The Defenders (Episodios 1-4): La paciencia es la clave de la victoria

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En 2012 asistimos a uno de los acontecimientos más esperados del cine moderno, la reunión de los superhéroes de Marvel en Los Vengadores, el gran crossover en el que culminaban más de cuatro años de aventuras individuales, cerrando así la Fase 1 del Universo Cinemático Marvel. Pero aquello fue solo el principio. Mientras en el cine estamos inmersos en la Fase 3, la televisión desarrolla su propia versión de Los Vengadores, una réplica más, digamos, modesta, de los Héroes Más Poderosos de la Tierra. Justicieros que operan a nivel de calle y se enfrentan a amenazas menos grandiosas, pero igualmente peligrosas, y que habitan una zona más oscura y adulta de este universo de ficción.

Son Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist, cuatro humanos con poderes especiales a los que hemos conocido en sus respectivas series de Netflix, y que por fin forman equipo en el crossover televisivo más esperado de los últimos tiempos, The Defenders. Cuatro series, cinco temporadas (recordemos que de momento solo hemos visto la segunda de Daredevil), 65 capítulos. Todo confluye aquí, en el acontecimiento catódico del verano. El camino hasta llegar a The Defenders no ha sido todo lo llano que esperábamos. La calidad de las series individuales ha diferido bastante, con las dos primerasDaredevil Jessica Jones, llevándose el mayor beneplácito de la audiencia, Luke Cage dejando más indiferente en general, y Iron Fist recibiendo las peores críticas del Universo Marvel. Aun así, el descenso en calidad no ha sido suficiente como para mermar las ganas de ver a estos cuatro superhéroes juntos en acción.

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Para cuando vemos a los cuatro ocupando el mismo plano en The Defenders, se nos olvida todo el relleno que hemos tenido que ver para llegar ahí y nos duele menos haber visto Iron Fist. De hecho, junto a Daredevil, la serie del Puño de Hierro es la más importante para seguir la trama central de The Defenders, directamente relacionada con la organización malvada La Mano y los poderes místicos de K’un-Lun. Así que, os haya gustado o no Iron Fist, no os arrepentiréis de haberla visto. Por mi parte, después de ver los cuatro primeros episodios de The Defenders, no solo me alegro de haber visto todas las series de Marvel/Netflix, aun con sus defectos, sino que he empezado a ver a Danny Rand de otra manera.

Como decía, solo he visto la primera mitad de The Defenders (lo que Netflix ha puesto a disposición de la prensa antes del estreno), pero ha sido suficiente para hacerme una buena idea general de lo que es la serie y despertar aun más el apetito por ver el resto. The Defenders cuenta tan solo con ocho capítulos, y aunque a priori se antoje escaso para encajar tantos personajes y tramas, lo cierto es que el resultado final no da la sensación de estar demasiado abarrotado o acelerado. Al contrario, la serie no podía ser más continuista en tono y ritmo, solo que ahora hay menos minutos que llenar, así que la historia se vuelve más compacta y no pierde el tiempo yéndose tanto por las ramas.

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The Defenders comienza con nuestros héroes separados, cada uno en su parcela de realidad de la ciudad de Nueva York. Y no podía ser de otra manera. Aunque nosotros los conocemos a todos, ellos aun no han sido presentados oficialmente (con excepción de Luke y Jessica), así que es lógico que tardemos un poco en ver al equipo tomando forma. En este sentido, los showrunners, Douglas Petrie y Marco Ramirez (afortunadamente, son los responsables de Daredevil los que toman las riendas del crossover), hacen un trabajo excelente estructurando la serie y dibujando la historia para llevarla hacia el emocionante encuentro. Al principio, The Defenders es cuatro series en una. Las respectivas apariciones de cada personaje reproducen el estilo visual, el color característico (rojo-azul-amarillo-verde) y la banda sonora de sus series individuales, así como continúan sus argumentos justo donde los dejó cada una. Esto puede ser chocante al principio, pero funciona, porque el espectador está perfectamente familiarizado con el lenguaje de cada serie, lo que le permite darle cohesión a todo en su cabeza.

