‘Adiós’: La consagración dramática de Mario Casas (aunque no quieran reconocérselo)

Para mucha gente Mario Casas siempre será el macizo de El barco o el chulo de 3 metros sobre el cielo. Y no les podemos culpar. Durante años, el actor de La Coruña se labró una imagen muy reconocible como galán de extrarradio e ídolo atormentado de adolescentes, un rebelde sin causa y conquistador con ínfulas de príncipe y espíritu de cani que disfrutó de un lugar especial reservado en las carpetas del instituto de media España. Y que, como suele ocurrir, también generó muchos detractores.

Pero desde hace un tiempo, Casas está intentando quitarse de encima su imagen de ídolo adolescente, aceptando papeles exigentes con los que demostrar una versatilidad que muchos no quieren ver. El actor ha brillado en comedia de la mano de Álex de la Iglesia en las películas Las brujas de Zugarramurdi, Mi gran nocheEl bar. Ha resultado ser un gran protagonista de thriller con Grupo 7 Contratiempo. Ha emulado a los grandes iconos románticos del cine en Palmeras en la nieveY ha asumido duros retos físicos con sus papeles en El fotógrafo de Mauthausen y la crudísima Bajo la piel del lobo, lo que le ha valido el sobrenombre de “el Christian Bale español”.

Pero ninguno de estos trabajos alcanzan el nivel de entrega de Adiós, drama de 2019 dirigido por Paco Cabezas (Carne de neón, Penny Dreadful), en el que Casas se deja la piel y el alma interpretando a un dolido padre que se embarca en un viaje de venganza para tomarse la justicia por su mano tras la muerte de su hija pequeña en un accidente de coche.

El film recibió tres nominaciones a los Goya en apartados interpretativos (mejor actriz revelación para Pilar Gómez y mejor actriz de reparto para Natalia de Molina y Mona Martínez), pero un año más, la Academia de Cine volvió a ningunear a Casas (nunca ha sido nominado), a pesar de haber realizado una de las mejores interpretaciones del año, y de su carrera. Está claro que le tienen tanta manía como gran parte de público que aun no se lo toma en serio como actor y se ha quedado en el chiste de que no se le entiende -que sí, es verdad en muchos de sus trabajos y en Adiós no ayuda que sea un gallego interpretando a un sevillano con acento impostado, pero también lleva tiempo trabajando en su dicción y mejorando para quitarse ese sambenito, por lo que es injusto reducir sus interpretaciones solo a eso. Sobre todo cuando hay tantas películas españolas sin Mario Casas en las que hay que poner los subtítulos para enterarse de todo.

Pero vamos a centrarnos en la película, porque Adiós no es solo Mario Casas. También es Natalia de Molina, una de nuestras mejores actrices, que interpreta con garra y pesar a la mujer del personaje de Casas. También es Ruth Díaz, fantástica en su papel de recta  y afligida agente de policía al cargo de la investigación. Carlos Bardem, su jefe, un hombre de dudosa moralidad. El humorista Salva Reina en un papel revelación como yonqui (injustamente tampoco nominado al Goya). Y sobre todo Mona Martínez, inconmensurable matriarca de las 3000 viviendas de Sevilla dispuesta a hacer lo que sea para proteger a su clan.

Paco Cabezas dirige con pulso y valentía un drama criminal que se adentra en los bajos fondos de la ciudad andaluza para construir un intenso entramado de muerte, narcotráfico y corrupción policial que nos muestra el lado más descorazonador del ser humano. Un thriller elegante pero sucio y oscuro que nos sumerge en un lugar sin ley y orden para hacernos partícipes del dolor de sus personajes y ese duro sentimiento de no tener nada que perder.

Magnética, absorbente y angustiosa, así es Adiós, una de las mejores películas de 2019. Cabezas domina el equilibrio entre drama introspectivo y acción con una trama que, exceptuando algún que otro cliché y giro predecible, atrapa de principio a fin y golpea fuerte en el estómago. Pero sobre todo, Adiós es la (nueva) prueba de que Mario Casas es mucho mejor actor de lo que la mayoría piensa y que, dejando a un lado los prejuicios, cualquiera te puede sorprender.

Nota: ★★★★

Pedro J. García

Adiós ya está a la venta en DVD y Blu-ray de la mano de Sony Pictures. El Blu-ray contiene los siguientes extras:

  • La historia
  • La película
  • Triana
  • Eli
  • Juan Santos
  • Santacana
  • Director
  • Sevilla
  • Producción
  • Secuencia

Tokarev: La peor película de 2014 (por ahora)

Tokarev Cage

Vayamos al grano: Durante esta primera mitad de 2014 hemos visto cosas como Hércules: El origen de la leyenda, Yo Frankenstein, 300: El origen de un imperioCuento de invierno, todas fuertes candidatas a Peor Película de 2014. Sin embargo, ya podemos detener (por ahora) esta siempre divertida búsqueda del estreno más infame del año gracias a Tokarev, también conocida como Rage, que supone el debut en Estados Unidos del director sevillano Paco Cabezas (guionista entre otras de Sexykiller y Spanish Movie, y realizador de la justamente ignorada Carne de neón). Sin duda lo peor de lo que llevamos de año, y muy difícilmente superable.

