Crítica: Vengadores – La era de Ultrón

Capitán América AoU

Con Los Vengadores (2012), Joss Whedon asumía un reto de proporciones épicas: escribir y dirigir la primera “reunión” de los Héroes Más Poderosos de la Tierra, una película en la que las previas entregas individuales de Marvel habían de converger, donde todos los superhéroes debían encajar en la historia y esta tenía que servir como puente a la siguiente fase sin dejar de funcionar como una película autónoma. Juego de niños, vamos. A tenor del resultado (tercera película más taquillera de la historia y críticas generalmente positivas), no cabe duda de que Whedon superó la prueba con nota. Tanto es así, que la Segunda Fase del Universo Cinematográfico de Marvel no sería como es de no ser por el punto de inflexión creativo que supuso la película.

Gracias al éxito que tuvo el humor en el film, el estudio introdujo una dosis mayor de comedia en el UCM y Los Vengadores implantó el esquema definitivo a seguir por los siguientes “episodios”, en los que el director cumplió un rol de asesor que lo devolvía en cierto modo a sus años como showrunner televisivo. Las películas post-Avengers experimentaron un incremento de calidad (todas exceptuando quizás Iron Man 3), y Marvel se afianzaba como el estudio que no podía dar un paso en falso, al estilo del Pixar de antaño. Concretamente Capitán América: El soldado de invierno Guardianes de la Galaxia pusieron el listón tan alto que el reto que suponía la secuela de Vengadores para el autor era aún más complicado. Con Marvel en su apogeo y las expectativas disparadas más allá del Bifrost, ¿ha sido Whedon capaz de repetir la hazaña con La era de Ultrón? Sin duda. ¿Es suficiente a estas alturas? Eso ya no está tan claro. Si uno ve la película como el blockbuster veraniego que es, no tendrá problemas con ella, pero si se compara demasiado con la primera o se le exige más de la cuenta (y no nos engañemos, no se nos ha preparado para otra cosa), podría desmoronarse. En cualquier caso, no cabe duda de que estamos ante otro gran acontecimiento Marvel, una colosal y comunitaria experiencia cinematográfica que, a pesar de no superar a su predecesora, demuestra una vez más el enorme poder de la Casa de las Ideas.

ultron group

En Vengadores: La era de Ultrón recuperamos a los seis miembros originales del equipo gozando de una compenetración absoluta en el campo de batalla. La vertiginosa secuencia de apertura nos muestra a los superhéroes llevando a cabo una misión en la que cada uno de ellos cumple una función imprescindible. Además de advertirnos implícitamente de que no deberíamos parpadear demasiado si no queremos perdernos toda la información por segundo que nos ofrecen los abarrotados planos de la película, esta escena establece uno de los temas centrales del film: el trabajo en equipo es lo que hace que los Vengadores sean imparables. Es importante dejar clara desde el principio esta idea, puesto que el resto de la película se dedicará a la delicada misión de intentar desintegrar al grupo, provocando fisuras internas y una fricción entre los miembros que culminará sin duda en Civil War. Por eso, La era de Ultrón parece más bien una película de transición, una en la que un Whedon más instrumental se ha preocupado menos de dejar su sello personal y más de cumplir con los designios de Marvel (y Disney). En ella se respira continuamente el futuro de la saga; por ejemplo, la importancia de las Gemas y varios vistazos al Guantelete del Infinito nos recuerdan (una vez más) que lo más gordo está por llegar, y los mil y un cameos parecen encajados a la fuerza para aumentar la sensación de continuidad del UCM (#ItsAllConnected). Es más, la trama se enfoca en todo momento hacia la creación de una nueva formación de Vengadores, lo que hace que La era de Ultrón funcione más como enlace o antesala, y menos como película autónoma que la primera parte.

Wanda y Pietro Maximoff

Además de Capitán América, Iron Man, Hulk, Thor, la Viuda Negra y Ojo de HalcónLa era de Ultrón cuenta con los “mejorados” Wanda y Pietro Maximoff, hermanos gemelos de impresionantes poderes (prohibido decir “mutantes”) que no solo ponen en jaque a los Vengadores, sino también a Whedon, que tiene aún más personajes con los que hacer malabares narrativos. No obstante, en lugar de amenazar la coralidad de la película, se suman a ella sin apenas problemas. Los futuros MercurioBruja Escarlata son incorporados a la historia casi in media res, y a pesar del poco tiempo que tienen en pantalla, su arco argumental (el paso del lado oscuro al luminoso) se desarrolla satisfactoriamente (sobre todo en lo que respecta a Wanda), siempre supeditado a la historia principal, y como decíamos, con un ojo puesto en el futuro del UCM (¡esas visiones! ¡ese epílogo!). Solo dos quejas acerca de los hermanos. Primero, Elizabeth Olsen eclipsa a un apocado Aaron Taylor-Johnson, cuyo Mercurio recibe menos énfasis en la caracterización -quizá porque sabían que intentar hacer sombra al Quicksilver de X-Men podía salir mal. Y segundo, esos acentos de pega. Para la próxima, o pasan más tiempo con el coach de dicción o que se deshagan de ellos por completo.