A medida que The Defenders avanza, las tramas separadas se van entrelazando, los personajes secundarios de cada serie se empiezan a conocer, y poco a poco, los mundos de cada uno de ellos se van fusionando en uno solo, la Nueva York de los Defensores. Es un proceso que se cuece a fuego lento, pero que compensa enormemente cuando en el tercer episodio por fin vemos a los cuatro protagonistas compartiendo el mismo espacio y viéndose obligados a unir fuerzas por primera vez en la tradiconal y espectacular secuencia de lucha en el pasillo, una de las señas de identidad más distintivas de este universo televisivo. Para entonces, uno se da cuenta de que la espera ha merecido la pena. Vaya si ha merecido la pena.

The Defenders supone una mejora enorme con respecto a la serie que la precede inmediatamente, Iron FistEn la serie colectiva, el listón vuelve a subir. Los secundarios no solo no son una distracción de lo que de verdad nos importa, sino que aportan bastante a la historia (ayuda que se hayan traído a los que más nos interesan y se hayan dejado atrás a los eslabones más débiles), las interpretaciones de los protagonistas están más inspiradas, los diálogos son mejores, las coreografías de acción vuelven a brillar como en Daredevil, la cámara se mueve con más agilidad, se puede detectar más creatividad en los planos, en el montaje (hay unas cuantas transiciones entre las dispares tramas y estilos que son bastante ingeniosas), en el uso del color, y por último, hay más humor. Y es mejor.

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En este sentido, la presencia de Krysten Ritter como Jessica Jones es esencial. Sus chascarrillos sarcásticos funcionan como audiocomentario, apuntando a lo absurdo de la historias de cada héroe y la situación en la que se ven envueltos. Y aquí está lo mejor: Danny Rand se convierte en el hazmerreír del grupoThe Defenders presenta al personaje desde una perspectiva menos seria, y lo convierte en el saco de golpes de sus compañeros, sobre todo de Jessica y Luke. Desde su violento primer encontronazo, Finn Jones y Mike Colter muestran una química sorprendentemente buena, haciendo que Iron Fist y Luke Cage se conviertan en el dúo dinámico de The Defenders. Ver a Jessica pegando cortes a Danny es genial, pero ver a Luke metiéndose con su privilegio blanco o recriminándole su actitud de niño pequeño a la vez que le coge cariño es uno de los puntos fuertes de la serie.

Pero hay mucho más. No faltan los easter eggs (cuidado, que hay que prestar atención para ver el cameo de Stan Lee), las referencias a los cómics (Luke y Danny conversando mientras comen comida china), los divertidos one-liners de Jessica, hay un componente de misterio que recorre toda la trama y engancha, y por supuesto, buenas dosis de acción en todos los capítulos. Mención aparte merece el gran villano de la temporada (con permiso de la omnipresente Madame Gao), en este caso villana, Alexandra, interpretada por la excelsa Sigourney Weaver. Al principio puede parecer que estamos ante otra malvada corporativa (y hasta cierto punto lo es), lo que puede resultar decepcionante o aburrido para los que esperábamos algo más grande, pero Alexandra es más similar a Wilson Fisk que a cualquier otro villano de estas series, una mujer poderosa e influyente que esconde un as en la manga, un plan que podría desembocar en la mayor amenaza a la que se han enfrentado nuestros héroes. Hasta ahora se han visto las caras con enemigos relativamente más pequeños, pero como The Defenders, la escala del peligro aumenta, y estos deberán superar sus diferencias y aprender a trabajar juntos para enfrentarse a un reto más propio de Los Vengadores, un posible Apocalipsis en Nueva York.

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Los primeros cuatro episodios de The Defenders dejan ver una serie sólida, bien estructurada y segura de sí misma, con un acertado equilibrio entre acción y desarrollo psicológico de personajes (el odio de Jessica hacia su naturaleza superhumana, la desconfianza de Matt, el odio de Luke causado por la discriminación a su raza, todo esto es una fuente muy rica de drama, conflicto y humor). Pero nada se puede comparar al placer y la emoción de ver a estos personajes por fin juntos y comprobar la química que tienen como grupo. Puede que al principio The Defenders no esté a la altura del hype, al fin y al cabo, no es Los Vengadores, sino una continuación orgánica de las series anteriores, pero una vez ajustamos nuestras expectativas, hay muchísimo que disfrutar en ella. A falta de ver la segunda mitad, para la que estoy seguro de que se han guardado lo mejor, puedo confirmar que el Capitán América tiene razón. La paciencia recompensa.

