Katniss Everdeen y el feminismo distópico

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Texto escrito por Juan Naranjo

En alguna ocasión he provocado risas irónicas y ojos en blanco cuando, en discusiones sobre asuntos relacionados con el feminismo en los Mass Media de hoy en día, he citado a la saga de “Los Juegos del Hambre” como un referente más que positivo de buenas prácticas y de empoderamiento femenino, dentro de la literatura juvenil reciente y dentro del cine blockbuster.

En esos casos, los que me han tomado a chufla se creían que lo que me parecía feminista era una chica mona con una trenza de espiga que dispara flechas a los malos, y que está inmersa en un triángulo amoroso típicamente hollywodiense… Pero el motivo por el que he defendido esta idea (y la seguiré defendiendo) es porque LJDH es un producto en el que se presentan personajes y escenas de un elevado rango de diversidad, y de alta representatividad femenina, de forma natural y sin aspavientos, cuestionando los roles tradicionales de género y las cuotas de minorías en la pantalla. Y esta representación no sólo hace referencia a la heroína protagonista, sino a todo el mundo que le rodea y a todas las situaciones a las que se enfrenta.

Tenía esta percepción tan positiva desde que leí los libros… pero esta idea cristalizó del todo en mi mente gracias a una escena de la última entrega, “Sinsajo, Parte 2“, en la que la saga se da por finalizada. Estaba sentado en la sala, y me di cuenta de que estaba viendo una escena que, a pesar de que parece cotidiana y ordinaria, era revolucionaria. En esta escena, tres mujeres, todas presumiblemente mayores de cincuenta, y una de ellas de color (y no es que estemos sobrados de representaciones de ninguno de los dos grupos en el cine comercial actual), hacían de líderes políticos y militares de sus regiones, y mantenían una conversación en la que se discutía sobre la conveniencia o no de atacar militarmente un puesto estratégico fiel a un gobierno dictatorial, con el fin de derrocarlo.

Sobre la conversación de estas tres mujeres flotaban diversos dilemas morales (la legitimidad o no de la venganza a sangre fría cuando hay civiles de por medio; la vaga sospecha de que se está derrocando un gobierno dictatorial para imponer otro también por la fuerza), que nada tenían que ver con hijos, maridos o padres, sino con el destino de una nación, el camino de una revolución, y el bienestar de un pueblo y un ejército. Puede que desde los mejores tiempos de “Orange is the New Black” no viese una escena en la que tantas mujeres hablaban de asuntos que les importan a ellas, y no a los varones de su entorno.

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En esta conversación con tres líderes sociales y militares femeninos, se estudiaba la posibilidad de usar el carisma de una joven, “el rostro de la revolución”, para posibilitar una pronta rendición del enemigo, reduciendo así el número de bajas. Y todo ello estaba filmado por una artista, “la mejor directora del Capitolio“, que abandona su acomodada vida para adherirse a la revolución. Cinco mujeres dominan ese nudo crucial de la historia: las cinco son importantes por sus habilidades y su trabajo, no por quienes son sus esposos, sus amantes o sus padres. De ninguna de estas mujeres (sólo de la protagonista) sabemos ningún dato sobre su vida personal, amorosa o familiar. Ninguna de estas mujeres es una abnegada y perfecta cuidadora, sino que nos encontramos ante un grupo de imperfectos líderes, de valientes guerreras, de febriles libertarias.

Cabe recordar que, además, todo este mundo imaginado, toda esta iconografía reconocible a un primer vistazo, toda esta mitología que ya se ha instalado en el imaginario del espectador medio, está basado en la obra literaria de una mujer, millonaria y exitosa gracias a su trabajo y talento. Una mujer que volvió a poner de moda un género, y que nos ayudó a recordar que la literatura adolescente es digna y respetable, aunque no la haya escrito un varón y aunque no se publicase a mediados del siglo XX. Que a veces parece que las cosas sólo son respetables y dignas de tener en cuenta si han acumulado una vetusta capa de polvo. Parece que si algo lo ha escrito una chica que encima es joven, sólo puede ser valorado por otras chicas jóvenes; mientras que lo que construyen y crean los varones debe ser universal (aunque en su obra las mujeres sean simples arquetipos o, directamente, no aparezcan). Las mujeres de Panem son deslenguadas, crueles, líderes, salvadoras, imperfectas, egoístas, iracundas… y cuando son víctimas, lo son en la misma medida que los hombres. Panem es un territorio libre de paternalismo. Panem es un territorio en el que, en realidad, lo que se está derrocando es el patriarcado.

