Crítica: Foxcatcher

FOXCATCHER

En The Office, Michael Scott era un hombre alejado de la realidad, con una percepción de sí mismo muy distinta a la que los demás tenían de él y una tendencia a ponerse en situaciones ridículas con el propósito de demostrar su valía como líder y como persona. En Foxcatcher, John du Pont es un cincuentón rico que se ha construido (pagado) una imagen como patrón y gurú, y dedica su tiempo y energía a convencer al mundo de lo mismo que él ya se ha convencido. Lo que a simple vista ambos personajes tienen en común es al tremendo Steve Carell. Lo que los separa, a pesar de sus muchas similitudes, es que mientras el trastorno psicológico de Michael Scott provenía de una bondad intrínseca y el deseo de ser querido, el de John du Pont es simple y llanamente una psicopatía.

La historia de Foxcatcher, basada en hechos reales, da comienzo cuando Du Pont invita al ex-campeón olímpico de lucha libre Mark Schultz (Channing Tatum) a su finca, donde el ocioso ricachón pretende entrenarlo junto a otros jóvenes luchadores, de cara a los Juegos Olímpicos de Seúl de 1988. Mark, que vive solo, arruinado, y siempre a la sombra de su hermano David (Mark Ruffalo), también medallista olímpico que ahora se dedica a entrenar en su ciudad natal, acepta la oferta de Du Pont para escapar del vacío existencial en el que está sumido. Schultz se convierte así en el nuevo juguete (figura de acción sería más apropiado teniendo en cuenta el imponente físico de Tatum) de Du Pont, su nuevo amigo comprado por catálogo sin el permiso ni la aprobación de su madre (Vanessa Redgrave), con la que todavía vive muy a pesar de ella. Schultz entra en el juego de Du Pont, no porque éste sepa esconder su verdadero rostro, sino porque el pobre muchacho no tiene ni dos dedos de frente. Confinado en la granja “Foxcatcher”, donde se somete a un sonrojante entrenamiento de mentira, Schultz verá cómo la extraña amistad que el caudillo Du Pont ha confeccionado para ellos se va transformando en una grotesca pesadilla de la que es muy difícil escapar.

FOXCATCHER

Con Foxcacther, Bennett Miller (Truman CapoteMoneyball) realiza un potente retrato de la América más patética, un fresco empapado de tristeza sobre la idiotez más profunda, lleno de personajes que, lejos de poseer cualidades redentoras o psicologías verdaderamente complejas, son o bien rematadamente tontos, o directamente trastornados. Pero Miller no está especialmente interesado en mostrar a sus personajes como típicos antihéroes cinematográficos. Incluso cuando estos se desnudan emocionalmente (véase la potente escena en la que Tatum rompe el espejo con la cabeza), no dejan de ser en ningún momento seres extremadamente idiotas y pusilánimes, lo que quizás resulte en una película difícil de digerir. Lo que el realizador quiere es que sus impedidos intelectos queden al descubierto en todo momento, que no haya verdugos y víctimas, sino distintas representaciones del paleto yanqui, algo que la película logra con creces gracias a las soberbias interpretaciones de sus actores -en especial la de Carell, que se come la cámara con su inquietante presencia. Mark es un tarugo con cerebro de mosquito (Tatum está excelente, dicen que porque el papel está hecho a su medida), David es el paradigma de la simpleza suburbana (Ruffalo cumple, pero su nominación al Oscar es excesivo) y Du Pont, probablemente el más cateto de los tres, se cree cualificado para ejercer de guía espiritual de estos brutos, desechos del sueño americano. Todo un cuadro.

Foxcatcher es un film apasionante en su empeño por destapar las miserias de estas personas aburridas e insignificantes, un trabajo de dirección preciso e impecable que recoge con maestría el espíritu oscuro y decadente del relato, así como esa sensación de “tierra, trágame” de la que aquí uno no se puede liberar riendo como en The Office. Mediante un ritmo pausado y contemplativo en el que la tensión se va acumulando hasta su explosivo final y una ambientación opresiva y enfermiza (potenciada por el tenso score de Rob Simonsen y la imponente fotografía de Greig Fraser), Foxcatcher nos va introduciendo, y encerrando, en el embuste de Du Pont, y la pesadilla de Schultz, hasta que un ensordecedor disparo nos despierta y nos permite escapar hacia una realidad que, aunque parezca mentira, no dista demasiado de lo que acabamos de ver.

