Helix: Primera Temporada (DVD)

Helix - Season 1

“¿En qué nos estamos convirtiendo?”

Uno de los temas favoritos de la ciencia ficción siempre ha sido el del contagio y las pandemias, un lugar común (y un miedo real, quizás amplificado precisamente por su proliferación en series y películas) que en los últimos años podemos encontrar en numerosas producciones catódicas. Helix es una de esas series que nos hablan de la existencia de una amenaza incontrolable por el ser humano que amenaza con propagarse sin remedio. Está creada por el recién llegado Cameron Porsandeh, y cuenta en la producción ejecutiva con Lynda Obst (experimentada productora con muchas películas en su haber, como ContactInterstellar), Steven Maeda (Perdidos) y Ronald D. Moore, sin duda conocido y venerado por los aficionados a la ciencia ficción televisiva gracias a su Battlestar Galactica (2004-2009), y más recientemente Outlander (2014-).

Como adelantaba, en Helix un misterioso virus mortal compromete el futuro de la humanidad. Los únicos que pueden pararlo son un grupo de reconocidos investigadores del CDC (Centro de Control de Enfermedades). Su primera misión será desplazarse a una base científica del Ártico para investigar esta enfermedad que podría terminar siendo mortal. Los científicos que están encerrados en una base alejada de la población han de asegurar la supervivencia de la humanidad, evitando así que esta cepa de patógeno haga que se extinga. Esta es a grandes rasgos la premisa de Helix, pero la serie no tarda mucho en ir más allá, con una primera temporada de 13 episodios en la que los acontecimientos y los giros no se dejan de ocurrir en ningún momento.

Helix es una serie inconfundiblemente Syfy, una historia que en un primer momento se puede inscribir en la ciencia ficción más clásica, pero que a medida que evoluciona (al compás del virus) va abriendo más frentes, hasta presentarse como una serie completamente híbrida. En su primera temporada, Helix no solo recuerda (sobre todo en factura) a otras ficciones de la cadena, como la mencionada BSGEureka o Twelve Monkeys, sino que también nos trae a la memoria clásicos del cine como Alien (un grupo de científicos y especialistas se encuentran aislados y se enfrentan a una amenaza terrorífica que planea acabar con todos), o productos más recientes como la española [REC], Guerra Mundial Z o las series The Walking Dead y The Strain (aunque cada una a su manera, todas tratan sobre un virus que ataca a los seres humanos y los convierte en monstruos virulentos, ya sean zombies o vampiros). Por eso, además de sci-fi, Helix es claramente una serie de terror. Una que, por qué no, también contiene elevadas dosis de comedia (por ejemplo, las escenas más impactantes y gráficas, como un ataque violento o una autopsia, vienen acompañadas de música swing o soul que le da a la serie un toque muy irónico).

hatake

Pero la principal diferencia entre esta y otras series de las mismas características es que sus responsables han dado un mayor énfasis a los personajes. Ya desde el primer episodio queda patente el interés que hay en dar a conocer las diversas personalidades de los investigadores, y en desarrollar las relaciones entre ellos, con sus alianzas y hostilidades, tensiones y rivalidades -magnificadas por sus pasados, sus muchos secretos y por la complicada trama que hay detrás del “accidente” en la base. Pronto, los científicos descubrirán que el virus no es el peor enemigo al que se enfrentan, y que nadie es lo que parece en esa base (el doctor Hatake, uno de los mejores personajes, es el mejor ejemplo de esto). En la recta final de la primera temporada, Helix deja bien claro que no solo quiere llevar a cabo una historia de suspense sobre un peligroso virus, sino también un drama en el que la familia cobra cada vez mayor importancia y donde se exploran los conceptos de la inmortalidad, los vínculos familiares más allá de la sangre o la necesidad que muchos sienten de dejar su huella en el mundo y contribuir a cambiar el futuro. Todo esto salta a la vista conforme la mitología de la serie se va desarrollando (al estilo Lost) y la trama central se retuerce para descubrir la gran conspiración que hay tras el brote del virus NARVIK.

En la primera temporada de Helix, nadie está a salvo. Es mejor no encariñarse demasiado como los personajes, porque cualquiera de ellos puede acabar infectado, o corriendo una suerte incluso peor. El episodio final cierra el arco principal de la serie de forma que funciona como una historia autoconclusiva, pero plantea una mitología aun mayor de cara a la segunda temporada, en la que la historia se extiende fuera del Ártico. Helix explora los límites de la ciencia y nos habla de lo que se debe sacrificar por el bien común, para salvaguardar el futuro de la humanidad y preservar el futuro, una de las mayores preocupaciones de nuestros días.

