Crítica: Jumanji – Bienvenidos a la jungla

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El caso de Jumanji es curioso. La película dirigida por Joe Johnston fue acribillada por la crítica a su estreno en 1995, pero la gran acogida del público la acabó llevando a ingresar en la cultura popular como una de las cintas para toda la familia más emblemáticas de la época. Su éxito (recaudó 264 millones de dólares en todo el mundo) fue el resultado de una feliz sinergia de elementos: la fuerte demanda de cine de aventuras con animales tras el pelotazo de Parque Jurásico, el boom de los efectos digitales (irrisoriamente primitivos vistos ahora, menos en el caso de los monos, que ya eran lo peor en su día) y Robin Williams en la cima de su popularidad noventera. Jumanji se estrenó en el mejor momento posible, y esto la ayudó a convertirse en uno de los acontecimientos cinematográficos que definieron a la generación que creció en los 90.

Sin embargo, la película no consiguió hacer despegar una franquicia, como por momentos pareció ser la intención. Sí, hubo una serie animada y una más que estimable secuela espiritual, Zathura, pero la cosa se quedó ahí. Hasta 2017. No hace mucho, Sony Pictures vio el filón de la nostalgia y decidió aprovecharlo anunciando un reboot de Jumanji. La noticia no fue recibida con el mismo nivel de virulencia que la nueva Cazafantasmas, pero sí se encontró con el rechazo de un público que tenía a la original en más alta estima de lo que creíamos. La cosa empeoró cuando se desveló la premisa: en lugar de un juego de mesa, Jumanji pasaba a ser un videojuego. ¡Horror, sacrilegio, infancia arruinada! Por todo esto, el temido reboot tenía todas las papeletas para ser un desastre, pero contra todo pronóstico, ha acabado revelándose como una de las sorpresas de la temporada.

Jumanji: Bienvenidos a la jungla, que es como se llama el invento, es muy diferente a la original. No se limita a repetir la jugada, sino que se configura a modo de secuela actualizadora para millennials y niños. Como adelanta el título, la acción se traslada enteramente a la jungla, es decir, al interior de Jumanji. Cuatro estudiantes de personalidades dispares son castigados a pasar el día limpiando el sótano del instituto, donde encuentran una antigua consola y un misterioso cartucho. Cuando inician una partida de la versión en videojuego de Jumanji, son absorbidos y transformados en avatares con identidades y habilidades radicalmente distintas a las de sus vidas reales. Juntos deberán emprender una peligrosa aventura resolviendo puzles, enfrentándose a enemigos mortales y avanzando de nivel hasta llegar al jefe final (Bobby Cannavale), contra el que deberán luchar para ganar la partida y evitar quedarse atrapados en el juego para siempre.

Dejando atrás el tablero, Jumanji: Bienvenidos a la jungla se presenta como un homenaje paródico a los 16-bits en el que el lenguaje de los videojuegos (las vidas, los tutoriales, los menús de selección, los power-ups, las secuencias cinemáticas…) proporciona una forma muy creativa de construir la aventura (aunque sea haciendo trampa, esta es una película de videojuegos que sí funciona) y la nostalgia se maneja con sorprendente acierto y mesura. Aunque técnicamente estamos ante una secuela, la nueva Jumanji evita caer en el error de la réplica y encuentra su propia voz, demostrando que tiene muy clara tanto su (nueva) personalidad como la época en la que le ha tocado vivir. Y esa época pertenece a una de las mayores estrellas del cine comercial y posible futuro presidente de los Estados Unidos, Dwayne Johnson. Si su anterior reboot, Baywatch, fallaba por completo en todo lo que se proponía, Jumanji da en la diana, y es en gran medida gracias a él. Verlo interpretar a un nerd enclenque y asustadizo atrapado en la montaña de músculos que es The Rock es una de las mayores atracciones de la película.

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Johnson está más gracioso que nunca (carcajada segura cada vez que redescubre asombrado sus bíceps), pero no está solo. Lo acompañan dos pesos pesados de la comedia generalista, Kevin Hart y Jack Black, que cumplen a pesar de que su histriónico humor pueda sobrecargar a muchos (quien esto escribe incluido), y la escocesa Karen Gillan, actriz todoterreno que demuestra sus excelentes dotes para la comedia y la acción protagonizando algunos de los mejores combates de la película y sacando el máximo partido de un personaje poco agradecido (construido para criticar estereotipos en los que en un momento u otro acaba cayendo). La dinámica que crea el cuarteto protagonista (quinteto contando a un más que decente Nick Jonas, que se incorpora al grupo a mitad de la aventura) es el principal motor cómico y emocional del film. Hay tanta química entre todos ellos que da igual que el argumento no sea nada del otro mundo o que algunas subtramas no terminen de cuajar. Al final (y al principio), lo importante es pasárselo bien, y todos se aseguran de que así sea.

