Crítica: Madre oscura (The Wretched)

En unos tiempos en los que la palabra bruja ha sufrido un cambio léxico-semántico radical gracias al movimiento feminista y cierta revisión de algún que otro hecho histórico deleznable, los hermanos Brett y Drew T. Pierce (DeadHeads) parecen no haberse enterado y nos traen una historia clásica de brujas malvadas come niños con cierto regusto nostálgico. Es la hora de Madre oscura (The Wretched), la cinta de terror que ha batido récords de taquilla en tiempos del coronavirus.

Esta es la típica historia de un hombre adolescente heterosexual con las hormonas disparadas que, tras un pequeño traspiés por el lado oscuro, pasa el verano trabajando junto a su padre (Jamison Jones, 24) en un pequeño puerto para yates. Desde el primer momento, comienzan a aparecer todos los estereotipos en este tipo de historias: la compañera de trabajo enamoradiza (Piper Curda, Teen Beach 2), los cayetanos redundantemente machitos y capullos, la (supuestamente) canónica tía buena inalcanzable, la nueva pareja del padre (Azie Tesfai, Supergirl) y unos vecinos bastante particulares.

Madre oscura sabe presentar sus cartas de manera solvente, incluso con ese prólogo y su explotado salto en el tiempo a los ochenta más falsos que hemos visto en mucho tiempo consigue que piquemos el anzuelo. Poco a poco, una serie de extraños episodios harán que Ben (John-Paul Howard, Comanchería) comience a sospechar de sus ruidosos vecinos, especialmente de ella (Zarah Mahler, vista en la serie 9-1-1) que apesta a podrido. Esa ojeriza se convertirá en una acusación más seria cuando el hijo de los vecinos desaparece y sus propios padres niegan su existencia.

Madre oscura bebe de todas y cada una de las historias que hemos visto una y mil veces traducidas al celuloide. La bruja de los Pierce comparte gustos caníbales con su pariente germana de Hansel y Gretel, cierto aire estiloso y las mismas deformidades e irritaciones cutáneas (que no alopecia) con la icónica Eva Ernst de La maldición de las brujas, e incluso algún que otro paseo al bosque tienen ecos de los de las amigas de Thomasin en La bruja: una leyenda de Nueva Inglaterra. Madre oscura mezcla esa cara de las brujas con otra más bestia, cuasi animalista y descarnada, cuyos movimientos y dimensiones recuerdan a los monstruos interpretados por Javier Botet (la icónica Niña Medeiros de la saga REC). Es justamente en esas escenas más aterradoras donde Madre oscura flojea. La película de los Pierce funciona mucho mejor cuando intenta convertir a Ben en un Jimmy Stewart de La ventana indiscreta de pacotilla (¡incluso tiene un miembro escayolado!) que cuando intenta ser una película de terror al uso.

Es una pena que Madre oscura intente tomarse demasiado en serio y no abrace mucho más la locura (que no el ridículo, que eso lo abraza en alguna que otra resolución). Un tono mucho más gamberro y adolescente, hubiese beneficiado la experiencia exponencialmente y hubiese trascendido la etiqueta de flor de un día… o noche, mejor dicho.

David Lastra

Nota: ★½

‘El hombre invisible’, oportuna relectura del mito de terror

El reboot de La momia protagonizado por Tom Cruise en 2017 iba a inaugurar un nuevo universo compartido alrededor de los míticos monstruos de Universal (Drácula, El hombre lobo, etc). El Dark Universe, como se hizo en llamar, se anunció a bombo y platillo con los fichajes de Javier Bardem, Johnny Depp, Russell Crowe y Sofia Boutella acompañando a Cruise, pero la película resultó ser un fracaso en todos los sentidos, lo que frustró la saga nada más despegar.

El batacazo del Dark Universe enseñó una importante lección a Universal: para construir una saga al estilo de Marvel hay que empezar por los cimientos, no por el tejado. Como resultado, el estudio se replanteó el proyecto y tomó una decisión inteligente: desarrollar las siguientes películas como historias individuales con la ayuda de la infalible Blumhouse, con la que mantiene un contrato en exclusiva. Así nació la nueva versión de El hombre invisible, una relectura moderna con presupuesto menor y autonomía narrativa que se libera de las presiones de las franquicias de cine. Su buena acogida, tanto a nivel de taquilla como de crítica (fue uno de los últimos éxitos pre-coronavirus), ha servido para quitar el mal sabor de boca de La momia y reavivar el interés por estas propiedades.

El hombre invisible viene firmada por Leigh Whannell, uno de los principales creativos de Blumhouse y director de Insidious 3 y la muy estimable Upgrade. La película reinventa la historia creada por H.G. Wells como relato sobre la violencia doméstica en el que el monstruo fantástico se convierte en un monstruo muy real: un maltratadorElisabeth Moss (Mad MenEl cuento de la criada) interpreta a la víctima, Cecilia, una mujer atrapada en una relación controladora y violenta con un brillante científico (Oliver Jackson-Cohen) que, tras su muerte en extrañas circunstancias, comienza a ser atormentada por un ente invisible que pone en peligro a sus seres queridos y la lleva al borde de la locura.

Whannell, que también escribe el guion, construye un drama de suspense y terror psicológico en el que todo está medido con precisión y nada sobra. Sobria, elegante y sin grandes ornamentos, la película descansa principalmente en la tensión y el miedo intrínsecos a la situación, y sobre todo, en la excelente interpretación de Moss, que con cada proyecto que elige se reafirma como la reina del sufrimiento y el desquicio. Su trabajo aquí es simplemente soberbio, una exhibición de matices y expresividad que nos hace partícipes del viaje emocional de su personaje, su trauma y su transformación.

Sin caer en el abuso de los sustos gratuitos que tanto abunda en el cine de terror moderno, El hombre invisible busca inquietar al espectador sobre todo manteniendo una sensación de desasosiego constante y una atmósfera opresiva, con escenas en las que se puede sentir el miedo aunque realmente no esté pasando nada. Whannell muestra un manejo absoluto de la tensión y hace un uso muy inteligente de la cámara, que abarca el espacio como si ella también fuera una presencia invisible ejerciendo influencia en la historia y la vida de Cecilia. La fotografía, fría y oscura, la visceral banda sonora de Benjamin Wallfisch (compositor de Blade Runner 2049 It), el diseño de sonido y el mesurado uso de los efectos especiales completan una experiencia muy intensa y equilibrada en todos los aspectos.

El hombre invisible reescribe inteligentemente el mito de terror dándole un origen mucho más acorde a nuestro presente y con una aproximación a la ciencia ficción más anclada en la realidad. La película se toma su tiempo para hacer las cosas y a cambio, el resultado es más que notable (así sí, Universal). Sin excesos ni complicaciones, pero con una visión muy clara de lo que quiere contar, Whannell lleva a cabo uno de esos remakes que no solo consiguen justificar su existencia, sino que además logran aportar algo nuevo, interesante y oportuno.

Pedro J. García

El hombre invisible sale a la venta en Blu-ray y DVD de la mano de Universal Pictures.

Extras: Comentario de fondo con el guionista/director Leigh Whannell. Escenas eliminadas. Moss se manifiesta. El viaje del director con Leigh Whannell. Los actores. Terror atemporal.

‘Under the Skin’, estreno tardío pero imprescindible de una obra maestra

2020 está siendo un año un tanto extraño. Puede que el más raro de nuestra existencia… y eso que el listón estaba demasiado alto con ese 2016 en el que fallecieron David Bowie y Prince, Trump se mudó a la Casa Blanca y el zika nos trajo más de un quebradero de cabeza. Pero nada como este 2020, que ya antes de llegar a su ecuador, nos ha puesto el cuerpo (y nuestras existencias) del revés.

Dentro de esta distopía en la que nos hemos visto envueltos de lleno, hemos experimentado graves desgracias, como está siendo la pandemia mundial por la COVID-19, el despertar de posturas filofascistas en nuestras ciudades y redes sociales, la constante violencia de género, racista y/o LGTBIfoba, la enésima prueba de la radical diferenciación entre estratos o que J.K. Rowling recuerde su contraseña de Twitter; pero también más de un rayo de esperanza que nos pinta un futuro no tan desolador, como ha sido el clamor popular en contra de las injusticias sociales, tanto a nivel global con el movimiento Black Lives Matter como con las redes de cooperación vecinal en los barrios para sostener las unidades familiares más golpeadas por la crisis, y, a otro nivel, mucho más anecdótico pero importante para la distribución cinematográfica española, el advenimiento de una vez por todas de Under the Skin a nuestras pantallas.

Unos pocos tuvimos la suerte de poder disfrutarla en pantalla grande gracias a una proyección especial dentro de la madrileña Muestra SyFy en 2015, y otros tantos, unos meses antes en el Festival de Sitges. Encuentros que no dejaron a casi nadie indiferente y que provocaron que muchos recurriésemos al mercado internacional para hacernos con una copia física, al haber visto colmadas con creces nuestras ansias de hype por el tándem formado por Jonathan Glazer y Scarlett Johansson.

Glazer le seguíamos por sus igualmente marcianas Sexy Beast y Reencarnación y, especialmente, por ser uno de los iconos más importantes en el mundo de la publicidad y los videoclips de las últimas décadas, gracias a sus trabajos para Radiohead (Karma Police), Blur (The Universal), Massive Attack (Karmacoma) o marcas como Guinness o Levis (él estaba detrás del mítico anuncio que marcó a una generación en el que dos jóvenes corrían destrozando todas las puertas que se cruzaban en su camino a ritmo de Händel).

Este reencuentro en pantalla grande con Under the Skin no podría haber ocurrido en mejor momento gracias a esa nueva normalidad distópica en la que nos movemos. Las gélidas y criminales desventuras de una peculiar cazadora de hombres por tierras escocesas resultan aún más seductoras y provocadoras que nunca. El film de Glazer no solo no ha envejecido mal, sino que se ha engrandecido aún más gracias al clima actual. El escalofrío que producía la frialdad no humana de esta mujer a la hora de llevar a cabo sus crímenes en ese negrísimo no-lugar infinito, resulta aún más potente visualmente y perturbador en la oscuridad de una sala de cine con aforo limitado y con mascarillas. Una experiencia verdaderamente aterradora que parece sacada más de una acción performativa que por una obligación sanitaria.

Aunque le hayan llovido candidaturas por su labor en Historia de un matrimonio y millones de dólares (y el aplauso de la crítica) por su Viuda Negra dentro del Universo Cinematográfico Marvel, su rol como misteriosa mujer que conduce y abduce sigue siendo el mejor papel de la carrera de Scarlett Johansson. Resulta acertadísima la sustitución del constante monólogo interior de Isserley en la novela original de Michel Faber por los silencios absolutos de la mujer sin nombre interpretada por Johansson. La actriz sabe traducir a la perfección ese opresivo flujo de conciencia y las consiguientes dudas sobre su propia naturaleza depredadora en pequeños gestos escondidos en una conversación trivial o una mera sonrisa sin alma ante lo más granado de los machos heterosexuales con los que se cruza.

Durante su caza, su personaje se encuentra de cara ante diversos episodios machistas, desde la adulación vacua de alguno de los autoestopistas que recoge a la violencia más física y directa en algún otro de sus encuentros. Acontecimientos que la mujer sortea como puede (como cualquier otra mujer, sin importar del planeta que venga), sin entenderlos en un primer momento, (parte por su desconocimiento de las artes humanas, parte como respuesta normal ante la cara más fea de los hombres), y censurándolos a medida que va aprendiendo que ese tipo de comportamientos no son los adecuados para con su persona.

Además del poderío de Jonathan Glazer y el arte de Scarlett Johanson, Under the Skin se sustenta gracias a otro tercer pilar tan importante como los otros dos citados: la música de Mica LeviLas enfermizas violas y las demás cuerdas que pueblan el apartado sonoro de la película componen una especie de lamento fúnebre a medio camino entre la tragedia clásica y el cine sci-fi de los sesenta que se introducirá dentro de tu cerebro y nunca podrás dejarlo ir. No obstante, Mica Levi consiguió el premio del Cine Europeo a mejor composición del año, aunque fue ninguneada, como el resto del film, en la carrera de los premios de la Academia. Por lo menos, ella pudo redimirse en parte con una más que merecida candidatura al Oscar por el excelente score de Jackie.

Under the Skin es una película atemporal. No solo porque funcione en cualquier tipo de época, sino porque siempre será absolutamente moderna y diferente a todas las demás.

David Lastra

Nota: 

[Reseña Blu-ray] El faro: Solo el fin del mundo

Ningún hombre es una isla por sí mismo. Por mucho que nos empeñemos cada vez más en ser completamente autosuficientes y no depender de nadie, el calor del prójimo sigue siendo la mejor solución para muchos de los males del ser humano. Por esa simple razón biológica de mera supervivencia, siempre será mucho más importante elegir bien a quién te llevarías a una isla desierta, que los mil y un cachivaches que te harían falta para sobrevivir al fin del mundo.

Justamente en el epicentro del fin del mundo es donde Ephraim Winslow (Robert PattinsonHigh Life) ha encontrado su nuevo trabajo: ayudante en un faro. Sus quehaceres diarios consisten en el mantenimiento básico del mismo, así como todo tipo de marrones que se le puedan ocurrir a Thomas Wake (Willem DafoeThe Florida Project), el farero mayor. Lo que en un principio es un trabajo de mierda, se convierte a los pocos días en una verdadera montaña de redundante y hedionda mierda. Literalmente, gracias en parte a las colosales ventosidades que surgen entre los dos mofletes del culo de Thomas. Un hombre de pocas palabras y muchos pedos que termina por desquiciar a un ya de por sí bastante psicótico recién llegado.

Todo termina por torcerse cuando el mal tiempo hace que su relevo no termine por llegar nunca y tengan que tirarse unas cuantas semanas de más en la isla. Como es normal, el conflicto entre ambos no se hace esperar, especialmente cuando el cabrón de Thomas no deja a su segundo disfrutar de los placeres (¿carnales?) de la luz del falo. Pero también habrá tiempo para grandes borracheras, con sus consiguientes arrebatos de camaradería máxima y sí, tensión sexual.

Después de dejar el listón por las nubes con su primer largometraje, La bruja, Robert Eggers sigue ahondando en la represión del ser humano. Si en su anterior obra, Thomasin (Anna Taylor-Joy) no lograba alcanzar su ansiada libertad hasta abrazar de una vez por todas su feminidad y su consiguiente condición ‘maligna’, en esta El faro (The Lighthouse), también realizada para la prestigiosa A24, experimentamos los estragos de un hombre en plena crisis de identidad. Un joven que ha dado bandazos durante los treinta años que lleva en esta tierra de Dios, lo cual se ha traducido en una hostilidad absoluta para consigo mismo y todo aquel que se acerque a él. También hay que decir a su favor, que la figura del farero no favorece en ningún momento la consecución de un estado zen, así como las deplorables condiciones inhóspitas del emplazamiento o esa puñetera gaviota que no deja de molestarle cada mañana con su insoportable graznido. Toda una buena heredera de nuestro querido Black Phillip.

