iZombie: Con la vida en los talones

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El mundo es un lugar mejor desde que Buffy Summers y Veronica Mars aparecieron. Las dos (junto a Xena, claro) allanaron el camino para todas las protagonistas femeninas y heroínas televisivas que llegaron después. Sin embargo, últimamente echábamos de menos más personajes como ellas en las series. Y parece que no éramos los únicos. Las cadenas que fueran el hogar de Buffy y Veronica (WB y UPN) se fusionaron para dar lugar a la CW, hermana pequeña de las networks que últimamente parece más bien The DC Channel, y ante la invasión de superhéroes provenientes de las páginas del cómic, se dieron cuenta de que en la plantilla faltaba una rubia peleona de las suyas.

De ahí que CW adquiriese los derechos de iZombie, cómic de Vértigo (filial de DC, claro) creado por Chris Robertson y Michael Allred, con la idea de realizar una serie que llenase ese vacío. iZombie nace para recuperar, o preservar, según se mire, el espíritu de Buffy y Veronica, y quién mejor para ponerse al frente del proyecto que uno de los padres de las dos criaturas, Rob Thomas, creador de Veronica Mars. Junto a Diane Ruggiero-Wright (co-productora de VM), Thomas ha convertido las iconoclastas viñetas diseñadas por el imprescindible Mike Allred (que también ha dibujado la secuencia de créditos de la serie) en un drama procedimental fantástico que adopta el estilo de la cadena, llevando a cabo sustanciales cambios con respecto al cómic.

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iZombie (la serie) está protagonizada por Olivia Moore, más conocida como Liv Moore (“Live More”, ¿lo pilláis?), una estudiante de medicina de Seattle cuya vida da un giro de 180º al convertirse en zombie después de sufrir un ataque durante una desastrosa fiesta a bordo de un barco. Liv corta con su novio, Major (Robert Buckley), y deja el hospital donde está haciendo la residencia para irse a trabajar al depósito de cadáveres (en el cómic Liv se llama Gwen Dylan y trabaja como sepulturera). Allí tendrá acceso al único alimento con el que podrá conservar su aspecto humano y evitar convertirse en un monstruo: cerebros humanos. Y aquí viene el giro (es un decir), al comerse el cerebro de una víctima, Liv recibe sus recuerdos (en forma de visiones al estilo Cordelia Chase) y adopta su personalidad y habilidades, “superpoderes” que utilizará para ayudar al departamento de Homicidios de la policía a resolver casos complicados.

Lo que han hecho Thomas y la CW con esta serie es aprovechar la época dorada de los zombies en televisión para realizar un producto que, aunque técnicamente puede adscribirse al género Z, es en realidad otro tipo de “animal” televisivo. iZombie hace mucho más que recuperar el espíritu de Veronica Mars. En cierto modo, iZombie es Veronica Mars otra vez. Thomas no se ha quebrado mucho la cabeza desarrollando el concepto de su primera temporada, y se ha limitado a repetir el mismo esquema de VM, revistiéndolo de algo nuevo con el tema zombie. Tenemos a la protagonista ingeniosa y perspicaz (Rose McIver, a la que le cuesta un poco coger el tono a su personaje al principio pero acaba dominándolo), una fiesta a la que regresamos continuamente para descubrir nuevos datos sobre un misterio central, y una estructura de caso de la semana que ocasionalmente dará paso a un arco central al que se dedicará el final de la temporada (esto último ya no es cosa solo de VM, sino de cualquier procedimental que se precie). Es todo muy 2005, tramas, humor, referencias a la cultura popular, incluso banda sonora. Está claro que Thomas sigue viviendo en ese año.

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Pero eso no es todo, iZombie es una serie de zombies que en realidad es una serie de vampiros. Ya hemos visto a los muertos vivientes recibir el tratamiento vampiresco “pop” antes (Warm Bodies, In the Flesh), pero en iZombie tenemos a un tipo de zombie incluso menos arraigado en la tradición del género, más cercano a lo que Buffy y Angel hicieron con el mito de los chupasangres. Liv lucha por controlar a la criatura monstruosa que lleva dentro y debe renunciar al amor y el sexo con los vivos (el pobre Major, que las pasa canutas toda la temporada por su culpa), conflicto interno que define al primer (y verdadero) amor de Buffy. Los zombies civilizados que vemos en la serie acuden a carnicerías para abastecerse de cerebros de animales y evitar así la tentación de matar humanos. Incluso estéticamente se parecen más a los vampiros. La tez pálida sustituye a la carne podrida (esta se reserva a los zombies deshumanizados), dando lugar a las típicas situaciones y chistes que encontramos en las ficciones vampíricas. Pero ahí no se detienen las comparaciones, en iZombie también hay villano de rubio oxigenado, Blaine, aunque ya quisiera David Anders tener un cuarto del carisma de Spike.

