Con amor, Simon: La comedia romántica adolescente que lo cambia todo

Según un estudio reciente realizado por GLAAD, la representación del colectivo LGBT+ en el cine estrenado por los grandes estudios durante el último año ha batido un mínimo histórico, con tan solo 14 personajes identificados como LGBT+ en un total de 109 películas. Y el número se reduce drásticamente si hablamos de protagonistas, claro.

El triunfo en los Oscar de Moonlight y la fuerte repercusión de Call Me by Your Name han creado la ilusión de una época de esplendor para el cine queer, y si bien es cierto que se están rompiendo barreras y haciendo mejores películas en este ámbito, no deja de ser un avance relegado al cine independiente. Aun es muy difícil encontrarse a un personaje LGBT+ en una película mainstream, sobre todo cuando los estudios se empeñan en borrarlos, aludiendo a su orientación sexual en entrevistas pero no mostrándola en pantalla (Dumbledore, Valquiria, Amilyn Holdo, Ayo, Lando Calrissian, Zia de Jurassic World: El reino caído).

Por eso, lo que ha hecho 20th Century Fox en 2018 es especialmente encomiable. En una era en la que las majors se dan palmaditas en la espalda por incluir personajes LGBT+ imaginarios, Fox lo ha hecho de verdad, ha estrenado la primera película mainstream para adolescentes con protagonista gay, Con amor, Simon (Love, Simon). Sin ambigüedades, sin lecturas ocultas para “proteger a los niños”. Abiertamente gay y orientada a adolescentes.

Y ahí está el quid de la cuestión. Con amor, Simon es una película teen prototípica, una comedia de instituto que bebe directamente de la tradición del cine de John Hughes y la envuelve de un halo muy actual para contar una historia de amistad, amor y crecimiento personal propia de esta etapa vital tan definitoria. Con la única y gigante diferencia de que el protagonista, Simon Spier (Nick Robinson), es homosexual. La revolución de Con amor, Simon es esa, situar a un personaje queer en un contexto tradicionalmente reservado para los personajes heterosexuales y convertirlo en el protagonista de su propia historia, no un alivio cómico, un secundario para cumplir una cuota y quedar bien o un sidekick: el personaje principal.

Dirigida por Greg Berlanti (el arquitecto de las series de DC en The CW, otro oasis LGBT+) y basada en la recomendable novela de Becky Albertalli Yo, Simon, homo sapiens, la película narra la historia de un chico de diecisiete años que todavía no le ha contado a su familia y amigos que es gay. Cuando otro estudiante del instituto, Blue, se identifica como homosexual anónimamente a través de una red social, Simon entablará una amistad online con él que le llevará a enamorarse, a pesar de que ninguno de los dos sabe realmente quién es el otro. Por si ser adolescente fuera poco, a la presión y la incertidumbre que conllevan salir del armario (algo que se tiene que hacer una y otra vez) y las dudas sobre Blue se añade el chantaje de otro compañero del instituto, que ha descubierto que Simon es gay. Intentar sobrevivir a estos problemas le ayudará a descubrirse y aceptarse a sí mismo, marcando el fin de su etapa adolescente y el inicio de su nueva vida, en la que podrá vivir su historia de amor como los demás.

Con amor, Simon no es solo importante y necesaria, sino que además es una buena película. Este tipo de historias son tan poco frecuentes que a veces nos conformamos con que simplemente existan, pero en este caso, el film hace mucho más que desempeñar una importantísima labor socialCon amor, Simon es un relato coming-of-age ejemplar, una película de instituto divertidísima y una comedia romántica adorable y refrescante.

Berlanti halla el equilibrio perfecto entre comedia y drama, con momentos de humor hilarantes (Natasha Rothwell, la profesora de teatro, es genial y el montaje de salidas del armario heterosexuales es una de las escenas más inspiradas del año y merece ser viral), diálogos trascendentales y golpes de emoción que provocan un nudo en la garganta, como los conmovedores discursos que los padres de Simon (estupendos Jennifer Garner y Josh Duhamel) ofrecen a su hijo tras enterarse de que es gay. Preciosas y motivadoras palabras de poder reconfortante que, junto al inolvidable discurso de Michael Stuhlbarg al final de Call Me by Your Name, deberían grabarse a fuego en la mente de todos los padres del mundo, para saber exactamente cómo actuar si sus hijos salen del armario.

También hay que elogiar la labor de un reparto redondo, compuesto por jóvenes promesas de Hollywood como Katherine Langford (Por trece razones), Alexandra Shipp (X-Men: Apocalipsis), Jorge Lendeborg Jr. (Brigsby Bear), Miles Hozier (Por trece razones), Joey Pollari (American Crime) o Keiynan Lonsdale (The Flash), y encabezado por un protagonista absolutamente perfecto, Nick Robinson (Jurassic World), que deposita todo su talento y corazón para dar vida a Simon y hacernos partícipes de su emocionante y tumultuoso viaje personal.

