Reseña: La seducción, de Sofia Coppola

la-seducion-1

Después de la incomprendida The Bling Ring (2013), Sofia Coppola se apartó temporalmente del cine para continuar su fructífera relación con el mundo de la música dirigiendo videoclips para la banda de su marido, Phoenix, se hizo cargo del vapuleado especial de Navidad para Netflix de Bill Murray, continuó diseñando y protagonizando campañas de moda y dirigió su versión de La Traviata de Valentino. Su regreso al cine tras este breve pero productivo paréntesis creativo la lleva a reencontrarse con Kirsten Dunst, quien protagonizaría su primer largometraje como directora, Las vírgenes suicidas, y más adelante, la magnífica (y también infravalorada) María Antonieta.

Con La seducción (The Beguiled), Coppola vuelve al cine de época para realizar una nueva adaptación de la novela homónima de Thomas Cullinan, llevada al cine en 1971 por Don Siegel en El seductor. Con su versión, Coppola conduce la historia hacia su terreno al poner casi todo el énfasis en los personajes femeninos, en lugar del protagonista masculino, en el caso de la cinta clásica, Clint Eastwood, en el remake, Colin FarrellLa seducción es un hipnótico drama psicológico con sutiles toques de thriller y comedia negra que nos transporta hasta la Guerra de Secesión estadounidense para adentrarnos en un internado de señoritas que recibe la visita inesperada de un soldado. Una premisa metafórica que se ajusta como anillo al dedo al estilo y la particular visión de la realizadora.

La llegada del cabo McBurney (Farrell) al caserón regentado por la estricta señorita Martha (Nicole Kidman de nuevo en la cima de su carrera) trastorna la armonía que reinaba allí hasta entonces, sumergiendo a la directora, su ayudante (Dunst) y sus jóvenes inquilinas en un juego de seducción que acabará desatando fuertes tensiones entre ellas, celos y traiciones que traerán consecuencias inesperadas. El elenco femenino, encabezado por unas soberbias Kidman y Dunst (esta última sobresale especialmente y merece mucho más reconocimiento del que tiene) y secundado por un reparto infantil y adolescente del que destacan Elle Fanning y Oona Laurence, realiza un excelente trabajo construyendo el microcosmos de la película, mientras un irresistible Colin Farrell se encarga de ponerlo patas arriba. La influencia manipuladora que ejerce el soldado sobre estas mujeres desgarra el velo de un universo etéreo y aparentemente sosegado, pero en realidad opresivo y marcado por el aislamiento, bajo cuya superficie bulle el anhelo de romper las cadenas y los corsés que las asfixian.

la-seduccion-2

Esa es la mayor virtud del film, contar mucho con poco. Coppola lleva a cabo un trabajo (a ratos excesivamente) minimalista en cuanto a trama y diálogos del que, sin embargo, se pueden extraer muchas capas si se presta la debida atención. Más allá de su exquisito y envolvente acabado visual (todo un placer para los sentidos), que no sorprenderá a cualquiera que esté familiarizado con la preciosista obra de Coppola y su maestría y minuciosidad para crear atmósferas, La seducción es un cuento gótico que encierra entre paredes la incertidumbre y la violencia de un conflicto histórico transformador, una elegante sátira costumbrista, y por encima de todo, una intensa fábula erótica sobre la pasión y el poder del deseo.

La seducción ya está a la venta en Blu-ray y DVD. En ambas ediciones podemos encontrar los siguientes contenidos adicionales:

Cambio de perspectiva: Directora y elenco explican cómo La seducción difiere tanto de la novela homónima como de la primera versión cinematográfica, además de incidir en el brillante papel de los actores que ayudaron a Sofia Coppola a llevar a la gran pantalla esta adaptación.

Estilo del sur: Descubre cómo vestuario, peluquería, maquillaje y otros elementos se unen para crear una experiencia íntegra no sólo para el espectador, sino también para los actores.

