Mirai, mi hermana pequeña: Costumbrismo mágico

La evolución como cineasta de Mamoru Hosoda es una de las más fértiles de la animación japonesa reciente. Los comienzos del realizador japonés están ligados al anime televisivo, con DigimonOne Piece y Samurai Champloo entre sus proyectos tempranos. Tras sus primeros largometrajes, adaptaciones cinematográficas de los dos primeros títulos, Hosoda dio paso a una nueva etapa con proyectos propios que hicieron que el mundo se fijase en él. La chica que saltaba a través del tiempo suponía su gran descubrimiento, y con sus siguientes trabajos, Summer WarsWolf ChildrenEl niño y la bestia, no ha hecho más que afianzarse como uno de los autores más personales e interesantes de la animación japonesa.

El cine de Hosoda ha despertado frecuentes comparaciones con las películas de Estudio Ghibli, y más concretamente con las de Hayao Miyazaki. Lo cierto es que contraponer a ambos artistas es tan fácil como inevitable. Hosoda, que estuvo a punto de dirigir El castillo ambulante para Ghibli, ha seguido un sendero artístico y temático muy afín a la visión fantástica de Miyazaki, pero manteniendo su identidad propia y una voz muy particular. Su estilo encuentra la sublimación en su película más reciente, Mirai, mi hermana pequeña, fábula familiar que fue nominada al Globo de Oro, el Critics’ Choice y el Oscar a Mejor Película de Animación.

Mirai, mi hermana pequeña es un cuento contemporáneo que gira en torno a Kun, un niño de cuatro años que deja de ser el centro de atención de sus padres cuando nace su hermana pequeña, Mirai. La llegada del bebé altera las vidas tanto de sus padres, que con su segundo hijo deciden intercambiar roles (ella va a trabajar y él se queda en casa cuidando de los niños), como del primogénito, que se siente desplazado y amenazado por la presencia de su hermanita. Cada vez más irritado (e irritante) por los cambios que están aconteciendo en su vida, Kun descubre en su jardín un mundo mágico donde conocerá a la versión adolescente de su hermana, que ha viajado desde el futuro para llevarlo en una aventura que le hará verlo todo de otra manera.

En poco más de una década, Hosoda ha creado una filmografía sólida y cohesiva en todos los aspectos. Mirai, mi hermana pequeña vendría a ser como un compendio temático y estilístico de su cine, que aquí adopta una forma aparentemente más sencilla, pero igualmente rebosante de ideas y detalles. Con la entrañable historia de Kun, el director incide en los temas que suele tratar (la familia, la maduración, la percepción de la realidad, el paso del tiempo) y lo hace volviendo a recurrir a los contrastes: costumbrismo y fantasía, pasado y futuro, tradición y modernidad, complejidad y simplicidad, hiperrealismo y cartoon. El resultado, con excepción de algún altibajo en el ritmo, es su obra más pulida hasta la fecha, y también la más madura y personal.

Hosoda aúna la imaginería fantástica de sus trabajos anteriores con el realismo del cine de Yasujirō Ozu y sus sucesores para hablarnos con ternura, melancolía y sentido del humor de la educación, las costumbres japonesas y las relaciones fraternales y paternofiliales. Entre la belleza y la magia de sus imágenes fantásticas se puede encontrar una preciosa y tierna reflexión sobre la infancia y la familia que culmina en un plano final perfecto en su sencillez que se queda con nosotros para siempre.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

La favorita: Nido de víboras

Ana y Sarah son BFFs. Llevan siendo amigas desde hace ya unos cuantos años y se compenetran a la perfección. S es la única persona capaz de apaciguar los arrebatos coléricos de A y S el único amor puro (y algo sexual) que ha sentido A en toda su vida. Puede que haya cierta sumisión por parte de S hacia A, pero ambas disfrutan y sacan partido de ese rollo Ama-Sirviente que tienen entre ellas. Tanto que en ocasiones cambian los roles y S se convierte en la Ama y viceversa, hasta que A se cansa de todo, pega un par de gritos y hace lo que le viene en gana. S es la persona de confianza, la única en la que puede apoyarse en ese nido de víboras en que viven las dos. Mrs. Morley y Mrs. Freeman, así se llama la una a la otra. Ellas son para siempre y eso no va a cambiar nunca… o puede que sí. Yorgos Lanthimos, creador de pesadillas como Canino o El sacrificio de un ciervo sagrado, da un pequeño salto en el tiempo para volver a golpear nuestras consciencias con La favorita, su nuevo comecocos de época con Olivia Colman, Rachel Weisz y Emma Stone.

En los albores del siglo XVIII, la situación política europea existente convierte los tejemanejes de Poniente en un mero juego de niños. Borbónicos y austracistas pelean por la Corona Española y tanto Francia como la pérfida Albión tercian para sacar tajada. ¿Qué pintan dos amigas como A y S en dicha contienda? Simplemente, A es Ana de Gran Bretaña, monarca de las islas británicas, y S es Sarah Churchill, Duquesa de Marlborough y una de las mentes políticas más privilegiadas y aviesas de su tiempo, además de antecesora de Winston Churchill y Lady Di. A es la reina y S su favorita. No había decisión política en Gran Bretaña que no pasase por S, aunque en más de una ocasión A terminase haciendo lo que le apeteciese, que para eso ella era el tejón más poderoso de Inglaterra.

Todo era felicidad y podofilia hasta que una mujer hizo acto de presencia en la corte, la otra A. Abigail Masham llegó con un vestido cubierto de mierda y barro y con supuesto parentesco familiar con S, carta que le valió para entrar a trabajar como sirvienta. De todos es sabido que por la caridad entra la peste, y a S le llegó por su prima. Sin tiempo para remediarlo, S ve cómo el fulgurante ascenso de la otra A de fregona a nueva consejera de A pone en peligro su status como favorita de la monarca. ¿Es la otra A el revulsivo que necesitaba A o una mera herramienta de los enemigos políticos de S?

La favorita es una sesuda disección sobre las artes políticas y la erótica del poder disfrazada de comedia alocada y absurda. Yorgos Lanthimos construye sus amistades peligrosas en clave de sororidad con el santo surrealismo de Luis Buñuel como patrón. Pocos cineastas actuales son capaces de llevar a cabo ciertas locuras en la gran pantalla sin parecer ridículos y él es uno de ellos. Nos lo demostró con creces su distopía animalista de Langosta y en cierta manera con la discordancia que sufren las protagonistas de Canino y ahora lo hace en la Europa del siglo XVIII. El humor de La favorita es extremadamente burdo y estúpido, algo que suele ser inaceptable en este tipo de películas, pero que justamente es el tono más acertado y necesario para retratar el disparate que eran (son) las monarquías de rancio abolengo del viejo continente. Todo en esta película es tan ridículo que provoca tanto carcajadas como escalofríos, especialmente cuando recordamos que hay miles de vidas y el destino de varios países en juego.

Puede que la premisa de La favorita sea la más canónica hasta la fecha dentro de la filmografía del director griego (curiosamente es la primera ocasión en que Lanthimos no trabaja sobre un guion propio), pero no por ello deja de ser tan perturbadora y marciana como sus obras anteriores. La tóxica sororidad triangular del film no es sino la enésima demostración de que el ser humano es un lobo para el ser humano, especialmente cuando hay intereses de por medio. Aunque haya cariño de por medio, A no deja de tratar a S como si de su esclava personal se tratase, así como S no deja de aprovecharse de A para medrar socialmente un poco más.  De igual manera, que la recién llegada es capaz de hundir a S sin miramiento únicamente por ser pato más poderoso del reino.

