Alerta nueva mejor peor serie: ZOO

ZOO

Pues nada, otro verano seriéfilo que toca a su fin. La cosecha televisiva estival de este año nos ha deparado un par de sorpresas, pero en general han sido unos meses más bien tranquilos (algo que yo he aprovechado para ponerme al día con muchas series atrasadas y hacer maratón de otras pendientes; seguro que vosotros también). Mientras True Detective decepcionaba hasta a los que no ven True Detective, eran dos cadenas menores, no conocidas precisamente por la calidad de sus ficciones, las que daban el campanazo con dos de las mejores nuevas ficciones del año: Mr. Robot (USA) y UnREAL (Lifetime). Estos grandes descubrimientos nos han alegrado la temporada, pero no sería verano sin una de esas series que son tan tan malas, que, como dirían Rebecca y Enid:

Y este año esa serie es Zoo, thriller de aventuras y ciencia ficción que ha emitido CBS en su temporada baja, porque en la alta habría sido despellejada viva. Zoo se ha estrenado esta semana en España (concretamente en Cuatro), así que, aunque yo no veo la tele, me ha parecido oportuno hablaros de ella, ya que los que hemos seguido la serie al día (cuatro gatos, nunca mejor dicho), estamos en su recta final y tenemos una visión más completa de ella (tranquilos, no hay spoilers en la entrada). El último episodio de la primera temporada de Zoo se emite la semana que viene en Estados Unidos, y yo ya lo tengo claro: estamos ante la nueva mejor peor serie del verano, un producto tan increíblemente ridículo que no queda más remedio que disfrutar de él sin complejos. Es una modalidad algo más sana que la del hate-watching y menos auto-excusadora que el guilty pleasure, ver algo que sabes que es un desastre, y apreciarlo precisamente por eso. Zoo es camp sin ser tan consciente de ello como True Blood, pero lo suficiente como para que no le importe que la veamos irónicamente.

Billy Burke Kristen Connolly Zoo

Zoo está basada en la novela homónima de James Patterson y Michael Ledwidge, y nos narra el inicio de una revolución animal a escala mundial durante la que un joven biólogo de misión en África, Jackson Oz (James Wolk), se une a un equipo de especialistas para investigar e intentar detenerla. Pero mejor que os lo cuente con sus propias palabras su camarada, Abraham Kenyatta (Nonso Anozie), que se encarga de la narración del opening, muy a lo años 90 (como Xena, Farscape o la primera temporada de Buffy), una premisa que explicada así (y encima tan en serio, con voz grave y solemne) ya provoca la risa:

“Durante siglos, la raza humana ha sido la especie dominante. Hemos domesticado a los animales, los hemos enjaulado, matado por deporte. Pero, ¿y si a lo largo y ancho del mundo, los animales decidieran que YA BASTA? [con el “no more” siempre me río, no falla] Por eso fuimos contratados para formar un equipo de personas de diferentes procedencias, con habilidades distintas: un experto en comportamiento animal, una periodista, un guía de safari, una agente del servicio exterior de inteligencia y un patólogo veterinario. Nuestra misión: averiguar qué les está pasando a los animales, por qué está ocurriendo, y cómo detenerlo”.

Resumiendo, Zoo es una mezcla entre Los pájarosJurassic Park, una historia muy noventera de ciencia ficción con toques de aventura, acción y terror que en su primera temporada plantea un desastre global empleando los lugares comunes propios del subgénero de pandemias: la propagación de un virus y la conspiración detrás del mismo. Pero además posee ese aire CBS a historia de investigación procedimental, con un equipo de especialistas muy Marvel de saldo (los Animal Avengers que los llaman ya algunos) que cada semana lidian con el ataque de un animal diferente (leones, murciélagos, pájaros, osos) mientras intentan destapar la verdad sobre Reiden Global (la compañía biotecnológica detrás del virus) en el arco principal de la serie. Por otro lado, Zoo también puede recordar a la corriente de series que versan sobre un inexplicable evento ¿natural? que afecta a una comunidad y/o a la humanidad al completo, como Under the Dome (de la misma cadena) o The Leftovers.