Con amor, Simon ya está cambiando vidas. La representación es sumamente importante para los jóvenes LGBT+, y verse reflejados en los problemas de Simon está llevando a muchos a aceptar su condición y salir del armario. Estamos ante una película indudablemente generacional, una de esas que marcan a quien la ve, sobre todo si está atravesando por lo mismo (o si ya lo vivió y le hubiera gustado recibir el mismo apoyo que Simon), pero que no solo es recomendable para la audiencia juvenil, sino también para sus padres. Su valor como agente de cambio es enorme y su efecto va a durar más allá de su paso por salas de cine, mejorando algo cada vez que un adolescente la descubra. Esperemos que con el tiempo, Con amor, Simon no se quede en excepción, sino que se vea como un antes y un después, el comienzo de un cine comercial más inclusivo y normalizador.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

Crítica: La quinta ola

Chloe Grace Moretz; Nick Robinson

Hemos perdido la cuenta de los intentos fallidos de encontrar la siguiente gran saga cinematográfica para adolescentes, y aun así, Hollywood no escarmienta y los estudios no cejan en su empeño. La búsqueda de la siguiente Harry Potter o Crepúsculo ha dado paso a la de la próxima Los Juegos del Hambre. Pero todos estos años de ensayo y (sobre todo) error se han saldado con incontables fracasos de taquilla, primeros capítulos que se han quedado en eso, en meros principios, historias frustradas que no han podido ir más allá de su planteamiento, porque el público no ha respondido como se esperaba. En este panorama de hastío hacia el género aparece la enésima propuesta young adult basada en una serie de libros para adolescentes, La quinta ola (The 5th Wave), sin duda una de las historias menos originales que van a llegar a las pantallas este año.

Basada en el primer libro de la trilogía de ciencia ficción distópica escrita por Rick YanceyLa quinta ola es un déjà vu constante que nos recuerda a demasiados otros títulos. Sin ningún tipo de reparos, la historia “toma prestados” elementos de AlienIndependence DayEl juego de EnderLa carretera, referentes que son mezclados en un argumento de supervivencia y rebelión adolescente con heroína protagonista que está cortado según el patrón de la saga de Katniss Everdeen. Aquí se nos narra una invasión alienígena a la Tierra, organizada en cuatro oleadas sucesivas de ataques, a cada cual más devastador, que dejan gran parte del planeta diezmado. Ante la inevitabilidad de una quinta ofensiva que acabe con la raza humana definitivamente, el Ejército (estadounidense, claro está) entrena a niños y adolescentes para la guerra contra los invasores. Cassie Sullivan (Chloë Grace Moretz) intenta sobrevivir a los ataques mientras busca a su hermano pequeño, que casualmente se encuentra junto al cuelgue del instituto de la chica, Ben Parish (Nick Robinson). Cuando todo parece perdido, un misterioso campesino, Evan Walker (Alex Roe), aparece de la nada para ayudarla, pero Cassie cree tener motivos para no confiar en el muchacho.

CartelCine LaQuintaOla 68x98.inddLa primera media hora de La quinta ola no está mal del todo, gracias sobre todo a las imágenes apocalípticas de las cuatro primeras olas, que nos dejan notables secuencias de acción y destrucción, y al tono acertado en la narración. Sin embargo, a partir de la irrupción de los militares, el film se precipita cuesta abajo y sin frenos, hasta estrellarse en su recta final, en la que un (supuestamente) sorprendente giro de guion acaba condenándolo al mayor de los ridículos. Es increíble la cantidad de topicazos, sinsentidos y agujeros de guion que caben en una misma película (no nos sorprende ver a Akiva Goldsman en la lista de guionistas, por cierto), pero nada es comparable al bochorno que provoca el triángulo amoroso, forzada trama exenta de química que hace flaco favor al ya de por sí lamentable trabajo de Chloë Grace Moretz.

