Crónica de la Muestra SYFY de Cine Fantástico 2020

Aquí estamos un año más, de resaca después de un fin de semana maratoniano de cine fantástico. La Muestra SYFY, que ha celebrado este año su 17ª edición, congrega de nuevo a miles de aficionados al cine en Madrid, que durante cuatro días (del 5 al 8 de marzo) se convierte en una fiesta del cine de género. Fantasía, terror, ciencia ficción, acción y thriller en una selección de títulos, como siempre, muy variados.

La Muestra, presentada como siempre por la actriz y directora Leticia Dolera, comenzó el jueves con la premiere de Onward, la nueva cinta de Pixar, que este año ha decidido dejar descansar sus franquicias para volver a ofrecernos algo original, una aventura juvenil en homenaje al rol y la fantasía épica (podéis leer nuestra crítica aquí). La película animada inauguró un fin de semana en el que volvimos a comprobar lo fértil, diverso e internacional que es el género fantástico.

Invasiones extraterrestres, asesinos en serie, anime, cine de yakuzas, thriller social, posesiones infernales, viajes en el tiempo, zombies, cocodrilos y una fijación extraña por los perros… Con sus más y sus menos, como siempre, la programación de la Muestra este año nos ha dejado bastantes películas para el recuerdo, incluyendo la nueva ida de olla de Nicolas Cage, Color Out of Space y el regreso de Takashi Miike (Audition). También hubo hueco para celebrar los clásicos con la proyección especial de Regreso al futuro en su 35º aniversario. Y además, los más jóvenes (aunque no solo ellos) pudieron disfrutar del preestreno de la genial Trolls 2: Gira Mundial, dos semanas antes de su llegada a salas comerciales.

Sin más, os dejamos con nuestra opinión sobre todas las películas que vimos en la Muestra SYFY (menos la de clausura, Brahms. The Boy 2, que debido a problemas técnicos no se pudo proyectar en la sala 1). Tomad nota, porque algunas de ellas llegarán pronto a nuestras salas.

VIERNES

The Pool (Ping Lumpraploengm 2018)

Es fácil imaginarse lo que nos vamos a encontrar en una película tailandesa cuyos principales elementos son dos personas atrapadas en una piscina con un cocodrilo asesino durante 7 días, pero nada te puede preparar para el absurdo de The Pool. Al protagonista deben haberle echado mil maldiciones porque su mala suerte llega a ser surrealista. Además, a su compañera le han echado el mismo mal de ojo, aunque ella por lo menos es inmortal. Las situaciones en las que los personajes se encuentran y cómo se las ingenian para sobrevivir e intentar escapar de la piscina son tan inverosímiles y guardan tan poca relación con cualquier realidad o lógica que no puedes creer lo que estás viendo. Pero es justo por eso, y el descaro de un guionista y director al que le da igual todo, que The Pool no aburre ni un segundo y nos tiene enganchados y entretenidos durante sus 91 minutos.

Blood Quantum (Jeff Barnaby, 2019)

Primera invasión zombie de la Muestra. Se han contado tantísimos apocalipsis zombies en el cine en general, y en esta Muestra en particular, que no es fácil sobresalir y llegar a hacer algo interesante en este subgénero. Esta película canadiense empieza bien, situándose en Red Crow, reserva india micmac en la que los muertos (humanos y animales) van volviendo a la vida. Como punto interesante, los nativos indígenas de la zona parecen ser los únicos inmunes a los ataques de los muertos vivientes. Pero el interés por la premisa no tarda en desvanecerse, y lo que podía haber sido algo diferente acaba siendo una película más sin nada que aportar al manido cine de no muertos. Además, peca de ponerse un tanto intensa y tomarse demasiado en serio a sí misma, por lo que pierde la baza de ser entretenida.