James Wolk

Pero Zoo se distancia de otras series de naturaleza similar por haberse arriesgado a colocar a los animales en el centro del relato, aun a sabiendas de que esto es algo que solo puede salir bien en el cine. CBS no se ha achantado por las dificultades que esto conlleva, y a pesar del insistente mensaje ecológico y animalista de la serie, ha recibido las esperables quejas de PETA y otros defensores de los derechos de los animales. La preocupación es normal, pero a excepción de un par de escenas ligeramente cuestionables, Zoo emplea sobre todo animales creados por ordenador. Y esta es precisamente una de las fuentes de comedia involuntaria más infalibles de la serie, que con su triste despliegue CGI (mejor que hace años, pero todavía escaso) y torpes trucos de cámara y montaje para simular los ataques animales a los humanos nos deja escenas muy divertidas que provocan el efecto contrario al deseado.

La caspa reina en Zoo, pero como adelantaba antes, hay un leve aroma a autoparodia sobrevolando la serie. La mayor parte del tiempo se toma en serio a sí misma, pero de vez en cuando se permite hacer chistes que, no sabemos si intencionadamente, nos parecen estar diciendo: “Eh, que sabemos que esto es una chorrada y nos lo estamos pasando muy bien, apuntaos a la fiesta”. Y es que Zoo es un absurdo continuo, repleto de giros rocambolescos, agujeros de guion y deus ex machina, con terribles diálogos expositivos y situaciones sin sentido. Todo rematado por unas interpretaciones muy acartonadas, especialmente las de Nora Arnezeder (francesa irritante como pocas) y el leading man James Wolk, que me da pena porque es muy (muy) guapo, pero tiene la expresividad de una goma de borrar -se salvan un simpático Billy Burke, que suele tener las mejores líneas de guion, y en menor medida Kristen Connolly, con la que tiene bastante química. Sin embargo, Zoo compensa sus taras cumpliendo la primera máxima del cine (que no la TV) de catástrofes, no importa lo malo que sea: entretener (como cuando ves un accidente, es imposible apartar la mirada de Zoo). ¡Es el Apocalipsis Animal! La idea da miedo, de acuerdo, pero la han convertido en tal mamarrachada que es imposible no reírse.

Mi verano de maratones seriéfilos

La vuelta al cole siempre conlleva una primera tarea en clase: la redacción sobre qué hemos hecho durante el verano. Cuando estaba en el colegio, nunca tenía nada interesante que contar y me veía obligado a tirar de mi imaginación (amigos inexistentes, anécdotas exageradas…). La cosa no ha cambiado demasiado desde entonces. Mi verano no ha sido especialmente memorable. Un viaje corto a Londres y mucho trabajo, más que ningún otro verano (al menos se me ha pasado rápido por esa razón). Pero entre una cosa y otra, siempre he encontrado hueco para colar episodios de alguna serie. Un episodio por la mañana antes de ponerme a escribir, uno en la comida, dos por la noche (series como medicina), y en días “libres” o fines de semana, 10 episodios seguidos o más. Feliz sobredosis. Porque para eso está el verano. Binge-watching FTW! A continuación os hablo brevemente de las series que he maratoneado durante las vacaciones estivales. Espero que vosotros/as hagáis lo mismo y me contéis qué habéis visto entre baños playeros y siestas delante del ventilador.