Moretz es la perfecta metáfora young adult: Hollywood se empeña en venderla, pero no hay nada que vender. La chica no tiene el talento que se esperaba de ella, y en La quinta ola está muy desubicada, demostrando que no es capaz de llevar el peso de una película sobre sus hombros. Su director, J Blakeson (sí, ese es su nombre artístico), no es consciente de ello o no le importa, y la/nos tortura con primeros planos en los que la actriz se deja en evidencia por su ineptitud dramática (por más que lo intenta, no derrama una sola lágrima). Pero Moretz no está sola. Los otros dos miembros del triángulo son incluso más insulsos que ella (Roe sobre todo duerme a las ovejas), Maika Monroe es una mala copia de Jena Malone (Johanna Mason) en Hunger Games, el niño Zackary Arthur es de lo más incompetente e irritante, y de los adultos resultan especialmente patéticos Liev Schreiber y, sobre todo, Maria Bello, en un papel que provoca auténtica vergüenza ajena. Claro que sería injusto echarles la culpa de todo a ellos. Cuando el material es tan estéril, poco se puede hacer para sacar algo bueno de él.

Ocasionalmente, La quinta ola es un producto de entretenimiento eficaz, pero no tarda mucho en desmoronarse por culpa de su guion. Nada tiene sentido en su incoherente y sobre explicativo argumento, todo cuanto ocurre en ella responde a la necesidad de ajustarse a la fórmula del género como sea, y cuanto más en serio se toma a sí misma (que es mucho), más se hunde en el absurdo y más risible resulta. Hasta el punto de convertirse en una de las comedias involuntarias del año. Un epic fail absoluto.

Valoración: ★★

Crítica: Jurassic World

Jurassic World 1

Todo el mundo recuerda perfectamente lo que sintió la primera vez que vio Parque Jurásico. Asombro, fascinación, miedo, euforia. Son emociones muy concretas a las que la generación de treinta y cuarentañeros se aferra con fuerza hoy en día, algo que la industria del cine sabe. El negocio de la nostalgia está en auge, y Hollywood no hace más que rendir pleitesía a esta generación (la que, en teoría, se gasta el dinero intentando no perder para siempre esa niñez que tanto valora). De ahí que este sea el momento idóneo para abrir de nuevo las puertas del parque. Jurassic World supone el regreso a la Isla Nublar después de 22 años, y las cosas han cambiado mucho por allí desde entonces.

El espectador ya lo ha visto todo y sorprenderlo es más difícil que nunca. Colin Trevorrow, director de la muy estimable Seguridad no garantizada y adolescente de 17 años cuando se estrenó Parque Jurásico, parte con esta desventaja a la hora de ponerse al frente del reboot jurásico. Trevorrow sabe que es completamente imposible repetir lo que supuso el clásico de 1993 para toda una generación (es decir, lo que supuso para él), así que se centra sobre todo en realizar un blockbuster veraniego con el principal objetivo de hacer pasar un buen rato en el cine. Y lo cierto es que, a pesar de pequeños fallos en el sistema, la operación ha sido todo un éxito. Por eso, después de pensarlo bien, he decidido avalar el parque.

Jurassic World 3

Jurassic World es un continuo homenaje a Parque Jurásico, pero juega muy bien la carta de la nostalgia, evitando en todo momento ser fagocitada por ella. Los guiños a la película original son muy abundantes. No solo nos encontramos innumerables referencias visuales (reliquias del primer parque, una estampida de gallimimus, el célebre plano del espejo retrovisor o la bengala por solo nombrar unas pocas) o diálogos réplica (el obligado “No hemos reparado en gastos” o el icónico “¡Corre!” de Laura Dern), sino que Jurassic World repite tal cual el esquema narrativo de la primera, calca algunas de sus secuencias más célebres (el ataque del Rex a los niños en el coche, el clímax en el Centro de Visitantes) e incide en los mismos temas sin apenas variación: el hombre jugando a ser Dios, el instinto de protección maternal (paternal en PJ), la evolución de las especies, la imposibilidad de controlar la naturaleza… Ya sabéis, “la vida se abre camino“. Pero aun con su constante reiteración, Trevorrow logra que la película se mantenga fresca y sea algo más que un remedo de la original, rejuveneciendo por completo la franquicia. Y lo hace dotándola de grandes dosis de autoconsciencia. Que para eso es 2015.

La premisa de Jurassic World es sencilla: la visión de John Hammond (que también tiene su homenaje) ha sobrevivido a pesar de las tragedias acontecidas en Las Cinco Muertes (el archipiélago donde se desarrolla la saga), y el parque ha conseguido abrir sus puertas al público. Jurassic World funciona bien durante diez años, pero las visitas empiezan a caer en picado. “Los dinosaurios ya no sorprenden a nadie“, así que los científicos del parque se ven obligados a crear una nueva atracción para volver a captar la atención del público: un terrorífico dinosaurio híbrido, el Indominus Rex. Sin embargo, el plan no sale según lo esperado y evidentemente desemboca en desastre. No hace falta prestar mucha atención para pillar la idea. Jurassic World se apunta a la tendencia meta del cine actual, equiparando la experiencia de los visitantes al parque con la de los espectadores de la película, dirigiéndose a ellos para comentarles lo que está haciendo: “Sabemos que estáis de vueltas de todo y los dinosaurios ya no son guays, pero vamos a encontrar la manera de que os lo paséis genial igualmente”. No es como ver Parque Jurásico por primera vez, pero su espíritu y sentido de la maravilla están ahí, y podemos notarlo.

