Sherlock – “His Last Vow” (3.03): Algo pasa con Mary

Sherlock

Sabíamos que Sherlock se marcharía este año con un gran bang. Y de hecho se ha marchado con dos. Para el tercer episodio de la temporada, “His Last Vow“, Steven Moffat acapara todo el trabajo de guión y firma un libreto cargado de referencias (más de lo habitual) al canon de historias de Sir Arthur Conan Doyle, y por supuesto, unas cuantas a su Doctor Who (en un momento del episodio, Sherlock llama a Mary “la mujer del doctor” por ejemplo). “His Last Vow” es todo lo que esperamos de un final de temporada de esta serie: giros, golpes de efecto, más giros y sorpresas, tramas retorciéndose y saltando, una filigrana narrativa que no es tan genial como Moffat cree, pero sí lo suficientemente efectiva como para tenernos en vilo una hora y media.

Después de dos capítulos decididamente cómicos (y caóticos), Moffat se pone un poco más serio, se centra y descarga de humor la tercera y última entrega de la temporada para adentrarse en territorio farragoso. El de los traumas y el origen de las patologías psicológicas (vemos a Sherlock de pequeño varias veces a lo largo del episodio), los miedos y los puntos débiles de sus personajes. “His Last Vow” trata en gran medida sobre la adicción, no solo la de Sherlock Holmes a las drogas, sino también su adicción a John Watson (su droga de reemplazo), y cómo no, la de John Watson a las personas psicológicamente dañadas que le engañan y lo ponen en peligro. En la secuencia inicial de los créditos (después del estupendo prólogo con Lars Mikkelsen y Lindsay Duncan) vemos a un Watson que no estamos acostumbrados a ver, al soldado, al experto en el combate cuerpo a cuerpo, al súper héroe que todos menos él sabemos que es. Para luego verlo retomar su puesto como sidekick de Sherlock y finalmente constatar -una vez más- que es un ser humano prácticamente perfecto en todos los sentidos (sí, como Mary Poppins). No hay suficientes elogios para Martin Freeman, que lo borda en todos los registros, siempre con una naturalidad y carisma que hace que su trabajo parezca el más fácil del mundo.

Sherlock

En “His Last Vow”, el pasado vuelve para atormentar a los protagonistas (hasta el último minuto, ya sabéis de qué hablo), pero también para consolarlos y ofrecerles refugio. Como si del Rosebud de Ciudadano Kane se tratase, se nos desvela el misterio de Redbeard, uno de los puntos débiles de Holmes que podemos leer en las gafas de Magnussen (este año han sacado el mejor provecho de los rótulos sobreimpresos en pantalla y otras argucias visuales). Y al igual que el trineo de Charles Foster Kane, este mcguffin de Sherlock nos lleva a la infancia del protagonista. Redbeard resulta ser el perro de nuestro detective, su “ancla” antes de conocer a John, que es otro tipo de cachorro. Mucho más oscuro y desconcertante es el gran secreto de Mary: la mujer de Watson es una ex asesina que trabajaba para la CIA y que planea matar a Charles Augustus Magnussen, el villano del episodio, para evitar que este destape sus secretos y arruine su nueva vida con John. Este impactante giro que cambia por completo la percepción que tenemos de Mary no está en el canon (obviamente Mary no era una agente de la CIA a finales del siglo XIX), pero sí está construido a partir de los datos biográficos, o más bien de la ausencia de datos y el misterio alrededor del pasado del personaje que ideó Conan Doyle.