Ultron

Wanda y Pietro no son las únicas caras nuevas del multitudinario elenco de La era de Ultrón. A la lista interminable de conocidos del UCM que desfilan por ella (Peggy Carter, Heimdall, los miembros principales de SHIELD menos Coulson, Erik Selvig, War Machine, Falcon…) se suman nuevos secundarios: la Dra. Helen Cho, Ulysses Klaw (primera semilla de Black Panther), el barón Wolfgang von Strucker, sin olvidar al Hulkbuster, que protagoniza uno de los numerosos set pieces de la secuela. Pero sin duda, los dos fichajes estrella de La era de Ultrón son el villano que da subtítulo a la película y uno de los personajes más populares de Marvel Comics, Visión. La cadena de acontecimientos que da lugar al “nacimiento” de ambos seres de inteligencia artificial resulta algo aturullada, saltando a la vista que han eliminado muchas escenas por exceso de metraje (se podría haber sacrificado alguna batalla que no aporta nada en favor de los personajes y la historia). Sin embargo, el momento en el que Ultrón adquiere su primer cuerpo y se libera de los “hilos” de su Gepetto (Tony Stark, contradiciendo a los cómics, en los que su creador es Hank Pym) dejamos de cuestionarnos cómo ha llegado a existir, porque estamos demasiado ocupados cayendo rendidos ante su magnético carisma y su amenazante presencia (excelente trabajo de James Spader como voz del villano, fundiendo megalomanía y humanidad, como ya se hizo con Loki). Y si Ultrón es un personaje interesante, aun con su precipitada caracterización y motivaciones a base de clichés, cuando la Visión entra en escena, la película alcanza un nuevo nivel (en parte estamos ante una historia clásica de robots). El sintezoide, interpretado a la perfección por Paul Bettany, ocupa poco tiempo en pantalla, pero es suficiente para despertar la fascinación y aumentar la expectación por verlo en las siguientes entregas del UCM.

AoU grupo

Ahora bien, con Wanda, Pietro, Ultrón y Visión, ¿queda tiempo para los Vengadores originales? Por supuesto. Es más, Whedon logra de nuevo lo que parecía imposible: darles un hueco a todos en la historia, hacer evolucionar sus amistades y alianzas (antes de que empiecen a romperse), y reservarles a cada uno de ellos varias escenas (aunque sean pequeñitas) para brillar por encima de los demás. En ocasiones esto se vuelve en su contra, ya que, como hemos dicho, son demasiados elementos los que el director debe manejar y no tiene más remedio que quedarse en la superficie o correr más de la cuenta; claro que por el lado bueno, hace que La era de Ultrón no nos dé tregua y tenga de todo para todos. Thor se ha convertido en el personaje más gracioso del grupo, y nos regala los momentos más simpáticos y tronchantes de la película (sobre todo gracias al running gag sobre quién será “digno” de levantar el Mjolnir), aunque es el Vengador original con menos tiempo en pantalla; Tony y Bruce comparten varias escenas en las que Whedon saca partido a los adorables “Science Bros” (todo un regalo para los shippers de esta pareja); Steve Rogers, al igual que Stark, sigue ocupando un puesto protagonista, pero es más bien simbólico, ya que parece estar reservándose para Civil War. Y así llegamos a las verdaderas estrellas de La era de Ultrón: Natasha Romanoff y, sobre todo, Clint Barton, los Vengadores supuestamente más débiles o prescindibles, convertidos aquí en miembros centrales del equipo por obra y gracia de Whedon.

