Undone: Eterno resplandor de una mente inmaculada

Los viajes en el tiempo son uno de los lugares comunes más explorados de la ciencia ficción. Su imposibilidad científica hace del fenómeno un lienzo en blanco para dar rienda suelta a la imaginación en el cine y la televisión. Desde El tiempo en sus manos hasta Vengadores: Endgame, pasando por Regreso al futuro, 12 monosDonnie DarkoPrimer, Interstellar e incontables otras, el cine ha doblegado el espacio-tiempo desde múltiples perspectivas y géneros, demostrando una y otra vez que es un concepto lleno de posibilidades para la ficción.

Raphael Bob-Waskberg y Kate Purdy, respectivamente creador y co-productora ejecutiva de BoJack Horseman, aportan su particular visión a este subgénero con Undone. La nueva serie de Amazon Prime Video narra la historia de una joven que, tras un accidente de coche, empieza a comunicarse con su padre fallecido y descubre que tiene el poder de moverse en el tiempo y el espacio de forma no lineal, lo que usará para tratar de desvelar los misterios de su familia.

La serie, que consta de 8 episodios de aproximadamente 25 minutos, recupera la rotoscopia, técnica de animación muy habitual en el cine previo a los 90 que cayó en desuso con el auge del CGI y algunos directores han recuperado puntualmente como opción estilística (Richard Linklater la usó en Waking Life A Skanner Darkly). Esta consiste en el redibujado a mano de un plano frame a frame tomando como base imágenes de acción real previamente filmadas. Es decir, lo que vemos en Undone es a los actores de verdad bajo una capa de animación, lo que le confiere ese aspecto llamativo gracias al contraste del dibujo y la naturalidad de los movimientos. Esta técnica permite llevar las secuencias de fantasía hasta las últimas consecuencias sin necesidad de un elevado presupuesto y nos deja en este caso imágenes de gran creatividad -apuntilladas por la poética partitura de Amie Doherty.

El reparto está encabezado por una excelente Rosa Salazar (con experiencia en esto de interpretar para un personaje animado después de Alita: Ángel de Batalla), a la que acompañan Bob Odenkirk, Angelique Cabral, Constance Marie, Siddharth Dhananjay, Daveed Diggs y Tyler Posey. Al contrario que le ocurría a BoJack Horseman, que tardó un tiempo en encontrar su tono, Undone se muestra sólida desde el principio, tanto en el manejo de los géneros (drama, comedia y ciencia ficción) como en la construcción de personajes, perfectamente definidos desde el primer capítulo.

Alma Winograd-Diaz (Salazar) es uno de los personajes más humanos que nos ha dado la televisión reciente, una mujer ocurrente, carismática y llena de personalidad, pero también vulnerable y rota. La pérdida la formó cuando era pequeña (primero perdió la audición y después a su padre) y esto la llevó a levantar un muro entre ella y las personas que hay en su vida, ante las que a menudo se comporta de forma impulsiva y egoísta. El descubrimiento de su habilidad para viajar en el tiempo será la oportunidad perfecta para corregir sus errores y crecer personalmente, aunque los demás no lo vean de la misma manera.

Su historia nos lleva en un fascinante viaje lleno de sorpresas y emociones a flor de piel en el que las líneas entre realidad y fantasía se difuminan para hacernos dudar si lo que está ocurriendo es real o si por el contrario es la manifestación de una enfermedad mental. A pesar de que esta idea del “superpoder” como posible trastorno psicológico (concretamente la esquizofrenia) es algo que se ha visto muchas veces, Undone logra aportar una perspectiva diferente y trascendental, sobre todo gracias a la forma en la que lo utiliza para construir (entre la risa y el llanto, el costumbrismo y la fantasía) las preciosas y complejas relaciones entre Alma y su familia, el motor principal de la serie.

No debería sorprender que detrás de Undone se encuentren los responsables de BoJack Horseman, otra serie de animación que, además de divertir, se caracteriza por su profundidad psicológica y su capacidad para entender y plasmar el comportamiento humano y sus contradicciones. La ambición narrativa de Undone es incluso mayor, pero afortunadamente, no se vuelve en su contra, sino que llega a buen puerto al dar prioridad siempre a las emociones, desde el principio hasta un desenlace que puede entenderse como un cliffhanger o un final abierto a la interpretación del espectador. En cualquier caso, Bob-Waskberg y Purdy han elaborado un trabajo impecable en todos los aspectos, una serie visualmente preciosa y narrativamente sublime que aprovecha y trasciende su premisa sci-fi para contarnos una historia de las que se quedan en la memoria.