La revelación de Mary (muy bien hilada y justificada a base de detalles que no percibimos en los dos episodios anteriores) nos desarma, nos enfada y nos decepciona (no queremos que le pase nada malo nunca a John), pero en última instancia sirve para reforzar los lazos de los tres personajes principales. La clave está en la escena más compleja e intrincada visual y narrativamente de lo que llevamos de serie, la del disparo de Mary a Sherlock (¿no os encantaría ver esta serie en el cine?) En ella Sherlock nos lleva a su “mind palace” (un lugar que, sorprendentemente, o no tanto, está habitado por personas a las que quiere), donde descubre no sólo que está en su mano burlar a la muerte siguiendo la lógica científica que ha aprehendido de Molly (grande Molly), sino también que Mary Morstan es una espía y el disparo era su única manera de salvar a dos personas por las que siente genuino amor. Esto lleva a John a perdonar a Mary por haberle ocultado su pasado, el cual no tiene interés en conocer. “Los problemas de tu pasado son asunto tuyo. Los problemas de tu futuro son privilegio mío”. Para, John. Por favor. Deja de ser tan perfecto. Duele.

John Watson His Last Vow Martin Freeman

Uno de los mayores defectos de Steven Moffat como guionista es abarcar mucho más de lo que debe. Sí, este es un problema que encontramos en todos los episodios de Sherlock (mejor eso que un “desarrollo estancado” de 90 minutos), pero resulta especialmente molesto y confuso en “His Last Vow”, saturado de flashbacks, capas de información y giros de guión. Aunque claro, si un episodio de Sherlock fuera sencillo y estuviera contado sin efectismo y engaño no sería Sherlock. Y seguramente no nos gustaría tanto. Además, lo mejor de esto es que todo acaba encajando de tal manera que los episodios anteriores adquieren nuevo sentido y la temporada mucho más empaque, por lo que la serie se presta enormemente a los revisionados.

Como no puede ser de otra manera, “His Last Vow” se guarda un gran giro para el final (y no, todavía no me refiero a eso). La cámara de los secretos de Charles Augustus Magnussen (actualización del villano sherlockiano Charles August Milverton interpretado a las mil maravillas por el hermano de Mads Mikkelsen) está en realidad en su mente, por lo que no hay manera de destruir las pruebas sobre el pasado de Mary si no es matándolo. Después de una escena incómoda y enervante como pocas he visto (Magnussen dando golpecitos con el dedo en la cara de John), Sherlock mata a su archinémesis de la semana, lo que lo convierte en un criminal (en la historia original simplemente no hacía nada por evitar su muerte). En manos de las autoridades (o sea, de su hermano Mycroft y su amigo Lestrade), Sherlock se ve obligado a aceptar una misión suicida como espía (y yo creía que se me habían acabado los espías con Nikita). La despedida de Sherlock y John resulta demasiado contenida pero cargada de emoción. Afortunadamente solo están separados 4 minutos. La próxima vez que vayáis a despediros para no veros nunca más, ¡arrimaos!

Sherlock 3x03 His Last Vow

¿Cuál es la razón para que Sherlock se baje del avión (cual Rachel Green) antes de despegar hacia su final? Ahora sí. Jim Moriarty. ¡Qué sorpresa! (ironía). Es prácticamente un hecho que Moriarty sigue muerto (nos lo aseguraron Moffat y Gatiss, aunque ya sabéis que de esos hay que creerse poco), y esto no es más que una provocación del villano de la cuarta temporada (los entendidos dicen que podría tratarse de Sebastian Moran), una distracción de Moffat para llamar la atención y asegurarse nuestro regreso, como si hiciera falta. Claro que con esta serie nunca se sabe qué retorcido y mágico plan nos aguarda a la vuelta de la esquina. Ahora ya sabéis lo que toca: mono. ¿Y cómo se sobrelleva el síndrome de abstinencia impuesta después de estos cortos pero intensos 12 días de Sherlock? Por mi parte yo recurriré a la droga de reemplazo de Holmes: Me voy a mirar gifs de John Watson muriéndose de celos porque su Sherlock se ha echado novia (qué alivio que lo de Janine fuera solo el despiadado plan de un psicópata, ¿verdad?). A ver si así aguanto hasta 2015. Nos vemos el año que viene en el 221b de Baker Street. Toodles!

