The Defenders (Episodios 1-4): La paciencia es la clave de la victoria

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En 2012 asistimos a uno de los acontecimientos más esperados del cine moderno, la reunión de los superhéroes de Marvel en Los Vengadores, el gran crossover en el que culminaban más de cuatro años de aventuras individuales, cerrando así la Fase 1 del Universo Cinemático Marvel. Pero aquello fue solo el principio. Mientras en el cine estamos inmersos en la Fase 3, la televisión desarrolla su propia versión de Los Vengadores, una réplica más, digamos, modesta, de los Héroes Más Poderosos de la Tierra. Justicieros que operan a nivel de calle y se enfrentan a amenazas menos grandiosas, pero igualmente peligrosas, y que habitan una zona más oscura y adulta de este universo de ficción.

Son Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist, cuatro humanos con poderes especiales a los que hemos conocido en sus respectivas series de Netflix, y que por fin forman equipo en el crossover televisivo más esperado de los últimos tiempos, The Defenders. Cuatro series, cinco temporadas (recordemos que de momento solo hemos visto la segunda de Daredevil), 65 capítulos. Todo confluye aquí, en el acontecimiento catódico del verano. El camino hasta llegar a The Defenders no ha sido todo lo llano que esperábamos. La calidad de las series individuales ha diferido bastante, con las dos primerasDaredevil Jessica Jones, llevándose el mayor beneplácito de la audiencia, Luke Cage dejando más indiferente en general, y Iron Fist recibiendo las peores críticas del Universo Marvel. Aun así, el descenso en calidad no ha sido suficiente como para mermar las ganas de ver a estos cuatro superhéroes juntos en acción.

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Para cuando vemos a los cuatro ocupando el mismo plano en The Defenders, se nos olvida todo el relleno que hemos tenido que ver para llegar ahí y nos duele menos haber visto Iron Fist. De hecho, junto a Daredevil, la serie del Puño de Hierro es la más importante para seguir la trama central de The Defenders, directamente relacionada con la organización malvada La Mano y los poderes místicos de K’un-Lun. Así que, os haya gustado o no Iron Fist, no os arrepentiréis de haberla visto. Por mi parte, después de ver los cuatro primeros episodios de The Defenders, no solo me alegro de haber visto todas las series de Marvel/Netflix, aun con sus defectos, sino que he empezado a ver a Danny Rand de otra manera.

Como decía, solo he visto la primera mitad de The Defenders (lo que Netflix ha puesto a disposición de la prensa antes del estreno), pero ha sido suficiente para hacerme una buena idea general de lo que es la serie y despertar aun más el apetito por ver el resto. The Defenders cuenta tan solo con ocho capítulos, y aunque a priori se antoje escaso para encajar tantos personajes y tramas, lo cierto es que el resultado final no da la sensación de estar demasiado abarrotado o acelerado. Al contrario, la serie no podía ser más continuista en tono y ritmo, solo que ahora hay menos minutos que llenar, así que la historia se vuelve más compacta y no pierde el tiempo yéndose tanto por las ramas.

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The Defenders comienza con nuestros héroes separados, cada uno en su parcela de realidad de la ciudad de Nueva York. Y no podía ser de otra manera. Aunque nosotros los conocemos a todos, ellos aun no han sido presentados oficialmente (con excepción de Luke y Jessica), así que es lógico que tardemos un poco en ver al equipo tomando forma. En este sentido, los showrunners, Douglas Petrie y Marco Ramirez (afortunadamente, son los responsables de Daredevil los que toman las riendas del crossover), hacen un trabajo excelente estructurando la serie y dibujando la historia para llevarla hacia el emocionante encuentro. Al principio, The Defenders es cuatro series en una. Las respectivas apariciones de cada personaje reproducen el estilo visual, el color característico (rojo-azul-amarillo-verde) y la banda sonora de sus series individuales, así como continúan sus argumentos justo donde los dejó cada una. Esto puede ser chocante al principio, pero funciona, porque el espectador está perfectamente familiarizado con el lenguaje de cada serie, lo que le permite darle cohesión a todo en su cabeza.

A medida que The Defenders avanza, las tramas separadas se van entrelazando, los personajes secundarios de cada serie se empiezan a conocer, y poco a poco, los mundos de cada uno de ellos se van fusionando en uno solo, la Nueva York de los Defensores. Es un proceso que se cuece a fuego lento, pero que compensa enormemente cuando en el tercer episodio por fin vemos a los cuatro protagonistas compartiendo el mismo espacio y viéndose obligados a unir fuerzas por primera vez en la tradiconal y espectacular secuencia de lucha en el pasillo, una de las señas de identidad más distintivas de este universo televisivo. Para entonces, uno se da cuenta de que la espera ha merecido la pena. Vaya si ha merecido la pena.

