Mi verano de serie (Segunda parte)

taboo

Aquí estoy de nuevo, listo para seguir hablando de mi verano seriéfilo, que ha dado tanto de sí que tuve que dividir este artículo en dos partes para que no se me fuera de las manos. La primera mitad de mis aventuras estivales tumbado en el sofá la podéis leer aquí. ¿La habéis leído ya? Bien, a continuación tenéis la esperada secuela.

Empiezo con una historia de la que ya he hablado en profundidad en el blog, y que he recomendado por activa y por pasiva en mis redes sociales, Man in an Orange Shirt. Se trata de una miniserie de BBC escrita por Patrick Gale, sobre el apasionado romance furtivo entre dos soldados británicos de la Segunda Guerra Mundial (Oliver Jackson-Cohen y James McArdle), y el efecto que causa su relación en la mujer del primero (Vanessa Redgrave). Man in an Orange Shirt está dividida en dos partes, la primera ambientada en el pasado, y la segunda en el Londres actual, donde conocemos al nieto de uno de los soldados (Julian Morris), un joven gay incapaz de abrir su corazón a los demás, que se refugia en el sexo con desconocidos. Como ya me he deshecho en elogios hacia la miniserie, no me quiero repetir, así que os remito a la crítica que escribí recientemente. Solo una cosa: si tenéis la oportunidad de verla, aprovechadla. Tengo la teoría de que cuanta más gente la vea, mejor será el mundo.

Hablando de miniseries de temática LGBTQ que son de interés universal (como debería ser siempre), también he visto When We Rise, ambiciosa ficción de ABC en ocho partes que sigue la estela de American Crime llevando a la cadena del alfabeto por el camino del drama de prestigioWhen We Rise tiene detrás un par de nombres de pedigrí. La serie está producida por los responsables de Mi nombre es Harvey MilkDustin Lance Black y Gus Van Sant (El indomable Will Hunting, Elephant), que además también dirige el primer episodio. When We Rise es una apasionada crónica sobre la lucha por los derechos de la comunidad LGBTQ que abarca más de cuatro décadas. Ahora bien, aunque su temática sea importante y su valor indudable, la serie peca de fría, reconstruyendo notablemente los acontecimientos pero fallando a la hora de conectar emocionalmente, quizá por culpa de un reparto que no parece del todo ubicado (sobre todo Guy Pearce, pero en general todos los actores más conocidos, poco creíbles como las versiones adultas del mucho más eficaz reparto joven). Recomendable para informarse sobre las injusticias vividas y los logros conseguidos por la comunidad, pero poco destacable como pieza dramática.

rectify

La que sí he vivido a todos los niveles es Rectify, una de las mejores series de los últimos años que casi nadie ha visto, y que apenas ha formado parte de la conversación seriéfila, muy injustamente. Este drama de la cadena Sundance nos cuenta la historia de un hombre erróneamente acusado de violar y asesinar a una joven, que tras 17 años encarcelado, regresa a su pueblo, donde ya no se le mira con los mismos ojos. La serie es un soberbio estudio sobre el espíritu humano y la vida en una pequeña comunidad que nos habla de la culpa, el perdón y la búsqueda de la felicidad, y que está a la altura de los mejores dramas televisivos de la historia. Una serie que me arrebató por completo, tanto por sus portentosas interpretaciones (iba a empezar a nombrar a los actores, pero es que todos están increíbles) como por la delicadeza con la que cuenta la historia. Conmovedora, demoledora, tan triste como luminosa, y sobre todo, altamente recomendable.

También he aprovechado este verano para continuar series que empecé no hace mucho, pero dejé aparcadas por falta de tiempo, o porque otros estrenos acapararon mi atención y acabaron desplazándolas. Estoy hablando por ejemplo de American Gods, la adaptación de la novela de Neil Gaiman por parte de Bryan Fuller (Pushing DaisiesHannibal) que emite Starz (en España la tiene Amazon Prime). Terminé hace poco la primera temporada, y aunque cuando la empecé me temí lo peor (Fuller es un gran esteta, pero a veces me parece excesivamente pedante y superficial), me acabó conquistando por completo. Sobre todo a raíz del episodio 4, “Git Gone” (el que cuenta la historia de Laura –Emily Browning), una de las horas más preciosas que he visto este año en televisión. Ese capítulo en concreto es una maravilla, pero el resto de la serie no desmerece. Ambiciosa, provocadora, sensual, loquísima, de imaginación desbordante, de factura impresionante, con Gillian Anderson haciendo de Marilyn, Bowie o Lucille Ball, y sin olvidar a Ian McShane, que está enorme. No se puede pedir más. Ardo en deseos de ver la segunda temporada.