Synchronic (Justin Benson, Aaron Moorhead, 2019)

Dos paramédicos con una longeva historia de amistad encadenan noches de atender extraños sucesos relacionados con una nueva droga de diseño, en plena epidemia de opioides de Estados Unidos. Unos habituales de la Muestra, el tándem Justin Benson/Aaron Moorhead (Resolution, Spring), presentan una propuesta más ambiciosa en su filmografía con dos actores de Hollywood como Anthony Mackie (Falcon en el Universo Marvel) y Jamie Dornan (el objeto del deseo de la saga Cincuenta sombras de Grey) y una trama bastante enrevesada. La historia empieza de forma misteriosa y muy intensa (su inmersivo diseño de sonido y banda sonora ayudan mucho a entrar en la película), mostrando los brutales efectos de las drogas y sus devastadoras consecuencias. Hacia la mitad, el argumento da un giro para centrarse en el personaje de Mackie y se convierte en una cinta de viajes en el tiempo. Synchronic es como dos películas luchando por ser una, un thriller de misterio y una aventura sci-fi que no terminan de tomar forma definitiva. Aunque tiene buenos momentos y entretiene, su prometedor inicio se va desinflando hacia algo más común. A destacar el hecho de que la historia esté impulsada por la amistad entre dos hombres dañados que se demuestran cariño y comparten sus sentimientos, algo que no suele verse en el cine fantástico.

Bacurau (Juliano Dornelles, Kleber Mendonça Filho, 2019)

Bacurau es un pequeño pueblo de Brasil en el que todos sus vecinos se conocen. Unidos ante el azote del alcalde de la región, político corrupto que solo les trata bien cuando necesita sus votos, deben unirse incluso más cuando una amenaza exterior mucho más violenta empieza a hacer acto de presencia en el lugar. Y hasta ahí vamos a leer. Lo mejor es enfrentarse al visionado de esta película, que viene precedida de muy buenas críticas y de un Premio Especial del Jurado en Cannes, sabiendo lo mínimo sobre ella. Se trata de una experiencia única. Una brutal fábula con sangrante denuncia social, retorcido sentido del humor y un desarrollo muy marciano en el que gran parte del tiempo no sabemos lo que está pasando. Llena de personajes curiosos y con una catártica recta final de lo más impactante, Bacurau es una de las películas más memorables de la Muestra este año, un trabajo desconcertante, frustrante y fascinante a partes iguales en el que las piezas tardan en encajar, pero cuando lo hacen, te golpean fuerte.

Shed of the Dead (Drew Cullingham, 2019)

Con esta comedia de terror sobre un aficionado al rol que se encuentra en medio de un apocalipsis zombie llega la primera sesión golfa de la Muestra 2020. Para el final de la noche se suelen dejar las propuestas más locas y desenfadadas, películas de serie B con bajo presupuesto y espíritu cutre a los que les solemos pasar por alto muchas cosas porque no están para tomárselas en serio. Siempre que sean divertidas y nos hagan pasar un buen rato a los valientes que nos quedamos en el cine hasta la madrugada. Desafortunadamente, no es el caso de Shed of the Dead, que además de cutre, no puede tener menos gracia. Esta película está hecha desde la perspectiva de una persona totalmente ajena al mundo actual, con un omnipresente machismo que empapa el 100% del metraje y nos muestra el peor lado del cine friki. En el film las mujeres solo existen para ser dos cosas: la persona que corta las alas al hombre provocando su desprecio o un objeto sexual que básicamente es una vagina andante. Resulta curioso que esta película con tan mal gusto haya sido recibida como “una película mala, sin más”, pero el año pasado Nación salvaje levantara tanta indignación…

SÁBADO

Trolls 2: Gira mundial (Walt Dohrn, David P. Smith, 2020)

Pudo haber alguna que otra sorpresa en la Muestra, pero ninguna comparada la de Trolls 2 (no confundir con la infame Troll 2). Los adorables e hiperactivos personajes basados en el popular juguete de los 80 vuelven en esta segunda parte en la que descubren que no son únicos en su especie. Distintas razas de trolls viven alrededor del mundo, cada una de ellas definida por un género musical. Su paz se ve amenazada por una troll rockera que emprende una gira mundial para someter a todos los trolls a su dictadura musical: una nación unida bajo un solo tipo de música. Si la primera Trolls es una de las películas de animación recientes más infravaloradas, esta secuela supera todas las expectativas. Un explosivo derroche de color, imaginación y creatividad que cuida tanto el aspecto visual (los diseños son geniales y las texturas aterciopeladas increíbles) como su guion. Lejos de ser la típica secuela desganda para seguir exprimiendo el éxito de una franquicia, Trolls 2 se curra (y mucho) una historia muy inteligente que acaba siendo un manifiesto pop a favor de la diversidad, la unidad y la tolerancia. Rebosante de buenas ideas, con un humor inteligentemente absurdo, música sin fin, energía por un tubo (sigue siendo lo más cercano a un viaje de ácido que nos va a dar el cine de animación) y un finísimo análisis de los géneros musicales y su historia, Trolls 2 presenta una rara avis en el cine animado infantil, una secuela irresistible para los más pequeños que ningún adulto debería pasar por alto.

