Reseña: Ritmos del corazón (Hearts Beat Loud)

Es el verano antes de que Sam (Kiersey Clemons) se marche a la universidad. Su padre, Frank (Nick Offerman), se aferra como puede a sus últimos días con ella mientras afronta el cierre de su tienda de discos, que tiene la misma edad que su hija, diecisiete años. Incapaz de aceptar la idea de que en muy poco tiempo Sam dejará de vivir bajo su techo, Frank le pide que compongan música juntos y formen una banda.

Sin embargo, Sam tiene la vista fijada en su carrera de medicina, así que a pesar de su pasión y enorme talento por la música, tendrá que ser la más madura de los dos y abrir los ojos a su padre, que sigue estancado en el pasado, como las tiendas físicas de discos. Todo cambia cuando Frank decide subir uno de sus temas a Spotify y esto abre las puertas al dúo, bautizado We’re Not a Band, hacia una posible carrera discográfica.

Ritmos del corazón (Hearts Beat Loud) es la nueva película de un habitual de Sundance, Brett Haley (Volverás en mis sueñosThe Hero), dramedia musical con un inmejorable reparto de caras conocidas entre el público del cine indie y las series de la televisión (Nick Offerman, Kiersey Clemons, Toni Collette, Sasha Lane y Ted Danson) que el pasado año conquistó al público a su paso por el circuito festivalero de Estados Unidos.

Y no es para menos. Ritmos del corazón es una película profundamente cálida y reconfortante que aborda temas intrínsecamente melancólicos como el paso del tiempo y la separación de padres e hijos con sentido del humor, ternura y mucho corazón, pero sin pasarse nunca de almíbar. La película se sustenta principalmente sobre el estupendo trabajo de Offerman y Clemons, que desprenden química por los cuatro costados. Su relación, expresada y transformada a través de la música, es tan emotiva como sincera.

A Offerman estamos acostumbrados a verlo interpretando a personajes serios y cascarrabias con un divertido punto marciano, y aquí (como ya hizo en Yo, él y Raquel) vuelve a sacar a relucir su lado más humano y vulnerable como uno de los padrazos por excelencia del cine independiente. Está simplemente adorable. Mientras, Clemons se confirma como una de las jóvenes promesas a seguir más de cerca. Hay mucho talento en esta chica y podemos apostar a que vamos a verla mucho en los próximos años.

A través de las bonitas canciones de Frank y Sam y con ayuda de un guion que hila muchas tramas con soltura, Ritmos del corazón da forma a una preciosa relación paternofilial, pero también a una historia de amor adolescente queer representada de la forma más casual y natural y a una acertada reflexión sobre madurez estancada, todo envuelvo en una nostálgica oda a la música indie (clásica y actual), al vinilo y las tiendas de discos que sobreviven en la era digital. Una de las películas más entrañables que hemos visto recientemente.

Ritmos del corazón ya ha salido a la venta en España en DVD de la mano de Sony Pictures.

Estrenos 11/12/15: El cuento de los cuentos, Dope y Un paseo por el bosque

El cuento de los cuentos Salma Hayek

El cuento de los cuentos (Il racconto dei raconti, Matteo Garrone)

El cuento de los cuentos llega a la cartelera española después de cosechar excelentes críticas a su paso por el Festival de Cannes. Dirigida por Matteo Garrone (Gomorra), esta exuberante película fantástica está inspirada en los famosos relatos cortos del siglo XVII escritos por Giambattista Basile y contiene tres cuentos de hadas que comparten el mismo universo medieval de reyes, brujas y criaturas monstruosas.

cuento de cuentosEl primer relato, titulado “La reina“, nos narra la historia de la Reina de Longtrellis (Salma Hayek), cuyos deseos de maternidad llevan a su marido a enfrentarse a un monstruo marino que, a su muerte, otorgará la fertilidad a su mujer. En el segundo, “La pulga“, el monarca de Highhills (Toby Jones) vive obsesionado con una pulga gigante que utilizará para engañar a los pretendientes de su hija con la intención de no desposarla y perderla, un plan que saldrá terriblemente mal. Y finalmente, “Las dos ancianas” nos cuenta cómo el Rey de Strongcliff (Vincent Cassel) se enamora de una mujer solo por su voz, sin saber que es su apariencia se corresponde en realidad con la de una anciana decrépita.

