Crítica: Jojo Rabbit

Taika Waititi es uno de los directores más originales del panorama cinematográfico actual. Antes de saltar al mainstream dirigiendo la película más marciana de Marvel, Thor: Ragnarok, el cineasta neozelandés ya se había labrado un nombre entre los círculos cinéfilos y festivales gracias a joyas como BoyLo que hacemos en las sombrasHunt for the WilderpeopleCon su último trabajo, Jojo Rabbit, basado en el libro Caging Skies de Christine Leunens, Waititi aúna la sensibilidad libre e independiente de sus primeros films con el estilo hollywoodiense al que ha sabido adaptarse sin perder un ápice de su peculiar personalidad.

Jojo Rabbit es una sátira de la Segunda Guerra Mundial ambientada en la Alemania nazi que sigue al pequeño Jojo Betzler (Roman Griffin Davis), un ferviente seguidor de Hitler que inicia su adiestramiento en las Juventudes Hitlerianas para luchar por los ideales que el dictador y sus partidarios le han metido en la cabeza. Sin embargo, su visión del mundo cambiará al descubrir que su madre (Scarlett Johansson), una mujer soltera perteneciente a la resistencia clandestina, esconde a una chica judía (Thomasin McKenzie) en la habitación de su fallecida hija mayor. Ante esta situación, Jojo se replanteará su nacionalismo, para disgusto de su ridículo amigo imaginario: Hitler (interpretado por el propio Waititi).

En manos de otro, esta rocambolesca premisa podría haber salido muy mal, pero Waititi la lleva a buen puerto con su habitual sentido del humor y las dosis perfectas de emotividad. Su buena mano y experiencia con las historias coming-of-age le sirve para confeccionar una fábula ingeniosa, dulce y entrañable sobre un tema muy complicado. Lo consigue encontrando el equilibrio perfecto entre comedia y melodrama, con humor incisivo lleno de toques surrealistas que busca hacer reír sin faltar al respecto y deleita a la vez que aborda los horrores de la realidad histórica que satiriza y lanza su mensaje antibelicista. En definitiva, consiguiendo lo que algunos directores creen imposible: hacer humor de un tema delicado y escabroso sin ser ofensivo.

Jojo Rabbit es una obra de contrastes. El color y la magia de su puesta en escena (reminiscente del cine de Wes Anderson) cubre una verdad muy oscura. La película es excéntrica y arriesgada, pero a la vez es lo más accesible, incluso académico, que ha hecho Waititi (de ahí sus 6 nominaciones a los Oscar, incluyendo mejor película). Y la risa y el llanto se fusionan en una historia que divierte pero también golpea fuerte con su dureza y tristeza; especialmente durante su segunda parte, donde el director se pone serio y el drama y la tragedia nos llevan hasta el desenlace, aunque sin perder nunca la gracia y el optimismo.

El film cuenta con un reparto magnífico del que destaca el niño prodigio Roman Griffin Davis (simplemente extraordinario) y el hilarante Archie Yates (futuro protagonista del reboot de Solo en casa), Scarlett Johansson en uno de los mejores papeles de su carrera (la Academia la ha recompensado este año con dos merecidas nominaciones, una por esta y otra por Historia de un matrimonio) y un fantástico grupo de talentos cómicos: Rebel Wilson, Alfie Allen, Stephen Merchant y un divertidísimo Sam Rockwell.