MEJORES EPISODIOS

“Single Strand” (1×04), “Bloodline” (1×08), “Black Rain” (1×11), “Dans L’Ombre” (1×13)


VEREDICTO SOBRE EL DVD

La primera temporada de Helix se ha editado únicamente en DVD en nuestro país, y aunque en un principio esto pueda disgustar a los que ya prefieren todo en Blu-ray, la calidad de imagen es muy óptima para el formato.Helix dvd Además, como ya sabéis, las series de SyFy no se caracterizan por ser visualmente espectaculares o detallistas, por lo que no suele haber mucha diferencia de imagen con la alta definición.


CONTENIDOS ADICIONALES EN DVD

– Comentario del capítulo piloto y del último episodio de la temporada por parte del cast y del equipo

–  Ronald D. Moore: Puntal de la ciencia ficción

–  El futuro de las enfermedades

–  El arte del aislamiento

–  Diseccionando a los personajes

– Escenas descartadas

– Escenas eliminadas

12ª Muestra Syfy de Cine Fantástico de Madrid: Primera jornada (viernes)

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Del 5 al 8 de marzo, la capital española celebra la fiesta del cine fantástico y sci-fi. Y no uso el verbo “celebrar” a la ligera. La Muestra Syfy de Cine Fantástico de Madrid es una fiesta non-stop de cuatro días, la versión friki del Spring Break, una jarana continua de jueves a domingo en la que rendimos pleitesía al cine más oculto (la mayoría de películas no son estrenadas en salas comerciales), al más original, al más mierda, como dijo ayer la anfitriona anual de La Muestra, Leticia Dolera, que como siempre, es de lo mejor de La Muestra (gracias a ella, los ratos entre sesión y sesión son más llevaderos, e incluso muchas veces mejores que las propias pelis). Dolera además rebautizó esta edición como “La Muestra del Amor“. Por eso, porque amamos este cine, y porque de La Muestra salen parejas, como la que tuvo su primera cita hace tres ediciones y subió ayer al escenario a darse el lote para celebrar que el amor que une La Muestra no lo separa nadie, y ya de paso para ganar unas cuantas entradas gratis.

11034264_1063916180301981_9218959887533999355_nEste año, el duodécimo que se celebra este mini-festival de cine de género (que de pequeño tiene poco), regresamos a los Cines Callao para ver una de las programaciones más interesantes que nos ha propuesto La Muestra en los últimos años. El Syfy dio el pistoletazo de salida oficial el jueves 5, con el preestreno de la última locura de ciencia ficción de Neill Blomkamp, ChappieLa proyección fue todo un éxito a juzgar por la reacción del público en la sala (se juntaban las ganas de jalear del principio de La Muestra con la propuesta pasada de rosca de Blomkamp, pensada especialmente para el tipo de público que abarrota Callao estos días). Sin embargo, cuando ayer Dolera sondeó a los presentes preguntándoles qué les había parecido la película, hubo una clara división de opiniones. Chappie está destinada a provocar reacciones opuestas, a ser amada u odiada a partes iguales. Y bueno, ese es el tipo de películas que más nos gusta ver en La Muestra, así que fue todo un acierto programarla para la inauguración. A mí, personalmente, me divirtió mucho, pero creo que tiene unos cuantos problemas que, pensándolos en frío, son importantes. Os hablo de ellos en mi crítica sin spoilers.

A continuación, os dejo con reseñas de las cinco películas que pudimos ver en la primera jornada oficial del Syfy (no cuento la premiere de Chappie, porque a mí lo de “jornada” me suena sobre todo a los maratones de casi 12 horas que nos pegamos en Callao). Dos de zombies, una de fantasmas, una de vampiros, y una de tribus callejeras japonesas en guerra. Cinco variopintas películas con una cosa en común: que las cinco son comedias. Empezamos el Syfy con unas buenas risas.

