La monja: ¿Qué es lo opuesto a un milagro?

Tiembla Universo Cinematográfico Marvel, no eres la única saga de películas interconectadas de éxito masivo entre el público. El terror, y concretamente las películas sobre asesinos en serie sobrenaturales, siempre se ha caracterizado por generar secuelas hasta el paroxismo, pero lo que está haciendo Warner Bros. con sus películas de miedo es una hazaña que parecía estar únicamente reservada para el cine de superhéroes. El Universo The Conjuring, que dio comienzo en 2013 con la muy estimable Expediente Warren ya suma cinco entregas y tiene otras tantas en la recámara.

Lejos de desvanecerse como un fantasma al amanecer, la popularidad de esta saga creada por James Wan va en aumento, y teniendo en cuenta que una cinta de estas características cuesta sensiblemente menos que una de superhéroes, no es de extrañar que Warner esté sacándole todo el provecho. La última en llegar a los cines es La monja (The Nun), dirigida por Corin Hardy (The Hallow) un spin-off centrado en uno de los demonios presentados en Expediente Warren: El caso Enfield.

La monja es una precuela que nos narra el origen del temible personaje en los años 50. La película da comienzo con una escalofriante secuencia que nos muestra el suicidio de una joven monja de clausura en una abadía de Rumanía. El Vaticano envía a un sacerdote, el padre Burke (Demian Bichir) y una novicia a punto de tomar sus votos, la hermana Irene (Taissa Farmiga, hermana de Vera Farmiga, protagonista de las películas principales) para que investiguen lo sucedido. Una vez allí, y con la ayuda de un joven campesino de la zona, Frenchie (Jonas Bloquet), se adentran en la abadía, donde arriesgan sus vidas enfrentándose a una fuerza maligna conocida como Valak, que se manifiesta de muchas formas, entre ellas en la monja endemoniada que conocimos en El caso Enfield.

La monja es muy inferior a las dos entregas de Expediente Warren, y más similar en calidad a los spin-offs centrados en la muñeca poseída Annabelle (que no es decir mucho). Como película deja bastante que desear, con un ritmo desacompasado (aburre por momentos) y una historia muy poco trabajada que se adentra en lo puramente fantástico con torpeza. Los diálogos también chirrían, en especial porque hay un intento de insuflar humor a los personajes que no termina de funcionar. El flirteo entre el campesino y la novicia interpretada por Farmiga roza lo embarazoso, y el personaje de Bichir está tan mal escrito como interpretado (él es quien nos regala las frases más ridículas/memorables: “Hay un momento para rezar y uno para la acción, y este es un momento para la acción”; “Holy shit!”, “The holiest”).

Claro que, en un producto como este, todo eso acaba siendo lo de menos. Lo importante es que, a pesar de su ineptitud a la hora de contar la historia, La monja da lo que promete y funciona perfectamente como pasatiempo de casa del terror, que es lo que busca el público en estas películas. El film tiene unas cuantas secuencias verdaderamente espeluznantes (el ataúd, la bodega, el clímax en la iglesia), juega bien con los espacios, la oscuridad y la música ominosa para aumentar el nerviosismo, la presencia de la monja (Bonnie Aarons) es inquietante (siempre que no veamos su rostro de cerca, retocado digitalmente, lo que resta impacto) y los sustos traicioneros abundan. En este sentido, solo pierde fuelle cuando, como suele ocurrir, acaba mostrando más de la cuenta y el suspense desaparece.

