Crítica: Jojo Rabbit

Taika Waititi es uno de los directores más originales del panorama cinematográfico actual. Antes de saltar al mainstream dirigiendo la película más marciana de Marvel, Thor: Ragnarok, el cineasta neozelandés ya se había labrado un nombre entre los círculos cinéfilos y festivales gracias a joyas como BoyLo que hacemos en las sombrasHunt for the WilderpeopleCon su último trabajo, Jojo Rabbit, basado en el libro Caging Skies de Christine Leunens, Waititi aúna la sensibilidad libre e independiente de sus primeros films con el estilo hollywoodiense al que ha sabido adaptarse sin perder un ápice de su peculiar personalidad.

Jojo Rabbit es una sátira de la Segunda Guerra Mundial ambientada en la Alemania nazi que sigue al pequeño Jojo Betzler (Roman Griffin Davis), un ferviente seguidor de Hitler que inicia su adiestramiento en las Juventudes Hitlerianas para luchar por los ideales que el dictador y sus partidarios le han metido en la cabeza. Sin embargo, su visión del mundo cambiará al descubrir que su madre (Scarlett Johansson), una mujer soltera perteneciente a la resistencia clandestina, esconde a una chica judía (Thomasin McKenzie) en la habitación de su fallecida hija mayor. Ante esta situación, Jojo se replanteará su nacionalismo, para disgusto de su ridículo amigo imaginario: Hitler (interpretado por el propio Waititi).

En manos de otro, esta rocambolesca premisa podría haber salido muy mal, pero Waititi la lleva a buen puerto con su habitual sentido del humor y las dosis perfectas de emotividad. Su buena mano y experiencia con las historias coming-of-age le sirve para confeccionar una fábula ingeniosa, dulce y entrañable sobre un tema muy complicado. Lo consigue encontrando el equilibrio perfecto entre comedia y melodrama, con humor incisivo lleno de toques surrealistas que busca hacer reír sin faltar al respecto y deleita a la vez que aborda los horrores de la realidad histórica que satiriza y lanza su mensaje antibelicista. En definitiva, consiguiendo lo que algunos directores creen imposible: hacer humor de un tema delicado y escabroso sin ser ofensivo.

Jojo Rabbit es una obra de contrastes. El color y la magia de su puesta en escena (reminiscente del cine de Wes Anderson) cubre una verdad muy oscura. La película es excéntrica y arriesgada, pero a la vez es lo más accesible, incluso académico, que ha hecho Waititi (de ahí sus 6 nominaciones a los Oscar, incluyendo mejor película). Y la risa y el llanto se fusionan en una historia que divierte pero también golpea fuerte con su dureza y tristeza; especialmente durante su segunda parte, donde el director se pone serio y el drama y la tragedia nos llevan hasta el desenlace, aunque sin perder nunca la gracia y el optimismo.

El film cuenta con un reparto magnífico del que destaca el niño prodigio Roman Griffin Davis (simplemente extraordinario) y el hilarante Archie Yates (futuro protagonista del reboot de Solo en casa), Scarlett Johansson en uno de los mejores papeles de su carrera (la Academia la ha recompensado este año con dos merecidas nominaciones, una por esta y otra por Historia de un matrimonio) y un fantástico grupo de talentos cómicos: Rebel Wilson, Alfie Allen, Stephen Merchant y un divertidísimo Sam Rockwell.

A pesar de experimentar un bajón de ritmo hacia la mitad del metraje, Jojo Rabbit es un triunfo absoluto del cine, una película mágica, luminosa y llena de energía que se queda en el recuerdo. Lejos de perder su idiosincrásica voz, Waititi sigue asumiendo riesgos y los supera con una visión muy clara de lo que quiere contar, dotando de alma a sus personajes y contando historias que parecen increíbles pero se sienten muy reales.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

Crítica: Logan

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Diecisiete años. Nueve películas. Se dice pronto, pero Hugh Jackman se ha pasado la mayor parte de su carrera siendo Lobezno. El actor australiano ha dado vida a otros personajes en el cine (con su Jean Valjean de Los miserables logró su primera nominación al Oscar), pero siempre será asociado al mutante de Marvel, el personaje más popular de los X-Men de 20th Century Fox, al menos hasta el boom de Deadpool. Sin embargo, ha llegado la hora de decir adiós. Después de dos entregas en solitario que no lograron el beneplácito unánime de público y crítica (por decirlo suavemente), nos llega el canto del cisne de Lobezno, titulada escueta y oportunamente Logan, la película con la que el mutante de garras de adamantium cierra su propia trilogía y Fox dinamita lo que hoy en día se entiende por cine de superhéroes.

La tercera película de Lobezno se aleja por completo de las dos anteriores, más formalmente supeditadas a lo que en teoría debe ser y tener una cinta de superhéroes. Esta aventura final se titula Logan porque, más que sobre el héroe o el mutante, trata sobre el humano. Inspirándose en la medida de lo posible en Old Man Logan, el influyente cómic de Mark Millar y Steve McNiven, el director James Mangold lleva la historia de Logan hacia un sombrío futuro distópico, en el que los mutantes se han extinguido casi por completo y este reniega de su especie. Escondido en una vieja casa en la frontera con México junto a un nonagenario profesor Charles Xavier (Patrick Stewart, también en su despedida de la saga) y un mutante llamado Caliban (Stephen Merchant), Logan trata de sobrevivir pasando desapercibido, trabajando como conductor de limusinas y dedicando sus días a cuidar de su viejo amigo enfermo, mientras él mismo se deteriora y va perdiendo sus poderes. No obstante, la irrupción en su vida de Laura (Dafne Keen), una niña que posee un gran poder, obligará al mutante a abandonar su retiro para enfrentarse al pasado del que huye, luchar contra las fuerzas oscuras que persiguen a la pequeña y salir en busca de Edén, el (supuesto) último refugio seguro para los mutantes.