 


Housebound
(Gerard Johnstone, Nueva Zelanda)

Housebound - Poster 01El día empieza por todo lo alto con esta comedia de terror neozelandesa que amasa hábilmente todos los tópicos del cine de casas encantadas, el de invasión doméstica (home invasion) y los misterios tipo whodunitdándole un toque de cachondeo muy loco, un poco al estilo You’re Next pero más jocoso aún. Housebound cuenta la historia de una joven rebelde a la que pillan atracando un cajero y es condenada a 8 meses de arresto domiciliario en casa de su madre y su padrastro. Allí se verá forzada a convivir de nuevo con su detestada madre y el apocado marido de ésta, cuya tranquilidad se ve interrumpida por la presencia irritante y destructiva de la joven. Los tres deberán convivir en un caserón antiguo, lleno de recuerdos y secretos macabros, en el que según parece habita un fantasma. La ópera prima de Gerard Johnstone está llena de ingenio y humor bobalicón (del que es tonto, pero inteligente), personajes entrañables (el responsable de seguridad cazafantasmas y la madre son los mejores), y engancha con su trama de misterio que va dejando revelaciones y giros sorpresa (no diré ninguno, pero todos son bastante buenos) a golpe de sustos y risas, y culmina en uno de los mejores clímax que hemos visto en mucho tiempo dentro del género. Después de esta película, no volveréis a ver un rallador de cocina de la misma manera.

 


Tokyo Tribe
(Shion Sono, Japón)

tokyo-tribe-poster-final-comp3Shion Sono, el irreverente y quizás demente en la vida real (como la anécdota escatológica que nos contó Dolera antes de la proyección demuestra) director de Suicide Club (2001) nos trae a La Muestra su última locura cinematográfica, Tokyo Tribe, un musical hip hop de acción de dos horas basado en el manga de Santa Inoue. Japón es un territorio hostil, cuya capital está dividida en facciones callejeras que luchan por el control de Tokio. Cuando Mera (Ryôhei Suzuki), el líder de la tribu de Bukuro, se propone acabar con todas las bandas enemigas para conquistar la capital, la guerra da comienzo. Tokyo Tribe es una de esas películas que no se pueden describir con una simple sinopsis. Es más, estamos ante una película que no decide tener argumento hasta bien entrada su primera hora. La primera parte de Tokyo Tribe es una presentación de todas las tribus de Tokio a ritmo de hip hop. Con raps que por cierto hacen que el “Oza, oza” parezca una de Kanye West, para que os imaginéis el nivel de las rimas y las interpretaciones. Claro que a Shion Sono le importa bien poco que se le tome en serio como director de musicales. Esta West Side Story punk no está hecha para eso. Es una locura pasadísima de rosca que hará las delicias de los fans del cine más esquizofrénico de Takashi Miike (al que no le llega a la suela de los zapatos a pesar de las inevitables comparaciones). Tokyo Tribe es un ambicioso y colorido festival psicodélico de humor absurdo, misoginia y acción demencial, una experiencia visual muy estimulante, que sin embargo no está innovando ni provocando tanto como cree.

 


Burying the Ex
 (Joe Dante, Estados Unidos)

Burying the Ex - Poster 01Llegamos al ecuador de la primera jornada con otra propuesta de comedia, esta vez definitivamente más ligera y llevadera que la anterior, lo nuevo de Joe DanteByrying the Ex. El director de clásicos incontestables y cintas de culto como Piraña, Gremlins, Exploradores, El chip prodigiosoPequeños guerreros regresa tras una temporada dirigiendo series (Hawaii 5.0, CSI, Masters of Horror) con su nuevo largometraje, una comedia romántica zombie, especie de fusión entre una sitcom, un episodio de La dimensión desconocida y un libro de Pesadillas de R.L. StineEn Burying the Ex, un joven que trabaja en una tienda de disfraces (mi querido Anton Yelchin) quiere romper con su novia (Ashley Greene), una insoportable freak del medio ambiente que pretende controlar todos los aspectos de su vida. Sin embargo, antes de poder darle las malas noticias, la chica muere, y lo hace con la promesa aún vigente (y sellada por la estatua mágica de un demonio) de que van a estar siempre juntos. En consecuencia, la chica regresa como zombie para asegurarse de que van a pasar la eternidad el uno junto al otro, cueste lo que cueste. Con este argumento (escrito por el recién llegado Alex Trezza), Dante bien podría haber hecho un pitch a las cadenas para una nueva serie, pero ha preferido llevarlo al cine, con una comedieta bastante cutre pero simpática que se deja ver sin problema, una película de sábado tonto por la tarde que no nos viene mal de vez en cuando y que sobre todo nos deja pasar un rato con los achuchables y adorables Anton Yelchin y Alexandra Daddario. Lo sorprendente, sin embargo, es que Dante haya realizado una película que más que la obra de un director con casi 50 años de experiencia en el cine, parece la ópera prima de un cineasta joven que aún no sabe cómo ir más allá de los clichés del género.

