Mandy: El viaje lisérgico de Nicolas Cage

Hasta hace aproximadamente una década, Nicolas Cage era uno de los actores más populares y ubicuos del mainstream, pero tanto su carrera como su imagen pública se han ido transformando en algo inclasificable. Ya es un tópico, pero Nicolas Cage se ha convertido en un género en sí mismo. Excéntrico y autoconsciente en la elección de sus proyectos más recientes, el actor se ha labrado su reputación como icono del cine raro, resultando en un renacimiento artístico muy distinto al de Liam Neeson o Keanu Reeves, que se han reinventado como héroes de acción.

Cage ha abrazado al público del fantástico y la serie B con los brazos abiertos, potenciando así su naturaleza de personaje extravagante, cuya mera presencia ya desata vítores enfervorizados entre los aficionados al cine de género. Tras el desvarío irreverente y violento de Mom and Dad, a nueva Era Cage alcanza su máxima expresión con Mandy, de Panos Cosmatos, una auténtica experiencia sensorial que ha recibido el beneplácito más entusiasta por parte de la crítica y los fans del cine fantástico.

La historia gira en torno a Red Miller (Cage), un leñador que vive alejado de la civilización en medio del bosque junto a su mujer, Mandy (Andrea Riseborough). Su apacible existencia se ve interrumpida por la llegada de una secta ambulante, cuyo líder desarrolla una obsesión insana con Mandy. Dispuesto a hacerse con ella, él y su “familia” invocan a una banda de motoristas del infierno para raptarla. Es entonces cuando Red decidirá enfrentarse a la secta y sus secuaces demoníacos armándose hasta las cejas, para a continuación sumirse en una espiral de sangrienta venganza de la que no estará dispuesto a salir hasta acabar por completo con sus enemigos.

Mandy es dos películas en una. La primera mitad se podría describir como una tensa y alucinógena cinta de terror sobrenatural, mientras que la segunda se transforma en un thriller ultraviolento de venganza. Ambas partes juntas conforman la definición de “película de medianoche“, una pesadilla febril, intensa, extraña con espíritu heavy metal y un Nicolas Cage desatado en su recta final, en la que Cosmatos sube el volumen tanto de la acción como del humor. El resultado es una película que parece directamente sacada de un videoclub de los 80.

Lo más destacable de Mandy es sin duda su envolvente e inquietante atmósfera, que sume al espectador en un estado onírico del que se sale a golpe de motosierra. En este sentido juega un papel esencial la brillante banda sonora del tristemente fallecido Jóhann Jóhannsson (Sicario, La llegada), que crea un estado de ánimo permanente subrayando la intensidad y el desconcierto de lo que estamos viendo en pantalla. También marca un ritmo muy pausado, que puede volverse bastante pesado, sobre todo durante el primer acto.

Llegados al clímax de Mandy, el Nicolas Cage más loco y desenfrenado se ha hecho con la película, para descender a los infiernos bautizado en sangre. Aquí es donde Cosmatos descansa demasiado en el chiste fácil que la sola presencia del actor en su faceta más desquiciada proporciona. “Mira, Nicolas Cage ha cogido una sierra mecánica”, “Mira, Nicolas Cage se ha encendido un cigarro con ese cadáver en llamas”, “Mira, Nicolas Cage ha empuñado una espada legendaria“. Tiene su gracia, claro, pero no tanto mérito. Al final, Mandy se convierte en un festival violento de one-liners que opta por lo predecible. Es impactante, turbadora, delirante… hasta que decide darle al público justo lo que se espera de una película de Nicolas Cage.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crónica del Festival Internacional de Cine Fantástico Nocturna 2017: Parte 3 y palmarés

quien-puede-matar-a-un-nin%cc%83o

Por Daniel Andréu

La jornada del jueves la inauguraron Caye Casas y Albert Pintó haciendo doblete. Presentaron el cortometraje RIP y el largo Matar a Dios, ambos con un estilo muy marcado y similar de comedia negra con toques fantásticos. El primero muestra a una viuda más preocupada en que el funeral de su marido sea un gran acontecimiento que en recuperarle. En el segundo, cuatro personas que pasan una noche en una casa rural familiar, reciben la visita del mismísimo Dios y el peso de decidir qué dos únicas personas quedarán vivas en el planeta tras la aniquilación de la raza humana al amanecer. Los dos títulos exhiben un buen hacer tanto en el apartado técnico como en las interpretaciones, además de un guion con unos diálogos muy ágiles que podrían ser perfectamente obras teatrales. Historias así son las que haría Alex de la Iglesia hoy día si estuviera en un momento más inspirado.