The Defenders supone una mejora enorme con respecto a la serie que la precede inmediatamente, Iron FistEn la serie colectiva, el listón vuelve a subir. Los secundarios no solo no son una distracción de lo que de verdad nos importa, sino que aportan bastante a la historia (ayuda que se hayan traído a los que más nos interesan y se hayan dejado atrás a los eslabones más débiles), las interpretaciones de los protagonistas están más inspiradas, los diálogos son mejores, las coreografías de acción vuelven a brillar como en Daredevil, la cámara se mueve con más agilidad, se puede detectar más creatividad en los planos, en el montaje (hay unas cuantas transiciones entre las dispares tramas y estilos que son bastante ingeniosas), en el uso del color, y por último, hay más humor. Y es mejor.

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En este sentido, la presencia de Krysten Ritter como Jessica Jones es esencial. Sus chascarrillos sarcásticos funcionan como audiocomentario, apuntando a lo absurdo de la historias de cada héroe y la situación en la que se ven envueltos. Y aquí está lo mejor: Danny Rand se convierte en el hazmerreír del grupoThe Defenders presenta al personaje desde una perspectiva menos seria, y lo convierte en el saco de golpes de sus compañeros, sobre todo de Jessica y Luke. Desde su violento primer encontronazo, Finn Jones y Mike Colter muestran una química sorprendentemente buena, haciendo que Iron Fist y Luke Cage se conviertan en el dúo dinámico de The Defenders. Ver a Jessica pegando cortes a Danny es genial, pero ver a Luke metiéndose con su privilegio blanco o recriminándole su actitud de niño pequeño a la vez que le coge cariño es uno de los puntos fuertes de la serie.

Pero hay mucho más. No faltan los easter eggs (cuidado, que hay que prestar atención para ver el cameo de Stan Lee), las referencias a los cómics (Luke y Danny conversando mientras comen comida china), los divertidos one-liners de Jessica, hay un componente de misterio que recorre toda la trama y engancha, y por supuesto, buenas dosis de acción en todos los capítulos. Mención aparte merece el gran villano de la temporada (con permiso de la omnipresente Madame Gao), en este caso villana, Alexandra, interpretada por la excelsa Sigourney Weaver. Al principio puede parecer que estamos ante otra malvada corporativa (y hasta cierto punto lo es), lo que puede resultar decepcionante o aburrido para los que esperábamos algo más grande, pero Alexandra es más similar a Wilson Fisk que a cualquier otro villano de estas series, una mujer poderosa e influyente que esconde un as en la manga, un plan que podría desembocar en la mayor amenaza a la que se han enfrentado nuestros héroes. Hasta ahora se han visto las caras con enemigos relativamente más pequeños, pero como The Defenders, la escala del peligro aumenta, y estos deberán superar sus diferencias y aprender a trabajar juntos para enfrentarse a un reto más propio de Los Vengadores, un posible Apocalipsis en Nueva York.

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Los primeros cuatro episodios de The Defenders dejan ver una serie sólida, bien estructurada y segura de sí misma, con un acertado equilibrio entre acción y desarrollo psicológico de personajes (el odio de Jessica hacia su naturaleza superhumana, la desconfianza de Matt, el odio de Luke causado por la discriminación a su raza, todo esto es una fuente muy rica de drama, conflicto y humor). Pero nada se puede comparar al placer y la emoción de ver a estos personajes por fin juntos y comprobar la química que tienen como grupo. Puede que al principio The Defenders no esté a la altura del hype, al fin y al cabo, no es Los Vengadores, sino una continuación orgánica de las series anteriores, pero una vez ajustamos nuestras expectativas, hay muchísimo que disfrutar en ella. A falta de ver la segunda mitad, para la que estoy seguro de que se han guardado lo mejor, puedo confirmar que el Capitán América tiene razón. La paciencia recompensa.

Crítica: Un monstruo viene a verme

[Esta entrada puede contener spoilers de la película]

Antes de ponerse al frente de uno de los blockbusters más importantes de la próxima temporada, la segunda parte de Jurassic World, el barcelonés J.A. Bayona quiere dejar cerrado y con un lazo bien puesto lo que comenzó en 2007 con El orfanato y continuó en 2012 con Lo imposible. Su nueva película, Un monstruo viene a verme (A Monster Calls), pone punto y final a su personal trilogía sobre la relación madre-hijo (nada que ver con la Trilogía de las Madres de Dario Argento), para lo que vuelve a contar con la mayor parte del equipo con el que trabajó en las dos películas que lo han encumbrado como “cineasta artesano” y lo han convertido en uno de los directores españoles más solicitados y prominentes del momento.

Basada en el libro homónimo de Patrick Ness, que fue seleccionado como mejor novela del año para jóvenes en el Reino Unido, Un monstruo viene a verme narra la historia de Conor (Lewis MacDougall), un retraído niño de 12 años que debe hacer frente a la enfermedad de su madre (Felicity Jones), un cáncer que amenaza con llevársela de su lado para siempre. Las visitas de la abuela de Conor (Sigourney Weaver) y de su padre (Toby Kebbell) ante la recaída de la madre obligan al pequeño a enfrentarse a sus propios miedos e incertidumbres, y a reevaluar su relación con los tres y con sí mismo. Para ayudarle a comprender mejor su dolor, Conor recibe la visita de un monstruo gigante con forma de árbol antropomorfo que aparece exactamente a las 12:07. El Monstruo (magnífico Liam Neeson) advierte a Conor de que volverá hasta que le haya contado tres cuentos, tras los cuales él tendrá que narrarle su propia historia, es decir, su verdad.

