus identidades (como debe ser, como es en realidad). En el piloto se aborda el tema con franqueza y sin rodeos, en conversaciones que evocan a los brunchs de Carrie, Miranda, Charlotte y Samantha (“He perdido la virginidad. Me dolió muchísimo. Fue como intentar meter una salchicha en una cerradura”). Precisamente, The Carrie Diaries resulta tremendamente fresca y diferente dentro del panorama CW porque en lugar de convertir el sexo en una experiencia estética e inocua, lo trata con naturalidad. Y esa es la principal baza del piloto, no solo en relación al sexo, sino también al comportamiento de sus protagonistas, en ningún momento drásticamente separadas de la realidad.

AnnaSohphia Robb (Un puente hacia Terabithia) es Carrie Bradshaw. No, en serio, ES Carrie Bradshaw. Robb no solo es una actriz solvente, sino que ha sido capaz de mimetizar con éxito a la protagonista de Sexo en Nueva York, y trasladar sus idiosincrasias a la edad pre-adulta. Esta Carrie teen ya muestra síntomas de drama queen total (cuando se desmaya al ver a su padre en el instituto, qué momento tan ‘Carrie’), reflexiona filosóficamente y con la misma gravedad sobre banalidades y tragedias familiares, y la dicción en off de AnnaSophia nos transporta directamente al apartamento de Manhattan en el que Bradshaw escribía/escribirá su columna semanal. No hay duda de que nos encontramos ante el mismo personaje (es más, ante una versión mucho más soportable del mismo). Lo de la nariz lo pasamos por alto. Efectivamente, Carrie es Carrie, pero The Carrie Diaries no es Sexo en Nueva York (aunque lo guiños nos la recuerden constantemente), porque no han querido que lo fuera, porque no debía serlo. The Carrie Diaries es un relato iniciático, el comienzo de una historia de amor apasionada y eterna, la de Carrie Bradshaw y Manhattan. Y también, por qué no decirlo, el germen del mariliendrismo de su protagonista.

Carrie es una pueblerina que sueña con la gran ciudad (literalmente, todas las noches recrea en su mente la célebre cabecera de Sexo en Nueva York). La revista Interview es su Biblia, y Rob Lowe su hombre ideal. La casa de Carrie es un refugio casi intemporal, en el que de no ser por los pósters de Joy Division o Depeche Mode costaría creer que estamos en los 80, concretamente en 1984. El armario de su madre fallecida ejerce de puente hacia los verdaderos 80, los de los colores estridentes, los estampados de leopardo, las hombreras imposibles y el exceso en general. El instituto es la parada obligada en su viaje (las Jens, evocando a las Heathers de Escuela de jóvenes asesinos, representan fielmente la estética de la década). Manhattan es el destino final. La ambientación de la Gran Manzana es uno de los grandes aciertos de The Carrie Diaries. Una cortinilla con imágenes de Andy Warhol o Debbie Harry ejerce de transición definitiva entre ambos mundos. Sin miedo al rechazo por parte de la audiencia hambrienta de sofisticación irreal, no hay reparos en mostrar el estrafalario sentido de la moda del momento. Carrie opina que el vestido de su nueva BFF es “precioso” (en realidad es horroroso, claro), y su jefa dice que el traje de fiesta de Carrie “es algo que podría llevar Madonna“, el mayor cumplido que le podían hacer. La música también ejerce su función cronológica a la perfección, con temazos ochenteros, o sus correspondientes versiones más baratas sonando todo el tiempo. Lo único que hace falta para lograr la recreación histórica perfecta sería algo de humo de tabaco.

The Carrie Diaries nos sumerge en un mundo pre-nuevas tecnologías, en el que los diarios en blanco de la madre de Carrie preceden a su Mac (ella nunca se llevó bien con los aparatos tecnológicos), y los teléfonos fijos (¡ese modelo Red Lips!) son la única manera de comunicarse a distancia. La esencia es la misma: Carrie nos cuenta todo lo que se le pasa por la cabeza mientras se enfrenta a los grandes dilemas de la vida: ¿mi cuelgue del insti o mi gran oportunidad en Manhattan? ¿Metro o taxi? ¿Pelo suelto o recogido? WWCBD. Pero la forma es distinta a todo lo que hay ahora mismo en televisión. Quizás en otra cadena tendría alguna oportunidad de librarse de su destino predeterminado y dignificar el legado de la que es una de las series más esenciales (e infravaloradas) de la historia de la televisión. Pero hay que asumirlo, el sambenito de The Carrie Diaries es doble: la CW y las odiosas comparaciones. Ni la aparición de unas Samantha, Charlotte y Miranda adolescentes sería capaz de salvarla. Disfrutemos de nuevo de los fabulosos paseos de Carrie por el asfalto de Manhattan, mientras podamos.

