[Reseña Blu-ray] Venom abraza su lado más cómico y romántico

Palabra de simbionte. 2018 fue un año muy loco en todos los sentidos, incluido el cinematográfico. Una de las mayores sorpresas de la cartelera fue Venom, la gran apuesta de Sony Pictures para empezar a construir su Universo Cinematográfico alrededor de los villanos y secundarios de los cómics de Spider-Man. Sin poder usar al propio Hombre Araña (Tom Holland) fuera de las películas del UCM, el estudio tenía una tarea complicada. Pero contra todo pronóstico, acabó con un exitazo entre manos y los cimientos bien asentados para desarrollar la saga de superhéroes interconectada que todo estudio desea.

Dirigida por Ruben Fleischer (que regresa este año con Bienvenidos a Zombieland), Venom cuenta con el aclamado Tom Hardy (Mad Max: Furia en la carretera) en el icónico papel del antihéroe de Marvel, uno de los personajes más populares de la Casa de las Ideas. El actor británico da vida a Eddie Brock, intrépido periodista de investigación que, después de perder su trabajo y a su novia (Michelle Williams), se convierte en el anfitrión del simbionte alienígena. Mientras Eddie trata de destapar la atroz verdad sobre el creador de la Fundación Vida, Carlton Drake (Riz Ahmed), cuyos experimentos han liberado a la peligrosa criatura, Venom se fusiona con su cuerpo, desatando impresionantes poderes, pero también un lado oscuro que deberá aprender a controlar.

Venom no parece una película de la nueva era de los superhéroes, sino una previa al Universo Cinematográfico de Marvel y el boom del cine basado en cómics (es decir, más noventera que de 2018). Pero esto no es necesariamente malo. Está claramente diseñada para derivar en franquicia y conectarse a un universo mayor, pero esto tampoco impide que se desarrolle como una historia contenida, sin exceso de guiños o personajes metidos con calzador para generar spin-offsVenom es mucho más simple que eso, y es de agradecer. No es más que una historia de orígenes clásica, y meter más elementos sería complicarlo demasiado desde muy pronto. La ausencia de Spider-Man, para muchos polémica, no supone inconveniente alguno, puesto que esta es la historia de Eddie Brock y su relación con Venom.

Y eso precisamente es lo mejor de la película. El tira y afloja entre Eddie y el simbionte aporta el conflicto moral que define la historia, pero también la principal fuente de humor, que estará considerablemente más presente de lo que la campaña promocional (mucho peor que la propia película) nos ha dado a entender. Hardy es conocido por dejarse la piel en sus personajes y Venom no es una excepción, pero aquí nos muestra una nueva faceta. El actor británico (haciendo gala de un cuestionable acento americano) se emplea a fondo y lo da todo, con un trabajo físico estupendo, pero también una interpretación excéntrica, descontrolada y por momentos muy excesiva que nunca deja de sorprender, incluso en sus momentos más ridículos. Hardy es la principal atracción de Venom y con él, la película se vuelve mucho más divertida de lo que imaginábamos.

Su trabajo suple con eficiencia los defectos de la cinta, que no son pocos. En primer lugar, un plantel de secundarios desaprovechados y poco interesantes, encabezado por un simplemente correcto Riz Ahmed y Michelle Williams en la que es su peor interpretación en años. La actriz nominada cuatro veces al Oscar está fatal y su química con Hardy es tan inexistente como sus ganas de estar ahí. Consigue destacar Jenny Slate, aunque su personaje es más bien pequeño y solo una herramienta narrativa para impulsar la acción.

Muchos han criticado su calificación PG-13, pero lo cierto es que esto no es verdaderamente un problema. A pesar de no ser para mayores de 18 años y no mostrar decapitaciones o fuentes de sangre, el film contiene bastante violencia, y aunque el “fuck” lo tiene prohibido, uno pierde la cuenta de las veces que dicen “shit”. Vamos, que no es Deadpool, pero tampoco es una versión infantilizada de Venom. Como tampoco es una película Rated-R mutilada. De hecho, su estructura es en su mayor parte íntegra y coherente, y aunque sí hay confusión tonal y brusquedad a la hora de saltar del thriller/terror a la comedia (tontorrona), al menos no adolece del síndrome de la tijera loca que sí sufrían Batman v Superman Escuadrón Suicida.