La monja es la muestra de que Warner ha encontrado su propia fórmula del éxito franquiciado (habrá segunda parte seguro, y la película deja la puerta abierta para ello). No es un trabajo especialmente inspirado, pero este Halloween va a haber monjas demoníacas por todas partes. Y ese era el objetivo, así que otro tanto para el estudio.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Metahumor y emoción en ‘Las últimas supervivientes’ (The Final Girls)

final girls 1

Dos características principales resumen el cine (y gran parte de la televisión) de los últimos años: la nostalgia y lo meta. Ambas se reúnen para una fiesta de cuchilladas y humor en Las últimas supervivientes (The Final Girls). Esta película, dirigida por Todd Strauss-Schulson (experimentado realizador de comedia gamberra y responsable de la entrega navideña de Harold & Kumar), levantó mucha expectación el año pasado por su llamativa propuesta: un homenaje al slasher en clave de comedia que prometía humor autorreflexivo y se postulaba como imprescindible para los fans del género. La película hizo circuito por los festivales, y finalmente vio la luz de forma limitada. A nosotros nos llegó recientemente directamente en DVD gracias a Sony Pictures y 20th Century Fox Home. Pero si no la habéis visto aun, no os dejéis llevar por la dudosa etiqueta “directamente a vídeo”. En este caso, Las últimas supervivientes merece ser rescatada del “videoclub”. Es más, por su naturaleza de homenaje a los 80, ese es el lugar (metafórico) donde más encaja.

Contribuyendo a definir 2015 como el año definitivo del revival ochentero, The Final Girls se suma a otros títulos que rinden tributo de las formas más estilizadas y creativas a aquella década, como The Guest, It FollowsTurbo Kid. Pero Las últimas supervivientes tiene mucho más en común con La cabaña en el bosqueScream. Quizá por su parecido en esencia a la película de Drew Goddard y Joss WhedonThe Final Girls no tuvo el impacto esperado. Ya habíamos visto una película así recientemente, y el factor sorpresa se había desvanecido. No es que La cabaña inventase lo meta, pero lo utilizó inteligentemente para dar lugar a una de las películas de culto más destacadas de los últimos años, lo que hace que cualquier película similar posterior vaya a rebufo. Aun así, Final Girls lleva la idea de La cabaña en una dirección diferente, y la envuelve en una capa de fantasía de aventuras adolescentes, aderezada con más sátira y humor absurdo (es como ver Wet Hot American Summer con Jason Voorhees y más gracia), lo que la convierten en un film muy atractivo para paladares aficionados al género.

Las últimas supervivientes es una deconstrucción del slasher en clave de parodia, y con un toque de crítica con carácter retroactivo (“Yay feminism!”). En ella, Max (Taissa Farmiga) acude con sus amigos a un pase conmemorativo de Campamento Sangriento (Camp Bloodbath, parodia de Viernes 13 y todas las películas de campamentos que le sucedieron), en la que actúa su madre, Amanda Cartwright (Malin Akerman dando vida a una actriz de slashers y terror de serie B, como la madre de Sidney Prescott en Scream), fallecida en un accidente de coche junto a ella el año anterior. Tras un contratiempo en la sala de cine, la pandilla de Max se queda atrapada dentro de la película. En esta dimensión al otro lado de la pantalla, un lugar familiar pero desconcertante, Max tiene la oportunidad de reunirse de nuevo con su madre (aunque técnicamente no lo sea en ningún momento), pero el grupo debe escapar de la película aprendiendo a descifrar y vencer sus normas y acabando con Billy, el asesino enmascarado que pretende masacrar el campamento.

final girls 2

Pero no esperéis ver mucha sangre o experimentar muchos sobresaltos viendo Las últimas supervivientes. Esto no es una película de terror, sino una comedia de aventuras que se abastece de los lugares comunes del terror para contar su historia. La luminosidad y el color invaden la pantalla (incluso en las escenas nocturnas), los sintetizadores atronan en una resultona banda sonora retro que nos transportará directamente a los 80 y nos hará sentir que Camp Bloodbath es un slasher real (atención al leitmotiv que avisa de la presencia del asesino, se os quedará en la cabeza mucho tiempo), y la violencia, aunque escasa, no hace que el espectador aparte la mirada, sino todo lo contrario, invita a admirarla por su sofisticación. Además, Las últimas supervivientes se distancia de cualquier película de terror o parodia de estas características porque contiene un núcleo emocional muy desarrollado. Aquí, los personajes experimentan un arco de transformación más allá de los arquetipos del cine de terror que representan (y desmontan, como en La cabaña), exploran sus amistades y relaciones para cambiarlas a mejor, y se enfrentan a sus pasados, especialmente la protagonista y su madre. Las dos actrices protagonistas, Akerman y Farmiga, se toman muy en serio a sus personajes y harán saltar alguna lágrima a los más sensibles.