Gossip Girl: hasta pronto, chocho

Queridos seriéfilos, nos han engañado a todos. Llevamos seis años oyendo a Gossip Girl decir que “nunca” revelaría su identidad, pero por fin sabemos quién se esconde tras la escandalosa web que ha destapado las vergüenzas de este grupo de upper-eastsiders pre-adultos, poniendo sus vidas del revés semana a semana, y ayudando al personal a echarse unas buenas siestas. El desenlace de una de las series más importantes de CW, antaño fabulosa y desde su segunda temporada en permanente agonía, es sorprendentemente satisfactorio. Un festival de nostalgia, un best of repleto de cameos (el más grande el del mismísimo alcalde de Nueva York, Michael Blooberg), guiños al pasado y frases célebres (“tres palabras, ocho letras”); y un magnífico cierre para (casi) todos los personajes. En definitiva, un último episodio que prácticamente obvia todo lo ocurrido en las últimas temporadas para funcionar como conclusión de aquel inolvidable primer año. Todo lo que el final de Gossip Girl debía ser y temíamos que no fuera.

Gossip Girl es Dan Humphrey. ¿Cómo os quedáis? Me consta que algunos se lo esperaban, pero a mí, que había abandonado la serie al final de su tercera temporada y me reenganchaba para el fin de fiesta, me ha pillado totalmente por sorpresa. Y ha sido una muy agradable. Porque a pesar del abandono de la coherencia interna, y de las incongruencias y agujeros argumentales que podríamos encontrar echando la vista atrás (yo no seré quien lo haga), tiene mucho sentido y es muy significativo que Dan sea Gossip Girl. No, no es un deus ex machina, sino todo lo contrario, un final hábilmente justificado que encaja a la perfección con la trayectoria de la serie y del personaje. Dan Humphrey es escritor. Siempre lo ha sido. Y siempre ha deseado a Serena Van Der Woodsen. Qué mejor manera de adentrarse en el mundo que le cierra las puertas por no haber nacido por encima de la calle 59 que escribiéndose dentro de él. Es la gran historia americana. ¿Qué te parece, F. Scott Fitzgerald?

Como si de un teatro de marionetas muy caro se tratase, Dan ha movido los hilos desde el principio, mucho antes de encontrarse con Serena en Grand Station Central, aquella icónica e histórica secuencia que, como no podía ser de otra manera, se recrea en este “New York, I Love You XOXO”: un flash-back nos da a conocer el verdadero momento en el que Dan se cuela por Serena y su maquinaria creativa se pone en marcha. Serena escucha la historia en una sobria y elegante escena y a partir de ahí todo cobra sentido. Su narración, acompañada de un estupendo resumen en imágenes, dispone en pocas palabras toda la esencia de la serie y explica lo que la hizo tan importante en su primer año: “Adolescentes actuando como si fueran adultos, adultos comportándose como adolescentes, ocultando secretos, difundiendo rumores, todo condicionado por la abundancia y la opulencia. […] Cuando Serena volvió del internado, escribí mi primer post sobre mí. Puede que fuera un pringado, pero al menos todo el mundo hablaba de mí”. Y de todo eso iba precisamente Gossip Girl al principio, aunque se les olvidase muy pronto.

Así es como todos los personajes descubren la verdad (todos menos Jenny, que la conocía desde hacía tiempo). Las reacciones no se hacen esperar, pero no hay cristales rotos. Porque no hay tiempo para más giros o conflictos, y hay que poner el lazo a esta historia. Serena se da cuenta de que no está enfadada con Dan por todo lo que ha hecho, al contrario, denomina sus acciones como una “carta de amor” a todos ellos (no sé si me parece precioso o lo más estúpido que he oído nunca) y convence en dos segundos a los demás para que lo perdonen también -casi tanto como lo que tardan Blair y Chuck en ser exculpados y liberados. Lo que viene a continuación es una desternillante escena en la que todos desvelan quién creían que era Gossip Girl. “Todos sabíamos que era uno de nosotros, ¿no?” (Chuck). Las teorías de los personajes coincidían con las de los espectadores: Dorota, Eric, Jenny… Y una de las más extendidas, la que situaba a Kristen Bell como un personaje desconocido que aparecería en el último momento con toda la verdad, es desarmada por una excelente escena en la que la actriz ensaya junto a ¡Rachel Bilson! los diálogos para una audición de la película basada en el libro de Dan Humphrey. Bell nos mira a los ojos y dice “Hola, upper-eastsiders, aquí Gossip Girl”. Nos asustamos, pero todo es una broma. Una de muy buen gusto. ¿O no?