Comedias románticas de ayer y hoy: Jerry Maguire y Maggie’s Plan [Reseña Blu-ray]

Entre las novedades recientes en Blu-ray de Sony Pictures Video se encuentran dos comedias románticas separadas por veinte años, la clásica Jerry Maguire y la reciente Maggie’s Plan, dos formas muy distintas de abordar el género romántico que vienen a reflejar la sensibilidad y las tendencias cinematográficas de sus respectivas etapas. Y es que el tipo de rom-com que se hacía en los 90 ha dado paso a través de los años a una reinvención del género en la que la mujer ha ganado mucha más entidad, convirtiéndose en algo más que la clásica soñadora cuya meta en la vida es casarse con su príncipe azul. Menos mal.

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Jerry Maguire

Dirigida por Cameron Crowe (Casi famososVanilla SkyAloha), Jerry Maguire es una de las comedias románticas más exitosas de mediados de los 90. Esta película protagonizada por Tom Cruise cuando estaba en la cima de Hollywood logró lo que la mayoría de títulos del mismo género no solían conseguir, convertirse en una comedia romántica prestigiosa, aclamada por la crítica y nominada a numerosos galardones (entre ellos cinco premios de la Academia, que se dice pronto). Partiendo de una idea original de Crowe, Jerry Maguire venía disfrazada de película deportiva/drama profesional, pero en realidad se trataba de una rom-com clásica. Una jugada maestra pensada para atraer tanto al público potencial de una como de otra que surtió efecto y dio lugar a una de las películas más icónicas de su década.

En esta nueva edición en Blu-ray que conmemora el vigésimo aniversario del film, tenemos la oportunidad de reencontrarnos (o conocer por primera vez, si es una de esas películas que ha visto todo el mundo menos tú) a Jerry Maguire (Cruise), un agente deportivo en horas bajas, y Dorothy Boyd (Renée Zellweger), una tímida madre soltera que trabaja para él y con la que vivirá un apasionado romance. Tras perder su trabajo y a su novia (Kelly Preston) y ver cómo su carrera profesional y sus convicciones tocan fondo, Jerry hace lo posible por volver a la cresta de la ola con la ayuda de otra ex gloria, un jugador de fútbol interpretado por Cuba Gooding Jr., papel que le valió un Oscar a mejor actor secundario, y de Dorothy, con la que encuentra una nueva oportunidad para triunfar y ser feliz.

jerry-maguire-blu-rayJerry Maguire consagró a Cruise como galán cinematográfico moderno (años antes de que el mundo le cogiera manía) y convirtió a Zellweger en toda una revelación. La película destaca sobre todo por sus escenas cómicas y sus famosos diálogos, que pasaron automáticamente a formar parte de la cultura popular: “Tú me completas”, “Ayúdame a ayudarte” o la frase más famosa de la película, “Enséñame la pasta”. Pero después de dos décadas, lo mejor sigue siendo su emocionante final. La sempiterna escena propia de cualquier película romántica que se precie en la que uno de los protagonistas (en este caso Jerry) vuelve corriendo a los brazos de su pareja para declararle su amor, uno de los momentos más emotivos de la película, que termina con una de sus mejores frases: “Ya me tenías con el hola”.

Sobre el Blu-ray: La nueva edición de Jerry Maguire cuenta con una estupenda remasterización que conserva el grano original sin sacrificar nitidez y resalta los vivos colores de la película. Además, el disco incluye una tonelada de contenidos adicionales: Jerry Maguire: Nos volvemos a ver – Una retrospectiva de tres partes con nuevas entrevistas con Tom Cruise y Cameron Crowe, casi 60 minutos de escenas eliminadas y extendidas nunca vistas, galería de fotos, tráiler del cine, comentario visual de imagen en imagen con Tom Cruise, Renée Zellweger, Cuba Gooding Jr. y Cameron Crowe, escenas eliminadas con comentario del director y del montador, imágenes de los ensayos con comentario del director y del montador, “Mi primer anuncio” con Rod Tidwell, Drew Rosenhaus: como ser agente deportivo, vídeo musical “Secret Garden” de Bruce Springsteen y así se hizo.