Pero por encima de todo, Las últimas supervivientes es un juego metanarrativo muy divertido. La película va directa al grano y no contiene un minuto de aburrimiento, ya que apela en todo momento al espectador que conoce de sobra las reglas de este tipo de cine. En ella, la mentalidad resabiada del espectador actual entra en contacto con la perspectiva ingenua de los 80 para poner al descubierto sus mecanismos (choque representado en el walkman vs. iPhone). Y para hacer esto, Strauss-Schulson se vuelve muy creativo, dando forma concreta a los recursos narrativos del slasher (los flashbacks, los rótulos sobreimpresionados, la narración en off, el slow-motion, los créditos finales apareciendo al horizonte) y moviendo la cámara con mucho ingenio para dejarnos secuencias muy potentes visualmente (atención al genial plano secuencia de la pandilla atacando a Billy con trampas a lo Solo en casa o a los tramos en cámara lenta), lo que hace que la película sea muy golosa estéticamente, incluso preciosista (ese enfrentamiento final con la niebla púrpura y el cielo multicromático plagado de rayos es digno de mención).

final girls 3

The Final Girls tiene cierto regusto a producto televisivo (parece una película que ha sacado máximo provecho de un presupuesto de TV), pero quizá sea porque su reparto está formado por caras de sobra conocidas por los aficionados a las series: Taissa Farmiga (American Horror Story), Malin Akerman (The Comeback), Thomas Middleditch (Silicon Valley), que es el Fran Kranz de esta película, Alexander Ludwig (Vikingos), Adam DeVine (Workaholics), Alia Shawkat (Arrested Development), Chloe Bridges (The Carrie Diaries), o Nina Dobrev (The Vampire Diaries). Los actores hacen un buen trabajo (menos DeVine, quizá, que está demasiado irritante hasta para sus fans), y la película divierte en todo momento (recordad que su intención nunca es hacer pasar miedo, así que no os están dando gato por liebre en ningún momento), con apenas 90 minutos de metraje bien empleado.

A pesar de jugar con ideas prestadas y faltarle bastante gancho y mala lecheLas últimas supervivientes merece la pena. La película no da miedo, no es políticamente incorrecta, pero no es lo que pretende, su originalidad reside en ser emotiva, incluso bonita, una historia sobre el dolor y la aceptación de una pérdida revestida con un curioso manto de neón y una puesta en escena absolutamente “tubular”.

Características del DVDFinalGirl_DVD

Las últimas supervivientes (The Final Girls)

Estudio: Sony Pictures/20th Century Fox Home Entertainment

Duración: 88 minutos

Audio: Catalán (Dolby Digital 5.1), Inglés (Dolby Digital 5.1), Castellano (Dolby Digital 5.1)

Subtítulos: Castellano, Polaco, Sueco, Turco, Finlandés, Inglés, Noruego, Danés

Relación de aspecto: 2.40:1

Contenidos adicionales: Comentario del reparto y el equipo, Escenas eliminadas, extendidas y alternativas con comentario del director opcional, Progresión de los efectos visuales, Animación de previsualización, Comentario del guionista…

Crítica: Mindscape

Mindscape Mark Strong

El director Jorge Dorado, curtido en el mundo del cortometraje y con varias nominaciones a los Goya por sus trabajos, presenta su ópera prima bajo el mecenazgo de Jaume Collet-Serra. Mindscape es un thriller fantástico con equipo patrio y reparto internacional (Alberto Ammann tiene un papel secundario) con el que se presenta en sociedad la productora Ombra Films, co-creada por Collet-Serra y Juan Solá con la colaboración de StudioCanal, para auspiciar la creación de películas de género fantástico y de terror rodadas en inglés con equipo español.