A pesar de experimentar un bajón de ritmo hacia la mitad del metraje, Jojo Rabbit es un triunfo absoluto del cine, una película mágica, luminosa y llena de energía que se queda en el recuerdo. Lejos de perder su idiosincrásica voz, Waititi sigue asumiendo riesgos y los supera con una visión muy clara de lo que quiere contar, dotando de alma a sus personajes y contando historias que parecen increíbles pero se sienten muy reales.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

Crítica: Dando la nota – Aún más alto

Kendrick Bellas

Dando la nota (Pitch Perfect) fue uno de los éxitos sorpresa de 2012, un sleeper pop que no solo funcionó mucho mejor de lo que se esperaba en taquilla, sino que pasó rápidamente a convertirse en película de culto para la generación Tumblr. Aunque su acción transcurre en la universidad, Dando la nota es en esencia una película de instituto, por eso muchos no dudaron en coronarla como la Mean Girls de los 2010’s o describirla como “Glee bien hecha” (yo mismo en la crítica que escribí en su día, antes de que Pitch Perfect se convirtiera en un fenómeno).

La película consagró a Anna Kendrick como nueva novia/It girl/amiga friki/ídolo tuitero/icono cool de América y convirtió a Rebel Wilson (Amy la Gorda) en una estrella. Había que darse prisa para generar una secuela aprovechando el momento. La popularidad de estas actrices está en lo más alto y varios éxitos recientes (LucyCincuenta sombras de Grey) han demostrado que el cine hecho y protagonizado por mujeres también puede triunfar en taquilla (duh!). Teniendo esto en cuenta, Universal ha demostrado tener reflejos muy “afinados” y ha hecho las cosas bien. Tanto que en su primer fin de semana, la secuela de Pitch Perfect dirigida por Elizabeth Banks, Dando la nota: Aún más alto (en USA simplemente Pitch Perfect 2), ha recaudado más que la primera película en todo su recorrido comercial en cines estadounidenses, rompiendo unos cuantos récords y asegurando una tercera entrega.

Dando la nota es un pelotazo es indiscutible y debemos celebrar que una película protagonizada casi íntegramente por mujeres en la que la rivalidad es sana (nunca por un hombre) y donde se celebra la camaradería (entre ambos sexos) y el trabajo en equipo haya cosechado tanto éxito, sobre todo teniendo en cuenta cómo está el panorama. El cine de Hollywood promete un cambio para los próximos años, y en parte se lo debemos a las Barden Bellas. Ahora bien, Dando la nota: Aún más alto no supone ninguna revolución en sí misma. Se trata de una clásica secuela fabricada (con prisa) aprovechando el tirón del éxito, que reproduce casi al pie de la letra a su predecesoraAún más alto es una segunda parte de manual. Es más espectacular y numerosa, traslada su acción al contexto internacional -el campeonato mundial de acapella que tiene lugar en Copenhague-, aumenta aun más la variedad del repertorio musical (hits actuales, éxitos de siempre, hip hop, country, temas de los 90…), y pone mucho más en juego. Pero a pesar de esto, el factor sorpresa se desvanece y lo que en la primera funcionó por su frescura (los susurros de Hana Mae Lee, las marcianadas de Wilson) aquí suena repetitivo y por tanto pierde gran parte de su gracia.

Rebel Wilson Pitch Perfect 2

La estructura de la secuela es prácticamente idéntica a la de la primera. Aún más alto comienza con una actuación que se convierte en un desastre (en lugar de vómito aquí tenemos un escándalo tipo nipplegate de Janet Jackson, pero mucho más bruto y con testigos presenciales de excepción, los Obama y Shonda Rhimes), continúa con la lucha de las Bellas por recuperar su voz (un reset que obliga al grupo a empezar de nuevo), tiene un intermedio en forma de batalla acapella (con David Cross como bizarro anfitrión) que palidece en comparación con la de la primera película, y termina con la gran competición. Afortunadamente, para compensar lo mecánico del argumento, los personajes evolucionan satisfactoriamente y sus conflictos internos, ambiciones, traumas y sueños se convierten en el corazón de la película.