Sherlock – “The Sign of Three” (3.02): La boda del año

The Sign of Three Sherlock

Después de irrumpir en 2014 llevándose todo y a todos por delante, el huracán Sherlock amaina con la segunda entrega de la tercera temporada del pelotazo de BBC, que lleva por título el premonitorio “The Sign of Three”. Igualmente rebosante de escenas memorables pero un poco menos escrito por y para Tumblr que The Empty Hearse, el episodio central (o sea, el ojo del huracán) de la tercera de Sherlock es tan apasionado y divertido como caótico y descentrado, y se puede resumir en dos ideas: la celebración oficial (y de etiqueta) de la amistad inquebrantable de Sherlock y John, y el ingreso definitivo de Mary Morstan en la coalición Johnlock, lo que altera ligeramente la dinámica de la serie.

Pero la altera para bien, porque Amanda Abbington no podría ser más idónea para el personaje de Mary, aportando estabilidad a nuestros dos queridos “drama queens“, y ganándose en tiempo récord el beneplácito de la audiencia. Mary, lejos de ser la tercera en discordia, es (por ahora, claro está) una fuerza unificadora, una fuente de equilibrio emocional y contrapunto realista para la pareja principal de la serie (“Ni tú ni yo fuimos el primero”), más inmersos que nunca en la fantasía de su estrafalaria vida en común (como muestra el genial montaje de sus casos más locos). Mary tiene calado a Sherlock desde el primer minuto (“Yo no soy John”, le deja caer con toda la naturalidad del mundo) y en lugar de aprovechar esta ventaja para quitárselo de en medio, la usa para construir una relación sana dentro de sus posibilidades, asumiendo desde el principio que deshacerse de la persona más importante en la vida de su marido no es una opción si quiere que su matrimonio funcione. En “The Sign of Three” asistimos como invitados de excepción a la boda de John Watson y Mary Morstan. Mark Gatiss y Steven Moffat están manejando con destreza el tiempo en esta temporada. Las elipsis y los saltos en el tiempo durante este capítulo funcionan muy bien porque todos los personajes, incluida Mary (es más, especialmente Mary), están muy asentados en el relato, y además se parte con la ventaja de que la audiencia conoce la historia de antemano. Tenemos tan solo tres capítulos por temporada, y es mejor no perder el tiempo.

Otra cosa es que también sepan disponer con la misma habilidad los incontables elementos de la historia. “The Empty Hearse” ya pecaba de abarcar demasiado, pero sorprendentemente lograba hacer encajar todo a las mil maravillas. Sin embargo, “The Sign of Three” adolece de una convulsa sobrecarga de información y sale perjudicado por un exceso de tramas, interludios y apartes que Steve Thompson (guionista del episodio), Gatiss y Moffat no saben hilar. Más bien convierten el episodio en una gran madeja de historias y escenas que lanzan al espectador. Curiosamente, muchas de estas escenas parecen estar alargadas en exceso, haciendo que “The Sign of Three” sea uno de los episodios de Sherlock más perjudicados por su extensa duración. En él nos encontramos con tres casos aparentemente desconectados (con homicidio en cuarto cerrado incluido, con lo que a mí me gustan) que Holmes no ha logrado descifrar. Unos más interesantes que otros, todos ligeramente predecibles y finalmente resueltos a base de los dei ex machina y las coincidencias imposibles que tanto gustan a los creadores de la serie, estos enigmas plantean demasiadas preguntas que ponen en duda la verosimilitud de los mismos. No es que no estemos acostumbrados, pero nos gusta que un caso de Sherlock termine con las piezas encajando tras un satisfactorio proceso de deducción y reconstrucción (por muy enrevesado que sea) y no después de lanzarlas al aire para que encajen mágicamente.