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Maggie’s Plan

Final feliz. Fundido a negro. Rótulo: “20 años después”. Las cosas han cambiado mucho en el mundo, y por extensión, en el cine. Si Jerry Maguire era una comedia romántica contada principalmente desde el punto de vista masculino, en Maggie’s Plan es la mujer la que lleva las riendas de la historia en una película fresca y contemporánea que dirige Rebecca Miller (The Ballad of Jack and Rose) con un ojo puesto en la dramedia habitual de Sundance y otro en el cine urbano de Woody Allen.

Maggie (Greta Gerwig) es una neoyorquina sin suerte en el amor que un día decide que no quiere esperar más y se propone tener un hijo sola. Sin embargo, la misma noche que lleva a cabo la inseminación artificial, John (Ethan Hawke), un profesor de antropología y aspirante a novelista con el que ha entablado una bonita amistad, le declara su amor. Maggie, que también está enamorada de él, desecha su plan original para construir una vida en común, para lo que él debe abandonar a su mujer, Georgette (Julianne Moore), una ambiciosa académica. Pero en un giro inesperado, su relación con John no resulta como ella imaginaba, lo que le lleva a trazar un nuevo plan para solucionar su vida y la de él tratando de hacer el menor daño posible.

Si en Jerry Maguire teníamos a una madre soltera en busca de una figura paterna para su hijo, en Maggie’s Plan nos encontramos todo lo contrario, una mujer que decide tener un hijo ella sola y a priori no necesita que el hombre se involucre en sus vidas. Claro que, como la buena comedia de enredos que es, Maggie’s Plan da muchas vueltas a partir de esta premisa, convirtiéndose en una película tan divertida como sofisticada, un trabajo que flirtea con la screwball comedy a la vez que ofrece astutas observaciones sobre las relaciones que maggies-plan-blu-rayreflejan los cambios progresistas de los que hablábamos (por ejemplo, Maggie es amiga de un matrimonio, y quien la escucha y le da consejo sentimental paseando a su bebé en carrito es el marido, que además es su ex). Pero sin duda, lo mejor del film es su excelente reparto, una divertidísima Julianne Moore, un atinado Ethan Hawke, los habituales de la comedia USA Bill Hader y Maya Rudolph, y por encima de todos, la encantadora Greta GerwigMaggie’s Plan es Gerwig al 100%, por lo tanto, los que han disfrutado de sus películas anteriores (Frances HaMistress America) encontrarán en ella su mayor baza. Su carisma y sensibilidad convierten la película en un retrato inteligente y fresco de la vida en pareja, el trabajo, la maternidad y los sueños de futuro en la Gran Manzana. En definitiva, imprescindible para los fans de Greta Gerwig y el cine sobre jóvenes (y ya no tan jóvenes) navegando las difíciles aguas de la vida moderna.

Sobre el Blu-ray: Siendo una película de 2015, la calidad de imagen y sonido es tan buena como cabe esperar, aunque no es ese tipo de película que se luce por su apartado técnico o estético. Los contenidos adicionales incluyen: Comentario con la directora, Rebecca Miller, rueda de prensa en el festival de Sundance, así se hizo y tomas falsas.

Jerry MaguireMaggie’s Plan ya están a la venta en España. Sony Pictures Video también ha editado Maggie’s Plan en formato DVD.

Crítica: Aprendiz de gigoló

Aprendiz de gigoló

No nos debe extrañar si al ver el cartel español de Aprendiz de gigoló (Fading Gigolo) pensamos: “¿Ya ha pasado un año entero y tenemos película nueva de Woody Allen?” No solo porque este coprotagonice la cinta y aparezca tan destacado en el póster como su verdadero director, John Turturro, sino porque está diseñado precisamente para llamar la atención de los seguidores del prolífico realizador neoyorquino (incluso los nombres del reparto están impresos con la alleniana fuente EF Windsor Elongated). Sin embargo, por primera vez no se trata de una estrategia de márketing engañosa, sino que el propio Turturro da pie a ello al haber realizado muy conscientemente una película de Woody Allen en todos los sentidos.