Venom tarda bastante en hacer acto de presencia, pero las pesquisas de Eddie Brock nos entretienen hasta que el simbionte se fusiona con su huésped y la acción empieza de verdad. A partir de ahí, el ritmo no baja en ningún momento. La dinámica Eddie-Venom, el entregado trabajo de Hardy y las escenas de acción convierten Venom en una película muy divertida. Solo flojea realmente durante el enfrentamiento final con Drake, donde la acción digital se vuelve más farragosa y no nos deja ver bien lo que está ocurriendo. Por lo demás, tanto el terrorífico diseño como los efectos digitales para dar vida al simbionte y las secuencias de acción física con Hardy cumplen holgadamente, pese a que visual y estéticamente sea más bien plana.

Venom nunca será considerada una gran película de superhéroes y es una de las principales responsables de abrir aun más la brecha entre crítica y público. Pero tampoco es el desastre que muchos esperaban. Es divertida, Hardy está glorioso, tiene más personalidad de lo que los trailers indicaban y momentos de humor muy memorables (aunque los más malvados digan que es una comedia involuntaria, hay mucha intención y autoconsciencia). En definitiva, Venom es una buena presentación que acaba haciendo justicia al emblemático personaje de Marvel y abre la puerta a una secuela que, puliendo los errores de esta, puede y debería ser mucho mejor.

EDICIONES DISPONIBLES

Venom ya está a la venta de la mano de Sony Pictures Home Entertainment España, que lanza siete ediciones físicas diferentes. Estas incluyen las ediciones sencillas en Blu-ray y DVD, combos Blu-ray 3D + Blu-ray y 4K UHD + Blu-ray, las ya tradicionales ediciones metálicas (una disponible en todos los puntos de venta y otra ecxlusiva de GAME), y finalmente, una edición coleccionista con todos los formatos y una impresionante estatua de resina limitada y numerada, que reproduce con todo lujo de detalles la lucha entre Venom y el simbionte Riot, y no se podrá conseguir en ningún otro sitio.

El éxito de Venom (que ha recaudado 855 millones de dólares en todo el mundo) ha derivado en incontables memes con los que algunos aspectos de la película se han viralizado. El más popular es sin duda el ¿imaginado? romance entre Eddie y el simbionte, tan extendido entre los fans que hasta Sony se ha apuntado a la broma con un trailer especial para celebrar el lanzamiento sacando el lado más romántico de Venom, y una aplicación (Venomlovefit.com) para dar besos de superhéroe (con lengua).

En cuanto a las ediciones, la que nosotros hemos adquirido es el steelbook exclusivo de GAME, que presenta un diseño alternativo de carátula con una ilustración de Venom sobre fondo rojo (puedes ver fotos del estuche aquí) e incluye un Bonus Blu-ray con el mini-documental exclusivo “Del simbionte a la pantalla”, que narra la historia completa de Venom, desde los cómics originales a su traslación a la gran pantalla. Este mini-documental también se encuentra en la edición steelbook normal. Los contenidos adicionales comunes a todas las ediciones en Blu-ray son los siguientes:

  • “Modo Venom”- Al seleccionar este modo, en la película irán saliendo pop-ups informativos con datos sobre la relación con los cómics, y referencias que hasta al más avezado se le pueden haber escapado.
  • “El protector letal en acción” – Tras las cámaras con el equipo de producción.
  • “La visión de Venom” – Cómo el director Ruben Fleischer llegó al proyecto, reclutó al equipo e hizo de Venom una realidad.
  • “Diseñando Venom” – El increíble viaje para diseñar y crear a Venom.
  • “Los secretos de la simbiosis” – Una colección de referencias ocultas.
  • Videoclip de Eminem y tráiler de Spider-Man: Un nuevo universo

Crítica: Venom

Todos los estudios quieren su propio universo cinematográfico, y Sony Pictures no iba a ser menos. Sobre todo cuando tiene los derechos de uno de los superhéroes más populares de la historia, Spider-Man, y de todos sus personajes satélite. El estreno de Spider-Man: Homecoming supuso el inicio de una nueva etapa en asociación con Marvel Studios, pero la nueva encarnación del Trepamuros en cines, interpretada por Tom Holland, por ahora va aparte. Cediendo Spider-Man a Marvel, lo que le queda a Sony es un catálogo selecto de secundarios, villanos y antagonistas del Hombre Araña con los que, al parecer, pretende crear una especie de reverso oscuro del MCU. Así nace Venom, la primera película de este Universo Arácnido a la que, si la taquilla responde, sucederá Morbius, el vampiro viviente.