Esta contemplativa película se ve beneficiada por una de las mejores elecciones de casting de la temporada: Olivia Colman (Redención y nueva Isabel II en The Crown) como Ana de Bretaña, Rachel Weisz (El jardinero fiel) como Sarah Churchill y Emma Stone (La La Land) como Abigail Masham. Aunque se haya optado por Colman como protagonista para la temporada de premios, las tres intérpretes resultan igualmente arrolladoras y poseen el mismo peso e importancia en pantalla. La labor interpretativa de Colman como la pueril monarca es descomunal y extremadamente valiente. Suyos son los mejores gags cómicos y sus aires de Reina de Corazones son tan ridículos como aterradores. Su Ana de Bretaña es uno de esos papeles por los que una actriz hace historia, no obstante, se ha hecho con el premio a mejor actriz en los pasados Globos de Oro. Su tez mortecina, su mirada vacía y su gesto compungido perpetuo recuerda al feísmo profesado por Francisco de Goya en sus retratos de la corte española. Lanthimos apuesta por exhibir la fealdad y las taras físicas y psicológicas de años y años de endogamia, rechazando categóricamente la estúpida tradición de los films históricos de mostrar a los monarcas como seres bellos y mucho más delgados que sus referentes reales.

Tampoco se corta nada Emma Stone con su Abigail Mashaw. La ganadora del Oscar vuelve a hacer méritos por ser considerada como la mayor payasa del siglo XXI. Stone es una maestra en el arte de la comedia física y en La favorita no se queda corta. Su amor hacia la caricatura y su arrojo a no tener miedo al ridículo es algo inusual en el star system hollywoodiense y por ello debemos celebrar la existencia de la estrella de Rumores y mentiras como lo que es, una verdadera bendición de las diosas. Aunque mucho menos vistosa que sus dos compañeras de reparto, Rachel Weisz realiza la interpretación más loable de las tres. La increíble capacidad de la otra oscarizada actriz del reparto por hacer liviano un personaje tan complejo como el de Sarah Churchill es encomiable. Ella resulta excelente como gran dama de la corte británica que ve cómo su estatus como valido de su majestad corre peligro. Weisz es la entereza y la honestidad (con reservas) de La favorita y sabe transmitirnos a la perfección esa mezcla de amor, interés y cierta frustración intelectual que sufre en su relación con la monarca. Puede que la chica Langosta se vaya de vacío en la temporada de premios, pero ella es la favorita en mi corazón.

La favorita es la última delicia envenenada de la factoría Lanthimos. Preciosa en su envoltorio, aterradora y enfermizamente divertida en su corazón.

David Lastra

Nota: ★★★★

Crítica: Tres anuncios en las afueras

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Letras negras sobre fondo rojo. Buena elección de colores. Buen contraste y una inteligente mezcla entre el rojo sangre y el negro característico del luto occidental. El tamaño de las letras es el adecuado para ser leído desde la carretera hasta por el más cegato. Señora Hayes, sus carteles van a ser todo un éxito… o su perdición. Tras su sorprendente triunfo en los Globos de Oro, Tres anuncios en las afueras se postula como una de las favoritas para la próxima edición de los premios de la Academia, pero, ¿merece tanto revuelo la nueva película de Frances McDormand (Fargo)?

Esta es la historia de Mildred (McDormand), una mujer que decide emprender una peculiar lucha contra los agentes de policía de su localidad por no haber sido capaces de encontrar al asesino de su hija. Tras meses de espera infructuosa, su primera acción es la colocación de tres anuncios en unas vallas publicitarias a las afueras de la ciudad, en los que ataca directamente la ineptitud del sheriff (Woody Harrelson, La guerra del planeta de los simios). Las consecuencias no se hacen esperar: el pueblo se pone en contra de la madre coraje y comienza una campaña de presión para la retirada de los dichosos anuncios… pero también Hayes también consigue lo que buscaba: hacer que la policía se ponga las  pilas.

Aunque parezca un interesante punto de partida para un episodio de The Good Wife (s07e17 Shoot), Martin McDonagh (Siete psicópatas, Escondidos en Brujas) decide aparcar los supuestos problemas legales desde un primer momento (los carteles preguntan, no afirman) y prefiere centrarse en la lucha de una mujer desesperada contra un sistema policial anquilosado, ebrio y racista, personificado a la perfección en la figura del agente paleto interpretado por Sam Rockwell (Moon).

Tres anuncios en las afueras es una acertada fábula sobre la desesperanza y sobre lo que ocurre con las víctimas de un crimen cuando la vorágine mediática y el interés popular se diluyen. McDonagh hace gala de su habitual humor sardónico para tratar una historia nada agradable, ya que gane quien gane, todos salen perdiendo. Ese humor, mezclado con unas explosiones de violencia explícita, son la gran baza de esta Tres anuncios en las afueras y convierten a McDonagh en el hermano perdido de Joel y Ethan. Pero lejos de dotar a cada personaje de una voz diferente como si logran los Coen, los de McDonagh hablan todos igual. La increíble capacidad de réplica ingeniosa termina convirtiendo a Mildred Hayes en la Juno de Missouri, algo que se podría soportar en ese caso particular, pero que al verlo repetido en todos y cada uno de los personajes termina agotando.

A pesar de esa sabiondez extrema, ella puede con todo y Frances McDormand recogerá el segundo Oscar de su carrera dentro de unas semanas, a no ser que la Academia dé la sorpresa premiando a Margot Robbie (Yo, Tonya) o Saoirse Ronan (Lady Bird). En esta Tres anuncios en las afueras, McDormand vuelve a hacer lo que mejor sabe hacer: un recital interpretativo. Su Mildred Hayes es un híbrido perfecto entre el tesón de su Marge de Fargo (papel por el que ya ganó el Oscar a mejor actriz) y la mala uva de su Olive de Olive Kitteridge (por la que ganó todos los galardones televisivos posibles hace un par de años).

Destacan igualmente dos caricaturescos personajes interpretados por Caleb Landry Jones (Déjame salir) como el dueño de la empresa de publicidad, y el citado Sam Rockwell, como el bufón/verdugo/redneck supremo de la ciudad. Pero esa excentricidad que tan bien saben domar Jones y Rockwell es la sentencia de muerte (actoral, claro está) de dos intérpretes bastante solventes como John Hawkes (Winter’s Bone) y Peter Dinklage (Juego de Tronos). El pobre Tyrion da vida al personaje más prescindible, no solo de la película, sino de los últimos cincuenta años.

Tanto la publicidad como la heterodoxia son armas de doble filo y hay que saber utilizarlas muy bien…. y a McDonagh todavía le falta bastante para ser tan bueno como él cree.

David Lastra

Nota: ★★★

Crítica: Lion

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La construcción de la identidad personal supone el viaje más importante de todo ser humano. Esa odisea comienza desde la más tierna infancia y llega a su consecución cuando el sujeto llega a una etapa de madurez. Esa identidad hace que el sujeto sea único, aunque comparta afinidades a diferentes grupos sociales. Las figuras paternales son el elemento clave en las primeras etapas de este viaje, ya que el sujeto crea la base de su identidad a través de la reflexión y la observación de sus actos. La consecución de la identidad no es un acto certero y permanente, ya que al ser un proceso dinámico, puede variar a lo largo de los años o puede no verse completada hasta una etapa más avanzada de adultez. Tanto esos cambios como la imposibilidad de encontrar unos rasgos o características diferenciadas provocan una crisis de identidad. Lion se acerca a ese preciso momento del conflicto en que todo se rompe y la sensación de vacío se hace insoportable.

