Detective Pikachu: El sueño hecho realidad de los fans de Pokémon

El año 1999 está considerado como una de las mejores cosechas cinematográficas de los últimos tiempos. Un ejercicio en el que títulos como Magnolia, MatrixAmerican BeautyEyes Wide Shut, El club de la lucha o South Park. Más grande, más largo y sin cortes nos emocionaron y sorprendieron. El mismo 1999 en que llegaron a nuestras manos los debuts de Britney y Xtina, la llegada del Euro, el nacimiento de Amaia (la buena), nuestra primera cita con Jar Jar Binks y el miedo temible efecto 2000. Pero otro acontecimiento marcó nuestras vidas a finales de ese 1999: la llegada, por fin, de Pokémon a España. Aunque esos bichos ya llevaban campando a sus anchas por Japón desde 1996, a nosotros nos tocó esperar tres años. Pokémon Edición Roja, Pokémon Edición Azul. Dos colores para relatar el mismo viaje iniciático de Ash desde Pueblo Paleta a ser el mejor (y más ético) entrenador Pokémon de la historia.

La pokéleyenda llegada del Lejano Oriente era increíble… y bastante polémica. Menos mal que las críticas de ultraviolencia y el miedo a ataques epilépticos (¿quién no se acuerda de esos cienes de chavales japoneses que fueron hospitalizados después de ver un capítulo, incidente que llegó a parodiarse en Los Simpson?) se fueron disipando y dejaron vía libre a que la epidemia se expandiese por España. Pokémon no era solo un éxito de ventas en videojuegos, sino que cambió nuestro estilo de vida. No había ni un solo niño o niña que no merendase viendo la serie de animación, o que no se supiese los nombres (en su orden, claro está) de los 151 animalejos. Todo el mundo tenía su favorito. En mi caso, Slowpoke, por afinidad intelectual. Los ríos de España no, pero las evoluciones de Eevee al dedillo.

En 1999, Pokémon no te convertía en un niño rata, sino que enriquecía tu infancia de la misma manera que los libros Barco de Vapor lo habían estado haciendo hasta ese momento. Veinte años después, el mito sigue tan vigente como el primer día. Cada lanzamiento relacionado con la franquicia es visto como un acontecimiento (¿Hace falta que recordemos la locura que supuso Pokémon Go?). Las convenciones se suceden y las ventas por merchandising son imparables. No obstante, podemos considerar a Pikachu como el segundo ratón más importante de la cultura popular, justo entre Mickey y Pérez. No es de extrañar que Pokémon: Detective Pikachu, la esperadísima adaptación en clave live-action de uno de los últimos videojuegos de la factoría se haya convertido en uno de los acontecimientos cinematográficos de esta primera mitad del año.

Tim Goodman es un buen chico, solitario, pero bueno. Lo dice su apellido y sus buenas obras. Trabaja como perito desde hace años, cuida de su abuela y no ha sido capaz de encontrar a su alma gemela… y por alma gemela no hablamos de novio o novia, sino de un Pokémon con el que compartir su andadura vital. Un trágico acontecimiento le llevará a Ryme City, ciudad en la que Pokémon y humanos trabajan mano a mano por un futuro mejor. En esa urbe se encontrará con una criatura rubia fatal que le obligará a salir de su zona de confort y a patearse los barrios bajos de la ciudad en busca de respuestas. Ese sensual gentleman no es otro que un Pikachu, pero no uno cualquiera, sino el antiguo compañero del padre de Tim. Todo un Pikachu detective. He aquí el origen de las trepidantes aventuras de una extraña pareja al más puro estilo Lemmon-Matthau. Uno está de vuelta de todo y es un adicto a la cafeína (Pikachu) y el otro intenta aportar sensatez y buen corazón (Tim) a la locura de su compañero. Ningún ataque tipo Planta o Dragón es capaz de domar a este ratón eléctrico.