Alita – Ángel de combate: Una maravilla visual que se queda a medias

El visionario cineasta James Cameron lleva años ocupado en las secuelas de Avatar que parecen no llegar nunca. Entretanto, el director de Titanic también dedica su tiempo al documental y a producir otras películas, como las últimas (y fallidas) entregas de la saga Terminator. El trabajo más reciente que llega avalado por su nombre es Alita: Ángel de combate, adaptación del popular manga GUNNMde Yukito Kishiro, que dirige Robert Rodríguez (Spy KidsPlanet Terror), con quien Cameron también escribe el guion, junto a Laeta Kalogridis (Shutter Island).

Alita: Ángel de combate es la producción de mayor envergadura que Rodríguez ha dirigido hasta la fecha, un carísimo y lustroso espectáculo al servicio de una historia de ciencia ficción clásica. La película nos traslada varios siglos en el futuro, concretamente hasta 2563. La humanidad sobrevive en un entorno post-apocalíptico tras los devastadores efectos de la catastrófica guerra conocida como La Caída. Buscando entre la chatarra que se acumula alrededor de Iron City, situada bajo Zalem, la única ciudad aérea que sigue en el cielo, el Dr. Dyson Ido (Christoph Waltz), cirujano especialista en híbridos de humano y robot, encuentra el cuerpo destrozado de una cyborg, a la que restaura y nombra como a su hija fallecida, Alita. Al despertar, la chica no recuerda nada de su vida pasada, pero a medida que se enfrenta a diversos peligros, los recuerdos empezarán a aflorar, descubriendo que sus impresionantes habilidades esconden un secreto muy importante. Es por ello que un malvado empresario de Zalem, Vector (Mahershala Ali), y la ex mujer de Ido, Chiren (Jennifer Connelly), harán lo posible por acabar con ella.

Alita: Ángel de batalla es sin lugar a dudas una de las superproducciones de Hollywood más ambiciosas del cine reciente. Salta a la vista que Cameron está detrás del proyecto, ya que se puede detectar su impronta visionaria en cada uno de sus planos. El despliegue técnico de la película es impresionante, desde la detallada creación de un universo propio con una mitología compleja e intrincada (incluido un deporte propio a lo Quidditch, el Motorball), hasta el cuidado apartado visual y su irresistible ambientación cyberpunk. Pero el mayor logro de Alita es su protagonista, creación digital que recoge los últimos avances en el terreno de la captura del movimiento, dando resultados absolutamente increíbles. Gracias a su aspecto hiperrealista, un movimiento físico sorprendentemente natural y una integración impecable con su entorno y los actores de carne y hueso, Alita (tras la que se encuentra la interpretación de Rosa SalazarEl corredor del laberinto) es sencillamente una de las creaciones digitales más alucinantes de la historia del cine, con una expresividad facial y corporal que no deja de asombrar.

Viendo Alita es inevitable recordar otros títulos sci-fi con los que guarda muchas similitudes, como Ghost in the ShellA.I. Inteligencia ArtificialBlade Runner, Astroboy o la Metrópolis de RintaroComo todos ellos, la de Rodríguez levanta una sociedad futura que se rige por normas propias (a menudo reflejo de nuestra propia sociedad actual) y trazan un entramado de especies, clases sociales y ocupaciones lleno de posibilidades discursivas. La primera hora y media de la película sirve para establecer las reglas de este universo, mientras nos da a conocer a Alita, caracterizada como una adolescente inocente, curiosa y bondadosa que está descubriendo el mundo y a sí misma. Uno de los mayores aciertos de la película es enfocar su trama principal hacia el relato coming-of-age, lo que añade humanidad a un género que en muchas ocasiones carece de ella.