Un agobiante formato en cuatro tercios unido a un sucísimo blanco y negro, hace que nos sumerjamos desde el primer momento en esa espiral de aislamiento y locura que atenaza a Ephraim. Junto a él, nos asomamos al abismo y antes de que lleguemos al éxtasis ante la inmensidad del fin (o a un orgasmo conjunto, con o sin sirena de madera), un gigantesco pedo de Thomas nos devuelve a nuestra dantesca y cruel realidad… o a la alucinación en la que estamos viviendo desde el día 1. Pero tampoco debemos idealizar la mente del burdo Ephraimya que, si el citado abismo tuviese un agujero, se lo follaría sin ningún tipo de miramientos. Esta psicosis sexual de pedos y polvos se ha convertido inesperadamente en un fiel reflejo de nuestra cotidianeidad durante los últimos meses. El confinamiento por el COVID-19 ha convertido a El faro en el zeitgeist de 2020, tanto o más que las proféticas Contagio de Steven Soderbergh o 12 monos de Terry Gilliam. 

El faro es una de esas pesadillas que termina drenando todas nuestras fuerzas y nos deja al borde de las puertas del infierno. Una cinta extremadamente perturbadora y surrealista, de atmósfera asfixiante y aire a terror gótico, que entra de lleno en el Olimpo de esta nueva ola de cine autor de terror que estamos viviendo en estos últimos años y que, como tal, ha sufrido el ninguneo en la carrera de premios. Como ya ocurrió con SuspiriaMidsommar o It Follows, ninguno de sus dos magníficos intérpretes, ni mucho menos su director o guionistas lograron rascar una nimia nominación a los premios Oscar, únicamente la inquietante fotografía de Jarin Blaschke (otro viejo conocido cuyo trabajo ya pudimos disfrutar/sufrir en La bruja) logró conseguir una mención en la pasada ceremonia.

No importa, tanto El faro como el resto de películas mencionadas ya forman parte del imaginario universal del cine de terror, mientras que muchas de las nominadas han caído en el olvido.

David Lastra

El faro ya está a la venta en Blu-ray y DVD de la mano de Sony Pictures Home Entertainment. La edición incluye los siguientes extras:

  • Audiocomentario con el director y co-guionista Robert Eggers.
  • Escenas eliminadas (5 min).
  • Un cuento oscuro y tormentoso (38 min).

Crónica de la Muestra SYFY de Cine Fantástico 2020

Aquí estamos un año más, de resaca después de un fin de semana maratoniano de cine fantástico. La Muestra SYFY, que ha celebrado este año su 17ª edición, congrega de nuevo a miles de aficionados al cine en Madrid, que durante cuatro días (del 5 al 8 de marzo) se convierte en una fiesta del cine de género. Fantasía, terror, ciencia ficción, acción y thriller en una selección de títulos, como siempre, muy variados.

La Muestra, presentada como siempre por la actriz y directora Leticia Dolera, comenzó el jueves con la premiere de Onward, la nueva cinta de Pixar, que este año ha decidido dejar descansar sus franquicias para volver a ofrecernos algo original, una aventura juvenil en homenaje al rol y la fantasía épica (podéis leer nuestra crítica aquí). La película animada inauguró un fin de semana en el que volvimos a comprobar lo fértil, diverso e internacional que es el género fantástico.

Invasiones extraterrestres, asesinos en serie, anime, cine de yakuzas, thriller social, posesiones infernales, viajes en el tiempo, zombies, cocodrilos y una fijación extraña por los perros… Con sus más y sus menos, como siempre, la programación de la Muestra este año nos ha dejado bastantes películas para el recuerdo, incluyendo la nueva ida de olla de Nicolas Cage, Color Out of Space y el regreso de Takashi Miike (Audition). También hubo hueco para celebrar los clásicos con la proyección especial de Regreso al futuro en su 35º aniversario. Y además, los más jóvenes (aunque no solo ellos) pudieron disfrutar del preestreno de la genial Trolls 2: Gira Mundial, dos semanas antes de su llegada a salas comerciales.

Sin más, os dejamos con nuestra opinión sobre todas las películas que vimos en la Muestra SYFY (menos la de clausura, Brahms. The Boy 2, que debido a problemas técnicos no se pudo proyectar en la sala 1). Tomad nota, porque algunas de ellas llegarán pronto a nuestras salas.

VIERNES

The Pool (Ping Lumpraploengm 2018)

Es fácil imaginarse lo que nos vamos a encontrar en una película tailandesa cuyos principales elementos son dos personas atrapadas en una piscina con un cocodrilo asesino durante 7 días, pero nada te puede preparar para el absurdo de The Pool. Al protagonista deben haberle echado mil maldiciones porque su mala suerte llega a ser surrealista. Además, a su compañera le han echado el mismo mal de ojo, aunque ella por lo menos es inmortal. Las situaciones en las que los personajes se encuentran y cómo se las ingenian para sobrevivir e intentar escapar de la piscina son tan inverosímiles y guardan tan poca relación con cualquier realidad o lógica que no puedes creer lo que estás viendo. Pero es justo por eso, y el descaro de un guionista y director al que le da igual todo, que The Pool no aburre ni un segundo y nos tiene enganchados y entretenidos durante sus 91 minutos.

Blood Quantum (Jeff Barnaby, 2019)

Primera invasión zombie de la Muestra. Se han contado tantísimos apocalipsis zombies en el cine en general, y en esta Muestra en particular, que no es fácil sobresalir y llegar a hacer algo interesante en este subgénero. Esta película canadiense empieza bien, situándose en Red Crow, reserva india micmac en la que los muertos (humanos y animales) van volviendo a la vida. Como punto interesante, los nativos indígenas de la zona parecen ser los únicos inmunes a los ataques de los muertos vivientes. Pero el interés por la premisa no tarda en desvanecerse, y lo que podía haber sido algo diferente acaba siendo una película más sin nada que aportar al manido cine de no muertos. Además, peca de ponerse un tanto intensa y tomarse demasiado en serio a sí misma, por lo que pierde la baza de ser entretenida.

Synchronic (Justin Benson, Aaron Moorhead, 2019)

Dos paramédicos con una longeva historia de amistad encadenan noches de atender extraños sucesos relacionados con una nueva droga de diseño, en plena epidemia de opioides de Estados Unidos. Unos habituales de la Muestra, el tándem Justin Benson/Aaron Moorhead (Resolution, Spring), presentan una propuesta más ambiciosa en su filmografía con dos actores de Hollywood como Anthony Mackie (Falcon en el Universo Marvel) y Jamie Dornan (el objeto del deseo de la saga Cincuenta sombras de Grey) y una trama bastante enrevesada. La historia empieza de forma misteriosa y muy intensa (su inmersivo diseño de sonido y banda sonora ayudan mucho a entrar en la película), mostrando los brutales efectos de las drogas y sus devastadoras consecuencias. Hacia la mitad, el argumento da un giro para centrarse en el personaje de Mackie y se convierte en una cinta de viajes en el tiempo. Synchronic es como dos películas luchando por ser una, un thriller de misterio y una aventura sci-fi que no terminan de tomar forma definitiva. Aunque tiene buenos momentos y entretiene, su prometedor inicio se va desinflando hacia algo más común. A destacar el hecho de que la historia esté impulsada por la amistad entre dos hombres dañados que se demuestran cariño y comparten sus sentimientos, algo que no suele verse en el cine fantástico.

Bacurau (Juliano Dornelles, Kleber Mendonça Filho, 2019)

Bacurau es un pequeño pueblo de Brasil en el que todos sus vecinos se conocen. Unidos ante el azote del alcalde de la región, político corrupto que solo les trata bien cuando necesita sus votos, deben unirse incluso más cuando una amenaza exterior mucho más violenta empieza a hacer acto de presencia en el lugar. Y hasta ahí vamos a leer. Lo mejor es enfrentarse al visionado de esta película, que viene precedida de muy buenas críticas y de un Premio Especial del Jurado en Cannes, sabiendo lo mínimo sobre ella. Se trata de una experiencia única. Una brutal fábula con sangrante denuncia social, retorcido sentido del humor y un desarrollo muy marciano en el que gran parte del tiempo no sabemos lo que está pasando. Llena de personajes curiosos y con una catártica recta final de lo más impactante, Bacurau es una de las películas más memorables de la Muestra este año, un trabajo desconcertante, frustrante y fascinante a partes iguales en el que las piezas tardan en encajar, pero cuando lo hacen, te golpean fuerte.

Shed of the Dead (Drew Cullingham, 2019)

Con esta comedia de terror sobre un aficionado al rol que se encuentra en medio de un apocalipsis zombie llega la primera sesión golfa de la Muestra 2020. Para el final de la noche se suelen dejar las propuestas más locas y desenfadadas, películas de serie B con bajo presupuesto y espíritu cutre a los que les solemos pasar por alto muchas cosas porque no están para tomárselas en serio. Siempre que sean divertidas y nos hagan pasar un buen rato a los valientes que nos quedamos en el cine hasta la madrugada. Desafortunadamente, no es el caso de Shed of the Dead, que además de cutre, no puede tener menos gracia. Esta película está hecha desde la perspectiva de una persona totalmente ajena al mundo actual, con un omnipresente machismo que empapa el 100% del metraje y nos muestra el peor lado del cine friki. En el film las mujeres solo existen para ser dos cosas: la persona que corta las alas al hombre provocando su desprecio o un objeto sexual que básicamente es una vagina andante. Resulta curioso que esta película con tan mal gusto haya sido recibida como “una película mala, sin más”, pero el año pasado Nación salvaje levantara tanta indignación…

SÁBADO

Trolls 2: Gira mundial (Walt Dohrn, David P. Smith, 2020)

Pudo haber alguna que otra sorpresa en la Muestra, pero ninguna comparada la de Trolls 2 (no confundir con la infame Troll 2). Los adorables e hiperactivos personajes basados en el popular juguete de los 80 vuelven en esta segunda parte en la que descubren que no son únicos en su especie. Distintas razas de trolls viven alrededor del mundo, cada una de ellas definida por un género musical. Su paz se ve amenazada por una troll rockera que emprende una gira mundial para someter a todos los trolls a su dictadura musical: una nación unida bajo un solo tipo de música. Si la primera Trolls es una de las películas de animación recientes más infravaloradas, esta secuela supera todas las expectativas. Un explosivo derroche de color, imaginación y creatividad que cuida tanto el aspecto visual (los diseños son geniales y las texturas aterciopeladas increíbles) como su guion. Lejos de ser la típica secuela desganda para seguir exprimiendo el éxito de una franquicia, Trolls 2 se curra (y mucho) una historia muy inteligente que acaba siendo un manifiesto pop a favor de la diversidad, la unidad y la tolerancia. Rebosante de buenas ideas, con un humor inteligentemente absurdo, música sin fin, energía por un tubo (sigue siendo lo más cercano a un viaje de ácido que nos va a dar el cine de animación) y un finísimo análisis de los géneros musicales y su historia, Trolls 2 presenta una rara avis en el cine animado infantil, una secuela irresistible para los más pequeños que ningún adulto debería pasar por alto.

The Cleansing Hour (Damien LeVeck, 2019)

Con The Cleansing Hour Damien LeVeck convierte en largometraje su corto homónimo de 2016. Y no pudo haber tomado mejor decisión, porque el resultado es muy bueno. El título del film es también el nombre de un programa online de exorcismos en directo presentado por un falso cura y producido por el mejor amigo de este. Como es de esperar, la farsa acaba volviéndose real cuando durante una de las emisiones ocurre una posesión real, lo que obliga a los participantes a enfrentarse a su pasado y descubre a los espectadores que todo lo que han visto hasta ahora es un montaje. El cine de exorcismos es otro subgénero del terror bastante manido, pero The Cleansing Hour logra salir de la rutina gracias a un equipo que la eleva por encima de la media con una dirección solvente, unos efectos especiales y de maquillaje de primera categoría y un guion que consigue mantener la tensión de principio a fin centrándose en un solo caso y en un espacio limitado, y mostrando las repercusiones a través de Internet alrededor del mundo.

Rabid (Jen Soska, Sylvia Soska, 2019)

Curioso que en 2019 se haya hecho este remake de la película de David Cronenberg del mismo título con guion aprobado por el propio director. Esto es un arma de doble filo por las expectativas que puede crear, que en este caso no están a la altura. La premisa es la misma, una tímida mujer que tras un accidente se somete a una técnica experimental de cirugía plástica y desarrolla un gusto por la carne cruda y la sangre que se torna en epidemia de rabiosos asesinos. La película no explota su punto fuerte, que es mostrar la sangre y la (nueva) carne, y en lugar de eso centra su desarrollo en unas vacías y aburridas secuencias dramáticas en las que no parece que pase nada porque… no está pasando nada.

The Lodge (Severin Fiala, Veronika Franz, 2019)

Tras la trágica pérdida de su madre (Alicia Silverstone), dos hermanos se ven obligados a pasar los días antes de Navidad en una cabaña con la nueva novia de su padre (Riley Keough), aislados por una tormenta de nieve. A la tristeza de los niños se une el turbio pasado de su futura madrastra en una secta, lo que hará la estancia muy intensa y desagradable para todos. Tras la interesante Goodnight Mommy, sus directores saltan al inglés con esta historia de terror religioso cocido a fuego lento al más puro estilo europeo y con tintes de melodrama familiar. La tensión va en aumento durante todo el metraje con una sensación de frío y aislamiento muy lograda, perturbadoras secuencias oníricas y una locura que se va apoderando lentamente del relato hasta estallar en el clímax. Destaca una fantástica Riley Keough en su propia versión de El resplandor.

Color Out of Space (Richard Stanley, 2019)

Vuelve el equipo que nos trajo la delirante Mandy, esta vez con la adaptación de una historia corta de H. P. Lovecraft. En la inquietante Color Out of Space una familia que vive cerca de un bosque recibe en su jardín el impacto de un meteorito que está más vivo de lo que parece y ejerce en ellos una influencia que acabará convirtiendo sus vidas en una pesadilla. Lo que empieza como una película fantástica familiar al más puro estilo Spielberg, va tornándose en la más oscura y macabra de las pesadillas. Pero más allá de su violencia pesadillesca y su embriagadora psicodelia visual, lo que convierte Color Out of Space en una experiencia única es la sensación de amenaza indefinida que recorre la película, un invasor que se caracteriza únicamente como un “color” y que provoca un desconcierto absoluto. Esto, junto al progresivo deterioro de la familia (con un Nicolas Cage superándose en desquicio), alcanza unos niveles de perturbación y enajenación que los aficionados a la ciencia ficción terrorífica agradecerán.

Satanic Panic (Chelsea Stardust, 2019)

Cuando lo único destacable en una película es que no es tan mala como otra, hay un problema. La segunda y última sesión golfa de este año nos cuenta las desventuras de una repartidora de pizzas que se ve obligada a huir de una secta de ricachones satánicos (capitaneados nada menos que por Rebecca Romijn) que quieren usar su cuerpo virgen para invocar a un poderoso demonio. Donde Shed of the Dead tenía un chiste con gracia en toda la película, esta a lo mejor tenía cinco, y donde aquella eran 90 minutos de desagradable machismo, esta solo lo tiene durante una escena. El resto es más o menos lo mismo, humor muy poco inspirado y nada verdaderamente destacable más allá de la presencia de Romijn y Jerry O’Connell. Cuando una película empieza con un intento de violación mostrado en clave de comedia, mal vamos.