Vemos cómo algunas Bellas se han graduado (Anna Camp, que ya tenía 30 años en la primera película no colaba ya como universitaria), cómo otras se niegan a salir al mundo real y se refugian en el grupo (Brittany Snow está estupenda), y cómo Beca (una Kendrick más cómoda desatando su lado más tontorrón) persigue su sueño de ser productora musical -divertida subtrama que cuenta con el genialísimo Keegan-Michael Key. Así que, aunque Dando la nota 2 sea un calco de la primera, tiene muchas armas para evitar el estancamiento y alicientes de sobra para mantener nuestro interés por saber qué les ocurre a estas chicas, más definidas y más unidas que la primera vez que las vimos. Además de las Bellas originales, tenemos nuevas incorporaciones que aumentan la diversidad y rejuvenecen al grupo, Flo (Chrissie Fit) y Emily, interpretada por la ubicua Hailee Steinfeld, “heredera” de las Bellas (Legacy en inglés) que sigue los pasos de Kendrick. De hecho, para intentar repetir la jugada de “Cups” (el nº1 discográfico que surgió de Pitch Perfect), Sia ha compuesto “Flashlight” para el personaje de Steinfeld, que acaba de fichar por una discográfica para grabar su primer álbum.

Kendrick Steinfeld

Y es que Dando la nota: Aún más alto se ha empezado a convertir en un musical tradicional. No solo hay más números (excelentemente dirigidos por Banks), sino que esta vez no se limitan al escenario, incorporando canciones narrativas, como la serenata en barca que dedica Rebel Wilson (con diferencia la peor cantante de la película) a Adam DeVine, y temas originales, como la mencionada “Flashlight”. Los momentos más estelares siguen teniendo lugar en las competiciones, pero no extrañaría que la progresión natural de la saga llevara la tercera parte por la senda del musical de Broadway (sería una buena forma de evitar o enmascarar el estancamiento en la misma fórmula).

En cuanto al humor, Aún más alto repite chistes y gags de la primera y explota las señas de identidad de sus personajes, en cierto modo haciendo que todo pierda un poco de magia. Hay muchas bromas que no llegan, especialmente las que protagoniza Flo, la latina (hondureña concretamente) que, como Sofía Vergara en Modern Family, perpetúa/se ríe de los estereotipos asociados con los inmigrantes hispanoamericanos en Estados Unidos (no es que sea ofensivo, es que no tiene mucha gracia). Este es uno de los recursos principales del guión, que a través del tronchante personaje del comentarista John Michael Higgins, se ríe de todas las razas y nacionalidades, y carga con especial inquina contra las mujeres. Pero sería absurdo acusar a Pitch Perfect de intolerante (lo saco a colación porque ya lo he leído en varios sitios), sobre todo porque el objeto de la burla es el propio personaje de Higgins (caricatura del republicano machista, misógino y racista), y por extensión, el ala conservadora de Norteamérica (“Todo el mundo nos odia”, reconoce el personaje de Elizabeth Banks, fantástica como siempre). El libreto vuelve a estar escrito por Kay Cannon, una de las guionistas de 30 Rock, serie conocida por no dejar títere con cabeza y satirizar la obsesión de Estados Unidos con la corrección política y la doble moral (Banks sabe mucho de esto porque interpretó a la ultra-conservadora y ultra-americana Avery Jessup en la comedia de Tina Fey). Además, Aún más alto es una película esencialmente feminista e inclusiva (y muy orgullosa de ello, “¡Somos un grupo de mujeres racialmente diverso!”), por lo que se puede permitir este tipo de humor corrosivo sin que se deba poner en duda su ideología.

Banks Higgins

Pero dejando a un lado estas cuestiones polémicas, Dando la nota: Aún más alto cumple con creces su cometido como película. Divierte, emociona, atrapa con sus espectáculos musicales y lo hace transmitiendo valores de compañerismo femenino en un contexto de competición sin caer en la moralina (en sus hilarantes encontronazos con la líder alemana del equipo rival de las Bellas, Beca no puede insultarla, solo elogiar su perfección como espécimen humano), y sin enfrentar al género opuesto en ningún momento (la representación masculina está en buenas manos con los encantadores DeVine y Skylar Astin). Aún más alto nos devuelve a los personajes de los que nos enamoramos hace tres años, estrecha los lazos que hay entre ellos (atención a la adorable escena en la tienda de campaña), y nos recuerda por qué queremos que triunfen en todo. Banks y Cannon han conseguido aumentar la dimensión humana de las Bellas, conservando la dulzura, el carisma y la locura que las caracteriza, en una película que ante todo es una celebración por todo lo alto de la hermandad femenina.

