Crítica: Animales fantásticos y cómo encontrarlos

FANTASTIC BEASTS AND WHERE TO FIND THEM

Ocho largometrajes, una secuela en forma de obra de teatro, parques temáticos, una web que mantiene al día sobre los asuntos de Hogwarts… El universo de Harry Potter más allá de los libros sigue tan vivo como nunca, incluso más. Sin embargo, desde el final en 2011 de la saga protagonizada por Daniel Radcliffe, nos ha faltado algo, concretamente esa emoción de esperar una nueva película perteneciente a este universo. J.K. Rowling ha decidido devolver la magia a los cines con Animales fantásticos y cómo encontrarlos (Fantastic Beasts and Where to Find Them), nueva saga nacida a partir del manual homónimo publicado en 2001, un breve libro no narrativo que cataloga las diferentes especies de criaturas del mundo mágico. Pero no temáis, esto no es El hobbitEsto es algo infinitamente mejor.

Con guion escrito por la propia Rowling en solitario, Animales fantásticos nos lleva de Inglaterra a Nueva York para expandir el Potterverso presentándonos los entresijos del mundo mágico en Estados Unidos durante los años 20 del siglo pasado. Allí conocemos a Newt Scamander (Eddie Redmayne), mago británico y empleado del Ministerio de Magia que viaja a la Gran Manzana por un motivo desconocido, junto a su “inseparable” maletín mágico, una suerte de bolso de Mary Poppins llevado hasta sus últimas consecuencias, donde oculta y protege a diferentes especies de “bestias” fantásticas. En Nueva York, Newt se topa con un muggle (allí conocidos como “nomaj“), Jacob (Dan Fogler), una trabajadora del MACUSA (Mágico Congreso de USA), Tina Goldstein (Katherine Waterson), y su seductora hermana, Queenie (Alison Sudol), que tiene el poder de leer la mente. Mientras Newt trata de recuperar con la ayuda de sus nuevos amigos a los animales que ha perdido en la ciudad, este se meterá en problemas con la ley, ya que las reglas de la comunidad mágica en Nueva York son distintas a las del Reino Unido. En última instancia, sus encontronazos con el MACUSA y uno de sus mandamases, Percival Graves (Colin Farrell), le llevarán a destapar un misterio mayor que pondrá en peligro a la ciudad y el secreto de la comunidad mágica.

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Con Animales fantásticos y cómo encontrarnos, Rowling da una lección sobre cómo hacer una precuela, una primera entrega de una saga (en este caso de cinco partes) y una buena película de aventuras. Poniendo los cimientos de una nueva parcela del Potterverso y estableciendo férreamente su mitología -relacionada directamente con Harry Potter, pero con sus propias reglas y fundamentos-, Animales fantásticos desvela una razón de ser más allá del interés lucrativo. Claramente, Rowling ama su creación y se ha encargado de hacerle justicia con una historia completamente nueva en la que evita moverse por inercia. La película está dirigida por David Yates, lo que aporta consistencia tonal y estética con respecto a la saga Harry Potter, cuyas cuatro últimas partes fueron realizadas por él. Y es que desde que aparece el logo de Warner Bros., con una sintonía muy conocida de fondo, nos sentimos de nuevo en casa. Pero como decía, Animales fantásticos no opta por repetir la jugada, sino que se preocupa por construir algo nuevo, algo distinto, algo verdaderamente emocionante.

Animales fantásticos continúa el espíritu de Harry Potter, pero a la vez halla el suyo propio. El pequeño detalle de las edades de los personajes es en realidad enorme. Newt, Tina, Queenie y Jacob son adultos, lo que en esencia presenta una perspectiva completamente nueva en oposición al entorno infantil y posteriormente adolescente de Harry Potter. Pero no solo eso, el nuevo emplazamiento (una Nueva York de los años 20 recreada con suma belleza y elegancia) proporciona un escenario lleno de posibilidades que Rowling aprovecha para empezar a contar una historia diferente. Animales fantásticos tiene su corazón propio, lo que hace que pueda ser disfrutada por cualquiera, sea Potterhead o no, pero los fans de Harry Potter se sentirán especialmente arropados gracias a sus conexiones con el mundo mágico de Hogwarts (hechizos conocidos, referencias), detalles bien dosificados y guiños que emocionan sin distraer del propósito actual, y que apuntan a una mayor conexión en el futuro con la saga anterior.

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Como decía al principio, Animales fantásticos no es El hobbit. Estamos ante una película que funciona perfectamente como pieza individual y a la vez como primer capítulo de una historia mayor. Rowling se estrena como guionista cinematográfica con un libreto consistente y equilibrado, lo que da como resultado una película de aventuras ejemplar, un blockbuster eficaz y con almaAnimales fantásticos conserva todas las características de la escritura de Rowling, su ingenio y sentido del humor, el cariño en el tratamiento de los personajes, la creatividad e imaginación desbordante a la hora de inventar criaturas y diseñar una mitología extensísima, ese gusto por el misterio, los secretos que impulsan la historia y los giros sorpresa y revelaciones que la ponen patas arriba. Después de Animales fantásticos nos quedamos con ganas de más, pero no porque sintamos que la película se haya quedado incompleta o la percibamos negativamente como el fragmento de un todo (hay final, y además es precioso), sino porque nos ha dado suficientes alicientes para que queramos seguir explorando su universo más allá de este primer episodio. Asuntos pendientes que en ningún momento lastran la historia, sino que la enriquecen y nos dejan ver el enorme potencial de esta nueva franquicia.