Sin embargo, Alita acaba descartando la reflexión filosófica y moral de otras historias similares en favor del entretenimiento y el espectáculo más puro, ofreciendo grandes dosis de acción vistosa y trepidante, y un argumento que, a pesar de rebosar emotividad, prefiere quedarse en la superficie de las (interesantes) cuestiones morales que plantea. Esto responde quizá a su naturaleza de preámbulo, de primer capítulo de una historia que promete desarrollarse mejor más adelante, algo que juega indudablemente en su contra sobre todo durante su último acto, en el que la expectación por algo que se promete durante toda la película (la visita a la ciudad aérea Zalem) desemboca en un final anticlimático y un cliffhanger que deja la película literalmente inacabada, incompleta.

Aunque Alita cumple perfectamente como cine escapista y espectáculo de acción, con set pieces y combates extraordinarios, acaba hundiéndose conforme avanza, lastrada por la necesidad constante de explicar su funcionamiento y un evidente exceso de subtramas, que no hacen sino retrasar algo que no llega nunca. Tampoco ayudan sus diálogos, más bien torpes y sobreexplicativos, y una trama romántica adolescente que roza el crepusculismo y nos deja algunas escenas con las que es difícil no sonrojarse. Por todo esto, Alita: Ángel de combate acaba desaprovechando una oportunidad magnífica en un producto tan visualmente prodigioso como narrativamente irregular.

Pedro J. García

Nota: ★★★

 

Crítica: El corredor del laberinto – La cura mortal

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Tras el éxito de Harry Potter, la saga Crepúsculo Los Juegos del Hambre cambiaron el paradigma del cine para adolescentes, poniendo de moda las fantasías distópico-románticas y empujando a todos los estudios a buscar su propio blockbuster young adult para capitalizar la pasión desaforada de la audiencia juvenil por este tipo de historias. La mayoría de intentos fueron fallidos, resultando en un montón de falsos comienzos y primeros capítulos de historias que quedarían incompletas (The HostHermosas criaturasShadowhuntersLa Quinta Ola, Nerve…). El caso de Divergente fue especialmente sonado, ya que tras el fracaso en taquilla de su tercera entrega, la cuarta y última fue cancelada, dejando a los fans colgados a un paso del final.

En plena fiebre por Katniss Everdeen, 20th Century Fox se sacó de la manga una nueva saga teen con la que lograría un éxito moderado pero respetable, El corredor del laberinto (Maze Runner), distopía futurista basada en los libros de James Dashner que actualizaba la idea de El señor de las moscas en forma de aventura de ciencia ficción para la generación Z. La taquilla respondió, y la segunda parte tardó apenas un año en llegar, seguramente por miedo a que su público se cansase de esperar demasiado y pasase a la siguiente saga de turno. Los planes para la tercera y última parte (afortunadamente no dividida en dos) experimentaron un fuerte revés cuando el protagonista de la franquicia, Dylan O’Brien (Teen Wolf) sufrió un aparatoso accidente en el set de rodaje que obligó a retrasar el estreno un año. Una vez recuperado, O’Brien regresó para poner fin a la franquicia con La cura mortal, un final con el que los fans pueden decir eso de “la espera ha merecido la pena”.

Tras los acontecimientos de El corredor del laberintoLas pruebas, Thomas (O’Brien) y su banda de rebeldes luchan para detener a CRUEL, la malvada organización que les borró sus recuerdos y los encerró en el Laberinto para realizar experimentos con ellos. Minho (Ki Hong Lee) se encuentra en manos de CRUEL junto a muchos otros jóvenes inmunes al virus que se propaga por la Tierra convirtiendo a los humanos en monstruos similares a los zombies. Con la información obtenida de las Pruebas, la ministra Ava Paige (Patricia Clarkson) trabaja para desarrollar una cura definitiva con la ayuda de Teresa (Kaya Scodelario), que traicionó a Thomas y los demás uniéndose al bando enemigo. Ahora, la única manera de salvar a los suyos y acabar con el régimen totalitario que tortura a los últimos resquicios de la humanidad, es trabajar en equipo para infiltrarse en la única gran ciudad que queda en pie, una fortaleza futurista de la que será difícil escapar con vida.