Con Mindscape, Dorado sigue los pasos de su productor, así como de otros directores de cine fantástico de nuestro país, ofreciendo una propuesta muy en las lindes del cine de Nacho Vigalondo o Jaume Balagueró. Una cinta de suspense con un pie en la ciencia ficción que plantea un rompecabezas de engaños e ilusiones en el que se juega a confundir realidad y fantasía. Partiendo de una premisa muy a lo Inception, Dorado nos cuenta la historia de John Washington (Mark Strong), un hombre que trabaja para una agencia que se dedica a resolver casos introduciéndose en los recuerdos de las víctimas. Tras vivir una experiencia personal traumática, Washington vuelve al trabajo con un complicado caso, el de Anna (Taissa Farmiga), una adolescente de familia acaudalada que presenta síntomas de sociopatía.

Mindscape

Lo mejor de Mindscape es su aprovechamiento de los universos oníricos (o de los recuerdos, que al caso es lo mismo) para construir una película visualmente atractiva y un relato que engancha, apropiándose con acierto de algunos elementos del whodunnit. Dorado demuestra temple y perspectiva en su salto al largo, sin caer en el error de muchos cortometrajistas a la hora de hacer una película. Mindscape no es un corto alargado hasta la hora y media, es una película, y eso es de agradecer. Además de mantener la atención durante todo el metraje y dominar las trampas y triquiñuelas del género, Mindscape destaca sobre todo por su apartado interpretativo, con la pareja magnética que forman Mark Strong y Taissa Farmiga. Más que las incursiones en la turbia mente de Anna, lo más estimulante de su relación es la extraña química entre paterno-filial y sexual que se establece entre ellos. Es decir, todo lo que ocurre en las escenas fuera de los recuerdos, en la prisión empapelada de rosas en la que vive la niña. Sin salirse del registro de adolescente problemática y extraña, Farmiga demuestra una nueva faceta de su talento con esta Lolita superdotada, confirmándose como promesa a la que no hay que perder de vista.

A pesar de que Mindscape resulta notable en todos los apartados (a destacar la excelente dirección de arte y el ubicuo score de Lucas Vidal), es inevitable experimentar esa sensación de déjà vu que nos deja habitualmente el cine fantástico de coproducción hispano-internacional (en el fantástico de este país, sobre todo en el que va disfrazado de película americana, hay mucha voluntad pero poca personalidad). El trabajo de Dorado es más que correcto, y Mindscape ofrece una sólida hora y media de entretenimiento, pero está limitado por una enorme falta de originalidad.

Valoración: ★★★

American Horror Story Coven: Los miércoles vamos de negro

American Horror Story Coven

Review de “Head” (3.09) Aviso: Muchos spoilers a continuación.

Desde aquel grandísimo “Bitchcraft” (3.01), American Horror Story Coven ha tenido capítulos mejores y peores. No puedo evitar percibir cierto aire de decepción generalizada con esta temporada. Es comprensible teniendo en cuenta que Asylum elevó considerablemente el listón. También dispuso un tono más trágico y serio para la serie, algo que se ha perdido en Coven, que es lo más petardo que hemos visto en mucho tiempo en televisión (lo último que es esto para mí es un problema). Después de nueve episodios, AHS Coven llega a su punto de ebullición, y justo antes de que estalle la gran guerra de Nueva Orleans, tenemos parón navideño. Hasta enero no hay más American Horror Story (dramarama melodrama), así que vamos a hacer balance.