Valoración: ★★★★½

Crítica: Alexander y el día terrible, horrible, espantoso, horroroso

Alexander and the Terrible, Horrible, No Good, Very Bad Day

El pequeño Alexander, de 11 años, se ha levantado con el pie izquierdo. Suele tener más días malos que buenos, pero hoy es especialmente desastroso. Como le ocurría a Lisa Simpson en aquel episodio de los 22 cortos de un minuto de Springfield, a Alexander se le queda pegado un chicle en el pelo. Nada que no se solucione con un buen tijeretazo y un trasquilón. Pero ese es el menor de sus problemas, comparado con lo que le espera el resto del día. Su familia está tan absorta en sí misma, que no es capaz de darse cuenta de lo difícil que es ser Alexander y que el universo confabule en contra de ti a diario. Por eso, en la víspera de su cumpleaños, el niño desea que su familia viva un día “terrible, horrible, espantoso, horroroso”, para que tanto sus padres como sus hermanos mayores sepan por fin qué se siente al ser tan desgraciado. Y bueno, ya sabéis lo que dicen: Ten cuidado con lo que deseas, porque se puede hacer realidad.

Alexander y el día terrible, horrible, espantoso, horroroso es el llamativo título de la nueva película de Walt Disney Studios, basada en el libro infantil de Judith ViorstAlexander and the Terrible, Horrible, No Good, Very Bad Day. El film está co-producido por Lisa Henson de la Jim Henson Company y dirigido por Miguel Arteta (ese director indie que despuntó hace una década con The Good Girl y se quedó como director de encargos y lo que surja). Siguiendo la fórmula testada de la comedia familiar que los laboratorios Disney lleva décadas utilizandoAlexander y el día terrible nos divierte con las continuas calamidades que sacuden a la familia Cooper, en el que, como no podía ser de otra manera, es uno de los días más importantes para cada uno de sus miembros: la madre (Jennifer Garner), que trabaja en una editorial de libros infantiles, se juega un ascenso organizando una lectura pública con Dick Van Dyke, el deshollinador de Mary Poppins (una de las múltiples autorreferencias que suelen plagar últimamente el cine de Disney); el padre (Steve Carell) lleva siete meses en paro y tiene una entrevista de trabajo muy importante; el hermano (Dylan Minette) va a asistir al baile de fin de curso con su despótica y superficial novia, de lo que depende el futuro de su frágil relación; y la hermana (Kerris Dorsey) debuta esa tarde como Peter Pan en la función musical del instituto. Ni que decir tiene que la suerte no se porta bien con ninguno de ellos, para sorpresa de Alexander (la revelación Ed Oxenbould), que está convencido de haber arruinado la vida de su familia con su deseo.

Alexander póster español afterCon un agradecido metraje de 82 minutosAlexander y el día terrible se conforma con ser una amable comedia disneyana manufacturada para su disfrute en familia, idónea para esas tardes tontas de domingo en las que estamos bajos de defensas. Es cierto que todo en ella es tópico y predecible, y que como siempre, la empalagosa moraleja hace que la película pierda fuerza, pero Alexander se las arregla para mantenerse fresca y divertida en todo momento. Y lo consigue gracias a un ritmo frenético que no deja un solo segundo sin acontecimientos, un humor alocado, más afinado de lo que cabe esperar de este tipo de cine (estupendo slapstick e ingeniosos juegos de palabras que se pierden en su versión doblada), y cierto aire transgresor (dentro de los parámetros de la casa de Mickey Mouse), que da lugar a gags algo más atrevidos de lo habitual -tanto que uno de ellos, que involucra la palabra “pene” y es genial, será censurado para su emisión en Disney Channel.