Al adentrarse en su tercera década de existencia, Saroo sufre una crisis de identidad. A pesar de contar con un entorno positivo y acogedor, tanto por parte de su familia de adopción como de su pareja, y un futuro halagüeño, la melancolía que le atenaza es atroz. Aunque haya madurado y se haya convertido en una persona adulta, Saroo no ha logrado encontrarse a si mismo. Puede que haya logrado construir una identidad propia, pero esa misma no le sirve a sus treinta años. Por ello, debe encontrarse a sí mismo y para ello debe desenterrar su origen. Saroo fue adoptado a los cinco años por una pareja australiana después de haber aparecido perdido en las calles de Calcuta. Es ese pasado pre-australiano el que cohibe la creación de la identidad de Saroo y es por ello que decide encontrar a su madre y a sus hermanos.

Mediante un parsimonioso inicio, Garth Davis (Top of the Lake) nos muestra la infancia de Saroo: las condiciones precarias de su hogar, los pequeños robos junto a su hermano, su sufrida madre,… Una situación que se rompe cuando el pequeño Saroo (interpretado por el efectivo debutante Sunny Pawar) se queda dormido dentro de un tren con destino a Calcuta, a unos dos mil kilómetros de su ciudad natal. Aunque arriesgado, este prólogo sin apenas diálogos y que sobrepasa los veinte minutos de extensión, es todo un acierto por parte de Davis ya que logra tanto sentar el tono del film como que el espectador se imbuya de lleno en la pérdida de Saroo y se emocione con el proceso de adopción.

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Tras un salto temporal, Lion se olvida de esa cadencia y opta por un ritmo más vertiginoso y fragmentado, descuidando en demasía la narración. Esa decisión provoca la sensación de estar viendo pequeños tráilers o resúmenes de las escenas que realmente tendríamos que estar visionando. Este desbarajuste se ve solventado gracias a la carga emocional intrínseca de la historia. Es completamente imposible no emocionarse a medida que las investigaciones vía Google Earth van dando sus frutos y, especialmente, con el climax final.

Es bonito ver hasta dónde ha llegado un viejo amigo como Dev Patel (Slumdog Millionaire. ¿Quieres ser millonario?). Diez años hace ya que le conocimos en la primera generación de Skins. Diez años en los que le hemos visto crecer, tanto profesional (ha sido chico Boyle, Shyamalan, Sorkin…) como físicamente (su cambio en Lion es sorprendente). Como colofón a esta década de amistad y para que no sufra una crisis de identidad como la de su personaje, Patel ha conseguido su primera candidatura a los Oscar como mejor actor secundario. Galardón que no logrará por el alto nivel de sus competidores, pero es una mención que se agradece dado su trabajo interpretativo en este film. Igualmente irreprochable es la conseguida por Nicole Kidman (Moulin Rouge) por su papel como madre adoptiva de Saroo. Esperemos que este papel le haya servido a Nicole para centrarse y volver a elegir mejor sus papeles, ya que desde su retorno solo había vuelto a dar en la diana en Los secretos del corazón y Stoker.

Lion es un melodrama tremendamente efectivo y bastante efectista, que aunque muestre en demasía tanto sus costuras como su hoja de ruta, emociona de lo lindo hasta al espectador más hierático.

David Lastra

Nota: ★★★

Crítica: La habitación (Room)

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Texto escrito por David Lastra

(Esta entrada contiene spoilers de la película)

No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente…

… pero sí que lograrás con ello mi deterioro físico y terminarás por romperme. Mi universo quedará reducido a unos pocos metros cuadrados entre estas paredes. Haré mis necesidades a medio metro donde mal coma. Uno no puede pensar bien, amar bien, dormir bien, si no ha comido bien. Contaré cada paseo del Sol por la claraboya y terminaré hablando sola por matar el tiempo antes de que termine matándome a mí. Cada noche llegará el tiempo de la violación, que no es sino otra vejación más de las que sufro cada minuto de esta libertad arrebatada. La primera falta es terrorífica. La segunda más. Uno no puede traer hijos a un mundo como este; uno no se puede plantear perpetuar el sufrimiento, ni aumentar la raza de estos lujurioso animales que no poseen emociones duraderas, sino solo caprichos y banalidades que ahora te llevan hacia un lado y mañana hacia otro. Pero finalmente, me lo quedo. El niño es mío. El niño es yo, no es Él. Solo el cielo sabe por qué lo amo tanto. Los años pasan y seguimos encerrados. El niño que soy yo y yo. Él sigue visitándome cada noche. El infierno somos nosotros. Él y yo, no el niño que soy yo. El niño que soy yo solo conoce estas cuatro paredes. Su mejor amigo es un ratón y la televisión una caja mágica. Para el niño que soy yo, el universo somos los dos y Él, nuestro abusador, un mago creador. El universo es una mierda. La mierda es esta habitación…

La habitación es la peor de las pesadillas. Es la muerte en vida de una mujer secuestrada y su hijo nacido en cautividad. Una premisa peligrosa que en manos equivocadas podría haberse convertido en un melodrama lacrimógeno. La habitación hace llorar, pero no recurre a ningún recurso de la pornografía sentimental propio de la parrilla televisiva de los fines de semana a la hora de la siesta. Ante la opresión del espacio cerrado, Emma Donoghue (autora tanto de la novela en que se basa el film como de esta adaptación) opta por la vía de la esperanza, revestida de ingenuidad. La historia se estructura y se experimenta a través de los ojos de Jack, el niño que soy yo. Esa confrontación entre la realidad (la habitación, el secuestro, los abusos, Ma) y el mundo creado (los regalos de domingo, la gimnasia, la serpiente de cáscaras de huevo), ahoga al espectador provocando una sensación de congoja máxima, lágrimas y algún que otro sofoco por falta de oxígeno. Son esas escenas, en las que Jack no sabe realmente lo que está ocurriendo y juega a morir bajo las indicaciones de su madre, las que desquician al espectador provocando el tan difícil sentimiento de angustia.

Si La habitación hubiese sido una película de secuestros más, estaríamos hablando del mejor film de ese subgénero en las últimas décadas, destronando a la muy entretenida Prisioneros de Denis Villeneuve, en base a su contención dramática y su alto nivel tanto interpretativo como imaginativo… pero la película de Abrahamson/Donoghue va más allá y realiza un acto tremendamente valiente: mostrarnos el día después de la liberación. La segunda parte de La habitación es la vida después del infierno. La mierda sigue estando allí, ya que la libertad de la mente ha sido corrompida durante tantos años de cautiverio. Ma está acongojada ante la obligación de ser feliz. Jack podrá no saber que los perros son reales, pero Ma ya no sabe cómo ser feliz. El despertar es lo que nos mata.

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El año pasado, Abrahamson nos regaló en Frank la mejor interpretación hasta la fecha de Michael Fassbender, casi sin mostrarnos el bello rostro del actor. Este año nos trae la actuación más grandiosa de Brie Larson (Infiltrados en clase, Community) encerrándola en una mera caseta de jardín. El realizador demuestra que es un perfecto director de actores. En esta ocasión, consigue de Larson un descomunal trabajo contenido, repleto de matices casi imperceptibles para el espectador menos avezado y una serie de explosiones violentas de excepción. En La habitación, la Envy Adams de celuloide da un paso más allá de lo demostrado hace un par de ejercicios en Las vidas de Grace, confirmándose como una de las actrices más solventes del momento (se confirma para el gran público, que aquí hace bastante tiempo que se la adora).

Pero el torbellino más devastador de La habitación no es otro que Jacob Tremblay. El calificativo de niño prodigio se le queda corto. De igual manera sería injusto nominarle como portento, ya que el que fuera Blue Winslow en Los Pitufos 2 es más bien una fuerza de la naturaleza. Si el equipo de producción y promoción no hubiesen sido tan conservadores a la hora de los FYC (For Your Consideration, la elección de en qué categoría va a concursar cada intérprete, si protagonista o secundario) y hubiesen sido más valientes (y persistentes en la campaña), ahora estaríamos hablando de un flamante candidato al Oscar a mejor actor protagonista y posible ganador, ya que suya es la mejor interpretación masculina del año (seguro que Leo ha tenido algo que ver en la ausencia de Tremblay en la terna final).