Otra laguna cubierta en mi historial cinéfilo gracias a este festival fue Phantasm (Don Coscarelli, 1979), en la que unos hermanos se ven amenazados por unos extraños seres enanos y un misterioso hombre alto en las inmediaciones de un cementerio. Tuvimos la suerte de disfrutar de la presentación del propio director y de una copia recién restaurada. No hay duda de por qué se ha convertido en una cinta de culto con los años, pero su irregularidad hace pensar que podía haber sido aun mejor, ya que no se aprovecha al máximo el increíble potencial visual e imaginativo que demuestra en las secuencias más fantásticas.

mom-and-dad

Tras la gala de clausura, en la que además de entregarse los premios se rindió homenaje a la adorable Caroline Munro y al mítico Jack Taylor (ambos derrochando encanto y ofreciendo momentos preciosos), se proyectó Mom and Dad (Brian Taylor, 2017). Curioso que se programara justo un día antes de ¿Quién puede matar a un niño? (Narciso Ibáñez Serrador, 1976), ya que funciona como su reverso moderno e histérico. Si en el clásico de Chicho los niños mataban a los mayores, en este nuevo trabajo de uno de los directores de Crank (Mark Neveldine y Brian Taylor, 2006) una extraña ola de violencia provoca que todos los padres quieran asesinar a sus propios hijos. Con el mismo estilo directo, nervioso, violento y muy físico en la dirección, se construye una película frenética que no se para ni un momento en innecesarias explicaciones y que ofrece mucho humor y momentos absurdos tremendamente divertidos. Hay que aplaudir que Nicolas Cage con esta película haya abrazado totalmente el icono pop en el que se ha convertido y no pare de reírse de sí mismo, dando lugar a los momentos más hilarantes de la película.

La segunda y última sesión golfa de este Nocturna 2017 vino de la mano de Another WolfCop (Lowell Dean, 2017), segunda parte de una saga que promete alargarse mientras pueda y que cuenta las “aventuras” de un policía hombre lobo, alcohólico y mujeriego. Perfecta para estas horas y este festival, nos ofrece mucho humor, mucho absurdo, mucha violencia y muchos efectos especiales caseros, pero ojalá fuera tan divertida como pretende.

El último día del festival dio comienzo con la premiere europea de Pilgrimage (Brendan Muldowney, 2016), cinta que se desarrolla en la Irlanda de 1209 y cuenta las aventuras de un grupo de monjes que custodian una valiosa y sagrada reliquia en su camino hacia Roma. Lo más interesante de esta película es asistir a los dilemas y las violentas situaciones provocadas por la fe y la iglesia, porque ni siquiera la presencia de dos estrellas internacionales como Jon Bernthal y Tom Holland consigue elevarla por encima de la media.

pilgrimage

Con ¿Quién puede matar a un niño? (Narciso Ibáñez Serrador, 1976) llegó el gran momento que muchísimos estábamos esperando, ver la obra maestra del terror patrio en pantalla grande. Esta historia de dos turistas que se van a una isla española para huir del ruido de las fiestas veraniegas y se encuentran con que misteriosamente no hay ni rastro de personas adultas, no solo no ha perdido con los años, sino que cada vez es mejor. Chicho pasó en el cine del terror oscuro y en espacios cerrados de La residencia (1969) a todo lo contrario, una isla pequeña pero totalmente al aire y a pleno sol. Solo él podía conseguir que un escenario así multiplicara la opresión y a tensión hasta el infinito, ya que maneja magistralmente el ritmo y el goteo de información, ahorrándose cualquier explicación sobre lo que está pasando para elevar el misterio. Vuelve a demostrar que su intención es tratar con el mayor de los cariños al género y que lo que pretende es hacer arte, ya que las imágenes que crea y la forma de mover la cámara son únicas. Por supuesto el conjunto no sería tan poderoso sin el increíble papel de todos y cada uno de los niños, tanto por separado como cuando van en grupo. Puede parecer fácil o simple, pero la intensidad de sus interpretaciones es inaudita.