Un monstruo viene a verme nos presenta a un Bayona spielbergizado casi al completo, un director interesado en retratar el asombro de la infancia ante lo maravilloso e irreal, y también el miedo ante lo desconocido. Sin embargo, el director catalán pone una suerte de muro entre dimensiones, asegurándose de que la fantasía se quede al otro lado. Bayona está interesado en explorar lo fantástico únicamente en relación al drama real que sacude a Conor y su familia. Es decir, el Monstruo es imaginario, una manifestación de su ira y dolor que representa a ese ser irrefrenable que todos llevamos dentro y necesitamos desatar de vez en cuando. Por eso, a pesar de contar con una criatura fantástica y elementos de cuentos de hadas y aventura épicaUn monstruo viene a verme es ante todo un melodrama psicológico acerca del proceso mental de un niño ante la idea de perder a su madre, sobre “un chico demasiado mayor para ser niño y demasiado joven para ser hombre” que aprende una de las grandes verdades que le ayudarán a crecer.

Para explorar el paisaje emocional de Conor, en el que tienen lugar sus “aventuras” junto al Monstruo, Bayona realiza un gran despliegue técnico, en el que recurre a la técnica de la captura del movimiento para dar vida al Monstruo. No obstante, el resultado es irregular: el Monstruo es una creación digital sobresaliente, pero puede resultar… eso, demasiado digital, y por tanto generar sensación de falsedad (y no me lo justifica que no esté ahí en realidad). Dejando esto a un lado, la presencia de esta enorme criatura arbórea (como han señalado muchos, una versión más grave e imponente de Groot de Guardianes de la Galaxia) y su relación con el protagonista recuerda a tantas otras aventuras fílmicas centradas en la amistad de un niño con un monstruo o gigante (títulos como El gigante de hierro, Donde viven los monstruos, o las recientes Mi amigo el gigante Peter y el dragón). Sin embargo, en Un monstruo viene a verme, la conexión emocional entre monstruo y niño es, a priori, mucho más estrecha e indivisible (este está en su cabeza), pero también más forzada y dolorosamente obvia.

Y he aquí uno de los problemas de Un monstruo viene a verme, que la sutileza no es precisamente su fuerte. Viniendo del creador de Lo imposible, una de las películas más abiertamente manipuladoras de los últimos años (y que conste que a mí me parece un gran trabajo cinematográfico, pero reconozco que hay pocas obras que zarandeen más al espectador para forzarle a sentir), y teniendo en cuenta el tema que trata, no es de extrañar que Un monstruo viene a verme esté tan hecha para emocionar, para provocar el llanto y la congoja por todos los medios. Esto no sería muy grave si los sentimientos que ponen en marcha esta máquina fuerza-lágrimas fueran genuinos, pero ahí es donde falla principalmente la película. Sus formas son casi inmejorables y sus actores están espléndidos (todos, pero principalmente MacDougall, que transmite las emociones más reales de la película), pero su fondo está mucho más hueco de lo que cree.

Bayona maneja unas cuantas ideas interesantes, sobre todo en lo que respecta a la importancia de las historias en nuestra vida (las moralejas no siempre son idílicas) y a la necesidad de escuchar esa voz horrible que aplacamos por miedo a parecer monstruos, y que es precisamente lo que nos hace humanos. Se trata de una conclusión liberadora muy similar a la de Inside Out, que nos hablaba de cómo la tristeza es tan importante como la felicidad y el resto de emociones en el proceso de crecimiento del niño. Pero es una pena que el director no confíe demasiado en la inteligencia del espectador y necesite dárselo todo tan mascado: la razón de la personalidad problemática de Conor, la relación entre los cuentos del monstruo y la experiencia familiar del niño (secuencias de animación algo pesadas a las que les falta una nota a pie de pantalla para explicarlo todo aun más claro), la naturaleza del Monstruo en relación a la psique del protagonista y su madre… En definitiva, Un monstruo viene a verme es una película bonita a todas luces, técnicamente impecable, y deja patente una vez más que Bayona tiene un enorme don para lo visual, lo que pasa es que está tan, tan confeccionada para tocar la fibra, tan sobre-explicada y sobre-trabajada, que puede transmitir lo contrario a lo deseado: simpleza, artificio y frialdad.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: Cazafantasmas (2016)