En lugar de organizar el metraje por capítulos, Garrone entrelaza las tres historias de El cuento de los cuentos, lo que hace que el ritmo de la película se resienta considerablemente. No todos los fragmentos funcionan por igual, y llega un momento en que las historias pierden el rumbo, poniendo a prueba la paciencia y culminando en un desenlace (o desenlaces) que parece no querer llegar nunca, y que, cuando lo hace, nos deja con la sensación de que todo queda inacabado. Por el lado bueno, Garrone realiza un espléndido trabajo en el apartado estético, homenajeando con acierto el cine italiano de los 70 (la película evoca constantemente a Fellini y Pasolini), caracterizado por la carnalidad desbordante y la opulencia decadente (solo los efectos digitales rompen la ilusión setentera). El director ha orquestado un espectáculo barroco que mezcla con tino lo fabuloso y lo grotesco, recuperando así un arte perdido: los cuentos de hadas para adultos, con bien de carga erótica, sordidez y humor negro.

Valoración: ★★★

Dope still

Dope (Rick Famuyiwa)

Rick Famuyiwa, responsable de películas orientadas al público negro, da el salto al cine independiente “mayoritario” con Dope, una historia que busca un público más variado para hablarle precisamente sobre lo que significa ser negro, concretamente en un barrio de California. La película sigue las aventuras y desventuras de Malcolm (Shameik 68x98 Cartel Cine Dope.inddMoore), un peculiar adolescente obsesionado con el hip-hop de los 90 que toca en una banda de punk-rock y sueña con ir a Harvard. Malcolm es un adolescente superdotado e inadaptado, paria social y víctima de bullying (como Donald Glover, es un “Oreo“, negro por fuera, blanco por dentro) que encuentra refugio en sus dos mejores amigos, Diggy (Kiersey Clemons) y Jib (Tony Revolori), y desea ligarse a su vecina, Nakia (Zoë Kravitz). Para intentarlo, los tres amigos acuden a una fiesta organizada por un camello del barrio, que acaba arrestado tras una redada, no sin antes esconder una remesa de Molly en la mochila de Malcolm. Esto le llevará a vivir una peligrosa odisea en las calles de Los Ángeles cargada de humor, sexo y violencia, de la que obtendrá valiosas lecciones sobre la vida, los negocios y él mismo.

Dope fue todo un éxito de crítica en el Festival de Sundance de 2015, donde también se alzó como una de las favoritas del público. Es fácil imaginar por qué. La película de Famuyiwa sigue la fórmula del cine adolescente americano y narra ese rito de paso que tantas veces hemos visto en la pantalla desde una perspectiva fresca y única (el film ha sido descrito como una mezcla de Pulp FictionGo). La primera mitad de Dope es todo un alarde de energía, color, música y buen humor (los diálogos entre Malcolm, Diggy y Job son geniales), sin embargo, a medida que la trama de la droga se va desarrollando, la película va sumiéndose poco a poco en lo convencional, para acabar descarrilando en su tramo final, donde abusa de topicazos del cine de mafiosos y narcotraficantes, y echa mano de la moralina más barata. El mensaje protesta con el que termina Dope acaba delatando a una película más confusa en sus intenciones de lo que parece. Por suerte, lo que se mantiene consistente de principio a fin es la revelación Shameik Moore. Él es la película y él la saca a flote con su magnífica interpretación.

Valoración: ★★★

Un paseo por el bosque Robert Redford

Un paseo por el bosque (A Walk in the Woods, Ken Kwapis)

Bill Bryson (Robert Redford) es un conocido autor de libros de viaje que, tras vivir dos décadas en Inglaterra, regresa a su New Hampshire natal. Antes de retirarse definitivamente, Bryson decide emprender la (¿última?) gran aventura de su vida, recorrer el sendero de los Apalaches, con sus más de 3.500 kilómetros de longitud. A pesar de las reservas Un paseo por el bosquede su mujer Catherine (Emma Thompson), Bryson se cuelga la mochila a la espalda e inicia su viaje junto a un viejo amigo, Stephen Katz (Nick Nolte), un pillastre en baja forma que lleva toda la vida escabulléndose de sus deudas y es el único de sus conocidos que no considera la idea una locura y accede a acompañarle. Bill y Stephen tienen sus desavenencias en el camino, ya que ambos tienen una manera muy distinta de afrontarlo, pero acabarán confraternizando y estrechando sus lazos ante las adversidades, algún que otro affair y más de un encuentro (humano y animal) indeseado.