Sin embargo, lo peor de iZombie son los casos, demasiado convencionales, aburridos y sobre todo predecibles. Narrativamente, la serie es muy mecánica y repetitiva, y todos los capítulos están escritos con la misma plantilla (usada en mil y una series antes que ella). Los guiones son excesivamente cándidos y nos vemos venir los giros a kilómetros de distancia. Por ejemplo, en casi todos los episodios es muy fácil identificar al asesino, porque siempre será un personaje aparentemente insignificante que aparece al principio de la forma más sospechosamente casual y desaparece hasta el final, cuando se requiere de nuevo su presencia para dar la “sorpresa”. Después, ese asesino o asesina confesará su crimen (sin abogado) explicando sus actos y motivaciones con todo lujo de detalles (como en Detective Conan). Es el modelo BonesCastle, investigación criminal de usar y tirar con aire de comedia ligera, pero con el toque juvenil de CW y un trasfondo sobrenatural.

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Y ahí está la clave para llegar a disfrutar iZombie. No es una serie a la que se le pueda pedir demasiado. Al menos no por ahora. Recordemos que Veronica Mars también necesitó su tiempo para pasar de esa etapa de casos de la semana y convertirse en algo más. Si asumimos su naturaleza de serie de planchariZombie es perfecta para cubrir ese hueco de ficciones de fácil digestión que muchos necesitamos (por ejemplo, yo la veo durante la comida). Pero es que además, potencial para trascender esa etiqueta no le falta (otra cosa es que lo haga), como hemos visto en la season finale, “Blaine’s World“, (relativamente) sorprendente episodio con un par de escenas impactantes (pero de verdad, como la que protagoniza Major en la carnicería) y cambios interesantes que plantean una segunda temporada con más mitología.

Por suerte, iZombie ha ido progresando adecuadamente a lo largo de sus 13 primeros capítulos y ha remontado en su recta final. McIver (a la que ya vimos en Play It Again, Dick) está cada vez mejor, y la serie cuenta con personajes secundarios muy acertados, como el británico Ravi (Rahul Kohli), sin duda el más divertido del reparto, o el ya mencionado Major, que ha pasado de ser pura carnaza (si Robert Buckley está ahí para algo es para descamisarse todas las semanas) a convertirse en un personaje mucho más definido y con una de las tramas más destacadas de la serie. La química entre todos ellos es estupenda y los demás personajes tienen buena base (espero que aprovechen mejor al hermano y la compañera de piso de Liv el año que viene), pero la serie no termina de cuajar. Después de los acontecimientos de la finale, la segunda temporada promete subir la apuesta y aumentar el drama, y aunque quizás yo esté ya muy mayor para una serie como esta, me quedaré para ver cómo evoluciona. Solo espero que cuando no estén con el arco principal se esfuercen un poco más con los casos de la semana para que no me arrepienta. Thomas, espero que aceptes el reto. Te lo pide un marshmallow.

‘Play It Again, Dick’, el meta-spin-off de Veronica Mars

PIAD Hansen Dohring

This is the dawning of the age of Mars. Definitivamente, 2014 ha sido el Año Marshmallow. Rob Thomas logró resucitar a finales de 2013 la serie de culto Veronica Mars con una película financiada por los fans que pulverizó récords en Kickstarter, y que pudimos disfrutar la pasada primavera (crítica fuertecita aquí). La ficción protagonizada por la “prácticamente perfecta en todos los sentidos” Kristen Bell (que ha tenido un año muy dulce gracias a Frozen, VM, y sus otros churumbeles) volvió a primera plana, desatando una auténtica fiebre nostálgica y revisionista en televisión. Si Veronica Mars, una serie de la network bebé CW con un culto fiero pero más bien discreto, había sido resucitada, ¿qué serie cancelada no podíamos rescatar? Lo cierto es que ya nos hemos calmado, y las webs de entretenimiento han parado de publicar listas de series canceladas que podrían volver, pero el renacimiento de Veronica Mars nos sirvió para darnos cuenta del poder del fan (limitado pero importante) en la despiadada maquinaria televisiva, y nos regaló a los marshmallows la continuación de un universo que ni nosotros ni sus responsables nos habíamos negado a abandonar todos estos años.