The Cleansing Hour (Damien LeVeck, 2019)

Con The Cleansing Hour Damien LeVeck convierte en largometraje su corto homónimo de 2016. Y no pudo haber tomado mejor decisión, porque el resultado es muy bueno. El título del film es también el nombre de un programa online de exorcismos en directo presentado por un falso cura y producido por el mejor amigo de este. Como es de esperar, la farsa acaba volviéndose real cuando durante una de las emisiones ocurre una posesión real, lo que obliga a los participantes a enfrentarse a su pasado y descubre a los espectadores que todo lo que han visto hasta ahora es un montaje. El cine de exorcismos es otro subgénero del terror bastante manido, pero The Cleansing Hour logra salir de la rutina gracias a un equipo que la eleva por encima de la media con una dirección solvente, unos efectos especiales y de maquillaje de primera categoría y un guion que consigue mantener la tensión de principio a fin centrándose en un solo caso y en un espacio limitado, y mostrando las repercusiones a través de Internet alrededor del mundo.

Rabid (Jen Soska, Sylvia Soska, 2019)

Curioso que en 2019 se haya hecho este remake de la película de David Cronenberg del mismo título con guion aprobado por el propio director. Esto es un arma de doble filo por las expectativas que puede crear, que en este caso no están a la altura. La premisa es la misma, una tímida mujer que tras un accidente se somete a una técnica experimental de cirugía plástica y desarrolla un gusto por la carne cruda y la sangre que se torna en epidemia de rabiosos asesinos. La película no explota su punto fuerte, que es mostrar la sangre y la (nueva) carne, y en lugar de eso centra su desarrollo en unas vacías y aburridas secuencias dramáticas en las que no parece que pase nada porque… no está pasando nada.

The Lodge (Severin Fiala, Veronika Franz, 2019)

Tras la trágica pérdida de su madre (Alicia Silverstone), dos hermanos se ven obligados a pasar los días antes de Navidad en una cabaña con la nueva novia de su padre (Riley Keough), aislados por una tormenta de nieve. A la tristeza de los niños se une el turbio pasado de su futura madrastra en una secta, lo que hará la estancia muy intensa y desagradable para todos. Tras la interesante Goodnight Mommy, sus directores saltan al inglés con esta historia de terror religioso cocido a fuego lento al más puro estilo europeo y con tintes de melodrama familiar. La tensión va en aumento durante todo el metraje con una sensación de frío y aislamiento muy lograda, perturbadoras secuencias oníricas y una locura que se va apoderando lentamente del relato hasta estallar en el clímax. Destaca una fantástica Riley Keough en su propia versión de El resplandor.

Color Out of Space (Richard Stanley, 2019)

Vuelve el equipo que nos trajo la delirante Mandy, esta vez con la adaptación de una historia corta de H. P. Lovecraft. En la inquietante Color Out of Space una familia que vive cerca de un bosque recibe en su jardín el impacto de un meteorito que está más vivo de lo que parece y ejerce en ellos una influencia que acabará convirtiendo sus vidas en una pesadilla. Lo que empieza como una película fantástica familiar al más puro estilo Spielberg, va tornándose en la más oscura y macabra de las pesadillas. Pero más allá de su violencia pesadillesca y su embriagadora psicodelia visual, lo que convierte Color Out of Space en una experiencia única es la sensación de amenaza indefinida que recorre la película, un invasor que se caracteriza únicamente como un “color” y que provoca un desconcierto absoluto. Esto, junto al progresivo deterioro de la familia (con un Nicolas Cage superándose en desquicio), alcanza unos niveles de perturbación y enajenación que los aficionados a la ciencia ficción terrorífica agradecerán.

Satanic Panic (Chelsea Stardust, 2019)

Cuando lo único destacable en una película es que no es tan mala como otra, hay un problema. La segunda y última sesión golfa de este año nos cuenta las desventuras de una repartidora de pizzas que se ve obligada a huir de una secta de ricachones satánicos (capitaneados nada menos que por Rebecca Romijn) que quieren usar su cuerpo virgen para invocar a un poderoso demonio. Donde Shed of the Dead tenía un chiste con gracia en toda la película, esta a lo mejor tenía cinco, y donde aquella eran 90 minutos de desagradable machismo, esta solo lo tiene durante una escena. El resto es más o menos lo mismo, humor muy poco inspirado y nada verdaderamente destacable más allá de la presencia de Romijn y Jerry O’Connell. Cuando una película empieza con un intento de violación mostrado en clave de comedia, mal vamos.