The Sign of Three 3.02

La celebración del enlace Watson-Morstan es el escenario perfecto para seguir diseccionando a la extraña pareja formada por Sherlock y John. Y, a pesar de constituir el discurso de boda más largo y ramificado de la historia, “The Sign of Three” sale triunfante al cumplir su propósito principal: articular en palabras las psiques de sus protagonistas y la naturaleza de su relación, lo que se consigue a través de los desconcertantes, conmovedores y brillantes soliloquios de Sherlock durante el brindis. Así que al fin y al cabo, los casos del episodio se mantienen casi en todo momento en un segundo plano, sobresaliendo por encima de ellos todas las escenas en las que Sherlock y John se profesan su amor incondicional. Lo mejor de “The Sign of Three” es que Gatiss y Moffat se reafirman en su modo de representar la amistad de los protagonistas: sin medias tintas y desde el corazón. John le dice a Sherlock que es su mejor amigo, y Sherlock le dice a John que le quiere y que le tendrá para toda la vida. Con esas palabras exactas (sniff, se me siguen saltando las lágrimas). Hoy por hoy es una tontería recurrir a dobles sentidos o declaraciones veladas (otra cosa es la TSNR). Lo mucho que se quieren estos dos está ahí (¿de dónde iba a salir si no el enternecedor estrés de Sherlock preparándose para la boda?), es dominio público, y resulta emocionante verlos a ambos entregados a él y cantándolo a los cuatro vientos.

Por eso “The Sign of Three” es otro gran episodio de Sherlock. Por eso y porque Benedict Cumberbatch y Martin Freeman están mejor que nunca. Imborrable la escena en la que John le pide a Sherlock que sea su padrino de boda, y mucho más inolvidable aún la sección del episodio en la que los dos amigos se emborrachan haciendo un tour al más puro estilo The World’s End, juegan a adivinar los personajes de su frente (probablemente una de las escenas mejor escritas e interpretadas de toda la serie), atienden a un caso “clueing for looks” y se despiertan en una celda con la peor resaca de la historia. Salta a la vista que Cumberbatch y Freeman no pueden estar más cómodos en sus personajes. Los dos están entregados al 150%, y resultan inconmensurables tanto en las escenas cómicas como en las emotivas (que a menudo serán lo mismo). “The Sign of Three” supone el nacimiento oficial de la trifecta John-Sherlock-Mary, pero después de escenas así, para nosotros es como si hubiéramos asistido a la boda de Sherlock Holmes y John Watson, los novios más impolutos, gallardos y tiernos de la Gran Bretaña.

Sherlock – “The Empty Hearse” (3.01): He’s Alive! ALIVE!!!

Sherlock Holmes BBC

Se me ocurren pocas cosas tan autoconscientes como Sherlock. Pocas series tan hábiles, pícaras y descaradas en el uso de lo meta como esta. Los dos eternos años que han transcurrido entre el final de la segunda temporada y el estreno de la tercera, “The Empy Hoarse”, han servido no solo para que el fandom de la serie se confirme como uno de los más insistentes, entregados y obsesivos de la tele, sino para que sus creadores, Mark Gatiss y Steven Moffat orquesten el regreso perfecto a costa de los fans. “The Empty Hearse” está diseñado meticulosamente, plano a plano, palabra por palabra, gif a gif con un único propósito: romper Internet. Y vaya si lo ha hecho.

Pero primero quitémonos de en medio lo menos importante, el caso de la semana, que ocupa la segunda parte de este primer episodio. Sherlock y Watson y la amenaza terrorista contra Londres. Si habéis visto el episodio, poco se puede decir. Todos los agujeros posibles, todos los errores e incongruencias, todo está previsto y cubierto. ¿Por qué no llama Sherlock a la policía? ¿Por qué hace falta tanta deducción para concluir que el atentado va a tener lugar en el Parlamento durante la votación de una legislación importante? “No os creáis tan listos”, piensan Gatiss y Moffat atusándose el bigote imaginario, todo forma parte de otro plan maestro, de otra broma macabra del travieso Holmes. Al igual que Sherlock y el plan para fingir su muerte, nada se deja al azar. ¿O sí? Es difícil saberlo porque incluso aquellas piezas del puzle que encajan por obra y gracia del destino son tan importantes como las demás. Piezas de un enervante y endiabladamente divertido juego de despiste en el que Gatiss y Moffat siembran la duda tanto con las respuestas concretas a los enigmas como con las imprecisas. Un juego mucho más elaborado y tramposo que el Operación de MB, desde luego.