DOMINGO

Human Lost (Fuminori Kizaki, 2019)

Basado en una novela de Osamu Dazai, este anime de Fuminori Kizaki nos traslada a un Japón futuro en el que los médicos han quedado obsoletos gracias a que la poderosa organización S.H.E.L.L. ha conseguido la total salud de sus habitantes aumentando así la esperanza de vida a los 120 años. El director venía de realizar Bayonetta: Bloody Fate, película de animación basada en el videojuego de culto con una animación muy buena pero una historia muy deficiente. Aquí pasa lo mismo, ya que se alternan impresionantes escenas de acción con horriblemente confusas conversaciones que intentan continuamente que el espectador entienda el funcionamiento de esa sociedad futura, con intrincados diálogos y muchas siglas que no tienen sentido alguno y acaban por hacer desconectar totalmente.

Le daim (Quentin Dupieux, 2019)

El director Quentin Dupieux se ha ganado cierto nombre y culto con rarezas como Rubber, y sigue en el buen camino para convertirse en el representante francés de lo raro con esta comedia negra sobre un hombre no muy en sus cabales que se obsesiona (mucho) con su chaqueta de ante, hasta el punto de querer ser la única persona que lleve chaqueta en el mundo. Un punto de partida tan absurdo solo puede tener éxito si se desarrolla de la misma forma, y Le daim triunfa llevando el humor surrealista a un límite tremendamente disfrutable. Una propuesta excéntrica, atípica y original con un genial Jean Dujardin absolutamente genial y Àdele Haenel (Retrato de una mujer en llamas) sumando puntos para convertirse en una de nuestras actrices francesas favoritas. Otra de esas películas a las que es mejor adentrarse sabiendo muy poco.

First Love (Takashi Miike, 2019)

Hace tiempo que se nos viene vendiendo esta película como una vuelta a la forma del prolífico director japonés Takashi Miike, después de pasar demasiados años centrándose en adaptaciones live-action de mangas y animes sin demasiado interés. Y afortunadamente, sus fans podemos respirar tranquilos: Miike ha vuelto y es de verdad. Leo, un joven boxeador que cree que le queda poco tiempo de vida, se ve mezclado en una trama de tráfico de drogas que enfrenta a los yakuza con las mafias chinas, situación que además le lleva a convertirse en el improvisado protector de una joven prostituta drogadicta (en el fondo, esta es una muy retorcida date movie). Miike sabe como nadie mezclar una historia tan cruda con el amor de juventud y la comedia más estúpida, que en esta ocasión alcanza puntos gloriosos. Lo hace con su estilo personal e inconfundible, mostrando siempre los bajos fondos y la decadencia del Japón menos amable, con un pulso y un nervio en la dirección que nos vuelve a recordar por qué es un maestro único en lo que hace. Rememorar aquella maravilla que fue Dead or Alive hace ya 22 años (también con música de Kôji Endô) solo hace que confirmar que el genio de Miike nunca se apagó, solo que se había entretenido en otras cosas.

Escrito por Daniel Andréu y Pedro J. García

Malasaña 32: El terror vive en Madrid

La gran ciudad siempre ha sido el sueño de muchos, tierra de oportunidades, trabajo y experiencias, y vía de escape para aquellos que desean salir de sus rutinarias vidas de pueblo. Pero una vez en Londres, Nueva York o Madrid, descubrimos que no todo es tan ideal como nos lo habían pintado y la experiencia es muy distinta a lo que esperábamos. A veces incluso se torna en pesadilla. En el caso de los Olmedo, una literal.

Malasaña 32 nos traslada al conocido barrio de Madrid en la década de los 70 en una de las primeras películas de Bambú Producciones, estudio detrás de series como VelvetLas chicas del cableEn el corredor de la muerteRamón CamposGema R. NeiraSalvador S. Molina y David Orea escriben el guion, mientras que Albert Pintó (Matar a Dios) se encarga de la dirección. En el reparto nos encontramos a Begoña Vargas (Alta mar), Iván Marcos (Fariña), Beatriz Segura (La caza. Monteperdido), Sergio Castellanos (La peste) y José Luís de Madariaga (Hierro), junto a nuestro internacional Javier Botet (especialista en monstruos que hemos visto en [REC]It o Expediente Warren) y un cameo sorpresa que es preferible no desvelar.

La historia, “basada en hechos reales”, sigue a una familia de seis miembros (pareja, tres hijos y abuelo) que se muda a la ciudad en busca de una oportunidad para pasar página y empezar una nueva vida, huyendo de un pueblo en el que las habladurías, los secretos y los malos recuerdos ya no les dejaban vivir. En Madrid dan con un piso de grandes dimensiones en el bullicioso barrio de Malasaña (una utopía en la actualidad) que permanece tal cual lo dejó su anterior inquilino hace cuatro años, después de morir. Al poco de instalarse en la casa, la familia empieza a experimentar fenómenos extraños en el edificio, donde una terrorífica presencia se dedica a atormentar sus existencias.

Malasaña 32 sigue el manual de las películas de casas encantadas al pie de la letra. No falta ningún cliché: el sótano tenebroso, las luces parpadeantes, los aparatos electrónicos que se encienden solos, el teléfono que suena a pesar de estar desconectado, los juegos infantiles que acaban mal, la médium, el niño que habla con alguien que no vemos, el gato impertinente de siempre, la mecedora vacía que se mueve… y así podría estar hasta mañana. La película no se deja ni un solo lugar común por explorar, lo que hace que recuerde demasiado a otras cintas de terror como Insidious, Expediente Warren y sobre todo Poltergeist y Amityville. Sin embargo, su falta de originalidad se ve suplida por una ejecución notable que hace que la película cumpla de sobra su cometido: entretener y asustar.

Con habilidad técnica y sentido del ritmo, Pintó maneja estupendamente la tensión y la anticipación, construyendo competentes escenas de suspense y trabajándose bien los abundantes sobresaltos sin olvidar el drama familiar y social que bombea la historia. La ambientación setentera está muy lograda, añadiendo al clásico cuento de fantasmas el inconfundible toque español que aportan esos edificios antiguos del centro de Madrid que ya inmortalizó Álex de la Iglesia en La comunidad, con sus escaleras de madera, sus mirillas-rosetón y sus apartamentos de techos altos. Y la espeluznante presencia demoníaca que amenaza a los Olmedo (demasiado similar a la Niña Medeiros, eso sí) garantiza un buen mal rato para el espectador.

Desafortunadamente, como le ocurre a muchas películas de terror, Malasaña 32 se pierde en un final que se empeña en dar respuestas enrevesadas (con algún que otro estereotipo anticuado además), acabando en un desenlace engorroso y confuso que sobreexplica demasiado para terminar encontrando una salida fácil. A pesar de todo, sus virtudes compensan sus traspiés: buena atmósfera y sustos, un reparto más que solvente y un monstruo que se queda en el subconsciente hacen de Malasaña 32 una película de terror eficaz a pesar de no aportar nada original al género.

Pedro J. García

Nota: ★★★

American Horror Story 1984: Los 80 nunca morirán

Después de nueve años en antena, American Horror Story es toda una institución televisiva. Cada otoño, la serie de terror antológica creada por Ryan Murphy y Brad Falchuk continúa creando expectación en torno al tema de la temporada y los actores que formarán parte de su reparto, mientras que sus índices de audiencia siguen siendo muy sólidos para una serie tan longeva. Este año, la ficción de FX (emitida por FOX en España) se vuelve a reinventar llevándonos de nuevo al pasado con AHS 1984, homenaje al slasher de los 80 con Viernes 13 como principal referente y reminiscencias a otra serie de Murphy, Scream Queens.

AHS 1984 transcurre en el Campamento Redwood, lugar de una de las masacres más sangrientas ocurridas en este universo de ficción. La historia sigue al prototipo de final girl Brooke Thomson (Emma Roberts), una chica inocente y reservada que, tras un terrorífico encuentro con el asesino en serie Richard Ramírez (Zach Villa), decide pasar el verano como monitora en Camp Redwood, uniéndose a un diverso grupo de personas, a cada cual con el secreto más oscuro. A su llegada, son recibidos por Margaret Booth (Leslie Grossman), directora del campamento y única superviviente de Mr. Jingles, el sádico asesino que sembró el terror en el lugar 14 años antes. La noche antes de la llegada de los niños al campamento, la noticia de que Mr. Jingles se ha escapado del hospital psiquiátrico en el que estaba encerrado da comienzo a una violenta pesadilla de la que será difícil escapar con vida.

Sarah Paulson y Evan Peters, hasta ahora los dos únicos actores que habían aparecido en todas las temporadas de la serie, no forman parte del reparto de AHS 1984. Sin embargo, la temporada sigue contando con numerosos rostros familiares, como Emma Roberts, Cody Fern, Leslie Grossman, Billie Lourd, Lily Rabe, John Carroll Lynch, Leslie Jordan, Dylan McDermott o Finn Wittrock, a los que se unen actores de otras series de Murphy, como Matthew Morrison (Glee) y Angelica Ross (Pose), y nuevas incorporaciones como el atleta y thist trap profesional Gus Kenworthy. Este elenco, sumado a la ausencia de veteranos como Kathy Bates, Jessica Lange o Dennis O’Hare hace de AHS 1984 la temporada más “juvenil” hasta la fecha, lo cual encaja con la propuesta si tenemos en cuenta que las películas de terror que homenajea/parodia suelen estar protagonizadas por adolescentes y orientadas al público joven.

Después del crossover de Apocalypse1984 vuelve a contar una historia más cerrada e independiente. Hay guiños y conexiones que siguen unificando todas las historias en el mismo universo, pero el espectador no necesita haber visto lo anterior para entender la temporada. La trama de 1984 comienza apoyándose fuertemente en las convenciones del slasher, con un asesino en serie que persigue a un grupo de jóvenes y los mata uno a uno de las maneras más macabras y retorcidas -la serie aumenta las dosis de violencia gráfica en la que es posiblemente la temporada más gore y explícita hasta la fecha-, para a continuación dar un giro en el quinto capítulo (como Roanoke, pero menos meta) y dedicar los restantes a contarnos un cuento de fantasmas al más puro estilo AHS.

Al contrario que en temporadas como Freak Show y Hotel, que tuvieron arranques estupendos pero se desinflaron conforme avanzaron, 1984 empieza con uno de los primeros capítulos más insulsos que se recuerdan de la serie para más adelante remontar el vuelo y terminar con buena letra. Los primeros cuatro episodios son un caos absoluto hasta para una serie como esta, no precisamente conocida por su solidez narrativa. El argumento se enreda demasiado pronto y sin apenas preámbulo, los giros no vienen precedidos de un mínimo desarrollo de personajes y todo se vuelve repetitivo muy rápidamente, desaprovechando así la oportunidad de hacer algo original o diferente con el homenaje al slasher, un género diseccionado recientemente en películas como La cabaña en el bosqueThe Final Girls.

Afortunadamente, la segunda mitad compensa la primera. A partir del quinto episodio, 1984 nos remite directamente al principio para volver a contar una historia de espíritus que permanecen atrapados en un lugar que hace las veces de limbo o purgatorio. Al igual que la casa de Murder House, el Campamento Redwood se convierte en la prisión de un grupo de personajes que se enfrentan a una eternidad en el lugar donde murieron. Sin abandonar en ningún momento la violencia y el humor mamarracho que siempre ha caracterizado a la serie, AHS 1984 se adentra en terreno emocional en su recta final, donde tanto los supervivientes como los fantasmas de Camp Redwood deben revisitar el pasado para resolver sus asuntos.

Oficialmente la temporada más corta de AHS con nueve episodios1984 llega a su clímax prometiendo un festival bañado en sangre para su último episodio, pero en su lugar nos ofrece una conclusión sentimental que recuerda, salvando las distancias, al final de Asylum. A pesar de no ser lo esperado y arriesgarse a decepcionar, este desenlace funciona muy bien como conclusión por dos razones: da sentido y ofrece cierre satisfactorio para los personajes, con lo que la temporada termina mucho mejor de lo que empezó. Más allá de los calentadores, los colores chillones y los litros de laca por cabeza, el homenaje a los 80 se vuelve especialmente trascendental cuando Montana, el personaje de Billie Lourd (la gran estrella de la temporada), nos recuerda que esta década nunca morirá, coronando así una historia sobre la inmortalidad, literal y figurada.

AHS 1984 no es ni de lejos de las mejores temporadas de la serie, pero tampoco es la peor. Pese a lucirse como siempre en lo estético (qué gozada los looks de los personajes), tener buenas interpretaciones (Lourd, Lynch, Ross, tú no Gus Kenworthy, Grossman, McDermott…) y darnos todo lo que tanto nos gusta de ella y lo que tanto obsesiona a su creador -personajes excéntricos, homenajes cinéfilos, humor alocado, nostalgia, asesinos en serie-, se puede notar el desgaste que afecta a la serie (y al espectador). Tras la emisión del final de 1984, las noticias sobre el futuro de la serie son contradictorias. Por un lado se cree que la décima temporada podría ser la última, y por otro se habla de que la serie podría durar diez temporadas más. No sabemos lo que pasará, pero si AHS va a seguir con nosotros tanto tiempo y nosotros pensamos seguir siéndole fieles, quizá vendría bien descansar un poco.

Crónica del Festival Internacional de Cine Fantástico Nocturna 2019: Parte 1

INAUGURACIÓN Y DÍA 1

El festival Nocturna Madrid es como el Primavera Sound de Barcelona, si lo has disfrutado un año sabes que te puedes pillar la acreditación a ciegas al siguiente, porque es garantía de que va a estar lleno de películas y actividades interesantes, así que cada año se empieza con más ganas.

Como en cada edición, el Nocturna es una celebración del cine fantástico, con films de terror, fantasía y ciencia ficción de lo más diverso que, en muchos casos, brindan una oportunidad perfecta para ver un tipo de cine que no tiene distribución comercial y de no ser por estos certámenes, permanecería oculto.

A continuación tenéis breves reseñas de todas las películas que hemos visto en los dos primeros días de la edición de este año, que ha contado con la presencia del director Alex Proyas (El cuervo, Dark City) y muchas actividades paralelas para los amantes del cine de género.

Piedra, papel y tijera (Martín Blousson, Macarena García Levi, 2019 – Argentina) PANORAMA

La primera película proyectada este año supuso la primera rareza del festival. Magdalena vuelve a casa de sus hermanastros Jesús y María José tras años separados para reclamar parte de la herencia por la muerte de su padre. Lo que iba a ser una visita de unos días se alarga y Magda va descubriendo poco a poco que sus hermanastros no han superado ni su pérdida ni los traumas de la infancia. Con un tono que camina continuamente entre lo dramático y lo cómico, esta ¿Qué fue de Baby Jane? a tres bandas consigue que una premisa muy simple y en principio poco interesante vaya escalando en intensidad hasta convertirse en un peculiar y muy retorcido thriller. Los estupendos tres únicos actores (se basa en la obra de teatro de una de las co-guionistas) se bastan para que les conozcamos a no solo a ellos sino también a ese padre desaparecido cuya presencia todavía tiene mucho peso sobre sus hijos. Gracias a eso y a una buena dirección, esta película consigue esa atmósfera enfermiza que tan bien le viene a este tipo de películas.