Lejos de ser la bonita interpretación infantil que suele deslumbrarnos cada temporada, la labor de Tremblay es el sumun de la inocencia y la complejidad de registros, recordando a la labor de Max Records en Donde viven los monstruos. No es un niño haciendo de niño, sino un actor haciendo de el niño que soy yo. Cada una de sus frases absurdas y tremendamente inocentes, desmontan al espectador casi tanto como a su Ma. Sus repetitivos saludos a las cosas animadas, su infinita serpiente de cáscaras de huevo (lo más bonito del mundo), su amor a la televisión y su madre sobre todas las cosas (como cualquier niño normal). El niño que soy yo es la inocencia dentro de la mierda. Es la única razón por la que yo (Ma) voy a sobrevivir.

El instante en que Jack logra desenrollarse de la alfombra, conoce por primera vez el cielo sin una claraboya de por medio y su mirada refleja el infinito es uno de los grandes momentos cinematográficos del año. Toda una explosión de oxígeno y libertad que sirve como culminación tras la que es seguramente la secuencia más agotadora y enervante de la historia: su muerte fingida.

Amar nos separa de los demás. Amar a otro nos separa de la mierda. Eso es lo que nos hace sobrevivir de nuestros habitaciones creadas.

 Valoración: ★★★★½

Crítica: El renacido (The Revenant)

Leonardo DiCaprio El renacido

Lo habréis leído ya muchas veces. Probablemente demasiadas. El rodaje de El renacido (The Revenant) fue un calvario y Leonardo DiCaprio las pasó canutas haciendo la película. En serio, muy, muy canutas. La culpa se puede atribuir a su director, Alejandro González Iñárritu (Birdman), que filmó la película nada más y nada menos que en nueve meses (el triple de lo habitual), de forma cronológica y en localizaciones remotas castigadas por las inclemencias del tiempo. La idea era plasmar la América salvaje de la forma más realista posible, y para ello, él y su director de fotografía, Emmanuel Lubezki, buscaron los lugares más fríos y rodaron siempre aprovechando la luz natural, lo que reducía considerablemente las horas de grabación al día. Tan duro fue el rodaje, que su “leyenda” prácticamente ha entrado a formar de la campaña publicitaria de la película, con la intención de potenciar su intensidad dramática y favorecer la experiencia inmersiva del espectador (al estilo de Gravity, con la que por cierto guarda más de un parecido), algo que logra sin duda.

La (sencilla) historia de El renacido está inspirada en hechos reales, pero Iñárritu se toma unas cuantas licencias con la misma intención: buscar la experiencia más intensa y catártica posible. La película gira en torno a Hugh Glass (DiCaprio), un trampero de la Frontera estadounidense que, tras escapar de un sangriento combate con los indios en 1823, es atacado salvajemente por un oso grizzly y abandonado en la montaña por su compañero de expedición, John Fitzgerald (Tom Hardy), que asegura al resto que ha muerto. Aferrándose a su vida a duras penas y sin poder hablar, ya que el oso le ha rebanado parte del cuello, Glass hará todo lo posible (cauterizar sus propias heridas,  destripar un caballo y usarlo como saco de dormir) para regresar al fuerte y vengarse de John. Esa sería la parte basada en la realidad. Después, Iñárritu incorpora un hijo de raza india fruto de una relación con una nativa, lo que permite al director añadir más leña al fuego de la venganza y elevar el contenido espiritual de la película, con imágenes poéticas y oníricas en un arrebato de Terrence Malick (con el que, no en vano, comparte a Lubekzi) que nos dan en las narices con metáforas sobre la paternidad, el amor y la injusticia racial. Por si las penalidades de Glass en la montaña no fueran suficientes para conmover al respetable.

Y este es el principal problema de El renacido, que en cada uno de sus (impresionantes) planos podemos ver bien clara la huella de su director, cuando lo ideal en una película de estas características, cruda, naturalista, pretérita, sería contar con una cámara más invisible y un autor menos omnipresente. Pero los delirios de grandeza de Iñárritu son demasiado inexorables como para que el mexicano se sacrifique y pase a segundo plano para favorecer la historia. El renacido es un trabajo incontestablemente brillante a nivel técnico y artístico, sus increíbles panorámicas, sus preciosas imágenes de paisajes y sus deslumbrantes planos bañados en luz, acompañados del muy visceral y minimalista score de Ryuichi Sakamoto, garantizan una experiencia espectatorial satisfactoria. Sin embargo, la tendencia al exhibicionismo de Iñárritu, más preocupado de la técnica que de dotar al film de alma, le resta impacto y realismo. Se podía haber ahorrado por ejemplo esos innecesarios planos secuencia de la batalla inicial contra los indios, cuya perfecta escenificación no tiene un verdadero valor narrativo, sino que solo sirve para dar pábulo a la propensión fardona y pretenciosa de Iñárritu, y acentuar la simulación en detrimento del verismo.

The Revenant

Aun con todo, El renacido logra su propósito de atrapar al espectador en el relato gracias principalmente al trabajo de DiCaprio, que lleva a cabo un apabullante ejercicio de resistencia, completamente entregado a su personaje y al reto que le impone Iñárritu (muy dado a torturar a sus personajes en pos del espectáculo). El actor nos hace partícipes de la lucha del hombre contra la naturaleza y el deseo de venganza y clausura de su personaje, sin apenas pronunciar diez líneas de diálogo en toda la película. Sentimos el frío que cala en los huesos, las heridas abiertas que restan fuerzas, la mugre que araña, el agotamiento, la desesperación, la muerte que acecha al personaje amenazando con frustrar su cometido. Iñárritu le prepara un camino lleno de vicisitudes y trampas mortíferas. La sobrecogedora y virtuosa secuencia del ataque del oso (la más comentada de la película, y con razón) ya forma parte de la historia del cine, por su fuerza, su crudeza y realismo, y por el excelente uso de la animación generada por ordenador. Pero en el anverso de la moneda nos encontramos un metraje excesivamente estirado, con secuencias que desafían fuertemente nuestra suspensión de la incredulidad, como el “viaje” río abajo de Glass, y sobre todo la escena en la que cae por un barranco a lomos de su caballo y aterriza en un árbol (algo más propio de una de dibujos que de una película como esta). En definitiva, dos momentos en los que Glass debería haber muerto pero sobrevive milagrosamente, y que ponen en peligro el pacto de la ficción.

Sería injusto e incierto decir que El renacido no es una obra cinematográfica destacable. Como decía, sus imágenes son de una belleza absoluta, sus actores lo dan todo (Hardy está sublime y atención a Will Poulter, que nos va a sorprender), y cuando su director no está empeñado en impresionarnos con su pericia técnica o conmovernos a la fuerza con sus poco sutiles ínfulas de espiritualidad mística, puede llegar a ser una aventura muy intensa y gratificante. Una pena que Iñárritu no haya sabido dejar que los elementos en juego actúen con libertad y la innegable fuerza de El renacido quede mermada por su manía pedante de ponerse a sí mismo por encima de todo lo demás.