Los diez últimos minutos de “New York, I Love You XOXO” son probablemente los mejores de la serie, y desde luego, los más destacables de la finale -con permiso del gran momento en el que Blair y Chuck huyen de la ley al ritmo de una versión de “Bonnie & Clyde” de Gainsbourg, lo más pasable de un penoso primer acto. A los cameos de Bell y Bilson se unen los de viejos conocidos del reparto, Vanessa, Agnes, Juliet, y en el flash-forward final, los hermanísimos, Jenny Humphrey (que ha crecido ocho palmos) y Eric van der Woodsen (que los ha menguado). No hacen absolutamente nada, pero contribuyen a esa sensación de cierre total. Aunque el mérito lo tengan realmente las dos bodas y el hijo repelente de Blair y Chuck (!!). Pero el cameo más importante desde mi punto de vista (con permiso de Lisa Loeb, OMG) es el de las escaleras del Met, donde transcurrieron las escenas que definieron esta serie, y donde volvemos en este capítulo que, cómo no, también constituye una oda a Nueva York. Decimos adiós a unos personajes que por fin han hallado la paz, que a pesar de actuar como adultos desde los 15, no sabían realmente lo que esto significaba hasta ahora -mientras, los verdaderos adultos son completamente ignorados y sus historias se quedan incompletas. Pero Gossip Girl no se despide de su audiencia sin dejar una puerta abierta para la siguiente generación de cotillas. Remitiéndonos directamente al final de The O.C. (también de Josh Schwartz), en el que Ryan se reconoce a sí mismo en un desangelado chaval de la calle, vemos a otro Dan Humphrey paseándose entre niños ricos, mientras Gossip Girl nos asegura que siempre existirá. Ciclo completo. Final redondo. Gossip Girl, no te extrañaré nada, pero me alegro de haber asistido a tu fiesta de despedida. Alcemos todos las copas y brindemos: por Kristen Bell.

Sarah Michelle Gellar, nueva reina trash

Si hay una serie que está acaparando comentarios y reacciones de los seriéfilos en este comienzo de temporada televisiva, esa es Ringer, el “thriller” protagonizado por Sarah Michelle Gellar para la que fue la antigua casa de la cazavampiros (la CW, resultado de la fusión entre WB y UPN), después de unos años dedicada en cuerpo y alma a la maternidad. Por si hay algún despistado, Ringer (originalmente producida para CBS) cuenta la historia de dos hermanas “que comparten la misma cara”. Con personalidades opuestas, pero con pasados igualmente oscuros, Bridget y Siobhan llevan años sin verse. Tras su reencuentro, Siobhan desaparece y es dada por muerta. Bridget ve la desaparición de su hermana como una válvula de escape de su pasado (es perseguida por un asesino) y ocupa su lugar, engañando así a todos los miembros del círculo más cercano de Siobhan: marido, hijastra, mejor amiga y… ¡amante! Pero Siobhan sigue viva, y desde París mueve los hilos de una truculenta trama que mezcla dinero, traición y muertes. Todo un culebrón venezolano con la factura de CW (o aún peor, así que imaginaos).

Primero Showgirls, después Barb Wire, y ahora Ringer. Lo que diferencia a las dos primeras de la serie de Gellar es que son conscientes de su condición camp (es más, están manufacturadas para ser fieles a ese estilo), y lo explotan con mayor o menor éxito. Ringer es conmovedoramente inconsciente de la ínfima calidad que desprende a todos los niveles, y se muestra orgullosa de sí misma, lo que hace mucho más fácil la tarea de no tomársela en serio. En recientes entrevistas para promocionar el estreno de la serie, la actriz protagonista, y ahora también productora ejecutiva, se muestra enormemente ilusionada por el trabajo de guión llevado a cabo para Ringer. Los “sorprendentes” giros argumentales convierten la serie en un viaje emocionante para Gellar, que disfruta de la historia desde dentro y desde fuera. De estas declaraciones sacamos la conclusión de que la serie no está hecha solamente a su medida como actriz, sino también como espectadora. Si hay alguien que puede disfrutar con/tragarse lo que nos cuenta Ringer es ella. Y no porque sea productora ejecutiva (dudamos que tenga mano creativa), ni porque nos quiera convencer de que la veamos, sino porque se lo cree de verdad.