Daniel Andréu

El cerro de los dioses (Daniel M. Caneiro, 2019 – España) DARK VISIONS

¿Y cómo hubiese sido Midsommar si hubiese estado ambientada en La Mancha? Daniel M. Caneiro nos da su cachonda visión con El cerro de los dioses, un meta mockumentary sobre los estragos de la fama y cómo somos capaces de todo con tal de conseguirla. Paula Muñoz (El club de los incomprendidos) e Itziar Castro (Pieles) con su reality (que alguien compre ‘Itziar Forever!’, por favor) destacan entre un multitudinario reparto repleto de cameos tan disparatados como Raúl Arévalo e Isabel Coixet. 

David Lastra

1BR (David Marmor, 2019 – EE.UU.) OFICIAL FANTÁSTICO

Todo empieza muy normal para la joven protagonista de 1BR (y para los espectadores). Sarah se muda a Los Ángeles para empezar una nueva vida alejada de la mala relación que tiene con su padre y su actual pareja. Encuentra el apartamento perfecto y la comunidad perfecta, pero estamos en el festival que estamos y pronto nos damos cuenta de que esa perfección esconde muchos secretos y esa comunidad está extrañamente unida. Como si  se tratase de una versión sin humor negro de La comunidad, Sarah sufre los horrores de pertenecer a la vecindad, y nosotros asistimos al proceso mediante el cual su vida se va arruinando cada vez más en un thriller que siempre entretiene pero que no llega a arrancar del todo porque se toma demasiado en serio. Es solo en el tramo final cuando se vuelve un poco loca y hace ver que viene lo bueno… pero entonces se acaba y deja con ganas de más. Aunque la película no termine de encontrar su personalidad, hay que destacar el increíble trabajo de Nycole Brydon Bloom como Sarah, ya que consigue con naturalidad todos los registros de su papel y es de esas personas a las que “da gusto” ver sufrir. Firme candidata al premio a mejor actriz del festival.

Daniel Andréu

Urubú (Alejandro Ibáñez Nauta, 2019 – España) GALA DE INAUGURACIÓN

Este año no podía ser de otra forma, el festival está dedicado al recientemente fallecido Chicho Ibáñez Serrador, el maestro que tanto placer nos dio haciéndonoslo pasar mal. Los que lo vivimos nunca nos cansaremos de repetir lo especial que fue su contribución hace dos años cuando hizo el enorme esfuerzo de recoger en persona su premio Maestro del Fantástico. Los que más recibimos fuimos los que estábamos en la sala durante el tributo, porque la clase magistral de dos minutos que nos dio fue pura magia para amantes del cine.

Una bonita forma de rendirle homenaje fue que la película de inauguración fuera el primer largometraje de su hijo, Alejandro Ibáñez. Tras unas sentidas palabras por parte de Sergio Molina (director del festival), Ibáñez y el resto del equipo de la película, se proyectó un simpático vídeo homenaje en el que la voz de Chicho tiene una conversación con su hijo desde allá donde esté. El cortometraje en este caso fue un vídeo realizado también por Alejandro para la ONG Save the Children en el que se lanza un mensaje sobre la necesidad de prestar atención a los niños que más sufren. Lydia Bosch conduce bien su personaje pero la elección de Dani Rovira como su pareja no es de lo más acertada, ya que el curioso toque de terror del cortometraje se pierde un poco por su culpa. Pero con un mensaje así, este tipo de cosas son lo de menos.

Finalmente llegó el gran estreno con Urubú. En ella, Tomás viaja a la selva amazónica con su familia persiguiendo fotografiar al urubú albino, una rareza de ave que podría relanzar su carrera. Esta obsesión le hace no darse cuenta de que todo apunta a que se está metiendo en la boca del lobo en una zona llena de peligros y misterios, hasta que su hija desaparece y ya no hay vuelta atrás. El regusto de cine de los 70 está muy bien conseguido, con su atmósfera, su estructura, su música… Pero algo falla. Empezando por que los actores no resultan del todo creíbles hasta que la historia no ha avanzado lo suficiente, y terminando por el hecho de que el homenaje se come a la película.

Lo que empieza siendo algo bonito (la niña enciende la tele y están dando ¿Quién puede matar a un niño?) acaba siendo demasiado obvio. Las ganas de Alejandro Ibáñez, el talento y la encomiable labor por mantener vivo el cine de género en España, quedan empañados por un empeño muy constante y nada bien llevado por homenajear el cine de su padre, tanto que al final más que un homenaje parece una copia. La idea de un universo expandido de la obra maestra de Chicho no puede ser más interesante, pero si uno no se separa un poco del homenaje al final no funciona. Podría haber sido un survival en la selva brasileña sorprendente, pero se queda en nada entre obviedades (el puro del personaje que interpreta Alejandro, los planos reproducidos de la película original, el argumento…) o cosas directamente sin sentido (¿cómo puede la película de referencia formar parte de la ficción y de la realidad al mismo tiempo?). Una pena, pero aun así creo que con el tiempo, el heredero podrá demostrar que puede mantener vivo el legado de su padre sin dejar de lado su propia personalidad y talento.

Daniel Andréu

Echoes of Fear (Brian Avenet-Bradley y Laurence Avenet-Bradley, 2019 – Estados Unidos) DARK VISIONS 

Aunque tarde bastante en arrancar, Echoes of Fear va a por todas. El matrimonio Avenet-Bradley nos trae una historia de fantasmas bastante sencilla a primera vista, pero que cuanto más loca y enrevesada se vuelve, menos pierde sus papeles. Esta consecuencia a la hora de relatar los acontecimientos e ir introduciendo los giros, hacen de Echoes of Fear una película ejemplar de cómo hacer las cosas dentro del terror independiente (el de verdad, el low cost). Además, nos presentan a Alisa (notable Trista Robinson), la final girl más inteligente y capaz de los últimos tiempos.

David Lastra

DÍA 2

Luz (Juan Diego Escobar Alzate, 2019 – Colombia) OFICIAL FANTÁSTICO

Tiene que ser casualidad ya que ambas películas se rodaron más o menos a la vez, pero esta Luz tiene más de un paralelismo con Midsommar. Un grupo de personas vive en una montaña colombiana aislada del mundo, con El Señor como líder de unos Ángeles que están bajo sus órdenes. La muerte de su esposa le lleva a sumirse en un pozo de fanatismo religioso que poco a poco va arrastrando a las pocas personas que le rodean hasta acabar con su cordura. Este ambiente de secta con rígidas normas sobre creencias y tradiciones en un entorno natural ya recuerda a la película de Ari Aster, pero lo más curioso son esos planos exteriores de los prados con unos contrastes de colores pasteles que parecen sacados directamente de Midsommar. El apartado técnico es correcto, pero no es suficiente para levantar una película demasiado irregular que solo tiene puntuales destellos de brillantez esparcidos a lo largo de un metraje excesivo y en ocasiones pesado. Merece la pena por la curiosidad y porque realmente tiene algunas escenas muy potentes, pero se queda a medio camino de alcanzar sus pretensiones.

Daniel Andréu

Il Signor Diavolo (Pupi Avati, 2019 – Italia) OFICIAL FANTÁSTICO

Para alguien que no había visto ninguna película del mítico Pupi Avati, estrenarse así no ha estado nada mal. Como si de una película italiana de los 50 se tratase (pero sin el grano de la imagen y con buen audio), Il Signor Diavolo nos cuenta la investigación de una enrevesado caso de asesinatos y personas deformes con la iglesia de por medio. La recreación de ese tipo de cine está muy conseguida, pero añadiendo toques aun más turbios que los fans del género agradecemos. Es raro, pero a la vez que resulta muy entretenida, uno tiene la sensación de que la película ha durado como mínimo dos horas… pero sale de la sala y solo han pasado 86 minutos.

Daniel Andréu

Z (Brandon Christensen, 2019 – Canadá) OFICIAL FANTÁSTICO

Joshua y sus padres, Beth y Kevin, viven cómodamente sus vidas hasta que el hijo y su amigo imaginario Z empiezan a dar muchos problemas. Esa es la premisa de una película que se presenta como una vuelta de tuerca a las historias de “niño con amigo imaginario”. No es exactamente así, ya que tira continuamente de tópicos, pero lo que la hace destacar por encima de la media es el buen hacer a la hora de mantener el misterio y la tensión durante todo el metraje. Tras uno de esos falsos finales que hacen peligrar el ritmo de la película, llega una parte que estoy seguro de que nadie se esperaba en una producción así, ya que la actriz protagonista se queda sola y ofrece las escenas más bizarras de la película. Y menos mal que lo hace, porque Keegan Connor demuestra que es capaz de llevar encima ese peso y mucho más.

Daniel Andréu

Reborn (Julian Richards, 2018 – Estados Unidos) DARK VISIONS

Autoproclamada como “la Carrie de la generación Z”, la adolescente de Reborn no pasaría ni por prima segunda lejana de la diosa encarnada por Sissy Spacek. Construida bajo los peligrosos cimientos de la nostalgia, Reborn se derrumba estrepitosamente al no aportar nada nuevo, ni mucho menos emocionante a nuestras vidas. Lo único reseñable, la presencia de Barbara Crampton (Re-Animator) y Michael Paré (Calles de fuego) como protagonistas y unos créditos iniciales que prometían bastante.

David Lastra

Noche de bodas: La comedia negra de la temporada

Casarse conlleva un ritual de preparativos, tradiciones y compromisos familiares que pueden acabar con los novios. En el caso de Grace (Samara Weaving), literalmente. Su boda con Alex (Mark O’Brien) la llevará a incorporarse de forma oficial a la familia Le Domas, un acomodado clan que ha amasado una enorme fortuna gracias a su longevo negocio de juegos de mesa. Después de la ceremonia y cumpliendo una vieja tradición, Grace debe someterse a un ritual de iniciación por parte de la excéntrica familia, convirtiéndose en la presa de un juego letal.

Esta es la llamativa premisa de Noche de bodas (Ready or Not), comedia negra dirigida por el tándem Tyler Gillett y Matt Bettinelli-Olpin (V/H/SEl heredero del diablo), que se aproximan al clásico juego del gato y el ratón con mucho sentido del humor y grandes dosis de acción sangrienta. Noche de bodas se desarrolla como un slasher o una cinta de invasión doméstica ambientada en una mansión llena de rincones y pasadizos secretos, en la que el malo no es un asesino carnicero, sino una familia que haría cualquier cosa por conservar su privilegio. Tanto en su argumento como en su tono se pueden encontrar similitudes con películas como Tú eres el siguienteLa purgaLa cabaña en el bosque, además de claros ecos al cine de Sam Raimi.

Gillett y Bettinelli-Olpin tardan un poco en mostrar sus cartas. La película parte de una idea curiosa pero inevitablemente familiar, y avanza in crescendo, empezando como un cinta de terror y suspense al uso (escasa de sustos, eso sí) para ir entregándose progresivamente a la locura y la violencia. Esta evolución coincide con el desarrollo de su protagonista, una excelente Samara Weaving que se hace con las riendas del film desde el principio y no las suelta. Vestida de novia y ajena a lo que se le viene encima, su Grace es el punto de entrada para el espectador, es quien nos lleva de la mano, primero escéptica y desorientada, y a continuación escopeta en mano, salvaje y de vueltas de todo (a lo Leticia Dolera en [REC]3 ). El contraste entre su imagen con su pulcro vestido blanco al principio y teñido de rojo al final sería el meme perfecto para representarnos: “Al principio del año / Al final del año”.

La rodean (y persiguen) un grupo de personajes que parecen versiones retorcidas de los sospechosos del CluedoLa herencia de la tía Agata. Excepto el novio y su hermano (Adam Brody), que representan el bando cuerdo de la familia, el resto de miembros del clan Le Domas están locos de atar y conforman un plantel de personajes extremos y caricaturescos. Esto nos deja momentos muy divertidos y estallidos de humor absurdo y exagerado, pero también nos muestra que los directores no están demasiado interesados en ir más allá de la superficie -lo cual no tiene por qué ser un problema si aceptamos sus intenciones.

Como crítica al clasismo y el privilegio blanco y adinerado, Noche de bodas no va muy lejos, pero como pasatiempo cumple de sobra y como alegoría de lo difícil que puede ser tratar con la familia política da en la diana. El humor con el que aborda la violencia y las escenas más macabras, junto a su tono autoconsciente y deliciosamente perverso (que culmina en un final explosivo), nos invitan a relajarnos y disfrutar del juego. Noche de bodas tiene personalidad y demuestra lo bien que le puede sentar la comedia al terror, pero si algún día acaba alcanzando el status de película de culto (que es para lo que parece estar concebida), será sobre todo por Samara Weaving, que después de The Babysitter, Mayhem y esta se corona como nuestra nueva scream/action queen favorita.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

It – Capítulo 2: Somos nuestros recuerdos

Pennywise volvió a causar estragos en 2017, exactamente 27 años después de que Tim Curry lo inmortalizase en la miniserie original de It. Haciendo honor a la profecía, el terrorífico payaso salido de la mente de Stephen King regresaba a nuestras pesadillas, convirtiendo la nueva adaptación del de Maine en la película de terror más taquillera de la historia. Para nosotros dos años después, para el Club de los Perdedores otros 27, volvemos a Derry para presenciar el enfrentamiento definitivo contra Pennywise en It – Capítulo 2, la secuela y conclusión de la película dirigida por Andy Muschietti.

La pandilla de inadaptados que conquistó el corazón de la audiencia en la primera película ha crecido. Todos menos Mike se marcharon de Derry en un intento de dejar el pasado atrás y superar lo vivido allí. Con el tiempo, el recuerdo de Pennywise y los horrores acontecidos en el pequeño pueblo de Maine se va difuminando, pero cuando el payaso regresa de su letargo para volver a matar, el Club de los Perdedores se ve obligado a cumplir la promesa que se hicieron hace casi tres décadas y reunirse de nuevo para enfrentarse a su doloroso pasado y acabar con su enemigo de una vez por todas. Lo queramos o no, todos somos nuestros recuerdos y en algún momento hay que encararse con ellos.

Uno de los mayores aciertos de It fue su reparto adolescente, diseñado a imagen y semejanza de las películas juveniles de pandillas de los 80 (Los Goonies, Cuenta conmigo), al igual que Stranger Things. La segunda parte se centra en sus versiones adultas, pero a través de flashbacks (y usando la técnica de rejuvenecimiento digital para infantilizar a los que han crecido más rápido), los adolescentes siguen estando muy presentes en la película. Algo que no podía ser de otra manera teniendo en cuenta cómo su tema principal es la memoria y la necesidad de enfrentarse a los traumas del pasado para seguir avanzando.