Pokémon: Detective Pikachu es una notable recreación de una investigación policíaca de vieja escuela, pero con Pokémon de por medio. Las desventuras del pintoresco tándem formado por Goodman y Pikachu responden a los mismos parámetros de las cintas de Humphrey Bogart, pero sustituyendo el humo del tabaco y los contrabandos en puertos pesqueros por unos misteriosos polvos que asalvajan a los Pokémon y que hacen que Tim pueda comunicarse perfectamente con Pikachu. La química entre ambos personajes es envidiable. Justice Smith (Jurassic World: El reino caído y chico Luhrmann en la fallida The Get Down) es el corazón de la película y refleja a la perfección la usual inocencia y tenacidad del buen chico protagonista de este tipo de películas. Pero el verdadero robaescenas de Pokémon: Detective Pikachu no es otro que el mismísimo Pikachu. La animación y el diseño de personaje es completamente encomiable. Todo un prodigio que se ve amplificado por el estupendo trabajo de doblaje del mismísimo Ryan Reynolds, que, a pesar de llevar al personaje a terreno Deadpool (versión para todos los públicos), logra captar la esencia psicótica y adorable del personaje dotándole de una personalidad propia.

Pero más allá de cierta predictibilidad en los giros y algún que otro momento engorroso en la trama, Pokémon: Detective Pikachu es una verdadera delicatessen visual y todo un orgasmo para los fans de la franquicia. Ningún fan debería extrañarse si dos lagrimones surcan sus pómulos al ver los primeros Pokémon en pantalla. Resulta impresionante ver sus movimientos y la integración de la mayor parte de los mismos en el espacio. Aunque alguna que otra ausencia nos cabree (¡¿dónde está Slowpoke?!) y algún que otro icónico personaje quede difuminado (Snorlax merecía su propia escena), para la posteridad siempre quedará el divertidísimo interrogatorio a Mr. Mime, el drama de Cubone, los exabruptos de la Ludicolo, los preciosos Bulbasaur o ese Psyduck que merece un spin-off dirigido por Michael Haneke.

Con esta película, Rob Letterman sigue su redención comenzada con Pesadillas y en unos proyectos más hará que nos olvidemos de una vez por todas de El espantatiburones, posiblemente una de las peores experiencias que he vivido en una sala de cine, y que curiosamente, también era un acercamiento infantil al género noir. Destacable resulta la música del pluriempleado Henry Jackman, con ecos más que patentes de las composiciones de Joe Hisaishi para las cintas de Studio Ghibli, pero igualmente apropiada y disfrutable.

Pika-Pika. Déjate llevar por la cantinela. Hay que reiterar que Detective Pikachu es una película principalmente para niños y fans de Pokémon (que se volverán locos identificando a las especies que aparecen en cada plano), pero aun así, es un producto familiar bastante digno, funciona perfectamente como introducción a su universo y tiene alicientes de sobra (acción espectacular, buen sentido del humor, los one-liners de Reynolds) para los espectadores más casuales. Es imposible no caer rendido ante el Pikachu detective… ahora a esperar que esto no sea flor de un día y se convierta en toda una saga cinematográfica con diferentes aventuras por Johto, Hoenn, Sinnoh… y muchos Slowpokes.

David Lastra

Nota: ★★★½

Crítica: Pesadillas (Goosebumps)

Props; Sets

En cuanto a series, mis amigos, mi hermano y yo éramos más de El club de Medianoche, pero en lo que se refiere a libros de consumo rápido, nada hacía sombra a Pesadillas en los 90. Entre 1992 y 1997, R.L. Stine publicó la friolera de 62 libros de su colección de novelas de terror para niños y adolescentes titulada originalmente Goosebumps, alcanzando ventas estratosféricas sobre todo en los primeros años. En medio mundo no había casa con niños en la que no hubiera al menos un libro de Pesadillas. El concepto de terror para los más pequeños era más o menos novedoso y revolucionario, y aunque la producción en cadena de Stine no garantizaba precisamente la mejor calidad (a la mayoría eso nos daba igual), estos libros nos proporcionaban horas y horas de escapismo, y lo que para nosotros entonces eran emociones fuertes.