La visibilidad y la diversidad no vienen sólo dadas en esta saga por el tema feminista. Hay multitud de asuntos tratados con la normalidad que merecen y que me hace ver este conjunto de libros y películas como un referente valioso en una sociedad plural. Como he dicho, tenemos diversidad de edades (algo poco común en las distopías y en las recientes sagas llevadas al cine), pero también tenemos diversidad racial (la adorada Rue, negra a pesar de la polémica suscitada por esa elección de casting; Cinna; Boggs). E incluso hay una considerable visibilidad en lo relativo a la diversidad funcional: así, tenemos a Beetle (en silla de ruedas) o a Pollux (un avox sin lengua). En la saga incluso se trata el tema de la salud mental, ya no sólo en el famoso episodio de Peeta, sino también en el estado emocional de la madre de las protagonistas, inmersa en una depresión desde el principio de la saga. Incluso se trata el tema de los abusos, y no me refiero a los del Capitolio contra todo Panem, sino a los ejercidos por los padres de Peeta contra él mismo durante su infancia, o a como el dictador obliga a Finnick, probablemente el único personaje sexualizado de toda la saga, a ser alquilado sexualmente entre los mejores postores de la aristocracia capitolina. Creo que, al igual que en la otra gran saga adolescente, Harry Potter, es el colectivo LGTB el único excluido: uno puede imaginar algo de Cinna (¿o soy el único?) e incluso de Cressida o Caesar, al igual que lo hacíamos con Dumbledore pero, al menos hasta donde yo sé, tristemente ese tema no se toca en esta saga, invisibilizando a un colectivo y desperdiciando una oportunidad de que los lectores y espectadores adolescentes y LGTB tuvieran algún referente positivo en la cultura mainstream.

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Mucha gente no se toma en serio esta saga precisamente por ser una saga, y porque creen que esto trata de un triángulo amoroso entre una chica mona y dos chulitos. Mucha gente no se da cuenta de que estamos ante una de las historias más apasionantes y más grandes de los últimos años. La gente se ha quedado con la superficie, con el romance adolescente, y ha olvidado lo realmente importante en esta obra: la lucha por los derechos sociales, la revolución e, incluso, el tiranicidio. Qué fácil es ridiculizar y no tomarse en serio algo escrito por una mujer y protagonizado por otra. Para que la jugada hubiese sido perfecta, me hubiese gustado que las películas estuviesen dirigidas por alguna de las múltiples y talentosas directoras de cine que siguen yendo de estudio en estudio tratando de conseguir una oportunidad detrás de las cámaras en algo más que “películas para chicas”. Parece que en Hollywood tener vagina te imposibilita rodar cintas de acción, distopías y hasta cualquiera de las miles de pelis de superhéroes (masculinos) que nos asaltan cada semana en la cartelera.

La gente no toma en serio, por ser joven y guapa, a una realidad del cine como Jennifer Lawrence, a la que ya habían nominado a un Oscar a los 20 años, y que ya tiene más de una docena de películas en su haber. Parece que hay que perpetuar la idea machista de que belleza y juventud son sinónimos de idiotez y arribismo. Al mundo sólo le valen las chicas jóvenes y guapas si son objetos sexuales. Si son talentosas y profesionales (como lo son actriz y personaje) parece que es mejor no tomárselas en serio. Y es que Katniss Everdeen es, en toda la saga, cualquier cosa menos un objeto sexual: por supuesto que, en momentos muy puntuales, muestra sus deseos… pero en ningún momento se le sexualiza. Me apena especialmente que socialmente no se valore lo suficiente  a una actriz que tiene un sentido del humor maravilloso (y que es de ella misma de quien más se ríe), y que encima tiene la cabeza muy bien amueblada, y está luchando mucho por la visibilidad de la mujer, así como del colectivo LGTB, en Hollywood.

