Crítica: La Dama de Oro

WOMAN IN GOLD

En la que es su segunda película, Simon Curtis se reafirma en su gusto por el cine biográfico. Su debut en la gran pantalla, tras una dilatada carrera en televisión, nos permitió pasar Una semana con Marilyn, y ahora, el realizador londinense se adentra en el drama histórico con La Dama de Orola historia real de Maria Altmann, mujer que luchó durante años para que Austria le devolviera el retrato de su tía, Adele Bloch-Bauer I (“La Mona Lisa austríaca”), robado por los nazis al estallar la Segunda Guerra Mundial.

Helen Mirren da vida a Altmann, ciudadana norteamericana desde su huida de Viena en los años 40. La ley de restitución del arte de 1998 empuja a Maria a iniciar la lucha por recuperar el famoso cuadro de Gustav Klimt, que colgaba en una de las estancias de su casa de Viena, donde su familia disfrutaba una boyante época de esplendor social y económico antes de que la guerra estallase. El cuadro, tasado en cientos de millones, posee un valor sentimental incalculable para la octogenaria, que desea recuperar la dignidad que los nazis han arrebatado a su familia y al pueblo judío, a pesar de que esto supone abrir una dolorosa herida, tanto para ella como para el país. Con la ayuda de un joven abogado, Randy Schoenberg (Ryan Reynolds), nieto del célebre compositor Arnold Shoenberg, Maria emprende un viaje de vuelta a Austria para enfrentarse al gobierno del país, que se niega a devolverle el cuadro, ahora conocido como “La Dama de Oro” (renombrado así para borrar cualquier vestigio de pertenencia a la familia de Altmann). Maria hace frente a su pasado en busca no solo de justicia para su familia y su pueblo, sino también de clausura antes de que sea demasiado tarde.

poster_definitivoLa Dama de Oro ofrece todo lo que cabe esperar de un biopic convencional, y concretamente de uno con el sello Weinstein. Llama la atención que Harvey W. no haya apostado por esta película para la carrera de los Oscar y la haya relegado a una de las temporadas más bajas del año, los meses después de la award season y la pre-temporada estival. Sin embargo, no es una decisión sorprendente a juzgar por el resultado: La Dama de Oro es básicamente una TV movie cara con estrellas (si que es que a Ryan Reynolds podemos llamarlo tal cosa), realizada siguiendo el manual académico del género. No posee esa cualidad estentórea y hollywoodiense de los biopics oscarizados del año pasado, The Imitation Game (la apuesta oficial de los Weinstein) y La teoría del todo, ni sus interpretaciones, por correctas que sean y por mucha Helen Mirren que haya (que está estupenda aunque huelgue decirlo), sobresalen especialmente. Pero tampoco puede reprochársele demasiado, más allá del exceso de sacarina de algunos pasajes.

La Dama de Oro es un melodrama que parece realizado en la época en la que se ambienta parcialmente (en los 90, no los 40). Lo más destacable -además de la música de Hans Zimmer y Martin Phipps– es la investigación judicial en la que se embarcan Altmann y Schoenberg (con la ayuda de un patriota austríaco interpretado por el siempre correcto Daniel Brühl), por encima de los flashbacks en Viena, en los que Tatiana Maslany convence como Helen Mirren de joven, y donde más salta a la vista la formación televisiva de Curtis. Por lo demás, La Dama de Oro cumple holgadamente con los poco exigentes requisitos del género, y sale airosa sobre todo gracias a la inesperada buena pareja que forman Mirren y Reynolds.

Valoración: ★★★

Crítica: Invencible (Unbroken)

Jack O'Connell Miyavi Unbroken Invencible

Invencible (Unbroken) es la segunda película como directora de Angelina Jolie, tras la tibia recepción de su debut, En tierra de sangre y miel (2011), ambientada en la Guerra de Bosnia. En ella, Jolie se reafirma en su interés por la historia universal, explorando otro de sus capítulos bélicos, esta vez durante la Segunda Guerra MundialInvencible es la historia del recientemente fallecido Louis Zamperini, atleta olímpico norteamericano convertido en héroe de guerra que sobrevivió durante 47 días en una balsa tras el ataque a su bombardero, para ser finalmente capturado por los japoneses y mandado a un campo de prisioneros, donde logró sobrevivir a las torturas del enemigo durante otra larga temporada.

Jolie se vale de la inestimable ayuda de Joel y Ethan Coen, que firman el guión, una historia dividida en tres pasajes claramente diferenciados que dan como resultado un filme que es en realidad tres películas en una. De hecho, para mantenerlas separadas y garantizar la sensación de desespero y paso del tiempo, la película apenas posee interrupciones que desvíen la atención de sus dos últimas partes. En la primera sección conocemos a Zamperini (Jack O’Connell), un joven con el sueño de triunfar como atleta que ve su prometedora trayectoria profesional truncada por la llamada a filas. La segunda parte supone un largo acto central en el que el protagonista y dos supervivientes al bombardeo, Phil (Domhall Gleeson) y Mac (Finn Wittrock) se enfrentan al océano durante mes y medio, conformando una suerte de Todo está perdido en medio de la cinta. Por último, Invencible dedica su sección final a la pesadilla vivida por Zamperini y sus compatriotas (Garrett Hedlund, John Magaro) durante su cautiverio a manos de los nipones, centrándose en la relación entre el protagonista y “El Pájaro“, el sádico guardia japonés interpretado por Miyavi.

Unbroken posterPor todos es conocida la inclinación humanista y filantrópica de Jolie, sin embargo, esto no es lo que salta a la vista en Invencible. En su lugar, observamos a una directora más interesada en capturar la belleza de la historia en sus imágenes, como si la película fuese una sesión de fotos de Annie Leibovitz con el propósito de glamourizar la guerra. Confirma esta idea la elección de su elenco, un montón de niños bonitos de Hollywood (Jai Courtney aporta vello y músculo), reclutados para participar en el desplegable de moda de la Jolie, un trabajo que sacrifica la dureza del relato para llevar a cabo una oda a la belleza masculina -hasta cuando Hedlund enseña sus uñas destrozadas para dar cuenta del horror que ha vivido parece que estamos viendo un spot de L’Oreal o de Viceroy.

Este énfasis en lo estético desvía la atención del talento de sus actores, y sobre todo del mensaje, uno que además no está del todo claro, más allá del latente y almibarado patriotismo yanquiInvencible concluye con los clásicos rótulos que cuentan qué fue de los protagonistas, y ofrece una moraleja sobre el perdón que se antoja vacía e inoportuna, teniendo en cuenta que la directora no ha explorado nada de esto durante su metraje (como sí lo hizo recientemente Un largo viaje, secuela no oficial de esta película). Invencible es una obra visual y técnicamente excelente (impresionantemente filmadas las escenas aéreas durante el bombardeo que abre el film), sin embargo, sale perjudicada por la ausencia de un discurso claro y esa necesidad de revestir la mugre con una capa de Maybelline. La salva la portentosa interpretación de Jack O’Connell, loable ejercicio de resistencia de un actor joven cuya entrega absoluta al personaje de Zamperini es lo único que parece estar en sintonía con la angustia de esta historia real. Aunque no deje de estar guapo e ideal en ningún momento de su calvario.

Valoración: ★★★