Un paseo por el bosque está basada en las memorias del mismo nombre escritas por el verdadero Bill Bryson. Su director, Ken Kwapis, posee una dilatada experiencia como director de comedias televisivas (de ahí quizá que por la peli desfilen actores como Kristen Schaal, Nick Offerman o Mary Steenburgen), algo que salta a la vista durante todo el metraje. Aunque Un paseo por el bosque aborda temas interesantes y trata de realizar alguna reflexión sobre la vida (y de soslayo el amor) en la “tercera edad”, en realidad no es más que una rutinaria y descafeinada sitcom sobre dos amigos de avanzada edad cuyos caracteres opuestos (uno serio y disciplinado, el otro caótico y desastrado) chocan para generar situaciones cómicas más bien mediocres. La película de Kwapis es una comedieta de tres al cuarto que no sabe sacar provecho del material que trata (sin ser nada del otro mundo, Alma salvaje exprimía más jugo desde el drama a una situación parecida), y se desinfla progresivamente hasta provocar la mayor de las indiferencias. No ayuda que Robert Redford y Nick Nolte no se esfuercen demasiado y apenas tengan química en pantalla. Un paseo por el bosque puede ser simpática y bienintencionada, pero por encima de todo es una de las películas más olvidables de este año.

Valoración: ★★

Crítica: Yo, él y Raquel (Me and Earl and the Dying Girl)

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He estado a punto de no escribir este texto. Cuando una película me atraviesa la piel como lo ha hecho Me and Earl and the Dying Girl me resulta especialmente difícil verbalizar mis impresiones sobre ella. Pero en realidad, esa no es la razón por la que casi no me siento a escribir sobre la cinta de Alfonso Gomez-Rejon (gran premio del jurado y del público en Sundance). Lo que no quería era hablar de ella “en voz alta”, necesitaba guardármela para mí solo. Ya sabéis que cuando os guardáis algo dentro (sea por la razón que sea), si lo decís en voz alta, es cuando se hace realidad y debéis asumirlo de verdad. Pensé en dejarlo ahí y no tocarlo, pero al final decidí que guardarme Me and Earl and the Dying Girl para mí solo era un acto tremendamente egoísta (el film ya cuenta con un considerable culto y ha sido visto por mucha gente gracias a San Torrent, lo de “para mí solo” es una licencia dramática). Esta es una de esas películas que se viven en primera persona, con las que se desarrolla un poderoso vínculo personal e individual, pero que en última instancia merece, es más debe ser compartida.

Para empezar, quitémonos de en medio el tema en el que todos estáis pensando. El título en español: Yo, él y Raquel. Sí, es feo, españoliza un nombre para luego conservarlo en inglés en la película (al más puro estilo Eduardo Manostijeras), pero sobre todo anula el sentido del humor negro y la inocente poesía adolescente que conlleva el original (y que caracteriza al film). Ahora bien, paraos un minuto a pensar en las posibilidades… ¿Veis? Démosle un respiro al departamento de PR y márketing de la distribuidora, porque no, esto no es un caso análogo al de Soñando, soñando, triunfé patinando. Se trata de un título prácticamente imposible de traducir al castellano sin que se produzca un considerable lost in translation. Alegraos de que no se haya titulado Deseando vivir La amiga de mi mejor amigo.

Y dicho esto, hablemos de la película. Me and Earl and the Dying Girl (basada en la novela homónima de Jesse Andrews) está narrada en primera persona por Greg (Thomas Mann), un adolescente muy particular (claro) que ha encontrado la manera de sobrevivir al instituto sin conflictos: crear vínculos amistosos con todas las “naciones” del universo estudiantil (jocksnerds, góticos, geeks del teatro, porretas, pijas…) y así pasar desapercibido y evitar el drama (para poder escaparse al despacho de su profesor de filosofía, Jon Bernthal, a ver cine a la hora de comer). Greg solo tiene un amigo de verdad (aunque para referirse a él siempre utilizará el calificativo libre de connotación afectiva “compañero de curro”), Earl (RJ Cyler), con el que desde pequeño desarrolla un gusto especial por el cine europeo (influencia del padre de Greg, Nick Offerman) y se dedica a filmar parodias de clásicos del cine (A Sockwork Orange, Anatomy of a BurgerRosemary Baby Carrots por ejemplo). Suena irrealmente cool y pretencioso, ¿verdad? Pues de alguna extraña manera, no lo es. Pero sigamos. La madre de Greg (Connie Britton) obliga a su hijo a visitar a Rachel (Olivia Cooke), compañera del instituto que padece leucemia, iniciativa que entusiasma a la madre de Rachel (Molly Shannon como versión agridulce de Amy Poehler en Mean Girls). A Greg y Rachel les horroriza la idea de tener que pasar tiempo juntos en esas circunstancias, pero entre visitas a regañadientes, sesiones cinéfilas y a base de humor auto-crítico, auto-destructivo y auto-todo, no tardará en florecer una amistad, en la que con el tiempo Earl también acabará entrando. La película parece discurrir por los derroteros de siempre, pero Greg nos tranquiliza diciéndonos desde bien pronto que ni esta es una historia de amor ni Rachel morirá al final. Un detalle por su parte.