Valoración: ★★★½

Especial Pilotos 2013-14 – Parte V

Betrayal ABC

Betrayal

Emisión: Los domingos en ABC

Opinión sobre el piloto: El caso de Betrayal es raro. Es un culebrón made in ABC que de alguna extraña manera escapa del tono habitual de la cadena. En lugar de una soap exagerada y artificial, Betrayal empieza de manera contenida, pausada, incluso elegante y sensual. El núcleo de la serie es una infidelidad, y lo cierto es que el tema está tratado con bastante clase, evitando los clásicos recursos baratos de la cadena para enganchar al espectador. Quizás por eso Betrayal no termina de cuajar, porque no es lo suficientemente buena como para ser considerada un drama de calidad, ni lo suficientemente mala como para disfrutarla como un culebrón al estilo Revenge.

Por estar en esa tierra de nadie, Betrayal se ha ganado la indiferencia de la audiencia norteamericana, y nace abocada a la cancelación, en la misma franja horaria que fracasó hace un años 666 Park Avenue (con la que guarda más de una similitud, dejando a un lado que aquella era un drama sobrenatural). El piloto de Betrayal puede provocar bostezos, pero al menos no nos da dentera como otras series de este corte. Ayuda que los actores hagan un buen trabajo a pesar de la poca pasión que desprende el proyecto. Destaca una creíble y natural Hannah Ware, capaz de transmitir muy elocuentemente los complejos sentimientos de una mujer abocada a la infidelidad. Aunque también tenemos a James Cromwell, Stuart Townsend y Henry Thomas (Elliott de E.T.). Es una pena que el talento de un reparto tan competente sea malgastado con una historia tan insulsa.

Puntuación: 5,5/10

Razones para quedarse: Hannah Ware.

Razones para abandonar: No merece la pena invertir tiempo en algo en lo que evidentemente no se ha invertido esfuerzo. Sobre todo porque será cancelada y nos quedaremos a medias.

 

We Are Men

We Are Men

Emisión: Los lunes en CBS

Opinión sobre el piloto: ¿Sexo en Nueva York protagonizado por cuatro hombres? ¿Entourage fuera de Hollywood? Suenan a descripciones más o menos acertadas de lo que es We Are Men, pero también más generosas de lo que se merece. Esta nueva sitcom single-cam de CBS eleva ligeramente de categoría la oferta cómica de la cadena (basada esencialmente en comedias enlatadas), pero solo en apariencia. El reparto es interesante (ahí están Tony Shalhoub, Kal Penn y el más divertido de todos, Jerry O’Connell) y la factura muy cuidada, sin embargo, en el fondo no es más que otra comedia de baja estofa bombeada por el sexismo más embrutecido (pobres mujeres asiáticas, qué mal paradas están saliendo este año en la tele) que además parece tener la mecha muy corta.

Desde el mismo título hasta el último de sus chistes, We Are Men se pavonea orgullosa de ser una comedia de tíos, deudora de Resacón en Las Vegas, pero para todos los públicos (qué peligro). Después de ser abandonado por su novia en el altar, Carter (Christopher Nicholas Smith) conoce a tres hombres que viven una segunda juventud después de una serie de fracasos amorosos. Los tres se convierten en mentores de Carter, formando un equipo para el que la principal prioridad es mojar el pajarito. Como premisa puede funcionar a cierto nivel (uno en el que nos pillen bajos de defensas), pero no da para mucho más. We Are Men tiene un par de momentos simpáticos (el final del piloto arregla bastante lo que hemos visto hasta ese momento) pero se agotará pronto y se convertirá en un déjà vu continuo, como si lo estuviera viendo ya.