El tráiler de la nueva Cazafantasmas se convirtió en el más odiado de la historia de YouTube. Las redes sociales se transformaron en un hervidero de comentarios destructivos y críticas definitivas a la película meses antes de que nadie la viera. Desde el anuncio del proyecto, su mera existencia ha generado una ola de odio y una campaña de desprestigio inaudita, a pesar de que es “solo” el enésimo reboot que nos llega en los últimos años. Sí, la película original es una de las más veneradas de los 80, pero reducirlo a eso es estar muy ciego. ¿Por qué lo llaman “arruinar mi infancia” cuando quieren decir “machismo”? El problema ha estado claro desde el principio, por mucho que se haya intentado disfrazar de territorialismo nostálgico (que no sé qué es peor), y la animadversión que ha desatado no ha hecho sino reforzar la necesidad de una película como esta. Pero qué os voy a contar que no sepáis. La que se ha montado alrededor de ella es señal de que no hemos avanzado tanto como creíamos. Algunos se defienden diciendo que su boicot no tiene nada que ver con que las protagonistas sean cuatro mujeres (y en algunos casos será cierto), pero me gustaría saber por qué no han hecho lo mismo con los muchos reboots que ya hemos visto, o que están por venir. No respondáis, conozco la respuesta (la que se usa como excusa y la verdadera).

Por todo esto, a priori parece complicado aproximarse a la película de Paul Feig silenciando el ruido desagradable que se ha creado en torno a ella (o escribir una crítica sin introducir la polémica como factor). Pero lo cierto es que no cuesta tanto como creíamos desconectar de los meses de agotador y absurdo debate para verla, y disfrutarla (otra cosa es hacerlo para escribir sobre ella). Una vez se apagan las luces de la sala y comienza el prólogo de Cazafantasmasqueda claro que el principal propósito de la película es hacerlo pasar en grande, ni más ni menos. Resulta que al final es solo eso, una película. Y además una mucho mejor de lo que parece. Cazafantasmas aúna varias tendencias imperantes del cine actual: el homenaje nostálgico, el blockbuster formulaico y la comedia de la escuela SNL y derivados. El resultado es una mezcla explosiva (y bañada en mocos verdes) que funciona tanto como comedia como superproducción de aventuras para todos los públicos. Y además lo hace respetando y reverenciando en todo momento al clásico de 1984 (algo que muchos se negarán a ver incluso cuando lo tengan delante de sus narices), con cameos que celebran la original sin entorpecer el camino de la nueva, conservando la característica jerga pseudo-científica, adoptando su esquema (quizá demasiado) y adaptándolo a la sensibilidad del cine evento actual, llevándolo incluso hacia el terreno de los superhéroes (al fin y al cabo, esta Cazafantasmas se construye como una origin story, e incluso las protagonistas hacen referencia a su condición de superequipo justiciero; solo falta un guiño a Spider-Man).

Cazafantasmas no es perfecta ni de lejos (creo que ni los que la hemos defendido a capa y espada de los haters lo esperábamos), pero sí es un producto muy digno, una comedia infalible y una cinta de acción muy atractiva visualmente. La película se divide claramente en tres actos, como todo blockbuster que se precie. La primera hora nos muestra la formación del nuevo cuarteto de investigadoras de lo paranormal. En esta sección, Feig hace lo que mejor se le da, sacar oro de la presencia, química y talento cómico de sus actrices. Melissa McCarthy, Kristen Wiig, Kate McKinnon y Leslie Jones forman un equipo fantástico, se divierten (y divierten) con solo estar ahí, clavan los diálogos y lo dan todo en los gags físicos. La segunda parte se centra en desarrollar el plan del villano (más o menos el de siempre) y nos muestra a Abby, Erin, Holtzmann y Patty como grupo en acción, adoptando la identidad de Cazafantasmas con todo lo que ello conlleva (vehículo, uniformes, impacto en los medios y la opinión pública, enfrentamiento a las autoridades, aquí parodiadas por Charles Dance y Cecily Strong). Y por último, el clímax desata el obligado Apocalipsis -con el típico portal gigante que se abre sobre Nueva York- y es cuando la acción se vuelve más vertiginosa, estruendosa y a gran escala.

Aunque pierde fuelle en su segunda mitad por tener que ajustarse necesariamente a la fórmula preestablecida y adolece de un montaje algo brusco (se nota demasiado la tijera), Cazafantasmas se las arregla para mantener su frescura y energía en todo momento. Y esto es gracias sobre todo a sus cuatro protagonistas, pero también al gran robaescenas de la película, Kevin Beckman, el secretario de las Cazafantasmas interpretado por Chris Hemsworth. Algunas de las escenas más descacharrantes del film están protagonizadas por el actor de Los Vengadores, que vuelve a dejar constancia de su instinto para la comedia y la improvisación. La escultural presencia de Hemsworth, que interpreta a un rubio tonto que es contratado solo por estar bueno (ironía que muchos no han pillado y tachan de sexista, así está el patio), pero al que jamás se trata tan repugnantemente como a la variación femenina de este arquetipo, da rienda suelta a la maravillosa capacidad de Kristen Wiig para hacer el ganso, dejándonos algunos de los mejores momentos del film, pero sobre todo confirma al actor australiano como algo más que Thor (por favor, ved los créditos finales completos, dedicados casi enteramente al tesoro que es Kevin).