Dirigida por Ruben Fleischer (Bienvenidos a Zombieland), Venom cuenta con el aclamado Tom Hardy (Mad Max: Furia en la carretera) en el icónico papel del antihéroe de Marvel, uno de los personajes más populares de la Casa de las Ideas. El actor británico da vida a Eddie Brock, intrépido periodista de investigación que, después de perder su trabajo y a su novia (Michelle Williams), se convierte en el anfitrión del simbionte alienígena. Mientras Eddie trata de destapar la atroz verdad sobre el creador de la Fundación Vida, Carlton Drake (Riz Ahmed), cuyos experimentos han liberado a la peligrosa criatura, Venom se fusiona con su cuerpo, desatando impresionantes poderes, pero también un lado oscuro que deberá aprender a controlar.

Venom no parece una película de la nueva era de los superhéroes, sino una previa al Universo Cinematográfico de Marvel y el boom del cine basado en cómics (es decir, más noventera que de 2018). Pero esto no es necesariamente malo. Está claramente diseñada para derivar en franquicia y conectarse a un universo mayor, pero esto no impide que se desarrolle como una historia contenida, sin exceso de guiños o personajes metidos con calzador para generar spin-offsVenom es mucho más simple que eso, y es de agradecer. No es más que una historia de orígenes clásica, y meter más elementos sería complicarlo demasiado desde muy pronto. La ausencia de Spider-Man, para muchos polémica, no supone inconveniente alguno, puesto que esta es la historia de Eddie Brock y su relación con Venom.

Y eso precisamente es lo mejor de la película. El tira y afloja entre Eddie y el simbionte aporta el conflicto moral que define la historia, pero también la principal fuente de humor, que estará considerablemente más presente de lo que la campaña promocional (mucho peor que la propia película) nos ha dado a entender. Hardy es conocido por dejarse la piel en sus personajes y Venom no es una excepción, pero aquí nos muestra una nueva faceta. El actor británico (haciendo gala de un cuestionable acento americano) se emplea a fondo y lo da todo, con un trabajo físico estupendo, pero también una interpretación excéntrica, descontrolada y por momentos muy excesiva que nunca deja de sorprender, incluso en sus momentos más ridículos. Hardy es la principal atracción de Venom y con él, la película se vuelve mucho más divertida de lo que imaginábamos.

Su trabajo suple con eficiencia los defectos de la cinta, que no son pocos. En primer lugar, un plantel de secundarios desaprovechados y poco interesantes, encabezado por un simplemente correcto Riz Ahmed y Michelle Williams en la que es su peor interpretación en años. La actriz nominada cuatro veces al Oscar está fatal y su química con Hardy es tan inexistente como sus ganas de estar ahí. Consigue destacar Jenny Slate, aunque su personaje es más bien pequeño y solo una herramienta narrativa para impulsar la acción.

Por otro lado, hay una clara confusión tonal. Muchos lo achacarán a su calificación PG-13, pero lo cierto es que el problema es su brusquedad a la hora de saltar del thriller/terror a la comedia (tontorrona) sin lograr definir un punto medio. A pesar de no ser para mayores de 18 años y no mostrar decapitaciones o fuentes de sangre, el film contiene bastante violencia, y aunque el “fuck” lo tiene prohibido, uno pierde la cuenta de las veces que dicen “shit”. Vamos, que no es Deadpool, pero tampoco es una versión infantilizada de Venom. Como tampoco es una película Rated-R mutilada. De hecho, su estructura es en su mayor parte íntegra y coherente, y no adolece del síndrome de la tijera loca que sí sufrían Batman v Superman Escuadrón Suicida.