Para cerrar la edición de este año se volvió a proyectar Dhogs (Andrés Goteira, 2017), la gran triunfadora con el premio a mejor dirección y a mejor interpretación masculina. Como las buenas obras, mejora con cada visionado, y es muy recomendable volver a visitarla para sacar nuevos matices. Los buenos momentos no se han limitado a Dhogs y a los clásicos que eran un valor seguro, el nivel de esta edición ha sido muy alto y ha tenido una selección de títulos variada y arriesgada, fruto de un excelente trabajo, así que esto no hace más que desear que pase rápido el tiempo para que llegue la edición de 2018. Os dejo con el palmarés completo:

– Premio Nocturna Madrid “Paul Naschy” a la mejor película de la Sección Oficial Fantástico: Dhogs, de Andrés Goteira.

– Premio Nocturna Madrid a la mejor dirección: Coralie Fargeat, por Revenge.

– Premio Nocturna Madrid “Vincent Price” a la mejor interpretación masculina: Carlos Blanco, por Dhogs.

– Premio Nocturna Madrid a la mejor interpretación femenina: Matilda Lutz, Por Revenge.

– Premio Nocturna Madrid al mejor guión: Chris Lee y Hill Tyler Macintyre, por Tragedy Girls.

– Premio Nocturna Madrid a los mejores efectos especiales: Les affamés.

– Premio Nocturna Madrid del público a la mejor película: Bajo la rosa, de Josué Ramos.

– Premio Nocturna Madrid al mejor corto nacional: Marta no viene a cenar, de Macarena Astorga.

– Premio Nocturna Madrid al mejor corto internacional: Keep Out of Children’s Reach, de Gustavo Sánchez.

– Premio Canal Dark a la mejor película de la sección Dark Visions: The Night Watchmen, de Mitchell Altieri.

– Premio Blogos de Oro: Revenge, de Coralie Fargeat.

Crítica: Snowden

snowden-1

“El libro es mejor que la película” es una frase hecha que desde hace décadas se usa como verdad categórica y universal, con contadas excepciones. En los últimos años podemos añadir la variante: “El documental es mejor que la película”. No es (necesariamente) una afirmación gafapasta, y no tiene por qué ser siempre así, por supuesto, pero es una manera de reconocer la poca falta que hace a veces una obra de ficción para hacer llegar una historia que una de no-ficción ya ha contado perfectamente, y además muy recientemente. Joseph Gordon-Levitt sabe mucho de esto, ya que hace poco protagonizó El desafío (The Walk), espectáculo cinemático en 3D que nos hablaba del funambulista Philippe Petit, el mismo sujeto del documental Man on Wire, y ahora encabeza el reparto de Snowden, biopic sobre la extraordinaria figura de Edward Snowden, que ya nos conmocionó en la también oscarizada CitizenFour.

Oliver Stone (Platoon, Asesinos natos) narra la impactante historia de Snowden, el hombre que desveló los documentos del programa de vigilancia mundial secreto de la NSA abrió los ojos del mundo, renunciando a su carrera, a su novia y a su patria, es decir, entregando a cambio la posibilidad de vivir una vida normal. Para ello, el veterano director dramatiza los hechos dándoles la forma de un thriller dramático accesible para el gran público, una aproximación tradicional y mainstream a un tema demasiado complejo como para que los meros mortales alcancemos a comprender todas las implicaciones a su alrededor. Stone parte precisamente de lo que vemos en CitizenFour, recreando las reuniones secretas en Hong Kong de Snowden con la documentalista Laura Poitras (Melissa Leo) y los reporteros que le ayudaron a hacer público el caso. A partir de ahí, Snowden reconstruye lo que en el documental solo se nos contaba de palabra, narrándonos los orígenes del personaje, su paso por el Ejército, por la CIA y la NSA, y haciendo especial hincapié en la relación de Edward con su novia, Lindsay Mills (Shailene Woodley).