En esta era del reboot y la nostalgia como imprescindible arma (de doble filo) de Hollywood, una nueva versión de Pesadillas era inevitable. Bajo la batuta de Rob Letterman (director de dos de las peores películas de Dreamworks, El Espantatiburones y Monstruos contra alienígenas) y con guion de Darren Lemke (Shrek, felices para siempre), la adaptación cinematográfica de Pesadillas propone una actualización del material original que funciona como aventura contemporánea a la vez que ejerce de homenaje nostálgico. Para conseguir este equilibrio, la película cuenta con una premisa muy ingeniosa y rematadamente meta: Zach Cooper (Dylan Minnette) se muda a un barrio residencial (similar a todos los que aparecían en la serie), donde conoce a la preciosa “chica de al lado”, Hannah (Odeya Rush) y al geek mayor del instituto, Champ (Ryan Lee). La joven resulta ser la hija del legendario autor R.L. Stine, vecino huraño que oculta un oscuro secreto en su casa: Las criaturas de sus libros son reales, y Stine las mantiene encerradas bajo llave en sus manuscritos originales. Creyendo que la chica corre peligro, Zach se cuela en la casa de Stine y libera accidentalmente a los monstruos. Con la ayuda del propio Stine, Zach y sus nuevos amigos deben hacer que todos estos personajes regresen a sus páginas antes de que acaben con el pueblo.

Pesadillas propone un ocurrente juego metalingüístico y referencial. No solo se mantiene fiel a las historias originales, incluyendo incontables creaciones salidas de la imaginación de Stine (de las que destacan los gnomos, el hombre lobo, la mantis religiosa gigante, y por supuesto, el muñeco Slappy, alter ego del autor), sino que también se divierte reconfigurando la fórmula de los libros, reproduciendo sus triquiñuelas narrativas (“¡no hay una historia de Pesadillas sin un giro en el último momento!”) y recuperando el espíritu de la serie con un toque guasón. El resultado es una película de aventuras de ritmo endiablado, con un gran sentido del humor (la comedia destaca sobre todo en las escenas familiares y en los momentos de calma), y excelentes secuencias de acción hiperactiva (qué grandes los gnomos) -no es de extrañar encontrar a Neil H. Mortiz en la producción, su experiencia en la comedia de acción, con Fast & Furious21 Jump Street en su haber, se filtra en la película. Por otro lado, los actores no podían estar mejor elegidos. Minnette es todo un leading man adolescente, Odeya Rush (mini-Mila Kunis) es un encanto, y el graciosísimo Ryan Lee se erige como el robaescenas oficial de la película. En el frente adulto, nos alegra que Jack Black no solo no se cargue la película, sino que dé vida a una versión muy simpática de Stine, y Jillian Bell (22 Jump StreetThe Night Before) vuelve a destacar por su excelente manejo del humor awkward (la tía Lorraine es genial).

Dylan Minnette; Jack Black; Odeya Rush

Remitiéndonos al mejor Chris Columbus, Pesadillas ha resultado ser un producto juvenil muy digno, una película que maneja la nostalgia y la autoconsciencia con acierto (al contrario que, por ejemplo, la reciente Pixels, de la misma casa), y ante todo sabe divertir de principio a fin. Además, no podemos pasar por alto otros aspectos igualmente afinados del film, como la radiante fotografía de Javier Aguirresarobe (atención a las preciosas escenas en la feria abandonada) o la evocadora banda sonora de Danny Elfman, su mejor trabajo en mucho tiempo (para contrarrestar, el aspecto que más cojea es el CGI, con algunas criaturas excesivamente cartoon). En definitiva, Pesadillas es una cinta al más puro estilo de Jumanji y otros títulos similares de los 90, una aventura muy americana (el clímax coincide con el baile del instituto) sin un minuto de aburrimiento, que hará las delicias tanto de la generación que devoraba los libros de Stine como la de los niños que no tienen ni idea de quién es el autor y por qué es tan importante para nosotros. Y lo mejor de todo es que esos niños quizá se animen a coger un libro después de ver la película.

Valoración: ★★★½