Pero no todo va a ser positivo. El eslabón más débil de Animales fantásticos, y no es uno pequeño, es su protagonista, Eddie Redmayne. El oscarizado actor británico ha demostrado con creces su talento, pero también que es propenso a que sus personajes se le vayan de las manos. En este caso, su Newt Scamander puede llegar a resultar bastante irritante por culpa de los mohínes de Redmayne, su pose constantemente encorvada, su voz exageradamente temblorosa… Su interpretación se corresponde con el carácter del personaje, dañado, frágil y retraído, pero Redmayne sobreactúa esa timidez e introspección hasta el punto de distraer demasiado. Con suerte, el actor se hará con el personaje a medida que este evolucione y salga de su cascarón en las siguientes cuatro películas. Le daremos por tanto el beneficio de la duda.

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Por lo demás, Animales fantásticos es un espectáculo cinematográfico de primera, una película que, lejos de seguir el camino de la sobre-explotación fácil de algo que se vende solo, se esfuerza por crear algo con sustancia y estilo propio. Los nuevos personajes son una delicia (qué detalle que el muggle más destacado del film y claro representante del fandom de Harry Potter, el entrañable Jacob, tenga tanto protagonismo y cumpla nuestro sueño de vivir una aventura en el mundo mágico), las criaturas son muy ocurrentes y adorables, los efectos digitales hacen que las imágenes salten de la pantalla aunque no estemos viendo la película en 3D, el ritmo no decae y hay un equilibrio perfecto entre acción y desarrollo narrativo, la música de James Newton Howard es simplemente grandiosa… En definitiva, Animales fantásticos es una auténtica gozada, divertida, ingeniosa, con encanto a raudales y el asombro propio del mejor cine de fantasía. Gracias, J.K., por renovar nuestro sueño de ser magos en este mundo gris.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: La señorita Julia

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Catorce años han pasado desde la última vez que la musa de Ingmar Bergman, Liv Ullmann, se puso tras las cámaras para dirigir una película. Para Infiel (2000) escogió un texto escrito por su maestro y ex marido, y en su nueva película, La señorita Julia (Miss Julie), Ullmann adapta la célebre obra de teatro del dramaturgo sueco August Strindberg titulada originalmente Fröken Julie. Escrita en 1888, La señorita Julia se consideró una obra demasiado osada para la Suecia de finales de siglo, y no fue hasta una década después cuando se estrenó por fin ese país. Los temas en los que ahonda Strindberg resuenan con fuerza en la filmografía de Bergman, y no es de extrañar por esta razón que Ullmann la haya considerado afín a sus sensibilidades como cineasta.

La señorita Julia transcurre durante el solsticio de verano en una mansión del campo irlandés en 1880 y se extiende hasta el amanecer del día después, tras el cual el mundo ha cambiado por completo. En lo que acaba siendo el febril sueño de una noche de verano, la señorita Julia (Jessica Chastain), una joven aristócrata que vive confinada en su mansión, y el criado de su padre, John MISSJULIE_HELENSLOAN_DSC8050.nef(Colin Farrell), mantienen una violenta y retorcida dialéctica basada en la diferencia de clases y sexos, avivada por el irrefrenable y contradictorio deseo erótico que sienten el uno por el otro. Julia es quien da comienzo a los juegos, irrumpiendo en escena como una dominatriz altiva dispuesta a humillar a John, quien se somete diligente a sus afanes fetichistas y manipuladores a pesar de estar prometido con la cocinera de la mansión, Kathleen (Samantha Morton). Pero pronto ella se rebajará, él se erguirá y ambos se situarán a la misma altura, envueltos en un falso ambiente de celebración que les conduce a beber, festejar, devorarse, desangrarse, y en última instancia hacer planes de futuro sin tener en cuenta que ambos pertenecerán siempre a mundos distintos.

Ullmann opta por mantenerse fiel al texto de Strindberg y lo lleva al cine de la única manera posible: como si fuera una obra de teatro filmada. Con tan solo tres actores en escena, la directora utiliza el fuera de campo (el sonido de la muchedumbre en off, el omnipresente padre de ella, al que sin embargo nunca llegamos a ver) y otros recursos tradicionalmente teatrales para construir el mundo victoriano que enmarca a Julia y John, y mostrarnos a estos dos personajes como el único hombre y la única mujer (Kathleen cesa de existir durante la mitad del film). El núcleo de la película es pues la lucha en la que los dos se enzarzan, un angustioso duelo en el que ambos fluctúan constantemente entre la repulsión y el amor enfermo, la esperanza y el autoengaño, cambiando de parecer a cada vuelta de página, dejando el escenario de una manera y regresando a él de otra. Se trata de un caprichoso enfrentamiento que resulta agotador tanto para los personajes como para el espectador, al que Ullman no es capaz de involucrar en la historia a pesar de la excelente puesta en escena y los increíbles actores dramáticos que maneja.

La señorita Julia es un film denso, frío y hermoso, un sofisticado e intelectual ejercicio de estilo que nos regala escenas de auténtica belleza pictórica, pero en el que no obstante falla algo muy importante, la dirección de actores. Tanto la imparable Chastain, todo desmesura y desgarro, como Farrell, un gran actor cuando se lo propone, se consagran como thespians dejándonos escenas de una fuerza trágica arrebatadora. Pero da la sensación de que el sufrimiento y la desesperación no provienen de los personajes, sino de la implacable insistencia de una directora un tanto despiadada que quizás esté demasiado familiarizada con el lado más cruel del ser humano.

Valoración: ★★★