El reparto adulto de It – Capítulo 2 es una de las mejores labores de casting del Hollywood reciente. James McAvoy (Bill), Jessica Chastain (Beverly), Bill Hader (Richie), Isaiah Mustafa (Mike), Jay Ryan (Ben), James Ransone (Eddie) y Andy Bean (Stanley) se convierten en los personajes de forma convincente, reproduciendo sus rasgos, voces y personalidades impecablemente y haciéndonos creer que son las mismas personas que conocimos hace dos años. Todos ellos realizan un trabajo excelente, tanto por separado como en grupo, mientras que Muschietti les saca partido, dando énfasis una vez más a la mayor baza de estas películas: los personajes tan bien caracterizados y la amistad que existe entre ellos.

Al igual que la primera parte, It – Capítulo 2 se apoya fuertemente en las emociones, rascando en la superficie para hablarnos de cómo el miedo y el trauma nos paraliza y no nos deja vivir, convirtiendo los monstruos interiores en monstruos literales a los que debemos sobrevivir. Evidentemente, no es casual que Pennywise, que simboliza el miedo más arraigado y se alimenta de él, solo elija víctimas débiles, niños, personas dañadas, inadaptados sociales, minorías desamparadas ante el odio… De hecho, la película comienza con un brutal y devastador crimen homófobo que (aviso) puede herir la sensibilidad de más de uno, y que nos recuerda una de las ideas más importantes de la primera película: los peores monstruos a veces son “humanos”.

Tras este contundente arranque, la violencia explícita es una de las constantes que también se repiten en la secuela. Muschietti compone una fantasía ambiciosa y desbordante en la que vuelve a recrearse profusamente en la sangre y el gore, atreviéndose entre otras cosas a mostrar más muertes de niños, algo que las películas de terror comercial (Rated R o PG-13) suelen evitar. Las escenas violentas se multiplican, y los pasajes se llenan además de deformidades macabras y fluidos repugnantes que recuerdan al terror de serie B y la primera etapa de Sam Raimi o Peter Jackson. Pero claro, los valores de producción se alejan mucho de aquel terror barato de los 80, de hecho, una de sus mayores virtudes es también uno de los mayores defectos de la película, su abuso y dependencia del CGI para las escenas de terror.

Por un lado, Muschietti compone set pieces impresionantes e imaginativos, pesadillas excelentemente filmadas y con un acabado muy pulido en todos los aspectos que rivalizan con las secuencias de acción de los mejores blockbusters. Pero por otro, hay un exceso de criaturas digitales que, por muy bien hechas que estén (que lo están), restan impacto y realismo, rompiendo a menudo la atmósfera y haciendo que la película no llegue a ser todo lo terrorífica que podría haber sido. A esto también contribuye la presencia constante del humor y la necesidad de hacer chistes (alguno que otro bastante machista, además) incluso en las escenas más dramáticas, lo que menoscaba constantemente el terror.

Se evidencia también una tendencia a la repetición que las casi tres horas de metraje no hacen sino subrayar, como se puede ver en el abuso del jumpscare, sobresaltos que se repiten con el mismo esquema una y otra vez a lo largo de la película (anticipación y tensión, falsa alarma, calma y susto fácil con golpe estridente de sonido). Llega un momento en el que los sustos son tan seguidos y tan iguales, que es inevitable desensibilizarse.

Pero como decía antes, lo más importante de It – Capítulo 2 siguen siendo sus personajes, y afortunadamente Muschietti sabe hacerles justicia. Con ellos, la película compensa sus carencias (o excesos) y nos recuerda constantemente que en el centro de la historia está su viaje personal. Los lazos que unen al Club de los Perdedores, y la conexión que se establece entre ellos y el espectador, es lo que eleva el film, aunque por momentos el almíbar supere a la sangre y esté a punto de ahogarse en su propia sensiblería (algo que ya estaba presente en el material original, todo hay que decirlo). Al final, más allá del perturbador Pennywise de Bill Skarsgård (que suele quedar en segundo plano mientras sus proyecciones demoníacas actúan), lo que nos quedará de estas dos películas son ellos, los Perdedores, y lo mucho que queremos que triunfen sobre el mal y sus cicatrices emocionales dejen de doler.

It – Capítulo 2 es una película imperfecta. Como experiencia de terror no está a la altura de su ambición creativa y visual, y su estructura episódica (también presente en la primera parte) se hace repetitiva y lastra el ritmo. Pero por otro lado sabe perfectamente cómo jugar su mejor carta más allá de la sangre y la violencia: su magnífico reparto y plantel de personajes. Ellos son los que hacen de It – Capítulo 2 mucho más que una casa del terror de feria, los que la convierten en una película profunda y emotiva sobre el paso del tiempo, el trauma y la amistad, los que consiguen que la historia tenga un cierre trascendental y satisfactorio.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Midsommar: La belleza del horror

Ari Aster irrumpió a lo grande en el panorama cinematográfico causando sensación en el Festival de Sundance con su opera prima, Hereditary, una de las películas de terror más aclamadas (y divisivas) de los últimos años. La cinta protagonizada por Toni Collette y Alex Wolff se convirtió en uno de los éxitos sorpresa del año, siendo aplaudida por la crítica especializada y comentada hasta la saciedad en los círculos cinéfilos. Tan solo un año después, Aster regresa con su segundo largometraje, Midsommar, dispuesto a demostrar que lo de Hereditary no fue suerte del principiante.

Tras sumirnos en la oscuridad en su primera película, Aster escoge el camino opuesto en Midsommar, cuento de terror que transcurre a plena luz del día. La historia sigue a una pareja estadounidense en crisis (Florence Pugh y Jack Reynor) que viaja junto a sus amigos a una pequeña comuna en un idílico y remoto rincón de Suecia para asistir a sus peculiares celebraciones del solsticio de verano. Una vez allí, los turistas se ven envueltos en la belleza natural del lugar, que solo ve dos horas de oscuridad al día, y el carácter acogedor de sus habitantes. Sin embargo, a medida que avanza su estancia, la alegría de la celebración no tardará en dar paso a un ambiente siniestro en el que las ceremonias paganas del Midsommar se vuelven cada vez más perturbadoras y violentas.

La influencia en Midsommar de El hombre de mimbre (The Wicker Man) es más que evidente. Aster lleva a cabo un claro homenaje a la película de culto de los 70, recogiendo además inspiración de cintas como El bosqueLa matanza de Texas. De hecho, más allá de su ambición discursiva y formal y su carácter experimental, Midsommar es en el fondo un slasher de campamento, la típica película de terror sobre un grupo de jóvenes que se van de vacaciones y acaban adentrándose en una pesadilla de la que será difícil salir con vida y en la que tomarán una decisión estúpida detrás de otra. Todo envuelto en una escalofriante reflexión sobre la religión, la tradición, el folclore y el ser humano en el espíritu amargo de Ingmar Bergman. Una mezcla cuanto menos chocante que, sin embargo, funciona a la perfección.

Entrar en Midsommar ignorando lo que nos espera, al igual que sus propios protagonistas, es esencial para vivirla al máximo. Uno no sabe qué se va a encontrar en la película, pero desde el primer minuto puede sentir que va a ser algo difícil de digerir. Ese miedo a lo que pueda venir es lo que hace que la experiencia sea tan intensa e inquietante, más que el terror tradicional, que no abunda en el metraje. Aster realiza un magistral trabajo creando la tensión y manteniéndola durante las más de dos horas que dura el film, solo cediendo el control en un tercer acto que se alarga excesivamente y se pierde por momentos en su mitología. El desasosiego es la tónica general de una película que va aumentando los nervios estallando en arrebatos lisérgicos y culminando exabruptos de violencia gráfica y gore que dejan en shock. Las escenas más explícitas, si bien no son muy abundantes, ponen a prueba los límites del espectador con truculentas imágenes que desafían a mantener la mirada en la pantalla.

En cuanto al reparto, unos excelentes Florence Pugh (Lady Macbeth) y Jack Reynor (Sing Street) encabezan un grupo de jóvenes talentos (Will Poulter, William Jackson Harper, Vilhelm Blomgren) que se entregan al cien por cien a la locura de la historia. Pugh nos regala una de las interpretaciones más fascinantes de la temporada y Reynor una de las más osadas. Mientras, Aster realiza un trabajo notable caracterizando a los personajes y desplegando sus conflictos de manera que la tensión que ya existe entre ellos sirve para magnificar el suspense que recorre todo el film. Midsommar ha sido nombrada por muchos “la mejor película de ruptura de la historia”, a lo que se podría añadir “la mejor película sobre hacer una tesis de la historia”. Ambos títulos llevan algo de guasa (no en vano, la película tiene abundantes toques de humor absurdo), pero también sirven para dar fe de las múltiples capas que componen una obra que es mucho más de lo que aparenta.

Midsommar es la constatación de que Aster no es flor de un día (nunca mejor dicho). Su dominio y seguridad siendo esta su segunda película es asombroso, y su talento para la atmósfera y la composición, unido a la impecable fotografía de Pawel Pogorzelski y la magnífica banda sonora de The Haxan Cloak, da lugar a una experiencia envolvente y visualmente exquisita. La película está repleta de planos para enmarcar, encuadres creativos e inteligentes, y una belleza que no hace sino acentuar la desazón y el delirio en el que nos acaba sumiendo. Extraña, macabra, visceral, traumática, está claro que Midsommar no es una película para todos los públicos, sino que está en su naturaleza dividir. Sus escenas pueden estomagar, su duración puede pasar factura y el excentricismo perverso de Aster puede atragantarse. Pero si uno entra en su cegadora y alucinógena propuesta, obtendrá en recompensa un viaje cinematográfico imposible de olvidar.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

Crónica: 16ª Muestra SYFY de cine fantástico (2019)

Dieciséis años, y contando. La Muestra SYFY de cine fantástico de Madrid ha celebrado este año su “sweet sixteen”, y lo ha hecho por todo lo alto, con una de sus mejores programaciones hasta la fecha. Del 7 al 11 de marzo, los asistentes a la Muestra hemos podido disfrutar de una cuidada selección de cine fantástico y de ciencia ficción organizada por la cadena SYFY España, que como suele ser habitual, ha compilado una selección de títulos de lo más variopinto y extravagante.

La Muestra 2019 marcaba también la reaparición de Leticia Dolera como anfitriona, después de la polémica de su serie para Movistar+. La actriz, escritora y directora aprovechó la ocasión para volver a la normalidad, y a las redes sociales, después de tres meses de ausencia (casi) total. Su trabajo fue el de siempre, presentaciones divertidas, espontáneas y sí, feministas. Coincidiendo la Muestra con el Día de la Mujer, no podía ser de otra manera.

Controversias aparte, centrémonos en lo que nos importa de la Muestra. El cine, y la experiencia de verlo acompañado de aficionados al género fantástico. El público de la Muestra es de los más entusiastas que se conocen. Es por ello que se ha convertido en tradición desde hace años comentar las películas y hacer chistes en voz alta durante las proyecciones. Esto forma parte de la experiencia, pero afortunadamente, desde hace poco, la organización ha duplicado (o triplicado) las sesiones para diferenciar entre “Sala Mandanga” y “Sala del Silencio”. En la primera, el público es libre de armar todo el jaleo que quiera, en la otra se va a ver las películas en silencio.

Y sin más dilación, paso a comentaros las películas que he visto este año en la Muestra SYFY. Desafortunadamente no me ha sido posible verlas todas como otros años, pero de lo que he visto, me llevo un par de peliculones para la posteridad. Y alguno de ellos se estrena en salas comerciales pronto, así que tomad nota.

Capitana Marvel (Anna Boden, Ryan Fleck, 2019) – Inauguración

La Muestra SYFY comenzó el jueves con la premiere de Capitana Marvel en Madrid, película de apertura con la que empezamos esta edición “más alto, más lejos, más rápido”. La primera entrega de Marvel protagonizada enteramente por una mujer llegaba ensombrecida por una campaña de odio en Internet y un boicot por parte de los trolls que no les salió como esperaban: 455 millones de dólares recaudados en su primer fin de semana, convirtiéndola en el estreno mundial más taquillero protagonizado por una mujer y el segundo de superhéroes detrás de Vengadores: Infinity War. El público de la Muestra se entregó por completo a la historia de origen de Carol Danvers (estupenda Brie Larson), una película con todas las señas de identidad de Marvel y muchas conexiones con el resto de su Universo, concretamente con Vengadores: Endgame. La película se ha confirmado como un nuevo triunfo para el estudio, y así se sintió en la premiere. Risas, emoción con el cameo de Stan Lee, aplausos al final y un gran revuelo generalizado con las escenas post-créditos. Ah, y como era de esperar, la gata Goose conquistó a todo el mundo. Chupaos esa, troll. Si queréis saber más, os cuento mis impresiones sobre la película (que disfruté mucho más la segunda vez, conociendo de antemano los giros del argumento) aquí.

Elizabeth Harvest (Sebastián Gutiérrez, 2018)

La primera jornada propiamente dicha arrancaba para mí con Elizabeth Harvest, fábula de ciencia ficción dirigida por el venezolano Sebastián Gutiérrez. A medio camino entre Cincuenta sombras de Grey y un capítulo de La dimensión desconocidaElizabeth Harvest se desarrolla como una historia de clones con (sospechosos) ecos a Ex Machina (tienen muchos elementos en común y el final es calcado) y mucha comedia involuntaria. Protagonizan Abbey Lee (Mad Max: Furia en la carretera), Ciarán Hinds (que no sabemos cómo ha ido a parar ahí) y Carla Gugino, que le hace un favor al director (su marido) agraciando la película con su presencia. Pero ninguno de ellos (ni Dylan Baker, que también se pasa por ahí) es capaz de salvar la película. Su historia promete, pero una trama enrevesada y llena de pseudociencia acaba haciéndola cada vez más tediosa, confusa y absurda. Cuesta mucho tomársela en serio, pero claro, para eso estamos en la Muestra, cuyo público se encarga de que ninguna película aburra.

Upgrade (Leigh Whannell, 2018)

Primera gran sorpresa de la Muestra. Incomprensiblemente, esta curiosa cinta de ciencia ficción de la factoría Blumhouse no ha llegado a estrenarse en cines españoles, por lo que agradecemos a SYFY que la haya recuperado para el disfrute de su público objetivo. Leigh Whannell (guionista de Saw Insidious, y director de Insidious 3) se pasa al sci-fi con un oscuro thriller futurista a medio camino entre el policíaco, el noir y la acción pura que tiene mimbres de película de culto. En ella, un hombre tetrapléjico vuelve a andar gracias a la implantación de un chip llamado Stem, que toma el mando de sus funciones motoras y lo lleva al límite de sus capacidades, tras lo cual irá en busca de los hombres que mataron a su mujer, aprovechando sus nuevas habilidades. Logan Marshall-Green (el hermano perdido de Tom Hardy) realiza una fantástica interpretación física en una película que casualmente también va de un hombre que habla con una voz en su cabeza que controla su cuerpo. Aunque recuerda a muchas películas anteriores (Minority ReportHerCrank, Lucy, Venom), Upgrade logra ser original. Engancha, tiene escenas de acción brutales y madera para saga. Muy disfrutable.