Hay que decir que, como suele ocurrir en el cine de Feig, no todos sus chistes funcionan con la misma eficacia (muchos son geniales, aunque también hay alguno que se estrella contra el suelo), pero en general, Cazafantasmas es otra sólida entrega cómica de Feig y compañía, una película con carcajadas aseguradas (al menos en mi sala no pararon en toda la proyección) y que, como dictan las reglas de su cine (y el de sus contemporáneos), también contiene una carga emocional bastante considerable, con énfasis en la bonita amistad y contagiosa camaradería entre estas mujeres. Si se tiene la suerte de entrar en sintonía con la propuesta, es muy fácil pasarlo bomba con la película, gracias a sus golosas y coloristas imágenes (aunque se vean en 2D, saltan de la pantalla como si fuera 3D), a sus entrañables personajes, o a su humor desenfadado.

Pero es que además, Cazafantasmas cumple una función social muy valiosa. En primer lugar, ofrece referentes heroicos femeninos para las niñas (y para los niños, que hay que educarlos a todos en esto por igual, y hay que tener en cuenta a todos los chavales que se identifican más con ellas), no una, ni dos, cuatro mujeres que ni son comparsa ni asumen el rol de interés romántico (no hay conflicto amoroso en la película), sino que están a cargo de su propia aventura. Y en segundo lugar, presenta a mujeres en su mayoría de más de 40 y con diversidad de físicos pateando culos de fantasma y salvando el mundo sin ser hipersexualizadas en ningún momento para satisfacer la mirada del público masculino heterosexual (ojo, eso no quiere decir que no sean seres sexuales, que ahí está Wiig como el pico de una plancha o la marciana McKinnon y su Holtzmann, siempre magnética y siempre seduciendo). O sea, que es justo la película feminista que necesitábamos.

En resumen, Cazafantasmas ha tenido que sortear obstáculos a los que otros productos similares (reboots nostálgicos o relecturas de clásicos) no se han tenido que enfrentar, ha atravesado un mar de odio en Internet (atención a los dos oportunos guiños con los que se empequeñece a los detractores machistas en la película) y ha salido a flote con un producto hecho para callar muchas bocas (no quiero ni pensar cuántos disfrutarán de esta película en secreto pero no lo reconocerán), con una película que cumple holgadamente con su principal propósito: divertir. Y ya de paso relanza una franquicia con mucho potencial desempeñando una labor que, como tristemente se ha demostrado, hacía falta urgentemente en el cine de Hollywood. Así que solo queda una cosa que decir: Haters Gonna Hate.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Buscando a Dory

FINDING DORY

Aunque no lo creáis, han pasado ya 13 años del estreno de Buscando a Nemo, la joya acuática de Pixar. Por tanto, los niños que fueron a verla al cine rondan ya la veintena, y recuerdan la película como parte de su infancia. Es algo similar a lo que ocurrió con Toy Story 3, en la que su público había crecido con Andy. Pixar se ha vuelto incluso más astuta con los años, y (dejando a un lado el caso de la muy lucrativa Cars) de momento ha sabido elegir bien el momento adecuado para lanzar las secuelas de sus éxitos (atención, porque la de Los Increíbles llegará 15 años después de la original). Buscando a Dory (Finding Dory) hace lo mismo que la tercera parte de Toy StoryMonstruos University, aprovechar la nostalgia que las primeras películas del estudio de Emerville generan en tiempo récord para contar una historia empapada de recuerdos y afecto. La jugada les ha salido redonda, porque Buscando a Dory no solo ha roto el récord de mejor estreno de la historia para una película animada, sino que es una secuela más que digna, una película que despierta un cariño enorme y divierte sin parar. Es decir, lo que uno espera normalmente de Pixar.

Buscando a Dory empieza tocando la fibra desde el primer minuto. En el prólogo conocemos a Dory cuando era una adorable cría de pez con los ojos enormes intentando aprender a vivir con su dificultad para el aprendizaje, la falta de memoria a corto plazo, con ayuda de sus padres, Charlie y Jenny. De esta manera, la película dirigida por Andrew StantonAngus MacLane apela a una mayor compasión (y admiración) hacia un personaje ya de por sí querido por la audiencia, para a continuación contarnos más sobre su historia, descubrirnos la tragedia existencial que la define (pero no la “hunde”, porque ya sabéis, “sigue nadando”): en un despiste, Dory es arrastrada por una corriente y se pierde. Aunque trata de recordar a sus padres, pronto se olvida de que está buscándolos, hasta que un día se acuerda de su gran propósito y decide emprender una odisea junto a Marlin Nemo para reencontrarse con ellos.