En el tiempo transcurrido entre la cancelación de Veronica Mars y la génesis de la película, un personaje secundario de la serie se transformó progresivamente en uno de los favoritos del fandom. Dick Casablancas no era precisamente importante, ni siquiera le prestábamos demasiada atención (al menos yo no lo hacía). Era simplemente un alivio cómico, un personaje de confianza, pero menor, a la sombra de Veronica y Logan. La afiliación personal de Ryan Hansen, el actor que da vida a Dick, con Rob Thomas y su creación, ha provocado que éste pase poco a poco a primer plano, convirtiéndose en algo así como en embajador marshmallow, en la nueva estrella de la franquicia que asume las labores de animador en ausencia de la pluriempleada Bell. De esta manera, era de esperar que Dick Casablancas acabara protagonizando un spin-offde la serie. Y Play It Again, Dick es el resultado natural del proceso de hansenización de VM, una nueva celebración de la serie que esta vez es más un agradecimiento a sus intérpretes que a sus fans, es decir, una oportunidad para que los actores se diviertan experimentando con sus personajes, y sobre todo, la coronación oficial de Ryan Hansen como regente actual del Marsverso.

Play It Again, Dick es una webserie emitida por la filial online CW Seed. Consta de 8 episodios de apenas 9 minutos de duración cada uno. En ellos, Ryan Hansen quiere capitalizar la fiebre de Veronica Mars y organiza para ello la producción de un spin-off centrado en su personaje, que ahora también es investigador privado. A lo largo de los 8 capítulos, Hansen lidia con la burocracia de la cadena (con el CEO, Mark Pedowitz, haciendo una aparición especial), trata de reunir a todos los actores de la serie madre (requisito de CW para dar luz verde al proyecto), y rueda el episodio piloto de Private Dick, para el que además ejerce como director. Es decir, PIAD es un auténtico festival meta, y no solo en lo que se refiere al universo de VM, sino a la televisión en general. La webserie está plagada de guiños a otras series y se alza como sátira alocada de la televisión y el estilo de vida hollywoodiense que gustará a cualquiera que se llame seriéfilo. Además, no hay calificación por edades, con lo cual Thomas se ha permitido llevar la franquicia hacia un terreno más “adulto”, y no ha dudado en aumentar las dosis de picante y recurrir al “fuck” siempre que ha hecho falta (o no). Algo que los actores agradecen, y nosotros percibimos al verlos pasándolo incluso mejor que de costumbre.

Play It Again Dick pósterSin duda, lo más destacable de Play It Again, Dick, es el desfile de cameos de actores de la serie madre. La webserie comienza con una guasona aparición de Kristen Bell, gancho perfecto que da paso a un sinfín de caras conocidas para el marshmallowJason Dohring, Enrico Colantoni, Francis Capra, Percy Daggs III, Chris Lowell, Ken Marino, y un puñado de secundarios recurrentes (incluyendo un divertido recast de Duncan Kane). Como ocurrió con la película, casi nadie ha querido perderse la fiesta. Sin embargo, esta vez los actores se dan vida a sí mismos. Esto da mucho juego al permitir reconfigurarlos con personalidades opuestas a las de sus personajes o exagerando su imagen pública. Por ejemplo, Dohring es un vigoréxico egocéntrico y vanidoso que se pasa todo su tiempo en pantalla exhibiendo musculatura, Daggs III es básicamente un gángster, Capra un actor de método con ínfulas de thespian, y Colantoni es un crápula y capullo redomado, por nombrar unos cuantos. Las interacciones del bufonesco Hansen con todos ellos dan afiladísimos momentos cómicos que nos dejan entrever la gran familia en la que se han convertido todos, y que disfrutarán especialmente los marshmallows, por la cantidad de referencias a la serie.