La mid-season finale“Head” (3.09) ha tenido todo lo que debe tener un final. Un buen puñado de descubrimientos, muertes (obviamente) y cliffhangers que auguran un fin de temporada apoteósico. Uno distinto al que esperábamos además. Coven parecía encaminarse hacia una batalla entre las brujas blancas contra las voodoo queens, pero la aparición de los cazadores de brujas da la vuelta a la tortilla. Como sabíamos desde el principio, Coven es una historia de mujeres, y todo apunta a que la batalla final será entre sexos opuestos. “Head” termina con Marie Laveau a las puertas de la Escuela para Jovencitas Excepcionales de Miss Robichaux para unirse a Fiona Goode y sus zorritas en la lucha contra el enemigo común, el patriarcado que amenaza con acabar con el poco girl power (literal) que queda en el mundo. Esto puede dar mucho más juego que un showdown entre reinas de la magia negra, aunque no descartamos un enfrentamiento final entre Fiona y Marie. Uno que simbolice la lucha de Jessica Lange y Angela Bassett por coronarse reina de la serie. De momento, que me perdone la bella Lange, pero el trono pertenece claramente a Bassett. De hecho ya está sentada en él, y va a ser difícil que se lo quiten. Laveau no está para “sheeeeit“, como el senador Clay Davis de The Wire. Y Bassett ha entendido desde el primer momento qué es AHS. Su interpretación engloba perfectamente la esencia de la serie más excesiva de la tele.

Kyle Fiona Goode

Hablemos de la muerte. Siempre he pensado que cuando un personaje muere en una serie sobrenatural y vuelve a la vida enseguida, su marcha pierde impacto y no sirve para nada. Hay excepciones, pero en general odio cuando una serie fantástica abusa de la carta de resucitación. Con Coven llegó un momento en el que las muertes dejaron de importarme. Concretamente después del regreso de la maravillosa, marciana, fantástica y sublime Myrtle Snow (la también maravillosa, marciana, fantástica y sublime Frances Conroy). Sin embargo, con “Head” he comprendido que Coven no ha buscado impactar con la muerte, sino incorporarla en la rutina diaria de las brujas, para en última instancia apuntar al gran poder de Misty Day (¿Tiene esta serie los mejores nombres o qué?) y su papel en la gran trama de la serie. “Surprise, bitch. I bet you thought you’d seen the last of me” se ha convertido en el leitmotiv de la serie (además del meme más pesado de la temporada). Y ahora sí, después de mis dudas iniciales, puedo decir alto y claro: “La muerte os sienta tan bien, zorras”.

Mi queja principal con respecto a esta temporada es el incumplimiento de algunas promesas tácitas que el primer episodio me hizo. Sobre todo en lo referente a las Mean Witches. No se ha sabido (o querido) aprovechar la presencia del cuarteto de brujas adolescentes, y sus poderes especiales han pasado a segundo plano. De hecho, Zoe y Madison se han paseado por la serie sin hacer demasiado, siendo fabulosas (sobre todo la Roberts, claro) pero olvidándose de sus habilidades mágicas. En realidad es lógico, a Madison no le hace falta hacer alardes de magia negra para dejar claro que es una diva y en el caso de Zoe, la muerte por kiki no es algo que se pueda explotar demasiado (su gran momento está por llegar, y ahora que Kyle y su culo han recuperado la humanidad, es inevitable). Aun así, echo de menos más meangirlismo, me habría gustado que el grupo no se desintegrase tan pronto, y verlas a las cuatro liándola en el centro comercial, “Let’s go to the mall, bitch”. Bueno, hay tiempo. También confío en que Ryan Murphy se vuelva a acordar de Suspiria y que nos deje oír la cancioncilla satánica un par de veces más esta temporada, a ser posible para acompañar el polvo mortal de Zoe y Kyle; o algún plano de grupo a cámara lenta (ojo de pez no, por favor, que ya hemos tenido bastante).