La premisa de Buscando a Dory es similar a la de su predecesora. Con una diferencia: esta vez no sabemos si Charlie y Jenny siguen vivos, y si lo están, si seguirán en el mismo sitio donde Dory los vio por última vez. Esto añade un factor de inquietud (y ansiedad) que funcionará como combustible para vivir el viaje de Dory con mayor implicación y desear aun más que la protagonista halle la satisfacción emocional que busca (y nosotros a través de ella). Con esta incertidumbre, pero también con empeño y voluntad de hierro, Dory cruza el océano valiéndose de la ayuda de sus amigos, hasta llegar al Instituto de Vida Marina de California (“La joya de Morro Bay, California” se convierte en algo así como la “P. Sherman Calle Wallaby 42 Sídney” de la secuela), donde Sigourney Weaver nos da la bienvenida, con el que será uno de los gags recurrentes más geniales que Pixar ha hecho. Allí es donde Buscando a Dory se distancia considerablemente de la primera entrega, planteando una vuelta de tuerca que, a pesar de resultar trepidante y ocurrente, hace que se pierda parte de la magia y el asombro que caracterizó a Buscando a Nemo. Y es que, paradójicamente, la mayor parte de la historia de Buscando a Dory transcurre en tierra firme. Es decir, los personajes siguen bajo el agua (en tanques, peceras, cubos, jarras de cafetera, etc), pero la acción en el Instituto tiene lugar fuera del agua. Esto obliga a que los guionistas se vuelvan más creativos que de costumbre para encontrar la manera de que mover (literalmente) a sus protagonistas (que no pueden avanzar fuera del agua por sí solos) y que la historia no se estanque. Y lo cierto es que, aunque salen airosos en general, a ratos da la sensación de que la aventura está demasiado forzada, de que los giros, los trucos para progresar narrativamente y las soluciones a los obstáculos son demasiado azarosos, hasta para una cinta de animación protagonizada por peces parlanchines.

FINDING DORY

A pesar de perder parcialmente el encanto misterioso y la belleza de sumergirse el océano para atravesar el gran desconocido junto a los personajes, Buscando a Dory compensa la ausencia de factor sorpresa con armas de sobra: diálogos de gran ingenio, un timing cómico perfecto (gracias de nuevo al excelente cast de voces originales, encabezado por Ellen DeGeneres), brillante humor físicoacción sin freno, fantásticos nuevos personajes (el film combina acertadamente lo conocido y lo nuevo) y por encima de todo, grandes dosis de ternura. También huelga decir que técnicamente sigue siendo sobresaliente, que a pesar de mostrarnos escenarios más “mundanos”, la película sigue fascinando con su animación, sus colores más vivos que nunca y sus texturas etéreas y resplandecientes (aunque no se vea en 3D, la experiencia de Buscando a Dory es lo más semejante a las tres dimensiones sin gafas que nos ha dado el cine de animación reciente). Y por supuesto, como casi todo lo que hace Pixar, esta secuela está llena de momentos memorables (nunca mejor dicho), de escenas que provocarán la risa y el llanto con la misma facilidad (es decir, con la misma maestría)

Si bien llega un momento en el que la amnesia de Dory puede resultar inevitablemente repetitiva, la película se las arregla para que nunca llegue a ser un problema grave, desarrollando al personaje (y a sus compañeros) de la manera más satisfactoria posible. Enseñándonos que, si la película se titula Buscando a Dory, y no Buscando a Charlie y Jenny, es por algo. Es porque la verdadera búsqueda que nos cuenta la película es la que Dory realiza para encontrarse a sí misma, para seguir nadando a pesar de las dificultades que conlleva vivir con una discapacidad (uno de los temas más importantes de estas películas) y descubrir la importancia de la familia y los amigos, que, como no podía ser de otra manera, en el caso de Dory son lo mismo. Y a su vez, Dory funciona como ejemplo a seguir para sus amigos (“What Would Dory Do?”), que observan cómo su amnesia le obliga a estar más alerta a los peligros (y también las maravillas) de la vida, a vivir el presente al máximo, y a no rendirse ante las adversidades. De esta manera, Buscando a Dory se alza como otro gran triunfo para Pixar, una comedia de acción infalible y profundamente entrañable que, por encima de todo, nos enseña una gran lección de perseverancia y compañerismo.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Chappie

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La sombra del Distrito 9 es muy alargada, y por esa razón, la (aún floreciente) carrera de Neill Blomkamp se mide, y se seguirá midiendo, a partir del rasero de su original ópera prima. Para muchos, esta es una de las razones por las que Elysium no cumplió las expectativas y se dio el batacazo. Blomkamp había puesto el listón muy alto y con una sola película ya se le trataba como a un director de culto consolidado. Craso error. Esta semana, el realizador sudafricano ha reconocido que la culpa de que su segundo film fuera un desastre es suya (“Fui yo quien jodió Elysium), alegando que se preocupó demasiado por crear el universo visual de la película, pero no por sustentarlo sobre un buen libreto (“El guión no estaba presente”, ha dicho). Este ataque de sinceridad le honra, desde luego, pero también suena a oportuno “aviso para navegantes” a pocos días del estreno de su nueva película, Chappie. Quizás Blomkamp nos esté pidiendo de forma velada que dejemos de esperar la segunda venida de Cristo con sus películas. Un aviso que viene bien tener en cuenta antes de adentrarse en su nueva aventura sci-fi, un alocado espectáculo de acción palomitera con mensaje (palabras suyas). Y nada más.