Me and Earl

Me and Earl and the Dying Girl puede adscribirse sin lugar a dudas la categoría de “cine teen de culto” a la que también pertenecen Las ventajas de ser un marginadoBajo la misma estrella (con la que será comparada por lo obvio), e incluso Donnie Darko (el rol de guía que ejerce el personaje de Jon Bernthal es parecido al de Drew Barrymore en la cinta de Richard Kelly). Sin embargo, la película de Gomez-Rejon posee una cualidad más real y ofrece una percepción algo menos romántica e idealizada de dicha etapa vital. Me and Earl… es una película de adolescentes perspicaces, cultos y elocuentes, pero nada en ella parece forzado, nada en sus personajes parece falso (Earl es un soplo de aire fresco en este tipo de cine), por el contrario, esta rebosa sinceridad de principio a fin (hasta engañando es honesta). Gomez-Rejon aborda la enfermedad de Rachel con la seriedad pertinente, pero evitando que esta ahogue el tono de la historia y esquivando en todo momento la pornografía emocional. Me and Earl golpea directamente las emociones porque no parece que este sea su objetivo principal. La comedia domina el relato, pero está siempre empapada de una tristeza extrañamente alegre y deja paso al drama cuando debe hacerlo (al fin y al cabo “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos”), sin perder de vista en ningún momento lo que define a estos personajes (por los que el director siente fascinación genuina), y celebrando la creatividad y la energía adolescente hasta el final.

El desenlace de Me and Earl contiene la que es sin duda una de las escenas más intensas, conmovedoras y desarmantes que vamos a ver en mucho tiempo (cuando veáis/si habéis visto la película, sabréis a cuál me refiero). Una catarsis aplastante (acentuada por la increíble banda sonora de Brian Eno y Nico Muhly) que da pie a un precioso y revelador epílogo con el que el film sella su destino: Me and Earl and the Dying Girl es una obra de ficción a la que querremos regresar de vez en cuando para abarcar su significado al completo, que necesitaremos recomendar, poner a nuestro “compañero de curro” y verla por primera vez a través de sus ojos. Greg quiere compartir su experiencia con todos nosotros, y (yo ya he asumido que) es nuestro deber hacerla llegar al mayor número de personas posible. No cabe duda, esta historia “se seguirá desplegando ante nosotros siempre que le prestemos atención”.

Por favor, prestadle atención.

Valoración: ★★★★½

Cómo Parks and Recreation nos ha hecho ser mejores

Parks and Recreation

Parks and Recreation dio comienzo en 2009 como un reemplazo tardío de midseason, y se postuló con tan solo 6 episodios (al más puro estilo British) como la nueva The Office. Las comparaciones eran lógicas e inevitables: se trataba de una workplace comedy sobre la vida oficinil de los empleados del departamento de parques y tiempo libre de una pequeña ciudad de Indiana, Pawnee; estaba rodada al estilo falso documental y su humor se basaba en gran medida en la observación del comportamiento humano, con extrañas interacciones sociales y momentos de “tierra trágame” (aunque nunca tan incómodos como los que tenían lugar en Scranton); por si eso fuera poco, su protagonista, Leslie Knope (la incomensurable Amy Poehler) era una especie de Michael Scott en versión mujer, una jefa bienintencionada y entusiasta que solía ponerse a sí misma en situaciones ridículas todo el tiempo. Ah, una cosa más, el creador de Parks and Recreation es Greg Daniels (junto a Michael Schur), que también produjo The Office. Qué casualidad, ¿no? Sin embargo, en el transcurso de las siguientes temporadas, Parks and Recreation salió progresivamente de la sombra de su “hermana” de NBC para encontrar su propia identidad y dar con su fiel audiencia, convirtiéndose en una de las series más queridas de los últimos años.