Jumanji: Bienvenidos a la jungla no es ninguna maravilla (la original tampoco lo era, aunque nos encantase, a mí el primero), de hecho es más bien una tontería, pero es más que digna como cine familiar y entretenimiento ligero para las vacaciones. Divertida, simpática, con abundantes gags eficientes (sobran un par de chistes sobre lo que mola tener pene, eso sí) y diálogos más ingeniosos de lo que parece, secuencias de acción resultonas (atención al set piece del helicóptero, brutal) y encima, corazón. Porque afortunadamente, la película no deja nunca de apoyarse en los personajes para crear los conflictos, resolverlos ensalzando el trabajo en equipo y, durante su emotivo final, dejarnos con un apropiado mensaje sobre la amistad y la importancia de abandonar nuestros miedos y prejuicios para atrevernos a ser quienes realmente queremos ser.

Es decir, lo que prometía enfadar a la audiencia ha acabado haciendo todo lo contrario, ser un crowdpleaser de manual. Al no tomarse demasiado en serio y carecer de mayores pretensiones que hacer pasar un buen rato, Jumanji: Bienvenidos a la jungla invita a relajarse y disfrutar de la partida.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Crónica de la Muestra Syfy 2016

Leticia Dolera Syfy

El 13 es un número especial, históricamente asociado a la mala suerte, y con el tiempo justo lo contrario, un símbolo de buena suerte para los que gustan de llevar la contra. Para los fans del cine fantástico, el 13 ha significado algo muy especial este fin de semana: una de las mejores ediciones de la Muestra Syfy. Nuestro mini-festival favorito se ha mudado de residencia, pero sigue viviendo en el mismo barrio. De los Cines Callao al Cine de la Prensa de Gran Vía, sin perder en la mudanza ni un ápice del entusiasmo que lo caracteriza.

Como todos los años, nos damos cita con la Muestra Syfy, organizada por el canal de televisión Syfy España, para ver cine de género (fantástico, ciencia ficción, terror, animación) durante cuatro días (este año del jueves 3 al domingo 6 de marzo). Una veintena de películas que han conformado una programación en la que, como de costumbre, han tenido cabida las ideas más disparatadas y las propuestas más curiosas. Muertos vivientes, fantasmas, zombies, demonios, extraterrestres y caníbales (por partida doble, que este año ha sido el de los antropófagos), todos se han reunido un año más para la gran fiesta del cine fantástico en Madrid.

Y como decía, aunque hayamos cambiado de emplazamiento, el espíritu de la Muestra sigue intacto. Por un lado gracias a la organización, que ha llevado a cabo el cambio de la forma más fluida (esperábamos que al cambiar de una sala grande a tres más pequeñas hubiera un caos mayor, y para nada), por otro a los seguidores (bautizados “mandanguers” -o mandangers- durante la última sesión del domingo), incansables, “motivados” y con ganas de darlo todo en las proyecciones, y por último, pero no por ello menos importante, gracias a la gran Leticia Dolera, que un año más se corona como la reina geek (Mandanga Queen) de nuestro país. Parece mentira, pero Dolera se supera cada año. El nivel de complicidad que ha alcanzado con los asistentes a la Muestra es increíble (para entender los chistes internos o la importancia de las palabras “mandanga” y “Canino” hay que haber estado allí), y se ha notado especialmente en esta edición, en la que, entre otras muchas cosas, ha recordado a sus compañeros de Al salir de clase con velas en la mano (in memoriam?), ha demostrado su amor por Buffy, ha llamado por teléfono a Raúl Arévalo, al que dejamos un mensaje de voz porque no lo cogió (y al que esperamos ver en la próxima edición, no nos falles, Raúl), ha cantado los precios de la cantina, ha reivindicado a Chicho Ibáñez Serrador (Goya honorífico ya), ha criticado (de bromi) a los actores españoles por no vocalizar, y por supuesto, ha repartido Huesitos entre el público. Todo del mejor rollo posible. Gracias, Leticia. Sin ti la Muestra no sería lo que es.