 


Lo que hacemos en las sombras
(Jemaine Clement, Nueva Zelanda)

Poster 700x1000 AFSegunda película neozelandesa del día. Definitivamente, los kiwis están on fire. Pero es que Lo que hacemos en las sombras (What We Do in the Shadows) era además una de las cintas más esperadas de La Muestra. Y no solo cumplió las expectativas, sino que las fulminó. Este falso documental sobre cuatro vampiros que comparten “piso” (en realidad es una mansión, pero ellos se consideran flatmates), que a priori suena demasiado a la serie Being Human (con la que no tiene nada que ver además de la premisa), es una de las comedias más descacharrantes y geniales que vamos a ver en los últimos años. Dirigida por Jemaine Clement, de Flight of the Conchords y Taika Waititi, con el que trabajó en la serie de HBO, Lo que hacemos en las sombras no da tregua (nunca había oído tantas risas no-irónicas seguidas en La Muestra). Repleta de situaciones absurdas y muy familiares derivadas de la convivencia diaria de los vampiros, con una extraordinaria inventiva visual que saca provecho de todas las posibilidades que brindan las “leyes” de los vampiros (brillantes los enfrentamientos, vuelos, transformaciones), y un inteligente repaso por los clichés del géneroLo que hacemos las sombras logra lo imposible: aproximarse al agotadísimo género vampírico y darle la vuelta por completo para hacer una de las comedias de terror más originales del cine reciente. Imprescindible para los fans de Flight of the Conchords, y recomendadísima para todos los demás.

 


Hunger of the Dead 
(Naoto Tsukiashi, Japón)

AKBポスターB全ポスター00Para la primera sesión de medianoche de La Muestra, nada más adecuado que una serie B japonesa de zombiesHunger of the Dead (o Hunger Zes la historia (por llamarlo de alguna manera) de un joven que va a parar a la única casa donde aún quedan seres humanos en un mundo infestado por zombies. En este escenario post-apocalíptico es necesario preservar la especie humana, por lo que las mujeres de la casa son “usadas” para procrear, y los niños que paren (a los que nunca vemos) se dan como alimento a los zombies (huh?), por orden del zombie que dirige las instalaciones y que esconde un secreto. Una cosa ofensiva, estúpida y sin sentido que, dicho así, no suena a nada que no debería ser una peli Z de bajo presupuesto, pero es que Hunger Z falla en lo más importante: es aburrida y no tiene ni un poco de gracia. Vamos, que ni siquiera sirve para reírse de sus chapuceros efectos (esos cuchillos que se clavan en el aire) o de su absurdo argumento. Un desperdicio sin gracia que solo los más jaraneros del Syfy supieron disfrutar.

Crítica: Maniac

Maniac Elijah Wood

Texto escrito por David Lastra

Maniac corre el peligro de convertirse en un nuevo Drive. Aplausos por su factura visual, palos por su tópico argumento. Aceptaré en todo momento que el guión de Alexandre Aja y Grégory Levasseur no sea el más imaginativo que hayamos visto sobre maniacos (como tampoco lo era el de Hossein Amini), pero su fórmula funciona a la perfección, no dejando al espectador escapar de la narración en ningún momento (en este aspecto, ayuda también que se ciña a la hora y media de metraje y no se dedique a deambular y alargarse hasta las dos horas de rigor de sus coetáneas).

Frank, nuestro protagonista, se mueve en un mundo opresivo, lleno de neones y suciedad plástica. Un mundo en el que la restauración Maniac (2012) Posterde un maniquí importa más que la vida de una persona (no hagan caso a esta frase tan tramposa, que parece un tagline). Para construír este remake, el director Franck Khalfoun remite directamente a dos de los mayores referentes visuales de lo siniestramente bello: Nicolas Winding Refn y Gaspar Noé.

Que la imagen del film bebe directamente de la obra del director de Drive es algo indudable y tampoco lo oculta en ningún momento. Si acaso, esta similitud con la cinta de Winding Refn se ve no solo confirmada, sino magnificada, gracias a la banda sonora de Rob y a la parca interpretación de Elijah Wood, los Cliff Martínez y Ryan Gosling de esta cinta. Si acaso, Maniac va un paso más allá en cuanto a las escenas violentas, mucho más realistas y explícitas.