Sin embargo, Play It Again, Dick pierde fuerza en su tramo final, cuando pasamos de la preproducción del spin-off (que nos deja entrevistas impagables e interacciones brillantes entre Hansen y sus compañeros) al rodaje del piloto. Entonces la webserie sacrifica parte de su gracia al convertirse en la típica bobada a lo Pineapple Express 2 (la continuación casera de Superfumados que James Franco & co. realizan en This Is the End). Salta a la vista que los actores se lo están pasando genial recreando lo que sería un producto deliberadamente malo (una parodia de Magnum P.I. o Starsky y Hutch), pero no se traslada del todo hacia fuera de la pantalla. Aun con todo, Play It Again, Dick es un producto bastante redondo, un absurdísimo mockumentary que recupera el espíritu de Party Down The Office y funciona tanto para fans de Veronica Mars como para aquellos que simplemente adoran a sus actores, o a la televisión. Con un sinfín de juegos de palabras con “dick” (“polla” en inglés), a cada cual más genial, bien de shirtless porque sí (como la foto del encabezado y mucho más), e incluso un número musical que alegrará el día a más de uno, Play It Again, Dick es sin duda porno para marshmallows.

Crítica: Veronica Mars (2014)

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La historia de la película de Veronica Mars la conocéis de sobra. Antes de su estreno mundial el pasado 14 de marzo simultáneamente en (algunos) cines y plataformas de vídeo por Internet, Veronica Mars ya era un caso de éxito total. Y su mera existencia es la prueba fehaciente de ello. Solo faltaba comprobar si el trabajo de Rob Thomas y su laborioso y entregado equipo estaría a la altura de las circunstancias. No es que lo dudásemos en ningún momento, pero después de ver el resultado final alegra corroborar que la película es todo lo que esperábamos. Un auténtico regalo a los fans (aunque Thomas se empeña en decir que el regalo se lo hemos hecho nosotros, y no le vamos a hacer la contra), un precioso homenaje a una serie muy querida (más de lo que muchos creían), y una inspirada oda a unos personajes que se han resistido a abandonarnos desde que la serie fuera prematuramente cancelada hace siete años. Veronica Mars ya tenía su lugar privilegiado en el paraíso de la televisión de culto, pero en 2014 ha logrado convertirse en máxima representante del gran cambio en la industria audiovisual.

Con todo el ruido que ha hecho el proyecto, las expectativas estaban por las nubes, pero ni Thomas se ha achantado por la presión, ni su creación ha perdido un ápice de frescura después de tanto tiempo. Eso sí, el film es de factura “modesta”, debido al reducido presupuesto, lo que puede echar para atrás a más de uno. Aunque Thomas compensa la escasez de medios con grandes dosis de ingenio y pasión, como siempre. Vamos, que no podíamos haber invertido mejor nuestro dinero. Porque la película es sobre todo un acto de servicio y amor al fan, pero también un ejercicio de funambulismo narrativo para contentarnos a nosotros sin alienar al resto de la audiencia. Es cierto que un no-fan no vivirá este evento cinematográfico al mismo nivel que un fan, pero Thomas se ha asegurado de que todos los guiños (y hay muchos, mi favorito el del FBI) funcionen en dos niveles: como estímulo emocional para el seguidor de la serie, y como parte natural de un guión que los neófitos entenderán igualmente. Por eso, cuando Logan Echolls (Jason Dohring) le dice a Veronica Mars (Kristen Bell) al final de la película que su historia de amor es “épica, abarcando años y continentes, dejando vidas arruinadas y baños de sangre”, el no-fan percibirá la importancia del momento y sentirá que las palabras de Logan son reales (sin importar si esto es una referencia a la serie o no), pero el fan regresionará al episodio “Look Who’s Stalking” (2.20) y lo de “épico” adquirirá una nueva dimensión. En definitiva, todos salimos ganando.