Alexander y el día terrible continúa además la tendencia del estudio a transmitir sus valores familiares redibujando sus convenciones y reformulando estereotipos, como ya llevan años haciendo sus películas animadas. No solo a base de detalles pequeños pero importantes (como el hecho de que en la representación escolar de Peter Pan, Wendy sea una niña asiática), sino con grandes proclamas: la hermana mayor no es la típica chica tonta superficial, sino que este arquetipo se reserva para el coqueto hermano mayor, mientras que la hermana recibe estímulo de sus orgullosos padres por sus aspiraciones intelectuales y artísticas, en lugar de cultivar su apariencia y dotes sociales como señorita que es; de igual manera, estos alientan las pasiones geek del pequeño Alexander (fan de todo lo que tenga que ver con Australia), dejando en todo momento a sus hijos ser como son; y quizás lo más significativo: el tópico papel del padre ausente que descuida a sus hijos por su trabajo lo desempeña la madre (una fantástica y divertidísima Jennifer Garner cuyo talento está siendo desaprovechado), mientras que el padre no se siente amenazado ni emasculado en ningún momento por ser el encargado de cuidar a los niños mientras su mujer pone el pan en la mesa, rechazando por completo todo atisbo de política de géneros. Muy, pero que muy bien.

Valoración: ★★★

Crítica: El camino de vuelta

THE WAY, WAY BACK

¿Recordáis aquel verano en el que vuestros padres os llevaron un mes de vacaciones al pueblo costero donde ellos veraneaban de pequeños y disteis vuestro primer beso en la playa, junto a una hoguera y con los fuegos artificiales del 4 de julio estallando al fondo? Seguro que sí, como si hubiera sido ayer. Pero ya no sabéis distinguir muy bien si es un recuerdo real o un constructo generado a partir de todas esas ‘películas de vacaciones’ con las que todos crecimos.

Con El camino de vuelta (The Way, Way BackNat Faxon (Ben and Kate) y el ganador de un Oscar por Los descendientes Jim Rash (nuestro Decano Pelton de Community) aúnan con buen gusto y mucho cariño la mitología yanqui más reconocible e importable y los tópicos del cine sobre adolescentes (de esa variante amable y pseudodramática que ellos llaman concretamente “coming of age movies”) para recordarnos aquel verano en el que todo cambió, o si no se es tan afortunado, el mejor verano que nunca tuvimos.

El camino de vuelta está narrada desde el punto de vista de Duncan (Liam James), un torpe e inseguro adolescente de 14 años con el que es prácticamente imposible no identificarse de alguna manera (seguramente si estás leyendo esto, tú fuiste, o eres bastante Duncan). Es como el Charlie de Las ventajas de ser un marginado pero sin el trauma infantil y el hospital psiquiátrico. Duncan no corre peligro de caer en depresión, pero su familia no le proporciona estabilidad precisamente, y su situación lo convierte en el protagonista ideal de este tipo de películas, un héroe mundano y defectuoso (un 6 que en realidad es un 9) del que nos apropiamos sus pequeños triunfos personales. Qué bien se siente uno realizándose a través de personajes como este.

El Camino de Vuelta_PósterUn par de años después del divorcio de sus padres, Duncan se va de veraneo con su madre (Toni Collette), su odioso nuevo novio (interpretado por un Steve Carell que se aleja de todos los papeles que ha hecho hasta ahora) y la ausente hija de él. Mientras su madre intenta por todos los medios crear una nueva familia con lo que tiene a mano, Duncan busca refugio fuera de casa. Lo encuentra en un parque acuático regentado por un Peter Pan cuarentónOwen (Sam Rockwell en estado de gracia), que se ofrece como guía espiritual del chaval y le da su primer trabajo. Con Owen y el resto de kidults del parque, Duncan aprende a no quedarse de brazos cruzados. A perder la vergüenza y bailar break dance delante de extraños, a hacer un acercamiento con la preciosa vecina (AnnaSophia Robb), y en definitiva, a empezar a vivir un poco la vida.

El camino de vuelta es todo un caramelito indie en la línea de Little Miss Sunshine o la reciente Un invierno en la playa. Una dramedia familiar muy bien interpretada (Allison Janney está maravillosa), con envoltorio Sundance (es decir, tan natural como manufacturada) y sabor a película de los 80, que da siempre con las notas adecuadas para tocar la fibra (aunque salten demasiado a la vista las intenciones y seamos conscientes en todo momento de que estamos siendo ligeramente manipulados). El camino de vuelta transcurre en nuestros días -como nos indica el product placement tecnológico-, pero su espíritu (y su selección musical) está en un pasado común que es tal y como nos recuerdan estas películas, aunque en realidad no se parezca en nada.