De este modo, Snowden trata de distanciarse del documental con el que será inevitablemente comparada, recreando no solo los hechos, sino los conflictos emocionales que hay detrás, el drama humano que rodea al personaje, caracterizado como el gran héroe americano moderno. Sin embargo, este tratamiento convencional, por justificado que esté, hace precisamente que la película se quede en la superficie, que se conforme con ser un biopic sin apenas riesgo, sin la tensión, la paranoia o incluso el terror que en CitizenFour nos hacía ir corriendo a tapar nuestra webcamSnowden carece de esa cualidad trascendental, vigente y urgente, del poder de removernos por dentro y hacer que nos replanteemos todo. Paradójicamente, Stone ha realizado un film sobre un tema de gran actualidad, que nos sigue afectando, que ha cambiado la percepción de muchos sobre Internet y el mundo, pero que da la sensación de ser un thriller tecnológico anticuado, una película sobre algo que ocurrió en los 90.

snowden

Afortunadamente, la cinta gana empaque gracias a un reparto estelar (Melissa Leo, Nicolas Cage, Tom Wilkinson, Zachary Quinto, Scott Eastwood, Rhys Ifans), encabezado por un inspirado Gordon-Levitt (en estos momentos, junto a Jake Gyllenhaal, el actor que más trabaja pensando en el Oscar), que lleva a cabo una estupenda labor de mímesis con el verdadero Edward Snowden, transformando su voz y gesticulación de manera que, aunque al principio no se pueda evitar la sensación de artificio o parodia, nos lo acabamos creyendo. Sin desmerecer a Shailene Woodley, que aporta el contrapunto dramático perfecto al personaje.

No obstante, esto no es suficiente para convertirla en una película memorable o pertinente. Y ese es su mayor fallo, contar algo tan sobrecogedor de manera tan poco provocadora, tan ordinaria. Snowden es un thriller correcto, distraído, bien realizado, pero quizá no era eso lo que la historia requería, sino algo más comprometido, algo que ahondase más en el “personaje” de Snowden, desprovisto aquí de cualidades que sí percibíamos en CitizenFour (como su narcisismo, el mismo que SPOILER le lleva a aparecer al final de la película FIN DEL SPOILER), para convertirlo en el simple protagonista del biopic hollywoodiense de turno.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Tokarev: La peor película de 2014 (por ahora)

Tokarev Cage

Vayamos al grano: Durante esta primera mitad de 2014 hemos visto cosas como Hércules: El origen de la leyenda, Yo Frankenstein, 300: El origen de un imperioCuento de invierno, todas fuertes candidatas a Peor Película de 2014. Sin embargo, ya podemos detener (por ahora) esta siempre divertida búsqueda del estreno más infame del año gracias a Tokarev, también conocida como Rage, que supone el debut en Estados Unidos del director sevillano Paco Cabezas (guionista entre otras de Sexykiller y Spanish Movie, y realizador de la justamente ignorada Carne de neón). Sin duda lo peor de lo que llevamos de año, y muy difícilmente superable.

Tokarev es un thriller de venganza protagonizado por Nicolas Cage (seguramente ya no hace falta decir nada más, pero sigo), que interpreta a Paul Maguire, un exitoso hombre de negocios con un pasado oscuro como el gángster más letal e implacable de la zona. Habiendo dejado atrás su vida como asesino, Paul vive una aparentemente apacible existencia suburbana junto a su mujer, Vanessa (Rachel Nichols), y su hija adolescente. Pero cuando la tragedia se cierne sobre él, Paul no tiene más remedio que retornar a la vida criminal en busca de respuestas, lo que le llevará a enfrentarse a sus propios fantasmas mientras reparte mamporros a todo el que se le ponga por delante y agujerea escoria rusa.