Ya que no cuentan con sus propias películas en solitario, la Viuda Negra y Ojo de Halcón tienen que aprovechar al máximo su tiempo en las distintas entregas del UCM para justificar su presencia en el mismo. Y en La era de Ultrón sobran las razones para considerar a Romanoff y Barton Vengadores esenciales. Por un lado, el arquero protagoniza una de las tramas más sorprendentes de la película y pronuncia las frases más inspiradas del guión, a menudo cargadas de autoconsciencia y metahumor. Clint se convierte así en el comentarista oficial de Los Vengadores, llamando la atención sobre lo demencial de algunas situaciones o cuestionándose sarcásticamente su propio papel en el grupo. Pero lo más importante ocurre en el “intermedio” de la película (uno de los pocos momentos en los que descansamos de su ritmo acelerado), donde conocemos una vertiente del personaje que aporta más significado a su afiliación a los Vengadores y desvela vínculos más fuertes de lo que pensábamos entre ellos, especialmente entre los dos agentes de S.H.I.E.L.D.

ojo de halcón

Por otro lado, a Natasha ya la disfrutamos en todo su esplendor pateaculos en El soldado de invierno, y en La era de Ultrón vuelve a desempeñar un papel fundamental en el grupo, como guerrera, y principalmente como ancla del “grandullón” verde. Y he aquí uno de los problemas de la película, que hasta cierto punto deshace lo que Whedon y los hermanos Russo han hecho hasta ahora con el personaje (una de las pocas mujeres importantes en un universo eminentemente masculino, y recordemos, lo más parecido a mejor amiga y wingwoman de Steve Rogers en la secuela de Capitán América). El guión de Whedon no solo reduce en un momento dado la amistad de Natasha y Steve a un posible rollo de cara a sus compañeros (no era necesario), sino que explora un romance entre Romanoff y Banner (también precipitado) adentrándose en los farragosos terrenos de la comedia romántica. Y no es que “Nat” deba ser un personaje asexual o no merezca tener su historia de amor, faltaría más (los demás Vengadores la tienen), pero no hacía falta ponerla a ronronear durante toda la película, solo para forzar una relación que todavía no tenía cabida en la historia. La Viuda sigue siendo uno de los personajes femeninos más interesantes y prominentes del cine de superhéroes (quizás el que más), y afortunadamente, en La era de Ultrón se continúa explorando con mucha atención el lado más humano de la letal espía (cada vez más divertida, por cierto). Por eso preocupa que Whedon, defensor a ultranza de la causa feminista dentro del patriarcal Hollywood y creador de una de las heroínas más importantes de la historia, la haya convertido en la chica para todos (aunque solo sea para hacer un gag), la mujer del héroe, e incluso damisela en peligro que necesita ser rescatada por su príncipe verde (por no hablar de su analogía entre esterilidad y monstruosidad, muy desafortunada aunque tenga sentido en la historia). No sabemos en qué grado el autor es responsable de todo esto, ya que por todos es sabido que las decisiones creativas finales corresponden siempre al estudio y no es cosa suya que la Viuda sea la única mujer del grupo, pero decepciona encontrarse un material tan poco propio de él vinculado a su nombre. Es más, nunca le perdonaré la escena en la que Bruce cae sobre Natasha y aterriza con la cara entre sus pechos. No solo es ofensivo y supone un retroceso para el personaje, es un chiste pobre y anticuado.

Natasha Bruce

Y hablando de chistes, La era de Ultrón está plagada de ellos. A pesar de que los adelantos promocionales vaticinaban un cambio de tono con respecto a la primera Vengadores, así como un giro hacia el terror y la ciencia ficción reconocido por el propio director, el humor sigue teniendo una presencia capital. De hecho, en ocasiones resulta algo intrusivo, lo que nos obliga a hablar de “alivio dramático“, que tiene lugar entre constantes chascarrillos y repetitiva comedia física (“golpes” que funcionan como reflejo o segunda parte de los de la primera película). Aquí todos son bromistas natos (incluidos Ultrón y Visión) y cualquier momento es bueno para demostrarlo, no importa lo dramático que sea. Huelga decir que hay abundantes diálogos y one-liners para la posteridad y que las risas están garantizadas, pero la media de chistes buenos es inferior a la de la primera película (no me hagáis hablar de la infantil broma recurrente sobre la fobia de Rogers a las palabrotas) y la historia, decididamente más oscura, tal vez pedía menos comedia.