Como suele ocurrir con las mejores series, si Parks and Rec se convirtió en una de las comedias favoritas de la audiencia fue sobre todo gracias a sus personajes, uno de los repartos corales mejor compenetrados de la televisión. Y sobre todo gracias a su entrañable e hiperactiva protagonista, Leslie, icono catódico y modelo a seguir que nos ha proporcionado un pulso moral y ha marcado el camino para muchos y muchas a lo largo de 7 temporadas (tanto dentro como fuera de la serie). Pero tampoco podemos olvidar al resto de ciudadanos, funcionarios y “profesionales” de Pawnee, que han conformado un impresionante plantel de personajes recurrentes y han contribuido a que la ficticia ciudad de Pawnee (la mejor ciudad del mundo) pase a la historia de la televisión junto a Cicely, Stars Hollow o Springfield. Por eso, como no podía ser de otra manera, el final de Parks and Rec, “One Final Ride” (7.012-13), es un homenaje a los habitantes de Pawnee y la “familia” de Leslie Knope, una emotiva despedida en la que nuestra heroína (y aquí me estoy refiriendo tanto a Knope como a Poehler) se toma la molestia de decir adiós a todos, uno a uno, con lágrimas en los ojos; un “hasta pronto” lleno de abrazos y caricias que nos ha provocado un enorme nudo en el estómago.

Parks and Recreation

“One Final Ride” es prácticamente un “clip show” en forma y fondo, solo que los clips están formados por flash-forwards. Al más puro estilo Six Feet Under (salvando las distancias), el final de Parks and Rec nos conduce de la mano hacia el futuro de sus personajes, los principales y los secundarios más importantes, para desvelarnos el destino que les aguarda a todos. Este emocionante viaje nos lleva más lejos de lo que esperábamos y nos depara muchas sorpresas: April y Andy se convierten en papás (brillante gag el del parto de April maquillada para Halloween), Ann y Chris regresan con buenas noticias, Ron halla su trabajo ideal como solitario guarda del parque natural de Pawnee gracias a Leslie, Garry (¡Girgich!) es elegido alcalde de Pawnee hasta el final de sus días, Tom se convierte en orador motivacional y escritor de éxito, y mención aparte merece Craig -que estuvo a punto de cargarse la serie el año pasado, y ha sido reenfocado con éxito gracias a su terapia para controlar la ira. A lo que iba, Craig se casa con Typhoon, junto al que pasa el resto de su vida. No sé si sabíamos que era gay, pero lo dábamos por sentado. Y el hecho de que los personajes no se lo hayan cuestionado abiertamente ni se haya hecho referencia explícita al tema, para pasar directamente a su historia de amor con el peluquero de Ron, es uno de los detalles más fáciles de pasar por alto (porque se ha hecho bien, de forma totalmente natural), y por tanto más encomiables de la serie.

Esta series finale es sin duda el broche de oro perfecto para una historia que nos ha dado momentos inolvidables, lecciones de vida y reaction gifs para parar el mundo. “One Final Ride” está repleto de guiños (“I’m ready”), cameos (Joe Biden, el borracho del tobogán del piloto) y “huevos de pascua” (¡Star-Lord!), referencias ocultas y no tan ocultas a la trayectoria de la serie y el universo que ésta ha creado (Treat Yo Self, Gryzzl), que conforman un elaborado agradecimiento a sus seguidores y con el que se cierra ciclo tras una temporada que se ha dedicado casi exclusivamente a despedirse. Y es que la séptima no ha llevado el sobrenombre de “Farewell Season” a la ligera. Siguiendo el espíritu de Leslie Knope, Parks and Rec ha organizado los 13 episodios de la última temporada con “binders” e itinerarios estudiados minuciosamente, para llevarnos, con la excusa de una última misión del equipo de Parks, en un recorrido final por Pawnee en el que hemos podido ver por última vez al concejal Jamm, Joan Callamezzo, Jean-Ralphio y Mona-Lisa, Jennifer Barkley, Brandi Maxxxx, Shauna Malwae-Tweep, Perd Hapley, Ethel Beavers, etc; sin olvidar a Johnny KarateBurt Macklin Janet Snakehole.