Gintama (Yûichi Fukuda, 2017)

Incorporación de última hora, Gintama se proyectaba en la Muestra a la vez que El año de la plaga, para gozo de fans del anime y el cine fantástico japonés. Se trata del largometraje en acción real del popular manga de Hideaki Sorachi, que ya ha tenido múltiples adaptaciones en diferentes formatos, incluida una longeva serie de animación. La película opta por la adaptación literal, conservando el estilo anime con un aspecto visual colorista, ritmo frenético, un “argumento” en el que todo vale e hilarantes efectos digitales de tercera. Lo mejor de la película son los chistes meta y las referencias a otros títulos de la cultura pop japonesa (el cameo de Nausicaä es genial), pero más allá de eso, cualquiera que no esté acostumbrado a este tipo de productos, puede salir completamente espantado por su estridencia y su absurdo sin fin. Sin ir más lejos, a mí me dejó el cerebro frito y mató las pocas neuronas que me quedaban. No apta para todos los públicos.

Prospect (Christopher Caldwell, Zeek Earl, 2018)

Christopher Caldwell y Zeek Earl dirigen esta personal propuesta de ciencia ficción que comienza como un drama paternofilial ambientado en el espacio (con el referente indie Jay Duplass) y acaba convirtiéndose en un competente thriller de supervivencia que se vuelve más y más extraño e intenso conforme avanza. Con un simple escenario principal (un bosque) y mediante diálogos que dan mucha información sin sobreexplicar demasiado, la película da forma a un detallado universo ficticio, demostrando que no hace falta un gran despliegue de efectos para crear mundos fantásticos creíbles en el cine. En el centro de la historia, una relación muy interesante y muy bien interpretada por la prometedora Sophie Thatcher y un genial Pedro Pascal. Una de las sorpresas más gratas de este año.

Dragged Across Concrete (S. Craig Zahler, 2018)

El sábado nos encontrábamos con un viejo conocido, S. Craig Zahler. Sus dos películas anteriores, Bone TomahawkBrawl in Cell Block 99 se habían proyectado en la Muestra con gran éxito de público, por lo que su tercer largo como director no podía faltar en la programación de este año. Para su nuevo trabajo ha vuelto a contar con Vince Vaughn, que esta vez está acompañado nada más y nada menos que de Mel Gibson, con el que lidera un gran reparto. Dragged Across Concrete (qué gran título) es un thriller policíaco sórdido y ultraviolento en la tradición de Zahler, que sigue insistiendo en hacer un tipo de cine que recuerda inevitablemente al de Tarantino. Con leves pero constantes pinceladas de humor y dos horas y media de duración, el director casa el exceso de sus imágenes con una narración y una realización muy calculadas que, afortunadamente, no aburre a pesar de su metraje gracias a su buen pulso. Lo malo es que en su tercera película ya se le empiezan a ver las costuras. Zahler peca de pretencioso, repite esquemas y su discurso atufa a rancio, con personajes femeninos que son el paradigma del sexismo en el cine y Gibson interpretando a un personaje a su medida: un poli corrupto anticuado, racista, machista y homófobo. Dragged Across Concrete es de esas películas que te hace simpatizar tanto con ese tipo de personajes que te acabas preguntando si es solo el personaje o la película también defiende esas ideas tan primitivas.

Nación Salvaje (Sam Levinson, 2018)

Y tras la saturación machirula de Dragged Across Concrete llegaba un film diametralmente opuesto, Assassination Nation, incendiaria sátira feminista sobre cuatro chicas adolescentes que se convierten en el blanco de la ira de su instituto y una pequeña comunidad idílicamente suburbana que ha sido víctima de un escandaloso hackeo masivo. Una reflexión hiperbólica pero afiladísima sobre el papel de Internet en nuestras vidas, el linchamiento social, la hipocresía y la doble moral, y el juicio de una comunidad conservadora ante la liberación de la mujer y la expresión de su sexualidad (es de todo menos casual que transcurra en Salem). Es decir, una historia completamente actual y oportuna que se propone provocar y lo consigue. Es como si Sofia Coppola, David Robert Mitchell y Harmony Korine se hubieran unido para hacer una película. Moderna, pop, autoconsciente, violenta, visual y estéticamente gloriosa, y con una recta final demencial, Assassination Nation es una de esas propuestas radicales que dividen fuertemente a la audiencia. Los varios egos masculinos que salieron heridos de la proyección demostraron que la película logra su propósito de remover conciencias e incomodar a aquellos que se sienten amenazados por el feminismo y el poder de la mujer.

Escape Room (Adam Robitel, 2019) – Clausura

La Muestra SYFY concluía el domingo con Escape Room, película de clausura que esta semana llega a las salas comerciales de toda España. Adam Robitel (The Taking of Deborah LoganInsidious. La última llave) dirige la nueva vuelta de tuerca de las sagas de terror juvenil que ya se ha convertido en todo un éxito en Estados Unidos. Escape Room es como una fusión entre Cube, Saw La cabaña en el bosque, un juego retorcido en el que seis desconocidos se enfrentan a una escape room de la que deberán salir con vida usando su ingenio. Aunque no es original y requiere suspender la incredulidad considerablemente, es una película muy efectiva en lo que se propone, además de tremendamente entretenida. Destaca por su creatividad a la hora de diseñar los puzles y por lo bien que maneja la tensión. Una nota positiva para terminar la Muestra y dejarnos con ganas de más el año que viene.

Cadáver: Escalofriante noche en la morgue

El cine de posesiones y exorcismos ha dado mucho de sí en los últimos quince años. Cuando una de esas dos palabras forma parte del título de una película de terror, sabemos instantáneamente lo que nos vamos a encontrar en ella. Por eso llama la atención que The Possession of Hannah Grace haya conservado su título original para su estreno en España, Cadáver. Una decisión que, por otro lado, tiene sentido y sirve para diferenciar la película de tantas otras propuestas similares.

Al igual que ocurría en el thriller sobrenatural La autopsia de Jane Doe, la acción de Cadáver transcurre en una morgue. El neerlandés Diederik Van Rooijen dirige otra vuelta de tuerca al subgénero de las posesiones preguntándose qué pasa después de que un exorcismo haya acabado en la muerte de la víctima poseída. Tras un prólogo en el que asistimos al escalofriante ritual que resulta en el fallecimiento de una joven, la historia se centra en lo que ocurre con su cuerpo a partir de su entrada en el depósito de cadáveres, cuando evidentemente el mal todavía no lo ha abandonado.

La heroína de Cadáver es Megan (Shay Mitchell, conocida por Pretty Little Liars), una exagente de policía con pasado laboral traumático y problemas de adicción, que acepta un trabajo en horario nocturno en el hospital para evitar tentaciones y mantener su sobriedad. Sola en su nuevo puesto en el silencioso e inquietante sótano del centro, Megan recibe un cadáver horriblemente desfigurado y cubierto de heridas que pertenece a una chica llamada Hannah Grace, a partir de lo cual comenzará a experimentar sucesos extraños y violentos. A medida que la noche avanza, Megan comprobará que el cuerpo está poseído por una entidad demoníaca y decidirá arriesgar su vida enfrentándose a ella.

Con apenas 85 minutos de metrajeCadáver logra mantener la tensión de principio a fin, con un buen manejo del suspense y un guion que, sin ser nada del otro mundo, sabe acaparar la atención. En este tiempo, la película se toma en serio sin caer en el ridículo, y sobre todo, justificando las acciones de su protagonista con una historia personal que, si bien no es especialmente profunda u original, enlaza temáticamente con los eventos sobrenaturales que transpiran en la película. Es decir, aunque en el fondo no sea más que una simple película de terror para pasar el rato, al menos se han molestado en darle lógica a la historia, algo que no siempre ocurre.

Claro que al final, lo más importante de Cadáver no es el viaje personal de Megan para superar sus miedos y corregir sus errores del pasado, sino el suspense y los sobresaltos que hacen de la película un pasatiempo terrorífico eficaz, que es para lo que fue creada. Afortunadamente, la calificación por edades cambia el habitual PG-13 (siempre preferible por los grandes estudios aunque sea en detrimento del terror) por el Rated-R, lo que permite a Van Rooijen ir un paso más allá a la hora de mostrar imágenes violentas. En este sentido, los primeros planos de los cadáveres resultan especialmente truculentos debido al realismo del maquillaje con el que se crean las heridas, lo que añade un factor creepy bastante conseguido y en ocasiones no apto para estómagos débiles.

Por lo demás y sin ser nada del otro mundo (tampoco se lo pedimos), Cadáver cumple con lo que se propone, y lo hace sin dejar con la sensación de haber timado al espectador, que ya es más de lo que se puede decir de muchas otras cintas de terror de multisala. Con una atmósfera agobiante, tensión constante e imágenes de lo más macabro, muchos se llevarán las manos a los ojos viéndola, tanto por el miedo a lo que puede aparecer en cualquier momento como por lo que decide mostrar.

Pedro J. García

Nota: ★★★

La monja: ¿Qué es lo opuesto a un milagro?

Tiembla Universo Cinematográfico Marvel, no eres la única saga de películas interconectadas de éxito masivo entre el público. El terror, y concretamente las películas sobre asesinos en serie sobrenaturales, siempre se ha caracterizado por generar secuelas hasta el paroxismo, pero lo que está haciendo Warner Bros. con sus películas de miedo es una hazaña que parecía estar únicamente reservada para el cine de superhéroes. El Universo The Conjuring, que dio comienzo en 2013 con la muy estimable Expediente Warren ya suma cinco entregas y tiene otras tantas en la recámara.

Lejos de desvanecerse como un fantasma al amanecer, la popularidad de esta saga creada por James Wan va en aumento, y teniendo en cuenta que una cinta de estas características cuesta sensiblemente menos que una de superhéroes, no es de extrañar que Warner esté sacándole todo el provecho. La última en llegar a los cines es La monja (The Nun), dirigida por Corin Hardy (The Hallow) un spin-off centrado en uno de los demonios presentados en Expediente Warren: El caso Enfield.

La monja es una precuela que nos narra el origen del temible personaje en los años 50. La película da comienzo con una escalofriante secuencia que nos muestra el suicidio de una joven monja de clausura en una abadía de Rumanía. El Vaticano envía a un sacerdote, el padre Burke (Demian Bichir) y una novicia a punto de tomar sus votos, la hermana Irene (Taissa Farmiga, hermana de Vera Farmiga, protagonista de las películas principales) para que investiguen lo sucedido. Una vez allí, y con la ayuda de un joven campesino de la zona, Frenchie (Jonas Bloquet), se adentran en la abadía, donde arriesgan sus vidas enfrentándose a una fuerza maligna conocida como Valak, que se manifiesta de muchas formas, entre ellas en la monja endemoniada que conocimos en El caso Enfield.

La monja es muy inferior a las dos entregas de Expediente Warren, y más similar en calidad a los spin-offs centrados en la muñeca poseída Annabelle (que no es decir mucho). Como película deja bastante que desear, con un ritmo desacompasado (aburre por momentos) y una historia muy poco trabajada que se adentra en lo puramente fantástico con torpeza. Los diálogos también chirrían, en especial porque hay un intento de insuflar humor a los personajes que no termina de funcionar. El flirteo entre el campesino y la novicia interpretada por Farmiga roza lo embarazoso, y el personaje de Bichir está tan mal escrito como interpretado (él es quien nos regala las frases más ridículas/memorables: “Hay un momento para rezar y uno para la acción, y este es un momento para la acción”; “Holy shit!”, “The holiest”).

Claro que, en un producto como este, todo eso acaba siendo lo de menos. Lo importante es que, a pesar de su ineptitud a la hora de contar la historia, La monja da lo que promete y funciona perfectamente como pasatiempo de casa del terror, que es lo que busca el público en estas películas. El film tiene unas cuantas secuencias verdaderamente espeluznantes (el ataúd, la bodega, el clímax en la iglesia), juega bien con los espacios, la oscuridad y la música ominosa para aumentar el nerviosismo, la presencia de la monja (Bonnie Aarons) es inquietante (siempre que no veamos su rostro de cerca, retocado digitalmente, lo que resta impacto) y los sustos traicioneros abundan. En este sentido, solo pierde fuelle cuando, como suele ocurrir, acaba mostrando más de la cuenta y el suspense desaparece.

La monja es la muestra de que Warner ha encontrado su propia fórmula del éxito franquiciado (habrá segunda parte seguro, y la película deja la puerta abierta para ello). No es un trabajo especialmente inspirado, pero este Halloween va a haber monjas demoníacas por todas partes. Y ese era el objetivo, así que otro tanto para el estudio.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: Hereditary

Tengo la sonrisa de mi madre. Sus hoyuelos también. El mentón y el porte de mi padre. La cabezonería de ambos y cierto sentido del humor que les saca de quicio a los dos por igual. Eso y mil traumas y bondades más es lo que he heredado de mis progenitores. Como si de una enfermedad se tratase (en algunos casos realmente lo es), nuestra existencia y apariencia viene debida a la herencia genética de nuestras madres y padres biológicos. Tarea nuestra (y de la sociedad que nos rodea) será el convertirnos en la continuación o digresión de ellos… aunque esa herencia nunca dejará de atormentarnos (o de premiarnos, que no todo es malo). Esa es la base sobre la que se sustenta Hereditary, la terrorífica sensación de la temporada.

El debut en largo de Ari Aster nos presenta a la familia Graham, devastada tras el fallecimiento de la abuelita Ellen. Realmente, la palabra exacta no sería devastada, ni siquiera afligida. La palabra que mejor define la actitud de su hija Annie (Toni Colette, El sexto sentido) es liberada. De las trazas de su madre poco sabemos, pero todo apunta a un comportamiento que seguramente rozó el abuso de la hija. Por si fuera poco, la matriarca falleció completamente senil, algo que atormenta completamente a Annie. Un drama que ha tenido que sufrir con su progenitora y que teme vaya a hacer sufrir ella a sus dos hijos.

Peter (Alex Wolff, Jumanji: Bienvenidos a la jungla)  y Charlie (Milly Shapiro, la Matilda de Broadway), son sus dos zagales. Peter está en el instituto y las hormonas comienzan a cegarle; y Charlie no es una de las chicas más populares del lugar pero eso no es ningún problema para terminar siendo la reina de todo el cotarro. P y C se quieren de la peculiar forma en que se quieren los hermanos que no tienen nada en común: se aguantan. Para Annie es de vital importancia que ambos estén cuanto más unidos mejor, especialmente con el futuro que les espera cuidándola a ella… Un drama futuro que solo ve ella, ya que todavía no ha tenido ningún episodio psicótico… o puede que sí.

Hereditary es una comedura de cabeza por el devenir del futuro y la putrefacción de la herencia genética. Annie se ahoga a sí misma y a los suyos con su miedo al futuro. Un temor que salpica y destroza su presente. Un horror que se perfecciona gracias a la mano dadivosa del destino y su gracejo habitual por hundir a los que más hundidos se encuentran.

Con ritmo pausado (en demasía, se podría decir), Hereditary compone una interesante maqueta sobre las miserias humanas. Aster sabe construir una agobiante atmósfera y una mitología bastante certera al servicio de la historia, pero cae en un error de principiante: obviar el menos es más. El cineasta opta por complicar una historia que hubiese funcionado mejor sin tanta solemnidad y, especialmente, con menos giros (no tan) sorprendentes. Tanta histeria y locura sin control (en el mal sentido de la expresión), termina por remitirnos a las primeros excesos de Jaume Balagueró y Paco Plaza para Filmax hace casi veinte años más que a los referentes directos a los que homenajea (copia) la película. Como aquellos títulos catalanes, la cinta de Aster es altamente disfrutable, pero no la enviada de los dioses (del averno) que nos han querido vender desde el otro lado del océano.