A grandes rasgos suena al argumento intercambiable de cualquier película protagonizada por Jason Statham. Y esa era seguramente la intención de su director, realizar una cinta de acción testosterónica que funcionase como vehículo de lucimiento para un Nicolas Cage en horas bajísimas. Tokarev es como un intento desesperado por parte del actor de demostrar que es capaz de llevar su carrera por los mismos derroteros que otras action stars de cincuenta para arriba, y recuperar así un poco del esplendor que vivió en los 90 gracias a films como Con Air Cara a cara. Sin embargo, el esfuerzo es en vano, y después de este despropósito, da la sensación de que solo la senda de la autoparodia podría reencauzar su carrera.

Porque Cage no es que esté mal en Tokarev, es que está para autoexiliarse. Física y expresivamente agarrotado (sí, más que de costumbre), interpretativamente inerte, y totalmente descontrolado en las escenas dramáticas, donde sus gritos histéricos bien hacen merecer una categoría para él solo en los Razzie -culpa en parte de Cabezas, claro. Y lo peor de todo, su pelo. Esos injertos a la altura de su interpretación, igual de incómodos de mirar que su stalloniana boca, una “cabellera” almidonada con vida propia -a lo Snake de Los Simpson- que parece pegada con velcro y que se lleva inevitablemente toda nuestra atención, como si fuera un agujero negro que se lo traga todo. Increíble.

Tokarev Cage Nichols

Sin embargo, y aunque parezca mentira, lo que más duele de Tokarev no es Cage, que al final lo que da es hasta lástima, y esto no hace más que alimentar su leyenda (como diría Abed Nadir: “Nicolas Cage: ¿El peor o el mejor actor de la historia?“). Cage es sin duda un género en sí mismo, príncipe de la caspa y la extravagancia, un señor meme. Pero como decía, él no es lo peor de la película. Lo peor es todo lo demás. La ineptitud de Cabezas para dirigir a sus actores (los deja solos y se desbordan), y sobre todo para filmar las escenas de combates y persecuciones en coche (de las peores que he visto, cercanas a la serie B). El inacabado montaje, que parece haberse dejado escenas enteras en la sala de edición. La horrorosa banda sonora que parece sacada de un banco de música libre de derechos. Los personajes insultantemente simplones (especialmente esos adolescentes de pega). El absoluto sinsentido de una historia que no hay por dónde cogerla en ningún momento, y que está construida a base de clichés gastadísimos e incongruencias para parar un tren.

Y sobre todo, sobre todo, el deplorable uso de estereotipos raciales -en la traducción al castellano se pierde en gran chiste de Danny Glover: “Su lista de antecedentes es más larga que mi polla”-, y el asqueroso halo de machismo que cubre la película de principio a fin. Y no estamos hablando de un sexismo como podríamos encontrar en el cine de Tarantino, es decir, autoconsciente, irónico, de denuncia. Sino de un machismo de raíz (algo que ya vimos en Carne de neón) que sostiene un universo retrógrado, esencialmente masculino, en el que las mujeres solo pueden ocupar el rol pasivo de esposa, víctima o prostituta. En Tokarev llegamos a oír cosas como “El cometido del hombre es proteger a la mujer”, y a presenciar un repugnante acto de violencia del protagonista contra su esposa, con el que le recuerda (textualmente) que está con él porque disfruta de la sumisión y le pone que su marido sea un bruto asesino. Todo envuelto en una capa de seriedad y autoconvencimiento que hace descartar cualquier segunda lectura, y que nos quedemos solo con la literal. Esa es la visión del mundo que presenta Tokarev, una que no encuentra justificación ni siquiera contextualizándola en este universo cinematográfico de machos alfa. Como diría Cate Blanchett, que el mundo es redondo, señores.