american-gods

Otras dos series que empecé cuando se estrenaron, pero dejé en la recámara hasta no hace mucho son The Exorcist TabooSobre la primera ya hablé en su día, después de ver su piloto. No esperaba que un reboot televisivo de una película tan irrepetible (y que tanta huella dejó en mi vida) como El exorcista fuera a satisfacerme tanto. Elegante, bien contada, bien interpretada (Alfonso Herrera es mejor actor de lo que se lo reconocemos, y esta serie es la prueba), y más terrorífica que la mayoría de series (supuestamente) de miedo (la soporífera Outcast, de temática similar, palidece en comparación). Y lo mejor, hacia la mitad de la temporada hay un brillante giro sorpresa en la historia que le da la vuelta a la serie y la convierte en algo distinto a lo que creíamos.

Sobre Taboo, el carísimo drama místico de Tom Hardy, que supuso pérdidas económicas para el actor, solo puedo decir que entra muy bien por los ojos, que está muy bien hecha, pero que, habiendo terminado la primera temporada, no sabría muy bien decir de qué va. Y apuesto lo que sea a que los responsables de la serie tampoco lo tenían muy claro. Confusa, embarullada, poco accesible, pero lo suficientemente hipnótica y atractiva como para haberme quedado hasta el final. Ya veremos si me apunto también a la segunda temporada. Aunque claro, Hardy es mucho Hardy, y va a ser difícil resistirse a sus estúpidamente sensuales gruñidos primitivos.

love

Cambiamos de tercio para hablar de tres comedias. Las tres de Netflix. Imagino que os pasará lo mismo, la plataforma ha cogido tal ritmo con los estrenos de sus series originales que es imposible estar al día. “Pero no hay por qué verlas todas”, me diréis algunos. Ya lo sé, creedme que lo sé. Pero eso decídselo a mi yo completista, o a mi yo sin filtro, que por una cosa u otra, casi todas las series de Netflix me atraen (menos Narcos, hasta ahí no llego). A lo que iba. Este verano he seguido con una de mis comedias recientes favoritas, Love, y la segunda temporada me ha parecido incluso mejor que la primera, tan agridulce como la anterior, pero más centrada, más inspirada. He vivido la relación de Gus y Mickey al máximo, casi en primera persona, los buenos momentos (y hay muchos, porque cuando Judd Apatow se pone tierno, optimista y romántico, no hay quien le gane), los malos (Apatow tampoco tiene rival boicoteando la felicidad de sus personajes) y los insoportablemente frustrantes (para los que echamos de menos Girls, esto es droga de la buena). Love merece más reconocimiento del que tiene, y Gillian Jacobs y Paul Rust deberían estar entre los nominados al Emmy este año. Ah, y Bertie es un tesoro, quiero demasiado a Bertie.

Para que no me pase como con Love (y Master of None, cuya segunda temporada aun tengo en la recámara), decidí ver Descolocados (Disjointed) y Atípico (Atypical) nada más estrenarse. La primera tenía un claro (y único) reclamo para mí: Kathy Bates. Pero ni siquiera ella es capaz de hacer que merezca la pena invertir mi (no tan preciado) tiempo en la serie. Descolocados no es más que otra sitcom de la factoría Chuck Lorre, una comedia de risas enlatadas propia de CBS, casposa y sin gracia, que, al estar en Netflix, puede desmarcarse diciendo tacos y salirse con la suya haciendo que toda su historia gire alrededor de la marihuana. Además, tiene la particularidad de que incluye secuencias animadas e interludios en forma de vídeos de YouTube o anuncios televisivos (el product placement es nivel desayunos de Médico de familia) para rellenar su increíble vacío de ideas. Por su (ínfima) calidad, Descolocados es comparable a la lamentable The Ranch, con la diferencia de que en esta se está malgastando trágicamente el talento de Bates. Cada vez tengo más claro que lo de Mom es la excepción que confirma la regla.