Convenientemente, el tercer acto de La era de Ultrón rebaja el humor y da paso a una recta final espectacular y explosiva en la que Whedon eleva (nunca mejor dicho) el factor épico del UCM, con la Tierra enfrentándose a su peor amenaza hasta la fecha. La acción se vuelve (aún más) monumental, imparable -y algo mareante y confusa, por qué no decirlo. Pero si bien la destrucción del clímax roza el nivel de caos visual de Man of Steel, la película se preocupa constantemente de mantener la lógica interna, y no pierde de vista nunca el propósito de todo esto: salvar a la humanidad, y además hacerlo juntos. Y ahí está la clave de Los Vengadores. Cuando vemos al equipo en formación de combate todo encaja. Estos personajes están ahí, hombro con hombro, luchando contra un enemigo común, y todos tienen una razón para hacerlo, todos tienen una historia, una motivación que les lleva a formar parte de ese grupo. Esa preocupación por los personajes ha calado en el funcionamiento interno del UCM, así como en la audiencia, y eso es lo que hace que Joss Whedon se despida de la franquicia por todo lo alto, habiendo contribuido en gran medida a darle la forma que tiene hoy en día. Como hemos visto, La era de Ultrón tiene sus más y sus menos, pero en última instancia, solo hace falta un plano, el que nos muestra a todos los Vengadores “reunidos” segundos antes de librar la batalla final, para que entendamos por qué estamos ahí nosotros también.

Vengadores 2

 

RESUMEN BIPOLAR

Lo peor:

– Demasiados chistes. Por estadística, algunos tienen que resultar fallidos, y eso es justo lo que ocurre. El humor puede llegar a ser excesivamente inocentón (incluso para Whedon), y no, no todo momento es bueno para introducir una broma.
– A ratos parece una película de transición, creada para conectar pasado y futuro del UCM. No vendría mal rebajar la serialidad, Marvel, que se os va de las manos.
– Algún diálogo sobre-explicativo con el que los héroes excusan las ausencias de la película (no hacía falta que Thor y Tony nos contaran que sus respectivas parejas están muy ocupadas con sus carreras como para aparecer aquí).
– Demasiados elementos y personajes que conjungar. Como resultado: tramas aceleradas, ideas a medio formar y caos narrativo.
– Las motivaciones de Ultrón podrían haberse trabajado más.
– Se nota que ha habido mucha tijera.
– Que, aunque tengamos cameos de sobra, nos hayan privado de ver a Loki o no hayan aprovechado para presentar a algún héroe de futuras entregas del UCM como Black Panther, Spider-Man o Captain Marvel (que eran los que se rumoreaban). Aunque con la superpoblación de héroes y villanos que hay, es lógico y en el fondo lo mejor.
– Lo mareante y confuso de las batallas. La acción puede llegar a saturar. Se nos da apenas una fracción de segundo para ver “splash pages” en los que nos solemos recrear mucho más tiempo en las páginas de un cómic, y por tanto se pierden los detalles.
– El acento de Pietro y Wanda.
– El agresivo product placement.
– El romance de Natasha y Bruce, simplemente no encajaba en esta película.
– El tratamiento de la Viuda Negra no está a la altura del personaje (ni de la persona que la está escribiendo), y deshace lo que se ha hecho con ella desde Vengadores. Da la sensación de que Marvel no sabe muy bien qué hacer con ella. ¿La solución? Más personajes femeninos importantes (a poder ser, no dependientes de uno masculino).
– Otra muerte que perderá su impacto (que tampoco es muy fuerte) cuando resuciten al personaje.
– Se puede palpar el tira y afloja de Whedon con Marvel/Disney. No es de extrañar que el director no se quede para la próxima y que en las entrevistas promocionales suene desencantado, desafiante, e incluso triste.
– Algún desliz en la post-producción digital que nos deja ver la cara de los dobles de riesgo.
– El chiste de Steve Rogers y las palabras malsonantes. No funciona ninguna de las 800 veces que se hace.
– La repetición del esquema narrativo de siempre con la destrucción de una ciudad al final. Va siendo hora de que Marvel empiece a variar la fórmula si no quiere que el público se canse.

Lo mejor:

– Que todos los personajes tengan su momento.
– El carisma tan grande que tienen todos los protagonistas y lo cómodos que están los actores en su piel.
– Ojo de Halcón lo peta.
– Que Whedon trate a Natasha y Clint como Vengadores esenciales en la historia.
– “Nathaniel”, “Traidor”.
– Las escenas de calma entre la acción son las mejores.
– Whedon ha realizado una oda al cómic, una película repleta de planos sacados directamente de las páginas de Marvel, lo que hará las delicias de los lectores de la Casa de las Ideas.
– Ultrón y sobre todo, Visión. Personajes que demuestran que bajo la capa de metal (y tejidos sintéticos) de la película hay un componente muy humano.
– Elizabeth Olsen, aunque no tenga mucho tiempo para lucirse.
– Scarlett Johansson se eleva por encima del guión. Ellos maltratan a su personaje, pero ella está mejor que nunca. Película en solitario YA.
– Que aunque es una película menos whedoniana que la primera, seguimos encontrando paralelismos con sus series y whedonismos a cascoporro.
– El profético primer contacto de Wanda y la Visión.
– Que como en todo lo que hace Whedon, la película te toca la fibra cuando menos te lo esperas y entre toda la destrucción sigue sobresaliendo la emoción.
– Los one-liners están a la altura de los mejores del UCM (“He’s fast, she’s weird”).
– Thor y el running gag del Mjolnir. Hacen bien en aprovechar la gran vis cómica de Chris Hemsworth.
– Los mil y un cameos y guiños al pasado y el futuro del UCM (aunque afecte a la estructura del film, son todo un regalo para fanboys).
– La espectacularidad de las escenas de acción y los efectos, sobre todo en el clímax.
– Los Science Bros.
– Cuando los chistes y los gags son buenos, son MUY buenos.
– La secuencia de créditos finales con la impresionante estatua de mármol de los Vengadores luchando, además de una imagen hermosa y potente, un excelente guiño a uno de los diálogos de la película.
– Que a pesar del mayor énfasis en la acción de esta entrega, lo más importante siguen siendo los personajes (gracias, Joss) y sus luchas internas, uno de los núcleos del film.
– Es una película ante todo divertida y las más de dos horas y media que dura se pasan en un suspiro.
– Ver al equipo reunido de nuevo y en acción sigue siendo lo más emocionante. Por encima de todo.

Valoración: ★★★½

Crítica: Chappie

1251623 - Chappie

La sombra del Distrito 9 es muy alargada, y por esa razón, la (aún floreciente) carrera de Neill Blomkamp se mide, y se seguirá midiendo, a partir del rasero de su original ópera prima. Para muchos, esta es una de las razones por las que Elysium no cumplió las expectativas y se dio el batacazo. Blomkamp había puesto el listón muy alto y con una sola película ya se le trataba como a un director de culto consolidado. Craso error. Esta semana, el realizador sudafricano ha reconocido que la culpa de que su segundo film fuera un desastre es suya (“Fui yo quien jodió Elysium), alegando que se preocupó demasiado por crear el universo visual de la película, pero no por sustentarlo sobre un buen libreto (“El guión no estaba presente”, ha dicho). Este ataque de sinceridad le honra, desde luego, pero también suena a oportuno “aviso para navegantes” a pocos días del estreno de su nueva película, Chappie. Quizás Blomkamp nos esté pidiendo de forma velada que dejemos de esperar la segunda venida de Cristo con sus películas. Un aviso que viene bien tener en cuenta antes de adentrarse en su nueva aventura sci-fi, un alocado espectáculo de acción palomitera con mensaje (palabras suyas). Y nada más.

Con su cine, Blomkamp trabaja para la dignificación definitiva del blockbuster. Lo suyo es hacer películas grandes, ruidosas, caras, pero no le interesa la pirotecnia como fin, sino como medio. Es decir, lo que busca es divertir sin por ello sacrificar la reflexión, ofrecer su punto de vista sobre cuestiones importantes utilizando una plataforma “popular”. Por eso, como él mismo reconoce, Distrito 9 era una metáfora de la opresión racial y el Apartheid sudafricano, y del mismo modo, Elysium podía leerse como una alegoría de la lucha de clases y la corrupción de los gobiernos. Con Chappie, Blomkamp busca la respuesta a otro tipo de cuestiones más abstractas, más existenciales: ¿Qué es el alma humana? ¿Y la consciencia? ¿Se pueden medir y explicar con la ciencia? Afortunadamente, este leitmotiv no se presta tanto a la demagogia y el maniqueísmo como sus dos anteriores films (en los que el discurso se desvanecía entre tanto sermón para dummies), y así Chappie no es más que una película sobre inteligencia artificial, una historia protagonizada por un robot, que plantea los temas habituales del género, con un estilo único, personal e inconfundible (para muchos, eufemismo de “haciendo la misma película otra vez”).

Chappie Yolandi

Y es que el arranque de Chappie no pone las cosas fáciles para que dejemos de comparar los nuevos trabajos de Blomkamp con su primera película. El director nos da la bienvenida de nuevo a su querida/detestada Johannesburgo natal en un futuro no muy lejano, y lo hace recurriendo de nuevo al estilo documental y las imágenes de noticiarios, aunque afotunadamente lo abandona tras el prólogo. El mundo de Chappie nos recuerda inevitablemente al universo de RoboCop, al presentarnos un cuerpo de policía robotizado que lucha contra el crimen en las calles de la ciudad sudafricana. Creados por una empresa privada, esta fuerza policial es solo una pieza del engranaje del poder mecanizado y opresor, la interesada protectora del statu quo contra el que los humanos parecen querer levantarse (en todas las películas del director se gesta una revolución). Como veis, Blomkamp no abandona sus proclamas anti-sistema, pero las diluye en la historia “personal” de uno de esos robots, Chappie, la primera inteligencia artificial con capacidad de evolucionar por sí misma, de aprender y sentir como los humanos.

