Metahumor y emoción en ‘Las últimas supervivientes’ (The Final Girls)

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Dos características principales resumen el cine (y gran parte de la televisión) de los últimos años: la nostalgia y lo meta. Ambas se reúnen para una fiesta de cuchilladas y humor en Las últimas supervivientes (The Final Girls). Esta película, dirigida por Todd Strauss-Schulson (experimentado realizador de comedia gamberra y responsable de la entrega navideña de Harold & Kumar), levantó mucha expectación el año pasado por su llamativa propuesta: un homenaje al slasher en clave de comedia que prometía humor autorreflexivo y se postulaba como imprescindible para los fans del género. La película hizo circuito por los festivales, y finalmente vio la luz de forma limitada. A nosotros nos llegó recientemente directamente en DVD gracias a Sony Pictures y 20th Century Fox Home. Pero si no la habéis visto aun, no os dejéis llevar por la dudosa etiqueta “directamente a vídeo”. En este caso, Las últimas supervivientes merece ser rescatada del “videoclub”. Es más, por su naturaleza de homenaje a los 80, ese es el lugar (metafórico) donde más encaja.

Contribuyendo a definir 2015 como el año definitivo del revival ochentero, The Final Girls se suma a otros títulos que rinden tributo de las formas más estilizadas y creativas a aquella década, como The Guest, It FollowsTurbo Kid. Pero Las últimas supervivientes tiene mucho más en común con La cabaña en el bosqueScream. Quizá por su parecido en esencia a la película de Drew Goddard y Joss WhedonThe Final Girls no tuvo el impacto esperado. Ya habíamos visto una película así recientemente, y el factor sorpresa se había desvanecido. No es que La cabaña inventase lo meta, pero lo utilizó inteligentemente para dar lugar a una de las películas de culto más destacadas de los últimos años, lo que hace que cualquier película similar posterior vaya a rebufo. Aun así, Final Girls lleva la idea de La cabaña en una dirección diferente, y la envuelve en una capa de fantasía de aventuras adolescentes, aderezada con más sátira y humor absurdo (es como ver Wet Hot American Summer con Jason Voorhees y más gracia), lo que la convierten en un film muy atractivo para paladares aficionados al género.

Las últimas supervivientes es una deconstrucción del slasher en clave de parodia, y con un toque de crítica con carácter retroactivo (“Yay feminism!”). En ella, Max (Taissa Farmiga) acude con sus amigos a un pase conmemorativo de Campamento Sangriento (Camp Bloodbath, parodia de Viernes 13 y todas las películas de campamentos que le sucedieron), en la que actúa su madre, Amanda Cartwright (Malin Akerman dando vida a una actriz de slashers y terror de serie B, como la madre de Sidney Prescott en Scream), fallecida en un accidente de coche junto a ella el año anterior. Tras un contratiempo en la sala de cine, la pandilla de Max se queda atrapada dentro de la película. En esta dimensión al otro lado de la pantalla, un lugar familiar pero desconcertante, Max tiene la oportunidad de reunirse de nuevo con su madre (aunque técnicamente no lo sea en ningún momento), pero el grupo debe escapar de la película aprendiendo a descifrar y vencer sus normas y acabando con Billy, el asesino enmascarado que pretende masacrar el campamento.

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Pero no esperéis ver mucha sangre o experimentar muchos sobresaltos viendo Las últimas supervivientes. Esto no es una película de terror, sino una comedia de aventuras que se abastece de los lugares comunes del terror para contar su historia. La luminosidad y el color invaden la pantalla (incluso en las escenas nocturnas), los sintetizadores atronan en una resultona banda sonora retro que nos transportará directamente a los 80 y nos hará sentir que Camp Bloodbath es un slasher real (atención al leitmotiv que avisa de la presencia del asesino, se os quedará en la cabeza mucho tiempo), y la violencia, aunque escasa, no hace que el espectador aparte la mirada, sino todo lo contrario, invita a admirarla por su sofisticación. Además, Las últimas supervivientes se distancia de cualquier película de terror o parodia de estas características porque contiene un núcleo emocional muy desarrollado. Aquí, los personajes experimentan un arco de transformación más allá de los arquetipos del cine de terror que representan (y desmontan, como en La cabaña), exploran sus amistades y relaciones para cambiarlas a mejor, y se enfrentan a sus pasados, especialmente la protagonista y su madre. Las dos actrices protagonistas, Akerman y Farmiga, se toman muy en serio a sus personajes y harán saltar alguna lágrima a los más sensibles.