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Dicho esto, pasemos a hablar de las películas que hemos podido ver este año. Muchas de las que, por cierto, tienen distribución en España, así que anotad las recomendaciones. La Muestra dio el pistoletazo de salida el jueves 3 con el preestreno de La invitación, de Karyn Kusama, uno de los grandes éxitos de la pasada edición del Festival de Sitges, donde se alzó con el premio a la mejor película del certamen. Con un reparto de caras conocidas, sobre todo para el seriéfilo (Logan Marshall-Green, Michiel Huisman o John Carroll Lynch), La invitación es una cinta malrollera que recuerda a Coherence en sus ambientes y a La cena de los idiotas por su mala baba. Kusama sabe dosificar la información como si de un menú degustación se tratase y nos embriaga de tal manera que seguimos pidiendo más a pesar de que sintamos ya los ardores de las horas posteriores. Menos mal que tiene el detalle de ofrecernos un chupito digestivo para pasar el (mal) trago.

El viernes 4 nos deparaba más de una sorpresa. El primer día propiamente dicho de la Muestra arrancaba con la noruega Villmark Asylum, secuela de uno de los mayores éxitos cinematográficos del país nórdico que nos proponía de nuevo (“nos” es un decir, porque de los cientos que estábamos en la sala solo cuatro fans aplicados habían visto la primera) una historia de terror ambientada junto a un lago remoto, concretamente en un hospital abandonado donde se trataba a los enfermos de tuberculosis muchos años Imagen 2atrás. Como podéis imaginar por la descripción, Villmark Asylum es la típica película de “manicomio encantado”, y recurre a los tópicos y la imaginería habitual del género (fantasmas de pacientes y enfermeras deambulando entre pasillos, experimentos inmorales), donde por desgracia se queda completamente estancada sin saber qué contar. Un rollazo.

Las dos siguientes películas de la tarde sirvieron para arreglar el mal sabor de boca de Villmark 2 (su título original) y despertarnos de la siesta. En primer lugar, la británica Nina Forever nos planteaba una premisa sencilla a la par que interesante, con una historia romántica sobre un chico que perdió a su novia en un accidente y, cuando intenta iniciar una nueva relación (concretamente cuando practica el sexo con su nueva pareja), la novia se le aparece tal y como quedó tras el accidente para atormentarle a él y a la chica. Una metáfora sobre las relaciones y la pérdida que, a pesar de resultar demasiado evidente, da para muy buenos momentos, aunque al final se pierda por no saber cómo ni cuándo concluir la historia. Nos quedamos con la primera hora de la película, rebosante de sentido del humor, emotividad y erotismo, y con las interpretaciones de su trío protagonista, en especial las femeninas, Fiona O’Shaughnessy y Abigail Hardingham. En segundo lugar, llegó la esperadísima (y apaleadísima) nueva película de Eli Roth, The Green Inferno, y resultó ser uno de los mayores éxitos entre el público de la Muestra. Roth ha orquestado una película repugnante, nauseabunda, con los peores actores del mundo y autoconscientemente mala que se reveló como la oferta perfecta para la Muestra, como demostraron las continuas carcajadas y aplausos de la sala. Una cinta idónea para este tipo de ocasiones, en las que a veces es mejor no pesar demasiado lo que se está viendo y dejarse llevar. Eso sí, vais sobre aviso si decidís verla: al igual que su día Holocausto caníbal (de la que evidentemente bebe, y come, mucho) sus imágenes gore pueden provocar más de un mareo.

Las sesiones nocturnas del viernes nos dejaron otra sorpesa. Desafortunadamente no fue la española Vulcania, que fue recibida con indiferencia y aburrimiento generalizado (quizá si los responsables del film no hubieran estado en la sala presentándolo el público se habría ensañado más). El debut de José Skaf en la dirección de largometrajes es una oportunidad perdida, una película que recuerda demasiado a El bosque (aunque Skaf asegurase que todo parecido es coincidencia) y que, a pesar de su excelente factura y buen reparto, nos deja completamente a medias (aquí podéis leer una crítica completa de la película, que ya está en cines). A continuación , la primera sesión golfa de la Muestra 2016 nos presentaba la primera parte de la japonesa Parasyte, de Takashi Yamazaki, film que fue recibido cálidamente por el público del Cine de la Prensa. Parasyte, Part I  es la hilarante visión japonesa de la Nueva Carne de Cronenberg (se trata de la adaptación live action del manga del mismo nombre), con momentos cómicos muy conseguidos y una épica tan ridícula como convincente. Por una noche, Migi destronó a Huevón como rey de la madrugada Syfy.