Parks and Recreation

Lo cierto es que Parks and Rec se ha preocupado tanto este año de sellar el destino de sus personajes y no dejar ningún cabo suelto que le ha quedado una temporada algo deslavazada y distraída desde el punto de vista narrativo (muchas ideas y golpes geniales como siempre, pero poca forma en las historias), a lo que no ha ayudado que NBC la haya despachado en un abrir y cerrar de ojos, a razón de dos episodios por semana. El (brillante) final de la sexta temporada daba un salto hacia el futuro, y la séptima ha transcurrido principalmente en el año 2017 (geniales las perlas sobre el futuro de nuestra tecnología y cultura), una decisión arriesgada que no ha terminado de dar los frutos que se esperaba. Lo más curioso es que entre una temporada y otra, parece que también han pasado 3 años en la vida real. Sobre todo en los primeros episodios, en los que da la sensación de que Parks se está esforzando demasiado en ser Parks (como le ocurrió a Community sin Dan Harmon), o, en sus peores momentos, que regresa para una temporada de gracia después de ser cancelada hace tiempo (como Arrested Development). 2014 fue un año muy importante para varios actores de la serie, sobre todo para Poehler y en especial para Chris Pratt, que ha saltado al estrellato mundial gracias a Guardianes de la Galaxia. Tanto ha pasado fuera de Pawnee en un año, que a Parks se le ha olvidado un poco cómo ser Parks y a Pratt cómo ser Andy Dwyer. Afortunadamente, la temporada va recuperando poco a poco la magia (el precioso “Leslie and Ron”, 7.04, empieza a corregir la trayectoria), para despedirse de nuevo desde lo más alto, impidiendo que la serie acabe desvirtuándose, como le ocurrió a la propia The Office y tantas otras series.

Entre otras cosas, Parks nos ha hablado durante siete temporadas sobre la realización personal a través del trabajo, y las conclusiones principales del desenlace tienen que ver directamente con esto. Uno de los objetivos de la temporada final ha sido situar a todos sus personajes en el camino profesional adecuado. Y para ello, April, Andy o Ron se han puesto en manos de su/nuestra gurú, Leslie Knope. Ojalá todos tuviéramos una Leslie que nos dijera por dónde tenemos que ir para cumplir nuestros sueños y encontrarnos a nosotros mismos en el trabajo que realizamos. Si lo pensamos bien, esto es un arma de doble filo. El ambicioso mensaje aspiracional de Parks and Rec es muy valioso, pero también se puede malinterpretar en ocasiones: si no llegáis a lo más alto, no sois nadie. Afortunadamente, la serie nos sugiere diversos modos de triunfo a distintas etapas de la vida, y nos viene a decir que nunca es tarde para reencauzar nuestra carrera. Y lo hace además sin moralina, dejando que sus personajes resuelvan sus destinos por iniciativa propia -o eso es lo que ellos creen, Leslie maneja los hijos y los lleva a todos donde ella cree que tienen que ir, que, por supuesto, es siempre la decisión correcta.

Parks and Recreation

Porque todos pondríamos nuestro futuro en manos de Leslie Knope, una de las mujeres más fascinantes de la historia de la televisión. Como decía al principio de este texto, Leslie pasó de pazguata hiper-entusiasta que nadie se tomaba demasiado en serio a infalible modelo de comportamiento, una heroína moral que nos ha proporcionado ideales de conducta y ejemplo a seguir en todos los aspectos de nuestra vida, incluida la alimentación (todos sabemos que los gofres son la base alimenticia más imprescindible y las ensaladas son el mal). Como dicen, “Sé la Leslie Knope de todo lo que hagas“. Gracias a la trayectoria ascendente de Leslie (a pesar de los absurdos obstáculos y ridículos obstructores que trataban de achicarla), Parks and Rec se convirtió una de las series más feministas de la televisión, pero esto no ha impedido que sus lecciones vitales se apliquen a todos y cada uno de nosotros. Lo más destacable del discurso de Parks es que la serie ha encontrado la manera de “educar” al espectador sin resultar sermoneadora o condescendiente en ningún momento. No hay “agenda política” en su mensaje liberal, solo una propuesta: enriquecer nuestra sociedad fomentando la igualdad, el entendimiento y la colaboración, y apostando por encima de todo por la senda del bien: Parks no es la victoria de la mujer trabajadora que puede tenerlo todo (porque eso se sobreentiende), es simplemente el triunfo de las buenas personas.