Desarrollada por el ingeniero Deon Wilson (Dev Patel), esta I.A. cobra vida dentro de un cuerpo robado por su “Creador”, tras la negativa de la presidenta de la compañía (Sigourney Weaver) a poner en marcha el prototipo. Pero Chappie “nace” en circunstancias más bien poco óptimas, despertando en un cuerpo dañado (la batería no se puede cambiar, lo que le da apenas 4 días de vida) y como rehén de una pareja de chunguísimos delincuentes callejeros, que educan al robot para que haga el trabajo sucio durante sus crímenes. Por muy rocambolesca que suene (y que sea) la idea, sirve para darnos a uno de los robots más memorables del cine reciente, el nuevo Cortocircuito, que dicen (con permiso de WALL-E). Cuando Chappie es puesto en marcha, no es más que un bebé, un animal indefenso recién salido del vientre, que debe aprender a desenvolverse en el mundo. Con la tóxica influencia de sus padres adoptivos, los actuales reyes del trashNinja y Yolandi Visser del grupo musical Die Antwoord, Chappie asimila el dialecto y el lenguaje corporal de la escoria de Johannesburgo. Esto resulta ser un buen recurso para generar comedia, pero también da lugar a un auténtico drama de familia disfuncional. Por supuesto, la excelente caracterización de Chappie no sería tan memorable de no ser por Sharlto Copley, actor fetiche de Blomkamp, que presta su cuerpo (y su voz) al robot mediante el sistema de captura digital de movimiento. Gracias a Copley, Chappie está vivo, crece, aprende, se emociona, se enfada, se equivoca, ama, y en definitiva, es real.

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No obstante, el resto de la película no está a la altura de su tierno e inocente protagonista robótico. Si en Elysium Blomkamp pecaba de quedarse en la superficie, en Chappie yerra al querer introducirse demasiado a fondo en la historia sin tener muy claro cómo dar cohesión a los elementos que la conforman. Las carencias del guión saltan a la vista sobre todo durante su caótica recta final, en la que las resoluciones se hallan de forma apresurada e inconexa, y las conclusiones se cogen con pinzas. Pero ese no es su único problema. Chappie sufre de un excesivo peso en la trama de los irritantes Ninja y Yolandi (sus fans que no se den por aludidos), raperos autóctonos de llamativa presencia física pero nula experiencia interpretativa que prolongan sus ficcionadas personalidades artísticas en la película. A ellos les debemos en parte el goloso apartado estético del film (el contraste del feísmo industrial de Blomkamp y los colores pastel es genial), y para ser sinceros, podrían hacerlo peor, pero no era necesario que el film pareciese un videoclip de 120 minutos de Die Antwoord. Por otro lado, el resto de personajes son demasiado planos, en especial el villano de la función, Vincent Moore. Este bully interpretado por (el siempre cumplidor) Hugh Jackman, es un malo porque sí, definido casi exclusivamente por su épico peinado estilo mullet ochentero y su ansia casi infantil por que le dejen salir a jugar a la calle con su Alce, copia del robot gigante ED-209 de RoboCop.

En resumen, Chappie es una gamberrada felizmente pasada de rosca que sabe divertir con su descaro irreverente y su violencia de videojuego, un blockbuster bien realizado y técnicamente sobresaliente (no olvidemos la magnífica banda sonora electrónica del reinventado Hans Zimmer), que sin embargo no logra que el mensaje, tan importante para su director, llegue de forma clara, ni que sus conclusiones tengan verdadero impacto. Es decir, que Blomkamp vuelve a fallar en una de las dos máximas en las que según él se apoya su cine. Por su bien, esperemos que para la próxima -o sea, Alien 5, sea capaz de encontrar de verdad ese equilibrio entre acción y reflexión, y consiga hacer ese cine que él quiere hacer (o que dice que hace). Y si no, no pasa nada, Neill. Al fin y al cabo, pensar está sobrevalorado, y tú lo sabes.