Para su quinta película como director, Turturro cuenta no solo con la presencia escénica de Allen en un papel escrito para él, sino que este también le ha ayudado a refinar el guión (aunque no aparezca acreditado). Allen interpreta a Murray Schwartz, un librero de Brooklyn que se ve obligado a cerrar su negocio tras caer en quiebra. Cuando su dermatóloga -interpretada por la todavía übersexualizada Sharon Stone-, una mujer casada y hastiada en busca de nuevas experiencias, le cuenta que quiere hacer un ménage à trois con su amiga, Sofía Vergara (conversación que cualquiera podría tener con su dermatólogo, sin duda), Murray sugiere como tercero en discordia a su amigo florista Fioravante (Turturro), paradigma del hombre clásico, del “hombre de verdad”, naturalmente viril y caballeroso. A partir del éxito del primer encuentro (atención a Vergara mostrando una “cara” que no habíamos visto hasta ahora), Murray (ahora Dan Bongo) se convierte en el proxeneta de Fioravante, y ambos expanden su negocio por la ciudad, ofreciendo sus servicios a clientas adineradas.

fading_gigolo_-_posteTurturro explora los mismos temas que consolidaron el cine de Allen, concretamente los entresijos del judaísmo en la ciudad de Nueva York y cómo el hombre puede (o no puede) descifrar el enigma de la mujer. Para ello, Turturro propone un Brooklyn idealizado, un cálido barrio de vecinos del que se respira un inconfundible aroma a nostalgia y amor por la ciudad, aderezado sin embargo por una muy mal empleada banda sonora de jazz -ahí es donde podemos hablar directamente de pobre imitación. La sensibilidad de Fioravante es análoga a la de Turturro como director, inconscientemente tosca pero genuina. Sin embargo, el realizador no tiene nada realmente interesante que contarnos, y su película deambula constantemente en terrenos sentimentales que solo adquieren verdadera relevancia cuando la francesa Vanessa Paradis entra en escena como solitaria viuda hasídica que encuentra en Fioravante la presencia masculina que le ayudará a encontrar el camino tras la pérdida (sí, como leéis).

Aprendiz de gigoló es un fresco multicultural no exento de buenas intenciones en el que Turturro logra orquestar aislados buenos momentos de drama íntimo y comedia semi-paródica, aunque se desvíe rápidamente hacia lo anodino, e incluso lo chabacano -véase la secuencia del juicio de los rabinos ortodoxos a Avigal. La delicada interpretación de Paradis es, sorprendentemente, lo mejor de una película que funciona sobre todo gracias a la química de sus protagonistas -incluido el bruto tierno de Liev Schreiber-, pero que por lo demás no tiene nada que aportar en un universo de sobra explorado por Woody Allen.

Valoración: ★★★

El lobo de Wall Street: “¿Quién quiere vivir en el mundo normal?”

THE WOLF OF WALL STREET

Martin Scorsese desde luego que no. El cineasta neoyorquino siempre se ha caracterizado por su compromiso con la desmesura y la voluptuosidad cinematográfica, pero con su último trabajo, El lobo de Wall Street, se zambulle en la locura más depravada, lisérgica y bombástica de su carrera. La historia real del broker de Wall Street y orador motivacional Jordan R. Belfort, basada en su corrosiva autobiografía The Wolf of Wall Street, proporciona a Scorsese y a su actor fetiche, Leonardo DiCaprio, el material idóneo para hacer arte del exceso. El lobo de Wall Street es un ininterrumpido y descomunal delirio de tres horas de duración que se postula como uno de los viajes alucinantes y alucinados más memorables del cine reciente.