Veronica Mars 2014 es a la vez un final y un principio. La cancelación de la serie en 2007 dejaba inacabada la apasionante historia de esta perspicaz detective privado adolescente. Es por esta tormentosa sensación de “asunto pendiente” por lo que la película es hoy en día una realidad. No hay placer mayor para el seriéfilo que obtener clausura, sin la que vagamos por nuestra existencia carentes de sentido y propósito. Thomas se ha asegurado de que, en caso de no haber más aventuras de Veronica Mars, hayamos completado su historia. Pero como decía, la película también funciona como nuevo comienzo, como un re-piloto de doble duración que nos plantea una Veronica Mars 2.0. Los ingredientes son los mismos, diálogos punzantes (herederos del estilo Whedon), atmósfera surfer noir e intrincados misterios, pero los personajes han madurado (Logan de marine, no digo más). Thomas insiste en los mismos temas que en la serie, desde una perspectiva más adulta, incluso más serena y un tanto agridulce: la lucha de clases en Neptune -casi en estado de ley marcial-, la ineptitud policial, la vida de los ricos y famosos, y el gran tema que define a la serie y a su protagonista, el amor como adicción. Adicción al chico malo, a una ciudad, a una vocación. Por eso, la idea que articula la película es “La decisión de Veronica”, seguir adelante con su vida como abogada en Nueva York, con su novio perfecto, Piz (Chris Lowell), o volver a los antiguos vicios, es decir, Neptune, la investigación privada y Logan Echolls. Quizás en la vida real la decisión fuera mucho más difícil, en Veronica Mars está clara desde el principio. Elegimos “épico”, elegimos el despacho de Mars Investigations, Team Logan, Team Keith y Team Neptune, y de esta manera dejamos la puerta abierta para una posible (y desde ya necesitada) continuación.

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El misterio que ocupa la película es el asesinato de Carrie Bishop (el único personaje con nuevo rostro, en la serie Leighton Meester, y en la película Andrea Estella), lo que propicia el regreso de Veronica. Aunque la verdadera fuerza magnética que atrae a Mars es Logan, que como no podría ser de otra manera, es el principal sospechoso del homicidio. La vuelta de Veronica coincide con su reunión décimo aniversario del instituto. Y eso es exactamente la película, una emotiva reunión, un desfile continuo de rostros conocidos para el fan de la serie -además de desternillantes cameos de actores que no habían aparecido en ella. Si acaso se echa de menos más peso en la historia de secundarios importantes como Mac, Wallace o Dick, o más interacción entre Veronica y su padre, Keith (cuya relación era el núcleo emocional de la serie), aunque nos damos por satisfechos con las esporádicas apariciones de estos personajes. Porque salen poco, pero no se puede decir que su tiempo en pantalla no se haya aprovechado debidamente (todos están en el lugar adecuado en el momento justo y sus one-liners no podían ser más pertinentes). Además, para calmar nuestras ansias de Ryan Hansen (que con el tiempo se ha convertido en la otra gran estrella rubia de Veronica Mars), tendremos la webserie protagonizada por Dick Casablancas.

Eso sí, el caso de la semana película no es precisamente lo más “épico” de Veronica Mars 2014. Está bien planteado y desenmarañado, pero resulta poco interesante y se queda muy lejos de los grandes misterios de las dos primeras temporadas de la serie. Sin embargo, para nosotros esto es lo de menos (no sé si los no-fans pensarán lo mismo). Lo más importante es comprobar que el espíritu de la serie está intacto, que la afilada escritura de Rob Thomas sigue en forma, que la magnífica Kristen Bell sigue habitando en el personaje, y que, pese a la vida y el paso del tiempo, y aunque ella misma dice en el prólogo de la película que la gente piensa que se ha ablandado (ese guiño que no tarda en aparecer), Veronica Mars sigue siendo la misma badass implacable de siempre (no sé vosotros, pero yo pienso usar el pintalabios como ella a partir de ahora). Lo de “A long time ago, we used to be friends” no se aplica a nosotros. Lo nuestro sería más bien así: “después de tanto tiempo, seguimos siendo amigos“. Solo queda dar las gracias, a Rob, a Kristen, a todo el equipo de Veronica Mars, y a todos los marshmallows del mundo. Porque lo nuestro es épico, abarca continentes, literalmente, y si hace falta arruinar vidas, o cuentas corrientes, y derramar sangre para volver a Neptune de nuevo, lo haremos.

Valoración: ★★★★

Party Down: comedia crudité

Ahora que Veronica Mars ha saltado de nuevo a la primera plana de la actualidad gracias a que la esperadísima película de la serie ha sido financiada por Kickstarter (batiendo todos los récords de la página de crowdfunding), es el momento perfecto para recuperar otra malograda obra televisiva de su creador: Party Down.