Jurassic World 4

Jurassic World es un blockbuster del siglo XXI, y así es como hay que verlo, evaluando el tipo y grado de diversión que proporciona, más que su originalidad o trascendencia, algo que desde un principio se asegura en advertirnos que no es su propósito. Exceptuando algún diálogo aburrido (aunque suponemos necesario) sobre los inversores del parque o la trama de InGen, la película mantiene un ritmo trepidante hasta el final y consigue que no queramos quitar ojo de la pantalla en ningún momento (solo el muy agresivo product placement está a punto de estropearlo todo). A pesar de su escasa experiencia, Trevorrow es un director ágil, y maneja muy bien la tensión, enlazando además fantásticas escenas de acción con los dinosaurios en las que, oh milagro, distinguimos lo que está ocurriendo (apoteósico el último ataque del Indominus). Pero además, hace un uso excelente del humor, sin rastro de cinismo y con geniales pinceladas de comedia en los sitios adecuados, logrando con todo ello que la película esté viva y en constante movimiento.

Aunque los actores de carne y hueso son lo menos importante de Jurassic World y los personajes son más bien arquetipos andantes, el reparto cumple de sobra. La protagonista y reina de la película es sin duda Bryce Dallas Howard (aka Not Jessica Chastain), que da vida a Claire, gélida y estricta jefa de operaciones del parque que hará frente a la dino-crisis entrando en acción y sin quitarse los tacones en ningún momento (brava). Luego está el omnipresente Chris Pratt, que afortunadamente no hace por tercera vez consecutiva de Andy Dwyer/Peter Quill/Chris Pratt, sino que interpreta (con bastante gracia también) al “macho alfa” de Jurassic World, “domador” de velociraptors y de mujeres (no miento). Los niños de la película, Ty Simpkins y Nick Robinson son otro acierto de casting, en especial el pequeño, reencarnación (muchísimo menos repipi) de Tim ‘He vomitado’ Murphy. Del irrelevante plantel de personajes secundarios destacan Jake Johnson (meta-voz de la película y estupendo alivio cómico) y Lauren Lapkus, dúo que protagoniza una de las escenas más hilarantes del film. Por último, Vincent D’Onofrio encarna al villano de la película, el aspecto más descuidado del guion, un personaje desdibujado cuyo plan malvado y motivaciones resultan confusos, además de poco o nada interesantes.

Jurassic World 2

Siguiendo con el tema de los personajes, después de ver Jurassic World hay que reconocer que Joss Whedon no iba desencaminado en su crítica al sexismo en la película (aunque él valorara una sola escena y luego su Viuda Negra lo dejara en evidencia). La cinta de Trevorrow tiene cierto aire conservador y recurre a unos cuantos estereotipos rancios que empañan ligeramente el resultado, sobre todo en lo que respecta a Claire, personaje configurado a base de tópicos atribuidos tradicionalmente a la mujer en el cine (la maternidad como vía para alcanzar la plenitud personal o la importancia del romance) y a cómo está dibujada su relación con Owen (Pratt), fundamentada en la dependencia y la subordinación. No obstante, este problema no llega a estropear la diversión (a menos que seas Alison Bechdel), gracias a que Howard y Pratt abordan sus personajes despertando simpatía en todo momento.

Dejando esa cuestión a un lado, Jurassic World es todo un triunfo del cine palomitero, la experiencia “parque temático” completa (para esta tampoco han reparado en gastos y se nota). No es una película excesivamente profunda en ningún sentido (ni pretende serlo), pero sí es inteligente cuando tiene que demostrarlo, y también ridícula cuando tiene que serlo (la trama de los velociraptors adiestrados es tan rocambolesca como esperábamos). Trevorrow ha orquestado un espectáculo de primera calidad que admira y respeta la visión original de Spielberg y a la vez la renueva, hablando el idioma de las superproducciones actuales. Jurassic World es la mejor entrega de la saga desde Parque Jurásico (no era difícil), un producto que se dirige con claridad a varias generaciones usando una sola voz, y que, ya que no puede reproducir lo que supuso la película original, se asegura al menos de que todos lo pasemos como niños viéndola. Solo le falta que los dinosaurios parezcan estar ahí de verdad, como el T-Rex de 1993. Pero supongo que eso ya era pedir demasiado.

Valoración: ★★★★