Puntuación: 4,5/10

Razones para quedarse: Jerry O’Connell, el único personaje que me ha hecho reír (un poco) durante todo el piloto.

Razones para abandonar: Todo lo demás.

 

LIZA LAPIRA, REBEL WILSON, LAUREN ASH

Super Fun Night

Emisión: Los miércoles en ABC

Opinión sobre el pilotoSuper Fun Night es diametralmente opuesta a We Are Men. Es una comedia con un gran corazón bombeado por mujeres. Pero también es el vehículo de lucimiento más evidente de este año. A Rebel Wilson llevamos un par de años viéndola en el cine (destacó en Bridesmaids), pero su gran breakthrough llegó con la película de culto Pitch Perfect (en España Dando la nota). Desde entonces, Rebel se ha hecho un gran nombre a base de apariciones en late nights. Era cuestión de tiempo que alguien le encargase una serie. Super Fun Night está creada y producida por la propia Rebel, al más puro estilo Fey-Kaling-Dunham, y en ella interpreta al personaje público en el que se ha convertido, con los mismos mohínes, la misma presencia marciana e infantil, esa Aubrey Plaza versión amable que ha conquistado a muchos.

Aunque el piloto no desate carcajadas precisamente no es un mal arranque para la serie. Rebel es la estrella, pero se ha rodeado de actores que la complementan estupendamente, formando un elenco bastante coral que desprende química y amistad. La de Kimmie Boubier (o boob-ier) es la clásica historia de superación protagonizada por una víctima de bullying a la que deseamos ver dominar sus miedos y triunfar en la vida. Este acertado enfoque despierta la simpatía de la audiencia, buscando la complicidad con Rebel y sus compañeras de piso, las no menos marcianas Liza Lapira y Lauren Ash, con las que forma un simpático trío de misfits. Por ahora, más que Super Fun Night, la comedia de ABC es Semi Fun Night, pero con algo de tiempo podría ganarse el “Super” con creces.

Puntuación: 6,5/10

Razones para quedarse: Super Fun Night es lo más parecido a Don’t Trust the B—- in Apartment 23, así que no nos viene mal a los que aun lloramos la pérdida de la serie de Krysten Ritter. También puede gustar a los fans de Bridesmaids (referente más que evidente para la serie).

Razones para abandonar: Que Rebel Wilson no sea santa de tu devoción (aunque he de decir que a mí nunca me ha resultado especialmente graciosa y aun así Kimmie me ha caído muy simpática).

 

ironside

Ironside

Emisión: Los miércoles en NBC

Opinión sobre el piloto: Ironside es el remake de la serie policíaca del mismo título emitida durante ocho temporadas entre las décadas de los 60 y 70 en NBC. La cadena del pavo, que parece más falta de ideas que nunca este año, recurre a su propia historia para reciclar un antiguo éxito que, según el panorama actual, no tiene absolutamente nada que ofrecer. Ironside, la historia de un agente de policía de Nueva York que sigue ejerciendo su profesión a pesar de quedar postrado en silla de ruedas, no es más que un procedimental aburrido cuya falta de originalidad no recae en el hecho de que sea un remake, sino en que es exactamente igual que las doscientas series policíacas que hemos visto (o que hemos evitado) en los últimos años.

Blair Underwood (el Idris Elba falso) interpreta al protagonista, Robert Ironside, y no es que lo haga mal, es que no sabe cómo hacerlo. La confusión es la tónica general del piloto, y él la personifica a la perfección. Ironside podría ser un personaje interesantemente complicado, pero se queda en insípido y tedioso. Como suele ocurrir con este tipo de series, el piloto sirve de ejemplo de cómo serán todos los episodios, con su desarrollo predecible que parece haber sido escrito por un programa generador de argumentos de procedimental. Así que viéndolo ya hemos visto toda la serie.