Scorsese posee una apabullante facilidad para crear imágenes y secuencias adrenalíticas que entran ipso facto en la memoria colectiva 1493279_798808363479432_1978092023_ncinéfila, y El lobo de Wall Street no es una excepción. Recordaremos para siempre a Jonah Hill masturbándose compulsivamente (con una prótesis genital) al ver a Margot Robbie por primera vez (cuántos haréis lo mismo en casa), a Leonardo DiCaprio esnifando cocaína del ano de una prostituta o la que es la secuencia más demencial de la película: Jordan Belfort volviendo del club de campo hasta las cejas de pastillas caducadas (si DiCaprio no merece un Oscar por esa escena, no sé en qué mundo vivimos). Sin embargo, lo más destacable no son estos puntos álgidos del metraje, sino cómo un Scorsese especialmente lúbrico y temerario se las arregla para mantener el ritmo en lo más alto de principio a fin, sin que su película pierda un ápice de energía en ningún momento, una hazaña al alcance de pocos.

El lobo de Wall Street es una experiencia cinematográfica trastornada, obscena y agotadora (en el mejor sentido). Una comedia (sí, comedia con mayúsculas, a pesar de su obviamente agrio y perturbador trasfondo) sobre el éxito a toda costa y el Darwinismo Social que busca la complicidad de un espectador despojado de prejuicios de cualquier clase -requisito indispensable para disfrutar de un relato franco y sin escrúpulos cuya amoralidad existe porque se presupone nuestra moralidad, y nuestra inteligencia. Parte Bret Easton Ellis, parte Judd Apatow, Terence Winter (guionista de Los Soprano y Boardwalk Empire) firma un libreto a la altura de las ambiciones artísticas de Scorsese, y lo hace alejándose del maniqueísmo sermoneador de Oliver Stone en Wall Street (1987).

El único problema es que Scorsese se entrega de tal manera al vicio y el salvajismo del mundo de Jordan Belfort que a menudo se olvida de lo que está contando y descuida cómo lo está contando (nada que no sepamos ya, forma antes que fondo y los imperdonables errores de continuidad que siempre empañan su cine). Pero como de costumbre, estas carencias se ven contrarrestadas por el sensacional trabajo de sus intérpretes. Un carismático Leonardo DiCaprio que merece más que nunca su anhelado Oscar, un feroz Jonah Hill que ha dado una vuelta de 180º a su carrera, y la gran revelación de la película: la intrépida australiana Margot Robbie, que consigue pisotear, desnuda y con tacones de aguja, el sexismo latente del film, y que hablemos de su impecable acento de Brooklyn incluso más que de sus tetas.

Valoración: ★★★★

30 Rock: We want to go to there.

Texto de David Lastra

 

THE BEGINNING OF THE END (s07e01): 2006-2013.

 

I hope my legacy is a Sesame Street-type TV show that promotes illiteracy in girls.

– Kenneth Parcell

 

“Todo tiene un final. Salvo la salchicha que tiene dos”. La sentencia de Erika Kohut nos sirve para convencernos de que el final de “30 Rock” es algo natural y, por qué no decirlo, necesario. Después de siete temporadas, no es que estuviese en su mejor momento, pero tampoco de capa caída. El desenlace de la serie viene determinado por la necesidad natural de toda producción de terminar. No debemos verlo como un drama (aunque duela). Ni tampoco clamar contra la NBC por el recorte del número de episodios de la última temporada. Nada dura eternamente. Es ley de vida. Algún día hasta no habrá ninguna franquicia de “Ley y orden” en la parrilla televisiva.

Poseedora de una de las cabeceras más espantosas jamás vistas, “30 Rock” ha logrado erigirse como una de las comedias más exitosas de los últimos tiempos, convirtiendo a su creadora Tina Fey en un icono televisivo (cuando no una semidiosa catódica). Hablamos de Emmys (14), Globos de Oro (6), crítica y (alguna que otra vez) cifras de audiencia. Siempre se señala como base de su éxito al equipo de guionistas y a la química entre sus protagonistas, pero esas dos características no crean una leyenda, hasta las series más horribles pueden cumplirlo (léase “The Big Bang Theory”).

 

 

JACK THE WRITER (s01e04): Creado por.

 

Listen up, Fives. A Ten is speaking.