Pero por encima de todo, Las últimas supervivientes es un juego metanarrativo muy divertido. La película va directa al grano y no contiene un minuto de aburrimiento, ya que apela en todo momento al espectador que conoce de sobra las reglas de este tipo de cine. En ella, la mentalidad resabiada del espectador actual entra en contacto con la perspectiva ingenua de los 80 para poner al descubierto sus mecanismos (choque representado en el walkman vs. iPhone). Y para hacer esto, Strauss-Schulson se vuelve muy creativo, dando forma concreta a los recursos narrativos del slasher (los flashbacks, los rótulos sobreimpresionados, la narración en off, el slow-motion, los créditos finales apareciendo al horizonte) y moviendo la cámara con mucho ingenio para dejarnos secuencias muy potentes visualmente (atención al genial plano secuencia de la pandilla atacando a Billy con trampas a lo Solo en casa o a los tramos en cámara lenta), lo que hace que la película sea muy golosa estéticamente, incluso preciosista (ese enfrentamiento final con la niebla púrpura y el cielo multicromático plagado de rayos es digno de mención).

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The Final Girls tiene cierto regusto a producto televisivo (parece una película que ha sacado máximo provecho de un presupuesto de TV), pero quizá sea porque su reparto está formado por caras de sobra conocidas por los aficionados a las series: Taissa Farmiga (American Horror Story), Malin Akerman (The Comeback), Thomas Middleditch (Silicon Valley), que es el Fran Kranz de esta película, Alexander Ludwig (Vikingos), Adam DeVine (Workaholics), Alia Shawkat (Arrested Development), Chloe Bridges (The Carrie Diaries), o Nina Dobrev (The Vampire Diaries). Los actores hacen un buen trabajo (menos DeVine, quizá, que está demasiado irritante hasta para sus fans), y la película divierte en todo momento (recordad que su intención nunca es hacer pasar miedo, así que no os están dando gato por liebre en ningún momento), con apenas 90 minutos de metraje bien empleado.

A pesar de jugar con ideas prestadas y faltarle bastante gancho y mala lecheLas últimas supervivientes merece la pena. La película no da miedo, no es políticamente incorrecta, pero no es lo que pretende, su originalidad reside en ser emotiva, incluso bonita, una historia sobre el dolor y la aceptación de una pérdida revestida con un curioso manto de neón y una puesta en escena absolutamente “tubular”.

Características del DVDFinalGirl_DVD

Las últimas supervivientes (The Final Girls)

Estudio: Sony Pictures/20th Century Fox Home Entertainment

Duración: 88 minutos

Audio: Catalán (Dolby Digital 5.1), Inglés (Dolby Digital 5.1), Castellano (Dolby Digital 5.1)

Subtítulos: Castellano, Polaco, Sueco, Turco, Finlandés, Inglés, Noruego, Danés

Relación de aspecto: 2.40:1

Contenidos adicionales: Comentario del reparto y el equipo, Escenas eliminadas, extendidas y alternativas con comentario del director opcional, Progresión de los efectos visuales, Animación de previsualización, Comentario del guionista…

8 series para soportar mejor agosto

Mr Robot

Mr. Robot

Este es uno de los estrenos de drama más destacados de esta temporada estival y tiene uno de los mejores pilotos que hemos visto en mucho tiempo. Mr. Robot es una serie revelación que cuenta con la ventaja de estrenarse durante una época del año en la que la competencia es menos feroz y la audiencia no suele esperar dramas serios con aire a “For Your Consideration” (además, se ha visto beneficiada por el boca-oreja gracias al estreno del piloto en Internet un mes antes que en televisión). Emitida en la cadena USA, Mr. Robot es un ciber-thriller que cuenta la historia de Elliot Anderson (Rami Malek), un informático de Nueva York que trabaja para una importante empresa y lleva una segunda vida como hacker justiciero. Elliot sufre de trastorno de ansiedad social, por lo que debe esforzarse especialmente en tratar de llevar una vida normal y cultivar relaciones y amistades para mantener en secreto su oscura identidad. Si os suena todo esto, es porque la serie bebe mucho de Dexter, con la que comparte tono y perfil del protagonista (la voz en off de Elliot se parece demasiado a la de Dexter, y al igual que el Dark Passenger, el hacker guarda trofeos de sus víctimas, en su caso en CD-R que marca con títulos de discos). Mr. Robot es un alegato anti-capitalista que, a través de los intensos monólogos de Elliot, lanza agresivas proclamas con las que pretende destapar los absurdos de la vida moderna, poner en tela de juicio la democracia y denunciar la manipulación de las grandes empresas sobre nuestro homogéneo estilo de vida. La serie, creada por Sam Esmail (que con ese apellido estaba destinado a crear algo así), es un drama de calidad con una historia no demasiado original, pero sí contada con mucho estilo e intensidad, que no pierde fuelle después del piloto. Mr. Robot es una gozada estéticamente (contiene planos magníficos que la elevan de categoría), hace pensar y engancha con un misterio que promete dar mucho de sí.