BONE TOMAHAWK

El sábado por la mañana tenía lugar la primera sesión Syfy Kids, con la proyección de una de las nominadas al Oscar a Mejor Película de Animación este año, The Boy and the World, distribuida en España por Rita & Luca Films. La tarde comenzaba con la surcoreana The Piper, adaptación libre de El flautista de Hamelín que tiene lugar en una pequeña aldea azotada por una plaga de ratas, donde un hombre y su hijo hacen una parada para ayudar a los habitantes. La película de Kim Kwang-tae comienza como una comedia amable con toques de realismo mágico y en su tramo final se transforma en una historia oscura, trágica y macabra. Una película peculiar de la que se pueden destacar bastantes virtudes, entre las cuales por desgracia no se encuentra la consistencia. A continuación se proyectaba la caboyano-americana Listening, que juega con la idea de la manipulación de la mente y la creación de la telepatía, y que fue con diferencia una de las peores películas de la muestra. Llamarla amateur sería quedarse muy cortos. Una primera parte que copia descaradamente a Primer da lugar a una segunda mitad que adquiere tono épico-conspiranoico y se hunde en el mayor de los ridículos. Y lo peor de todo, el asqueroso machismo que recorre toda la cinta. Lamentable. Pero es que esa misma noche pudimos ver otro desastre de proporciones épicas, Generación Z (título español para The Rezort), una Parque jurásico con zombies en lugar de dinosaurios que, por muy atractiva que suene la idea, no podría haber dado lugar a una película más terrible. Y lo peor no es el planteamiento completamente absurdo (eso no es un problema en la Muestra), sino que ¡se toma en serio! y contiene un mensaje político que no podría estar hilado de forma más patética. Menos mal que justo antes habíamos disfrutado del plato fuerte del día, Bone Tomahawkwestern atípico cargado de humor, violencia extrema (condensada en su magnífica recta final, donde podemos ver una de las muertes más despiadadamente brutales y gráficas de la historia del cine) y grandes interpretaciones, en especial la de Richard Jenkins, que conquistó a la sala al completo. Una gozada.

Foto de Mara

El sábado muchos hicimos un paréntesis para asistir a la proyección del musical de Buffy, cazavampiros, “Once More, With Feeling” (6×07), una ocasión de lujo para poder ver en pantalla de cine uno de los capítulos más emblemáticos de esta serie de culto. El ambiente seriéfilo era inmejorable y nuestra anfitriona, Leticia, nos preparó una presentación genial. En primer lugar nos hizo un recorrido por la serie, resumiendo las temporadas y hablando sobre la experiencia que supone ser espectador de Buffy, en especial si se vio por primera vez durante la adolescencia (o post-adolescencia). A continuación recomendó el libro sobre Joss Whedon De la Estaca al Martillo, que como muchos sabéis, coordiné el año pasado junto a mi colega, amiga y admirada Cazadora Irene Raya. Aunque ya lo hice en persona, desde aquí quiero agradecer de todo corazón una vez más a Leticia por hablar del libro en la proyección (en dos proyecciones distintas, de hecho), fue un detalle precioso que convirtió lo que ya estaba siendo una gran Muestra en mi mejor Muestra. Por último, Dolera orquestó un gran momento fan junto a los fans de Buffy, haciéndonos ensayar un fragmento de la canción “Walk Through the Fire“. ¿El resultado? Juzgad vosotros mismos:

Y llegó el último día. El domingo suele ser una jornada de mayor relax en la Muestra, y este año ha cumplido esa norma. El día arrancaba con la polaca Demon, adaptación moderna de la leyenda del dybbuk judío que transcurre durante una boda tradicional en el campo. Una película divertida, surrealista e inteligente que acercaba el cine de autor europeo a la Muestra, demostrando que cualquier tipo de propuesta fantástica tiene cabida en ella. Demon resultó ser una de las películas más interesantes de este año, un relato impregnado de vodka e historia (la de unas ruinas que no se pueden o no se quieren reconstruir), de un humor absurdo y filosófico exquisito y una memorable interpretación protagonista, la de Itay Tiran. Su director, Marcin Wrona, se suicidó en 2015, dejándonos una excelente obra póstuma. Una pena no saber hasta dónde podía haber llegado su talento.