Uno de los mayores aciertos del film es el uso de la cámara en primera persona. Es en ese momento en el que el fantasma de Gaspar Noé sale a pasear (Rémy Belvaux, tu “C’est arrivé près de chez vou” no merece ni ser citada). Esta elección hace que nos metamos en la piel de Frank. Más bien en sus zapatos, que no en su cabeza. Vamos a ser testigos de todos y cada uno de sus actos, pero no vamos a saber muy bien lo que piensa o las razones que tiene para actuar de esa manera tan despiadada. La información nos viene dosificada a través de flashbacks en forma de visiones (si acaso esta explicación del génesis de nuestro asesino es lo único innecesario del film).

A destacar la bonita referencia a El silencio de los corderos con “Good-bye Horses” y el guiño a Les yeux sans visage.

Valoración: ★★★★½

Maniac no ha sido estrenada comercialmente en España, pero puede verse el 7 de marzo a las 15:45 en La Muestra SyFy de Cine Fantástico de Madrid (Cines Callao).

11ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Inauguración – 300: El origen de un imperio (crítica)
11ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Primera jornada (Viernes)
Crítica extendida de Maniac por David Lastra
11ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Segunda jornada (Sábado)

10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Primera jornada

Un día después del preestreno oficial en Callao de Oz, un mundo de fantasía (Oz: The Great and Powerful, Sam Raimi, 2013) –aquí podéis leer mi crítica-, la 10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico inicia su primera jornada maratoniana de películas fantásticas, de ciencia ficción y de terror. La anfitriona de este año ha sido “un monstruo de dos cabezas”. Macarena Gómez sustituyó el jueves 7 a Leticia Dolera en las labores de presentación de la Muestra, con una respuesta más bien negativa por parte del público en la sala -claro que la respuesta a Oz más tarde fue peor. Una desubicada Macarena, que se saltó el guion en pos de una improvisación que hizo taparse la cara a más de uno -y mira que el público de #LaMuestra absorbe la vergüenza ajena con más temple que el público “normal”- se midió en aplausos con la que ha sido casi todos los años la reina del festival, y lógicamente, salió perdiendo.

El viernes 8 de marzo Dolera acudía al rescate, y la cosa mejoraba considerablemente. Juntas hicieron pasar un buen rato lleno de aseveraciones tan elegantes y reivindicativas como “A [REC]3 le dieron ocho Goyas como ocho pollas“. Con esta frase, Dolera incitaba una protesta en contra de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, que suele ignorar el cine de género en sus nominaciones a los rancios premios Goya. Entre poesía (“Canino: pa tu culo mi pepino”), objetos perdidos (Dolera aprovechó una de las presentaciones para buscar al dueño de un ticket de parking perdido) y la visita de Eduardo Casanova y Ana Polvorosa -que venían a presentar el corto Amor de madre, transcurrió un completo primer día de #LaMuestra. Desde las 17:00 hasta las 2 de la madrugada pudimos ver cuatro películas y un cortometraje que os comento a continuación:

Kenshin, el guerrero samurái (Rurôni Kenshin: Meiji kenkaku roman tan, Keishi Ohtomo, Japón, 2012)

Fiel adaptación del popular manga de Nobuhiro Watsuki, que gozó en los 90 de un gran éxito mundial, durante la época dorada del cómic japonés. En España alcanzó una gran popularidad sobre todo gracias a su versión anime. En esta ocasión, la historia del menudo y afeminado vagabundo samurái cobra vida a través de personajes en carne y hueso y el tratamiento de superproducción nipona. Sin embargo, Kenshin, el guerrero samurái es una película de dos horas y media que trata de condensar el mayor número posible de elementos del manga, y falla por no esforzarse un poco más en la historia que se cuenta (que se puede resumir con el insistente y simplón mensaje “matar no está bien”). Gustará a aficionados del cine moderno de samuráis, y por supuesto a los fans del manga y el anime en el que se basa, que encontrarán sin duda una gran satisfacción en ir reconociendo a sus personajes y tramas a lo largo del metraje. Claro que su ritmo exasperante y su constante divagación narrativa pueden hacer que hasta el más fan de Rurouni Kenshin pierda el interés continuamente. Si se busca un buen filme de samuráis contemporáneo, acúdase mejor a Takashi Miike.