UNREAL

UnREAL

De UnREAL ya os he hablado largo y tendido en el blog (en esta entrada concretamente), así que no me extenderé demasiado. Si no la estáis viendo, poneos con ella cuanto antes. Este drama de Lifetime, creado por Marti Noxon (Buffy, Mad Men) y Sarah Gertrude Shapiro, es la mayor droga seriéfila de este verano. UnREAL nos muestra los entresijos de un reality show en la línea de The Bachelor (donde Shapiro trabajó durante varias temporadas), la manipulación a la que se someten las concursantes y el espectador, y los límites de la moralidad a los que sus productores están dispuestos a llegar con tal de conseguir los mejores índices de audiencia. UnREAL tiene un aire a culebrón de calidad, pero es mucho más que eso. Cuando menos te lo esperas, te deja caer escenas de sorprendente profundidad, o te golpea con el drama más impactante. Básicamente, cualquier cosa es posible en esta serie, y nunca sabes por dónde va a tirar (tanto es así que en los tres capítulos transcurridos desde mi entrada original sobre la serie han pasado tantas cosas que debería actualizarla para rectificar mi opinión sobre algunos protagonistas y relaciones). Sus personajes son mucho más que vehículos para el melodrama, están excelentemente dibujados y los actores hacen un trabajo sorprendentemente sólido (destacando a una soberbia Shiri Appleby, el corazón -de manzana- de la serie). Lo peor de UnREAL es que su primera temporada tiene solo 10 episodios, y a ver cómo aguantamos la espera de un año para la segunda. Supongo que lo mejor que podemos hacer es volver a verla en agosto. Los que no la hayáis empezado aún, ya tenéis tarea para las vacaciones.

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Another Period

Tras el éxito de Broad City, el año pasado IFC probó suerte con su propia comedia “de mujeres”, creada por el dúo musical cómico Garfunkel and Oates. La serie pasó sin pena ni gloria (con razón) y fue cancelada tras una sola temporada. A continuación, una de las dos mitades del dúo, Riki Lindhome, se asoció con una de las secundarias de Garfunkel and Oates, Natasha Leggero, para crear una nueva sitcom para Comedy Central. El resultado de esta colaboración es Another Period, una parodia pasada de rosca que fusiona Downton Abbey con Keeping Up with the Kardashians y lleva el sello CC en cada uno de sus planos. El argumento gira en torno a dos hermanas de la alta sociedad de Newport, Rhode Island, a comienzos del siglo XX, y recoge las vidas y enredos amorosos/sexuales de la familia y los sirvientes en la mansión de las Bellacourt. Estrafalaria, desvergonzada y con tendencia a la sordidez, Another Period es una sátira de época a ritmo de hip hop en la que todo puede ocurrir (incesto, Mark Twain saliendo del armario, un concurso de belleza con repollos, bebés y por primera vez en la historia ¡mujeres!) y la corrección política es un término del futuro siglo XXI. Os gustará si disfrutáis con el humor absurdo pero incisivo de Childrens Hospital y el estilo mockumentary llevado al extremo. Como curiosidad, Another Period es actualmente la serie favorita de Joss Whedon, tanto que se empeñó en presentar su panel en la reciente Comic-Con de San Diego. Si eso no es suficiente reclamo, la serie cuenta con Christina Hendricks (Joan de Mad Men) en el papel de la criada Chair y un desfile de rostros cómicos del que destaca la genial Paget Brewster, lo mejor de la última temporada de Community.