Después de su experiencia con Veronica Mars en UPN/CW, Rob Thomas (no el cantante, con el que desde hace tiempo mantiene una cachonda amistad por Internet por compartir nombre y apellido) se pasó a la televisión de pago. No fue en las prestigiosas HBO o Showtime, sino que encontró su hueco en la mucho menos conocida Starz (casa de Spartacus), cuando esta comenzaba a implementar su oferta de series de producción propia. Party Down se estrenaba en marzo de 2009, recibiendo una cálida bienvenida por parte de los críticos y convirtiéndose muy rápidamente en serie de culto. Sin embargo, sus audiencias eran desastrosas, lo que llevó a que finalmente fuera cancelada después de tan solo dos temporadas, en junio de 2010.

Un agravante fue sin duda el hecho de que su protagonista, Adam Scott, hubiera firmado para incorporarse a Parks and Recreation ese mismo año, después de que al final de la primera temporada abandonase Jane Lynch. La marcha de la actriz -que ahora disfruta del éxito mainstream en Glee fue un verdadero golpe para los seguidores. Tanto que su reemplazo, Megan Mullally (la gran Karen Walker de Will & Grace) lo tuvo muy difícil para que los fans aceptasen a su personaje. Teniendo en cuenta esto -y los mencionados índices de audiencia- el jefe de programación de Starz, Stephan Shelanski, no creyó que la serie fuera precisamente a prosperar después de la marcha de Scott, así que no le quedó más remedio que hacer de verdugo. Otra serie de Rob Thomas quedaba así inconclusa. Pero como suele ocurrir de vez en cuando, de la triste (pero lógica e irrefutable) cancelación de Party Down, nació una nueva serie de culto, en la línea de Freaks & Geeks o Undeclared.

Party Down tiene muchas cosas en común con estas dos series. La sombra de Judd Apatow planea todo el tiempo sobre ella, e incluso el famoso productor y director forma parte (indirectamente) de una de las tramas principales de la segunda temporada. Rob Thomas captura parte del espíritu Apatow en Party Down, con la inestimable ayuda de Paul Rudd en calidad de productor ejecutivo. Esa fusión de sátira, humor caca-culo-pedo-pís y poso amargo que encontramos en toda obra apatowiana (ya sabéis, no hay comedia sin tragedia). Sin embargo, Thomas logra imprimir su sello personal en todo momento, ya sea con la colaboración de actores fetiche (al más puro estilo Whedon), o con ese humor afilado y cargado de referencias a la cultura pop del que hacía gala en Veronica Mars.

Pero, ¿de qué va Party Down? Para aquellos que nunca han visto la serie y estén mínimamente interesados en verla, cuenta la historia de una empresa de catering ubicada en Hollywood, cuyos trabajadores son un grupo de aspirantes a actores. Cada episodio se centra en una celebración para la que se ha contratado a la compañía (un funeral, un sweet sixteen, una orgía…) Henry Pollard (Scott) se ve forzado a regresar a su antiguo trabajo en la hostelería después de intentar en vano labrarse una carrera interpretativa para enterrar su pasado como el chico del “Are we having fun yet?” (frase de anuncio que lo convirtió en estrella fugaz). Después de varios años condenado al ostracismo, Pollard no se lo está pasando bien, no. Ahora es una suerte de Jeff Winger (Community) con unos cuantos grados más de depresión y apatía, y ha renunciado definitivamente a su futuro hollywoodiense. Del ostracismo a servir ostras en bandeja.

El equipo de catering de Party Down se completa con Ron (Ken Marino, de Veronica Mars), el iluso supervisor -una especie de Michael Scott de la hostelería-, Casey (Lizzy Caplan), de profesión cómica, Roman (Martin Starr, de Freaks and Geeks), escritor de ciencia ficción dura, Kyle (Ryan Hansen, también de Veronica Mars), el prototipo de actor rubio tonto, y Constance (Lynch), veterana y excéntrica actriz fracasada con una filmografía impresionante… solo para ella. Y como he dicho antes, Mullally reemplazó a Lynch en la segunda temporada, interpretando a la pizpireta y optimista Lydia. Todos ellos contribuyen a que esta aguda y desmitificadora visión del sueño (roto) americano resulte atinada.