Grabbers (Jon Wright, Irlanda, 2012)

Wright nos propone un homenaje a las películas ochenteras de invasión extraterrestre y bichos asesinos con una historia sobre una especie de seres alienígenas (anos gigantes con tentáculos) que llegan a un pueblo costero irlandés sedientos de sangre. Dos policías se encargarán de librar a los habitantes de la plaga que los acecha con la ayuda de un gran descubrimiento: la kryptonita de los grabbers (trincadores en su versión subtitulada) es el alcohol. Imaginad, irlandeses borrachos contra alienígenas asesinos. El resultado está a la altura de la propuesta (a pesar de un inicio preocupantemente soso), y Grabbers divierte y hace reír gracias a magníficos gags y el buen hacer de los intérpretes. En la línea de Attack the Block (Joe Cornish, 2011), la película de Wright da la sensación de no tomarse nunca en serio, pero en el fondo sabemos que estamos viendo algo más que un subproducto: Grabbers tiene momentos de auténtica inspiración cómica. A destacar la química de la pareja protagonista –Richard Coyle y una esplendorosa Ruth Bradley-, y la participación del siempre eficaz, siempre entrañable, Russel Tovey (Doctor Who, Him & Her y casi cualquier serie británica de los últimos 7 años). Por cierto, mirad el póster. Toda una declaración de intenciones, ¿verdad?

Amor de madre (Eduardo Casanova, España, 2013) / Boneboys (Duane Graves, Justin Meeks, Estados Unidos, 2012)

El cortometraje Amor de madre, dirigido por Eduardo Casanova y protagonizado por su amiga y compañera de reparto en Aída, Ana Polvorosa, es según palabras de su director, un melodrama trágico. Casanova debuta como director con un corto demasiado largo en el que se ponen de manifiesto todos los defectos del principiante, de los que el más irritante es la insistencia por que el espectador (re)conozca los referentes del realizador. Casanova nos dijo que le encantaría que el público jalease durante la película, “como en Cecil B. Demente. Pero lo que hizo el público fue resoplar, dormirse, y en última instancia gritar “¡vaya truño!” Pues eso, un desastre. Ah, y salen zombis. No sabemos por qué.

Nadie podía esperar lo que se nos venía encima a continuación con Boneboys, de la mano de Kim Henkel, productor y guionista de La matanza de Texas, sus secuelas y otras películas de terror parecidas. Cuando Boneboys comienza uno sabe que va a ver la clásica historia de adolescentes extraviados (en Texas, cómo no) que se convierten en víctimas de sádicos asesinos. La misma película de siempre, vamos. Y esto es cierto hasta que Boneboys abandona toda lógica cinematográfica y humana y se entrega por completo a la demencia más indescriptible (el torture porn es lo de menos). En serio, no es posible articular en palabras la locura que es esta película. Boneboys es básicamente otro remake de La matanza de Texas, pero con el absurdo, el bizarrismo y el exceso elevado a la millonésima potencia, un “¿QUÉ COÑO ES ESTO?” constante del que es mejor no saber nada antes de adentrarse en su mundo. Pero que no, no es posible describirlo, no lo es. Hay que verla para creerla. O para no creerla.

John Dies at the End (Don Coscarelli, Estados Unidos, 2012)

La nueva película de Don Coscarelli (El señor de las bestias, Phantasma) está basada en una novela de terror publicada originalmente en Internet por Jason Pargin (con el pseudónico David Wong), y es básicamente un cómic de Vertigo en movimiento. Pero uno con gracia. John Dies at the End parece a ratos una versión alucinada de Supernatural, pero es esencialmente un viaje psicotrópico deudor de Hunter S. Thompson, y en su defecto, de David Cronenberg. La película amalgama con ingenio y un gran sentido del humor una apabullante cantidad de ideas y motivos propios de la serie Z. El ritmo desfallece en su tramo final, pero John Dies at the End se las arregla para permanecer imprevisible y estimulante la mayor parte del tiempo. La primera película en diez años de Coscarelli es un ejercicio evidentemente autoindulgente que no oculta su deseo de recibir la categoría de película de culto, pero que, intenciones del autor aparte, la merece.

Estás saliendo de Eureka. Vuelve pronto.

Como acontecimiento especial, y ya de paso para cubrirme mientras yo sigo de vacaciones (volveré), presto ‘fuertecito no ve la tele’ a Daniel ‘James Cole’ Andréu, que nos habla de su experiencia personal (y particular) con la serie de SyFy Eureka, de la que anoche se emitió su series finale.