Wes Ball se vuelve a poner tras las cámaras para dirigir la última parte de una trilogía que ha contado con su control creativo de principio a fin. Esto salta a la vista tanto en el consistente acabado visual como en la dirección de actores (muy seguros en sus papeles), pero sobre todo en la destreza que el realizador (anteriormente diseñador y especialista de efectos visuales) ha ido ganando con cada película. En La cura mortal, Ball se luce con algunas de las escenas más espectaculares de la saga en una trepidante carrera de fondo repleta de energía y acción sin descanso. Esto puede ayudar a que seamos más permisivos con su excesivo metraje o con los aspectos más endebles de la historia, que son muchos. El guion de La cura mortal está lleno de incongruencias, agujeros y deus ex machina (uno pierde la cuenta de las veces que un vehículo o una nave aparece de la nada para salvar la situación en el último momento), pero si somos capaces de suspender la incredulidad durante las dos horas y cuarto que dura, la película desempeña su función escapista con eficiencia.

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Claro que para disfrutar de este capítulo final, es casi un requisito indispensable haber conectado con las dos entregas anteriores (o al menos con la primera, claramente superior a la segunda). Desprovista de la interesante premisa que nos planteaban al principio, a la saga le queda apoyarse en sus personajes, que ayudan a elevar una mitología sci-fi que hemos visto ya en muchas otras historias similares (el elegido que debe enfrentarse a la dictadura para salvar al pueblo e iniciar una nueva era libre de tiranía). Y afortunadamente, el reparto de La cura mortal es mucho más solvente de lo que cabe esperar de un producto de estas características. Empezando por la distinción que aporta Patricia Clarkson y la pérfida presencia de Aidan Gillen, aquí tan Meñique como en Juego de Tronos, continuando con un elenco juvenil muy entregado (de los que destacan Will Poulter y Thomas Brodie-Sangster) y terminando con O’Brien y Scodelario, los Romeo y Julieta del Laberinto, cuyas sólidas interpretaciones anclan la película, evitando que su caprichoso y por momentos tontísimo argumento haga que todo se vaya a traste.

Además de lucirse con los fantásticos set pieces que recorren el film (especialmente impresionantes son el asalto a tren del comienzo, el rescate aéreo al autobús y su apocalíptico clímax), Ball se ha asegurado de que el desenlace de la trilogía tenga empaque emocional, facilitando que los fans de la saga se preocupen por los personajes y sus relaciones para brindarles un final intenso y satisfactorio. Así, Ball pone el mejor broche que se le puede poner a una saga como esta, a la que sabemos que no es recomendable exigirle demasiado. El corredor del laberinto no pasará a la historia del cine, pero al menos termina, y termina bien, algo que no se puede decir de la mayoría.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: El corredor del laberinto – Las pruebas

THE SCORCH TRIALS

[Esta entrada contiene algún detalle de la trama que puede ser considerado spoiler]

En el mundo de las adaptaciones cinematográficas de novelas juveniles, o te mueves rápido, o caducas. Si no, fijaos en el caso de El corredor del laberinto. El año pasado se estrenó la primera entrega de la saga basada en la trilogía literaria The Maze Runner (ahora tetralogía con la incorporación de una precuela), escrita por James Dashner. La película cosechó el éxito suficiente en taquilla, por lo que el estudio a cargo de ella (20th Century Fox) no perdió el tiempo en anunciar la secuela y ponerse manos a la obra con su producción. En tiempo récord, el mismo director que se ocupó de la primera parte, Wes Ball, ha sacado adelante Las pruebas (The Scorch Trials), que se estrena exactamente un año después que la primera. El impacto de las producciones teen es efímero e imprevisible por naturaleza, además, el público más joven tiende a pasar muy rápidamente de una cosa a otra (el segundo capítulo de Divergente se capuzó en taquilla porque tardó relativamente demasiado en llegar, algo que sin embargo no ha ocurrido con Los juegos del hambre), por eso se entiende que el proceso de conversión en franquicia se haya acelerado en este caso.

Sin embargo, Las pruebas no parece un producto hecho con prisa, sino más bien todo lo contrario. Lo más sorprendente de la película es lo trabajada que está desde el punto de vista técnico, teniendo en cuenta lo poco que han tardado en hacerla. Fox ha tirado la casa por la ventana y se nota, pero de nada serviría un aumento de presupuesto si detrás no hubiera gente capaz de transformarlo en una película estimulante, y aquí hay un equipo muy eficiente que tiene claro lo que hay que hacer para que esto ocurra (otra cosa es que la historia esté a la altura, pero vayamos por pasos). El acabado visual de Las pruebas es excelente, con una fotografía, diseño de producción y efectos digitales de primera. Hay en ella planos verdaderamente hermosos, siluetas recorriendo áridos paisajes postapocalípticos y enormes estructuras de metal que captan a la perfección el espíritu más épico de la continuación. Y no solo eso, el trabajo de cámara de Ball sigue resultando solvente fuera del Laberinto, sabiendo cómo filmar escenas de acción tensas y trepidantes sin sacrificar coherencia.