Myrtle Snow

Uno de los momentos estrella de “Head” es  la venganza de Myrtle Snow contra el consejo. Resulta que la Myrtle está más loca y es más sádica de lo que creíamos (ese plano de la Conroy sacándole el ojo a su ex colega solo es superado por la Conroy jugando con los cuerpos descuartizados del consejo). Ahora que lo pienso, Myrtle es la reina absoluta de “Head”, qué tía. Pero casi todas tienen su momento de gloria en el episodio. Las mean girls se contonean por el hospital para hacer una visita al vecino. Y a pesar de la pamela parabólica de Zoe y el gorro ushanka de Madison, Nan es la HBIC (head bitch in charge) de este capítulo, y la responsable de las escenas más emotivas. Jamie Brewer 4 ever. Aunque el episodio otorga demasiados minutos a una trama que no nos importa demasiado. Queenie no está con ellas. Sigue con su BFF Madame Delphine LaLaurie, que ahora es una cabeza parlante. Una de las mejores escenas del piloto es en la que Delphine solloza al ver a Obama por la tele. Eso no era nada comparado con lo que tenemos en “Head”: Cabeza-Delphine viendo RaícesEl color púrpura y otros clásicos. Qué pena que 12 años de esclavitud (en la que por cierto sale Sarah Paulson) no esté todavía en Blu-ray. Sin tanto margen para el exceso teatral como Lange o Bassett, Kathy Bates ha construido un personaje memorable. Y ella y Queenie forman la mejor pareja cómica de la serie.

Marie Delphine

La recta final de “Head” nos deja con unos cliffhangers bastante jugosos. Zoe y Madison descubren que su boy-toy Kyle vuelve a tener cerebro, y no hay más que verles la cara de decepción (qué putas) para darse cuenta de que piensan que se les ha acabado el chollo. Con lo bien que estaban ellas (sobre todo Maddy) compartiendo ese jugoso y redondo trozo de carne sin habla ni voluntad propia. ¡Arriba el feminismo! Por otro lado, Delphine parece abrir los ojos (su cabeza llorando desconsolada es uno de los planos de la temporada), mientras Delia vuelve a tener ojos (después de descubrir que Myrtle no la atacó -d’uh!- sino la compañía Delphi Trust). Y Hank lleva a cabo una masacre en el salón de belleza de Marie Laveau, llevándose por delante a peluqueras, clientas, y suponemos que alguna bruja voodoo. Para acabar con él, Queenie se vuela los sesos. Es una escena ciertamente impactante, pero no debería preocuparnos demasiado. Misty Day sigue por ahí. Y en el próximo capítulo además se une Stevie Nicks al aquelarre de Fiona Goode.

Las brujas se marchan de vacaciones de Navidad por todo lo alto. Quedan cuatro episodios de Coven, y ya sabemos que todo es posible en esta serie. A pesar de que la dispersión de las tramas han aumentado enormemente la sensación de que la serie no iba a ninguna parte (qué bien nos lo estamos pasando, pero ¿qué invento es esto?), Ryan Murphy y Brad Falchuk vuelven a demostrar la eficacia del formato miniserie y encauzan con acierto la tercera temporada. No hay nada más emocionante que dos grandes archienemigos uniendo fuerzas para luchar contra un mal mayor. Preparaos para que Lange y Bassett nos entreguen muchas más cabezas en bandeja de plata. Y recemos a Belcebú por una escena musical con coreografía incluida.

American Horror Story Coven: Jóvenes y brujas

AHS Coven

Ryan Murphy y Brad Falchuk pusieron el listón demasiado alto con la segunda temporada de American Horror Story. Tanto ellos como el público sabíamos que intentar superar Asylum iba a ser una tarea muy complicada, pero eso no quiere decir que no se vaya a intentar. De momento, con tan solo un episodio emitido, Coven nos ha demostrado que Murphy vuelve a ir a por todas. Literalmente. Una disparatada y desinhibida historia de brujas que se aleja de los insalubres pasillos del manicomio Briarcliff y nos acerca a una Nueva Orleans glamurosamente decadente, con un rico contexto histórico que aporta la perfecta ambientación para la serie. “Bitchcraft”, el primer episodio de Coven nos agarró desde el principio por los pelos y nos zarandeó durante una hora para acabar prometiendo una temporada demencial, como debe ser. Esperemos que cumpla su palabra.