Crítica: The Bling Ring

_DSC6244.NEF

Hace mucho tiempo que los diamantes dejaron de ser los mejores amigos de las chicas (y algunos chicos). Ahora lo son Herve Leger, Dior, Louis Vuitton o Rick Owens. En The Bling Ring, Sofia Coppola reconstruye la historia real de un grupo de adolescentes angelinos que entre 2008 y 2009 allanaron las lujosas moradas de varias celebridades de Hollywood, robando piezas de los mencionados diseñadores (entre otros) por valor de varios millones de dólares. Coppola retoma con su nuevo trabajo, basado en el artículo de Vanity Fair “Los sospechosos llevaban Louboutins”, la obsesión por los niños mimados que desató en la dulcemente anacrónica Maria Antonieta (2006).

Más corrosiva que nunca (aunque no lo parezca a simple vista), la directora de Lost in Translation elabora con The Bling Ring un divertido, descorazonador, y a ratos aterrador tratado sobre el culto a la fama y el lujo a través de un grupo de adolescentes cegados por el destello y la ostentación de las marcas de alta costura. Niñas (y un niño) pertenecientes a familias acomodadas, “educadas” en casa con chándals de Juicy Couture y alfabetizadas gracias a sus manuales de papel couché y revistas de moda de dos kilos y medio. Manteniendo una distancia prudencial con su discurso (que puede confundirse con reivindicación o admiración), y sin querer sacar grandes conclusiones sobre una generación (pero casi haciéndolo), Coppola satiriza sobre el vacío existencial de unos chavales definidos y anulados por sus parafilias.

En The Bling Ring nos encontramos con una directora segurísima de sí misma, despojada por completo de cualquier tipo de restricción o preocupación por el qué dirán. El resultado es una película tan libre como centrada y concisa, en la que la directora fluctúa entre lo superficial y lo trascendental, jugando a despistar y dejando al espectador la labor de emitir (el único posible) juicio moral sobre los actos de estos delincuentes con gafas parabólicas. Algo que además el mundo ya hizo hace unos años. Claro que salta a la vista que Coppola no trata a Rebecca, Nicki, Chloe, Sam y Marc de la misma manera que a otras adolescentes de su obra. Si con las Lisbon o Maria Antonieta la directora buscaba la compasión y la indulgencia del espectador (ser adolescente es una lata), con la pandilla de The Bling Ring nos invita a reírnos de ellos, a pesar de que existe cierta voluntad de explicar y entender su comportamiento.

_DSC7814.NEF

Destaca una inmensa Katie Chang como Rebecca, el cerebro (es un decir) de la operación, mientras Israel Broussard, Marc, construye un personaje entre lo patético y lo lastimero (“siempre fui consciente de que no era tan atractivo como los demás”) y Emma Watson se lo pasa en grande (a pesar de sus problemas con el acento) con su caricaturesca Nicki. Chloe (Claire Julien) y Sam (Taissa Farmiga) completan el círculo (sin olvidar a la madre de Nicki y Sam, hilarante Leslie Mann). Junto a ellos nos adentramos en las casas de Paris Hilton, Rachel Bilson o Megan Fox, y mediante una estructura basada en la repetición, filmada con suma elegancia (ese plano secuencia lejano de una de las mansiones mientras los chicos la saquean), vamos descubriendo el hastío que en realidad los rodea y el abismo en el que se precipitan. La película se revela poco a poco como un ejercicio de observación antropológica que nos abre los ojos y nos recuerda lo increíblemente estúpida que es nuestra obsesión por la fama.

A pesar de que se puede aplicar a muchas áreas de la cultura occidental, The Bling Ring es una fábula sobre una fauna muy concreta de Los Ángeles, la generación The Hills, cabezas de chorlito que viven en una parcela separada de la realidad, entre frappucinos, clubs exclusivos y más de mil amigos en Facebook. Con su comportamiento justifican la existencia de los famosos por combustión espontánea, frivolizando el crimen amparados por una sociedad que convierte a maltratadores y asesinos en iconos pop (antes presidiaria que anónima). Bajo una irresistible estética y con ayuda de una excelente banda sonora (como es habitual), Coppola oculta a plena vista un deprimente discurso sobre el desolador vacío cultural que acecha a los jóvenes, a la vez que reflexiona acerca de la presión que los medios ejercen sobre ellos, y sobre todo, de la inmensa fragilidad de la amistad durante la adolescencia.

Valoración: ★★★★