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Humans

Co-producida por Channel 4 y AMC (dos cadenas que nos han dejado algunos de los mejores dramas de los últimos años), Humans es una serie de ciencia ficción sobre inteligencia artificial basada en el drama sueco Real Humans. Ambientada en un futuro próximo en la ciudad de Londres, Humans nos cuenta la historia de una familia de clase media que adquiere un robot de última generación para ayudar en casa. La androide, que recibe el nombre de Anita (Gemma Chan), es recibida de forma dispar por los habitantes de la casa, despertando compasión y (excesiva) curiosidad en el padre y el hijo, y desatando la inquietud y sospecha en las mujeres de la familia. La serie explora los lugares comunes habituales del género AI, la línea cada vez más difusa que separa al humano de la máquina, la mujer como objeto sexual de forma literal y la posibilidad de que algún día el hombre sea superado en inteligencia por su creación y los robots se salten las leyes de Asimov para conquistar el mundo. La primera temporada cuenta con 8 episodios, en los que se desenvuelve un misterio que involucra a un grupo de robots “tuneados” que han desarrollado inteligencia emocional, capacidad para soñar y voluntad propia, y emprenden una peligrosa búsqueda para dar con Anita. Humans es al cine de robots lo que In the Flesh fue al cine de zombies, una serie que se aproxima al género desde el drama humano y convierte a los robots en el ciudadano de segunda que lucha por sobrevivir en el mundo. Humans recuerda demasiado a A.I. Inteligencia Artificial (de hecho hay escenas calcadas de la película de Spielberg con todo el descaro), pero tiene alicientes de sobra para satisfacer a los fans del género.

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The Astronaut Wives Club

La huella que ha dejado Mad Men en televisión no solo se refleja en la pasión del espectador que la defiende a capa y espada, sino en el empeño incesante de las cadenas por emular la serie de Matthew Weiner. Ninguna otra ficción ha logrado acercarse a la calidad de Mad Men, pero todas siguen intentándolo año tras año (series como Pan Am o The Playboy Club vivieron poco para contarlo y Call the Midwife, Manhattan o la más moderna Halt and Catch Fire no consiguen repercutir en la audiencia). Sin embargo, eso no quiere decir necesariamente que todas estas series sean malas, sino que sufren por el agravio comparativo al que ellas mismas se han sometido. De hecho, yo vengo a reivindicar una serie que nadie está viendo: The Astronaut Wives Club, drama de ABC que fusiona Mad MenMujeres desesperadas para contarnos la vida de las siete grandes mujeres detrás de siete grandes hombres, los primeros astronautas estadounidenses en viajar al espacio. Astronaut Wives no es una serie de cable, y se nota, tanto en los pequeños detalles (las protagonistas sostienen cigarrillos en la mano pero no pueden llevárselos a la boca por normas de la cadena) como en la falta de sutilidad a la hora de hacer llegar su mensaje y caracterizar a sus personajes (en esta serie todo es muy obvio, muy diáfano, y las ideas sobre el sexismo o la injusticia social se presentan de forma alta y clara). Sin embargo, para ser una serie de ABC y haber sido relegada al verano, hay que reconocer que Astronaut Wives está por encima de la media, y no hace un mal trabajo teniendo en cuenta sus circunstancias y las condiciones de la cadena. Mi recomendación es darle dos o tres episodios para que la serie empiece a rascar de verdad en la superficie de su historia y nos muestre la cara oculta de estas siete mujeres, más interesantes y sorprendentes con cada capítulo que pasa.

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Scream

Dejémoslo claro desde el principio, Scream the Series es mala. Pero no camp de forma autoconsciente como lo era True Blood, mala de verdad. La serie basada en la película de Wes Craven toma todas las características que convirtieron a la película original en un clásico moderno a mediados de los 90, y las pasa por el filtro MTV. El resultado es otra Teen Wolf, un drama adolescente que se presenta como un producto desenfadado y autoparódico, pero que en el fondo se toma demasiado en serio. En Scream no faltan los adolescentes arquetipo carentes de profundidad psicológica, el melodrama facilón o la banda sonora compuesta de grupos clónicos que suena a todo volumen en los momentos menos adecuados, ahogando los diálogos (la música es molesta, pero quizá nos estén haciendo un favor). Pero si es tan mala, ¿qué hace en esta lista? Pues muy fácil: cumple las cotas de sangre que todo seriéfilo necesita durante la temporada estival. Scream sirve como pasatiempo tonto para ver mientras uno manda a sus neuronas de vacaciones, y aunque todavía no ha llegado a ese punto de “es tan mala que es buena”, podría convertirse en la serie ideal para hacer hate-watching en grupo (que es el hate-watching más recomendable si no queréis morir como viejos amargados o como el Comic Book Guy de Los Simpson). Por destacar algo verdaderamente positivo, Scream hace un buen trabajo llevando la autorreflexividad de la saga cinematográfica al entorno serial, convirtiendo las referencias al cine de la película en guiños a series, un ejercicio meta que agradará al espectador devorador de series.