El aquelarre de Murphy es una nueva oportunidad para volver a agitar la coctelera de géneros y estilos con la que el autor se ha labrado un nombre en Hollywood, especialmente con esta serie. Coven es un torbellino de ideas, un torrente de energía que se transforma en una cámara loca, saltarina, aberrante y provocativa, un estimulante trabajo de realización que no es sino una manifestación física del viaje psicodélico y pesadillesco que Murphy nos propone con esta historia de pequeñas y grandes mujeres. Las influencias cinéfilas vuelven a saltar a la vista desde el principio, pero lo mejor de Coven es que está aparentemente concebida como un giallo. Esa preciosa paleta de colores azul-magenta, esos magníficos zooms setenteros, ese tema musical tarareado, esa escuela de jóvenes señoritas en la que solo falta Jessica Harper, y esas matriarcas, Mater Suspiriorum, Mater Tenebrarum y Mater Lachrymarum. Las tremendísimas Jessica Lange, Kathy Bates y Sarah Paulson, cuya mera presencia ya nos resulta lo suficientemente hipnotizadora, al margen del cuidado escenario en el que se desenvuelven majestuosamente.

AHS Coven 2

Pero Coven no es una sola cosa en ningún momento, como tampoco lo fue Asylum. Murphy ha despojado la serie del tremendismo de la anterior temporada y ha optado por un tono algo más liviano (“ligero como una pluma, rígido como una tabla”) y heterogéneo. Claro que, a pesar de que incorpora más humor, más belleza, y más sensualidad, sigue buscando las imágenes más perturbadoras, macabras e impactantes (ese minotauro), haciendo que sus personajes dancen, se contoneen y leviten entre comedia, terror y romance. Todo es posible en Coven, y eso es básicamente lo que nos quiere decir “Bitchcraft”. Hay espacio para la reflexión sobre lo efímero de la belleza, el paso del tiempo, para la habitual denuncia social, el apoyo a las minorías y la oda al freak. Y también hay cabida para el amor (ese juego de miradas distorsionadas a través del hielo es desde ya una de las secuencias del año), y para las risas, sobre todo para las risas. Los mejores momentos de “Bitchcraft” están protagonizados por el divertidísimo cuarteto de brujas adolescentes (¿qué pensará Robyn Lively de todo esto?) que exhiben un genial abanico de poderes: telequinesis, premonición, muñeca voodoo humana y muerte por kiki. Verlas pasear como patitos feos negros en fila india detrás de su madre ya hace que la espera haya merecido la pena. Abbey Road, y después las zorritas de Coven.

En “Bitchcraft” se nos da la bienvenida a la Escuela para Jovencitas Excepcionales de Miss Robichaux, un Hogwarts para jóvenes brujas (la referencia a Harry Potter no se hace esperar, para regocijo de todos) donde las pocas que quedan en la Tierra tres siglos después de los Juicios de Salem son instruidas por una dulce anfitriona con nombre de actriz porno, Cordelia Foxx (Sarah Paulson) y su madre, la Suprema Fiona Goode. La escuela es el epicentro de un relato de poder femenino que se mueve entre el pasado y el presente, y nos conduce por los pasillos diáfanos de una Mansión X, fiestas de hermandad universitaria, lujosas clínicas de belleza y lúgubres sótanos donde se esconden los secretos más inquietantes. Todo lo que cabía esperar de la segunda iteración de una serie que con tan solo dos años en antena se ha convertido en una auténtica institución. Y de regalo, la que ya es la revelación del año, Emma Roberts como la mean girl juguete roto de Hollywood Madison Montgomery, nuestra nueva reina catódica. Será difícil llenar el vacío que dejaron el año pasado la hermana Jude, Lana Banana o la hermana Mary Eunice, pero si lo visto en “Bitchcraft” es indicio alguno, está claro que no nos van a faltar iconos femeninos este año.

Crítica: The Bling Ring

_DSC6244.NEF

Hace mucho tiempo que los diamantes dejaron de ser los mejores amigos de las chicas (y algunos chicos). Ahora lo son Herve Leger, Dior, Louis Vuitton o Rick Owens. En The Bling Ring, Sofia Coppola reconstruye la historia real de un grupo de adolescentes angelinos que entre 2008 y 2009 allanaron las lujosas moradas de varias celebridades de Hollywood, robando piezas de los mencionados diseñadores (entre otros) por valor de varios millones de dólares. Coppola retoma con su nuevo trabajo, basado en el artículo de Vanity Fair “Los sospechosos llevaban Louboutins”, la obsesión por los niños mimados que desató en la dulcemente anacrónica Maria Antonieta (2006).