atipico

En cuanto a Atípico, voy a pecar de poco original y decir que es bastante… típica. Esta dramedia familiar que bien podría haberse emitido hace 8 años en Showtime o actualmente en ABC (con censura) es la película indie de Sundance que hemos visto en incontables ocasiones. Pero aun así, es difícil no sucumbir a sus muchos encantos. Empezando por su protagonista, Sam (magnífico Keir Gilchrist), un adolescente autista en busca del amor con el que se visibiliza este colectivo de personas poco representadas en televisión, siguiendo por su sentido del humor, entrañable pero nunca demasiado ñoño, y terminando por Jennifer Jason Leigh, que como productora de la serie, se reserva bastante protagonismo, y brilla con otro de sus papelones, una madre sobreprotectora en plena crisis de mediana edad (estará entre las nominadas al Emmy el año que viene con toda seguridad, y será bien merecido). Sin olvidar a los secundarios, un simpático plantel de personajes que complementan perfectamente al protagonista (Brigette Lundy-Paine, la hermana de Sam, es toda una revelación, y el personaje más interesante de la serie). Atípico no inventa nada, es la clásica historia coming-of-age que tanto le gusta contar a los norteamericanos, pero es tan cálida, tan bonita, tan divertida, que le perdono sus defectos (y tiene unos cuantos). Recomendable para los fans de aquella joya injustamente ignorada que fue United States of Tara o películas teen como Las ventajas de ser un marginado.

Sigo en Netflix, pero cambio de tercio para hablaros de una de mis mayores sorpresas del veranoAnne with an E (o simplemente Ana), la nueva adaptación de Ana de las Tejas Verdes, el clásico de Lucy Maud Montgomery. Os cuento, tenía curiosidad, pero tampoco me moría por verla. En mi semana de vacaciones a finales de julio me la puse para desayunar. Y pasó lo que tenía que pasar. De esto que te pones algo pensando que va a ser una serie de planchar (o de tener al fondo mientras comes), y acabas completamente metido, deseando que llegue el desayuno del día siguiente para ver el siguiente capítulo. Me zampé Anne with an E con café, zumo y galletas, y ya la asociaré para siempre a mis desayunos vacacionales. Qué serie más bonita, qué maravilla de casting, qué protagonista más perfecta (Amybeth McNulty es un portento, personifica a la perfección el melodramatismo exagerado, la energía y la ilusión del personaje), qué fresca, qué divertida, qué emotiva, qué bien retrata el paso de la infancia a la adultez… He leído muchas quejas sobre las licencias que se ha tomado con respecto a los libros, pero esto a mí me importa más bien poco. Sin compararla con el original o las versiones anteriores, Anne with an E aguanta muy bien el tipo como serie, y quiero más.

anne

Más cosas. Ha vuelto Halt and Catch Fire, y al igual que Rectify, se trata de una de las mejores series que no estás viendo. Claro que nunca es tarde si la serie es buena. Si no la veis, dadle una oportunidad. Al principio puede parecer otra copia de Mad Men, pero con el tiempo va afianzándose en su propia identidad para convertirse en uno de los dramas televisivos más satisfactorios del momento. Su cuarta temporada ha empezado subiendo mucho el listón, con los personajes más asentados que nunca, los actores más cómodos y la historia cogiendo un rumbo muy interesante. Otra nueva serie de época que acabo de empezar, esta de estreno más reciente, es The Last Tycoon, drama de Amazon protagonizado por Matt Bomer, Kelsey Grammer, Lily Collins y Rosemarie DeWitt que también se puede describir como otra Mad Men wannabe. Ambientada en el Hollywood de los años 30, The Last Tycoon nos muestra los entresijos de las majors de cine a través de la figura de un productor atribulado, que se queda a años luz de Don Draper, aunque Bomer lo haga realmente bien. Es una serie correcta, con estupendo diseño de producción y vestuario y buenas interpretaciones, pero no destaca especialmente entre tanta oferta de calidad.

Aguantad, que ya queda poco. No hace mucho retomé otra serie que empecé hace eones y dejé parada, pendiente de seguir cuando llegase el momento adecuado. Y ese momento llegó en una noche tonta y sofocante de agosto, cuando decidí que lo que pegaba era ver Spartacus. Concretamente Gods of the Arena, la miniserie precuela que sucedió a la primera temporada. Hacía mucho tiempo que no veía la serie, por eso me sorprendió darme cuenta de lo terrible que es. Un péplum que es pura pornografía, burda, gratuita, casposa, y lo peor, con ínfulas de drama de calidad. ¿La voy a seguir viendo? Claro, a todos nos gusta un poco de porno de vez en cuando.

