‘Husbands’: Dinamitando normalidades

Husbands

Muchos de los que me leéis estáis de sobra familiarizados con Jane Espenson, ya sea por su vinculación al Whedonverso, o por su trabajo en muchísimas series de televisión, como Las chicas Gilmore, Battlestar Galactica o Once Upon a Time por nombrar algunas de las más célebres. Esta aventajada alumna de Joss Whedon es una guionista todoterreno, y si la seguís en redes sociales, probablemente os preguntaréis de dónde saca tiempo para comer o dormir. Y no solo es una de las escritoras televisivas más prolíficas de los últimos años, sino que paralelamente a su trabajo en la tele, ha desarrollado una carrera como estudiosa y gurú, dedicando parte de su tiempo a hablar sobre ‘el arte de escribir’ en conferencias, clases universitarias, publicaciones editoriales, etc.

Espenson es un culo inquieto, y como tantos otros creadores televisivos, después de sus muchos trabajos en el medio, se ha lanzado a Internet para desarrollar proyectos independientes. Junto al desconocido Brad Bell presentó al mundo en 2011 una modesta webserie titulada Husbands. Con una primera temporada que consta de 11 episodios de apenas dos minutos de duración, Husbands llevaba el formato serial a su mínima expresión, suponiendo reto y experimento para la escritura de Espenson y Bell, que debían contrarrestar la evidente escasez de medios con el trabajo de su pluma (pun intended). Si juntamos todos los capítulos de la primera temporada, obtenemos algo así como un piloto de sitcom.

Husbands es la historia de un famoso deportista, Brady (Sean Hemeon) que una mañana se despierta en Las Vegas Husbands postery descubre que la noche anterior se ha casado en estado de embriaguez con Cheeks (Brad Bell), un extravagante y ultra-afeminado chico de la farándula. En lugar de anular el enlace, deciden seguir adelante, asumiendo la responsabilidad de abanderar la causa del matrimonio gay. Husbands está concebida como una comedia romántica de toda la vida sobre recién casados, pero con el “giro” (o desvío :P) que supone que la pareja protagonista sea del mismo sexo. No hay más que ver el póster que acompaña este texto, que utiliza el molde del 90% de los carteles rom-com, para darse cuenta de las (honorables) intenciones de la serie.

Después de la primera temporada, Bell y Espenson recurrieron a Kickstarter para financiar la segunda entrega. El éxito de la campaña resultó en su estreno en verano de 2012 en el famoso Centro Paley, logrando el hito de ser la primera serie online que se presentaba allí. Para la segunda temporada, los creadores decidieron reducir el número de episodios, pero aumentar su duración. El resultado fue una historia en tres actos al más puro estilo Dr. Horrible’s Sing-Along Blog, en la que Bell y Espenson pusieron toda la carne en el asador y se tomaron más en serio el papel de la serie como agente visibilizadora y concienciadora de los derechos homosexuales.

El éxito de la segunda temporada llevó a que la cadena CW produjese una tercera para emitirla por su canal online CW Seed, sin restricciones geográficas. Los nuevos capítulos, lanzados en verano de 2013, consistían en dos arcos argumentales divididos en bloques de tres segmentos cada uno (lo que formaba en total casi una hora de programa). En ellos asistíamos a la segunda boda de Brady y Cheeks (el mejor arco de la serie), y a un agradable y sereno pasaje sobre la cotidianidad de la pareja en su nuevo hogar. La tercera temporada deja con buen sabor de boca y Husbands pide a gritos convertirse en serie de televisión al uso. Con la repercusión de Looking, quién sabe, quizás las cadenas estén interesadas en rellenar una nueva cota de “series gay”, y, con suerte, este sería un nuevo paso hacia la existencia de la “serie normal protagonizada por gays”.

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La clave del éxito de Husbands es su acertado equilibrio entre comedia, provocación y responsabilidad social. A ratos, Espenson y Bell se ponen demasiado sermoneadores, y su escritura quizás no es tan aguda como ellos creen (qué manía con ser meta porque sí), pero las ideas que manejan son muy importantes, y los mensajes son tan valiosos que la serie debería mostrarse en los colegios. El valor educacional de Husbands es lo que la convierte en una serie a tener en cuenta, más que su capacidad para hacer reír (un poco nula) o el trabajo de sus actores (entre lo histriónico y lo mediocre). Sobre todo hay que aplaudir la lanza que rompe a favor de la diversidad dentro de la propia homosexualidad, y el rechazo a la heteronormatividad impuesta por la sociedad. Husbands busca normalizar la homosexualidad renunciando precisamente a la noción absoluta de ‘normalidad’. Y lo hace a través de una historia de amor que podría protagonizar (y que de hecho ha protagonizado en infinidad de ocasiones) una pareja heterosexual, pero sin barrer debajo de la alfombra los estereotipos que según muchos perjudican al “colectivo”. En su lugar, la serie los reivindica y los celebra, promoviendo el ejercicio de la comprensión y la aceptación del otro tal y como es.

