Divorce: La guerra de los DuFresne

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Divorce era una de las series más esperadas de este otoño, ya que suponía el regreso de Sarah Jessica Parker a la que fue su casa durante seis exitosos años, HBO. La que fuera (y siempre será) Carrie Bradshaw en Sexo en Nueva York protagoniza esta comedia dramática creada por Sharon Horgan, una de las dos mitades de la genialísima Catastrophe (serie que ya podéis estar bingeando si no lo habéis hecho). Divorce cuenta la historia de Frances (Parker), una mujer casada y con hijos que se plantea pedirle el divorcio a su marido (Thomas Haden Church), pero antes de hacerlo, este la pilla siéndole infiel con un profesor de universidad (Jemaine Clement en una sorprendente elección de casting) y le declara la guerra conyugal.

Lo que se adentren en Divorce esperando una nueva Sexo en Nueva York van muy desencaminados. Tanto la historia, como el tono y la protagonista no se parecen en nada a la comedia que convirtió a Parker en un icono. Pero es que los que esperen algo en la línea de Catastrophe tampoco encontrarán aquí lo que buscanDivorce es una tragicomedia moderna sobre las relaciones y la familia, o lo que yo llamo una “dramedia tranquila”; los momentos alocados y casi irreales que protagonizaban Carrie & co. se delimitan a un personaje (la casi siempre excesiva y aquí bastante desentonada Molly Shannon), la amistad entre los personajes femeninos es más cruda que la del cuarteto de Manhattan, el humor es más bien discreto, y los diálogos no tienen el ingenio o la verborrea de los de Sharon Morris y Rob Norris. Sin embargo, esto no tiene por qué ser necesariamente negativo.

Me alegra comprobar que Divorce no es una autocopia o un intento de reavivar algo que no tiene sentido remover, sino que tiene intención de adoptar su propia personalidad. El problema es que después de sus dos primeros episodios todavía no la ha encontrado. No es que haya empezado mal. Por ahora se le ha dado bien retratar los momentos reales e incómodos alrededor del derrumbe de una pareja que lleva 17 años juntos, y sin llegar a ser nunca muy divertida, tiene el alivio cómico justo para amortiguarlos. Pero también se mueve peligrosamente entre la línea que separa lo trascendental de lo anodino.

divorce-posterDe momento, la mayor baza de Divorce es la propia Parker, una actriz mucho más sólida de lo que muchos creen y con una capacidad emotiva enorme. Sin embargo, Haden Church parece no estar en la misma sintonía que ella, es como si estuvieran actuando para dos ficciones distintas (ella para una indie de Sundance, él para una comedia de Fox). Esto afecta indudablemente a la química de la pareja, que debería funcionar mejor, para hacernos creer tanto el amor que existió como el odio y el resentimiento que crece ante nuestros ojos. En consecuencia, puede que la vida y las escaramuzas de los DuFresne no nos interesen tanto como deberían (tampoco las de los secundarios a su alrededor, todavía muy desdibujados).

Claro que la serie no ha hecho más que empezar y todavía no conocemos de verdad a estos personajes. Quizá cuando la pareja se vea forzada a convivir durante la tormenta (el segundo episodio se dedica entera e innecesariamente a Frances intentando entrar a su propia casa) y Divorce explore las consecuencias de la separación en los niños sea capaz de encontrar el ingrediente que le falta para emocionar (las pinceladas sobre la relación de Frances con sus hijos marcan el camino a seguir). Si lo consigue, la serie podría dar mucho de sí (Horgan, confío en ti). Si no, dudo que separarnos de ella sea tan doloroso.

Por qué AnnaSophia Robb SÍ es Carrie Bradshaw

En una reciente entrevista para la revista online de moda Net-a-Porter, Sarah Jessica Parker se ha pronunciado sobre la precuela de Sexo en Nueva York que está llevando a cabo la cadena CW. Orientada al público adolescente -como casi toda la oferta de la cadena de Mark PedowitzThe Carrie Diaries se adentra en la vida de Carrie Bradshaw a los 16 años, edad en la que empieza definitivamente a formarse la persona y el personaje que acabará siendo años más tarde en la mítica comedia de HBO. Parker, a la que le preguntaron qué sentía al ver a otra actriz interpretando a “su personaje”, contestó “No estoy segura… Creo que es una de esas cosas que ponen a prueba tu generosidad. AnnaSophia Robb es una chica encantadora y quiero que esté cómoda haciéndolo, pero es… raro”.