 

Hace unos seis años leía el argumento de algunas nuevas series y el de Eureka me llamó la atención: Jack Carter es destinado para ser sheriff en Eureka, una ciudad en la que viven las mentes más privilegiadas del mundo, científicos capaces de crear lo imposible. De entre todas las que investigué, esta fue mi seleccionada para ser el nuevo gran descubrimiento. Tenía ganas de ver una serie que nadie viera y que luego se pusiera de moda, estaba harto de que todo el mundo me descubriera cosas y yo nunca hacerlo. No pude estar más equivocado.

Después de un capítulo doble como piloto, me di cuenta de que nadie iba a ver Eureka, pero no quise admitirlo e intenté pasar por alto el tufo a telefilm cutre (o lo que es lo mismo, a serie de SyFy) que tenía todo. Después de la primera temporada, empecé a dudar de si yo mismo iba a seguir viéndola. A estas alturas, recuerdo vagamente el arco principal de aquellos primeros doce capítulos, lo que sí recuerdo es la horrible sensación de darme cuenta de lo que era Eureka: una serie mala y punto.

Uno tras otro, se sucedían los capítulos en los que no pasaba absolutamente nada aparte de que el secundario de turno inventara un innovador aparato que acababa poniendo en peligro a la gente de la ciudad y del mundo. Era el turno de que el protagonista dara palos de ciego y mostrara una y otra vez que su mente no estaba a la altura de la de los demás, hasta que al final tenía una chispa en el cerebro que unida a su valentía, salvaba a todos. Así nos encontrábamos con que ya teníamos la nueva House, solo que en ciencia ficción y cutre. El título del episodio 1.11 (“H.O.U.S.E. Rules”) me resulta curioso.

Fue el momento de admitir (muy a mi pesar) que había fracasado estrepitosamente en mi empeño por descubrir la nueva gran serie americana. Ahí se quedó Eureka indefinidamente pero con intención de retomarla en algún momento, en parte por cabezonería (ya que la había empezado tenía que terminarla), en parte porque en el fondo sí que me sentía (estúpidamente) especial por ser la única persona sobre la faz de la tierra que la veía, y finalmente por costumbre.

Las otras cuatro temporadas fui viéndolas a un ritmo que me permitiera no morir de aburrimiento, pues eran cortas pero realmente pesadas. No pasaba absolutamente nada y las tramas importantes son meras pinceladas para que pareciera que la serie iba encaminada hacia algún sitio concreto. Por mucho que se fueran salpicando poco a poco de secundarios “estrella” (con cameo del mismísimo Stan Lee incluido), no había ninguna mejora, sobre todo porque los principales tampoco ayudaban. Es realmente triste que aparte del protagonista, ningún personaje me despertara simpatía, llegando alguno (Henry Deacon, te odio) a caerme realmente mal durante toda la serie.

Se podría haber hecho algo muy bueno con la premisa de la serie, pero el principal problema es que ni el creador ni su equipo son buenos guionistas. Incapaces de dar profundidad a ninguno de los elementos que habían creado, se limitaban a repetir la misma fórmula una y otra vez. Si al menos lo hicieran bien, se haría todo más llevadero, pero unos diálogos cursis y estúpidos, unas situaciones totalmente inverosímiles, y unos personajes que actúan sin sentido según convenga a la trama del capítulo, hacían que fuera casi imposible agarrarse a algo positivo.

Eureka ha durado seis años (cinco temporadas repartidas muy aleatoriamente). Echando la vista atrás me doy cuenta de que los personajes son exactamente los mismos que en el piloto. La evolución es nula más allá de estar en diferentes puntos de sus vidas, porque emparejar a unos con otros o cambiarles el puesto de trabajo no da profundidad a un personaje. Durante los 77 capítulos ha habido destellos muy puntuales, uno o dos por temporada, pero a veces ni eso.

La cuarta temporada empezó con un recurso demasiado trillado ya, el del cambio radical a lo “5 years later…”, pero que resultó sorprendentemente efectivo y esperanzador. A partir de que ese giro se resolvió todo volvió a la normalidad y mi gozo al pozo.

Con el anuncio el año pasado de que la quinta sería la última temporada de la serie sentí algo que nunca antes había sentido: miedo. Miedo a que terminara la serie, ¿por qué?, porque no estaba preparado para despedirme de sus personajes. Tanto tiempo echando pestes de todos ellos y resulta que les había cogido cariño, incluso a los que me caían mal. ¿Qué me estaba pasando?