Además de su eficiente y admirable mensaje, Husbands posee un atractivo especial para los whedonites. Los cameos se cuentan a razón de 5 por minuto (puede que esté exagerando, pero en algunos capítulos es totalmente cierto). Los hay del Whedonverso: Nathan Fillion, Amy Acker, Amber Benson, Dichen Lachman, Felicia Day, Seth Green, Beth Grant y el mismísimo Joss, que tiene un papel bastante simpático en la segunda temporada; Y del Espenverso (al que también pertenecen todos los anteriores, claro), sobre todo de su trabajo en Battlestar Galactica y Caprica: Tricia Helfer, Sasha Roiz, Michael Hogan, Magda Apanowicz, y Alessandra Torresani, que interpreta a Haley, la mejor amiga de Cheeks, mariliendres insoportable y más estereotipada que cualquier gay en TV, y que afortunadamente no aparece en los últimos capítulos (Torresani intentando ser graciosa es lo más irritante que he visto en mucho tiempo, que nadie le dé una sitcom, por favor). Aunque solo sea por ver desfilar a todos estos miembros de la gran familia Whedon-Espenson, que son como de la nuestra, Husbands merece la pena. Es más, se podría decir que esta webserie pertenece oficialmente al Whedonverso, así que si queréis completarlo, es vuestro deber verla.

A continuación os dejo la serie íntegra en YouTube. Los episodios se reproducen ininterrumpidamente a partir del primer vídeo.

Temporada 1

Temporada 2

Temporada 3

Especial Pilotos 2013-14 – Parte I

Sleepy Hollow Fox

Sleepy Hollow

Emisión: Los lunes en Fox USA

Opinión sobre el piloto: Sleepy Hollow no pierde el tiempo y va directa al grano, descargando en su piloto todo su arsenal: acción, flashbacks, comedia, violencia, mitología, leyendas, religión… Estamos ante una serie entregada de lleno a lo fantástico. Y esta es su mayor baza, la oportunidad de construir una serie en la que los monstruos y los demonios animen el cotarro de la televisión generalista. Por desgracia, Sleepy Hollow también contiene ese elemento policial de investigación del que parece que ninguna serie de género en abierto puede prescindir. El resultado, por bien empacado que esté, es clónico y formulaico. Y para potenciar aun más esa sensación, el piloto cuenta con el rostro mismo de la pereza seriéfila: John Cho (FlashForward, Go On).

Sleepy Hollow es un batiburrillo de estilos e ideas cuyo núcleo parece encontrarse en la interacción entre la pareja protagonista, Ichabod Crane (adecuado Tom Mison) y la agente de policía Abbie Mills (correcta Nicole Beharie), una suerte de doctor y companion de segunda cuyos vínculos empiezan a estrecharse demasiado pronto -como decíamos, no se puede perder el tiempo, hay que mostrar desde el piloto todo lo que la serie guarda en la recámara. Por suerte, su química funciona, aunque por ahora no llegue al nivel requerido para que veamos en ellos un “ship” importante (no se acercan ni al Sherlock y Watson de CBS). Sleepy Hollow lleva el cuento de Washington Irving hasta nuestros días, convirtiendo a Ichabod Crane en un loco afectado por el choque cultural y al jinete sin cabeza en el azote de un pueblo dominado por la niebla perenne y los Starbucks. Podría funcionar, pero no seré yo quien se quede a comprobarlo.

Puntuación: 4/10

Razones para quedarse: La imaginería monstruosa. El demonio-cabra es lo único que ha despertado mínimamente mi interés.

Razones para abandonar: Muchas, pero sobre todo el peligro de convertirse en un policíaco con 20 episodios de relleno y solo 2 que avancen realmente la trama que inicia el piloto. Y en definitiva, porque ya hemos visto 80 series como esta.