Con su cine, Blomkamp trabaja para la dignificación definitiva del blockbuster. Lo suyo es hacer películas grandes, ruidosas, caras, pero no le interesa la pirotecnia como fin, sino como medio. Es decir, lo que busca es divertir sin por ello sacrificar la reflexión, ofrecer su punto de vista sobre cuestiones importantes utilizando una plataforma “popular”. Por eso, como él mismo reconoce, Distrito 9 era una metáfora de la opresión racial y el Apartheid sudafricano, y del mismo modo, Elysium podía leerse como una alegoría de la lucha de clases y la corrupción de los gobiernos. Con Chappie, Blomkamp busca la respuesta a otro tipo de cuestiones más abstractas, más existenciales: ¿Qué es el alma humana? ¿Y la consciencia? ¿Se pueden medir y explicar con la ciencia? Afortunadamente, este leitmotiv no se presta tanto a la demagogia y el maniqueísmo como sus dos anteriores films (en los que el discurso se desvanecía entre tanto sermón para dummies), y así Chappie no es más que una película sobre inteligencia artificial, una historia protagonizada por un robot, que plantea los temas habituales del género, con un estilo único, personal e inconfundible (para muchos, eufemismo de “haciendo la misma película otra vez”).

Chappie Yolandi

Y es que el arranque de Chappie no pone las cosas fáciles para que dejemos de comparar los nuevos trabajos de Blomkamp con su primera película. El director nos da la bienvenida de nuevo a su querida/detestada Johannesburgo natal en un futuro no muy lejano, y lo hace recurriendo de nuevo al estilo documental y las imágenes de noticiarios, aunque afotunadamente lo abandona tras el prólogo. El mundo de Chappie nos recuerda inevitablemente al universo de RoboCop, al presentarnos un cuerpo de policía robotizado que lucha contra el crimen en las calles de la ciudad sudafricana. Creados por una empresa privada, esta fuerza policial es solo una pieza del engranaje del poder mecanizado y opresor, la interesada protectora del statu quo contra el que los humanos parecen querer levantarse (en todas las películas del director se gesta una revolución). Como veis, Blomkamp no abandona sus proclamas anti-sistema, pero las diluye en la historia “personal” de uno de esos robots, Chappie, la primera inteligencia artificial con capacidad de evolucionar por sí misma, de aprender y sentir como los humanos.

Desarrollada por el ingeniero Deon Wilson (Dev Patel), esta I.A. cobra vida dentro de un cuerpo robado por su “Creador”, tras la negativa de la presidenta de la compañía (Sigourney Weaver) a poner en marcha el prototipo. Pero Chappie “nace” en circunstancias más bien poco óptimas, despertando en un cuerpo dañado (la batería no se puede cambiar, lo que le da apenas 4 días de vida) y como rehén de una pareja de chunguísimos delincuentes callejeros, que educan al robot para que haga el trabajo sucio durante sus crímenes. Por muy rocambolesca que suene (y que sea) la idea, sirve para darnos a uno de los robots más memorables del cine reciente, el nuevo Cortocircuito, que dicen (con permiso de WALL-E). Cuando Chappie es puesto en marcha, no es más que un bebé, un animal indefenso recién salido del vientre, que debe aprender a desenvolverse en el mundo. Con la tóxica influencia de sus padres adoptivos, los actuales reyes del trashNinja y Yolandi Visser del grupo musical Die Antwoord, Chappie asimila el dialecto y el lenguaje corporal de la escoria de Johannesburgo. Esto resulta ser un buen recurso para generar comedia, pero también da lugar a un auténtico drama de familia disfuncional. Por supuesto, la excelente caracterización de Chappie no sería tan memorable de no ser por Sharlto Copley, actor fetiche de Blomkamp, que presta su cuerpo (y su voz) al robot mediante el sistema de captura digital de movimiento. Gracias a Copley, Chappie está vivo, crece, aprende, se emociona, se enfada, se equivoca, ama, y en definitiva, es real.