Parece que a la protagonista de Novia por contrato y Tentación en Manhattan no le termina de convencer la idea de compartir algo tan suyo, tan personal. Y no es a la única. A muchos de los seguidores y seguidoras de Sexo en Nueva York que se han atrevido con su precuela, les resulta imposible reconocer a Carrie en AnnaSophia Robb. Claro que el argumento más esgrimido a favor de esta postura es que ni en un millón de años luz una chica tan mona (a pesar de las cejas) como Robb acabaría convirtiéndose en una mujer -casi universalmente- fea como Sarah Jessica Parker (y que me perdonen sus admiradores, que ya sabemos que la belleza es lo más subjetivo que existe, y todo eso, pero esto es un hecho). Lo cierto es que esta es una teoría muy sólida. De no ser por la voluminosa cabellera rubia y rizada que luce Robb en su serie, sería completamente imposible ver a Sarah Jessica Parker en ella a primera vista.

¿Se trata de envidia por parte de la protagonista de ¿Qué fue de los Morgan? y Salvando las apariencias? Más bien yo creo que es recelo, porque a su temprana edad, Robb ha demostrado con creces que sus aptitudes interpretativas están muy por encima que las de la actriz de 47 años. La tarea de dar vida a la versión adolescente de un icono no debe ser fácil. El personaje ha de ser reconocible, pero no puede ser una imitación, puesto que, por muy romántica que sea la idea de que nunca dejamos de ser adolescentes, nadie es igual a los 15 que a los 30. En este sentido, AnnaSophia ha conseguido hacer suyo el personaje sin sacrificar la esencia de la Carrie Bradshaw que todos conocíamos.

Dejando a un lado el evidente no-parecido físico entre ambas actrices (y en este caso no me vale lo de que en 15 años una persona puede cambiar mucho), yo SÍ veo a Carrie Bradshaw en la pequeña y adorable Anna Sophia Robb . Eso sí, a una versión mejorada y más soportable de ella -o quizás la de Sarah Jessica sea una versión echada a perder de esta, más bien. A continuación os enumero y explico las razones:

 

Su dicción

Si revisamos Sexo en Nueva York antes de ver The Carrie Diaries, nos daremos cuenta de que el trabajo de Robb es mucho más completo y complejo de lo que parece. La voz en off en es muy importante en esta saga, y Robb es una gran elección de casting en este sentido, puesto que su timbre es muy similar al de Sarah Jessica Parker. Además, la actriz se esfuerza en adoptar el mismo tono al narrar sus aventuras y las de sus amigos, poniendo siempre el énfasis en las palabras exactas. A veces, si cerramos los ojos podemos ver a Sarah Jessica Parker sentada frente a su Mac, en lugar de a AnnaSohpia acostada con las piernas en cruz escribiendo en su diario -bueno, que si no queréis que se os aparezca de repente SJP, no me hagáis caso, no cerréis los ojos y disfrutad de la 80s Carrie sin más.

Su inconfundible sentido de la moda

Está claro que desde un principio se nos está insistiendo en el peculiar gusto de Carrie a la hora de vestir y complementarse. De su famoso bolso protagonista de un reportaje en Interview a sus modelitos para apoyarse en las taquillas del instituto, la Carrie de TCD ya muestra el gusto por el riesgo y el atrevimiento de la Carrie noventera. Las faldas que son casi tutús, los tocados y broches, y sobre todo, los colores chillones hacen que esta Carrie sea el paso inmediatamente anterior a la mujer disfrazada de bailarina que vimos tantas veces en los inolvidables créditos de Sexo en Nueva York. De todos modos, no eran tan difícil conseguir esto: Sexo en Nueva York se estrenó en 1998, que visto desde 2013 no deja de ser una prolongación de los 80.