Valoración: 0

Community 2.0

Lo de Community no es normal. Cuando una serie pasa por lo que ha pasado la comedia de culto de NBC, lo más lógico es que no haya marcha atrás y se acabe hundiendo (lo que le está pasando a Raising Hope). La cadena despidió a su creador y showrunner, Dan Harmon, después de una sonada pelea con Chevy Chase, y lo sustituyó por dos guionistas, David Guarascio y Moses Port. Tras el fracaso artístico (en índices de audiencia no bajó demasiado, sorprendentemente) que supuso la cuarta temporada, Guarascio y Port lo dieron por imposible y renunciaron al puesto. Exceptuando un par de episodios más o menos a la altura de lo que esperamos de nuestra Community (“Conventions of Time and Space”, “Herstory of Dance”), los dos showrunners desempeñaron su trabajo desde el ángulo erróneo: en lugar de dejar que la serie evolucionase bajo su tutela y encontrase una nueva voz, se empeñaron en clonar la Community de Dan Harmon.

CommunityEl resultado fue una pobre imitación en la que todo resultaba forzado, caricaturesco y vacío. Nosotros les agradecemos el esfuerzo de corazón. La verdad es que se enfrascaban en una batalla ya perdida y aún así le pusieron empeño. Pero el triunfal regreso de Community en 2014 ha demostrado que Community sin Dan Harmon no es Community. Es… la cuarta temporada de Community. Con la mosca cojonera de Chevy Chase fuera de la ecuación, Harmon recupera la custodia de su niña y vuelve para reestablecer el orden (o el dulce caos) en su serie. Borrón y cuenta nueva (y changnesia selectiva para no acordarnos de la cuarta). Ya era hora de que los de Sony se dieran cuenta de que con esta serie, y aunque nos duela en el fondo, es mejor perder a una de sus estrellas que a la persona que hace que funcione (y digo esto preparando ya los kleenex para cuando Donald Glover desaparezca). Community nunca ha sido normal, nunca ha querido ser normal, y su accidentada trayectoria, muerte y resurgimiento de las cenizas es prueba de ello.

Ya hemos visto tres episodios de la quinta temporada de Community, y a pesar de unos cuantos peros, el balance es positivo. Damos la bienvenida a Community 2.0. No es exactamente una nueva serie, pero sí es un nuevo comienzo. Community vuelve a ser la obra de un excéntrico autor que yerra tanto como acierta, un experimento televisivo autoindulgente que en lugar de alienar a sus espectadores, los abraza y los pellizca. Harmon ha vuelto, y con él regresan las almas de sus personajes, después de pasar un año en el limbo dejando a los Greendale Seven como carcasas vacías. Estamos a un paso de conseguir lo que creíamos que era una utopía: el #sixseasonsandamovie. A continuación os dejo con una breve opinión de los tres episodios de la quinta temporada emitidos hasta la fecha:

Community - Season 5

5.01 “Repilot”

Con “Repilot“, Harmon lleva a cabo un ejercicio de deconstrucción, casi de destrucción, necesario para seguir adelante. No es que ignore todo lo ocurrido en la cuarta temporada (afortunadamente sí hace como si lo de Britta y Troy nunca hubiese pasado), pero se da prisa en quitárselo de en medio para no subyugar la nueva temporada a las consecuencias de la anterior. Hay continuidad, desde luego, pero Harmon se queda con lo que le conviene, atribuye los errores y salidas de tono del año pasado a “un escape de gas” (a partir de ahora, la cuarta temporada es oficialmente el “Gas Leak Year”) y se evita más de un problema dando un considerable salto hacia delante en el tiempo.

“Repilot” plantea una versión más oscura y deprimente de Community. Es incluso peor que la Darkest Timeline: los protagonistas se graduaron, se separaron (lógicamente) y ahora tienen trabajos por debajo de sus expectativas (¿qué esperaban?) o miran la vida pasar. Al igual que en el piloto de 2009, Jeff los vuelve a juntar (y al igual que en 2009, ese no es su principal propósito). El plan de Jeff y el desarrollo del episodio es algo confuso, pero lo que importa es el resultado: los Greendale 7, ahora Greendale 6, vuelven al campus, vuelven a estar juntos, que es como deben estar siempre. Por supuesto, “Repilot” no escatima en metarreferencias (Abed y Scrubs) y la autorreflexividad vuelve a ser usada correctamente, como en la brillante escena en la que Jeff se pregunta qué ha pasado para que Britta pase de ser una guerrillera a la tonta del grupo o para que la personalidad de Troy haya sido absorbida por Abed. No confundamos esto con un golpe bajo a la cuarta temporada (para eso ya está lo del Gas Leak Year o lo de “No haberos gastado tanto en efectos”). El problema viene de mucho antes, y esto es un mea culpa de Harmon en toda regla. Que el grupo queme la mesa de estudio (aunque sea accidentalmente) y creen juntos una nueva es el gesto definitivo. La nueva vieja Community ya está aquí. Cómo echaba de menos reírme con esta serie: “That’s like me blaming owls for how much I suck at analogies.” Eso.