Esto no quiere decir que no haya agujeros de guion. Los hay, aunque ninguno que hunda la película. Venom tarda bastante en hacer acto de presencia, pero las pesquisas de Eddie Brock nos entretienen hasta que el simbionte se fusiona con su huésped y la acción empieza de verdad. A partir de ahí, el ritmo no baja en ningún momento. La dinámica Eddie-Venom, el entregado trabajo de Hardy y las escenas de acción convierten Venom en una película muy divertida. Solo flojea realmente durante el enfrentamiento final con Drake, donde la acción digital se vuelve más farragosa y no nos deja ver bien lo que está ocurriendo. Por lo demás, tanto el terrorífico diseño como los efectos digitales para dar vida al simbionte y las secuencias de acción física con Hardy cumplen holgadamente, pese a que visualmente sea más bien plana.

Venom nunca será considerada una gran película de superhéroes, porque no lo es. Pero tampoco es el desastre que parecía. Es divertida,  tiene más personalidad de lo que los trailers indicaban y momentos de humor muy memorables (aunque los más malos digan que es una comedia involuntaria, hay mucha intención y autoconsciencia). En definitiva, Venom es una buena presentación que acaba haciendo justicia al emblemático personaje de Marvel y abre la puerta a una secuela que, puliendo los errores de esta, puede y debería ser mucho mejor.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

The OA: El enigmático regalo sorpresa de Netflix

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Cuando la mayoría de medios ya han publicado sus listas de lo mejor del año y dábamos por cerrado el calendario seriéfilo de 2016, Netflix nos lanza una sorpresa a apenas dos semanas de dar la bienvenida a 2017, un regalo de Navidad que no nos esperábamos. The OA es la nueva y misteriosa serie que llega a la plataforma, rodeada de un gran secretismo y sin publicidad hasta pocos días antes de su lanzamiento (lo que en sí mismo es una inteligente estrategia publicitaria). Brit Marling y Zal Batmanglij, responsables de las películas Sound of My Voice The East, están detrás de esta extraña e indescifrable serie. Ambos han trabajado en ella junto a un reparto de primera (Emory Cohen, Jason Isaacs, Phyllis Smith, Riz Ahmed y Paz Vega entre otros) y productores del calibre de Brad Pitt, sin trascender a los medios hasta que ha estado lista para que se levante el velo. Y tanto misterio a su alrededor tiene una razón de ser: es mejor entrar en el juego que propone sin saber nada de antemano.

The OA es difícil de describir, casi inclasificable. Por un lado se puede considerar un thriller de desapariciones y un intenso drama New Age, muy en la línea de los anteriores trabajos del tándem creativo detrás de la serie (así como de los de Marling junto a Mike Cahill, Otra TierraOrígenes), por otro está claramente orientada al público que disfrutó el verano pasado enganchándose a Stranger Things y tiene mono de otro absorbente misterio para bingear, aunque en realidad su historia tiene mucho más que ver con Sense8, al hablarnos de una poderosa conexión humana que trasciende los límites de nuestro conocimiento. Drama, fantasía, ciencia ficciónThe OA combina estos géneros para resultar en algo completamente original y diferente, una historia que comienza con el regreso a casa de una chica que ha estado desaparecida siete años y se va convirtiendo poco a poco en uno de los relatos más envolventes y desconcertantes que nos ha dejado últimamente la televisión.

La adictiva historia de The OA apela directamente a los sentidos, y al estómago, es un relato espiritual de sensaciones, abstracto pero con una estructura narrativa muy concreta e inteligente (alternando pasado y presente para dosificar la información de manera que no podemos dejarla hasta el final) y una cuidada mitología e iconografía fantástica y sci-fi que se va desgranando a través de los episodios para desvelar un universo de ficción único y fascinante. Desde el momento en el que ponemos los pies, los ojos y los oídos en la serie, la voz de Prairie (Marling) nos transporta hacia una realidad que nos resulta muy familiar (un pequeño barrio residencial norteamericano, casi un no-lugar) para a continuación situarnos a oscuras en un camino que no sabemos dónde nos va a llevar, que puede resultar muy tenso, asfixiante, pero también liberador. Seguir la voz de Prairie, como hacen aquellas personas rotas que se congregan para recibir su sagrada narración y de cuya comunidad acabamos siendo uno más, supone convertirnos en creyentes y abrir nuestra mente a las posibilidades infinitas que hay a nuestra disposición. Suena a secta, y en cierto modo lo es. No pasa nada, no tengáis miedo de beber el Kool-Aid.