1251623 - Chappie

No obstante, el resto de la película no está a la altura de su tierno e inocente protagonista robótico. Si en Elysium Blomkamp pecaba de quedarse en la superficie, en Chappie yerra al querer introducirse demasiado a fondo en la historia sin tener muy claro cómo dar cohesión a los elementos que la conforman. Las carencias del guión saltan a la vista sobre todo durante su caótica recta final, en la que las resoluciones se hallan de forma apresurada e inconexa, y las conclusiones se cogen con pinzas. Pero ese no es su único problema. Chappie sufre de un excesivo peso en la trama de los irritantes Ninja y Yolandi (sus fans que no se den por aludidos), raperos autóctonos de llamativa presencia física pero nula experiencia interpretativa que prolongan sus ficcionadas personalidades artísticas en la película. A ellos les debemos en parte el goloso apartado estético del film (el contraste del feísmo industrial de Blomkamp y los colores pastel es genial), y para ser sinceros, podrían hacerlo peor, pero no era necesario que el film pareciese un videoclip de 120 minutos de Die Antwoord. Por otro lado, el resto de personajes son demasiado planos, en especial el villano de la función, Vincent Moore. Este bully interpretado por (el siempre cumplidor) Hugh Jackman, es un malo porque sí, definido casi exclusivamente por su épico peinado estilo mullet ochentero y su ansia casi infantil por que le dejen salir a jugar a la calle con su Alce, copia del robot gigante ED-209 de RoboCop.

En resumen, Chappie es una gamberrada felizmente pasada de rosca que sabe divertir con su descaro irreverente y su violencia de videojuego, un blockbuster bien realizado y técnicamente sobresaliente (no olvidemos la magnífica banda sonora electrónica del reinventado Hans Zimmer), que sin embargo no logra que el mensaje, tan importante para su director, llegue de forma clara, ni que sus conclusiones tengan verdadero impacto. Es decir, que Blomkamp vuelve a fallar en una de las dos máximas en las que según él se apoya su cine. Por su bien, esperemos que para la próxima -o sea, Alien 5, sea capaz de encontrar de verdad ese equilibrio entre acción y reflexión, y consiga hacer ese cine que él quiere hacer (o que dice que hace). Y si no, no pasa nada, Neill. Al fin y al cabo, pensar está sobrevalorado, y tú lo sabes.

Valoración: ★★★

¡Concurso! Consigue ARMAS DE MUJER en Blu-ray

 Este concurso ya ha finalizado. Atentos a fuertecito no ve la tele para futuros concursos.

working girl

20th Century Fox Home Entertainment sigue editando en Blu-ray su catálogo de clásicos remasterizados, y en enero le toca el turno al clásico de los 80 ARMAS DE MUJER (Working Girl), ya a la venta en nuestro país. Para celebrar este lanzamiento y agradeceros vuestro apoyo incondicional, Fox y fuertecito no ve la tele os queremos dar la oportunidad de conseguir totalmente gratis una copia de la película, dirigida por Mike Nichols y protagonizada por Melanie Griffith, Harrison Ford y Sigourney Weaver.

Para participar, lo único que tenéis que hacer es responder a la siguiente pregunta:

¿CUÁL ES VUESTRO TRABAJO SOÑADO?

Podéis participar de dos maneras:

1. Respondiendo a la pregunta en esta entrada
2. Respondiendo en ESTA FOTO de la página de Facebook de fuertecito no ve la tele

Si participáis en los dos sitios tenéis más oportunidades de ganar.

Bases:

armas de mujer– De entre todos los participantes elegiremos a un ganador (via Sortea2) que se llevará totalmente gratis 1 copia de Armas de mujer Blu-ray (foto). El ganador la recibirá en su casa sin ningún gasto por su parte.

– El participante debe incluir su correo electrónico en el formulario de respuesta del blog (no aparecerá público) y se recomienda firmar con nombre y apellido (los pseudónimos son válidos). En Facebook no es necesario.

– Sólo contará una participación por dirección IP, las respuestas desde la misma IP con distinto nombre serán marcadas como spam. En Facebook solo se podrá participar una vez por cuenta personal.

– El plazo para participar en el concurso finaliza el jueves 22 de enero de 2015 a las 23:59 (hora peninsular española). El ganador será anunciado a partir del día siguiente en la página de Facebook de fuertecito no ve la tele.

– Concurso válido sólo para España (península e islas).

fuertecito no ve la tele se reserva el derecho de modificar o anular el concurso si fuera necesario.

¡Mucha suerte!

 

Belleza, inteligencia, encanto. Tess McGill (Melanie Griffith), lo tiene todo. De hecho, tiene todo lo que hace falta para triunfar excepto el corte de pelo adecuado, la ropa adecuada y lo más importante de todo, el trabajo adecuado. Atrapada durante demasiado tiempo trabajando en un pool de secretarias, Tess decide darle un giro a su vida. Cuando su clasista y seductorajefa (Sigourney Weaver) se rompe una pierna esquiando, Tess toma, literalmente, su lugar, incluyendo su casa, su gigantesco despacho con increíbles vistas y sus vestidos de 6.000 dólares. Convenientemente disfrazada, Tess se alía con un, inteligente y muy atractivo, inversor de Wall Street (Harrison Ford) y juntos idearán un negocio que puede lanzar a Tess a la fama o hundirla para siempre.

Contenidos adicionales del Blu-ray:

-Trailer para cines
– Anuncios para televisión: “Sé mi secretaria, “La mujer al mando” y “Muy famosa”