La tarde del domingo continuó con Jeruzalem, un found footage ambientado en la capital israelí y protagonizado por dos turistas americanas cuyas vacaciones se ven interrumpidas por el día del Juicio Final. The Paz Brothers abordan el hastiado género del metraje encontrado intentando revitalizarlo con un nuevo gadget: las Google Glass. De esta manera salen airosos del engorro que suelen tener todos los directores para justificar el hecho de que sus protagonistas no dejen de grabar. Pero más allá de eso, no hay nada verdaderamente destacable de Jeruzalem, además de su bello y original emplazamiento. Una película que sigue los dictados del género (y demuestra algo más que admiración por [REC], como advirtió después Dolera, o Cloverfield) y al menos entretiene y cumple su función a pesar de caer en el despropósito continuamente. Y después de Jeruzalem, dimos un giro de 180º grados en el tono para disfrutar de la (muy) británica Absolutamente todo, dirigida por Terry Jones (miembro de Monty Python, guionista de Dentro del Laberinto, que también se pudo ver en una sesión especial en homenaje a David Bowie), una comedia directamente salida de los 90 que recuerda demasiado a Como Dios, pero que resultó ser un soplo de aire fresco gracias a sus divertidos diálogos y al buen hacer de su protagonista, un carismático Simon Pegg demostrando que puede ser un gran leading manAbsolutamente todo también destaca por ser la última película de Robin Williams (en ella dobla al perro Dennis y nos deja algunos de los mejores momentos de la cinta) y por contar con las voces de lo Monty Python dando vida a los extraterrestres que otorgan los poderes al personaje de Pegg.

hiddleston high rise

La Muestra 2016 tocaba a su fin con la esperadísima High-Risepelícula dirigida por Ben Wheatley y escrita por él junto a Amy JumP a partir de la novela de J. G. BallardHigh-Rise venía precedida de mucha expectación, aunque acabó siendo una gran decepción (y no es que no nos lo hubieran advertido desde Sitges y otros festivales). High-Rise es una cinta post-apocalíptica retro-futurista que podría describirse (muy superficialmente) como una fusión de BrazilSnowpiercer. La película tiene un planteamiento muy interesante y suficientes elementos atractivos por separado (la estética, la música, la percha de Tom Hiddleston, el sorprendente talento de Luke Evans), pero en conjunto resulta fallida, sobre todo por un empeño, casi exhibicionista y provocador, en el estilo por encima de la sustancia, y la locura y el absurdo porque sí, lo que juega en detrimento de la historia. High-Rise se pierde en la no-narratividad hacia la mitad de su metraje y no se recupera, rematando su “relato” con una conclusión sobre-explicativa que subraya demasiado el mensaje y parece que ya va con recochineo. Probablemente estemos ante una obra incomprendida que será reivindicada como película de culto. Quizá solo sea una pretenciosa paja mental que acabaremos olvidando. El tiempo lo dirá.

Y hasta aquí otra Muestra Syfy llena de buen rollo, amistad y celebración de la cultura fan y el cine (y la tele) de género. Me despido con una de las frases más bonitas de Leticia Dolera, pronunciada (con toda sinceridad y convencimiento) durante una de sus encantadoras presentaciones:

“Axioma: Te gusta el cine fantástico y de terror, eres buena persona. Te gusta Buffy, eres buena persona”.

¡Hasta el año que viene, Mandangers!

Texto de Pedro J. García y David Lastra

Especial Pilotos 2013-14 – Parte III

The Crazy Ones

The Crazy Ones

Emisión: Los jueves en CBS

Opinión sobre el pilotoThe Crazy Ones es la nueva serie de David E. Kelley. Así que sabemos lo que esperar de ella: excentricidad (de la modalidad “payaso de cumpleaños”), gente cantandotramas profesionales entrelazadas con conflictos personales y corazón, mucho corazón (Ally McBeal style). El piloto de The Crazy Ones es todo esto. Y además es el regreso a la tele de Robin Williams y de Sarah Michelle Gellar (él se marchó hace muchos años, ella no, pero su última serie la vimos cuatro gatos). El caso es que como carta de presentación, estos primeros veinte minutos podrían haber sido mucho peor. Haciendo balance después de ver el episodio, lo que más sobra es precisamente la atracción principal: Robin WilliamsPorque no tenemos 12 años ni vivimos en 1985, y porque su humor caducó poco después de que abandonara la tele.