Tokarev es un thriller de venganza protagonizado por Nicolas Cage (seguramente ya no hace falta decir nada más, pero sigo), que interpreta a Paul Maguire, un exitoso hombre de negocios con un pasado oscuro como el gángster más letal e implacable de la zona. Habiendo dejado atrás su vida como asesino, Paul vive una aparentemente apacible existencia suburbana junto a su mujer, Vanessa (Rachel Nichols), y su hija adolescente. Pero cuando la tragedia se cierne sobre él, Paul no tiene más remedio que retornar a la vida criminal en busca de respuestas, lo que le llevará a enfrentarse a sus propios fantasmas mientras reparte mamporros a todo el que se le ponga por delante y agujerea escoria rusa.

A grandes rasgos suena al argumento intercambiable de cualquier película protagonizada por Jason Statham. Y esa era seguramente la intención de su director, realizar una cinta de acción testosterónica que funcionase como vehículo de lucimiento para un Nicolas Cage en horas bajísimas. Tokarev es como un intento desesperado por parte del actor de demostrar que es capaz de llevar su carrera por los mismos derroteros que otras action stars de cincuenta para arriba, y recuperar así un poco del esplendor que vivió en los 90 gracias a films como Con Air Cara a cara. Sin embargo, el esfuerzo es en vano, y después de este despropósito, da la sensación de que solo la senda de la autoparodia podría reencauzar su carrera.

Porque Cage no es que esté mal en Tokarev, es que está para autoexiliarse. Física y expresivamente agarrotado (sí, más que de costumbre), interpretativamente inerte, y totalmente descontrolado en las escenas dramáticas, donde sus gritos histéricos bien hacen merecer una categoría para él solo en los Razzie -culpa en parte de Cabezas, claro. Y lo peor de todo, su pelo. Esos injertos a la altura de su interpretación, igual de incómodos de mirar que su stalloniana boca, una “cabellera” almidonada con vida propia -a lo Snake de Los Simpson- que parece pegada con velcro y que se lleva inevitablemente toda nuestra atención, como si fuera un agujero negro que se lo traga todo. Increíble.

Tokarev Cage Nichols

Sin embargo, y aunque parezca mentira, lo que más duele de Tokarev no es Cage, que al final lo que da es hasta lástima, y esto no hace más que alimentar su leyenda (como diría Abed Nadir: “Nicolas Cage: ¿El peor o el mejor actor de la historia?“). Cage es sin duda un género en sí mismo, príncipe de la caspa y la extravagancia, un señor meme. Pero como decía, él no es lo peor de la película. Lo peor es todo lo demás. La ineptitud de Cabezas para dirigir a sus actores (los deja solos y se desbordan), y sobre todo para filmar las escenas de combates y persecuciones en coche (de las peores que he visto, cercanas a la serie B). El inacabado montaje, que parece haberse dejado escenas enteras en la sala de edición. La horrorosa banda sonora que parece sacada de un banco de música libre de derechos. Los personajes insultantemente simplones (especialmente esos adolescentes de pega). El absoluto sinsentido de una historia que no hay por dónde cogerla en ningún momento, y que está construida a base de clichés gastadísimos e incongruencias para parar un tren.

Y sobre todo, sobre todo, el deplorable uso de estereotipos raciales -en la traducción al castellano se pierde en gran chiste de Danny Glover: “Su lista de antecedentes es más larga que mi polla”-, y el asqueroso halo de machismo que cubre la película de principio a fin. Y no estamos hablando de un sexismo como podríamos encontrar en el cine de Tarantino, es decir, autoconsciente, irónico, de denuncia. Sino de un machismo de raíz (algo que ya vimos en Carne de neón) que sostiene un universo retrógrado, esencialmente masculino, en el que las mujeres solo pueden ocupar el rol pasivo de esposa, víctima o prostituta. En Tokarev llegamos a oír cosas como “El cometido del hombre es proteger a la mujer”, y a presenciar un repugnante acto de violencia del protagonista contra su esposa, con el que le recuerda (textualmente) que está con él porque disfruta de la sumisión y le pone que su marido sea un bruto asesino. Todo envuelto en una capa de seriedad y autoconvencimiento que hace descartar cualquier segunda lectura, y que nos quedemos solo con la literal. Esa es la visión del mundo que presenta Tokarev, una que no encuentra justificación ni siquiera contextualizándola en este universo cinematográfico de machos alfa. Como diría Cate Blanchett, que el mundo es redondo, señores.

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