Valoración: ★★★½

Crítica: Gru 2 – Mi villano favorito

Allá por el lejano 2010 se estrenaba con enorme y sorprendente éxito una película de animación cuya premisa era una fusión entre Shrek y Dr. Horrible’s Sing-Along Blog. En su versión original se titulaba Despicable Me, un genial y en cierto modo transgresor título -dentro del género animado- que en España se traduciría con el mucho más descriptivo y amable Gru, mi villano favorito. A pesar del rebautizo edulcorado, el título seguía conteniendo una palabra clave que distanciaba Gru del resto de películas ‘de dibujos’ de los últimos años: su protagonista no era un héroe, sino un villano, un Big Bad huraño y sociópata que planeaba un gran golpe: robar la luna. De esta manera, Gru, mi villano favorito se sumaba a una larga lista de títulos cinematográficos y televisivos que durante lo que llevamos de siglo XXI han desplazado la atención del héroe clásico hacia la figura del malvado o antihéroe -sin ir más lejos, el mismo año de Gru se estrenaba la muy similar Megamind, de Dreamworks. El villano se convierte así en el héroe, y el héroe se reduce a una figura ridícula y anticuada. Es decir, el nerd acaba con el reinado del jock, y da la bienvenida a una nueva era de la cultura popular. Ser malo mola. Y ser geek mola mucho más.

La gran acogida a nivel mundial de la primera Gru generó, obviamente, una secuela que nos llega este año a las carteleras, Gru 2 – Mi villano favorito (Despicable Me 2 en inglés). Gran parte del éxito y la permanencia en la memoria colectiva de la primera entrega recaía en los secuaces del protagonista, los divertidos y alocados Minions, convertidos ya en iconos de Universal, superando en popularidad y repercusión a los protagonistas humanos de la película. En la secuela de Gru, los Minios no decepcionan. Estos representantes modernos del slapstick protagonizan los momentos más descacharrantes del film, en el que además conocemos a sus alter egos monstruosos, los Evil Minions, suerte de Raving Rabbids púrpura igualmente hilarantes. Sin embargo, el acierto de Gru 2 es que no ha sucumbido completamente a la popularidad de estas desquiciadas y adorables criaturas, y a pesar de la constante presencia de los Minions, el peso de la historia sigue recayendo en su protagonista, y en su evolución como persona, y ahora como padre. En este sentido, no estamos ante una secuela que explota a la mascota graciosa y se olvida de lo que estaba contando. O sea, irás a verla por los Minions, pero te quedarás por la historia.

La vida de Gru dio un giro de 180º desde que tres niñas huérfanas, la entrañable Agnes, la marimacho Edith y la preadolescente Margo, entraron en su vida. Aunque el calvo de nariz aguileña sigue conservando su carácter asocial, su corazoncito no puede estar más ablandado. Ahora ya no es villano, es padre a jornada completa. Se puede decir que Gru lo tiene todo. Menos una compañera sentimental que le complete, y ya de paso le ayude a controlar a sus tres fieras. Entra en escena Lucy (voz original de Kristen Wiig), una agente de la Liga Anti Villanos con la que se alía para luchar contra un enemigo del pasado. Las chispas saltan, la dicharachera, incontenible e impredecible Lucy es el contrapunto perfecto al protagonista. Y así, Gru 2 no es solo una acelerada cinta de acción y humor, sino también toda una comedia romántica, especialmente en su tramo final.

Gru 2 – Mi villano favorito sigue sin estar -ni de lejos- a la altura de las grandes cintas de animación por ordenador de la última década, pero posee un valor icónico que no puede tomarse a la ligera, un poder para atraer y contentar a niños y adultos por igual que es sin duda la clave del éxito en el género. En Gru 2 hay diversión rocambolesca para todos los gustos, acción bigger and better -evitad el innecesario 3D si podéis-, dulzura y ohana en su justa medida, guiños algo subidos de tono que son incomprensibles para el niño. Y sobre todo, Minions, muchos Minions, esos robaescenas que son todos machos, a los que les encanta disfrazarse (de mujer a ser posible), adoran los plántanos y el mundo del espectáculo (folklórico). Estos irresistibles personajes amarillos que parecen M&M’s, o jelly beans, dan cuenta de lo mucho que ha cambiado la percepción del cine animado para todos los públicos. Si no ven ningún niño en su sesión de Gru 2 – Mi villano favorito, no se extrañen.