A pesar de su irrefrenable tendencia a provocar vergüenza ajena (por favor, que nadie cante más), The Crazy Ones funciona, y tiene cuerda para funcionar durante mucho tiempo (la audiencia ha convertido el piloto en el mejor estreno de lo que llevamos de año, así que seguramente lo hará). El reparto que rodea a Robin y SMG, que interpretan a los dueños de una agencia de publicidad (Mad Men, te están vigilando de cerca) es reducido. Tenemos a James Wolk (¡Bob Benson!), sus hoyuelos, su sonrisa y su mentón, suficiente reclamo para permanecer en sintonía. También están Hamish Linklater, y Amanda Setton haciendo el mismo personaje que en The Mindy Project (serie que abandonó para venirse a esta). De momento están desdibujados, pero conectan bien y parece que podrían dar mucho juego. La que está bien dibujada es Sarah Michelle Gellar. Grata sorpresa teniendo en cuenta que sus aptitudes para la comedia no han sido precisamente extraordinarias nunca. Dejando a un lado las sonrisas ultra-forzadas e incómodas ante los numeritos de Robin Williams (nosotros también sonreiríamos así), Sarah está encantadora y a ratos genuinamente graciosa. Gracias a que ella está ahí para ejercer de “red” de Robin Williams, nos será más llevadero aguantar su humor.

Puntuación: 6/10

Razones para quedarse: ¿He dicho James Wolk? ¿Su pelo, sus ojos, su encanto? Además de él, y nuestra SMG, tengo la sensación de que la serie nos tiene guardados momentos emotivos padre-hija que me apetece ver.

Razones para abandonar: Que no sean capaces de contener el humor de Williams y todos los episodios sean un insoportable festival de muecas, chistes para niños y voces. No es tan difícil, ya desde el principio notamos que Simon Roberts es un hombre abatido en el terreno personal. Solo tiene que llegar un momento en el que deje de usar el humor como escudo y nos liberen del sufrimiento que esto conlleva.

 

Trophy Wife ABC

Trophy Wife

Emisión: Los martes en ABC

Opinión sobre el piloto: Confirmado por enésima vez. ABC no está interesada en hacer otro tipo de comedia que no sea Modern Family. Con The Goldbergs lo dejó bien claro, y con Trophy Wife la sutilidad de su estrategia comercial brilla por su ausencia. Esta nueva sitcom de una sola cámara sigue las aventuras de Kate Harrison (Malin Akerman), una treintañera cabra loca que de la noche a la mañana se convierte en madrastra de tres hijos. Una “mujer florero” muy al estilo Gloria Pritchet que tiene que lidiar no solo con los niños, sino con sus madres, las dos anteriores esposas de su marido. Podéis imaginaros la que se monta cuando todos coinciden en el mismo lugar.

El piloto de Trophy Wife es, a pesar de lo poco original de la fórmula, un auténtico soplo de aire fresco en la nueva oferta de series USA. No hay apenas nada que reprocharle. Buenos personajes, buenas interpretaciones, risas aseguradas y un buen rollo muy contagioso. Malin Akerman está estupenda como protagonista, dando rienda suelta a su fantástica vis cómica (que ya descubrimos en la mítica The Comeback) y su adorkabilidad. Pero el resto del reparto, adultos y niños por igual, rebosa talento. Una agradable sorpresa que promete intentar ser más “moderna” que Modern Family.

Puntuación: 7/10

Razones para quedarse: La innegable simpatía de Malin Akerman, la magna presencia de Marcia Gay Harden, y una enorme robaescenas en potencia ya desde el piloto, Michaela Watkins. Y en definitiva, lo bien que funcionan todos los personajes juntos y por separado. Ah, sin olvidarnos del niño chino. Lily Pritchet-Tucker versión masculina.

Razones para abandonar: Que quizás dure poco…

 

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The Michael J. Fox Show

Emisión: Los jueves en NBC

Opinión sobre el piloto: La expectación alrededor del regreso de Michael J. Fox a la tele era muy alta. El actor, que lleva viviendo 22 años con Parkinson, vuelve para contarnos su historia de superación a través de Michael Henry, un ex presentador de noticias que regresa a la NBC después de retirarse por culpa de la enfermedad. A pesar de lo loable del esfuerzo de Fox, el resultado está muy por debajo de las expectativas. La culpa no es suya, claro. El piloto de The Michael J. Fox Show es básicamente un testimonio de superación por parte de Michael y su familia, un blanquísimo y sosísimo autohomenaje que, a pesar de invitar a reírse de la enfermedad, carece completamente de sentido de la comedia.