Como es habitual, Toni Colette borda el papel histriónico e histérico de la madre. Más cercano a (alguna de) su(s) Tara(s) de United States of Tara que a sus otras madres en El sexto sentido o Pequeña Miss Sunshine. Después de ver esta película, volvemos a no saber la puñetera razón por la que Colette no consigue más buenos papeles y encabeza repartos como se merece. Gabriel Byrne (Muerte entre las flores) hace las veces de marido Annie, el personaje más plano e insustancial del film. Se agradece que en esta ocasión sea el cónyuge masculino y no el femenino. La maligna Ann Dowd vuelve a hacer de las suyas en un pequeño papel. Muchas películas junto a Anne Hathaway tendrá que hacer en el futuro para compensar lo mucho que nos está puteando esta década. Más que solvente Alex Wolff apropiándose de alguna de las escenas más malrolleras del film y aplausos para la robaescenas mayor de la película: Milly Shapiro. Su Charlie podría tener un grupo de WhatsApp con la mismísima Regan MacNeil y con el bebé de Rosemary. Oscura y retorcida, o simplemente retraída… y retorcida. Shapiro está llamada a ser uno de los iconos del cine de género de los últimos años. Aunque solo sea por su perfecta evocación a Alyssa Edwards de RuPaul’s Drag Race.

Hereditary representa a uno de nuestros inner saboteurs más temidos: el miedo al futuro. Lo bueno es que en esta ocasión no es más listo que nosotros.

David Lastra

Nota: ★★★

Crónica del Festival Internacional de Cine Fantástico Nocturna 2017: Parte 3 y palmarés

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Por Daniel Andréu

La jornada del jueves la inauguraron Caye Casas y Albert Pintó haciendo doblete. Presentaron el cortometraje RIP y el largo Matar a Dios, ambos con un estilo muy marcado y similar de comedia negra con toques fantásticos. El primero muestra a una viuda más preocupada en que el funeral de su marido sea un gran acontecimiento que en recuperarle. En el segundo, cuatro personas que pasan una noche en una casa rural familiar, reciben la visita del mismísimo Dios y el peso de decidir qué dos únicas personas quedarán vivas en el planeta tras la aniquilación de la raza humana al amanecer. Los dos títulos exhiben un buen hacer tanto en el apartado técnico como en las interpretaciones, además de un guion con unos diálogos muy ágiles que podrían ser perfectamente obras teatrales. Historias así son las que haría Alex de la Iglesia hoy día si estuviera en un momento más inspirado.

Otra laguna cubierta en mi historial cinéfilo gracias a este festival fue Phantasm (Don Coscarelli, 1979), en la que unos hermanos se ven amenazados por unos extraños seres enanos y un misterioso hombre alto en las inmediaciones de un cementerio. Tuvimos la suerte de disfrutar de la presentación del propio director y de una copia recién restaurada. No hay duda de por qué se ha convertido en una cinta de culto con los años, pero su irregularidad hace pensar que podía haber sido aun mejor, ya que no se aprovecha al máximo el increíble potencial visual e imaginativo que demuestra en las secuencias más fantásticas.

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Tras la gala de clausura, en la que además de entregarse los premios se rindió homenaje a la adorable Caroline Munro y al mítico Jack Taylor (ambos derrochando encanto y ofreciendo momentos preciosos), se proyectó Mom and Dad (Brian Taylor, 2017). Curioso que se programara justo un día antes de ¿Quién puede matar a un niño? (Narciso Ibáñez Serrador, 1976), ya que funciona como su reverso moderno e histérico. Si en el clásico de Chicho los niños mataban a los mayores, en este nuevo trabajo de uno de los directores de Crank (Mark Neveldine y Brian Taylor, 2006) una extraña ola de violencia provoca que todos los padres quieran asesinar a sus propios hijos. Con el mismo estilo directo, nervioso, violento y muy físico en la dirección, se construye una película frenética que no se para ni un momento en innecesarias explicaciones y que ofrece mucho humor y momentos absurdos tremendamente divertidos. Hay que aplaudir que Nicolas Cage con esta película haya abrazado totalmente el icono pop en el que se ha convertido y no pare de reírse de sí mismo, dando lugar a los momentos más hilarantes de la película.

La segunda y última sesión golfa de este Nocturna 2017 vino de la mano de Another WolfCop (Lowell Dean, 2017), segunda parte de una saga que promete alargarse mientras pueda y que cuenta las “aventuras” de un policía hombre lobo, alcohólico y mujeriego. Perfecta para estas horas y este festival, nos ofrece mucho humor, mucho absurdo, mucha violencia y muchos efectos especiales caseros, pero ojalá fuera tan divertida como pretende.

El último día del festival dio comienzo con la premiere europea de Pilgrimage (Brendan Muldowney, 2016), cinta que se desarrolla en la Irlanda de 1209 y cuenta las aventuras de un grupo de monjes que custodian una valiosa y sagrada reliquia en su camino hacia Roma. Lo más interesante de esta película es asistir a los dilemas y las violentas situaciones provocadas por la fe y la iglesia, porque ni siquiera la presencia de dos estrellas internacionales como Jon Bernthal y Tom Holland consigue elevarla por encima de la media.

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Con ¿Quién puede matar a un niño? (Narciso Ibáñez Serrador, 1976) llegó el gran momento que muchísimos estábamos esperando, ver la obra maestra del terror patrio en pantalla grande. Esta historia de dos turistas que se van a una isla española para huir del ruido de las fiestas veraniegas y se encuentran con que misteriosamente no hay ni rastro de personas adultas, no solo no ha perdido con los años, sino que cada vez es mejor. Chicho pasó en el cine del terror oscuro y en espacios cerrados de La residencia (1969) a todo lo contrario, una isla pequeña pero totalmente al aire y a pleno sol. Solo él podía conseguir que un escenario así multiplicara la opresión y a tensión hasta el infinito, ya que maneja magistralmente el ritmo y el goteo de información, ahorrándose cualquier explicación sobre lo que está pasando para elevar el misterio. Vuelve a demostrar que su intención es tratar con el mayor de los cariños al género y que lo que pretende es hacer arte, ya que las imágenes que crea y la forma de mover la cámara son únicas. Por supuesto el conjunto no sería tan poderoso sin el increíble papel de todos y cada uno de los niños, tanto por separado como cuando van en grupo. Puede parecer fácil o simple, pero la intensidad de sus interpretaciones es inaudita.

Para cerrar la edición de este año se volvió a proyectar Dhogs (Andrés Goteira, 2017), la gran triunfadora con el premio a mejor dirección y a mejor interpretación masculina. Como las buenas obras, mejora con cada visionado, y es muy recomendable volver a visitarla para sacar nuevos matices. Los buenos momentos no se han limitado a Dhogs y a los clásicos que eran un valor seguro, el nivel de esta edición ha sido muy alto y ha tenido una selección de títulos variada y arriesgada, fruto de un excelente trabajo, así que esto no hace más que desear que pase rápido el tiempo para que llegue la edición de 2018. Os dejo con el palmarés completo:

– Premio Nocturna Madrid “Paul Naschy” a la mejor película de la Sección Oficial Fantástico: Dhogs, de Andrés Goteira.

– Premio Nocturna Madrid a la mejor dirección: Coralie Fargeat, por Revenge.

– Premio Nocturna Madrid “Vincent Price” a la mejor interpretación masculina: Carlos Blanco, por Dhogs.

– Premio Nocturna Madrid a la mejor interpretación femenina: Matilda Lutz, Por Revenge.

– Premio Nocturna Madrid al mejor guión: Chris Lee y Hill Tyler Macintyre, por Tragedy Girls.

– Premio Nocturna Madrid a los mejores efectos especiales: Les affamés.

– Premio Nocturna Madrid del público a la mejor película: Bajo la rosa, de Josué Ramos.

– Premio Nocturna Madrid al mejor corto nacional: Marta no viene a cenar, de Macarena Astorga.

– Premio Nocturna Madrid al mejor corto internacional: Keep Out of Children’s Reach, de Gustavo Sánchez.

– Premio Canal Dark a la mejor película de la sección Dark Visions: The Night Watchmen, de Mitchell Altieri.

– Premio Blogos de Oro: Revenge, de Coralie Fargeat.

Crónica del Festival Internacional de Cine Fantástico Nocturna 2017: Parte 1

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Por Daniel Andréu

Un año más acudimos a la imprescindible cita con el cine de género en la 5ª edición del Festival Internacional de Cine Fantástico Nocturna 2017, que este año llega con energías renovadas, nueva dirección nueva sede en los Cines Proyecciones tras el cierre de los queridos Palafox.

Esta edición tuvo como primera proyección el cortometraje Bye Bye Baby, dirigido por Pablo S. Pastor. El propio director hizo una breve introducción en la que, entre otras cosas, dijo que su película favorita es Scream (Wes Craven, 1996). No tenía que jurarlo, pues la conversación con la que empieza el corto, en esa cocina, en esa casa, y con ese corte de pelo que lleva la protagonista, no podía tener otra inspiración. Referentes aparte, el corto se sostiene por sí mismo con una sencilla historia de misterio sobre una joven que empieza a notar sucesos extraños en su casa y… bueno, es mejor que el resto lo descubráis vosotros mismos. Lo más destacable es el apartado técnico, dejando claro que el dinero conseguido en el crowdfunding con el que se financió el proyecto tuvo el mejor uso posible, tratando con detalle y cariño la producción. En el tiempo que dura no tiene oportunidad ni de destacar especialmente ni de fracasar, pero hay mucho potencial, y esperamos que la versión en largometraje, que ya se está preparando, sea su confirmación.

La sección oficial de este año quedó inaugurada con The Heretics (Chad Archibald, 2017), cinta de terror sobre una joven que en el pasado fue secuestrada por una secta satánica para ser víctima de un ritual, y de nuevo vuelve a vivir esta pesadilla. En principio esta premisa no indicaba nada bueno ni nada malo, pero por desgracia el avance de la película se inclinó más hacia lo segundo. Se trata de un largometraje que, ante la falta de buenas ideas, obliga al espectador a hacer un esfuerzo por encontrar detalles que merezcan la pena. Lo que parecía que iba a ser algo entretenido lleno de algunos giros y sorpresas interesantes no tarda en degenerar y aburrir. Se agradece el juego al despiste sobre quién es realmente el villano, o qué personajes tienen un sorprendente pasado en común, pero cuando el guion decide olvidarse por completo de atar cabos o hacer que las situaciones sean verosímiles, cuesta ser benevolente con lo que se está viendo. Otra ilusión efímera fue el maquillaje, con unos efectos bastante conseguidos… siempre que la cámara no estuviera cerca ni hubiera mucha luz. En cuanto los planos se cierran, se ven las costuras de un trabajo pobre. El último detalle relativamente llamativo es ver la transformación final de la víctima, pero entonces es cuando el director se saca de la manga un absurdo epílogo y demuestra que esa transformación no era para nada interesante.

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Como prólogo al homenaje que Nocturna rinde este año a Narciso Ibáñez Serrador, se proyectó dentro de la sección Classics la película de 1969 La residencia. Esta película ambientada en un estricto internado para jóvenes problemáticas en el que se suceden varias muertes y donde nada es lo que parece fue presentada de una forma muy particular. Aunque hubiera extraños cambios en la calidad de imagen y frases sin doblaje, hay que agradecer al festival y a la distribuidora el esfuerzo por traer una copia sin censura y lo más cercana posible a la visión original del director. El tiempo pasa para todos, pero al contrario de lo que puedan pensar algunos contados espectadores que se reían en los momentos más dramáticos, esta película no ha hecho más que mejorar en los casi cincuenta años desde que se estrenó. Lilli Palmer en su papel de regenta del internado consigue ser uno de los pilares sobre los que se sostiene esa atmósfera tan opresora que es el mayor fuerte del film. Nadie se salva en esta cinta de terror con toques de giallo, todos los personajes esconden secretos y sacan lo peor de sí mismos. Chicho Ibáñez Serrador no se limitó a crear una historia entretenida, porque lo que él quiso fue hacer arte con el género. Las escenas de asesinatos son de una belleza que a día de hoy no han sido superadas, la secuencia en la que todas las chicas están cosiendo mientras una de las compañeras va a tener un encuentro secreto con un hombre es de una intensidad insoportable, y la historia de Lilli Palmer con su hijo es muy atrevida y turbia. Chicho mueve su cámara como el maestro que es y se ayuda de un diseño de producción exquisito, y es por todo eso que en 2017 La residencia es capaz de provocar tantos escalofríos como en 1969.

Para la gala de inauguración del festival hubo invitados de excepción como Caroline Munro o Jack Taylor, pero ellos van a tener su momento otro día. El viernes todos estábamos por el genio Chicho Ibáñez Serrador que iba a recibir el Premio Maestro del Fantástico por toda su trayectoria en el cine y la televisión. El delicado estado físico del director no le impidió hacer un enorme esfuerzo por venir a recibir su merecidísimo homenaje, y tras un momento en el que parecía que no iba a poder hablar, agarró el micrófono y convirtió la noche en pura magia y emoción. Tras el visionado de un bonito vídeo recorriendo su obra, hizo una interesante reflexión sobre la importancia del silencio en el cine de terror. Sus sabias palabras no estuvieron faltas de humor, consiguiendo que ese valioso silencio se rompiera por nuestras carcajadas. Lo que iba a ser un detalle del Nocturna y del público hacia Chicho, se convirtió en un honor de él hacia nosotros, porque recibir tanta sabiduría y cariño por su parte es algo que no tiene precio. Fue imposible no sobrecogerse con los aplausos y gritos llenos de amor y admiración que llenaron la sala.

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Después del que sin duda quedará como uno de los momentos más bonitos de todo el festival, llegó la hora de inaugurarlo oficialmente con Feliz día de tu muerte (Happy Death Day, Christopher Landon, 2017), el nuevo éxito de la factoría Blumhouse, que será uno de los estrenos importantes de estas navidades en España. Su argumento es tan sencillo como hacer un cruce de Atrapado en el tiempo (Groundhog Day, Harold Ramis, 1993) con cualquiera de los muchos slashers ambientados en universidades y hermandades que hay. La estudiante Tree empieza a revivir una y otra vez el mismo día, que no solo es el de su cumpleaños sino también el de su muerte a manos de un misterioso asesino. Precisamente en esa sencillez radica el éxito de la cinta. Cuando lleva cinco minutos ya sabemos todo lo que va a pasar, cómo se va a usar cada elemento de los que se repite cada vez que la protagonista muere, y cómo va a ir evolucionando la trama. Pero el director y el guionista son totalmente conscientes y se aprovechan de ello gracias a un ritmo que no decae en ningún momento y a un guion con mucho humor que nunca cae en la saturación, y además se guarda algunos momentos realmente sorprendentes. Por si fuera poco, de un plumazo y de la manera más simple y efectiva posible, se quita de encima con mucha gracia el peligro de ser criticada por tener un argumento demasiado similar al del clásico film de Harold Ramis (pero eso, mejor descubridlo vosotros mismos). Mención aparte merece la actriz Jessica Rothe, que con toda la facilidad del mundo lleva sobre sus hombros el peso de la película, haciendo gala de un lado cómico que, si el mundo es justo, dará mucho que hablar.