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BoJack Horseman

Netflix también produce series de animación, aunque estas no gozan de la repercusión de sus ficciones de acción real. Sin embargo, uno de los mejores productos que ha lanzado la plataforma de cable en sus pocos años de aventura en la producción propia es precisamente una de dibujos, BoJack Horseman. A primera vista, BoJack Horseman podría parecer una serie en la línea de Padre de familiaKing of the Hill, pero en realidad es un tipo de animal completamente distinto. La serie nos habla de una ex-estrella de sitcom de los 90 que sufre depresión y lucha en el Hollywood actual por salir de la obsolescencia en la que lleva muchos años sumido, a la vez que trata de comprender el origen de su tristeza crónica. Y bueno, un pequeño detalle sin más, el protagonista es un caballo con cuerpo antropomórfico, y vive en un mundo en el que los animales y los humanos conviven en armonía (es un decir). BoJack Horseman no es una serie de animación común, es algo mucho más ambicioso desde el punto de vista narrativo, una verdadera dramedia introspectiva de acusada serialidad que lo mismo te deja caer un chiste absurdo (pero siempre inteligente) que te abre los ojos para que veas con claridad la naturaleza del comportamiento humano o hace que te replantees toda tu existencia con una frase de impactante carácter filosófico. Pero no penséis que BoJack Horseman es espesa o aburrida, todo lo contrario. Sus capítulos suelen ser muy divertidos, solo que debajo de su apariencia de “simple” comedia satírica reside una historia sorprendentemente triste y desarmante sobre la soledad y la búsqueda de la felicidad que la convierte en una de las mejores series del momento. Si queréis saber más sobre ella, leed este artículo.

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Inside Amy Schumer

Amy Schumer es la mujer del momento en Estados Unidos. Su primera película como protagonista y guionista, Trainwreck (dirigida por Judd Apatow), se acaba de estrenar con mucho éxito en Norteamérica, lo que confirma su enorme tirón. Al igual que Lena Dunham hace cuatro años, Schumer se ha ganado la popularidad gracias al humor autodestructivo y feminista del que hace gala en su serie, Inside Amy Schumer. Pero aunque tenga muchos detractores (que crecen a medida que gana fama y se expone al Tribunal de la Corrección Política en Internet), Schumer cae mejor que Dunham en general. Inside Amy Schumer no es exactamente una serie de ficción, sino un programa de variedades que incluye monólogos de comedia, skecthes, parodias y entrevistas a desconocidos en la calle o a personas peculiares en un bar. La calidad de los sketches oscila demasiado. Algunos son geniales pero otros resultan muy repetitivos o sin gracia, y llega un momento en el que los “punch lines” se ven venir a la legua (hay que decir que el nivel sube considerablemente durante la reciente tercera temporada), mientras que los momentos de “realidad” impredecible que tienen lugar en las calles de Nueva York suelen dejarnos a la mejor Amy Schumer, la más espontánea y ocurrente. Aunque no siempre acierte (ya ha tenido que disculparse por algún chiste sobre violación), Inside Amy Schumer nos deja un importante mensaje feminista, y además lo hace de forma rompedora, abrazando la vulgaridad sin complejos. Recomendada para los que quieran disfrutar de un humor burdo que no se esconde para dejar caer las verdades que otros dicen con la boca pequeña.

Otras series nuevas o recientes que recomiendo si aun no les habéis echado un vistazo: Halt and Catch Fire, The Strain, You’re the Worst, Outlander, Sense8, Penny Dreadful, Silicon Valley, Unbreakable Kimmy Schmidt, Aquarius, Grace and Frankie, Daredevil, Broad City, Empire