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Pero para que esto ocurra, hay que prestarse voluntario al experimento, hay que escuchar y dejarse llevar (“Confía en lo desconocido”, reza su tagline). The OA también es un producto excéntrico, lunático, y su planteamiento puede no tomarse en serio. A quien acepte la mano que extienden Marling y Batmanglij desde el otro lado de esta dimensión le espera un viaje muy emocionante, una insólita historia de amor (Prairie y Homer son nuestra nueva obsesión) y un refugio de entendimiento y aceptación. A otros simplemente les puede parecer una gran chorrada. Pero ese es parte de su atractivo, eso es lo que hace de ella algo extraordinario, algo que difícilmente dejará indiferente a alguien. Y es que estamos ante un trabajo que pide un salto de fe, y recompensa con una experiencia que, con suerte, puede llegar a ser catártica y trascendental. No solo en su emotivo y sorprendente desenlace, sino también en cada rincón y giro argumental, en cada imagen bañada en luz o ahogada en oscuridad, en cada paisaje sonoro (magnífica banda sonora del ex Vampire Weekend Rostam Batmanglij).

Podríamos tratar de analizar The OA en profundidad (llenando este texto de spoilers, claro), hablar de sus personajes (algunos complejos, otros todavía desdibujados, con suerte todos de vuelta para conocerlos mejor en una necesaria segunda temporada), pero en realidad se trata de una serie difícil de explicar, porque no está hecha para eso, sino para ser vivida, para sumergirse y dejarse consumir por ella. Entrad con los ojos cerrados y dejad que Prairie os los vaya abriendo para descubrir lo que se esconde detrás de esas dos siglas. La respuesta esconde un imaginativo y expansivo cosmos de ficción del que es imposible escapar.

Crítica: Rogue One – Una historia de Star Wars

Cuando aún no nos hemos recuperado del Episodio VII, el ya de por sí inabarcable universo de Star Wars se expande con el primer spin-off de la saga creada por George LucasRogue One: Una historia de Star Wars. Con esta nueva aventura, Disney y LucasFilm inician una serie de películas dedicadas a explorar otros rincones de la galaxia, dar a conocer a nuevos personajes, contar los orígenes de otros más familiares o rellenar los huecos cronológicos entre los episodios de las trilogías centrales. Con las historias de Star Wars, además, se pretende dar una oportunidad a nuevos cineastas para que realicen su aportación al legado de Star Wars, como Gareth Edwards (director de la espectacular aunque vacía Godzilla), que con Rogue One es el primero en coger las riendas de estas nuevas películas independientes de la saga.

J.J. Abrams logró reproducir el espíritu de las Star Wars originales con El despertar de la fuerza, una película que revisitaba el esquema de la primera Guerra de las Galaxias para presentarnos a un nuevo plantel de personajes de los que nos enamoramos al instante. Rogue One es algo diferente. Es puro Star Wars, pero a la vez se desmarca claramente de las películas principales, con un tono mucho más frío y oscuro y un planteamiento autoconclusivo. La película se remonta muy atrás en el tiempo, para situarse entre las dos primeras trilogías y ejercer como precuela directa de Una nueva esperanzaRogue One narra la historia de un improbable grupo de héroes de la Alianza Rebelde que emprende una misión imposible para robar los planos de la Estrella de la Muerte, el arma de destrucción masiva definitiva que ha desarrollado el Imperio con la ayuda de un brillante científico, Galen Erso (Mads Mikkelsen). Liderados por la hija de Galen, Jyn Erso (Felicity Jones), esta banda de inadaptados, solitarios y rebeldes improvisará un plan para infiltrarse en el planeta donde se esconden los planos y retransmitirlos a sus aliados, cueste lo que cueste.