The Office 6.17-20

La sexta temporada de The Office es oficialmente la más irregular de lo que llevamos de serie. Y para muestra, estos cuatro episodios. Los dos primeros, estrenados la misma noche como episodio de doble duración y centrados en el nacimiento de la hija de Jim y Pam, son de lo mejorcito de la temporada. Los dos siguientes, son de lo peor.

Las dos partes de “The Delivery” nos devuelven dos elementos característicos de las primeras temporadas de la serie. De un lado, tenemos al Michael intrusivo que vive en primera persona los acontecimientos que rodean al parto. Y por otro, “la pareja” de The Office recupera el encanto adorable de las primeras temporadas. A mí, los Jim y Pam antipáticos, condescendientes y superiores de estas últimas temporadas también me encantan, porque siguen siendo ellos, siguen siendo monos y también porque de vez en cuando se llevan un palo precisamente por ser los más cuerdos y hacerlo ver a los demás. Aún así, a ratos echo de menos lo que un día fueron.

Destacando de la primera parte del episodio a Michael y de la segunda a Jim y Pam, ya con la niña en sus vidas, los mejores momentos del episodio está protagonizados por estos tres:

Jim (y Michael) consolando a Pam porque detrás de su deseo de esperar a las 0:00 para ingresar en el hospital y ahorrar gastos se oculta el terror absoluto de una madre primeriza. Michael hace de mono de repetición de las palabras tranquilizadoras de Jim. Para comérselo.


Michael llevando a la pareja al hospital. Miradlo. No hay nada que añadir, ¿verdad?


Michael después de asistir por sorpresa al parto.


Michael, minutos después, tras oír el primer llanto de la niña.


Y por supuesto, Michael con la niña en brazos. :_)


En la segunda parte, como ya he dicho, Jim y Pam se llevan el protagonismo, y las mejores escenas:

La estrategia de Jim para lactar y que la niña se “enganche”.


Jim, tras el fracaso de su estrategia, observa cómo el especialista en lactancia masajea los pechos de su mujer.


Y sobre todo, las caras de Jim y Pam después de comprobar que la niña que por fin consigue engancharse y beber la leche no es la suya, sino la de la compañera de habitación.


Como ya sabéis, la media de gags buenos por episodio protagonizados por el amplio reparto de secundarios es muy alta. “The Delivery” no es una excepción, pero son los protagonistas los que más brillan en este episodio especial.

Y lo que viene después, los episodios 6.19, “St. Patrick’s Day” y 6.20, “New Leads” son lo que los anglosajones llaman un lackluster. Dos episodios repletos de bromas facilonas que se limitan a repetir chascarrillos típicos de los personajes, pero sin gracia. Dwight y Jim y el Megadesk es el mejor ejemplo de esto.

Por otro lado, los adorables Erin y Andy se acercan peligrosamente a un punto bizarro de no retorno. Espero que estos dos no se conviertan en una pareja vacía, un mero exponente sin más del (esencial y muy presente) elemento marciano de la serie. Aún así, creo que siento un amor incondicional hacia ellos. Ya veremos qué pasa.

“New Leads” no es tan flojo como “St. Patrick’s Day”. El enfrentamiento entre vendedores y el resto de la plantilla da mucho juego. Es justo lo que se espera una trama de este tipo en The Office. Y la resolución del conflicto es muy divertida. Sin embargo, el episodio pierde mucho por varias cosas:

Dwight. Lo siento, me agotas.


Bromas muy perezosas, como Meredith dispuesta a desnudarse en la oficina, aunque no haga falta.


Y el vertedero.


Terminaré con un tópico: a pesar de todo esto, un episodio malo (o dos) de The Office sigue siendo mucho mejor que cualquier episodio de casi cualquier comedia hoy en día en televisión.