Valoración: ★★★

Crítica: Ex Machina

Ex Machina

Dicen que la mejor ciencia ficción es la que te hace pensar. No sé si esto es del todo cierto (a veces lo que buscamos en el género es precisamente lo contrario), pero parece que esa es la máxima a la que se ha encomendado Alex Garland, novelista autor de La playa y guionista de 28 días después y Sunshine, para la realización de su primer largometraje como director, la inquietante Ex Machina. Con su ópera prima, Garland propone una audaz fábula futurista sobre las posibles consecuencias del avance en el campo de la inteligencia artificial, una historia inundada de cuestiones morales acerca de la naturaleza de la consciencia, los límites de la ciencia y la responsabilidad del creador sobre su obra. El film de Garland está diseñado meticulosamente para provocar el debate, para hacernos partícipes de los acertijos sobre el ser humano a los que se enfrentan sus personajes, y para que salgamos del cine con más dudas existenciales que cuando entramos.

Ex Machina está narrada como un thriller psicológico con elementos de misterio. Nos adentramos en ella a junto a Caleb (Domhnall Gleeson), joven programador de una importante empresa informática que resulta ganador de un concurso cuyo premio es pasar una semana en la remota mansión del presidente de la compañía, Nathan (Oscar Isaac), una casa de última generación situada en medio de lo que parece un páramo inexplorado de la Isla Nublar. Caleb pronto descubre que la verdadera razón por la que está allí es someterse a un experimento conducido por Nathan, en el que debe interactuar con Ava (Alicia Vikander), la primera robot con cualidades verdaderamente humanas de la historia. Caleb va conociendo a la I.A. en una serie de sesiones privadas (monitorizadas por el Dios que todo lo ve, Nathan), lo que le lleva a involucrarse personalmente con ella y cuestionar la moralidad del proyecto y de su jefe. A medida que descubrimos al compás de Caleb más y más secretos sobre la fascinante Ava y su voluble y desconcertante “amo”, Ex Machina adquiere tintes cada ves más oscuros.

Ex machina pósterPara ser su debut en la realización, Garland hace gala de un temple absoluto en la dirección, manejando la tensión con soltura y aprovechando al máximo el restrictivo espacio en el que se mueve. La casa de Nathan proporciona un escenario minimalista y claustrofóbico de habitaciones sin escape y pasillos vacíos, cuyo diseño aséptico y práctica ausencia de mobiliario no le impiden llevar la historia hacia sus recovecos más ocultos. Con una planificación cerebral (como su excelente guión), y un gran trabajo de ambientación, Garland construye Ex Machina como un laberinto de secretos escondidos detrás de las puertas, en el que sus dos protagonistas masculinos se convierten en el gato y el ratón mientras nosotros nos perdemos irremediablemente a medida que nos acercamos a su extraño clímax. Un desenlace (reminiscente de Battlestar Galactica) que aunque peque de ambicioso y sacrifique sutilidad discursiva en busca de una moraleja más llamativa y efectista, nos ayuda a comprender mejor lo que hemos visto y pone en perspectiva los acontecimientos más ambiguos a los que hemos asistido. Al final, Ex Machina se revela como un relato cuasi-satírico sobre el deseo/derecho carnal y la manipulación sexual, pero por encima de todo todo una potente alegoría de la liberación de la mujer del yugo patriarcal.

En este sentido, es necesario destacar y elogiar el trabajo interpretativo del trío protagonista, que “personifica” las ideas fluctuantes y los postulados de la película en relación al power play del hombre y la mujer. Domhnall Gleeson es el perfecto sujeto pasivo del experimento que es este filme, es nuestros ojos, nuestra libido, nuestra voz, es tan vulnerable y está tan desprotegido como nosotros ante ella. El tremendo Oscar Isaac intimida con su magnética e hiper-masculina presencia física (atención a la desarmante escena de la coreografía). Y mención aparte merece Alicia Vikander, que da vida a la robot Ava. El trabajo de Vikander es de una sutilidad pasmosa, una interpretación de conmovedora belleza y gran delicadeza (la armoniosa fusión de su cuerpo con los efectos digitales es clave) con la que la actriz se va apoderando progresivamente de la película, hasta hacerla completamente suya. Ellos hacen que el guión de Garland funcione a tantos niveles, que lo artificial se torne humano, lo cuantificable insondable, y que nosotros nos planteemos si lo que sentimos y pensamos es nuestro, y sobre todo, si es aceptable o reprobable.