 

Dads Fox

Dads

Emisión: Los martes en Fox USA

Opinión sobre el piloto: Parece mentira que en 2013 se sigan produciendo sitcoms como esta. Supongo que la clave está en la pasta. Estas series son tan baratas como parece, y, si encuentran su audiencia, pueden resultar muy rentables. Definir Dads como “barata” es quedarse muy corto. La nueva comedia multicámara de Fox proviene de la sobrevalorada mente de Seth MacFarlane, uno de los mayores cánceres de la tele actual, y está capitaneada por Alec Sulkin y Wellesley Wild, dos de sus guionistas habituales. Lo más paradójico de todo es que, a pesar de detestar la producción animada de MacFarlane, lo que más he echado de menos en Dads ha sido precisamente lo que la define: descaro e incorrección política (pero de la de verdad, no para mayores de 7 años). Lo peor del piloto de Dads no es que sea racista o sexista (2 Broke Girls también lo es, y aun así es graciosa y entrañable), sino que su humor es carca, insultantemente básico, como si se hubiera escrito hace 20 años.

Dads es una comedia de risas enlatadas (y gritos al más puro estilo Salvados por la campana) sobre dos exitosos treinañeros que trabajan en una compañía de videojuegos de cartón piedra, y que deben cargar con sus fracasados padres. Los hijos son Giovanni Ribisi y Seth Green, y por muy bien que caigan (Green mucho más que Ribisi, claro), no son lo suficientemente graciosos o carismáticos. Los padres son Martin Mull y Peter Riegert y ya me he olvidado de ellos. Dudo que el espectador medio en su día menos exigente llegue a reírse más de dos veces con Dads (no tengo que decir que durante los 20 minutos que dura el episodio, mi cara ha permanecido más inexpresiva que la de Channing Tatum).

Puntuación: 2/10

Razones para quedarse: La criada del personaje de Seth Green.

Razones para abandonar: Todas, pero principalmente preservar tu criterio y tu salud mental.

 

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Brooklyn Nine-Nine

Emisión: los martes en Fox

Opinión sobre el piloto: ¿Seguís llorando por el final de 30 Rock y The Office? ¿Teméis el día en que se acabe Parks and Recreation (y admitámoslo, ese día está cerca)? No os preocupéis, ya tenemos sustituta para todas ellas. Quizás sea muy pronto para poner Brooklyn Nine-Nine a la altura de esas tres maravillas de la comedia del siglo XXI, pero desde luego el piloto muestra todos los síntomas y todo el potencial para que la serie acabe encantándonos igualmente. No sorprenderá a nadie que detrás del proyecto esté media plantilla de productores y guionistas de todas esas series. La fórmula es muy conocida por todos nosotros: comedia single-cam de 20 minutos -afortunadamente esta vez no se trata del manido estilo mockumentary- que muestra el día a día de un lugar de trabajo (workplace comedy), en este caso una comisaría de policía en Brooklyn, a través de un elevado número de personajes.

Brooklyn Nine-Nine está protagonizada por Andy Samberg, pero ya desde el piloto se nos insiste en la importancia de la coralidad en la serie. Y también desde el principio se caracteriza hábilmente a todos los personajes, con un simple y efectivo barrido por la oficina mientras el agente Peralta (Samberg) nos habla de ellos. A simple vista ya podemos ir haciéndonos a la idea de quiénes serán nuestros favoritos, y es indudable que hay química -especialmente entre Samberg y Andre Braugher. El piloto de Brooklyn Nine-Nine tiene ese halo a neositcom de NBC (produce Universal, aunque se emite en Fox) y ese inconfundible toque absurdo a lo Saturday Night Live (Samberg, ya no nos da tanta pena que te marcharas), que la convierten en una vuelta de tuerca semi-paródica al policíaco televisivo, con tendencia al gag y el sketch. Son 20 minutos escritos con inteligencia y cariño, con un timing cómico fantástico, un protagonista 100% likeable, y un reparto que da para mil y una tramas. En definitiva, el piloto de Broklyn Nine-Nine es una carta de presentación impecable que, si los ejemplos de las series mencionadas sirven de precedente, precederá a una temporada aun mejor.

Puntuación: 8/10

Razones para quedarse: Todo lo expuesto anteriormente.

Razones para abandonar: Que este tipo de comedias no sean de tu gusto, o que no seas capaz de concentrarte en la serie porque te distraiga la enorme boca de Andy Samberg.