rupauls-drag-race

Termino con dos asuntos pendientes a los que por fin he hecho frente. A principios de verano empecé a ver RuPaul’s Drag Race, el popular talent show de drag queens que ocupa el 80% de mi timeline de Twitter y Tumblr. Me sentía completamente desplazado sin ver este programa, así que ya era hora de hacer algo al respecto. He visto las dos primeras temporadas, y aunque me queda mucho para estar al nivel de fanatismo de mis contactos (observé desde fuera la locura del Werq the World el otro día), ya siento que pertenezco un poquito más a mi comunidad (la de seriéfilos, la LGBTQ y la del Twitterverse). Y por si os interesa mi opinión: Bebe Sahara Benet me pareció una justa ganadora (aunque también me habría quedado satisfecho si hubiera ganado Nina Flowers) y no tengo favoritas de la segunda edición (no, no soy fan de Raven, lo siento, y Jujubee era la que mejor me caía, pero como drag no me decía nada). Todas unas bichas, como Taylor Swift.

Y me he dejado para el final el mayor asunto pendiente seriéfilo de mi vida: Dawson crece. La serie de Kevin Williamson marcó mi adolescencia, como la de tantos otros, pero dejé de verla en la quinta temporada, y desde entonces (hace 15 años, que se dice pronto) no me había atrevido a ver el final y cerrar ese ciclo de mi vida. Pues bien, la pasada primavera llegó el momento de encararme al pasado para mirar definitivamente al futuro. En lugar de ponerme directamente la sexta, decidí ver la serie entera desde el principio. Qué nostalgia más grande con las dos primeras temporadas (la primera sigue siendo un clásico adolescente con todas las de la ley), cuantísimo me influyó (yo era Dawson, y durante el revisionado me di cuenta de que también era insoportable, como Dawson). La tercera me pareció mucho mejor de lo que recordaba (Dawson descolgando sus pósters de Spielberg me parece uno de los momentos más dramáticos y uno de los puntos de inflexión en un personaje mejor escritos de la historia de la tele). En la cuarta, la serie empezó a decaer si remedio, y las dos últimas temporadas están universalmente consideradas como las peores de la serie.

dawson-crece

Dawson crece es el ejemplo paradigmático de por qué una serie de adolescentes no debería continuar en la universidad. Las temporadas 5 y 6 (en las que la serie debería haberse rebautizado Joey’s Creek) son desesperantes, aburridas, absurdas hasta el paroxismo (Pacey broker de bolsa, con eso lo digo todo), con tramas sin sentido, relaciones insípidas y nuevos personajes que no aportan absolutamente nada. La ausencia de Williamson se nota trágicamente, y por eso se agradece que se ocupe del final, dos capítulos que arreglan en la medida de lo posible el estropicio previo y despiden la serie con una nota muy emotiva, dando más protagonismo al mejor (y más maltratado) personaje de la serie, Jen. He de confesar que no lloré viendo el final (supongo que tragarme la serie en maratón me dejó insensibilizado), pero aun así me pareció un buen desenlace, coherente, lleno de amor hacia sus personajes, y deferencia a la audiencia que tanto tuvo que aguantar. Dawson crece termina como tenía que terminar (y Joey termina con quien tenía que terminar), así que al menos, aunque fuera durante 80 minutos, sentí que no había perdido del todo el tiempo. Lo dicho, ya no tengo asuntos pendientes, ya puedo morir tranquilo.

Y ya puedo dar la bienvenida oficial al otoño. Hasta aquí el repaso a mi verano de series. Como en la primera parte, os animo a que me contéis qué habéis visto vosotros estos últimos meses. Espero que esta vez me hagáis más caso.

RuPaul’s Drag Race: La realeza de los realities

Hoy fuertecito no ve la tele os trae un artículo realizado por una firma invitada, Zeus Laand. Con él podréis haceros una idea de lo que Zeus tiene planeado para su nuevo proyecto Sassy TV, “Media y Entretenimiento sin tapujos, sin pretensiones”. Podéis seguir Sassy TV en TumblrFacebook y Twitter. ¡Muchas gracias por tu colaboración, Zeus!

Sin más os dejo con su artículo:

RuPaul’s Drag Race es un programa de televisión del infame género de realities, que despierta admiradores y seguidores así como detractores allá por donde se emiten.

¿Qué es lo que hace especial a éste?

No hablamos de una innovación en la fórmula que se puede observar en Survivor, Gran Hermano, American Idol o Project Runway, si no que consigue aunar lo mejor de cada uno de los diferentes géneros en realities y crea una identidad y seña propia, especialmente con tres conceptos que consiguen una sinergía inigualable: El casting, el editing y RuPaul, la estrella del programa.

