Perdidos, "Ab Aeterno" (6.09)

La partida interminable

Escribir algo sobre el episodio de Perdidos de cada semana es una tarea complicada, porque para cuando uno se pone a ello ya ha discutido el episodio hasta la saciedad, en foros, en persona con amigos, en su propia mente. Si habitualmente, escribir una review sobre esta serie es más una tarea de síntesis de opiniones (que a menudo cambian o evolucionan en estas discusiones, a veces acaloradas), que una labor de análisis propiamente dicha, con el último episodio, “Ab Aeterno” (6.09), esto va más allá, pues es un episodio de los que hacen ruido, que no deja indiferente a nadie, que provoca reacciones e invita a no quedarse callado después de verlo.

Por eso, lo que voy a hacer en esta entrada es recoger algunas impresiones sobre el episodio, añadir mi opinión al respecto, y después, ampliarlas con ideas de cosecha propia (que a estas alturas no serán solo mías, claro):

1. A muchos espectadores de Perdidos, esta temporada les está pareciendo lenta y aburrida. Es lógico. Desde la segunda mitad de la tercera temporada, y en especial a lo largo de las dos siguientes, la acción primó sobre la reflexión y la introspección. Esta última temporada es una vuelta a los orígenes. Y ya muchos no se acuerdan, pero la primera temporada de Perdidos, por muy mítica que sea, era pausada, contemplativa, llena de diálogos sobre la vida de los personajes que en muchas ocasiones poco aportarían a las temporadas posteriores. Sin embargo, esta vuelta a los orígenes no puede ser pura y absoluta, porque el camino recorrido es largo y está lleno de eventos que hacen que cada momento reflexivo, de diálogo en plano contra plano de esta sexta temporada sea un momento crucial, y al que no sepa disfrutar eso, y se aburra eperando que pasen cosas, le digo: Abre los ojos, o los oídos. Ya están pasando.

2. Muchos se quejan de los errores de continuidad y de los fallos técnicos de este episodio. Que si no es lógico que el barco llegue tan alto como para destruir la parte superior de la estatua y acabar en un relativo buen estado en tierra firme (uno de los momentos que más ha desafiado la suspensión de la credulidad del espectador de lo que llevamos de serie). Que si Richard podía haber cogido el clavo con el pie, en vez de rendirse al no poder alcanzarlo con la cabeza. Que si cuando Jacob y el hombre de negro vieron llegar el barco, hacía un día estupendo y en este episodio, hay una tormenta casi apocalíptica. Pues bien, por una parte, tienen todo el derecho a quejarse. Una serie que destaca por su detallismo extremo, y por tener a la audiencia más exigente, no debería tener descuidos tan grandes. Por otra, yo les digo: Superadlo. Es una pena si eso os estropea el visionado de un episodio como “Ab Aeterno”.

3. Otros dicen que el hecho de que la acción de “Ab Aeterno” se ambiente en las Islas Canarias juega en detrimento del episodio. Siempre que una serie norteamericana se acerque geográfica o temáticamente a nuestro país, va a estar entrando en un terreno farragoso. Es muy complicado encontrar secundarios que tengan el acento exacto del lugar al que se supone que pertenecen, eso cuando los responsables de las series se preocupan por el contrario (que no es lo habitual). Lo que siempre ocurre es que acabamos viendo a sudamericanos interpretando a españoles, con acentos híbridos extraños (muchas veces son más norteamericanos que otra cosa), y construcciones gramaticales latinas y por consiguiente, seriamente contaminadas del inglés. El primer problema, el del acento, tiene una solución: olvidarse de España y ambientar este tipo de tramas en Latinoamérica (con la consiguiente pérdida de gracia de todo el asunto). Pero esto es una decisión artística, y si los de Perdidos querían las Canarias, hay que aguantarse. Sin embargo, el tema de las construcciones gramaticales tiene una sencilla solución. Señores, contraten a un asesor de castellano que les diga que esa frase que suena tan horriblemente mal tiene que cambiarse. Claro que yo no sé cómo hablaban en las Canarias hace siglo y medio (aunque dudo mucho que fuera como en La loba herida). Así que esta reflexión la debería hacer un experto en la materia.

4. Otros tantos se quejan de que sigue faltando información. A estos quiero gritarles directamente, perder los estribos con ellos y decirles que dejen de ver Perdidos, y se vayan a ver El mentalista. No quiero ser intolerante, pero es que quejarse de esto tras un episodio como “Ab Aeterno”, que explica lo explicable y más, que nos remonta a las primeras temporadas y ata cabos sin sacar apenas a ningún protagonista de la serie, me parece una suprema estupidez. Esta gente se queja ya más por inercia que por otra cosa. Miedo me dan cuando se emita el final de la serie. Creo que puede haber revueltas a nivel mundial. Gente prendiendo fuego a contenedores , y a guionistas, porque Perdidos no ha respondido a sus puñeteras preguntas y porque ¡¡falta información!! En serio, por el bien de la humanidad, dejad de ver la serie.

5. Por suerte, este episodio ha provocado más respuestas positivas que negativas, aunque por lo que he escrito anteriormente parezca lo contrario. Richard Alpert es un gran personaje, y obtener al fin las respuestas que dan sentido a su existencia en la isla supone poco más que un hito dentro de la propia serie. Como no podía ser de otra manera, el desencadenante de la historia de Ricardus es una mujer, un amor eterno. La presencia de Isabella en Perdidos lleva la serie a terreno culebronesco, pero es que no puede ser de otra manera. Cuarenta y cinco minutos es muy poco tiempo para convencernos del amor entre Ricardo e Isabella, por lo que hay que recurrir a lo arquetípico y dejarse las complejidades para otras historias de amor (como la de Kate-Sawyer-Juliet-Jack), lo que sumado a los acentos latinoamericanos y el romanticismo acusado de la ambientación, resulta en una telenovela de época que algunos han encontrado difícil aguantar.

6. Por último, tengo que decir que nunca me había gustado tanto Jacob y todo lo que conlleva la historia de su personaje y su relación con el hombre de negro. “Ab Aeterno” es el máximo exponente de lo que ha venido a llamarse la cultura colaborativa. Que los guionistas hayan incluido a la serie la teoría más extendida entre los fans durante la primera temporada, la de que todos están muertos y la isla es el infierno, más allá de una simple referencia, es un ejemplo más del gran juego que es Perdidos para los guionistas (algo que no me canso de repetir, lo sé). Pero no es tan simple como esa “explicación”. No se trata más que de otra artimaña para confundir, para que sigamos elaborando teorías y que la recta final sea de todo menos complaciente. Muchos acabarán (o acabaremos, quién sabe) indignados y sin ganas de volver a jugar, pero será una partida que nadie olvidará.