DOMINGO

Human Lost (Fuminori Kizaki, 2019)

Basado en una novela de Osamu Dazai, este anime de Fuminori Kizaki nos traslada a un Japón futuro en el que los médicos han quedado obsoletos gracias a que la poderosa organización S.H.E.L.L. ha conseguido la total salud de sus habitantes aumentando así la esperanza de vida a los 120 años. El director venía de realizar Bayonetta: Bloody Fate, película de animación basada en el videojuego de culto con una animación muy buena pero una historia muy deficiente. Aquí pasa lo mismo, ya que se alternan impresionantes escenas de acción con horriblemente confusas conversaciones que intentan continuamente que el espectador entienda el funcionamiento de esa sociedad futura, con intrincados diálogos y muchas siglas que no tienen sentido alguno y acaban por hacer desconectar totalmente.

Le daim (Quentin Dupieux, 2019)

El director Quentin Dupieux se ha ganado cierto nombre y culto con rarezas como Rubber, y sigue en el buen camino para convertirse en el representante francés de lo raro con esta comedia negra sobre un hombre no muy en sus cabales que se obsesiona (mucho) con su chaqueta de ante, hasta el punto de querer ser la única persona que lleve chaqueta en el mundo. Un punto de partida tan absurdo solo puede tener éxito si se desarrolla de la misma forma, y Le daim triunfa llevando el humor surrealista a un límite tremendamente disfrutable. Una propuesta excéntrica, atípica y original con un genial Jean Dujardin absolutamente genial y Àdele Haenel (Retrato de una mujer en llamas) sumando puntos para convertirse en una de nuestras actrices francesas favoritas. Otra de esas películas a las que es mejor adentrarse sabiendo muy poco.

First Love (Takashi Miike, 2019)

Hace tiempo que se nos viene vendiendo esta película como una vuelta a la forma del prolífico director japonés Takashi Miike, después de pasar demasiados años centrándose en adaptaciones live-action de mangas y animes sin demasiado interés. Y afortunadamente, sus fans podemos respirar tranquilos: Miike ha vuelto y es de verdad. Leo, un joven boxeador que cree que le queda poco tiempo de vida, se ve mezclado en una trama de tráfico de drogas que enfrenta a los yakuza con las mafias chinas, situación que además le lleva a convertirse en el improvisado protector de una joven prostituta drogadicta (en el fondo, esta es una muy retorcida date movie). Miike sabe como nadie mezclar una historia tan cruda con el amor de juventud y la comedia más estúpida, que en esta ocasión alcanza puntos gloriosos. Lo hace con su estilo personal e inconfundible, mostrando siempre los bajos fondos y la decadencia del Japón menos amable, con un pulso y un nervio en la dirección que nos vuelve a recordar por qué es un maestro único en lo que hace. Rememorar aquella maravilla que fue Dead or Alive hace ya 22 años (también con música de Kôji Endô) solo hace que confirmar que el genio de Miike nunca se apagó, solo que se había entretenido en otras cosas.

Escrito por Daniel Andréu y Pedro J. García

Onward: Magia, fantasía épica y amor fraternal

Pixar lleva 25 años elevando el listón del cine de animación, siempre a la vanguardia técnica y creativa. Sin embargo, recientemente, el estudio de Emeryville se ha centrado principalmente en las secuelas (con excepción de Coco en 2016), cosechando récords en taquilla, pero también dando la sensación de que su creatividad ya no era tan fértil como hace unos años y estaba jugando demasiado sobre seguro. En 2020, Pixar aparca las secuelas para estrenar dos películas originales, Onward Soul, repitiendo así lo que hizo en 2015 con Del revés El viaje de Arlo.

Mientras esperamos el regreso del visionario Pete Docter (Monstruos S.A., Up, Del revés) con Soul, el año de Pixar comienza con su película número 22, Onward, dirigida por Dan Scanlon, que debutó en el estudio con el corto de Cars, Mate y la luz fantasma y firmó su primer largometraje como director con la precuela Monstruos University. En esta ocasión, Pixar nos traslada a un mundo suburbano de fantasía en el que la magia ha quedado obsoleta debido al avance de la tecnología y criaturas mitológicas como elfos, minotauros, cíclopes, hadas y sirenas viven rodeados de las comodidades y los adelantos de la vida moderna, mientras que otras, como los unicornios, son tan comunes e indeseables como los roedores.