La mayoría de los realities suponen una fórmula que la audiencia ya conoce: introducción de una serie de concursantes que se entrentan a un reto que deben superar con distintas pruebas cada episodio para finalmente conseguir el premio. Esta ecuación se sigue manteniendo en RuPaul’s Drag Race, pero con el gran gancho de la edición y montaje que posee: no es un programa de emisión en directo semanalmente, si no que es rodado durante tres meses. Los productores transforman todo el material y crean una historia, con sus arquetipos de personajes, villanos, comedy kicks y demás, que convierte al show en algo más parecido a una serie de drama que a un reality, y eso es lo que consigue que durante cada una de las 5 temporadas y dos spin offs que tiene actualmente, cada una nos ha ofrecido una experiencia completamente diferente, y mantiene atento al espectador ofreciéndole un entretenimiento diferente cada vez.

¿Pero en qué consiste Drag Race? Lo primero que se debe explicar es de dónde viene este concepto y quién es la mente creadora detrás: RuPaul.

RuPaul Charles es, probablemente, la Drag Queen más exitosa de los últimos 20 años. Desde desfilar como super modelo, sacar varios discos de pop número uno, comediante, hasta presentadora de su propio daily show. RuPaul es querida y conocida por todo el mundo y es considerada la Queen de Queens.

Tras alcanzar la cima decidió pasar el testigo a nuevas generaciones, generando así el objetivo detrás del programa: encontrar a la nueva Drag Superstar, esta nueva drag queen debe de tener los cuatro requisitos que ella considera indispensables: Carisma, Originalidad, Coraje y Talento. Eso es algo que se mantiene como línea de meta durante cada edición.

El concurso consiste en 9-14 drag queens que se enfrentarán por la corona episodio tras episodio. El esqueleto de un capítulo, en general, consiste en los concursantes entrando en un centro de trabajo donde son recibidos en pantalla por la presentadora, RuPaul, que, mediante un mensaje bastante abstracto y atípico les dará una pista sobre el desafío de esa semana. Una vez terminado, entra en escena de nuevo RuPaul, esta vez en persona y fuera de drag, explicando a los concursantes en qué consiste un apartado importante dentro del programa: el mini-desafío.

Esta pequeña prueba dotará a uno (o varios dependiendo de la naturaleza de este) de los concursantes una ventaja hacia el desafío principal. Aunque pueda parecer una sección menor del programa, hay tal variedad y disparidad de situaciones en el mini-desafío, así como la reacción y actuación de los concursantes, que dejan momentos divertidos, inolvidables y hasta emotivos.

Desde photo shoots, pasando por maquillaje a contrarreloj, imitar mediante marionetas al resto de concursante o el desafío de “La biblioteca está abierta”. Un clásico en el programa, que consiste en los concursantes “leyéndose” (Que en el lenguaje Drag viene a ser sacar todos los defectos del resto de queens como deporte oficial) unos a otros.

Una vez terminado el mini desafío, se formarán equipos y RuPaul presenta el desafío principal que se producirá en el escenario principal o  “Runway” (pasarela).

Cada desafío tiene su propio género e identidad dentro del programa y, normalmente, se dividen en actuación y en diseño. Los desafíos de actuación consisten en una prueba en la que tendrán que demostrar sus aptitudes en comedia, drama, imitación, baile o canto.

Un ballet narrando la carrera profesional de RuPaul, un sketch de telenovela sudamericana, la presentación y promoción de un libro ficticio, la actuación en directo con público de uno de los singles de RuPaul, o uno de los que se repiten cada temporada, el “Snatch Game”; que es un arquetipo de show de preguntas americano donde los concursantes deben imitar tanto en aspecto como en personalidad a actrices, cantantes o celebrities.

En cuanto a los desafíos de diseño, las concursantes deben crear uno o varios looks desde cero según los requisitos, normalmente correspondientes a la temática que presentan. Esta es la parte más visual y en la que más interés recae durante el episodio, ya que cada semana los concursantes ponen todo su esfuerzo y empeño en impresionar y quitarle el aliento al jurado. que puede suponer la victoria o caer en la zona de peligro.

Estos looks se presentan en el runway del escenario principal hacia la mitad final del episodio, donde podremos ver desde looks apocalípticos, de novia, de alfombra roja, de estrella de rock o incluso transformando a otros hombres en drag queens.

En realidad, los desafíos principales no tienen por qué ser únicamente de diseños o de actuación. Sea el desafío que sea, los concursantes deben acudir con un look específico al escenario principal igualmente cada episodio.