Como si de una cinta bélica se tratase, Rogue One celebra las hazañas de los héroes anónimos que lo dieron todo para luchar contra el Imperio, y cuyas acciones fueron clave para el desarrollo de la guerra posterior. A partir de esta premisa, Edwards ha llevado a cabo una más que eficaz película en la que se vuelve a respirar el espíritu de la saga en cada plano, recurriendo a las mismas técnicas que Abrams usó en el Episodio VII -principalmente esa fotografía polvorienta y la recuperación de los efectos tradicionales, las armaduras reales y los animatronics, que se mezclan con el CGI más puntero (personajes humanos enteramente realizados por ordenador incluidos) para ofrecernos lo mejor del pasado y el presente de Star Wars. Pero a la vez, se respira aire novedoso, con un mayor énfasis en la acción pura y menos en la fantasía. Todo sin olvidar las numerosas conexiones y referencias a los Episodios (la participación de Darth Vader, sobre todo al final, es escalofriante), que hacen que sintamos en todo momento que estamos viendo una película 100% Star Wars, y no un producto derivado.

Sin embargo, Rogue One tiene sus problemas. La primera mitad se dedica a disponer las piezas de la historia, repartidas a lo largo y ancho de la galaxia, y la fragmentación que esto conlleva hace que a la película le cueste coger el ritmo. Los personajes no llegan a tener apenas profundidad, lo que hace que conectar con su historia sea más difícil. El humor chirría en ocasiones, y algunos chistes metidos con calzador no funcionan. Y el reparto, aunque sólido en general, tiene unos cuantos eslabones débiles que están a punto de estropear la función: Diego Luna, plano e inexpresivo, no consigue conectar del todo con Felicity Jones, cuando se supone que la relación entre Cassian y Jyn es uno de los núcleos emocionales de la película. Alan Tudyk pone voz a K-2SO, nuevo androide ideado para ser el alivio cómico que no es ni de lejos el robaescenas que creían tener entre manos (tiene momentos divertidos, no se puede negar, pero hay otros en los que roza el jarjarbinksismo). Y por último, Forest Whitaker, que está sencillamente ridículo.

Por el lado bueno, Jones compensa las carencias del reparto aportando la emoción que hace falta. Su personaje no es precisamente el colmo de lo complejo, pero la interpretación de la británica, silenciosa e intensa, es el pegamento que mantiene unidas todas las piezas (Jyn es líder, fuerza motivadora y amiga). Además, hay que destacar al resto de secundarios, que sí están a la altura, como los talentosos Mads Mikkelsen, Riz Ahmed y Ben Mendelsohn, que lo borda como el ambicioso villano de la película, y el dúo formado por Jiang Wen y Donnie Yen, que tienen muchas papeletas para convertirse en los nuevos favoritos del fandom.

Como decía, a la película le cuesta coger impulso. Durante la primera hora, la presentación y exposición narrativa puede resultar algo monótona, a lo que contribuye una fotografía más oscura (no apta para 3D) y unos personajes poco definidos. Sin embargo, una vez reunida la banda de Erso y tomada la decisión de robar los planos de la Estrella de la Muerte (con lo que la película se convierte en una heist movie), Rogue One despega. Y de qué manera. Cuando llega el último tercio nos damos cuenta de que la espera ha merecido la pena y la paciencia tiene su recompensa. Decir que el acto final de Rogue One es espectacular es quedarse corto. Este intensísimo clímax de media hora es de lo más impresionante que se ha visto en la saga, y en cualquier superproducción, un brutal despliegue visual y sonoro (con otro gran score de Michael Giacchino, continuador del maestro John Williams) que nos sumerge en una trepidante batalla a plena luz del día (genial contraste con el resto de la película). Pero no solo eso, sino que el tramo final también añade toda la humanidad que los personajes y el espectador necesitábamos para afrontar el desenlace. Bien está lo que bien acaba.

A pesar de su indudable cualidad épica, sus increíbles imágenes y secuencias espaciales, y sus potentes set pieces (todo lo que esperamos de Star Wars), Rogue One está lejos de ser perfecta. Sin embargo, su desarrollo in crescendo y su gran colofón hacen que salgamos del cine con muy buen sabor de boca, con la adrenalina disparada y la sensación de haber asistido a otra gran aventura de Star Wars, a lo que se añade ese mensaje de unión y esperanza que tan bien nos viene en estos momentos. Quizá sea una de esas películas que gane con los visionados o puede que solo sea una buena película de acción, que tampoco está mal. En cualquier caso, está claro que son buenos tiempos para ser fan de Star Wars.

Pedro J. García

Nota: ★★★½