The Michael J. Fox Show no tiene fuerza, se queda en la superficie todo el tiempo, y su reparto no posee la química requerida para que nos creamos los “lazos de familia” que los unen en la ficción. Todo transcurre de manera impostada, artificial, y sin gracia. Da igual que los actores se esfuercen más o menos, al guion le falta chispa y no hay nada que hacer. Los chistes no son tal cosa, los personajes son planos, y tanto el argumento como el irregular tono recuerdan a la malograda serie de Matthew Perry, Go On, otra sitcom de NBC que intentaba ser graciosa pero sencillamente no tenía lo que hay que tener. Quizás un poco más de mala leche le habría venido bien al piloto. Menos tiento y corrección política, menos peloteo y más riesgo aproximándose a la enfermedad de Fox, para que de verdad nos creamos que no pasa nada por reírse. El comeback de Michael J. Fox es motivo de celebración, su serie no.

Puntuación: 4.5/10

Razones para quedarse: Confiar en que la serie logre encontrar su tono. Muchas otras comedias de NBC empiezan a medio fuelle y acaban hallando su personalidad.

Razones para abandonar: Todo lo anteriormente expuesto. Además, la interpretación de Fox está tristemente impedida por la enfermedad, que se encuentra muy avanzada, por lo que puede distraer bastante. Por desgracia, el actor no vocaliza y cuesta seguir los diálogos en los que él interviene (aunque tengamos subtítulos). Claro que esto no es lo peor. Con un buen guion quizás podría pasarse por alto. Pero parece que nadie estaba interesado en escribir una comedia.

 

 

 

Puente de comedia: La gran boda, Dos más dos, Scary Movie 5

Inauguramos un mayo de cine con una selección de estrenos de comedia para el puente (miércoles 01/05/13).

La gran boda (The Big Wedding, Justin Zackham, 2013)

En esta comedia de enredo somos invitados de excepción a la boda de Alejandro (Ben Barnes) y Missy (Amanda Seyfried). Don (Robert de Niro) y Ellie (Diane Keaton) son los padres adoptivos del novio, y llevan muchos años divorciados. La madre biológica de Alejandro, una mujer profundamente católica, viaja desde Colombia para asistir a la boda. Alejandro pide a sus padres que finjan estar casados para no escandalizar y decepcionar a su madre. Esta es la tontorrona premisa -que parece sacada de una sitcom de los 90– de La gran boda, pero como podéis imaginar, no es más que el desencadenante. Los hermanos del novio, los padres de la novia, la novia del padre… todos entrarán en juego para que la boda de Alejandro y Missy sea, por supuesto, un día inolvidable.

Es tan solo la segunda película de Justin Zackham, pero sorprende lo bien que le tiene cogido el pulso a la comedia. En La gran boda tiene que hacer malabares con un enorme reparto coral y por consiguiente, un elevado número de subtramas, y lo cierto es que no le sale nada mal la jugada.

No es ningún secreto que fnvlt bebe los vientos por Judd Apatow (lo menciono siempre que tengo la ocasión, porque se ha ganado a pulso que lo haga). Sin embargo, he de reconocer que después de ver La gran boda no he podido reprimir este pensamiento: “Atiende, Judd, es posible hacer una comedia de 90 minutos con ochocientos personajes, ¿por qué las tuyas con dos o tres se te suben a los 130?” Que sirva este pequeño toque de atención a Apatow no para menospreciar su obra (La gran boda está a años luz de sus trabajos y son casi incomparables) basándome en un elemento que no suele suponerme inconveniente (que cada uno cuente su historia en el tiempo que necesite), sino para elogiar al inexperto e impersonal, y aun así muy eficaz Zackhman. Es cierto que en La gran boda hay muchos personajes-bulto (por ejemplo Seyfried, que interpreta exactamente el mismo papel y cumple la misma función que en Mamma Mia), pero prácticamente todos tienen su momento estelar, haciendo que esos 90 minutos estén aprovechados al máximo.