Su lealtad y sentido de la amistad

Había ocasiones en las que parecía que las cuatro protagonistas de Sexo en Nueva York no eran tan tan tan amigas. Pero cada cierto tiempo, la serie nos recordaba lo mucho que se querían, llegando siempre a la conclusión de que su amistad era la relación más inquebrantable en sus vidas. En The Carrie Diaries se nos insiste en casi todos los episodios en ese vínculo que Carrie establece con sus amigas (y su amigo), y que muestra al personaje como un nexo de unión, una especie de líder, la voz de su generación, o de su pandilla. Cuando vemos a Carrie, Mouse, Maggie y Walt en el diner sosteniendo conversaciones sobre chicos, sexo o sus familias -y a veces sobre películas, qué alegría-, no podemos evitar pensar en Carrie, Miranda, Charlotte y Samantha.

Su mariliendrismo latente

Además de a sus tres mejores amigas, Carrie tenía a Stanford Blatch, que era el amigo gay que toda mujer cosmopolita debía tener en los 90, un accesorio fabuloso imprescindible. En TCD, Carrie hace su primera toma de contacto con el “mundo gay” de Manhattan, gracias a uno de los empleados out and proud de Interview –ella es todo naturalidad al respecto, claro. Pero más importante que él, está Walt, novio de una de sus dos mejores amigas – la beard Maggie- un homosexual latente que aun no ha descubierto su verdadera identidad sexual. Su gran compatibilidad con Carrie (ambos mitómanos, adoran Interview, la moda) hace de esta la hag perfecta, como seguirá siendo el resto de su vida. Aunque de momento ninguno de los dos sea consciente de ello.

Su drama-queenismo

El momento en el que más claramente pude ver a la Carrie Bradshaw adulta en AnnaSophia Robb fue hacia el comienzo de la serie, en una escena en la que el padre de Carrie aparece sin avisar en el instituto y esta se desmaya al verlo. Todos recordamos las diatribas de Carrie en Sexo en Nueva York, los dilemas aparentemente sencillos que para ella eran el fin del mundo, los granitos de arena que se convertían en montañas. La Carrie de Robb ya presenta claros síntomas de drama queen en el instituto. En cada episodio debe tomar una decisión complicadísima, ir a la prom o a un club en Manhattan, el chico malo o el chico bueno, mentir y ser feliz o ser honesta y desdichada. ¡Qué dramas!

Sus fetiches 

En “Hush Hush” (1×08), Carrie era introducida en el apasionante mundo de la adicción a los zapatos. “Cuando una puerta se cierra, una caja de zapatos se abre”. ¡Esta es nuestra Carrie! Larissa le regala sus primeros Manolo Blahnik y le enseña a pronunciar el nombre. Es sin duda el inicio de una eterna historia de amor. Además, en ese mismo episodio Carrie se bebe su primer Cosmopolitan. “Creo que esta va a ser mi bebida”, dice.

Su romanticismo palpitante

La Carrie de Sarah Jessica Parker no era excesivamente promiscua, y no fueron tantos los galanes con los que se metió en la cama a lo largo de las seis temporadas de Sexo en Nueva York (sobre todo si los comparamos con Samantha). Carrie siempre fue una romántica empedernida, y como ahora hace Ted Mosby, se encontraba en una constante y ardua búsqueda de su media naranja. En The Carrie Diaries ya podemos ver los destellos de este idealismo amoroso de Carrie: sus suspiros de enamorada, sus planes de futuro (“a los 30 estaremos todas casadas”), y su fijación en un hombre: en este caso Sebastian Kidd, su Teen Mr. Big. Mientras sus amigas pierden la virginidad, ella prefiere tomarse las cosas con calma para conseguir que sus experiencias románticas sean de película.

Su amor por Manhattan

Está claro que la gran historia de amor de Sexo en Nueva York es la de Carrie Bradshaw con Manhattan, y esta es una de las ideas principales que sustentan The Carrie Diaries. En ella asistimos a las primeras citas entre Carrie y la Gran Manzana, a los primeros destellos en la mirada, al éxtasis de las primeras veces. Es amor a primera vista, y también es amor eterno. A través de los ojos de Robb mientras contempla fascinada las bulliciosas calles de la ciudad, sus modernos habitantes y sus rascacielos, podemos ver a la de Parker, y es entonces cuando queda más claro que nunca que son el mismo personaje.