Tenía que apresurarme para ponerme al día con mi serie mala favorita. Casualmente el primer capítulo que vi después de mi parón personal fue el 4.15 (“Omega Girls”), uno de los mejores de toda la serie y probablemente el principio de lo mejor que nos iba a ofrecer. Eso ayudó a que volviera con ganas y tardé poco en ver Eureka al ritmo de su emisión en EE.UU. Por primera vez. La última temporada empezaba de nuevo con un giro de 180º que tenía toda la pinta de tener el mismo resultado que el anterior. Conforme iban pasando los episodios mis ojos se iban abriendo cada vez más, ¡los guionistas estaban haciendo bien las cosas! Malditos, a buenas horas… Seguía siendo todo muy cutre, pero al menos esta vez sí íbamos hacia alguna parte y los capítulos tenían relación unos con otros, llegando a ser muy emocionantes. En esto tiene bastante que ver el personaje de Felicia Day, que casi no ha pasado de ser estrella invitada pero ha tenido una importancia vital en la evolución del argumento. También merece una mención de honor el especial navideño que mezclaba casi todos los tipos de animación y que (alguien me va a matar) con su sencillez superaba al famoso “Abed’s Uncontrollable Christmas” de la genial Community.

En fin, que Eureka es muy mala pero la season finale ha conseguido hacerme llorar a ratos. Ya sea por diminutos granos de calidad, por costumbre o por empeño personal, el caso es que esta mierda de serie me ha ganado como pocas lo han hecho en mi vida y este es un día triste para mí, casi a la altura del final de Mujeres Desesperadas. Estaba pensando en hacerme con otra serie mala favorita, pero creo que esta va a ser irremplazable. Jack Carter, te voy a echar mucho de menos.

Battlestar Galactica, "Daybreak"

“Todo esto ha pasado. Y volverá a pasar”

La televisión sirve para muchas cosas. Para hacerte compañía mientras comes, para darte luz en una noche de insomnio, para ver tus DVD… Pero sin duda, la función más interesante y compleja de la televisión es la de reflejar la sociedad en la que vivimos. De vez en cuando, una serie de ficción llegará y no solo nos veremos retratados en ella, sino que nos ayudará a comprender mejor el mundo en el que vivimos. Si además, la serie en cuestión se adscribe al género de la Ciencia Ficción, es muy probable que las cuestiones que plantee (e incluso solucione) nos abran los ojos y nos permitan dar un paso más allá en nuestro camino hacia el auto conocimiento y la búsqueda (aunque inconsciente) del sentido de todo esto. Sin duda, Battlestar Galactica es una de esas series.

Llegar al final de una (buena) serie de ficción de duración media-larga supone en ocasiones cerrar un capítulo de una vida (el fin de una era, que dirían algunos). Al menos, así es como uno se siente asistiendo a la última hora de la vida de esas personas que nos han acompañado durante años. Algo que no puede darte el cine (y que muchos incrédulos se niegan a experimentar). No ocurre con todas las series, desde luego, solo con aquellas que nos hablan de la vida, así a grandes rasgos (en definitiva, todas las buenas series son las que nos ayudan a entenderla). Battlestar Galactica nos lleva hasta el final del camino, lleva su historia hasta las últimas consecuencias (literalmente), haciendo que este sentimiento de fin de serie se vea amplificado enormemente.

“Daybreak” es el final perfecto. No solo cierra el mayor número de ciclos posible (¿todos?), sino que nos muestra mucho más de lo que esperábamos, a tenor de los episodios inmediatamente anteriores, que parecían llevar a la serie hacia un desenlace incompleto y poco complaciente. Ofrece respuestas adecuadas a todas las cuestiones pendientes (muchas requieren un acto de fe, como no podía ser de otra manera) y nos da el mejor final posible para todos sus personajes (al final, ya sabéis, lo más importante de una serie). No soy capaz de condensar lo que supone “Daybreak” para la serie, y para mí. Creo que no hay mejor manera de resumir el sentimiento que torpemente he intentado transmitir escribiendo esto que citando a Sam en su última escena:

“Perfection. That’s what it’s about. It’s those moments. When you can feel the perfection of creation. The beauty the physics you know the wonder of mathematics. The elations of action and reaction and that is the kind of perfection that I want to be connected to”.

Nos vemos al otro lado.