La historia se centra en dos hermanos elfos de caracteres muy opuestos, Ian y Barley Lightfoot (voces originales de Tom Holland y Chris Pratt), que se embarcan en una aventura para encontrar una gema mágica con la que completar un hechizo que les ayudará a pasar un día con su padre, quien falleció cuando los dos eran pequeños. Ian es un adolescente tímido y socialmente torpe que no se atreve a salir de su cascarón, mientras que Barley es todo lo contrario, un joven extrovertido y alocado que se pasa el día intentando que los demás recuperen el interés por la magia y yendo a todas partes en su amada furgoneta. Los dos emprenden un viaje a contrarreloj y lleno de peligros para ver a su padre, mientras su madre (Julia Louis-Dreyfus) les sigue la pista para protegerlos. La odisea de los Lightfoot servirá para que Ian se atreva por fin a vivir una aventura en la que aprenderá a usar la magia y salirse de su zona de confort gracias al apoyo de Barley, del que se había distanciado al hacerse mayor.

Siguiendo la estela de Frozen, solo que con hermanos en lugar de hermanas, Onward explora la familia y los lazos fraternales con la inteligencia y la sensibilidad que cabe esperar de Pixar, a la vez que homenajea la fantasía épica y el rol/RPG tipo Dragones y mazmorras o Zelda con grandes dosis de imaginación y creatividad. Por otro lado, en su historia también se pueden detectar ecos de Brave (el hechizo afecta al padre en lugar de a la madre en este caso), Zootrópolis (por el contraste humorístico entre los seres fantásticos y el mundo moderno), Indiana Jones y Los Goonies (adolescentes emprendiendo una búsqueda del tesoro llena de acertijos y trampas subterráneas), con un toque de Este muerto está muy vivo (en serio).

En general, la película está llena de buenas ideas, personajes divertidos (la Mantícora, voz de Octavia Spencer, es la robaescenas oficial) y un sentido muy desarrollado de la aventura, con estupendas escenas de acción y aprendizaje mágico siempre ligadas a la evolución y crecimiento de los personajes, así como un sentido del humor que, si bien no siempre llega a ser todo lo eficaz que debería, pone una sonrisa en la cara de principio a fin.

Se podría decir que Onward es 70% Disney y 30% Pixar. Esto no es necesariamente malo (los clásicos de Disney de la última década han subido mucho de nivel), pero a ratos se echa de menos en ella esa magia única que suelen tener las películas de Pixar. Aunque la idea de la que parte es muy buena (se inspira, por cierto, en la historia real del director, cuyo padre murió cuando él solo tenía un año), tiene mucho encanto y hay momentos memorables (la persecución en carretera, la escena del puente levadizo, las pruebas subterráneas), el desarrollo es más bien convencional y carece de ese componente que hace que las películas de Pixar se diferencien del resto. Al menos hasta que llegamos a los últimos veinte minutos.

Es en el acto final de Onward donde nos reencontramos con la magia del estudio del flexo en su máxima expresión. Esa capacidad para despertar emociones a flor de piel con una conclusión profunda y trascendental que resume a la perfección, incluso redefine y revaloriza, la historia que nos acaban de contar; una historia sobre amor fraternal que habla de la pérdida y la familia con sentimiento y madurez. Entre la acción épica y el drama más emotivo, Onward nos ofrece un desenlace precioso para sus personajes y nos deja con un bonito mensaje inspirador: atrévete a arriesgarte, a vivir una aventura. Al final, aunque parecía que no, Pixar vuelve a buscar la lágrima, y la encuentra.

A Onward le falta ese componente conceptualmente ambicioso de otras películas originales de Pixar, pero incluso siendo una de las entregas relativamente más modestas del estudio, tiene la calidad que se espera de ellos. Ni que decir tiene que visual y técnicamente es una maravilla (las texturas en los primeros planos son increíbles), además, cuenta con un guion muy sólido y termina con uno de los finales más conmovedores de su catálogo. Fusionando fantasía, aventura y drama coming-of-ageOnward no supone ninguna revolución (sería injusto pedírselo), pero nos recuerda que la verdadera magia de Pixar reside en saber contar historias con significado para todo el mundo.

Pedro J. García

Nota: ★★★★