Valoración: ★★★

Crítica: Spotlight

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Texto escrito por David Lastra

La unión entre cine y el periodismo (casi) siempre ha sido un matrimonio bien avenido. La gran pantalla ha servido como espejo perfecto para reflejar el amplio espectro de las posibilidades éticas y laborales del periodista. Desde el idealismo por bandera de Woodward y Bernstein en Todos los hombres del presidente a la escoria pura de los paparazzi de La dolce vita, pasando por los mártires del share y los ratings de Network. Un mundo implacable o los yonkis de la causa de Nightcrawler. En todos los ejemplos citados, se ha llevado a cabo un notable retrato de los profesionales del medio periodístico a través de las herramientas cinematográficas. Sabiendo jugar con los momentos dramáticas y provocando el clímax con soltura. A la hora de acercarse a un hecho como fue la investigación periodística por parte del Spotlight (equipo de reporteros del Boston Globe especializado en temas candentes y polémicos, que ganó el Pulitzer por este caso) que destapó abusos sexuales cometidos a menores por parte de miembros de la Archidiócesis de Boston, las alarmas del melodrama se disparan. En ningún momento se dudaba del tipo de periodista que se iba a mostrar. La aguja del contador ético se acercaría más a los del Watergate que a los moscardones italianos, pero el quid de la cuestión era el tacto que tendría Hollywood a la hora de contar la historia. Con tacto no se quiere decir ser pacato y autocensurarse para contentar a la Iglesia, sino al peligro de caer en tópicos y dejarse abrazar por el tan dañino melodrama amarillista que tanto explota este tipo de temática. Pero Spotlight no es así. Spotlight es una lección de cómo hacer cine de denuncia: con seriedad, respeto y tacto.

El culpable de este éxito es Tom McCarthy. Realizador de pequeñas cintas con cierto culto como The Station AgentThe VisitorWin Win (Ganamos todos) e inexplicablemente de un bodrio con Adam Sandler llamado Con la magia en los zapatosMcCarthy se plantea el conflicto dramático presentado en Spotlight como si de una operación quirúrgica se tratase. Su labor a la dirección y al guión (firmado a cuatro manos con Josh SingerEl ala oeste de la casa blancaFringe) es ejemplar. Sabe estructurarse bajo los principios del código deontológico periodístico, sin traicionar en ningún momento el lenguaje del medio de comunicación que está utilizando para contarnos esta historia, el cine. El tempo en Spotlight es lento, que no cansino. La acción avanza como en una investigación, a empellones, a golpe de perseverancia. Por esa razón, el visionado del film no es para nada fácil. Pero pese a ser abrupto, se articula sobre las pautas de la curiosidad del periodista y sabe transmitirlas al espectador a la perfección. Conocemos de primera mano los avances en la investigación. Tanto las sorpresas como los callejones sin salida, experimentando de esa manera el esfuerzo profesional de los periodistas de Spotlight. Esta solución a la hora de mostrar los hechos, recuerda a las brillantes exposiciones realizadas por dos de los directores que mejor juegan con el suspense en la actualidad, David FincherDenis Villeneuve en ZodiacPrisioneros, respectivamente. Si bien ambos, recurren a trucos dramáticos propios del cine (lo cual no es ningún crimen) y a algún que otro deus ex machina a la hora de solventar sus casos (especialmente el realizador canadiense).

En Spotlight no hay tiempo ni espacio para el melodrama. Ante la tentación de dejarse llevar por los momentos sentimentales que podría haber reportado un film sobre abusos a menores, McCarthy opta por acercarse de una manera aséptica y serena. Esta estabilidad emocional no debe verse como frialdad o desinterés, sino como muestra de respeto. No solo para con las víctimas de los abusos, sino también con el espectador. El film no menosprecia al espectador. Le expone una realidad traumática y aterradora sin cortapisas, ni sobrexplicaciones. Spotlight es inteligente, que no sabionda. Esa humildad se respira durante todo el metraje y se refleja de igual manera en sus protagonistas. Los periodistas del Spotlight son seres humanos. Tres hombres y una mujer que no aspiran a ser superhéroes. Podrán ser vistos como vengadores desde el exterior, pero ellos realmente no son sino unos profesionales del medio. Unos verdaderos yonkis de la palabra impresa y de la necesidad de informar. Esa humildad que se recoge en su profesionalidad les convierte en el paradigma del periodista y la ética. Un halo de “hombre bueno” à la Atticus Finch.

La construcción de los personajes de Spotlight es impecable. La creación de la normalidad de sus comportamientos (todo lo normal que podría comportarse un periodista de ese nivel) les dota de un manto protector contra el síndrome Sorkin. Si bien nadie es capaz de negar la grandeza del guionista de La red socialSteve Jobs, hay que admitir que el maestro peca en numerosas ocasiones de grandilocuencia y dramatismo. Cada uno de los personajes de Spotlight tiene voz propia y conductas diferentes y, especialmente, no tienen réplicas perfectas de diez minutos de reloj ante preguntas o problemas inesperados sobre un épico tema instrumental in crescendo. Nadie puede estar lúcido 24 horas al día o con el reaction gif perfecto a punto en todo momento. Diablo Cody no existe. De igual manera, haciendo gala de la técnica aséptica anteriormente comentada, la historia no se centra en ningún momento en la vida personal de los reporteros. Únicamente un par de escenas introducen de soslayo las relaciones extracurriculares, no cometiendo el error de juzgar y/o justificar las situaciones sentimentales de los mismos.

Spotlight

Gracias al trabajo de los chicos de La gran apuestaSpotlight, este año ha vuelto a resucitar la necesidad de creación de un premio de la Academia al mejor reparto. El trabajo actoral de este film es excepcional y ha sido condecorado con el galardón principal en los premios del Sindicato de actores. Hace justamente un año hablábamos de la increíble resurrección de Michael Keaton en Birdman (realmente hay quien dice que esa fue su primera interpretación en toda regla) y este 2016 volvemos a destacar otro trabajo del que fuera el mejor Bruce Wayne de la historia. Si bien, en esta ocasión, el verdadero placer viene de la mano de tres intérpretes más jóvenes: Rachel McAdamsLiev Schreiber y, especialmente, Mark Ruffalo. La que fuera Regina George en Chicas malas (siempre lo será en nuestros corazones), da un ejemplo (el enésimo) de su versatilidad dando vida a Sacha Pfeiffer, siendo protagonista de alguno de los momentos más intensos del film. Simplemente su exposición, sin atisbo alguno de morbo o pornografía sentimental, a una víctima de abusos de la necesidad de ser más explícito a la hora de describir el crimen justifica su candidatura a los Oscar como intérprete femenina de reparto. Aunque su labor sea la de encarnar a uno de los personajes más grises del film, sería una injusticia pasar por alto el trabajo de Schreiber de saber dotar de la parsimonia necesaria al recién nombrado editor en jefe del Boston Globe. Llega el turno del único chico del montón que es capaz de convertirse en un abrir y cerrar de ojos en Hulk: Mark Ruffalo. De todos es sabido que Ruffalo es uno de los valores más seguros del Hollywood actual, pero en esta ocasión supera todas las expectativas. Su interpretación condensa a la perfección la filosofía de Spotlight. Es aséptico y  profesional, siendo excepcional en su normalidad (desde el peinado hasta la forma de alimentarse a base de restos) y en su manera de expresar su emoción a medida que avanza la investigación. Su personaje sirve como catarsis para el espectador, facilitando la identificación con su personaje y el consiguiente vínculo con la obra cinematográfica.

Además de por su sobriedad en la dirección, guión y reparto, Spotlight acierta al saber sortear el melodrama en otro aspecto: la no introducción de un villano tipo. Si bien podríamos adjudicar ese rol al Cardenal Bernard Law (inquietante Len Cariou), McCarthy se cuida de mostrarnos a ese personaje como un vejete manipulador de apariencia bonachona, imagen que casa con el arquetipo de alto cargo de la Iglesia Católica, sin caer en la caricatura. De igual manera, tampoco muestra a los “supuestos” pederastas de una manera sencilla: sin cuernos, ni rabo, ni ojos llameantes. Sino como los verdaderos monstruos que son, como hombres. Esa seriedad a la hora de narrar los hechos reales ha provocado que incluso el mismísimo Vaticano haya aplaudido Spotlight.