Llega de noche: El miedo y el otro

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Son buenos tiempos para el terror. El género sigue demostrando ser uno de los más rentables en taquilla, títulos como Expediente Warren han elevado el listón creativo de las películas de miedo, y paralelamente, todos los años surge alguna cinta que, al alejarse de la norma o salirse de la corriente principal (o simplemente por ser mucho mejor que la media), parece contribuir a reformular el género. Títulos como La bruja, No respiresDéjame salir han demostrado que otro cine de miedo es posible, uno que se apoya menos en trucos baratos para asustar y encuentra el verdadero terror en la incertidumbre y la sugestión. Sería también el caso de Llega de noche (It Comes At Night), escrita y dirigida por Trey Edward Shults (Krisha), thriller psicológico que pone el énfasis en los personajes, en sus dilemas morales y sus emociones, y en el que no hay monstruos deformes o espíritus vengativos, solo el miedo ante lo que no se ve, ante lo que puede arrebatárnoslo todo.

Llega de noche se desarrolla en un escenario post-apocalíptico resultado de un virus mortal que ha acabado con casi toda la humanidad y amenaza a los pocos que sobreviven. Paul (Joel Edgerton) y Sarah (Carmen Ejogo) viven con su hijo adolescente, Travis (Kelvin Harrison Jr.), en una remota granja en medio del bosque. Siempre armados y alerta, la familia trata de aislarse del virus mientras protege los pocos recursos que tiene de posibles asaltantes. Una noche, un intruso (Christopher Abbott) se cuela en su casa buscando ayuda para él, su mujer (Riley Keough) y su hijo pequeño. Tras mucha deliberación, Paul y Sarah deciden acoger a la familia. Aunque los visitantes parecen tener buenas intenciones, pronto la desconfianza y la paranoia se apodera de ambas familias, haciendo que el horror que hay en el exterior empiece a hacer estragos también en el interior.

Aunque Llega de noche pueda catalogarse como cine de terror, es en realidad un relato de misterio, un juego de suspense en el que la violencia proviene de lo más profundo del ser humano y el miedo se manifiesta físicamente a través del lenguaje y la imaginería onírica (a un lado y otro de la puerta roja). Shults lleva a cabo un soberbio ejercicio de tensión y atmósfera con el que da forma a una escalofriante historia sobre lo que somos capaces de hacer para proteger a nuestra familia, y la complementa con imágenes perturbadoras procedentes del subconsciente de Travis (excelente trabajo de Harrison Jr. transmitiendo la curiosidad y la incertidumbre del adolescente), dando como resultado una inquietante pesadilla de la que cuesta despertar, al menos hasta que su desgarrador clímax nos obliga a hacerlo.

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Con un guion sencillo pero rico en matices y profundidad psicológica, y unas interpretaciones sobresalientes por parte de todo el reparto, Llega de noche demuestra que no hacen falta muchos elementos para contar una buena historia de miedo. De hecho, Shults apenas da información sobre lo que está sucediendo en el mundo y evita explicar cómo se propagó el virus, centrándose exclusivamente en sus efectos, explorándolos en el microcosmos creado por ambas familias. La tensión y la desconfianza que reina entre ellas es lo que acaba desatando al monstruo de la película, el terror de la familia, el miedo al otro, provocado por la idea de perder lo nuestro. Y es esa la fuente en la que el director indaga para enervar y comprometer a la audiencia, apelando a nuestros temores más profundos para ponernos en el lugar de los protagonistas y hacer que nos preguntemos cómo actuaríamos en su lugar.

Con Llega de noche, Shults ofrece una lección de terror minimalista, tensión y ambientación, para hablarnos de la pérdida de la humanidad en un contexto de desesperación por preservarla. En la película no se concreta qué es exactamente lo que llega de noche, pero intuimos que es la temible criatura que despierta en el interior del ser humano en los momentos en los que este se encuentra más amenazado e indefenso.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

American Horror Story Roanoke: Una nueva pesadilla

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Este año pocos artículos tipo “Todo lo que sabemos de…” os habréis encontrado con respecto a la sexta temporada de American Horror Story. Y si habéis visto alguno, poco o nada os habrá desvelado de la nueva iteración de la exitosa serie de FX, porque toda información sobre su historia, reparto, personajes, subtítulo y tema central se ha mantenido bajo estricto secreto hasta la mismísima noche del estreno en Estados Unidos. Esa ha sido la ingeniosa base de la campaña promocional del regreso de AHS, hecha este año más que nunca para confundir y despistar. Hasta 36 teasers con un centenar de referencias a películas de terror que han hecho que Internet se estruje la sesera para adivinar de qué iba este año la serie. Un esfuerzo en vano, porque como decía, todo ha sido un señuelo, un juego para aumentar la expectación y obligar al espectador a acudir a la inauguración para ser testigo de la retirada del velo.

La sexta temporada de American Horror Story se estrenó el pasado 14 de septiembre, y para sorpresa de todos los que esperábamos una nueva locura desfasada al estilo de las anteriores, la serie de Ryan Murphy y Brad Falchuk regresaba con un formato novedoso, muchos cambios, y un título… que no nos quedaba claro de buenas a primeras: American Horror Story: My Roanoke NightmareMy Roanoke Nightmare: An American Horror Story, o como la conoceremos oficialmente American Horror Story: Roanoke. La confusión reinaba durante la season premiere, porque nos encontrábamos con algo radicalmente distinto a lo que habíamos visto en las decepcionantes Freak ShowHotel. Además del cambio de estilo, esta temporada tendrá menos episodios, diez en concreto, haciendo que la historia se cierre antes de Acción de Gracias y evitando así el parón de Navidad. Por otro lado, los episodios se titulan simplemente “Chapter 1”, “Chapter2″… y no hay títulos de crédito propiamente dichos. Está claro que después del exceso de las anteriores temporadas, Murphy y Falchuk han optado por simplificar, por el “menos es más” (les habrá costado la vida), y el resultado, aunque desorientador, es muy refrescante dentro del universo AHS.

Al menos esto es lo que ocurre en el primer episodio de la temporada, que viene con un formato interesante. Roanoke está rodada al estilo del falso documental, en la tradición de los seriales de crímenes reales. En ella, los protagonistas “reales” de la historia narran su terrorífica experiencia en la colonia de Roanoke, con testimonios mirando a cámara, mientras que por otro lado vemos una reconstrucción ficticia de los hechos con actores. Los primeros están interpretados por Lily Rabe, André Holland y Adina Porter, mientras que sus alter egos ficticios están encarnados respectivamente por Sarah Paulson, Cuba Gooding Jr. y Angela Bassett, que protagonizan la recreación de los eventos para el documental My Roanoke Nightmare. Al principio puede resultar bastante desconcertante ver a estas parejas de actores interpretando al mismo personaje, pero eh, aunque venga con un envoltorio distinto, esto es American Horror Story, y no sería la misma serie sin su buena dosis de meta.

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Roanoke es en realidad un sencillo regreso a los orígenes de AHS que nos recuerda a la primera temporada de la serie, Murder House, la que (nunca mejor dicho) puso los cimientos de este universo en constante expansión y cada vez más conectado. La historia de Roanoke también parte de una mudanza, la de un matrimonio que se va a vivir a Carolina del Norte, concretamente a un viejo caserón situado en medio de un tenebroso bosque y cuyos vecinos más cercanos son una familia de rednecks que no les dan la bienvenida más cálida precisamente. Es decir, el destino ideal para empezar una nueva vida. Allí, Shelby Miller (Paulson), prototípica blanca privilegiada yogamaníaca, empieza a experimentar acontecimientos extraños en ausencia de su marido, amenazas terroríficas y presencias fantasmales fuertemente ligadas a la tormentosa historia del lugar. Comienza el clásico dilema: huir de allí o reclamar el lugar como “nuestra casa” y no dejarse intimidar (para que la serie continúe). Se han gastado todos sus ahorros en ella, así que la decisión se toma sola. Está claro: nos quedamos.

Así comienza Roanoke, una temporada que, a priori, parece haberse acordado de que también puede dar miedo y recurrir al terror tradicional, un elemento que en los tres años anteriores ha brillado por su ausencia en la serie la mayor parte del tiempo. En “Chapter 1” hay claros (por no decir atronadores) ecos de El proyecto de la bruja de BlairLa matanza de Texas, películas que, como Roanoke, hunden sus raíces en la América más profunda, la del folklore colonial y los paletos de dentaduras carniceras rodeados de moscas, y en las que la serie se inspira para definir su imaginería decididamente macabra (el hombre con cabeza de cerdo, cadáveres de animales, la lluvia de dientes). Es decir, aunque sea muy pronto para sacar conclusiones, Roanoke es por ahora la temporada de AHS más “American” y más “Horror”. Pero es que se podría decir que es incluso la más “Story” en mucho tiempo. Ya sabemos que las series de Murphy suelen divagar my pronto y, con alguna excepción, acaban perdiendo el norte. Pero Roanoke parece más interesada en narrar la historia de forma más tradicional, ciñéndose únicamente a lo necesario. El buen resultado de American Crime Story y la decepción del público ante las anteriores temporadas de AHS parece haber empujado a Murphy a reformular su serie antológica de forma inteligente y oportuna. Quizá por eso la carta de presentación de Roanoke es tan austera y la temporada comienza con solo tres personajes principales (con breve y contundente primera toma de contacto con los de Kathy Bates y Denis O’Hare, que prometen), sin violentos saltos temporales o geográficos, sin número musical (todavía). Lineal, sobria, contenida.

Aunque la confusión aun nos dure y no debamos comernos de vista a la serie con un solo capítulo, el primer episodio de Roanoke ha hecho algo de manera formidable: presentar una historia atractiva sin gastar demasiados cartuchos, recordarnos que se puede pasar miedo viendo una serie y dejarnos con ganas de saber qué pasa después. Un arranque sólido e intrigante para una serie que necesitaba urgentemente un cambio de dirección.

Crítica: No respires


Fede Álvarez entró por la puerta grande del terror bautizado por Sam Raimi en 2013. Su remake de Posesión infernal resultó ser una de las películas más brutales y enervantes de los últimos años, lo que hacía que muchos siguiéramos de cerca los pasos del director uruguayo. Tres años después, Álvarez regresa, pero se queda en el mismo género con el que se dio a conocer (y con el mismo productor, Raimi). Sin embargo, para su segundo largometraje, No respires (Don’t Breathe), ni rehace ni se basa en nada, sino que presenta una idea original (aunque familiar), con guion escrito por él mismo junto a Rodo Sayagues (co-guionista de Evil Dead). No respires destaca en un mar de propuestas clónicas y cintas de terror en cadena con una premisa que no recurre a lo sobrenatural para asustar, sino que da lugar a un tenso thriller de emociones fuertes capaz de provocar más angustia y mejores sobresaltos que la mayoría de historias de fantasmas que nos llegan frecuentemente a la cartelera.

Aunque me repita, cabe destacar que estamos ante una de esas películas de las que es mejor no saber nada de antemano. Una cita ineludible para los fans del terror de las que nos llegan de vez en cuando, y que debemos hacer lo posible por que sea una cita a ciegas (en este caso nunca mejor dicho). Para no estropear demasiado la experiencia que supone No respires, me limitaré a reproducir la breve sinopsis oficial ofrecida por Sony Pictures (que claramente tampoco quiere spoilearos más de la cuenta): “Un grupo de amigos asaltan la casa de un hombre rico, y ciego, pensando que lograrán el robo perfecto. Están equivocados”. Ahí está. No necesitáis saber más. Haced como el trío de incautos formado por Rocky (Jane Levy, que repite con Álvarez después del calvario que vivió en Evil Dead), Alex (Dylan Minnette) y Money (Daniel Zovatto), y entrad en la casa sin saber qué os vais a encontrar entre sus pasillos.

No respires se ha convertido en la gran sorpresa de la temporada, y ha encumbrado a su director en la lista de promesas de Hollywood (pronto le lloverán las propuestas para dirigir blockbusters). Y no es para menos. Lo más destacable de la película es sin duda su trabajo tras las cámaras. La labor de Álvarez es tan sobresaliente que consigue distraer de la verdad que oculta la película: su guion no es nada del otro mundo. Es más, está lleno de agujeros y tiene tramos que exigen un considerable acto de fe por parte del espectador. Por un lado, No respires se esfuerza en anclar su historia en la realidad (no en vano se ambienta en la decadente Detroit y funciona como comentario de la actual situación económica), cuidando detalles que otras películas obvian y haciendo que su premisa resulte coherente y factible, lo cual se agradece mucho. Pero por otro, se acaba sacrificando esa verosimilitud para provocar golpes de efecto y empujar la historia hacia donde Álvarez y Sayagues quieren. Concretamente hacia un tercer acto que desafía constantemente la suspensión de la incredulidad y culmina en un clímax sobre-explicativo y excesivamente sensacionalista con el que se diluye el impacto que el film ha provocado en sus dos primeros tercios, llegando a rozar el ridículo por momentos. Haciendo alusión a la teoría de la caja de J.J. AbramsNo respires es mejor cuando no sabemos exactamente qué hay dentro de ella.

Claro que, a pesar de todo, hay que elogiar la forma en la que el misterio está llevado antes de llegar a ese problemático final. Desde que los protagonistas entran en la casa y Álvarez nos regala un soberbio plano secuencia para ponernos en situación, la película hace que uno se agarre de la butaca y no la suelte en ningún momentoNo respires es un excelente ejercicio de tensión, estilo y pulso narrativo que mantiene el interés a base de constantes giros, magníficos planos, y contundentes golpes de violencia, y que saca gran provecho del limitado espacio donde se desarrolla la acción. La cámara de Álvarez se mueve y encuadra con inteligencia para jugar con la oscuridad, aprovechar las esquinas, los rincones y los “pasadizos secretos” de la casa, construyendo así un inmersivo y claustrofóbico juego del gato y el ratón que tiene el control absoluto sobre nuestros nervios.

No respires le da la vuelta al home invasion (cine de allanamientos) y lo convierte en un survival crudo y sádico, un thriller de factura impecable que se apoya indudablemente en Hitchcock para construir el suspense y manipular al espectador. Como hemos dicho, su guion es muy inconsistente, sus diálogos tienden al cliché, y sus personajes son más finos que el papel de seda, pero la mano firme y la elegante dirección de Álvarez, que pone énfasis en la narración visual, compensa estas carencias y antepone con éxito la experiencia visceral a la intelectual. Cuando uno ve la película se da cuenta de lo bueno que es su título: los protagonistas no dicen “no respires” ni una vez, pero tú lo estás pensando en todo momento. Y cuando lo haces, te estás dirigiendo a ellos, pero también a ti mismo.

Pedro J. García

Nota: ★★★½