Community Introduction to Teaching

5.02 “Introduction to Teaching”

Y si “Repilot” incendiaba y destruía Community, en “Introduction to Teaching” asistimos al verdadero resurgir del Ave Fénix. El segundo capítulo de la temporada es un episodio modelo. Después del replanteamiento del anterior, las cosas vuelven a la (a)normalidad en Greendale, mientras los personajes se ajustan a sus nuevos papeles. Sobre todo Jeff, ahora profesor de Derecho en el campus. La sala de estudio vuelve a ser la misma de siempre. Con alguna que otra variación: Jeff ya no está al mismo nivel que sus compañeros académicamente hablando (nuevo escenario: la sala de profesores), Pierce no está, Hickey (Jonathan Banks básicamente interpretando de nuevo a su Mike Ehrmantraut de Breaking Bad) lo sustituye oficialmente, y lo más importante, la Mesa Mark II. Lo que no ha cambiado nunca es Chang, que vuelve a ser profesor. Siempre igual de grande, maneje los hilos del personaje quien los maneje (probablemente Ken Jeong en todo momento).

En “Introduction to Teaching” regresan los elementos más icónicos de Community, incluidos los gritos de Garrett y el Pop Pop! de Magnitude. Y la ausencia de Pierce, más que con la presencia de Hickey (personaje aburrido que habrá que dejar evolucionar como a los demás, supongo), se compensa sobradamente dando énfasis a los personajes de reparto y elevando a nuestro adorado Dean Pelton a fijo (aunque la única diferencia por ahora esté en los créditos iniciales, porque fijo ha sido siempre). Lo dicho, “Introduction to Teaching” es Classic Community. No hay duda cuando vemos la escena de la revuelta por la conspiración de los “menos” en las notas o cuando vemos a Abed intentando averiguar si Nicolas Cage es un buen o mal actor en una de las clases más geniales que hemos visto en Community. Danny Pudi ofrece en este episodio una de sus mejores interpretaciones de la serie. Et tu Brute!

Community - Season 5

5.03 “Basic Intergluteal Numismatics”

Pero entonces llega “Basic Intergluteal Numismatics” y se nos trastocan un poco los esquemas. El tercer episodio también tiene ese inconfundible aroma a la Community clásica, pero le falta algo de chispa. Aunque en realidad esa es la idea: el capítulo es una parodia de las películas de David Fincher, Red Dragon (los créditos homenajean a los de la película de Brett Ratner), los procedimentales de CBS y series como The Killing, una investigación criminal de mano de dos agentes, Jeff y Annie (oportunidad para seguir explotando su ya absurda TSNR – ¡O los lías o los dejas tranquilos, pero haz algo ya!). El mayor acierto de “Basic Integluteal Numismatics” (parecido a aquel “Basic Lupine Urology”, el de la batata de la 3ª temporada) es no ceñirse a un referente y parodiarlo de principio a fin, sino crear una historia partiendo de los lugares comunes que se repiten en películas como Se7en o Zodiac y series como Caso abierto. Así, los estudiantes de Greendale se enfrentan a un malhechor que los tiene aterrorizados metiéndoles monedas en la raja del culo cuando se agachan. El episodio es técnicamente brillante y sobresaliente como parodia, pero llega demasiado pronto y nos hace temer otra temporada cargada de capítulos ambiciosos (high-concept, que los llaman por ahí) que hagan que la serie vuelva a perder un poco el norte. ¿No sería mejor centrarse un poco más en los personajes, que acaban de tirar cinco años de su vida para invertir en otros cuatro, antes de ponerse con este tipo de capítulos?

