Crítica: ‘Her’ me habla a mí, solo a mí

HER

[Aunque no contiene spoilers propiamente dichos, se recomienda la lectura de este texto después de haber visto la película]

Con tan solo cuatro largometrajes en un periodo de casi 15 años, Spike Jonze se ha labrado una carrera cinematográfica tan sólida y aclamada como personal. El suyo es sin duda un caso extraordinario en el cine contemporáneo, el de un autor profundamente excéntrico y particular en sus propuestas (no confundan con enfant terrible), cuyas historias suelen ser catalogadas de “marcianadas”, y que sin embargo se las ha arreglado para establecer una fuerte conexión intelectual y emocional con el gran público. A través de sus trabajos para el cine -así como con sus cortometrajes y videoclips más recientes-, Jonze ha desarrollado, seguramente sin proponérselo, una férrea dialéctica entre cineasta y espectador, una relación de tú a tú que desemboca a menudo en la apropiación de su discurso por parte del fan (I loved Spike before it was trendy). Con Her, su cuarta película como director, y la primera realizada a partir de un guión propio, Spike Jonze lleva esta idea a la máxima expresión. En la oscuridad de una sala llena de gente que probablemente esté experimentando lo mismo que yo, siento cómo Her me habla a mí, y solamente a mí.

Si conectamos a ese nivel con Jonze es porque, no importa el plano de realidad o fantasía en el que transcurran sus relatos, siempre hallaremos temas universales en ellos, tratados con una capacidad de observación y una elocuencia propia solo de alguien que no entiende muy bien el mundo pero ansía desesperadamente hacerlo. Jonze ha basado toda su obra en este deseo existencialista de abarcar y entender lo que ocurre a su alrededor. Ya sea su objetivo descifrar la naturaleza de las historias y cómo estas nos definen (Adaptation.), o retratar la infancia desde la propia psique del niño (Donde viven los monstruos), Jonze utiliza su cine exclusivamente para responderse a sus propias preguntas sobre el ser humano. Y en esa concepción de su trabajo, retrotraída y sumamente privada, es donde nosotros encontramos el nexo de unión más fuerte con él. Efectivamente, Spike Jonze me habla a mí, porque Spike Jonze habla solo; y lo entiendo porque comparto su búsqueda. Siguiendo este viaje de (auto)conocimiento a través de su obra, el director de Cómo ser John Malkovich se plantea en Her una de las preguntas que, según confiesa, más le han obsesionado en su vida de adulto: cómo funcionan las relaciones sentimentales.

Por eso el eslogan (o el subtítulo) de Her es Una historia de amor de Spike JonzeLa que es quizás su película más accesible hasta la fecha facilita (que no promueve) la reflexión sobre los peligros de nuestra sociedad hiperconectada, la dificultad de relacionarse en poster-herpersona cuando ya lo hacemos todo a través de una pantalla, o las implicaciones sociales del amor 2.0. Sin embargo, esta no es la tesis de Her, sino simplemente su contexto. Jonze plantea un futuro próximo que no es exactamente una crítica ni un aviso a los navegantes, sino un comentario sobre algo que ya es una realidad. El futuro de Her es nuestro presente, y Jonze lo ha delineado simplemente como marco de la historia de amor que nos quiere contar, la de Theodore (Joaquin Phoenix), un recién divorciado que trabaja para una compañía que escribe cartas personales por encargo y Samantha (Scarlett Johansson), un sistema operativo de última generación diseñado para sentir como un ser humano, “solo” una voz, una consciencia. Al igual que ocurría en WALL-E (Andre Stanton, 2008), lo que prevalece en última instancia no es un juicio admonitorio a nuestro modo de vida, sino una fábula sobre lo que significa enamorarse -esa “clase de locura socialmente aceptada”. En la de Pixar se trataba de dos robots, en Her de un hombre de carne y hueso y una I.A. Pero la conclusión en ambos casos es la misma, da igual qué mecanismos de ciencia ficción o fantasía se utilicen: que estos personajes no existan en nuestra realidad, o en la de otros, no quiere decir que sus sentimientos no sean reales.

Con la triste y bella historia de Theodore y Samantha, Jonze lleva el amor hacia un terreno abstracto (al que pertenece, claro) en el que procede a diseccionarlo en su estado más puro, narrando con magnífico detalle y realismo todas sus fases. Arrebatadoramente melancólica, conmovedora y humanista, con un Joaquin Phoenix íntimo y tierno, casi siempre en primer plano, muy cerca de nosotros, y una cautivadora Scarlett Johansson en la que es sin duda una de las interpretaciones de su carrera, Her nos habla entre otras cosas de la soledad del ser humano moderno, de la búsqueda del afecto y la importancia del contacto, físico o intelectual, en nuestro presente, y de cómo esta necesidad moldea nuestras relaciones. Her afecta, y su impronta dura mucho más allá de sus créditos finales. Aunque en algún momento nos damos cuenta de que solo somos uno entre miles, la preciosa voz de Samantha sigue resonando en nuestra cabeza, y nos dice que este amor virtual es nuestro, y es único. Sabes que Her habla con más gente, que su excelente música (compuesta por Arcade Fire, Owen Pallet y Karen O) es la banda sonora de más personas, que “The Moon Song” ha hecho llorar a muchos otros, y que no eres el único que se ha enamorado de ella, ni el único cuyo amor ha sido correspondido. Y aún así, decides vivir en la ilusión de que Her es tuya, de que te está hablando a ti, y solamente a ti. Porque, aunque puede que sea un engaño, eso no quiere decir que lo que yo siento por Her, y lo que Her siente por mí no sea real.

Valoración: ★★★★★