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La gente se cree que esto es Crepúsculo. La gente no sabe una puta mierda. Y no se dan cuenta de que, en realidad, Katniss está CERO interesada en uno y en otro, y que sólo está metida en un follón muy gordo por echar un cable a su hermana y, de camino, a todos los oprimidos. Ella lo único que quería era seguir cazando ciervos… todo lo demás es un marrón que se encuentra y del que ya no puede salir por cómo se precipitan los acontecimientos. En esta historia los tíos no son el sueño de la chica protagonista: son sólo dos moscones que, más que otra cosa, se interponen en sus planes. Dos moscones contrapuestos: el gran soldado americano que elimina cualquier posibilidad de que el conflicto territorial se resuelva pacíficamente; el perfecto yerno que es un lastre durante toda la saga y que, en un momento dado, casi ahoga a la protagonista con sus propias manos.

Así que, si tengo que ser sincero, me da igual que los críticos vapuleen estos libros o estas pelis. Me da igual que la gente lo considere una idiotez adolescente. Quien crucifica un género sin tener ni idea de él, y quien demoniza todo lo que se haya escrito o filmado después de los años setenta, así como quien da por sentado que todo lo enfocado para un público generalista es malo… tiene una opinión irrelevante en este asunto, y a mí no me interesa lo más mínimo.

A mí lo que me importa es que mis alumnas, apenas adolescentes, ya no quieren ser Ariel ni Brenda Walsh, quieren ser Hermione o Katniss, sabias y guerreras, y eso me hace confiar en las próximas generaciones y en el destino del mundo.

Hoy me he despedido de Katniss, pero estará para siempre en mi corazón.

Juan Naranjo es profesor de Geografía e Historia en Secundaria, e investigador de la Universidad de Málaga. Sus intereses e investigaciones incluyen una serie de temas muy diversos: feminismo, Guerra Civil, cine y literatura.

Crítica: Los Juegos del Hambre – Sinsajo (Parte 1)

Sinsajo Parte 1

En llamas finalizaba de la manera más televisiva posible, con un cliffhanger en el que nuestra maquinal heroína, Katniss Everdeen, era rescatada/raptada del Vasallaje de los 25 (Quarter Quell) por una nave, dejando atrás a sus compañeros, Peeta Mellark y Johanna Mason entre otros. Como si hubiera transcurrido una semana entre capítulo y capítulo (pero con la realidad de haber esperado un año con el relato suspendido en el aire) nos reencontramos con Katniss en Sinsajo – Parte 1, que retoma la acción justo donde la dejó la anterior película. La Chica en Llamas es transportada al Distrito 13 de Panem, donde los rebeldes planean un golpe contra el gobierno del tirano Presidente Snow. Tal y como descubrimos en En llamas, Katniss se ha convertido en el Sinsajo, en el símbolo de una rebelión que se está gestando sin que la joven sea consciente del papel crucial que ejerce en ella. Sinsajo – Parte 1 nos muestra cómo Katniss va tomando conciencia de ese papel, mientras a su alrededor se pone en marcha una compleja maquinaria estratégica y publicitaria dedicada a levantar al pueblo de Panem contra el Capitolio.

Sinsajo, Parte 1 se distancia de la anterior entrega en dos aspectos esenciales. En primer lugar, ya no se celebran los Juegos del Hambre, por lo que (afortunadamente) no estamos ante otra repetición del mismo esquema narrativo de la primera película, como ocurría con En llamas, lo que permite mayor libertad para contar la historia y margen para la sorpresa (del espectador que no ha leído los libros, se entiende). Y en segundo lugar, y más importante aún, Sinsajo – Parte 1 no es exactamente una cinta de acción o aventuras, sino más bien una película política. A pesar de ocasionales incursiones en la acción blockbuster y breves pero contundentes secuencias bélicas, Sinsajo se pasa la mayor parte del metraje explorando los entresijos de la campaña de propaganda de la rebelión, y moldeando la figura pública de Katniss Everdeen. Tanto es así, que en ocasiones, en lugar de Los Juegos del Hambre, parece que estamos viendo la sexta temporada de The Good Wife. Y ojo, es un cumplido.