Curb Your Entusiasm

CURB YOUR ENTHUSIASM

La comedia de Larry David ha sido mi gran maratón de comedia de este verano. Ocho temporadas en dos meses. Oigo la peculiar voz del cómico de Nueva York en todas partes. Cierro los ojos y veo su cráneo calvo y puntiagudo. Y estoy empezando a obsesionarme (más de lo habitual en mí) con cómo me tratan y cómo trato a la gente durante mis interacciones sociales y en lugares públicos. Y es que de eso se trata precisamente. Curb Your Enthusiasm es la historia de un hombre que es “víctima de sus circunstancias“, una persona tremendamente peculiar, a menudo intransigente, con sus propias normas y presunciones sobre la sociedad (algunas lógicas, otras caprichosas, otras sencillamente demenciales), que choca constantemente con el resto del mundo y sus absurdas reglas de comportamiento. Larry David ha dicho en más de una ocasión que el protagonista de Curb es la versión de sí mismo que le gustaría ser. De ahí que en la serie vierta toda su bilis y se desahogue a base de bien con las personas a las que no decimos “que te jodan” a la cara, por educación y por evitar conflictos, y que deje claro cuantísimo le obsesiona el racismo (sin corrección política que valga). Es un concepto muy interesante, reforzado por la genial improvisación en los diálogos (no hay guión propiamente dicho, solo directrices), pero pierde fuerza con el tiempo. Ver 80 episodios de esta serie tan seguidos no es del todo recomendable, sobre todo para aquellos poco acostumbrados a los maratones seriéfilos. Y no es por lo que dijo Mitch Hurwitz (creador de Arrested Development), sobre que una comedia va perdiendo gracia progresivamente a medida que vemos más capítulos seguidos. Sino porque de esta manera saltan más a la vista sus defectos. Lo peor de Curb es lo tremendamente repetitiva que es, desde el segundo episodio hasta el final. Larry David procede de una sitcom clásica como es Seinfeld, y aunque Curb sea una comedia single-cam de media hora, sin censura, e incluya un gran arco argumental por temporada, es inevitable detectar en ella la repetición de fórmulas, las catch phrases, y en definitiva, todo lo que caracteriza a la comedia de situación de network. Ojo, no digo que esto sea malo, solo que yo no he terminado de conectar con ella.

The Good Wife

THE GOOD WIFE

Y este ha sido mi gran maratón de drama. Ya había visto la primera temporada de The Good Wife hace un tiempo (en esta entrada os conté mis primeras impresiones), pero por una cosa o por otra, y aunque me encantó, fui posponiendo la segunda, hasta que este verano, tras leer vuestros enfervorizados comentarios y tweets sobre la quinta temporada (y después de tragarme los spoilers más importantes), he decidido darle el empujón que le debía. Y vaya viaje ha sido. No voy a detenerme a explicar lo que he visto, porque lo sabéis perfectamente, sino cómo me ha afectado. Después de este maratón, The Good Wife se ha catapultado directamente al segundo puesto de mis mejores dramas televisivos actualmente en emisión (ya sabéis cuál sigue siendo el primero). Creo que hoy en día no hay una serie más apasionante que esta. Me parece increíble, irreal, cómo un drama de network, una serie de abogados (perdonad que la defina de manera tan simplista) con altas dosis de investigación, e incluso de procedimental, es capaz de mantener ese (altísimo) nivel de calidad durante 22 episodios. Por esta razón, en la era de los dramas de cable, las series-evento y las temporadas cada vez más cortas, el valor de The Good Wife es aún mayor. Después de una quinta temporada monumental (pero ya desde antes), la serie de CBS es actualmente, junto a Mad Men, el drama más seguro de sí mismo, más inteligente (es más, superdotado), más en control de su propio universo, más detallista, perfeccionista y mejor escrito de la televisión. Viva Santa Alicia.

How to Make It in America

HOW TO MAKE IT IN AMERICA

En la era de HBO inmediatamente anterior a GIRLS y Looking, la cadena intentó acercarse al público más joven y moderno con una dramedia de media hora producida por Mark Wahlberg y un montón más de gente, que se titulaba How to Make It in America (Buscarse la vida en América era el título en España). La serie, una especie de Entourage de la Costa Este, fue cancelada después de dos temporadas. Y con razón. HTMIIA era una propuesta endeble, desdibujada y gravemente falta de chispa y carisma. Esta serie es todo un ensayo y error, un paso en falso de HBO antes de encontrar con la comedia de Lena Dunham el tono adecuado para dar voz a los problemas del joven neoyorquino y el veinte-treintañero moderno y urbanita en general. En HTMIIA se nos habla, evidentemente, del gran sueño americano, y se hace a través de dos chavales que intentan triunfar en el mundo de la moda (concretamente el diseño de pantalones vaqueros), y los satélites que giran a su alrededor (un puñado de personajes sin interés alguno), con la cultura skater de fondo (un poco por la cara). La cosa no era desagradable,  para nada, solo prescindible. Todo resulta desapasionado, aburrido, y su aproximación al mundo hipster, desprovista de la sátira que hoy en día vemos en otras series, hace que la serie haya perdido vigencia terriblemente en tan solo cuatro años. Bryan Greenberg y Lake Bell salvan un poco la función. Pero ni su encanto natural ni sus esculturales anatomías salvan la función.