Perdonad la ausencia de frialdad en esta crítica y la aparición de términos como excepcional o ejemplar, pero considero Spotlight como una de las pocas cintas estrenadas esta década que merece ser considerada bajo la categoría de clásico del cine (arrase en los Oscar o no) y su visionado debe ser obligatorio en todos los colegios y asociaciones juveniles. Spotlight limpia el malogrado nombre del Cine y hace que podamos seguir hablando de él como un Arte con mayúsculas.

Valoración: ★★★★★

Crítica: El hijo de Saúl

El hijo de Saúl

Texto escrito por David Lastra

Tras el estreno de la Palma de Oro (este año ha sido la decepcionante Dheepan), he aquí la otra gran cita del cinéfilo de pro: la (futurible) ganadora del premio de la Academia a la película de habla no inglesa. En esta temporada fílmica, esa no es otra que El hijo de Saúl. La ópera prima del realizador húngaro László Nemes ha arrasado en la categoría de película extranjera tanto en los premios de la crítica como en los Globos de Oro. Esta situación dista de la dualidad más o menos equilibrada durante el año pasado entre Ida Leviatán, asemejándose más a la acontecida hace un par de ejercicios con la imparable La gran belleza, cinta de Paolo Sorrentino que terminó haciéndose con el máximo galardón cinematográfico. Si nos atenemos a esta orgía de galardones de la crítica, podemos afirmar sin miedo alguno que el nombre de Saul fia (título original del film) ya está colocado en la base de la estatuilla de este año. Pero, ¿es merecedora El hijo de Sául del aplauso unánime de la crítica y del aluvión de premios? ¿Es mejor que la ninguneada El club? ¿Qué pensábamos al mandar Loreak?  He aquí nuestro veredicto sobre la sensación de la temporada.

Sin introducción alguna posible, nos vemos inmersos en el día a día de un campo de concentración. No hay tiempo para aclimatarnos a esa nueva situación, ni mucho menos una charla de bienvenida o un discurso motivacional para calentar el ambiente. Con un endiablado ritmo, comprobamos el absurdo de la cotidianeidad del comando de la unidad de trabajo de la que forma parte Saúl: acondicimionamiento de las duchas, recepción de los recién llegados y acompañamiento de los mismos a las duchas, pillaje de relojes y cadenas, retirada de cadáveres desnudos y limpieza de las duchas… y vuelta a empezar. Un bucle sin fin que no deja espacio para las dudas existenciales. Cuando la condición humana se suprime, la bestia camina y piensa solo en la supervivencia. Son los estertores del dragón nazi. El exterminio debe ser absoluto y rápido, no sólo por su antisemitismo, sino para no dejar prueba alguna sobre la barbarie llevada a cabo.

Con estos ingredientes, El hijo de Saúl podría considerarse como el enésimo acercamiento al holocausto, otra pequeña historia, pero Nemes quería darnos algo más. Además de un buen guión (firmado por el propio director junto a Clara Royer) y una impecable (de sucia) factura de producción, el realizador húngaro compone una sinfonía extrema de fueras de campo y primeros planos (no necesariamente de rostros, las nucas abundan) mediante cámara en mano que nos coloca en el medio de la acción, creando una especie de experiencia 3D, que provoca no solo la angustia afín propia al estar recluído en un campo de concentración, sino la asfixia propia del protagonista al no saber cómo actuar ante situaciones extremas. En esas ocasiones, la cara de pánico de Saúl (notable interpretación del cuasi debutante Géza Röhrig) es la nuestra al visionar el film. Con tanto movimiento y desesperanza, Nemes triunfa al hastiar y enfermar al espectador, pero flojea durante el tramo final, al intentar culminar la historia con una situación demasiado hollywoodiense, abocando en demasía a los sentimientos del espectador. Una solución no muy acertada y poco coherente con lo visto hasta ese momento.

Además de ser un drama intimista pseudoexperimental de guerra, El hijo de Saúl cuenta con un elemento de género. Una sorpresa que viene introducida ya en el título del film. Hemos hablado de Saúl, nuestro protagonista, pero todavía no hemos hablado del hijo del mismo. ¿Quién es el hijo de Saúl? El hijo de Saúl es un chaval cualquiera que llega al campo de concentración y del que Saúl se encapricha. Un acto para nada enfermizo, es puro amor paterno-filial. El problema es que el chico es purgado y la historia no llega ni a empezar. Ante esa situación, Saúl secuestra el cadáver y comienza a tratarle como su vástago. Saúl se aferra a un cuerpo inerte para sentir el calor (frío) de su hijo desaparecido y decide hacer todo lo que haga falta para enterrarle según el rito religioso, siendo este el motor principal del film (aunque desaparezca en buena parte de la parte central del film). Lo que podría verse como un acto simbólico y ejemplar, de honra a su hijo, no es sino otra muestra de lo extrema que es la situación en el campo: no solo el cadáver no es su hijo, sino que ni siquiera está  seguro de tener un descendiente. El tiempo en el campo de concentración lo destruye todo, especialmente la memoria como construcción de la identidad. Esa es el arma más peligrosa de todo régimen totalitario.

El hijo de Saúl es una fábula moral sin apenas concesiones ambientada en un enclave amoral situado bajo uno de los regímenes más inmorales jamás sufridos… y sí, es la mejor de las películas seleccionadas para los Oscars de esta edición, por lo que el galardón será justo.

Valoración: ★★★½

Crítica: The Imitation Game

THE IMITATION GAME

The Imitation Game (Descifrando Enigma) es la historia de Alan Turing (Benedict Cumberbatch), el matemático británico conocido por descifrar el código imposible de Enigma, la máquina que los alemanes usaban para enviar mensajes en clave con sus estrategias y avances durante la Segunda Guerra Mundial. El gobierno británico puso a Turing al mando de un grupo de académicos, lingüistas, oficiales de inteligencia y expertos en juegos de ingenio matemático (interpretados por Mathew Goode, Allen Leech, Matthew Beard y Keira Knightley) para desentrañar el funcionamiento de Enigma y poder así adelantarse a los movimientos del enemigo y salvar miles de vidas. A pesar de las fricciones en el grupo (según la película provocadas por el carácter áspero y la inestabilidad mental de Turing) y las constantes interferencias de las autoridades, que desconfiaban de lo que este mad mathematician estaba haciendo, la operación tuvo éxito y la Liga de Hombres (y Mujer) Extraordinarios de Turing logró resolver el misterio, acortando así la guerra considerablemente.

Sin embargo, poco después de esta hazaña, Turing fue arrestado por “indecencia grave” debido a su homosexualidad, lo que le llevó a cumplir una condena que ensombrecería sus logros históricos. Hoy en día, Turing es considerado una de las figuras clave del siglo XX, el genio pionero de la informática actual que para resolver Enigma diseñó la máquina que se convertiría en la precursora del primer ordenador; una inteligencia artificial creada para funcionar lo más fielmente posible como el cerebro humano, y que además poseía alma propia, la del primer amor de Turing. The Imitation Game transcurre en tres tiempos narrativos diferenciados: la operación Enigma (de 1939 a 1942), el sombrío “futuro” de Turing a comienzos de los 50 (donde lo vemos solo y mentalmente deteriorado) y sus años como colegial en una academia para chicos (Alex Lawther brilla con luz propia como el Turing pubescente), donde conoció a Christopher (Jack Bannon), su único amigo hasta el inicio de la guerra. Alan, a menudo víctima de acoso en la academia por ser “diferente”, se enamora de Christopher, la única persona capaz de mirar más allá de su trastorno obsesivo compulsivo y su comportamiento alejado de la norma, y ver a Alan de verdad: “A veces son las personas de las que no imaginas nada las que hacen las cosas que nadie podría imaginar”.