Efectivamente, la secuela de El corredor del laberinto aumenta considerablemente las dosis de acción y violencia (leve), encadenando set pieces por lo general muy bien ejecutados (destaca la huida de CRUEL que tiene lugar en la primera sección del film o la destrucción de la guarida de Jorge, interpretado por Giancarlo Esposito). De la misma forma, y como mandan los cánones del cine young adultLas pruebas es más oscura e intenta ser más adulta que su predecesora, llegando a asemejarse por momentos a una película de zombies (aquí llamados “Raros”) o pandemias al estilo de Guerra Mundial Z. Pero la saga no solo busca la mayoría de edad en sus escenas de acción y terror (estas últimas no aptas para los más pequeños), sino que también incorpora motivos de sexo y drogas, especialmente durante una secuencia alucinógena en un burdel donde el protagonista, Thomas (nuestro querido Muppet de carne y hueso Dylan O’Brien), se convierte en la Sarah de Dentro del Laberinto mientras intenta escapar del sueño lisérgico en el que está atrapado (pasaje en el que nos encontramos a un bizarrísimo Alan Tudyk por cierto). Aun así, nada que deba preocupar a los padres que dejan solos a sus niños en el cine.

THE SCORCH TRIALS

Por lo demás, Las pruebas sigue al pie de la letra los patrones impuestos por Los juegos del hambreDivergente. El año pasado, El corredor del laberinto se distanciaba ligeramente de dichas sagas gracias a que jugaba con otros elementos, siendo ideada más bien como un ejercicio de misterio, un puzle que nos recordaba a cosas como Cube o la serie Perdidos. No obstante, la salida de Thomas y sus Niños Perdidos del Laberinto hacia el mundo exterior, la Quemadura, ha conllevado la homogeneización de la saga, que con su segunda parte ya apenas muestra diferencias con las franquicias mencionadas. Eliminado el Laberinto de la ecuación la cosa pierde gracia, y lo que nos queda es la enésima aventura distópica en la que un “elegido” y su grupo de jóvenes aliados oponen resistencia a un totalitario ente gobernante y luchan por sobrevivir -superando fases como en un videojuego– mientras se gesta una revolución. La idea es la misma de siempre, la juventud como única esperanza de futuro (aquí se convierten literalmente en la cura de la humanidad), pero aunque siga siendo pertinente, Las pruebas no consigue hacerla interesante; sobre todo porque opta por el camino fácil y apenas se molesta en desarrollar a sus más bien planos personajes tal y como la historia requiere (algo que pasa factura cuando los giros importantes no parecen lo suficientemente justificados).

El corredor del laberinto nos presentaba un enigmático universo construido y contenido por unas reglas que se destruían al final. Las pruebas construye una mitología mucho más amplia y abierta a partir de las piezas que quedaron de esa primera parte, abandonando a sus protagonistas a su suerte en un escenario más grande, hostil e impredecible, donde se topan con mil y un nuevos personajes en cada parada de la odisea en la que se han embarcado (como ocurre en toda fantasía itinerante clásica). Esto resulta ocasionalmente emocionante (sobre todo durante su primera mitad y cuando entra en escena Brenda –Rosa Salazar), pero la narración episódica se acaba resintiendo por culpa del excesivo metraje (131 minutos), y la recta final de la película pone de manifiesto la falta de originalidad y profundidad del nuevo enfoque (más de lo mismo elevado al cubo). Claro que lo que no se puede negar (y no lo hemos hecho) es que Ball ha realizado una notable cinta de aventuras y acción, un pasatiempo más bien superficial, que aun con todo, sigue siendo de lo más destacado dentro de su género. Ojalá para la tercera y última entrega no se conformaran solo con eso, porque material hay de sobra (y no me refiero a las novelas) para hacer algo que se salga de la norma de una vez por todas. No deja de resultar paradójico que estas películas que nos hablan constantemente de romper el molde y oponerse al sistema acaben haciendo siempre justo lo contrario.

Valoración: ★★★