Dream On

DREAM ON

Curb Your Enthusiasm no es la única comedia clásica de HBO que he devorado este verano. De hecho, me he remontado mucho más atrás, a comienzos de los 90, con la comedia de John Landis y los creadores de Friends, Marta Kauffman y Kevin BrightDream On (en España conocida como Sigue soñando). Yo solía ver esta serie en televisión (la emitía Canal + en abierto en sus primeros años de existencia), y lo hacía un poco a escondidas, porque ya sabéis: TETAS. HBO se encontraba aún definiendo su imagen de marca, y lo que más claro tenía era que sus ficciones debían ser atrevidas, picantes, y que debían ofrecer lo que no podían otras cadenas: desnudos, sexo y palabras malsonantes. Aún así, las primeras temporadas de la serie son más bien inocentes. Sí, hay despelote (principalmente femenino, pero también del protagonista, el estupendo Brian Benben), pero era esto (y la factura de comedia single-cam) lo único que la diferenciaban de las sitcoms de cadenas generalistas. Los conflictos y las tramas eran muy simplistas, la continuidad un desastre, y la coherencia brillaba por su ausencia (véase el horroroso capítulo doble con David Bowie), lo que, visto con ojos actuales, puede resultar demasiado primitivo y chocante. Pero Dream On fue encontrando su voz poco a poco, incluso se permitió reírse de las exigencias de la cadena (¡¡más rubias en tetas, más sexo, más saxo, más fucks!!). Lo mejor (además del gran trabajo de Benben aunando carisma y patetismo) sigue siendo el uso de clips de películas clásicas para expresar los pensamientos del protagonista y añadir “notas al pie” en las escenas (gran labor de documentación y un recurso humorístico muy bien aprovechado). Sin embargo, la serie ha perdido mucho con el tiempo, y aunque es una de las pioneras de la neotelevisión (de hecho, Sexo en Nueva York es como una costilla de esta serie, aunque mucha gente no lo sepa), ha caducado casi por completo.

The Walking Dead

THE WALKING DEAD

Esta es una de esas series que, aunque me arriesgue a muchas críticas por decirlo, veo por obligación. Porque es la serie de mayor audiencia en su país de origen, porque es una de las imprescindibles de los seriéfilos, y porque debo estar al día con la actualidad televisiva. La primera temporada de The Walking Dead se me hizo eterna, y eso que es cortísima. Este verano he maratoneado la segunda y la tercera (a ver si consigo ponerme al día), y la cosa ha mejorado ligeramente. La segunda temporada tiene capítulos que son una auténtica tortura, pero otros bastante notables. Además, si algo hace muy bien esta serie es aprovechar el formato serial para contar la historia, y crear los cliffhangers más impactantes y los finales más memorables (nada superará a la escena de la pequeña Sophia saliendo del granero, eso sí). Por eso, lo quiera o no, se puede decir que estoy ligeramente enganchado, así que, a pesar de no soportar a los personajes (me consta que hasta los fans más acérrimos de la serie reconocen que donde más falla es en este aspecto) y del ocasional episodio repleto de diálogos vacíos y soporíferos, he aprendido a disfrutar la serie por lo que es (un poco lo mismo que me ha pasado con The Leftovers). Sobre todo gracias a una tercera temporada bastante más trepidante que las anteriores, empiezo a ver The Walking Dead en parte por obligación y en parte por placer. Es un progreso. Cuando termine mi maratón (que dentro de dos días se convierte oficialmente en otoñal), os cuento si mi percepción sobre la serie ha cambiado.