Sherlock 3x01

Pero al igual que a nuestro querido Watson, lo que nos importa a nosotros no es tanto el cómo sino el porqué. Y más nos vale, porque la solución a uno de los enigmas más grandes de la tele actual, el del salto de Sherlock, ha sido poco más que un “Elige tu propia aventura” (pero claro, qué esperábamos). Mucho mejor que el entramado de teorías y conspiraciones de Moffatis es el subtexto (y texto) gay más importante de la tele desde Xena y Gabrielle -“Prefiero que mis doctores estén bien afeitados” es la frase más erótica que se ha pronunciado jamás en la serie. Y por encima de eso, la insana, disfuncional y apasionadamente codependiente amistad de estos dos fascinantes personajes (que como cabía esperar, habitan perennemente en el cuerpo de sus intérpretes), un hombrecillo roto que necesita ser leal y amar a toda costa y el sociópata más hijo de puta y entrañable de este lado del Támesis. La primera mitad de “The Empty Hearse” está bien cargada emocionalmente, pero también cómicamente, suponiendo un inmejorable arranque para la temporada: el duelo de Watson -que más que la pérdida de un amigo ha experimentado la viudedad-, la introducción de Mary -por ahora perfecta porque acepta que su marido esté enamorado de otro hombre-, el papel de Santa Molly Hooper en el duelo particular (y en la vida) de Sherlock, la sincera alegría de la Sra. Hudson porque John ha encontrado a otro hombre, y por último la escena del reencuentro en el restaurante. Mucho más grande que cualquier cosa que nos hubiéramos imaginado (con excepción de la tarta). “Are you really going to keep that?”

Sherlock The Empty Hearse

Por eso, los primeros 40 minutos de “The Empty Hearse” son la verdadera bomba del capítulo, un inspiradísimo recital de autorreferencias y metahumor pensado para desatar aún más la pasión desmedida de los sherlocked, para los que está hecho sin duda el episodio. Pero Sherlock es mucho más que un producto hecho para fans. Sherlock no es El Hobbit. Los fans son recipientes, pero también piezas centrales de la maquinaria creativa y publicitaria de la serie. A las incontables y autorreflexivas pruebas me remito: “Dos años y las teorías son cada vez más estúpidas”, “Ahora todo el mundo es crítico”; “I believe in Sherlock Holmes”; Ese plano del club de fans de Sherlock Holmes (con nuestra Rae Earl poniendo voz a los fans dentro de la propia serie) y los hashtags tipo #SherlockLives superpuestos en la pantalla; Los innumerables chistes a costa del bigote de John; Y los momentos en los que Moffat y Gatiss rompen la cuarta pared sin que sus personajes miren a cámara: “Me voy a presentar en Baker Street saliendo de una tarta” es en realidad “Fans, haced muchos fan arts de Sherlock sorprendiendo a Watson saliendo de una tarta”; Y  bueno, el “I don’t shave for Sherlock Holmes” (“You should put that on a T-shirt”) es un caso de product placement. Sí, podéis comprar la camiseta oficial en la tienda online de BBC, pero que eso no os impida hacer las vuestras para subir a TeeFury. Conclusión: Nunca antes se había fusionado con tanta argucia la entrega a los fans y los intereses comerciales. Y vaya, nos encanta que nos utilicen así.