Por eso, nos encomendamos a la filosofía Parks and Rec para ser la mejor versión posible de nosotros mismos y abogar por un mundo más justo y equilibrado. Aunque suene exagerado, Parks nos ha regalado una guía para la vida y una baliza moral en la figura de Leslie Knope, empleémosla a partir de ahora. El final de Parks and Rec deja abierta una cuestión que nos llevamos planteando desde hace tiempo: ¿Llegará Leslie a ser presidenta de los Estados Unidos? La respuesta es ambigua (si lo fuera Ben, también estaría bien, puesto que el respaldo mutuo es esencial en el knopismo), pero nosotros sabemos a ciencia cierta que su destino no es otro que la Casa Blanca. Porque queremos pensar que un mundo gobernado por Leslie Knope es posible.

Crítica: Somos los Miller

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¡Qué les gusta a los americanos una buena comedia Rated-R! Los dramas y las superproducciones luchan contra viento y marea para hacerse con la taquilla, pero llega una comedia de acción compuesta en un 80% de chistes escatológicos y recupera 10 veces su presupuesto. Está claro que a la gente le apetece reír. Y este tipo de comedias se han convertido en un valor seguro, sobre todo desde el pelotazo de Resacón en Las Vegas. Ojo, no hay nada malo en ello, todo lo contrario. Sobre todo porque algunos se están apretando tanto las tuercas que estamos obteniendo auténticas gozadas dentro del género.

Para hacer una buena comedia solo para adultos hay que saberse bien la fórmula, y Rawson Marshall Thurber (Cuestión de pelotas) la lleva tatuada. Pero también hay que saber volverse loco. Con Somos los Millers (taquillazo que a día de hoy lleva recaudados 150 millones de dólares en la box office estadounidense) acierta a incluir todos los ingredientes del género en su justa (des)medida. Precisamente por esto, la película es predecible y transcurre por inercia durante gran parte del metraje, pero cumple su función a las mil maravillas: divierte, desata unas cuantas carcajadas y al final, como no puede ser de otra manera, hace que nos preocupemos por sus personajes y saca la vena tierna en los momentos más adecuados.

Somos los Millers es una road movie sobre una familia mal avenida. David Clark (adorable Jason Sudeikis, el otro Jason Bateman) es un treintañero que sigue con su “empleo” de la universidad, vender maría localmente. Cuando se le presenta la oportunidad de hacer un trabajo en México que le garantiza una paga para retirarse, reúne a un grupo de misfits para hacerse pasar por una familia convencional y no levantar sospechas en la frontera. La stripper crepuscular Rose (Jennifer Aniston) es Mamá. La sin techo Casey (interpretada por la revelación de la temporada, Emma Roberts) y el vecino recién huérfano de David, Kenny (Will Poulter, nacido para hacer de freak), son los hermanos que se pelean porque se quieren. Los Miller se enfundan en ropa de andar por casa, ponen cara de tener un rosal en el jardín y se embarcan en una peligrosa aventura a bordo de una caravana último modelo.

Somos los Miller escena

Las situaciones descacharrantes están garantizadas, y de hecho a Thurber le quedan pocas por explotar. Somos los Millers no se anda con chiquitas. Es una comedia guarra, burda (y mucho más gráfica de lo que esperábamos), a veces muy excesiva, que desafía el buen gusto en pos de la risa. Una rítmica e imparable sucesión de gags, set pieces y chistes a cada cual más burro (el incesto nunca fue tan divertido) que sacan lo peor de nosotros, sin que nos importe demasiado. Claro que el exceso de sal gorda se contrarresta adecuadamente con dosis bien medidas de azúcar y personajes que caen bien. Las escenas picantes son intercaladas con momentos tiernos sobre los lazos que acaban uniendo, inevitablemente, a esta familia de mentira.

La química salta a la vista, y el acertado reparto, liderado por el guy-next-door Sudeikis y una osada Jennifer Aniston defendiendo (dudosa y desesperadamente) el título de Mujer más sexy que alguna revista se atrevió a otorgarle, se encarga de que acabemos queriendo un poco a este clan de inadaptados. También destacan los secundarios, Nick Offerman y Kathryn Hahn (vistos en Parks and Recreation), que junto a los Miller protagonizan las escenas más memorables de la película. Solo una queja: No más tomas falsas en los créditos finales, por el amor de Dios.

Valoración: ★★★½