La primera temporada de Party Down mostraba los clásicos síntomas de serie con potencial que lucha por encontrar el tono adecuado y a su público objetivo. El humor no llega a cuajar, y los personajes, a pesar de partir de arquetipos muy bien construidos, no enganchan. Sin embargo, para la segunda temporada, tanto Thomas como el elenco están más cómodos en sus respectivos papeles. La serie comienza a desplegar sus alas (y su mejor armamento cómico) y a brillar en episodios memorables como “Nick DiCintio’s Orgy Night” o “Party Down Company Picnic”. De la misma manera, se refuerzan los vínculos entre los personajes -cada vez más entrañables-, por lo que empezamos a sentir compasión y cariño por ellos. En este sentido, una de las mayores virtudes de Party Down es la química entre el reparto, y especialmente entre Scott y Caplan, una de esas parejas formadas en el cielo catódico.

Por desgracia, la prematura cancelación de la serie impidió que esta desarrollase verdaderamente todo el potencial que empezaba a consumar. Aunque el último episodio funciona adecuadamente como cierre para casi todos los personajes -por situarlos en el camino hacia el cambio- es inevitable sentir que nos hemos quedado a medias. A la espera de una posible película (si Arrested Development y Veronica Mars han resucitado, ¿por qué no Party Down?) nos tenemos que conformar con 20 episodios que quedan para los anales de la comedia norteamericana, gracias en parte a su estupendo plantel de estrellas invitadas: Jennifer Coolidge, Ken Jeong, J.K. Simmons, Joey Lauren Adams, o la mismísima Kristen Bell.

La película de Veronica Mars ya es una realidad

Marshmallows del mundo, por fin tendremos nuestra ansiada película de Veronica Mars. Y no, esta vez no se trata de especulaciones, noticias que se olvidan al día siguiente, falsas esperanzas o planes de futuro indefinidos que al final se quedan en nada. Estamos hablando de un hecho, una realidad. Veronica Mars: The Movie existirá, y si todo sale según lo previsto, podremos verla en 2014.

La culpa de que este -casi siempre desesperanzador- viaje de siete años vaya a llegar a buen puerto es en primer lugar de un productor y unos actores que nunca han abandonado el sueño de llevar la historia de esta detective adolescente a la gran pantalla -y así darle la conclusión de la que se nos privó en su momento-, pero sobre todo de nosotros, de los fans de la serie de UPN/CW, los marshmallows. La campaña de Kickstarter que Rob Thomas ha puesto en marcha para conseguir financiamiento para la película ha supuesto en menos de un día uno de los mayores éxitos de la historia del crowd-funding. En 11 horas se llegaba al objetivo de 2 millones de dólares, garantizando la realización del largometraje, y el apoyo de Warner Bros., que había prometido dar luz verde al proyecto si Thomas demostraba que este tenía el respaldo de la audiencia. [Actualización 14/03/13 – 23:32: Warner no aportará fondos al presupuesto de la producción, pero sí se compromete a financiar la campaña de marketing y la distribución de la película].

Las donaciones han ido desde 1 dólar a 10.000, y en el momento de escribir este artículo, la campaña suma 2.679.000 dólares, y todo esto con 29 días aun por delante. Hasta el próximo 13 de abril tenemos la oportunidad de convertirnos en backers del proyecto con nuestras donaciones -todas conllevan una recompensa, a mayor precio se pague, más jugosa- o aumentando la que ya hemos realizado. No sabemos qué techo de ingresos alcanzará, pero si seguimos a este ritmo, acabaremos viendo dinosaurios en Neptune.

Los actores de la serie, capitaneados por Kristen Bell, han estado dispuestos a retomar sus papeles desde que esta fuese cancelada en 2007. Algunos de ellos, como Jason DohringRyan Hansen y Enrico Colantoni, lo demuestran en el vídeo que han grabado para Kickstarter (más arriba). Por su parte, Bell ha mostrado en todo momento su apoyo público a Thomas y el gran compromiso que siente hacia su popular personaje, estando preparada en todo momento para darnos el cierre que la historia de Veronica Mars merece. No contaré lo que ocurre en el último episodio de la serie, porque estoy seguro de que muchos y muchas se animarán a descubrirla después de conocer el fenómeno que ha supuesto este crowd-funding, pero sí diré que la historia quedó tristemente inacabada, y las tramas de los personajes en suspenso. Con la series finale de Veronica Mars no ocurre como con la de My So-Called Life y otras series de culto: no podemos conformarnos con ella y extraer una conclusión por nuestra cuenta. “The Bitch Is Back” no es como “In Dreams Begin Responsibilities”. Nunca sería un final, por mucho que nos esforzáramos en que lo fuera.