– Jenna Maroney 

 

Puntualicemos entonces qué es lo que diferencia a “30 Rock” de sus coetáneas. Tenemos en la redacción de guiones a gran parte de la plana mayor de Saturday Night Live, factoría de genios de la comedia (y algún que otro horror, véase Fred Armisen), y a Tina Fey en particular. El humor de la serie bebe del ritmo de los sketches del citado late show. La balanza de lo estúpido y lo inteligente se inclinará más o menos hacia un lado u otro según episodios, pero lo que primará siempre será la rapidez. Si de algo nunca podremos culpar a un episodio de “30 Rock” es de lentitud. No hay ni un solo minuto que perder, no olvidemos que en esencia, esta serie no es nada más que la recreación de la preparación de “The Girlie Show with Tracy Jordan”, una parodia de SNL.

Considerar “30 Rock” como una comedia bruta y primaria parece un sacrilegio. Durante toda su andadura siempre ha sido tachada de elitista, excesivamente autorreferencial y con un nivel de exigencia alto para el espectador. Esa imagen ha sido, en gran parte, la causante de sus cifras de audiencia (además del hecho de que se haga lo que se haga en televisión nada sube, todo baja). Pero la realidad era algo completamente diferente. Nunca negaré la existencia en esta serie de humor inteligente (si es que existe un humor no-inteligente al que confrontarlo), pero lo que siempre ha primado ha sido el humor físico. “30 Rock” es la evolución perfecta del slapstick. Tina Fey ha sabido crear la nueva comedia televisiva volviendo a los orígenes de la misma.  Únicamente “Parks & Recreation” podría acercarse a ese tempo y a esa naturaleza cómica (no obstante tenemos a otros vástagos de SNL como Amy Poehler, Greg Daniels y Michael Schorr), sin olvidarnos de ese milagro de la estupidez de Rob McElhenney y sus gritones de “It’s Always Sunny in Philadelphia”.

 

 

DEALBREAKERS TALK SHOW #0001 (s04e07): y esto es “TGS with Tracy Jordan”.

 

You know how the media are. They wait for a mistake and that’s all you are. It happened to Hitler. No one ever talks about his paintings.

– Jack Donaghy

 

La química entre Jack Donaghy y Liz Lemon ha hecho correr ríos de tinta. Su relación mentor-alumno de siete años que les ha convertido en la pareja no sexual más tierna de la televisión (¿existe alguien que pueda ver su último encuentro y no llorar?). A todo esto no podemos olvidar su labor por separado. Debemos dar gracias por lo payasa que es Liz Lemon. Sus desnudos emocionales no son sino la base del exhibicionismo patético de los pezones de Hannah Horvath. Demos gracias al reparto de estas siete temporadas. Un compromiso artístico y sentimental que ha ido más allá de lo contractual (recordemos que Alec Baldwin  propuso un recorte de su sueldo con tal de tener una séptima temporada completa). Demos gracias a Jane Krakowski y a Tracy Morgan por la construcción de dos monstruos ególatras adorables como son Jenna Maroney y Tracy Jordan. Demos gracias al personaje de Kenneth Parcell por mostrarnos cómo nos comportaríamos ante nuestros ídolos. (Serve and protect… y todo lo que haga falta).

Nunca agradeceremos bastante a Tina Fey por haber recuperado a Alec Baldwin para la interpretación. La resurrección del actor de “La huída” a través de la televisión sirvió como ejercicio de dignificación de la pequeña pantalla provocando que las series dejasen de ser consideradas como un producto menor a evitar por parte de actores curtidos cinematográficamente. Este aspecto de recuperación/rehabilitación ha sido otro de los signos de identidad de 30 Rock. La serie ha servido al uso como una especie de clínica Betty Ford para gran parte de su reparto, reutilizando sus situaciones traumáticas reales en sus guiones. De esa manera, el alcoholismo de Alec Baldwin se vio reflejado en Jack, así como las declaraciones/bromas homofóbicas de Tracy Morgan se convirtieron en gags racistas del bocazas de su álter ego en la serie.