The Imitation Game póster españolTuring es retratado en The Imitation Game como un prodigio con indicios de síndrome de Asperger’s (una de las muchas licencias dramáticas para hacer más comercial el biopic), lo que ha provocado las inevitables (y justificadas) comparaciones con el Sherlock de Cumberbatch. No es de extrañar, el solicitado actor británico lleva a cabo una interpretación que pone énfasis en los tics del personaje, dibujando a Turing como un ser excéntrico a base de mohínes. A Cumberbatch le cuesta un poco hacerse con el personaje, rozando la sobreactuación y la caricatura sobre todo en la primera mitad de la película, para finalmente dominarlo y ofrecernos un muy emotivo desenlace junto a Keira Knightley (que cumple de sobra, precisamente porque ella sí rebaja su habitual histrionismo). En definitiva un trabajo dramático irregular que, a pesar de los laureles, no es ni de lejos el más destacado de un actor por otro lado de talento incontestable.

The Imitation Game es un biopic de manual, y esto salta a la vista en todo momento. Su director, Morten Tyldum, sigue al pie de la letra los dictados del género para acomodar la visión de la Weinstein Company en su empeño anual por tener presencia destacada los premios de la Academia. Estamos ante una de esas películas que hacen ruido en la carrera de los Oscars pero no poseen lo necesario para perdurar en el imaginario colectivo más allá de la ceremonia (¿Recordáis Una mente maravillosa?). El problema en parte es esa visión encorsetada y hollywoodiense del biopic, lo que provoca por ejemplo que la homosexualidad de Turing solo se aborde de soslayo (es cierto que nos da una historia de amor preciosa con la analogía entre Christopher y la máquina de Turing, pero siempre entre líneas) y evite explorar la carnalidad del personaje escudándose en su carácter y en la mentalidad del momento con respecto al tema. Pero este no es el principal problema de The Imitation Game -que al menos no sucumbe al drama almibarado y grandilocuente propio de este tipo de cine-, sino la monotonía que conlleva su naturaleza de película diseñada matemáticamente para los premios. The Imitation Game es un film inteligente y correcto pero demasiado frío y calculado, un trabajo “académico” bien presentado, pero al que le falta compromiso, pasión, y, sobre todo, alma.

Valoración: ★★★

Oscars 2013: resumen de la noche en tweets

Retransmisión en directo por Twitter de la noche de los Premios de la Academia, celebrados el domingo, 24 de febrero en el Dolby Theatre de Los Ángeles.

(Hora Costa Oeste – PST)

ALFOMBRA ROJA

03:01 pm Afilen sus lenguas. Comienza la alfombra roja de los #Oscars2013
03:08 pm Esta noche quiero el Oscar para Lena Dunham. Oh wait…
03:25 pm Jessica Chastain, de Veronica Mars a los Oscars. Aaron Tveit, de Gossip Girl a los Oscars. La CW, qué cantera.
03:28 pm Amy Adams, tan correcta y guapa como siempre. Pero también tan incómoda como siempre. Me da la sensación de que no disfruta estas cosas.
03:31 pm Channing Tatum, el hombre más sexy del mundo según People. El año que viene será Mickey Rourke.
03:41 pm Llega Jacki Weaver. ¿Os imagináis que hace un Marisa Tomei? Pero, ¿qué hace esta señora nominada?, por el amor de Weinstein.
03:42 pm A Amy Adams no le dieron el Oscar que más merecía, porque ni siquiera estaba nominada. Su Giselle de Encantada.
03:43 pm No entiendo qué hace Kelly Osbourne en todas las entregas de premios este año. Es la nueva Jennifer Lopez, no tiene otra cosa que hacer.
03:51 pm ¿Quién no querría dormirse en los brazos de Sally Field mientras le canta una nana?

03:53 pm Jennifer Lawrence va demasiado guapa como para no ganar un Oscar. Sería un desperdicio.
03:58 pm Quvenzhané Wallis también se merece el Oscar por las entrevistas que está dando en la alfombra.
03:59 pm Lo que me va a mantener despierto esta noche va a ser ver cómo pronuncian Les Misérables y Quvenzhané Wallis todo el rato.
04:03 pm Barbarella ha pisado la alfombra. ¿Por qué no se arrodilla nadie?
04:08 pm Melissa McCarthy es por ahora el mayor fashion crime de la alfombra roja. Ha intentado un Beyoncé pero le ha salido un bloque de cemento.
04:18 pm Me pasaría la noche viendo entrevistas de Jennifer Lawrence.
04:18 pm Jennifer Hudson se ha inspirado en la Barbie de Cher de Jack McFarland para el pelo.
04:24 pm Tommy Lee Jones llega con ganas de pasárselo tan bien como en los Globos de Oro. No dejéis de enfocarlo, por favor.
04:25 pm ¡Joseph Gordon-Levitt lleva el peinado de Woody de Toy Story! ¡Me encanta!
04:27 pm Ang Lee y su mujer son la misma persona.
04:29 pm Justin Theroux merece algo más de la vida que ser el novio de Jennifer Aniston.
04:32 pm Menos mal que Emmanuelle Riva no habla inglés, porque tener que estar toda la noche oyendo lo vieja que eres tiene que ser horrible.
04:41 pm Nunca entenderé lo de George Clooney.
04:41 pm Nicole Kidman y Ellen DeGeneres pisan la alfombra roja de la mano.
04:47 pm Bibi Andersson, Mia Farrow, Miley Cyrus y Charlize Theron. El triunfo del pelo corto.
04:53 pm Chris Evans y Bradley Cooper llevan a sus madres como cita a los Oscars. ¿Qué le pasa al universo?
04:56 pm Llevo un rato intentando decir algo sobre Anne Hathaway, pero no puedo. No quiero criticarla. Pero debo. Qué desastre, por favor. PEZONES.
05:04 pm De los creadores de los pezones de Anne Hathaway, las hombreras de Halle Berry.
05:05 pm Kristin Chenoweth entrevista a Adele y yo me acuerdo de Harry Potter y Hagrid.
05:07 pm George Clooney y Walt Disney son las únicas personas que han sido nominadas en 6 categorías diferentes en la historia de los Oscars.
05:10 pm Siempre defiendo los estilismos de Kristen Stewart, pero esta noche su cuerpo va por un lado y el vestido por otro. Y va maquillada de zombi.
05:20 pm Haciendo mi quiniela de los #Oscars2013 a 10 minutos de la gala, guiándome solo por corazonadas. [Nota: nunca había acertado tanto]
05:28 pm Hugh Jackman está a tiempo de matar a Seth MacFarlane y volver a presentar la gala.

COMIENZA LA CEREMONIA

05:31 pm Robert Downey Jr. no aplaude. Es Robert Downey Jr., no necesita aplaudir. Él levanta la cabeza y todo o.k.
05:32 pm Quiero una ventanita con la cara de Emmanuelle Riva no enterándose de nada todo el rato.
05:31 pm Seth MacFarlane está haciendo un monólogo de inauguración que ya ha caducado.