Por último, “Basic Intergluteal Numismatics” supone el reset definitivo de la serie, y se nota en la agitación del reparto. Nos enteramos de qué ha pasado con Pierce (el holograma de “Repilot” no nos desvelaba cuál había sido su destino) en una escena cruda y desarmante que nos pilla desprevenidos, y recuperamos al profesor Duncan (genial John Oliver) y a Starburns, que no estaba muerto, estaba viviendo en el establo de Greendale (“¡¿Tenemos establo?!”). Por otro lado, Troy ha sido una presencia ausente en estos primeros episodios de la temporada, lo que nos hace pensar que nos están preparando para su marcha (esperamos no definitiva), o sea, que nos están intentando demostrar que la serie también puede funcionar sin él. Su ausencia será mucho más trágica que la de Pierce (sobre todo porque Abed se queda sin su otra mitad), pero si algo me ha enseñado ser fan de esta serie es a confiar ciegamente en ese loco gilipollas que es Dan Harmon.

Crítica: Los Croods, una aventura prehistórica

De la factoría Dreamworks (y por primera vez en colaboración con 20th Century Fox) nos llega otra aventura endiablada de esas que están medidas hasta el más mínimo detalle para que tanto niños como adultos puedan disfrutarla y la taquilla así lo refleje. Los Croods, como bien indica su subtítulo español, es una aventura prehistórica de ritmo vertiginoso sobre una familia de cavernícolas que viven ocultos en una cueva, regidos por las estrictas normas del patriarca (voz original de Nicolas Cage), y con la formación de los continentes como telón de fondo. La joven Eep (Emma Stone haciendo de nuevo de Emma Stone) es la hija mayor, una inquieta y curiosa muchacha que se niega a vivir condicionada por el miedo a lo desconocido que obsesiona a su padre. Eep es en esencia una “princesa” clásica de animación, es más, el parecido con la Merida de Brave y con la Ariel de La Sirenita no se detiene en el frondoso cabello pelirrojo.

Los Croods posee esa cualidad de atracción de parque temático de la que ya pocas películas dirigidas al público infantil prescinden (el 3D mató el cine para niños). La vigorosamente animada secuencia inicial -después de unos títulos de créditos magníficos– es toda una declaración de intenciones, y desde ese momento hasta el final, Los Croods parece transcurrir a contrarreloj. Un imprescindible pero aburrido slapstick se alterna con gags más afortunados (Eep sintiéndose halagada cuando le llaman gorda; bravo) e instantes emotivos de esos que Pixar ha perfeccionado a lo largo de los años. La dinámica padre-hija es el núcleo de la película, y el viaje de auto-conocimiento en el que se embarca Grug gracias a Eep acaba dando buenos momentos. Sin embargo, tanto lo hiperactivo como lo entrañable de la película se ve contrarrestado por un discurso manido y, peor aun, explicado hasta la saciedad una escena detrás de otra.

Estamos ante una de esas películas que tratan al niño como a un ser menos inteligente de lo que es. Al que, en teoría, es necesario recordarle cada dos minutos el mensaje de la película. No resulta tan insultante como en otras sagas de animación de cuyo nombre no quiero acordarme, pero hace que, al final, Los Croods esté por debajo de las mejores propuestas de la compañía -aunque muy por encima de otras- por apostar demasiado sobre seguro.

Y hablando de las mejores películas de Dreamworks, uno de los dos directores de Los Croods es Chris Sanders, responsable de dos de las cintas de animación más destacables de los últimos años, Lilo & Stitch y Cómo entrenar a tu dragón, ambas en tándem con Dean DeBois. ¿Podemos decir que ya sabemos quién de los dos posee el talento? Con Los Croods, Sanders y De Micco optan por la vía fácil y usan el patrón al que recurren casi todas las películas de animación actualmente. El resultado, empacado en un envoltorio técnicamente sobresaliente, divertirá a pequeños y no horrorizará a mayores. Algo es algo.