Por eso, la materialización de la película de Veronica Mars es todo un sueño hecho realidad -aun difícil de creer- para los admiradores de esta serie, que durante tres años luchó contra los bajos índices de audiencia, pero aguantó gracias a la lealtad de un fandom muy comprometido. Estamos hablando de la serie que en su primer año fue proclamada “la nueva Buffy, cazavampiros -en VM no hay elemento sobrenatural, pero su rubia protagonista debe mucho, o todo, a la Buffy Summers de Sarah Michelle Gellar. El propio Joss Whedon se declaró fan de Veronica Mars (“Es la mejor serie actualmente en antena”, dijo en 2008), e incluso su fangirlismo le llevó a realizar un cameo en un episodio de la segunda temporada. Veronica Mars fue la serie teen de culto definitiva, la última quizás. Y su esperadísimo regreso es motivo de celebración para toda la comunidad geek y seriéfila. Definitivamente, the bitch is back!

Tras alcanzar el objetivo, Thomas no ha tardado en pronunciarse con respecto a la abrumadora respuesta del público: “Me ha estallado la cabeza. Llevaba mucho tiempo fantaseando con esto y siempre me tenía que decir a mí mismo ‘Déjalo, Rob, no seas tonto. Te estás exponiendo a una gran decepción’. Pero lo de hoy ha superado mi sueños más imposibles. Madre mía. Más nos vale hacer una buena película. Nuestros maravillosos fans nos han puesto las pilas. Tenemos que cumplir“.

Kristen Bell, que escribió una adorable carta dirigiéndose directamente a sus marshmallows para pedir su colaboración, se ha referido también a ellos con unas palabras de agradecimiento: “Yo ya sabía que los fans de Veronica Mars eran geniales, pero no tenía ni idea de que tenían este gran poder de congregación. Son imparables -como la propia Veronica. A partir de ahora voy a estar eternamente ruborizada, me siento muy afortunada de formar parte de todo esto”. Además de estas declaraciones la actriz ha bromeado en su Twitter: “Querido Papa: Siento que los fans de Veronica Mars te hayan quitado el protagonismo en tu primer día. Bueno, no lo siento tanto, pero he pensado que sería educado por mi parte decirlo. Besos”.

Solo hay una pega que empaña este jubiloso momento: que los fans de fuera de Estados Unidos no tenemos la oportunidad de recibir las recompensas que cada aportación económica conlleva (póster de la película, DVD, camisetas…) A través de su cuenta de Twitter, Thomas ha asegurado que están haciendo lo posible por incorporar opciones de envío al extranjero. Daos prisa, los fans en España, Europa y parte de Neptuno sentimos la necesidad de sumarnos a esos casi 50.000 marshmallows que ya pueden presumir de haber contribuido a este proyecto. Algunos románticos y generosos fans no-yanquis han participado sin esperar nada a cambio, pero no todos podemos, claro. Vamos, tomad nuestro dinero -que no nos sobra precisamente- y hacednos la mejor película posible, como sabemos que sois capaces.

Y mientras Veronica Mars: The Movie ingresa en su inminente fase de preproducción –se habla de este verano para el inicio del rodaje– ¿qué tal si empezamos a plantear crowd-fundings para otras películas basadas en series que llevamos siglos necesitando? ¿Una de Xena, la princesa guerrera? ¿Una tercera película de Expediente X que cierre de una vez por todas la historia de Mulder, Scully y la conspiración extraterrestre -aunque 2012 ya haya pasado? O, ejem, Joss, ejem. Por favor, tú mejor que nadie conoces el poder del fandom, que hizo volar a la Serenity de nuevo en 2005, y lleva pidiendo un nuevo despegue desde entonces. No me digas que lo de Veronica Mars y Kickstarter no te ha animado a retomar la historia. Tú y yo, y todos los whedonites, sabemos que es posible. Porque no se puede detener la señal. Ya hemos demostrado que nunca se puede.