05:37 pm William Shatner: “¿Por qué no han presentado la gala Tina Fey y Amy Poehler? ¿Por qué no pueden hacerlo todo Tina y Amy?”
05:38 pm Seth MacFarlane, ahora una canción con penes, ¿no?
05:41 pm MacFarlane no me convence, pero me gusta que estén interactuando tantas estrellas en el “monólogo” inicial. Buen formato.
05:45 pm Como en los Globos de Oro, referencia a la Monja Voladora. Espero que se vuelva a mencionar en algún momento a la princesa de Genovia.
05:46 pm Vamos ya por la mitad de la gala, ¿no? MacFarlane ha saltado el tiburón de su discurso.
05:47 pm Joaquin Phoenix se lo pasa tan bien como Tommy Lee Jones.
05:51 pm A Christoph Waltz le van a dar un Oscar por cada papel que haga, ¿no?
05:52 pm El discurso extraño y entrecortado de Christoph Waltz ya es un clásico.
05:53 pm Cinco miembros de Los Vengadores después del corte publicitario. Necesito que canten “Walk Through the Fire”.
05:59 pm Paperman, una de las cosas más bonitas que hemos podido ver últimamente, Oscar al mejor corto de animación.

06:00 pm Mejor película de animación, Brave. Pues claro, ¿de verdad os creíais que Pixar no ganaría esta noche?
06:01 pm Reese Witherspoon, qué rubia eres.
06:07 pm Los Vengadores es la mejor película del año, me da igual lo que digan los Oscars.
06:08 pm Helen Hunt se está muriendo de envidia por el pelo de Claudio Miranda (Saruman), ganador del Oscar a mejor fotografía por La vida de Pi.
06:09 pm ¿Que por qué no han ido Chris Hemsworth, Tom Hiddleston y Scarlett Johansson? Porque los tengo atados en el sótano.
06:11 pm Venga ya, ¿Life of Pi mejores efectos visuales? No me extraña que esté nominada Jacki Weaver. Qué absurdo todo.
06:16 pm Channing Tatum de frente no me interesa.
06:16 pm A Jennifer Aniston hay que dejarla.
06:19 pm Oscar a mejor vestuario: la anual película de época de Kiera Knightley.
06:21 pm Mejor maquillaje y peluquería, Los miserables. Llevo 4 en la quiniela. Ya es más de lo que suelo acertar en total cada año.
06:22 pm Mira, de verdad, Seth MacFarlane es gilipollas. Así, con todas las letras. G-i-l-i-p-o-l-l-a-s.
06:22 pm Halle Berry ha hecho el chiste de la noche: “pussy… galore”. En serio, primero vas a recoger tu Razzie y ahora esto. Te quiero, Halle.
06:23 pm Y para celebrar los 50 años de James Bond, un vídeo en loop de Daniel Craig saliendo de la playa.
06:25 pm Retiro lo de Daniel Craig en bañador. SHIRLEY BASSEY, señoras y señores.
06:30 pm Una foto de Tommy Solomon y Harry Potter entre bastidores de los #Oscars2013

06:35 pm Mejor corto de acción real: Curfew. Me encanta acertar los ganadores de los cortos sin haber visto ninguno
06:38 pm Inocente, mejor corto documental. Otro que he acertado solo por el título. Para el año que viene tampoco veo los largos.
06:43 pm Seth MacFarlane, deja de comentar tus propios chistes, por favor.
06:45 pm Iron Man, Capitán América, Hulk, Ojo de Halcón, y Nick Furia toman el escenario del Dolby Theatre.

06:51 pm Michael Haneke firmó hace unos días autógrafos como un One Direction, y ahora sube a recoger su Oscar a Mejor Película Extranjera por AMOUR.
06:53 pm Le llegan a poner la música de Tiburón a Haneke y me lío a romper piernas con palos de golf.
06:57 pm Catherine Zeta Jones brava. ¡Viva el Playback!

07:00 pm Lo que daría por ver ahora mismo a Tim Curry como Frank-N-Furter dándolo todo en el escenario del Dolby Theatre.
07:00 pm Llega uno de los grandes momentos de la noche: Les Misérables Live.
07:02 pm Aprovecho para alardear de que yo vi a Hugh Jackman en Broadway y desde entonces bebo los vientos por él y su interminable talento.
07:04 pm ESCALOFRÍOS, ¿EH?
07:05 pm Ovación en pie merecidísima para el reparto de Los miserables. No tenía favorita para Mejor Película hasta ahora
07:11 pm Los premios técnicos me han recordado que todavía queda el In Memoriam, el discurso del presidente de la Academia y el Oscar Honorífico. BAJÓN.
07:17 pm Resuello colectivo: ¿Empate en los Oscar? ¿Pero eso es posible? Nuestras quinielas lo agradecen.
07:19 pm Este no es mi Tommy Lee Jones. Pero si parece un cachorrito feliz:

07:20 pm Pezones, preparaos para la gloria. Premio a mejor actriz de reparto.
07:21 pm Aprovecho de nuevo para decir que mi interpretación favorita de Anne Hathaway este año es su Catwoman.
07:23 pm MISS ANNE HATHAWAY.
07:24 pm Ya está haciendo la pelota. Cuánto la quiero.
07:34 pm Mejor montaje para Argo. Ben Affleck, sonríe un poco, ¿no?
07:38 pm ¿Dónde está esa voz, y esa fuerza, Adele? ¿Puede haber algo más sobrevalorado que esta señora?
07:48 pm No me importaría que Sandra Bullock presentase la gala un año de estos, por probar.

07:58 pm George Clooney ha hecho un chiste sobre el In Memoriam y solo se ha reído Ben Affleck

08:03 pm Barbra, la muerte te sienta tan bien.
08:14 pm La canción de Scarlett es demasiado bonita. Demasiado. Y me alegro de que hayan puesto un trozo tan largo para que se aprecie.
08:15 pm Norah Jones, la responsable de uno de los mejores discos de 2012, y protagonista de un divertido cameo en Ted. Me gusta.
08:18 pm Mejor banda sonora: Life of Pi. Mejor canción: Skyfall. La Academia no suele estar muy atinada premiando música, IMHO.
08:27 pm Mejor guion adaptado: Argo. Mejor guion original: Django desencadenado.
08:28 pm “Dios, qué genial soy” -Quentin Tarantino
08:36 pm Ang Lee gana el Oscar a Mejor Dirección. Y el Dolby Theathre se pone en pie. Incluido Haneke, claro.
08:37 pm A Ang Lee hay que quererlo, la verdad.
08:42 pm Creo que ya sé qué está más sobrevalorado que Adele. Jessica Chastain.
08:44 pm Y Jennifer Lawrence se lleva su primer Oscar. Y SE CAE. TUMBLR ARDE.
08:46 pm Jennifer Lawrence es un regalo de Kentucky y de Dios al mundo. Se ha llevado el Oscar un poco (bastante) por hype, pero me alegro tanto.
08:48 pm Joaquin Phoenix, si te molesta, tira de esta.
08:49 pm Mejor Actor Protagonista: Daniel Day-Lewis por Lincoln. Lo siento por Hugh Jackman, que era mi favorito. Pero DDL es MUCHO.
08:50 pm “Meryl era la primera opción de Steven para interpretar a Lincoln” -Daniel Day-Lewis se está marcando el discurso de la noche
08:54 pm Yo pensaba que Jack Nicholson estaba presentando a Beyoncé. Pero no, era Michelle Obama. Tanto monta, monta tanto.
08:57 pm Michelle Obama y Jack Nicholson le dan el Oscar a Mejor Película a Ben Affleck y su Argo.
08:58 pm Como a Ben Affleck se le olvide alguien en sus agradecimientos, ya no queda gala para que suba Jennifer Garner a arreglarlo.
09:00 pm ¿Ha sufrido alguien un infarto al recoger un Oscar alguna vez? Podría pasar esta noche con Ben Affleck.
09:02 pm Kristin Chenoweth pone broche de oro (nunca mejor dicho) a la gala, que acaba con puntualidad a las 6 hora española.
09:03 pm Y para terminar esta retransmisión, Jennifer Lawrence tirada por las escaleras del escenario del Dolby Theatre:

Aquí tenéis una extensa galería con las mejores imágenes de la noche.