Valoración: ★★★★

Crítica: Big Hero 6

BIG HERO 6

“Por aquí no miramos hacia atrás durante mucho tiempo. Seguimos moviéndonos hacia delante, abriendo nuevas puertas y probando cosas nuevas. La curiosidad nos conduce siempre hacia nuevos caminos” -Walt Disney

Esta cita se incluye al final de uno de los primeros “Clásicos Disney” de la nueva era Lasseter de la compañía, Descubriendo a los Robinsons. Aquella extravagante aventura a lo Jetsons ponía de manifiesto la intención renovadora del estudio, que tras varios sonados fracasos necesitaba urgentemente dar un salto hacia el futuro. Y así fue, la casa de Mickey Mouse comenzó un proceso de actualización que, sin dejar de mirar atrás (Tiana y el sapo), se proponía adaptar el estudio a las sensibilidades comerciales y la nueva realidad social del siglo XXI. El punto de inflexión decisivo fue el gigantesco éxito de Frozen, un cuento de princesas que suponía la culminación del ejercicio desmontador de estereotipos que Disney llevaba realizando desde hacía unos años. El público masivo volvía a estar interesado en Disney, a Internet le encantaba el mensaje transgresor que llevaba consigo, y tanto las horas bajas de Pixar como la incorporación de Marvel propiciaban la sinergia perfecta para dar el siguiente paso.

De esa sinergia nace Big Hero 6, basada en un cómic estilo manga de la Casa de las Ideas publicado en 1998, sobre un equipo de superhéroes adolescentes liderados por un genio de 13 años, Hiro Hamada. Sus directores, Don Hall y Chris Williams, insisten en que la película no es una adaptación de Marvel, sino una de Disney ambientada en su propio universo. Sin embargo, a lo largo de todo el metraje queda patente la influencia de las películas de Marvel Studios, cuyo increíble éxito ha proporcionado una fórmula infalible que se ha puesto en práctica tanto en la Fase 2 del MCU como en esta película. Big Hero 6 es una origin story en toda regla, el relato de la formación de un súper equipo marveliano, con todas sus fases y todos sus elementos, incluida la escena post-créditos, que en este caso además incluye un genial cameo que corrobora todo lo anterior.

Big Hero 6Y ahí es precisamente donde Big Hero 6 encuentra su talón de Aquiles, en su naturaleza formulaica. Hall y Williams llevan a cabo una obra vibrante y espectacular que sin embargo sabemos exactamente por dónde va a tirar en todo momento, lo que elimina el factor sorpresa. No falta ninguno de los ingredientes cultivados en los Laboratorios Disney a lo largo de esta última década: las dosis de lección educativa con ese toque moderno que esquiva el sermón (“estudia una carrera”, “ponte el cinturón”), la ruptura de estereotipos (el nerd es un coqueta, el negro grandullón es un miedica), la representación (chica butch con curvas, chica nerd hiperfemenina, equipo multirracial), el feminismo (“woman up!”), la tierna amistad imposible, la escena impactantemente dramática en la que perdemos a un personaje (Disney nunca ha ocultado la muerte a sus espectadores, pero desde que Buscando a Nemo demostró la verdadera eficacia del recurso no se ha dejado de explotar), y ese final emotivo made in Pixar que en este caso está protagonizado por Hiro y el robot Baymax. Ojo, nada de esto es intrínsecamente negativo, todo lo contrario. Necesitamos esa ruptura, esa transgresión en el cine “para niños”, pero al igual que ocurre con las de Marvel, llega un momento en el que hace falta algo más que la repetición paso a paso de la fórmula para realizar una obra que no solo sea perfecta, sino algo más.

Con suerte, Big Hero 6 tiene alicientes de sobra para que pasemos por alto estos problemas y consigamos disfrutar como renacuajos. Visualmente es para quedarse bizco. Los escenarios fotorrealistas de la ciudad de San Fransokio (es decir, la bahía de San Francisco orientalizada) son alucinantes, con una topografía inabarcablemente detallada y una rica ambientación que fusiona con maestría espacios de ensueño (el vuelo al atardecer) y diferentes estilos (US home-made, cyber-punk, diners, calles de neón). Narrativamente, la historia de Hiro y sus superdotados héroes nos trae a la memoria algunos de los clásicos animados más celebrados del cine reciente: Cómo entrenar a tu dragónLos Increíbles, WALL-Ey sobre todo, El gigante de hierro, obra de culto con la que Big Hero 6 comparte núcleo emocional, la amistad de un niño y su robot (con escena análoga en la que el primero oculta al segundo de su madre, con divertido resultado). Puede que los héroes (y villanos) sean algo más planos de lo que cabía esperar, pero la película lo compensa con memorables secuencias cómicas, acción trepidante, y sobre todo el adorable, entrañable y achuchable Baymax, un personaje redondo (nunca mejor dicho) que garantiza las carcajadas y del que es imposible no enamorarse.

Valoración: ★★★