A estas alturas, todos habéis visto la celebérrima escena del barco perteneciente al piloto (estrenado hace cuatro martes). No hay palabras, ¿verdad? Yo me pasé toda la escena con la mandíbula desencajada. Es increíble que en 2011 una cadena se atreva a emitir algo que hasta en los 90 había chirriado. No me habría parecido descabellado ver a los Muppets asomados por la borda charlando con Bridget después de su siesta.  Y lo mejor de todo es que a juego con el infame croma transcurre el tour de force interpretativo (qué mejor ocasión para usar esa rancia expresión que esta) de la Gellar, que no solo se lleva el premio al peor despertar de la historia, sino que además evidencia el increíblemente torpe trabajo de los guionistas: “How long was I out for?” se pregunta en voz alta Bridget mientras se incorpora después de haberse quedado dormida en el barco (¿cómo es posible con la de saltos que daba?). Pero esto es solo el principio.

Sarah Michelle también habla francés (las escenas en París nos dan los mejores momentos de la serie), pone morritos, lucha consigo misma para transmitir emociones (los planos se sostienen eternamente sobre su rostro por si lo consigue en algún momento), y se viste con modelos imposibles y moños gigantescos: al principio distinguíamos a una hermana de otra gracias al peinado, pero la serie se vuelve cada vez más arriesgada y vemos a Bridge y Shiv con el pelo suelto o recogido aleatoriamente. Así no hay quién se entere de quién es quién. Gellar está convencida de que está interpretando a “40 personajes distintos”, porque “están la Bridget y la Siobhan del presente, y la Bridget y la Siobhan de los flashbacks”. Y como no podía ser de otra manera, considera que esta es la oportunidad perfecta para demostrar de lo que es capaz, interpretativamente hablando. Y vaya si lo está demostrando. Es capaz de sacarnos las carcajadas más atronadoras, y parece hacerlo sin esfuerzo alguno. La actriz ha llegado a comparar su trabajo en Buffy, cazavampiros (1997-2003) con su nuevo empleo, recordando la presión bajo la que estaba entonces, y reconociendo que ahora se lo está pasando en grande. Desde luego, Sarah, ahora estás donde debes estar.

Así ha transcurrido el primer mes de Ringer, la comedia involuntaria del año que nos tiene completamente enganchados, y a la que juramos fidelidad mientras dure en antena. Porque aún nos quedan muchos personajes por conocer de los 40 que interpreta Sarah Michelle (¿no será su manera de reírse de Whedon y su Dollhouse?), porque queremos más escenas en las que hable dejando huecos para que suenen las canciones de la banda sonora (probablemente la peor usada de la historia), porque necesitamos saber qué lleva un schizi-tini (si puede ser, la receta en francés), y porque amamos a Sarah Michelle y queremos abrazarla hasta que se quede dormida. Solo para verla despertar.

Adelantos 2011-2012: Ringer

Sarah Michelle Gellar lleva ocho años, exactamente los que hace que dejó de ser la cazavampiros, intentando encontrar su lugar en el mundo de la interpretación. Por ahora no ha tenido suerte. Podríamos achacarlo a sus malas decisiones, pero lo cierto es que Gellar es un talento difícil de ubicar y por tanto, de vender. O lo que es lo mismo, sin eufemismos, Sarah no es la mejor actriz del mundo, sino más bien una intérprete solvente pero inestable. Destacando más en drama, y de vis cómica forzada, la actriz ha participado en cosas como Scooby Doo y El grito, granjeándose una bien merecida popularidad como actriz de segunda. A pesar de todo esto, muchos de vosotros daríais a Sarah Michelle todas las oportunidades del mundo. Yo lo haría, y lo haré siempre que haga falta. Después de todo, y por mucho que ella quisiera desvincularse de su pasado televisivo, ella es y siempre será la Cazadora.