Puntuación: 3,5/10

Razones para quedarse:  Que estéis faltos de una serie para planchar. Pero lo dudo, porque hay demasiadas.

Razones para abandonar: Todas. Yo de hecho me he saltado 10 minutos del episodio, cosa que no suelo hacer nunca, para ir directo al final y no volver a verla nunca más.

Crítica: Dolor y dinero (Pain & Gain)

Pain & Gain

Crítica realizada por David Lastra

Michael Bay sorprende con Dolor y dinero (Pain & Gain) al construir una cinta en la que el humor prima sobre la acción. Si bien el maestro artificiero nunca se ha olvidado de la comedia en ninguna de sus películas, este aspecto no tenía tanto protagonismo (de manera intencionada) desde la primera entrega de la icónica Dos policías rebeldes (la secuela no existe). Pero en este caso no estamos hablando de gags basados en la vis cómica de sus protagonistas, como ocurría con el tándem Smith-Lawrence, sino en las descalabradas y esperpénticas andanzas de nuestros ultramusculados protagonistas.

Esta es la historia REAL de Daniel Lugo, un vigoréxico tragaproteínas con una doble fijación en su vida: el culto al cuerpo y el dinero. Dos credos que se resumen en dos slogans. Dos frases cortas que hasta el más descerebrado del planeta (posiblemente, el propio Lugo) puede memorizar: “I believe in fitness” y “I am a doer”. Todo ello abocado a la más sagrada enmienda del pueblo estadounidense: el sueño americano. Desde su trabajo como entrenador personal en un gimnasio de Florida, Lugo es consciente  de la mierda en que se ha convertido la sociedad actual. Los méritos ya no importan tanto como en el pasado. Ahora solo importa la suerte, el chanchulleo económico y el pisar cabezas. Una injusticia ante la que él, todo un superhombre (no nietzscheano, sino marveliano) no puede permanecer impasible y decide actuar como un Robin Hood del siglo XXI, robando a los nuevos ricos y quedándoselo todo él mismo… pero para hacer de América un lugar mejor, no para su propio beneficio. Tras un pequeño traspiés con la ley, Lugo no se amedrenta y decide seguir con su empeño de atajar hasta la consecución del sueño americano.

Dolor y dinero Michael Bay

Alentado por las enseñanzas de un orador motivacional de tres al cuarto (interpretado por nuestro querido y omnipresente Ken Jeong), decide secuestrar a uno de los nuevos clientes del gimnasio, dejarle sin blanca y quedarse con todas sus posesiones. La víctima elegida es Victor Kershaw, un magnate de los sándwiches, medio colombiano/medio judío que salió de la mierda y a base de estudios (y pocos escrúpulos) ha logrado llegar a lo más alto. ¿No es sino el señor Kershaw el paradigma de lo maravillosa que es la tierra de las oportunidades en donde todo el mundo puede triunfar? Pues para Lugo no. Según él, Kershaw no merece nada de eso. Pero nuestro Lugo no es racista, sino que su acción está provocada por su catetismo (de acuerdo, son dos términos que siempre van unidos, pero diferenciemos en este caso). Por el suyo propio y el de los otros dos chiflados que conforman su banda. Realmente este es el problema de todos: no hay nada más peligroso que un tonto con iniciativa. Desde ese momento comienza el peor secuestro de la historia. En esta ocasión el rótulo de “no intente hacer esto en su casa” no es tan necesario como el “esto es una historia real” y el “esto sigue siendo una historia real” para que no pensemos que estamos viendo una película de ciencia ficción.