Pero, ¿por qué Sherlock no sale damnificada por el desorbitado hype y el hecho de que el fandom sea hoy en día el principal artífice creativo de la serie? Porque Sherlock cumple. Porque en el fondo sigue siendo una comedia de altura. Y porque se sigue sustentando en la arrolladora química entre sus dos protagonistas, y la relación amistosa, férrea y frágil, fraternal y romántica a partes iguales, que mantienen. Después de dos años de ausencia, esto permanece intacto. Es más, se ha reforzado. El tira y afloja entre John y Sherlock nos sigue proporcionando los mejores momentos de la serie. Los celos, los pequeños instantes que confirman el alcance de su amor mutuo (como esta ahogada sonrisa de Watson mirando hacia el apartamento de Sherlock) y la ineptitud de ambos a la hora de ocultar que no piensan en otra cosa que no sea en el otro. “The Empty Hearse” es un regalo a los fans desbordado de momentos calculadamente icónicos, de guiños burlones, de memes en potencia (a razón de tres por plano), como Doctor Who. En definitiva, todo un ejercicio de autoafirmación. Mark Gatiss y Steven Moffat te están viendo en tu cuarto, y saben que vas a estar pensando mucho tiempo en esto:

Captura de pantalla 2014-01-04 a la(s) 13.00.00

You’ve been sherlocked.

The Day of the Whovians

The Day of the Doctor

Texto escrito por Alicia Ortega

Llevamos 50 años esperando este momento. Sí, algunos ni siquiera hemos cumplido aún los 30, pero todos sabemos que el tiempo no es algo lineal. Después de 50 años corriendo junto al Doctor, a los whovians se nos regala este capítulo especial para celebrar nuestro 50º aniversario.

Y digo “nuestro” porque no es tanto la celebración del aniversario de Doctor Who como de sus seguidores, y nadie como Steven Moffat, el mayor whovian fanboy que ha existido, para escribir un capítulo especial dedicado a los demás fans de la serie.

Desde que se hizo con la serie, Moffat se ha dedicado a introducir referencias internas para el deleite de los seguidores. Personalmente, tanta referencia capítulo tras capítulo me ha cargado bastante en la serie en sí, pero siendo este el especial del 50º aniversario, me parece una gran idea. No nos engañemos, Moffat es un experto en las autorreferencias, no las suelta si no están bien atadas y relacionadas, y lo hace con un cuidado exquisito: Los primeros segundos del episodio ya hacen que a cualquier whovian se le llenen los ojos de lágrimas de felicidad. Por mi parte, no pude más que pensar: “Por supuesto, no podía haber empezado de otra forma y, sin embargo, hasta que lo he visto, no he caído en ello”. Pero Moffat sí cayó, igual que pensó en todo tipo de detalles, tantos que probablemente alguno se nos haya escapado: desde la hora del primer reloj que se ve, las 5:15, la misma en la que se emitió el primer capítulo el 23 de noviembre de 1963; pasando por bufandas, cameos y “I don’t wanna go”. Mención aparte merece la aparición de la reina Elizabeth, que encaja deliciosamente con todas las apariciones y menciones que se han hecho de ella a lo largo de la serie, podéis comprobarlo.

Dejando aparte todas estas referencias, que para mí son la clave del episodio, vemos que la historia en sí sigue también las líneas características de nuestro showrunner: siguiendo la premisa de “el tiempo puede reescribirse”, Doctor Who permite contar la historia que quiera contar sin preocuparnos de la continuidad. Todo es posible, todo puede hacerse y todo puede tener más o menos sentido. Pero no tan hábil es nuestro amigo Moffat atando cabos dentro de un solo episodio como colocando autorreferencias. No olvidemos que Hitler sigue en la alacena. Así, tenemos a tres humanos y tres Zygons encerrados en la Torre de Londres debatiendo un acuerdo… esperemos que no acaben como los clásicos prisioneros de la Torre.

El especial del 50º aniversario, “The Day of the Doctor”, ha cumplido con creces las expectativas de los seguidores, de los que pudieron disfrutarlo en pantalla grande en el cine, los que lo vieron en televisión o de la forma que fuera. El 23 de noviembre de 2013 estaba condenado a pasar a la Historia, pero lo ha conseguido por mérito propio.