Además de en su trabajo en el cine, Gellar ha estado centrada en menesteres hogareños, dedicándose en cuerpo y alma a su marido y disfrutando de la maternidad. Han sido años de alegrías personales, pero el éxito en el terreno profesional es esquivo y está a punto de pasársele el arroz -interpretativamente hablando, triste pero cierto. Ha tardado en desistir de su periplo cinematográfico, pero por fin ha decidido volver a la televisión, el único lugar en el que, hoy por hoy, puede destacar. Quizás para allanar el terreno o simplemente porque tarda un poco más que la media en darse cuenta de las cosas, Sarah Michelle asistió por primera vez desde que concluyó Buffy a un evento relacionado con la serie -el Paley Television Festival ’08. De esta manera comenzaba su regreso a la tele, después de su auto-impuesto destierro. La actriz vuelve como protagonista absoluta -y por partida doble, para compensar- en Ringer, uno de los nuevos estrenos de The CW, la que fue su casa durante años en su anterior etapa televisiva -cuando las cadenas WB y UPN aún no se habían fusionado.

Ringer supone una oportunidad idónea para una actriz de sus características, sobre todo ahora que la CW parece estar aumentando la edad de los protagonistas en algunas de sus series, con el propósito de ampliar su público objetivo -Nikita es una vieja en comparación con los demás habitantes de CW, y aún así ha funcionado. La premisa de Ringer es algo algo descorazonadora, pero podría esconder potencial. Parece una revisión en clave de thriller de El príncipe y el mendigo, en la que Gellar interpreta a Bridget, una mujer perseguida por la mafia que ocupa el lugar de su hermana gemela rica, Siobhan -también interpretada por Sarah-, tras su muerte. Ringer no es sino la plataforma perfecta para el lucimiento de su protagonista, gracias a un género al que le es fácil adecuarse y un personaje doble con el que se le debió hacer la boca agua. El problema es que Ringer es, como casi todas las series de CW, un producto más serio de lo que debería. El tráiler deja entrever un componente de drama casposo que puede espantar al más dispuesto. La intriga y los giros sorprendentes están servidos, así como los efectos visuales más irrisorios -Bridget y Siobhan en la lancha, me duelen los ojos. Sarah Michelle Gellar, sin embargo, vuelve más contenida y madura, y eso es suficiente reclamo para darle una oportunidad a una serie que de no ser por su presencia ni me molestaría en descargar.

Ringer también cuenta en su plantilla con Ioan Gruffudd y Nestor Carbonell, y se estrena el 13 de septiembre.

Uno de dos: los nuevos estrenos de CW

Como viene siendo habitual desde hace unos años, The CW es la cadena más aplicada de la televisión norteamericana, inaugurando la temporada otoñal antes que ninguna otra. A sus regresos más esperados -la segunda temporada de The Vampire Diaries comenzó la semana pasada y esta noche vuelve Gossip Girl-, se suman dos estrenos: Nikita y Hellcats, que vienen a ocupar los pocos huecos libres en su programación. La cadena especializada en productos adolescentes no arriesga, manteniendo en su parrilla las series que ya son valor seguro y apostando por dos nuevas series que no tienen absolutamente nada nuevo que ofrecer. Sin embargo, tras ver los pilotos de ambas, he decidido seguir viendo una y ahorrarme el sufrimiento que me supondría ver la otra -no abandoné Gossip Girl para seguir perdiendo el tiempo con productos aún más deplorables-. Veamos cuál es cuál, y las razones de mi decisión.

Nikita

La nueva serie de acción de la CW está planteada como un spin-off o secuela de la película original de Luc Besson, Nikita, dura de matar (La Femme Nikita, 1990), su remake norteamericano La asesina (Point of No Return, 1993) y la serie canadiense protagonizada por Peta Wilson, Nikita (La Femme Nikita, 1997-2001), sin embargo, no bebe directamente de estos títulos, algo que lejos de resultar paradójico, es completamente lógico y esperable. Más allá del argumento principal, es necesario buscar sus referentes inmediatos en la televisión norteamericana de los últimos años, y esto nos lleva directamente a la excelente serie de espías de J.J. Abrams, Alias, y al reciente trabajo frustrado de Joss Whedon, Dollhouse.