Porque sí, Dolor y dinero está basada en una historia real, más concreto en los artículos de Pete Collins sobre el caso de Daniel Lugo. Este filón argumental no está desaprovechado en ningún momento del metraje, sino sobreaprovechado (si es que existe ese término). Tras un arranque espectacular en el que Bay nos demuestra por qué es un maestro del cine de verano (con una fotografía y estética videoclipera que recuerda mucho a la fallida Domino de Tony Scott), la película se desinfla al intentar ser demasiado fiel a las mil y una locuras  de nuestros tres mongolos. Media hora menos de película y una simplificación de sus cagadas y perrerías (o la omisión algún personaje), aún siendo una puñalada a la realidad, hubiesen hecho que Dolor y dinero fuese una película memorable.

PAIN AND GAIN

La nueva musa de Bay, Mark Wahlberg se encuentra perfecto en la piel de ese cacho carne de basura blanca que es Daniel Lugo y su química con Anthony Mackie (futuro Falcon en el universo Avengers) y el entrañable (y también omnipresente) Dwayne Johnson es excelente y se convierte en el mayor valor de la película. No debemos obviar al reparto femenino de la cinta, que lejos de ser mujeres florero “à la Bay” cuentan con alguno de los mejores gags del film:  una Rebel Wilson (con una situación laboral envidiable como The Rock y Jeong) en estado de gracia como cura-penes y una espectacular (por físico y por el intelecto de su personaje) Bar Paly como stripper/agente de campo/chica para todo.

Si bien este Dolor y dinero no contará con una secuela (la historia es autoconclusiva a más no poder y las cifras de taquilla conseguida no conseguirán el milagro), ni supondrá un hito generacional como las torrentadas de Lowrey y Burnett, sí se merece un espacio pequeño (y completamente  limitado y eventual) en nuestro corazoncito fílmico gracias a la citada química de sus protagonistas y a ese tufillo noventero del film, culminado por uno de los mayores himnos de 1995 (el mismo año de producción de Dos policías rebeldes) y tema principal de Mentes peligrosas, la gigantesca “Gangsta’s Paradise”. “Power and the Money, money and the power”.

Crítica: Dando la nota (Pitch Perfect)

¡Acatotal!

Mean Girls es intocable, irremplazable, insustituible. Así que, a pesar de que Dando la nota (Pitch Perfect, 2012) se adscribe al género que perfecciona la cinta escrita por Tina Fey, es más adecuado hablar de “la nueva A por todas (Bring It On, 2000), otro clásico esencial del cine para adolescentes y no tan adolescentes. Sin ir más lejos, los propios productores de la película protagonizada por la emergente estrella Anna Kendrick (La saga Crepúsculo, Up in the Air) reconocen que la cinta de animadoras de Kirsten Dunst fue una de las principales inspiraciones para Dando la nota. Claro que el germen directo de la película se encuentra en el libro de Mickey Rapkin titulado Pitch Perfect: The Quest for Collegiate A Capella Glory. Sea como fuere, Dando la nota es en fondo y forma una comedia de instituto que, curiosamente, se ambienta en la universidad. No importa, se sigue jugando según las reglas del género teen a pesar de que algunas de las protagonistas alcancen la treintena- para construir una historia de superación, autodescubrimiento y alianzas imposibles -sí, lo habéis adivinado, hay referencias a El club de los 5– que da como resultado un clásico de culto en potencia. Una de esas películas que nos encontramos un domingo por la tarde en la tele, y a pesar de haberla visto ya muchas veces, nos quedamos viéndola hasta el final.