Lo mejor de La gran boda es su apabullante sencillez, desenfado y honestidad. A pesar de que no es especialmente ingeniosa, lo vais a pasar bien con ella, queráis o no. Divertida, picantona (ya sabéis, sobre todo para la tercera edad), y también emotiva, abarca tantas generaciones en su estelar elenco que no le cuesta hallar su target en todo tipo de público. En definitiva, un producto decididamente comercial para consumir, disfrutar, comentarla cenando y pasar a lo siguiente. Destacan De Niro y Sarandon, espléndidos.

Dos más dos (Diego Kaplan, 2012)

Diego (Adrián Suar) y Emilia (Julieta Díaz) llevan diez años casados, tienen un hijo en la pubertad y están dedicados en cuerpo y alma a su trabajo, sobre todo él, un reputado cardiólogo (literalmente imposible elegir una profesión más obvia y cliché). Como diría Shonda Rhimes, Diego es un experto tratando el corazón de los demás, pero ha descuidado el suyo. Aunque más que su corazón, Diego y su esposa tienen abandonados otros órganos. Después de tantos años, el matrimonio atraviesa una crisis: la del sexo solo los sábados y como si fuera una tarea. Pero entonces los mejores amigos de la pareja, Richard (Juan Minujín) y Betina (Carla) les confiesan que llevan varios años siendo swingers, es decir, haciendo intercambio de parejas. A Emilia le pica la curiosidad (y otra cosa) y aunque Richad se muestra reacio en todo momento, acaban adentrándose en el mundo del “swingerismo“.

Dos más dos nos llega a España cuando la exitosa ola de comedias de enredo argentinas ya se ha desvanecido. Lo que encontramos en ella es lo mismo de siempre, el protagonista masculino bobo y elegantemente descuidado (Ricardo Darín y su legión de sucedáneos), la mujer supersexualizada, los malentendidos y los chistes dedicados explícitamente a la pareja (porque ir a ver una de estas películas solo sería tan bochornoso). Aun con todo, Dos más dos resulta tremendamente simpática y efectiva, y contiene un buen número de gags memorables. Y también es muy sexy, por qué no decirlo. Aunque la autocensura coarte el humor picante (sábanas, manos y demás elementos para tapar estratégicamente los cuerpos y evitar el desnudo integral), la película de Kaplan flirtea con el erotismo en varias escenas, y este está ejecutado con muy buen gusto. Las hilarantes interpretaciones del cuarteto protagonista enzarzados en diálogos que desprenden gracia natural es lo que en última instancia eleva de categoría la propuesta. Una pena que el tramo final sucumba al ¿inevitable? dramón para desenlazar el enredo y acabe destapando la mediocridad a la que siempre estuvo destinada.

Scary Movie 5 (Malcolm D. Lee, 2013)

Texto de David Lastra

Estúpida, muy estúpida, como tiene que ser una buena spoof movie. Scary MoVie no revitaliza la saga, ya que esta serie de películas nunca ha estado muerta. ¿Alguien se atreve a decir que la fórmula está agotada? Por las carcajadas que se oían (y que solté) durante la proyección se puede asegurar que para nada. En esta ocasión, se renuevan las caras del reparto y el mecanismo no se resiente para nada; gracias en parte a una histriónica Ashley Tisdale que no desmerece para nada a la Anna Faris de anteriores entregas.

La ex-High School Musical hace las veces de madre coraje que tiene que luchar contra un espíritu maligno para salvar a sus hijastras. ¿Os suena? Claro, es la premisa de Mamá. Para intentar confirmar el asedio del fantasma, coloca cámaras de seguridad en toda su casa. Sí, es Paranormal Activity. Pero también hay ballet y planos de gente de espaldas andando (Cisne negro), veladas bondage con el señor Grey (el protagonista del libro “50 sombras de Grey“) cabañas en el bosque (The Cabin in the Woods), libros malditos (Posesión infernal) y hasta un mono inteligente, El origen del planeta de los simios. ¿Que no has visto ninguna de esas películas (ni quieres admitir que has leído el bestseller erótico)? Pues da lo mismo, porque los gags son tan absurdos que tienen gracia por sí solos.

Como nota anecdótica los mil y un cameos, entre los que destaca la genial Molly Shannon como vieja gloria del ballet (la Wino de Cisne negro), los televisivos Tyler Posey y Sarah Hyland haciendo un pequeño guiño a los Ash y Cheryl de Posesión infernal… y la mismísima Lindsay Lohan haciendo de ella misma en el prólogo (con escena de cama con Charlie Sheen al más puro estilo Benny Hill incluída).