En este escenario, encontramos a RuPaul, y su jurado habitual compuesto por Michelle Visage (estrella pop de los 80s, sidekick de RuPaul) y Santino Rice (finalista de Project Runway y diseñador) junto a otros dos jueces rotatorios invitados (actrices, modelos y celebrities de todo tipo) al final de una pasarela por la que desfilarán los concursantes y presentarán su trabajo en cada episodio.

Este es el momento definitivo de cada episodio, donde cada una de las queens serán criticadas o alabadas por su performance en cada episodio. De todas las presentes, una será coronada como ganadora del desafío principal y recibirá inmunidad en la próxima eliminación, y dos participantes caerán en el llamado “Bottom Two” y deberán enfrentarse en un duelo sine missione de una actuación en playback de la canción que asigna RuPaul cada episodio (clásicos del pop desde los 70s hasta la actualidad).

Este es el momento álgido del programa, en el que cada concursante entrega todo lo que tiene para poder tener una segunda oportunidad y continuar en el programa. Es entonces cuando el show experimentará momentos emotivos, momentos que harán cantar al espectador al ritmo de la canción e incluso con actuaciones dignas de Broadway.

Al finalizar este enfrentamiento a muerte, RuPaul decide quién es la eliminada y, con una emotiva despedida, se acaba el episodio. Sin embargo, esta es solo una parte del programa.

Justo después de que los concursantes se presentan en el runway, proceden a un backstage de doble sala mientras los jueces y RuPaul deliberan sobre las puntuaciones. Este backstage es el escenario protagonista de un programa adicional emitido justo después de la gala principal llamado RuPaul’s Drag Race: Untucked.

Aquí no hay reglas, y todo está sin censura. Las discusiones, las traiciones, las diferentes alianzas que no se ven en el programa cobran vida en este especial de 20 minutos. Desde insultos a besos, junto a visitas de los jueces o mensajes en video de los familiares, Untucked es para mucho de los seguidores, el corazón de Drag Race, y un elemento esencial para disfrutar la experiencia completa que ofrece el show.

Dos episodios en cada temporada son diferentes a la fórmula común en el programa. Uno es el antepenúltimo episodio, titulado RuPaul’s Drag Race: Rewind, donde RuPaul hace un repaso a los mejores momentos y en especial a los tres finalistas antes de la gran final.

Y el otro programa diferente es el último, RuPaul’s Drag Race: Reunited, donde todas las queens de la temporada se reunen de nuevo después de haber finalizado el programa para resolver diferencias pendientes, comentar cómo han vivido el show y coronar a Miss Congenialidad, la queen más querida por el público votada en las redes sociales por la audiencia.

Gracias al éxito de la serie, la cadena productora del programa, Logo TV, decidieron crear dos spin offs de nuevo junto a RuPaul:

RuPaul’s Drag U: Un show de make overs donde las drag queens más carismáticas de Drag Race acuden como profesores para ayudar a mujeres con falta de autoestima a recuperar su “diva interior”. La mecánica es muy similar a la vista al programa original, eliminando el mini desafío pero con una estructura idéntica en el resto.

RuPaul’s Drag Race: All Stars: Al finalizar la cuarta temporada y ser el programa con mayor audiencia, se produjo un programa con la fórmula original de drag race pero con 3 aspectos diferentes.

Los participantes no eran nuevos, si no que volvían 12 queens que no consiguieron la corona en anteriores temporadas para una nueva oportunidad. Esta vez no pueden concursar por su propia cuenta, si no que debían realizarlo en parejas y la temporada tenía una duración de 6 episodios en vez de los 10-14 habituales. El esquema era idéntico a Drag Race incluyendo Untucked justo después de cada episodio.

RuPaul’s Drag Race acaba de finalizar recientemente su quinta temporada, y se encuentra en la actualidad realizando el rodaje de la sexta temporada, que verá la luz en enero de 2014.

Como se ha comentado a lo largo de este artículo, puede parecer en un principio que Drag Race tenga la apariencia de un reality de temática LGBT o gay, pero gracias a un gran set de personajes (que se ha evitado comentar para evitar estropear sorpresas) un montaje y una edición soberbia, que entrega una historia que fluye de forma natural más propia de un serial de drama o comedia mockumentary y consigue que el espectador quede completamente enganchado y posee la calidad suficiente para no caer en la denominación de guilty pleasure.

¿Por qué deberías ver RuPaul’s Drag Race?

Artículo escrito por Zeus Laand