En llamas puso el listón alto al convertir una “simple” saga Young Adult en algo mucho más sustancial, en algo importante (o al hacernos creer que estamos ante algo sustancial e importante, que es casi tan admirable, o más), y Sinsajo – Parte 1 continúa esa trayectoria in crescendo con un capítulo más contenido, pero igualmente épico y oscuro (figurada y literalmente). Estamos ante una película rebosante de simbolismo (aunque a veces peque de explicarlo excesivamente), salpicada de escenas de gran intensidad (el asedio al Distrito 13, el impactante final), pasajes de belleza melancólica (“The Hanging Tree”, preciosa canción entonada por Katniss), e introspectivos momentos de lucidez y caracterización (bravo por Elisabeth Banks y su maravillosa Effie Trinket), todo hilvanado a la perfección por una de las partituras más emocionantes y fastuosas de James Newton Howard.

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Es cierto que los personajes secundarios quedan desaprovechados a pesar del “tiempo extra” con el que se contaba -la Presidenta Alma Coin es un personaje más plano de lo que debería, y de los rebeldes que acompañan a Katniss en su tour promocional solo la Cressida de Natalie Dormer muestra rasgos de personalidad-, pero la película vuelve a ser de Katniss Everdeen, y es el Sinsajo quien está bajo los focos en todo momento. En este sentido, hemos de aplaudir el hecho de que el protagonismo de Katniss se haya manejado de forma tan inteligente, huyendo de las convenciones del género, pero por contra, ha provocado que a Jennifer Lawrence se le vaya un poco de la mano el personaje, con una (sobre)interpretación histérica basada en alaridos y pucheros perennes que ya no subrayan solo la vulnerabilidad y el terror del personaje, sino también los excesos interpretativos y mohínes de la laureada actriz.

Dividir una última entrega en dos partes es una estrategia cuya rentabilidad ha sido demostrada de sobra tanto en cine como en televisión (Harry PotterCrepúsculoBreaking Bad). Después de ver Sinsajo, Parte 1, la decisión de sesgar el desenlace sigue siendo cuestionable, e injustificada más allá de las razones económicas. Sin embargo, la división ha permitido que el intenso relato de la saga se airee, y se ha beneficiado al centrarse en un objetivo final más definido que en las anteriores películas, lo que imprime mayor sentido del propósito. Los que se adentran en la tercera parte de la franquicia lo hacen sabiendo que la historia volverá a quedar incompleta, que esto no es una película en el sentido tradicional de la palabra, y que, tal y como ocurrió el año pasado con la segunda entrega de El hobbit, la gran batalla se reserva para el último capítulo. Por eso, mientras las dos primeras Juegos del Hambre se perdían en largas escenas expositoras que retrasaban el comienzo de los Juegos, Sinsajo, Parte 1 está construida como un gran preámbulo de dos horas que prepara exhaustivamente el terreno para el gran clímax. Sabiendo esto, la película es más libre de evolucionar a su propio ritmo, de explorar en mayor profundidad la moralidad de los conflictos e indagar en los personajes, especialmente en Katniss, a medida que ésta va trascendiendo su cualidad de mera herramienta propagandística para erigirse como heroína autónoma. De esta manera, la historia nos invita abiertamente a formar parte de la revolución y nos prepara para la batalla, pero primero se asegura de que la entendemos, de que creemos en los ideales que la motivan. Y es por esta razón que en Sinsajo, Parte 1 no sobra ni una escena, lo que la convierte paradójicamente en la entrega más íntegra de la saga.

Valoración: ★★★★