Logan continúa el camino marcado por Deadpool, pero desde el drama, con una épica y violenta aventura Rated-R que lleva la propiedad mutante hacia nuevos terrenos, en los que podemos detectar a un estudio dispuesto a salirse del molde y arriesgar más. Para empezar, Logan carece del elenco multitudinario y exceso de tramas interconectadas del cine de superhéroes actual. Al contrario, se trata de una historia sencilla, directa, con un número reducido de personajes, incluso un villano carismático bien utilizado (estupendo Boyd Holbrook), que Mangold consigue mantener cohesionada en todo momento, gracias a una visión muy clara, una personalidad y estilo fuertemente marcados y un sentido del propósito y la dirección que va más allá de la necesidad de derrocar al mal (así se escribe un guion). Por mucha acción de primera y asombroso despliegue de poderes que incluya la película, el viaje de Logan tiene lugar por dentro, bajo la piel otrora indestructible, ahora ajada de Lobezno, y tras una larga vida de lucha, pérdida y persecución. Un viaje que nos habla de la redención, el legado, la lealtad, y sobre todo la familia, hallando en ella el rescoldo de esperanza al que aferrarse para alcanzar la felicidad cuando se había dado por perdida.

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Parece mentira que el mismo director de la irregular Lobezno inmortal haya realizado una película de tal firmeza y arrojo. Pero es cierto. Logan es increíblemente consistente en todos los aspectos. Se trata de una historia clara y concisa, desnuda de accesorios y ornamentos innecesarios, un film equilibrado, con certeras pinceladas de humor, de estructura robusta y acción excelentemente dosificada, en el que no sobra ni una sola escena y todo cuanto ocurre es importante. Y a su vez una aventura independiente que se adapta al universo X-Men sin ser fagocitada por la necesidad de interconectarlo todo, sin encadenarse a la “visión general” (es decir, no está plagada de guiños y cameos para agradar al fan, sino que justifica narrativamente todas sus decisiones en este sentido). Por otro lado, el acabado técnico y visual es impecableLogan presenta un aspecto sobrio y elegante, una fotografía árida y crepuscular que hace juego con un tono decididamente distinto al de las películas anteriores de la franquicia, y que, sumado a su acción salvaje escenario casi post-apocalíptico, puede remitir a Mad Max: Furia en la carretera (no en vano, también hay planes para una versión en blanco y negro de Logan). Además, esta hace un uso inteligente del CGI, recurriendo a él solo cuando es oportuno y manteniendo así la sensación de crudeza y los pies en la tierra, literalmente.

Y luego, por supuesto, el reparto. Porque Logan incluye las que son probablemente las mejores interpretaciones de la saga X-Men, y de las mejores del cine de superhéroes moderno. Uno de los mayores aciertos de la película es situar el conflicto emocional de sus personajes siempre en el centro, no solo el recorrido del protagonista, sino también la relación de Logan con Xavier, Caliban y Laura (o lo que es lo mismo, X-23), estableciendo así un puente entre generaciones sobre el que se construye un potente drama familiar. Como decíamos, Logan posee una cualidad profundamente humana, y esto, más allá del guion, es gracias al soberbio trabajo de Jackman y Stewart, dos actores (y amigos) que protagonizan escenas entrañables y divertidas, pero también momentos desgarradores que dejan con un nudo en el estómago y nos muestran la fuerte conexión que existe entre ellos y sus personajes. Y por supuesto, también hay que destacar a la joven incorporación mutante, una niña de 11 años de alucinante fuerza escénica a la que da gusto ver aniquilar a sus enemigos sin piedad, y que forma un dúo genial con Jackman (aunque esté mejor cuando no habla, como Stitch). En resumen, la película esculpe al viejo Logan a través de sus vínculos con Xavier (respeto, amistad y protección paterno-filial), Caliban (un hermano pequeño que le incordia pero al que quiere) y Laura (el símbolo de la nueva generación y una última oportunidad para sentir lo más parecido a una vida normal), completando la historia de este lobo solitario en relación a su amor por los demás, y por extensión hacia su especie, de una manera sorprendentemente hermosa y con un plano final absolutamente perfecto.

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El triunfo que supone Logan se debe sobre todo a la libertad con la que parece estar hecha, sin limitarse a un género, sin estar obligada a cumplir un checklist o intentar complacer a todo el mundo. En parte road movie, en parte western, en parte drama familiar, la película nace sobre todo de la necesidad de contar (o mejor dicho, clausurar) una buena historia, y ahí es donde se marca la diferencia. Mangold coordina un espectáculo de gran empaque en todos los aspectos (atención al fantástico score de Marco Beltrami, con tanta personalidad como la propia película), manejando la tensión con maestría en magníficas escenas de acción e intensísimas persecuciones, dirigiendo combates auténticamente hardcore en los que notamos las pulsaciones y sentimos cada golpe, cada corte, cada cráneo atravesado (la cinta no escatima en sangre y violencia gráfica, como requería la historia), y sacudiéndonos con esa misma contundencia visceral durante sus pasajes más íntimos, emotivos y trascendentales, de los que el film está lleno (el tramo que tiene lugar en casa de una familia de desconocidos es monumental). Brutal y conmovedora a partes iguales, Logan supone la madurez definitiva de la saga X-Men, un trabajo apasionado y apasionante con el que Jackman se despide de Lobezno por todo lo alto y el género trasciende sus fronteras para acomodar no solo al público que disfrute del cine de superhéroes, sino también al que ame el buen cine en general.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½