Pero Pitch Perfect no es perfecta ni de lejos. Y aunque no es algo que se le deba exigir en ningún momento, la coherencia interna brilla por su ausencia a lo largo de toda la película. Empecemos por ejemplo por la protagonista. Beca (Kendrick) es una chica socialmente inadaptada, huraña, descreída, y definitivamente alternativa. Pero su “músico” de cabecera es David Guetta y se dedica casi profesionalmente a realizar mash-ups. Algo falla, ¿no? Por si esas extrañas credenciales no fueran suficientes, a Beca no le gusta el cine. Es más, actúa como si nunca en su vida hubiera visto una película. ¿De qué va todo eso? No lo entendemos, pero insisto, da igual. Como también deberíamos pasar por alto a todos esos personajes borrosos al fondo del plano -de hecho, se hace alguna referencia jocosa a su invisibilidad hacia el final de la película- o esos conflictos introducidos con calzador. En Dando la nota, lo más importante es la música. No sorprende en este sentido que el realizador del filme sea Jason Moore, responsable de algunos éxitos musicales de Broadway como Avenue Q, además de experimentado director de dramas televisivos (eminentemente adolescentes) como Dawson crece o One Tree Hill. Dando la nota pone énfasis en el componente espectacular de los números musicales y brilla especialmente cada vez que las protagonistas se suben al escenario o salen a la calle a librar batallas a capela -una las secuencias más memorables de la película-, haciendo que temas de una variedad enorme de artistas -de Ace of Base a Rihanna, pasando por Miley Cyrus, Gloria Estefan o Bruno Mars– suenen de maravilla. Sin excepción. Y fuera de bromas.

Dando la nota es como Glee -comparación inevitable-, pero mucho mejor hecha -algo que no es muy difícil, la verdad sea dicha. Es el perfeccionamiento del lipdub, y toda una cantera de talentos vocales y cómicos. Destaca entre todos ellos la revelación Rebel Wilson (Amy la Gorda), que a pesar de sus evidentes limitaciones como cantante, logra desviar la atención hacia su persona en todo momento gracias a ese peculiar sentido del humor basado en la improvisación y un -muy autoconsciente- marcianismo. Wilson es la estrella involuntaria de Dando la nota –¿cuánto la quiere Tumblr?, pero el resto de actrices y actores desempeñan un trabajo igualmente ejemplar, sobre todo a la hora de ponerse bajo los focos. Kendrick demuestra que su nominación al Oscar no fue un hecho aislado (no es que lo merezca por esta, ni de lejos, pero lo suyo es talento y lo demás son tonterías), Hana Mae Lee nos regala un personaje incluso más excéntrico y absurdo que el de la robaescenas Wilson. Y el talento masculino también cuenta con una buena representación gracias a un rompecorazones geek como Skylar Astin y un tronchante Adam DeVine, ambos cantantes de primera. Por último, y aunque no canten, no podemos olvidar a Elisabeth Banks y Paul Brooks -también productores de la película- los comentaristas de las competiciones musicales que aportan impagables momentos ala Very Important Perros.

El guion de Dando la nota viene firmado por Kay Cannon, responsable de varios de los libretos nominados al Emmy de 30 Rock y co-productora ejecutiva de New GirlViendo esta película, queda patente que el cine todavía le viene algo grande a la guionista, que no siempre da con el timing adecuado para sus chistes -una criba mayor de bromas habría beneficiado al ritmo de la película sin duda. Dando la nota es tremendamente irregular en el apartado cómico, y aunque es fácil y conveniente aproximarla a otras comedias femeninas como Bridesmaids, solo domina el arte del gag en contadas ocasiones. Sin embargo, Cannon sí logra una hazaña que casi ningún representante de la comedia norteamericana actual consigue: que su guion no decaiga en la recta final. Más bien todo lo contrario. La desternillante gran pelea entre las Bellas -el vómito, ese gran recurso- y la espectacular competición final conforman un clímax in crescendo que termina por levantar los ánimos del más reacio -el crítico más implacable y cínico se odia a sí mismo al descubrirse sonriendo y marcando el ritmo con los pies. Al final, Dando la nota nos invita a despojarnos de todo prejuicio y autorrestricción, y a “levantar las manos porque está sonando nuestra canción”. Yeah-Eh-Yeah-Eh-Yeah-Eh, it’s a party in the USA.