Más corrosiva que nunca (aunque no lo parezca a simple vista), la directora de Lost in Translation elabora con The Bling Ring un divertido, descorazonador, y a ratos aterrador tratado sobre el culto a la fama y el lujo a través de un grupo de adolescentes cegados por el destello y la ostentación de las marcas de alta costura. Niñas (y un niño) pertenecientes a familias acomodadas, “educadas” en casa con chándals de Juicy Couture y alfabetizadas gracias a sus manuales de papel couché y revistas de moda de dos kilos y medio. Manteniendo una distancia prudencial con su discurso (que puede confundirse con reivindicación o admiración), y sin querer sacar grandes conclusiones sobre una generación (pero casi haciéndolo), Coppola satiriza sobre el vacío existencial de unos chavales definidos y anulados por sus parafilias.

En The Bling Ring nos encontramos con una directora segurísima de sí misma, despojada por completo de cualquier tipo de restricción o preocupación por el qué dirán. El resultado es una película tan libre como centrada y concisa, en la que la directora fluctúa entre lo superficial y lo trascendental, jugando a despistar y dejando al espectador la labor de emitir (el único posible) juicio moral sobre los actos de estos delincuentes con gafas parabólicas. Algo que además el mundo ya hizo hace unos años. Claro que salta a la vista que Coppola no trata a Rebecca, Nicki, Chloe, Sam y Marc de la misma manera que a otras adolescentes de su obra. Si con las Lisbon o Maria Antonieta la directora buscaba la compasión y la indulgencia del espectador (ser adolescente es una lata), con la pandilla de The Bling Ring nos invita a reírnos de ellos, a pesar de que existe cierta voluntad de explicar y entender su comportamiento.

_DSC7814.NEF

Destaca una inmensa Katie Chang como Rebecca, el cerebro (es un decir) de la operación, mientras Israel Broussard, Marc, construye un personaje entre lo patético y lo lastimero (“siempre fui consciente de que no era tan atractivo como los demás”) y Emma Watson se lo pasa en grande (a pesar de sus problemas con el acento) con su caricaturesca Nicki. Chloe (Claire Julien) y Sam (Taissa Farmiga) completan el círculo (sin olvidar a la madre de Nicki y Sam, hilarante Leslie Mann). Junto a ellos nos adentramos en las casas de Paris Hilton, Rachel Bilson o Megan Fox, y mediante una estructura basada en la repetición, filmada con suma elegancia (ese plano secuencia lejano de una de las mansiones mientras los chicos la saquean), vamos descubriendo el hastío que en realidad los rodea y el abismo en el que se precipitan. La película se revela poco a poco como un ejercicio de observación antropológica que nos abre los ojos y nos recuerda lo increíblemente estúpida que es nuestra obsesión por la fama.

A pesar de que se puede aplicar a muchas áreas de la cultura occidental, The Bling Ring es una fábula sobre una fauna muy concreta de Los Ángeles, la generación The Hills, cabezas de chorlito que viven en una parcela separada de la realidad, entre frappucinos, clubs exclusivos y más de mil amigos en Facebook. Con su comportamiento justifican la existencia de los famosos por combustión espontánea, frivolizando el crimen amparados por una sociedad que convierte a maltratadores y asesinos en iconos pop (antes presidiaria que anónima). Bajo una irresistible estética y con ayuda de una excelente banda sonora (como es habitual), Coppola oculta a plena vista un deprimente discurso sobre el desolador vacío cultural que acecha a los jóvenes, a la vez que reflexiona acerca de la presión que los medios ejercen sobre ellos, y sobre todo, de la inmensa fragilidad de la amistad durante la adolescencia.

Valoración: ★★★★