“30 Rock” se convirtió desde un primer momento en un carrusel de estrellas invitadas (siempre recordaremos a Isabella Rossellini como exmujer de Jack). Personalidades del mundo del cine, tanto consagradas (Julianne Moore, Matt Damon o Steve Buscemi) como popes de la comedia actual (Jason Sudeikis, Will Arnett, Kristen Wiig, Amy Poehler, Elizabeth Banks, Jerry Seinfeld, Julia Louis-Dreyfus o Jon Hamm) y next best things (Kristen Schaal o Chloë Grace Moretz). Es una verdadera locura el repasar el plantel de colaboraciones de la serie. Caso aparte queda el homenaje a un animal cómico como es Elaine Stritch en el papel de Colleen Donaghy (me emociono recordando su última aparición).

 

 

LAST LUNCH (s07e13): La comida, por Tina Fey.

 

Can I share with you my worldview? All of humankind has one thing in common: the sandwich. I relieve that all anyone wants in this life is to sit in peace and eat a sandwich.

– Liz Lemon

 

Esta serie está considerada como una oda al estilo neoyorquino, como en su día fueron “Sexo en Nueva York” o “Friends” y ahora “Cómo conocí a vuestra madre” y “Girls”. Realmente esa afirmación es una verdad a medias. A los habitantes del Top of the Rock no les interesan los infrahumanos horarios de la capital, las relaciones sociales vacías o los últimos modelitos o tendencias. Ellos están en una especie de tiempo detenido (salvo para reflejar las novedades políticas) en el que lo único que importa es la comida. Ese es el gran tema de la serie: la gastronomía de la Gran Manzana (No confundir con Brooklyn, I’m 37, please don’t make me go to Brooklyn). Tina Fey convierte a Liz Lemon en una adoradora sectaria de los manjares neoyorquinos (seguramente este sea el aspecto en el que más coincidan creadora y creación).

Nueva York es el centro del universo porque es allí y en ningún otro sitio donde se juntan todas las comidas del mundo para dar lugar al mayor espectro de comida basura existente. Durante siete temporadas hemos visto a Liz Lemon babear (cuando no tener sueños húmedos) por pizzas chorreantes (May I please speak to pizza?), jamones gigantes, perritos calientes, bocatas interminables, orgías de queso y manta en el sofá (Thanks, it’s my own recipe. I use cheddar cheese instead of water), donuts, Doritos (Sabor a soledad, por supuesto) y cupcakes (Cupcake sandwich FTW). No obstante, para la historia de la televisión siempre quedará la frase I’m gonna talk to some food about this”. Tampoco es casual que el último episodio lleve el título de “Last Lunch”, y que una de las tramas secundarias del mismo es la discusión del equipo de guionistas sobre a qué restaurante pedir la última cena.

“30 Rock” es neoyorquina porque no hay nada más neoyorquino que la comida basura. La verdadera efigie de Nueva York no es la Estatua de la Libertad o el Empire State Building, sino el carrito de perritos calientes o el café con rosquilla.

 

 

GOODBYE, MY FRIEND (s03e13): El día después.

 

You are my heroine! And by heroine I mean lady hero. I don’t want to inject you and listen to jazz.

– Liz Lemon

 

El mayor miedo que provoca el final de la serie es la sensación de ausencia, del “¿y ahora qué?”. El horror del día después. Esa misma sensación que experimenta Jenna ante el adiós de su bien más preciado en el último episodio. Una despedida irreversible, después de “Last Lunch” todo ha cambiado. Después de “30 Rock” nada volverá a ser lo de siempre. ¿Nuestras vidas se convertirán en un drama? Realmente ya lo eran, pero Liz & Jack nos ayudaban a sobrellevarlo. ¿La televisión será peor? No sabemos lo que nos deparará la caja tonta, pero siempre nos quedará el retorno de “Arrested Development”, todo lo que toque Lena Dunham… y los próximos  proyectos de Tina Fey. Ahora más que nunca, no confundamos al personaje con el actor. Una cosa es el final de Liz Lemon y otra muy diferente es que Tina Fey vaya a desaparecer. Se abre un esperanzador horizonte. Un abanico de posibilidades que va desde el cine (esperemos que con más suerte que en la mayor parte de sus incursiones hasta la fecha), el retorno a la pequeña pantalla y hasta Broadway (Tina, te tomo la palabra con el proyecto de “Mean Girls. The Musical”).

Hasta siempre, Liz Lemon. Bienvenida, Tina Fey.