Queda patente desde los primeros minutos de Nikita que no estamos ante otra serie de adolescentes de la CW, o al menos esa parece ser la intención. La protagonista, una eficiente pero no sobresaliente Maggie Q, confiesa tener 27 años, lo que la convierte en carne de geriátrico según los cánones de la cadena. Suple esta ‘deficiencia’ un reparto de secundarios adolescentes, convenientemente bellos y multiétnicos -además de pésimos intérpretes-, que hacen que la serie se integre más fácilmente en la línea editorial de la cadena -algo completamente necesario teniendo en cuenta el perfil de la audiencia de la CW-. Para atraer a un sector más adulto, tenemos a los miembros de la organización secreta Division. Aunque ya desde el principio sabemos que ni Birkhoff es Marshall Flinkman o Topher Brink, ni Percy es Arvin Sloan o Adelle DeWitt. La falta de carisma de todos los personajes puede jugar muy en contra de la serie. Esperemos que la presencia de Melinda ‘Julie Cooper’ Clarke sirva para algo.

Como hemos dicho, Nikita es una mezcla exacta entre Alias y Dollhouse -lo que no quiere decir que estas sean dos obras que inventen un género, por supuesto-. De la primera toma el estilo y la puesta en escena -algunas secuencias remiten inconfundiblemente al piloto de la serie de Abrams-. A la serie de Whedon nos recuerda la idea de la construcción y deconstrucción de la identidad, la protagonista que se rebela contra la organización que la creó -a Nikita se la llega a llamar “ghost” en este episodio- y por supuesto, el girl power -las chicas salvarán el mundo-. No sabemos si es precisamente por manejar un material que ya ha sido probado eficiente, pero el piloto de Nikita, a pesar de no innovar en ningún sentido, presenta una historia sólida y bien estructurada que dispone eficientemente todos los elementos, y lo más importante, logra enganchar y divertir. El problema de este tipo de productos es encontrar el tono adecuando. Y por desgracia, Nikita falla en este departamento. Si la serie no se tomara tan en serio a sí misma, estaríamos ante un producto sobresaliente, y no uno que roza lo camp peligrosamente. Para averiguar si se sacará provecho del potencial de la historia y los personajes, me quedaré al menos un par de episodios más.

Hellcats

El reverso de la moneda de los nuevos estrenos de la CW es Hellcats. Esta serie se ajusta con mayor facilidad a la imagen de la cadena, con una otra historia sobre animadoras que no son lo que parecen… Ya desde los primeros segundos del piloto, Hellcats está condenada a la mediocridad más absoluta: un montaje epiléptico con imágenes de la ciudad de Memphis, banda sonora indie-rock y la voz en off de la protagonista mientras la vemos recorrer la ciudad en bici. Marti Perkins se lleva al premio al personaje más odioso de la temporada con solo un par de segundos en pantalla. Lo que viene después no hace sino confirmar los presentimientos. Hellcats es un infierno.

La historia de Marti Perkins está cimentada en los clichés más gastados del género. Una joven universitaria que detesta a las animadoras acaba, por caprichos del destino, con unos pompones en la mano para poder conservar su beca y seguir estudiando derecho. Marti tiene un mejor amigo -no es gay-, Dan, que teme que las animadoras absorban la personalidad de su amiga y esta acabe olvidándose de quién es. Por supuesto, Marti logra entrar en el equipo, gracias a su espíritu libre y antisistema, y a sus “innovadoras” coreografías -viendo esa escena, he vomitado un poco-. Los nuevos compañeros de Marti también se ajustan al manual del género: la mala que resulta ser buena y se hace amiga de la protagonista -una Ashley Tisdale que interpreta a Sharpay Evans si de verdad se hubiera reformado al final de cada High School Musical-, la zorra implacable que teme ser reemplazada y el chico atlético que se interesa por la protagonista.

Claramente influenciada por Glee, -he buscado algún tipo de parentesco entre Kevin y Ryan Murphy, pero no lo he encontrado-, Hellcats busca el beneplácito de la audiencia a través de espectaculares coreografías deportivas que hacen las veces de números musicales, así como con el factor competición, que además involucrará a los profesores y entrenadores -vacuos y aburridos, como no podía ser de otra manera- en la lucha por la supervivencia de los Hellcats. Sin embargo, nada de esto servirá para sobrellevar el tedio que supone asistir al predecible y torpe desarrollo de esta historia, agotada desde el primer acto. Sí, lo habéis adivinado, Hellcats no estará en mi calendario de series 2010-2011.

Solo una cosa más: ¿a quién se le ocurrió hacer esas transiciones entre escenas con los animadores haciendo piruetas? Sea quien sea, debe ser sacrificado.